El desafío de los gigantes

Título original: La sfida dei giganti

Año: 1965 (Italia)

Director: Maurizio Lucidi [acreditado como Maurice Bright]

Productor: Achille Piazzi

Guionista: Lorenzo Gicca Palli

Fotografía: Alvaro Mancori

Música: Ugo Filippini

Intérpretes: Reg Park (Hércules), Gia Sandri (Reina Leda), Giovanni Cianfriglia (Anteo), Adriana Ambesi [acreditada como Audrey Amber] (Deyanira), Gianni Solaro (Teseo), Luigi Barbini (Xantos), Franco Ressel (Etéocles), Luigi Dionato (Timoniere), Marisa Belli (Reina de los hijos del Sol), Mimmo Poli (Gerone), Corrado Sonni, Giulio Maculani…

Sinopsis: Para liberar a su hijo, secuestrado por la diosa de la tierra Gea, Hércules parte hacia el reino subterráneo, lo cual es aprovechado por el hijo de ésta para suplantar la personalidad del mitológico héroe.

En 1965 el peplum se encontraba en un callejón sin salida del que finalmente no encontraría la forma de escapar. Tal vez conscientes de esta situación, algunos avispados productores trataron de exprimir lo poco que aún podía dar el moribundo género, con sendas películas de bajísimo presupuesto -ya de por sí habitualmente paupérrimos, pues no era algo infrecuente que para las escenas de batallas se utilizaran escenas de alguna de las grandes “superproducciones” de este tipo de films, y los decorados fueran reciclados de los filmes kolossales rodados por Estados Unidos en Italia-, en las que para abaratar costes echaban mano de metraje proveniente de anteriores producciones a los que se les unía nuevos planos rodados ex profeso.

Siguiendo estos pasos, el inefable Guido Malatesta se descolgó con El vengador de los mayas (Il vendicatore dei mayas, 1965), probablemente la peor película del género, en la cual se mezclaba material originario de sus anteriores películas Maciste contro i cacciatore di teste [dvd: Maciste contra los cortadores de cabezas, 1960] y Maciste contra los monstruos (Maciste contro i mostro, 1962), ambas protagonizadas por Kirk Morris, nombre artístico del italiano Adriano Bellini y a la sazón protagonista también de este film, hecho que simplificaba el reciclado de imágenes, y también de argumento, pues este no era sino una ligera variación de la trama del primer titulo señalado.

Partiendo de similares planteamientos, Achille Piazzi decide hacer lo propio, y de esta forma surge El desafío de los gigantes (La sfida dei gigante, 1965), la cual para su confección tomo metraje prestado de, posiblemente, las dos mejores muestras del peplum en su vertiente fantástica, La conquista de la Atlántida (Ercole alla conquista di Atlantide, 1962) de Vittorio Cottafavi, y Ercole al centro della Terra [dvd: Hércules en el centro de la Tierra, 1962] de Mario Bava, films producidos anteriormente por Piazzi y protagonizados por el Mr. Universo Reg Park, quien volvía a protagonizar esta aventura de Hércules, retomando de esta manera el personaje que le dio la popularidad en el género en lo que acabaría por convertirse en su despedida del medio. No sería esta la única vez que Park vería como era manipulado un trabajo suyo, pues a su anterior película, Ursus il terrore dei Kirghisi [tv: Ursus, el terror de los kirgueses, 1964] de Antonio Margheriti y Ruggero Deodato, le fueron añadidas en 1970 secuencias pornográficas por los distribuidores franceses para su distribución en aquel país bajo el nombre de La vie érotique d’Ursus [La vida erótica de Ursus], práctica relativamente usual en el territorio galo, pues similar suerte correrían otros títulos fantásticos por aquellos años, como The Night of the Big Heat [vd/dvd: Radiaciones en la noche , 1967] de Terence Fisher, o la española Las ratas no duermen de noche (1973) de Juan Fortuny.

Para el libreto, Piazzi se hizo con los servicios de Lorenzo Gicca Palli, quien había debutado el año anterior como guionista en el western de Mario Bava La strada per Fort Alamo (1964), creando una historia, curiosamente, con muchos puntos en común con la de cinta de Bava que servía de cimiento para el título que nos ocupa, la referida Ercole al centro della Terra. Para la dirección del film, posiblemente pensando que quién mejor que un montador para sacar adelante un proyecto de tales características, Piazzi contrató a Maurizio Lucidi, editor habitual de multitud de títulos del cine de aventuras italiano de la época, que con esta película daba el salto a labores de realizador la cual firmaría con el seudónimo de Maurice A. Bright. El resultado, según los comentarios de quienes la han visto, es una película bastante apreciable aunque inferior a las dos obras maestras que tomaba como base, y que tampoco sirvió para insuflar nueva vida a un género en total decadencia.

Tan solo un año después, en 1966, el peplum firmaba su acta de defunción con el estreno del díptico de Ferdinando Baldi, All’ombra delle aquile [dvd: A la sombra de las águilas] e Il massacro della foresta nera [vd: La masacre de la selva negra; dvd: La batalla de Germania], los últimos peplums puros, rodados de forma conjunta en coproducción con Alemania y protagonizados por el estadounidense Cameron Mitchell. La definitiva eclosión del spaghetti-western, junto con la saturación de títulos, la repetición de esquemas y la falta de ideas acabaron con un género en el que a poco que se busque, pese a la mala fama que tiene tanto en España como en su país de origen, arroja un buen número de títulos valiosos, ya sea por su calidad o por su singularidad, y que, pese a algún ejemplo tardío durante los setenta y un tímido intento de recuperación a comienzo de los ochenta por medio de varios proyectos protagonizados por el Hulk televisivo Lou Ferrigno, surgidos al amparo de la moda del momento, el cine de espada y brujería, que precisamente en su vertiente italiana mostraba una clara influencia del peplum, a la vista del panorama actual, no parece estar próximo a su resurgimiento.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on enero 25, 2008 at 12:43 pm  Comentarios (5)  
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5 comentariosDeja un comentario

  1. Con esta reseña terminamos el dossier dedicado a Reg Park, que espero que os haya gustado tanto como a mi hacerlo.

    Para la semana próxima, comenzaremos otro ciclo temático, dedicado a una saga de películas “exóticas”.

  2. Estaría bien, seguir así, una especie de “ciclo” de un actor, director, tema…

  3. Si, eso es lo que había pensado, los viernes dedicarlos a un ciclo en concreto, aunque lo suyo sería que fueran ciclos cortos, para tampoco cansar mucho.

  4. Sagas de películas. Porque la filmografía de Peter Cushing, por ejemplo, se extendería hasta marzo… del 2046.

  5. Me refería, obviamente, a actores y directores cuya carrera fuera corta. Además, de Peter Cushing, por ejemplo, faltan muchas cosas que por desgracia nunca podremos ver.


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