Matinee es el nombre de un nuevo sello nacido de la mano de Tribanda Pictures. Siguiendo un poco la línea de otros sellos especializados como L’Atelier 13 o la colección “Cinema Bis” de Versus, Matinee nace con la intención de rescatar del olvido films de culto y de serie B a través de cuidadas ediciones tanto en la forma como en el fondo; es decir, partiendo de los mejores másters posibles y acompañando a las películas con libretos exclusivos firmados por las más prestigiosas firmas de la crítica nacional.
Para ir abriendo boca de lo que está por llegar, Matinee ya ha hecho oficiales sus dos primeros lanzamientos en los que deja muy claras cuales serán sus líneas maestras de actuación y que se espera esten disponibles en tiendas en los próximos días a un precio recomendado de 11,95 € la unidad.
Así, por un lado editará el doblete formado por la magistral La legión de los hombres sin alma (White Zombie, 1932) y su más desconocida continuación, tanto temática como espiritual, La rebelión de los muertos (Revolt of the Zombies, 1936), ambas dirigidas por los hermanos Halperin. Como muestra de las intenciones de Matinee, La legión de los hombres sin alma será editada con una calidad de imagen bastante superior a la existente en las actuales ediciones nacionales, incluyendo además su audio en versión original y doblada, así como sus correspondientes subtítulos en castellano. Por su parte, La rebelión de los muertos será ofrecida en versión original subtitulada, corriendo el libreto por parte de Tomás Fernández Valentí.
En cuanto al segundo lanzamiento, éste estará protagonizado en exclusiva por la producción de la AIP La criatura del mar encantado (Creature form the Haunted Sea, 1961) de Roger Corman, por medio de sus dos versiones existentes: el montaje cinematográfico, ofrecido a partir de un máster restaurado en versión original subtitulada; y el montaje televisivo, con nuevas escenas rodadas a posteriori por Monte Hellman e inédito hasta la fecha en el formato en España, editado tanto en versión original subtitulada como doblada al castellano. En esta ocasión, el correspondiente libreto está escrito por Quim Casas.
Por lo demás, solo nos queda desear la mejor de las suertes a esta nueva propuesta y esperar que las ventas le sean lo más propicias posibles; ese será el mejor indicador para que Matinee siga apostando de forma tan decidida por este tipo de cine y siga sorprendiendonos con nuevas ediciones de suculentos títulos.
Guionistas: Alberto Bevilacqua, Gino De Santis, Anton Giulio Majano, Piero Monviso
Fotografía: Aldo Giordani
Música: Armando Trovajoli
Intérpretes: Alberto Lupo (Profesor Alberto Levin), Susanne Loret (Jeanette Moreneau), Sergio Fantoni (Pierre Mornet), Franca Parisi (Monique Riviere), Andrea Scotti, Rina Franchetti, Roberto Bertea (Sacha), Ivo Garrani (Comisario), Glamor Mora, Gianna Piaz…
Sinopsis: Tras sufrir un accidente automovilístico provocado por un desengaño amoroso, una atractiva bailarina de strip-tease queda horriblemente desfigurada. Desesperada, en su camino se topará con un brillante científico que le promete devolverla su aspecto anterior si se somete a un tratamiento experimental basado en las radiaciones atómicas. Al principio, dicho tratamiento es un éxito, y el rostro de la joven vuelve a ser el de antes. Sin embargo, transcurrido el tiempo las cicatrices reaparecen, por lo que el científico, enamorado perdidamente de su paciente, decide tomar medidas más drásticas…
Aunque estrenada el mismo año que la magnífica La máscara del demonio (La maschera del demonio, 1960), el espejo en el que se mira esta Seddok, l’erede di Satana (1960) es el de otra película anterior de Mario Bava, si bien codirigida en compañía – o más bien en ausencia – de Riccardo Freda, la seminal I vampiri [tv/dvd: Los vampiros, 1956]. De ella toma tanto su ambiente gótico-urbanita, presente en detalles tales como los compartimentos ocultos existentes en la mansión del villano, o en el fiel criado discapacitado de éste, como su esqueleto narrativo, de nuevo centrado en los sangrientos experimentos llevados a cabo por un mad-doctor para conservar la lozana belleza de su amada y las consiguientes investigaciones policiales y periodísticas para esclarecer los asesinatos derivados de tales prácticas.
No obstante, no es I vampiri el único modelo que la cinta que nos ocupa toma como referencia. Más al contrario, a lo largo de su metraje es más que evidente la influencia – por no decir otra cosa – que en ella ejercen obras tan variopintas como el film de Georges Franju Ojos sin rostro (Les yeux sans visage, 1959)[1] – el doctor dispuesto a todo con tal de recomponer el rostro del ser querido -, o la de clásicos de la literatura fantástica como El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson – el brillante científico que, tras administrarse un suero de su propia invención, da rienda suelta a sus más bajos instintos – o, incluso, “Los asesinatos de la calle Morgue” de Edgar Allan Poe, representado por ese gorila evadido de su encierro al que en un principio la policía creerá culpable de los primeros crímenes.
