
Título original: The Horror of Frankenstein
Año: 1970 (Gran Bretaña)
Director: Jimmy Sangster
Productor: Jimmy Sangster
Guionistas: Jimmy Sangster y Jeremy Burnham sobre la novela de Mary Shelley
Fotografía: Moray Grant
Música: Malcolm Williamson
Intérpretes: Ralph Bates (Victor Frankenstein), Dennis Price (ladrón de tumbas), Kate O’Mara (Alys), Veronica Carlson (Elizabeth Heiss), Jon Finch (teniente Henry Becker), David Prowse (monstruo), Bernard Archard (profesor Heiss), Graham James (Wilhelm Kassner), James Hayter (Bailiff), Stephen Turner (Stephan), Joan Rice (Esposa del ladrón de tumbas), Neil Wilson (Profesor Universidad), James Cossins (Dean), George Belbin (Barón Frankenstein padre)…
Sinopsis: Victor Frankenstein es un joven genio de comportamiento arrogante y frío, con especial debilidad por las mujeres. Cuando propone a su padre que desea estudiar anatomía en la Universidad, y éste se opone tajantemente, no duda en preparar un accidente que acaba con la vida del Barón, heredando el título y la fortuna. En Viena, tras dejar embarazada a la hija del decano, se ve obligado a regresar al castillo para proseguir con sus experimentos, ayudado por su amigo Wilhelm.

Seudo remake de La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, 1957) de Terence Fisher, llevada a cabo por el guionista de aquella, Jimmy Sangster, quien en esta ocasión a parte de firmar el libreto junto a Jeremy Burnham, se encargo también de la realización.
Rodada a comienzos de la década de los setenta, periodo en el cual la Hammer trato de reinventarse a si misma, y con ello a sus mitos clásicos, supone un intento por parte de esta de conectar con los gustos de los adolescentes de la época, pero no por ello haciendo grandes concesiones de cara a conseguir el favor de este determinado segmento de público, ya que al contrario que en las otras dos reinterpretaciones efectuadas por aquellas mismas fechas de su otro mito por excelencia, el conde Drácula, en Drácula 73 (Drácula A.D. 1972, 1972) y Los ritos satánicos de Drácula (The Satanic Rites of Drácula, 1973), ambas de Alan Gibson, dichas concesiones tan solo parecen pasar por el rejuvenecimiento del Barón que, por primera y última vez dentro de las adaptaciones de la obra de Mary Shelly por parte de la mítica productora, no fue encarnado por Peter Cushing, sino por Ralph Bates, el cual sale airoso del trance y de las comparaciones con tan insigne actor, dando vida a un Victor Frankenstein amoral, engreído y sarcástico, sin ningún respeto por la vida humana, que durante la cinta será capaz de las mayores tropelías, como atentar contra su padre, matar a su mejor amigo, a su amante, o inculpar a un antiguo compañero de colegio en un asesinato cometido por su criatura.

Es en este retrato donde la cinta adquiere mayores diferencias con la inaugural película de Fisher, pues si en aquella el Barón sobreponía todo a su afán científico en un intento de emular a Dios, este Frankenstein no manifiesta en ninguna ocasión cual es el fin de sus experimentos, ni que es lo que le empuja a ellos, ya que no quiere compararse con Dios, quizás, y dado su comportamiento en todo el film, por él se cree el mismo Dios.

Aparte de estos apuntes, el otro aspecto que destaca dentro del guión, parcela esta sobre la que se sustenta todo el conjunto, ya que como director Sangster se revela como un artesano bastante limitado pese a escenas tan conseguidas como aquella en la que, mientras nuestro protagonista cena con su próxima victima de la que planea tomar su cerebro para transplantárselo a su criatura, se hará el silencio y tomaremos la vista subjetiva de Victor, el cual ve a su invitado con el número 25 en la frente, justo el mismo número que tiene el cerebro en el esquema de la criatura que este tiene en su laboratorio, es el tono de comedia negra, pese a ciertos momentos de trazo grueso – como aquel en que al volver a su castillo tras seis años de ausencia, ante la reverencia de su sirvienta y posterior amante, y a la vista del escote que esta lleva, Frankenstein exclama: “Veo que has engordado en algunas partes de tu cuerpo” -, y beneficiada por las aportaciones de algún personaje impagable, caso del ladrón de cadáveres interpretado brillantemente por Dennis Price, el cual consigue con sus comentarios los momentos más cómicos del film, y que, en cierta manera es comparado con el Barón, pues, al igual que este, se beneficia de los muertos para crear vida, aunque de una manera más tradicional.

Nos encontramos pues con una brillante relectura del mito, pese a cierto olvido en el que se encuentra, tal vez debido al tibio recibimiento del que fue objeto en su estreno, lo que motivo que pese a abrir nuevas y atractivas vías para el personaje, lamentablemente no volvieran a ser transitadas por la Hammer en su afán por encontrar nuevos caminos para las andanzas de sus mitos, ya que la siguiente y última entrega sobre el personaje por parte de la productora, Frankenstein and the Monster from Hell [tv, vd, dvd: Frankenstein y el monstruo del infierno, 1973] de Terence Fisher, retomaría los esquemas clásicos de la saga.
José Luis Salvador Estébenez
Tráiler de la película (en inglés):
De lo más interesante de la Hammer de los años 70. Autoparódica sin caer en el absurdo ni en lo burdo. Estupendo Ralph Bates como un petulante Frankenstein.