Pero pese a estas raíces netamente fantásticas, la película posee una sorprendente carga melodramática a la que no es ajena la identidad de su autor, Anton Giulio Majano, televisivo realizador que por aquellos años había conseguido varios éxitos en la pequeña pantalla con trabajos de esta índole. Así, gran parte del motor narrativo de la trama recae en las distintas pasiones que arrastran a los personajes protagonistas, planteadas no sin cierta ironía – cf. el enamorado mad-doctor que para mantener intacta la belleza de su pretendida se convierte en una horrorosa criatura -, pero que a la postre acaban por provocar un desarrollo de lo más lánguido y enrevesado. Esto, unido a lo rutinario y delirante de su historia, a lo antipático de sus roles positivos – mención especial para la actitud de Jeannette, la desfigurada bailarina –, y a la plana dirección de Majano salvo momentos puntuales, caso del encuentro en el brumoso muelle entre Jeannette y Pierre, el cual diríase sacado de una película del Hollywood clásico, dan como fruto un título carente de interés. No en vano, dentro de la mediocridad de su propuesta, los únicos puntos destacables residen en aspectos secundarios como la atrayente composición de su elenco interpretativo, encabezado por actores de la valía de Alberto Lupo[2] y Sergio Fantoni, o su alto nivel de erotismo, habida cuenta de la época de la que data[3].
Lo más curioso del caso es que, a pesar de tan modestos resultados, esta Seddok, l’erede di Satana goza de un estatus de culto en según qué círculos minoritarios. Tal consideración radica en buena medida en la supuesta participación en su rodaje de Mario Bava en calidad de productor, si bien esta circunstancia nunca haya sido aclarada del todo. Y es que si nos atenemos a sus títulos de crédito, dicha labor recae en un tal Mario Fava (sic), pudiendo este nombre ser un seudónimo del verdadero productor de la cinta utilizado con el ánimo de aprovechar en la medida de lo posible el éxito internacional de la ya mentada La máscara del demonio, algo no descartable si tenemos en cuenta la naturaleza imitativa que preside el conjunto. Por otra parte, a lo largo de la cinta no existe ni un ápice de la poderosa inventiva visual por la que es recordado el genio de San Remo, ni tampoco de su facilidad para los trucajes ópticos, con la excepción hecha de la primera transformación en criatura del científico, solventada mediante una especie de curioso stop-motion fotográfico. Si a esto le añadimos el hecho de que en ningún otro título de su dilatada carrera el director de Bahía de sangre ejerciera de productor, la respuesta en cuanto a su participación en este título parece bastante evidente.
Sin embargo, también existen distintos elementos que hacen que esta afirmación no pueda ser tan tajante; más concretamente, debido a la presencia en su equipo técnico-artístico de varios nombres ligados a la carrera de Bava. Por un lado tenemos a Alberto Bevilacqua, futuro coguionista de Las tres caras del miedo (I tre volti della paura / Les trois visages de la peur, 1963) y de Terror en el espacio / Terrore nello spazio (1965), mientras que, por otro, su jazzistica banda sonora corre por cuenta de Armando Trovajoli, quien no tardaría en hacer lo propio con la de la posterior Ercole al centro della Terra / Hercules contre les vampires [dvd: Hércules en el centro de la Tierra, 1961]. Por si fuera poco, a estos nombres hay que sumarles el de Ivo Garrani, que de interpretar aquel mismo año al terrorífico príncipe Vaida de La máscara del demonio pasa aquí a convertirse en un afable comisario de policía.
Entonces, ¿tuvo o no algo que ver Mario Bava con esta Seddok, l’erede di Satana? Que cada uno saque sus propias conclusiones a tenor de los datos mostrados, pero lo que parece estar claro es que, de haberlo tenido, su concurso no eximiría a la película de la medianía de su resultados.
José Luis Salvador Estébenez
[1] Precisamente, aquel mismo año otra cinta italiana tomaría como base esta película francesa. Nos referimos a la muy superior El molino de las mujeres de piedra (Il mulino delle donne di pietra / Le moulin des supplices, 1960), del reivindicable artesano Giorgio Ferroni.
[2] ¿Será el apellido de este actor, “lobo” en castellano, el motivo que ha llevado a multitud de fuentes mal informadas a señalar a la presente como una película sobre licántropos?
[3] Según parece, el montaje norteamericano, sensiblemente más corto que el original, incluye varios desnudos ausentes en la versión italiana, así como un prólogo postizo con imágenes reales de los holocaustos nucleares de Hiroshima y Nagasaki.
Gracias a nuestro colaborador Diego López de “El buque maldito” hemos conocido una triste noticia, la muerte del director catalán Manuel Esteba Gallego, el cual falleció en su Barcelona natal el pasado día 2. Tenía 69 años de edad.
Manuel Esteba, también conocido por el seudónimo de Ted Mulligan, fue uno de tantos artesanos que desarrollaron su carrera dentro de la floreciente industria dedicada al cine de género de los años 60 y 70. A caballo entre la serie B y la Z, Esteba incursionaría en corrientes tan dispares como el el eurowestern – Veinte pasos para la muerte (1970), Una cuerda al amanecer (1972) -, el cine de niños prodigio – Agáchate, que disparan (1969), el religioso – Hola, señor Dios (1970) – o el fantástico – Espectro (Más allá del fin del mundo) (1978) -.
Abolida la Censura, al igual que otros muchos compañeros de profesión de similares características, Esteba probaría fortuna dentro de los procelosos terrenos del cine “S” con títulos como Trampa sexual (1978), Viciosas al desnudo (1980), Porno: situación límite (1982), o Sexo sangriento (1981), curiosa mixtura entre cine erótico y película de terror.
Pero si por algo es recordada la carrera de Esteba, para bien y para mal, es por ser la del director de sendos vehículos para el lucimiento de los hermanos Calatrava, entre los que se encuentra la famosa El E.T.E. y el oto (1983), posiblemente la película más bizarra que ha dado nuestra cinematografía.
Intérpretes: Patrick Swayze (Jed), C. Thomas Howell (Robert), Lea Thompson (Erica), Charlie Sheen (Matt), Darren Dalton (Daryl), Jennifer Grey (Toni), Brad Savage (Danny), Doug Toby (Aardvark), Ben Johnson (Mason), Harry Dean Stanton (Mr. Eckert), Ron O’Neal (Bella), William Smith (Strelnikov), Vladek Sheybal (Bratchenko), Powers Boothe (Andy), Frank McRae (Mr. Teasdale), Roy Jenson (Mr. Morris), Pepe Serna (Padre de Aardvark), Lane Smith (Mayor Bates), Judd Omen (Capitán nicaragüense), Michael D’Agosta, Johelen Carleton, George Ganchev, Waldemar Kalinowski, Sam Slovick, Radames Pera, Lois Kimbrell, Elan Oberon, Harley Christensen, Fred Rexer, Michael Meisner, Victor Meisner, Phil Mead, Sam Dodge, Ben Zeller, Dan Sparks, Benjamin Schick, George Fisher, Zitto Kazann, Chuk Besher, Jay Dee Ruybal, Pacho Lane, Julius L. Meyer, Tom Ireland, Krzysztof Janczar, Tacy Norwood, Raquel Provance, Gene Scherer, Scott Phillips…
Sinopsis: Una fuerza formada por tropas soviéticas y cubanas invade y destruye una pequeña localidad de Colorado, provocando la III Guerra Mundial. Un grupo de jóvenes con un alto espíritu patriótico consigue huir y preparar un rápido contrataque.
Los maravillosos y entrañables 80. Extraterrestres en visita turística por nuestro planeta, aventureros retro persiguiendo reliquias a ritmo de látigo, dilemas morales para evitar el lado oscuro, bichos de todo tipo y tamaño atacando al personal palomitero, jovenzuelos reunidos en busca de civilizaciones extraterrestres o en su defecto de tesoros perdidos, action heroes sedientos de las más insólitas venganzas, comedias paródicas de la más baja ralea, amistades policiales al borde do lo filogay…..y, claro, las fuerzas del telón de acero invadiendo la pacífica América para escarnio de la crítica más progre y disfrute de las masas teenegers más descerebradas.
No es Amanecer Rojo (Red Dwan, 1984)la mejor película para reivindicar la figura siempre controvertida de John Milius. Pero tampoco es un desastre fílmico para negarle la palabra de por vida (algunos me temo que lo hicieron). Directores clásicos y grandes maestros del cine sirvieron en su momento con obras propagandísticas de la más baja ralea que sin embargo, no provocaron su hundimiento en el mayor pozo de las miserias. Que cada uno busque sus ejemplos pero es indudable que Milius fue honesto con sus ideas y sus planteamientos. Realizar un film bélico de ambiente juvenil, patriota y dicharachero (es un decir), aunque bien facturado para que el aburrimiento pocas veces llegue. Si se me permite el símil, una versión ochentena y belicista del maravilloso Esta tierra es mía (This Land is Mine, 1943) de Jean Renoir sin lógicamente el humanismo pacifista que desprende la maravillosa obra del maestro francés.
Vista con el tiempo y curados de todo tipo de espantos, Amanecer Rojo es un filme entretenido de impostado dramatismo que divierte y provoca a partes iguales. El aficionado sin prejuicios puede disfrutar de los homenajes de Milius a su admirado Theodore Roosevelt, del que el cineasta no ha podido concluir su singular trilogía empezada por la genial El Viento y el Leon y continuada por la menos conocida Rough Riders; la constante valoración del paisaje de la que hace gala el director en los espacios abiertos, habitual en sus obras más logradas; las arengas ideológico-morales soltadas por los personajes colocados de perfil para dar más emotividad a sus palabras; y situaciones de diverso espesor dramático (las diversas ejecuciones o las discrepancias entre el grupo) para justificar de alguna manera las acciones de los protagonistas. Milius se inspiró a la hora de retratar a sus jóvenes partisanos, en las acciones bélicas que los muyahidines estaban ejercitando por esa época contra los rusos en Afganistán. El director disfruta con las correrías de sus chicos (por cierto, ningún afroamericano entre el grupo), cazando, bebiendo sangre, sufriendo, llorando y matando, como no, al vil enemigo que ha invadido el suelo yankee a traición, bajo las notas musicales del desparecido Basil Poleudoris.
Amanecer Rojo reunió algunos de las figuras más reconocibles del brat-pack ochentero: Charlie Sheen (en su debut ante las cámaras), C. Thomas Howell (tomando notas para enfrentarse poco después con un peligroso autoestopista), Lea Thompson, Jennifer Grey y nuestro querido Patrick Swayze (que aquí no bailan), y en el caso del recientemente fallecido actor, lidera a los Wolverines como nadie, otorgando a su personaje en ocasiones una imagen de lacónico guerrillero. Acompañando a estos jóvenes imberbes figuras de la talla de Ben Johnson (cuyo personaje parece ajeno a la invasión rusa y recibe a los “muchachos” como si estuviese en un western de John Ford), Harry Dean Stanton (cuyo exhortación a la venganza tras las barreras es simplemente inenarrable), un despistado Powers Boothe (que parece huido de alguna película de Walter Hill), William Smith (para variar de villano ruso con pongas ganas de bromas) y el gran Ron O´Neal, sustituyendo su chulería más cool por un alto grado de profesionalidad benéfica. Curiosamente Swayze, Thomas Howell, William Smith y Darren Dalton (otro de los wolwerines) habían aparecido un año ante en Rebeldes, bajo la batuta de Coppola.
Algunos detalles para finalizar. El guión original, no tan beligerante en su concepción inicial, pertenecía a Kevin Reynolds, posterior socio cinematográfico de Kevin Costner en diversas aventuras cinematográficas y que dirigió en 1988 un curioso filme bélico ambientado en la guerra de Afganistán, La Bestia de la Guerra (The Beast). De la producción de Red Dawn, se ocupó Buzz Feitshans, productor de las anteriores tentativas cinematográficas de Milius así como de Más allá del Valor, los Rambo, Desafío Total, Hardcore, 1941, y alguna joya exploit setentera como Foxy Brown o Acto de Venganza (vamos que lo suyo no es precisamente el melodrama romántico). Y por último reseñar que amenazan con un remake para el próximo año donde beligerantes fuerzas chinas invaden el territorio americano.
Intérpretes: Peter Martell (Lars Eriksson), Mathieu Carriere (Edgar Cornelsen/The Golden), Irena Heliana-Jandris (Elisabeth Steinberg/Shakti), Michael Ballaun (Dr. Steiner), Cora Chilcott (Mira), Adrian Topol (Florian), Nuran Celik (Tansu Yilmaz), Marcel Trunsch (Robin Borg), Anja Gebel (Kim), Vronie Kiefer (Tilde), Ulrich Lenk (Haymo), Sharin Groten (Cornelsens Daughter), Joey Bozat (Samarfan), Peter Domsch (Keoma), Crista Mai (Patient Anna), Tom Luszeit (Mike), Thomas Otto (Dr. Fischer), Udo Bittner (Taylor)…
Sinopsis: En la década de los setenta se produjo una proliferación de grupos de autoconocimiento en la India, uno de ellos liderado por el gurú Taylor- Ericsson, se halla rodeado de misterio debido a sus extrañas prácticas y la desaparición de alguno de sus miembros.
Tears of Kali es un proyecto de origen alemán creado en torno al misterio que rodean a las sectas o comunidades religiosas, tomando el caso de un grupo concretocreado en la Indiapor el gurú Taylor- Ericsson en la que se curaban los males del alma a través de una experimentación sin límites. A través de un espeluznante preludio, donde se confunden documental y ficción, se da paso a tres historias independientes narradas veinte años después de la disolución de esta secta, a cada cual más escalofriante.
El grupo de meditación de Taylor- Ericsson
En Shakti una mujer acude a una clínica psiquiátrica para entrevistar a Elizabeth Steinberg, uno de los miembros de aquel oscuro grupo de meditación hindú y así poder encontrar la respuesta de la desaparición de uno de sus terapeutas. En Devi, acompañamos a Robin, un joven de comportamiento violento, a un tratamiento psicológico extremo, dado que su terapeuta perteneció también a dicha secta. Finalmente, el último episodio es Kali, en elque asistimos a las reuniones que organiza un curandero en crisis llamado The Golden con sus pacientes, una de las cuales fue también miembro de la mítica agrupación comandada por Taylor- Ericsson.
Anja Gebel y el recientemente desaparecido Peter Martell
Estos tres capítulos, llamados con términos referidos a energías o dioses de la religión hindú, vienen hilvanados a través de flashes en forma de flashbacksque ilustran las siniestras actividades llevadas a cabo por aquel diabólico grupo, pudiendo llegar a ser su inclusión algo bien desconcertante.
Mathieu Carriere y la cantante Cora Chilcott enfrentándose con lo desconocido
Las tres piezas que conforman la presente obra están dirigidas, escritas y editadas por Andreas Marschall, realizador de video clips y reputado dibujante de comics, portadas de discos y carteles de películas – suyos son los que ilustran las dos entregas de Nekromantik-, quién asimismo realizó en los noventa una especie de documental de terror sobre el grupo Kreator llamado Hallucinative Comas, siendo esta su primera película. En ella denotamos ciertamente su experiencia en los terrenos del videoclip musical, a través de la planificación, a veces torpe y de un ritmo excesivo, e introducción de molestos flashes mediante los que parece que efectivamente estuviéramos ante un video de algún grupo de heavy metal. Aunque al margen de esta influencia o deformación profesional, la cinta destaca ante todo por su crueldad y correcto uso del gore, bien alternado con el terror más psicológico, sobre todo en el último capítulo.
Andreas Marshall junto a Vroni Kiefer y un miembro del equipo
Las tres historias están bien resueltas y nos retrotraen a los más sangrientos comics de la EC, e incluso a aquellos episódicos filmes de la Amicus, - y no es nada casual ya que su sello Anolis Entertainment se encarga de distribuir en Alemania copias en Dvd de varios títulos de género de la época dorada de origen inglés o italiano -, pero pasados por un filtro grotesco y con mayor dosis de sadismo. De hecho, tampoco faltan a lo largo del metraje simpáticos guiños cinéfilos como los dedicados al spaghetti western protagonizado por Franco Nero Keoma (Keoma, 1976), y a Lucio Fulci y su Nueva York bajo el terror de los zombies (Zombie 2, 1979). Asimismo, en el casting tambiénencontramos nombres relacionados de alguna manera con el género, caso de la scream queen alemana Anja Gebel, el veterano actor italiano Peter Martell que encarna al mítico gurú o Mathieu Carrière, quien protagoniza el tercer fragmento.
Por todo ello, Tears of Kali es un producto recomendable para el aficionado al género, que encontrará algún plato de su gusto dentro de esta producción independiente de presupuesto limitado, cuyos favorables resultados fueron carne de festivales de cine fantástico en su fecha de estreno, pasando por San Sebastián, y obteniendo varios premios en Luxemburgo, Nueva York y Bruselas.
Por fin se aproxima el día en que podremos disfrutar de Cine del Oeste. De la A a la Z, un monumental trabajo de casi quinientas páginas escrito por nuestro amigo y colaborador habitual Carlos Díaz Maroto.
Como su nombre indica, Cine del Oeste. De la A a la Z nos ofrece un recorrido con ánimo enciclopédico por buena parte de los títulos que han dado vida al considerado género por antonomasia; desde los clásicos que encumbraran a genios del séptimo arte como John Ford o Howard Hawks hasta las más oscuras muestras de serie Z, sin olvidar ni la vertiente europea del género, ni la época silente, ni diverzas rarezas como películas porno o eróticas.
Tal minuciosidad, añadida al habitual buen hacer de Díaz Maroto, originan que este Cine del Oeste. De la A a la Z sea un título indispensable para todos los amantes del western en particular, y para los cinéfilos inquietos en general. Habrá que estar atento pues a la librería.
Proyección de cortometrajes en colaboración con el festival musical Porno Gore Garri Extreme Festival 2010. Sábado 6 de Febrero 2010 – 18horas en el Centro Garcilaso.
- El hijo del naranjo 2 de Jacint Espuny. Segunda parte de las aventuras de este desheredado al que intentan tomarle el pelo y, ya de paso, sus órganos para traficar con ellos, sin tener en cuenta las terribles consecuencias que esto conlleva…
- Torbellino de hostias de Adrián Cardona. Una secta, liderada por Charles J. Murray, amenaza las calles de Los Ángeles con continuos actos delictivos. Sólo un policía será capaz de restaurar el orden. Su nombre: Torbellino. Cortometraje ganador del premio Brigadoon del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya – Sitges 2009.
- La casa Brown de Isaac Berrokal. Los Brown celebran el cumpleaños de uno de sus miembros, una familia peculiar que realiza unos regalos acordes a su propia idiosincrasia. Todo un festival de gore al más puro estilo, una filmación de toque casero y donde no faltan el maquillaje y efectos propios para la ocasión.
- La belleza de la señora patata de Fernando Polanco. El doctor JC, cirujano plástico, decidirá convertirse en “pintor de la carne” cuando se cruce con la tonta rubia de turno. En su tercera rinoplastia, descubrirá que para obtener la belleza original tendrá que renacer literalmente desde el cordón umbilical y, a través del dolor y los sollozos de un nuevo feto, crear un nuevo canon de armonía física. Pero, sobre todo, detrás de todo este delirio conceptual encontraremos tetas, revolvolcones femeninos en “barro azul” y gore umbilical.
Con la presencia en el pase de los realizadores Adrián Cardona, Fernando Polanco y Jacint Espuny. Entrada gratuita.
Sin desperdicio. Esta es la mejor frase que resume la programación prevista para este febrero por la Filmoteca Nacional. Y es que a las habituales secciones “Buzón de sugerencias”, “Cine para todos” y “En recuerdo de…”, y al ya conocido ciclo dedicado a la comedia cinematográfica española, este mes se le unen otras dos nuevas retrospectivas dedicadas a dos nombres propios del séptimo arte a muy diferentes niveles: David Lynch y José Luis López Vázquez. El resultado es una programación de lo más rica y variada, capaz de satisfacer a todo tipo de paladares.
Así, dentro de la completa retrospectiva que ARCOMadrid 2010 dedicara a David Lynch, podrán verse, desde la práctica totalidad de su filmografía, hasta diversas recopilaciones de cortometrajes, así como la televisiva serie Twin Peaks, la cual se proyectará íntegra en sendas sesiones con entrada libre hasta completar aforo. Como complemento, también se pasara Lynch (One) (2007), documental en torno a la figura de tan particular cineasta.
No menor interés presenta el ciclo que en recuerdo del irrepetible José Luis López Vázquez ha preparado la Filmoteca. No en vano, en él podrán verse algunos de los títulos más importantes del cine español de los últimos cincuenta años como El pisito (1958) de Marco Ferreri, Plácido (1961) de Luis García Berlanga, Atraco a las tres (1962) de José María Forqué, La gran familia (1962) de Fernando Palacios, Peppermint Frappé (1967) de Carlos Saura, El bosque del lobo (1969) de Pedro Olea, Mi querida señorita (1971) de Jaime de Armiñán, o Patrimonio nacional (1980) de Luis García Berlanga, así como el mítico trabajo televisivo La cabina (1972) de Antonio Mercero. Del mismo modo, el miércoles 24 a las 19.30 horas, la sala 1 acogerá una sesión especial con entrada libre hasta completar aforo en la que, además de tener la oportunidad de visionar el capitulo que dedicara a tan recordado actor el programa de TVE “Queridos cómicos”, se llevará a cabo una mesa redonda con la participación de Diego Galán, Paco León, Pedro Olea, Adriana Ugarte y Concha Velasco.
Siguiendo con el cine español, también son de destacar la proyección de varias películas de indudable interés dentro del formato “En recuerdo de…”, como Cuerda de presos (1956) de Pedro Lazaga, Los golfos (1959) de Carlos Saura, Río abajo (1984) de José Luis Borau, Libertarias (1996) de Vicente Aranda, El crimen del cine Oriente (1997) de Pedro Costa, En la ciudad sin límites (2002) de Antonio Hernández y, sobre todo, tres títulos capitales de nuestro fantaterror como son Gritos en la noche (1961) de Jesús Franco, Arrebato (1979) de Iván Zulueta y La bestia y la espada mágica (1983) de Jacinto Molina – reseña: http://www.pasadizo.com/peliculas2.jhtml?cod=829&sec=1 -. Otras películas que se podrán ver “En recuerdo de…”, aunque esta vez de nacionalidad norteamericana, son Santa Juana (Saint Joan, 1957) de Otto Preminger, El imperio del sol (Empire of the Sun, 1987) de Steven Spielberg o Shakespeare enamorado (Shakespeare in Love, 1998) de John Madden.
Por último, la aplaudible iniciativa conocida “Cine para todos” acogerá la proyección de cuatro títulos tan notables como el film de los Hermanos Marx Sopa de ganso (Duck Soup, 1933) de Leo McCarey, Esmeralda la zíngara (The Hunchback of Notre Dame, 1939) de William Dieterle, la animada Fantasía (Fantasia, 1940) de Ben Sharpsteen, o la nipona La princesa encantada (Taiyo no oji: Horusu no daiboken, 1968) de Isao Takahata. Como es habitual, la entrada a las sesiones de “Cine para todos” será gratuita para todos los asistentes menores de catorce años.
Intérpretes: Lorraine De Selle (Laura Schwarz), John Aldrich (Rupert Berner), Ugo Bologna (Inspector Nat Braun), Louisa Lloyd (Suzy Schwarz), John Stacy, Enzo Pezzu (Guardias del zoo), Monica Nickel (Madre de Carol), Stefania Pinna (Carol), Simonetta Pinna (Annie), Alessandra Svampa (Alice), Frederico Volocia (Tommy), Alessandro Freyberger (Karl), Tiziana Tannozzini (Fay), Gianfranco Principi (Reportero)…
Sinopsis: En un lugar del norte de Europa, durante la noche, los animales de un zoo se vuelven locos, destrozan las jaulas y salen para devorar carne humana. Nadie sabe a qué se debe esta conducta, ni por qué atacan con tanta ferocidad a la gente para luego descuartizarla y deglutirla… pero todo parece indicar que la raíz de estos acontecimientos son unos residuos tóxicos de origen industrial que han contaminado el agua de los animales.
Si por algo es hoy recordado el nombre de Franco E. Prosperi – no confundir con otro cineasta trasalpino de nombre similar, autor de engendros tales como los seudo-Conan Gunan, el guerrero (Gunanil guerriero, 1982) y El trono de fuego (Il trono di fuoco, 1982) – es por ser el de uno de los principales creadores del género mondo. No en vano, junto a Paolo Cavara y a Gualterio Jacopetti sería el responsable de la controvertida Este perro mundo (Mondo cane, 1962), considerada como la película fundacional de este particular estilo de seudo-documental basado en el más puro sensacionalismo. Tras ella, y siempre en compañía de Jacopetti, Prosperi continuaría explorando las miserias del ser humano en otros films de idéntico formato como África adiós (Africa Addio, 1966) o Adiós tío Tom (Addio Zio Tom, 1972), dentro de una evolución en la que los componentes violentos y/o escabrosos fueron adquiriendo cada vez un mayor protagonismo en sus propuestas.
La excepción que confirma la regla dentro de esta filmografía dedicada en exclusiva al mondo la supone esta Wild Beasts, belve feroci [vd: Wild Beasts (La noche de la fiera)], única película de “ficción” de Prosperi – nótese el entrecomillado – y única que firmaría en solitario, siendo además la encargada de poner el punto y final a su carrera cinematográfica. Rodada en 1984, Wild Beasts, belve feroci se inscribe dentro de la corriente temática de films que pusiera de moda el Tiburón de Spielberg, y en los que se narraba cómo la naturaleza se rebelaba contra el ser humano, por medio de una trama harto sugerente: tras beber agua envenenada por residuos tóxicos, los animales de un zoo de una indeterminada ciudad del norte de Europa enloquecen, escapando de su encierro y sembrando el terror a su paso.
Como no es muy difícil de deducir, tras esta sencilla premisa argumental, abierta a múltiples y variadas lecturas de lo más jugosas, se esconde un claro alegato en contra de la contaminación medioambiental. Sin embargo, este loable mensaje ecologista queda pronto invalidado por los medios empleados por su director para llevarlo a cabo; si no, ¿qué justificación tiene que para alertar del daño que la contaminación y los vertidos tóxicos producen en nuestro entorno a Prosperi no se le ocurra mejor manera que el filmar escenas de auténtica violencia directa e indirecta contra animales indefensos? Ratas quemadas vivas o el ataque de una manada de felinos salvajes contra una granja son sólo algunas de las atrocidades que podemos encontrar a lo largo de un metraje que responde, tanto en la forma como en el fondo, al estilo exhibicionista del mondo o, en su defecto, de un subgénero derivado de éste y coetáneo al título que nos ocupa como es el cine de caníbales, situación subrayada por la presencia en su reparto de Lorraine De Selle, una de las protagonistas del film de Umberto Lenzi Caníbal feroz (Cannibal Ferox, 1980). Y es que, al igual que ocurriera en ambos estilos, toda la posible carga intelectual que pueda tener esta Wild Beasts, belve feroci es solo una coartada para las auténticas intenciones del film: el de ofrecer un espectáculo a base del más cruel y repulsivo morbo.
No obstante, si somos capaces de pasar por alto todas estas disquisiciones morales – allá cada cual con su conciencia, si es que puede -, lo que nos queda es un film bastante superior a la media que solían ofrecer otras propuestas similares llegadas desde el otro lado de los Alpes en la misma época. Pese al evidente esquematismo del que adolece su clásico patrón narrativo, con una pareja de científicos investigando la causa del radical cambio de conducta de los animales, la película se desarrolla con gran dinamismo, destacando tanto la solvente realización de Prosperi como la opresiva atmósfera que dota al conjunto el hecho de que la casi totalidad de su historia transcurra de noche y a oscuras. Por otro lado, si bien es cierto que tanto sus personajes como los actores que les dan vida están muy por debajo del nivel deseable, no menos cierto es que, como ya ha quedado señalado, el interés de su director estaba puesto en otro lado. Una lástima, pues de haberse prestado una mayor atención al material de base y a las enormes posibilidades que este apuntaba, los resultados de Wild Beasts, belve feroci podrían haber sido los de una obra mucho más compleja y, por lo tanto, de una mayor enjundia.
Guionistas: Alan Burnett, Paul Dini, Martin Pasko, Michael Reaves, según argumento de A. Burnett, basado en los personajes creados por Bob Kane y Bill Finger
Música: Shirley Walker
Intérpretes: Dibujos animados, con las voces de Kevin Conroy (Batman/Bruce Wayne), Mark Hamill (Joker), Dana Delany, Hart Bochner, Abe Vigoda, Stacy Keach Jr., Dick Miller, John P. Ryan, Efrem Zimbalist Jr. (Alfred), Bob Hastings (Gordon), Robert Costanzo (voces adicionales), Vernee Watson-Johnson…
Sinopsis: Una enigmática figura fantasmal hace su aparición, cumpliendo las ejecuciones de determinadas figuras importantes del hampa. Simultáneamente regresa a Gotham una muchacha con la cual Bruce Wayne mantuvo un idilio; éste rememorará su relación con la chica y, de paso, su propio «nacimiento» como Batman…
El éxito de la serie televisiva de animación sobre Batman condujo a la producción de un largometraje destinado a los cines, que tuvo su estreno el 25 de diciembre de 1993 (pese a su inusitado éxito, en España se editaría directamente en vídeo). La primera temporada de la serie había acabado en mayo, y en septiembre se emitían episodios pospuestos de esa primera temporada, pero durante todo ese período se filmaba la película. La segunda temporada de la serie, de hecho, y en el sentido estricto, no se estrenaría hasta mayo del 94.
El objetivo de esta cinta, en un principio, era hacer el típico film destinado directamente para vídeo, pero al final la Warner decidió otorgarle el nivel de película para cine, posponiendo su edición videográfica cuatro meses.
Por otra parte, inicialmente se pensó convertir en largometraje otro guión disponible, el que luego daría lugar al episodio de la serie regular Batman: The Animated Series titulado “Trial” -el penúltimo de la segunda temporada-, dado que en él confluían todos los villanos importantes de la serie: El Joker (Mark Hamill), el Ventrílocuo y/o Scarface (George Dzundza), Killer Croc (Aron Kincaid), el Sombrerero Loco (Roddy McDowall), Dos Caras (Richard Moll), Poison Ivy (Diane Pershing) y Harley Quinn (Arleen Sorkin). Sin embargo, la historia se consideró que quedaba mejor desarrollada en un episodio de veinticinco minutos. Por tanto, la trama elegida sería esta otra, que parece aunar elementos de los “Batman Año Uno” de Miller/Mazzuchelli y “Batman Año Dos” de Barr/Davis/Neary/McFarlane/Alcalá; así, la escena donde la policía ataca a Batman es similar a otra aparecida en el Año Uno, y el Fantasma es parecido al Segador de Año Dos, con una historia análoga aunque con una vuelta de tuerca, al cambiar la identidad del villano.
El primer largo de animación surgido de la serie ofrece un nivel de calidad apabullante, sobre todo si se compara con las posteriores aportaciones en imagen real por parte de Joel Schumacher, si bien las siguientes películas animadas -una destinada ya directamente para vídeo, otra un montaje a partir de la serie televisiva- seguirán definiéndose por su altísimo nivel. Aquí, tanto en el aspecto técnico como en el meramente narrativo, los resultados son altamente estimables.
La película se inicia con una elegante panorámica sobre la ciudad durante los créditos, para finalizar éstos con un plano general de la urbe donde tendrán lugar los hechos. Después, la acción se hace trepidante a lo largo de la cinta, una acción excitante y bien filmada, que surge a partir de la emoción implícita en el propio desarrollo de los acontecimientos, no a partir de elementos de artificio -ruido, montaje abrupto- como es costumbre. Sin embargo, pese a ese ritmo ejemplar, se vuelca la narración hacia el retrato de Bruce Wayne con un tino y una complejidad que en ninguna película de imagen real se ha mostrado. Si la intriga del film es interesante, más aún lo es la historia de amor entre Bruce Wayne y la muchacha, narrada mediante una sugestiva estructura de flash-backs continuos, estructura que otorga una notoria consistencia a los resultados (con una trama lineal, el film perdería no poca fuerza).
Tal como se ha dicho, la película ofrecerá el origen de Batman de un modo muy similar al que exponía Frank Miller en su obra maestra “Año Uno”, rebuscando inquisitivamente en las motivaciones de Bruce Wayne -excelentes los momentos de sus “charlas” con sus padres muertos-; sin embargo, no aparece en ningún momento la promesa ante la tumba de sus progenitores cuando era pequeño, ni el soliloquio sobre su afán de venganza, ni la aparición del murciélago en la ventana. Pero, en especial, su psicología se define con una magistral precisión, no exenta de humor soterrado por parte del resto de los personajes. No podemos evitar reproducir los diálogos que, a lo largo de la trama, nos son desgranados describiendo a nuestro personaje. Así, cuando por televisión se habla de la posible psicopatología del Cruzado Encapuchado, el siempre irónico e inteligente Alfred exclamará: «¡Qué tontería, señor! Pero si usted es un modelo de cordura… Por cierto, he planchado sus mallas y he guardado sus bombas de gas explosivo». Respecto al temor por parte de Bruce Wayne a mantener una relación seria, durante una fiesta un conocido comentará al millonario: «Parece que las eliges a sabiendas de que no existe posibilidad de mantener una relación seria». En cuanto a la prometida de Bruce, que descubrirá la identidad secreta de éste, cuando Batman le echa en cara a ella su supeditación a su padre, ella le replicará: «A la única persona en esta habitación a quien controlan sus padres es a ti»; y en otro momento, frente al comentario por parte de Batman de «¿qué puede solucionar la venganza?», ella responderá al encapuchado: «Si alguien conoce la respuesta a esa pregunta, Bruce, ese eres tú».
La realización de Eric Radomski y Bruce W. Timm se conduce con mano firme y conocimiento de la narración cinematográfica. Incluso un elemento tan arriesgado y que tan pésimos resultados suele dar, sobre todo en animación, como es la cámara lenta, aquí aparece aplicada de forma excelente durante el asalto de los motoristas; visualmente la cinta ostenta un fascinante clímax final en la feria abandonada (feria muy similar a la que sirve de refugio al Joker en “La broma asesina”), sobre todo cuando Batman y su enemigo de blanca faz -que detenta un origen, aquí, que entronca con el film de Burton- vagan por la maqueta de la ciudad (parecida a la de Metrópolis, no donde vive Superman, sino el film de 1926 de Fritz Lang), y que ofrece ecos de Godzilla y King Kong.
Es de lamentar que el guión no sea perfecto en su totalidad. La trama de intriga muestra sus resquicios al disponer de escasez de personajes y, por tanto, de sospechosos; a poco que se reflexione, pronto se averiguará la verdadera identidad del Fantasma. Pero ello sólo es un mal menor en una cinta de indudable valía.