

Título original: La regina dei tartari / La reine des barbares
Año: 1960 (Italia, Francia)
Director: Sergio Grieco
Productores: Carlo Lombardi e Italo Zingarelli
Guionistas: Marcelo Ciorciollini, Rita Furlan, Eric Klauss
Fotografía: Alfio Contini
Música: Bruno Canfora
Intérpretes: Chelo Alonso (Tania), Jacques Sernas (Malok), Folco Lulli (Igor), Mario Petri (Timur), Phillippe Hersent (Katermai), Ciquita Coffelli (Oruska), Piero Lulli (Seikor), Andrea Scotti (Chagatai), Pietro Tordi (Morobas), Raf Baldassarre (Prisionero Tártaro)…
Sinopsis: Tania, única superviviente de un poblado atacado por los tártaros, es adoptada por el jefe de estos. Con el tiempo, y tras la muerte del líder, llegará a convertirse en la nueva jefa, aunque para ello deberá de luchar contra las reticencias de la mayoría de integrantes de su tribu.

Inusual y curioso peplum, más por sus variaciones temáticas frente al esquema habitual de este tipo de cintas que por sus valores cinematográficos, que aunque más limitados también los tiene, dirigido por el todoterreno Sergio Grieco, realizador de segunda fila típico del cine italiano de la época, que con esta cinta firmó uno de sus mejores trabajos.
Para empezar, y al contrario de lo que venía siendo casi norma obligada en este género, la cinta escapa de la habitual ambientación en el mundo heleno o romano, para hacerlo en la Europa meridional de los tártaros, motivo este que da pie para reflejar la tremenda influencia que, de forma consciente o inconsciente, ejerció el peplum sobre el cine de espada y brujería que dos décadas después, con más ganas que medios, se llevara a cabo en el país de la bota.

En este punto es muy esclarecedor, aparte de su diseño de vestuario, presidido por armaduras, cascos y estandartes imposibles, repletos de tachuelas y cuernos, el comienzo de la cinta, con el ataque de una tribu tártara a un poblado rival, y la aniquilación de todos los habitantes de este, salvo de una niña, Tania, la protagonista de la película, al que el jefe de los atacantes perdonara la vida ante la valentía que ha demostrado en el combate. Como vemos, este arranque no puede ser más similar al de multitud de spaghetti & sorcery posteriores, con la única salvedad que, en lugar de que el (la) protagonista de la historia jure vengarse los verdugos de su pueblo, aquí será adoptada por sus captores, pasando a formar parte de la tribu como un miembro más de pleno derecho.

Tampoco falta la inclusión del ingrediente fantástico tan presente en el género, con la salvedad de que aquí se descubrirá que no es tal, con la presencia de una ciudad legendaria, objeto de deseo de mil y una expediciones tártaras que fracasaron ante los muros de la urbe, víctimas de sus mágicas defensas, la cual, pese a ser protagonista de una u otra forma de gran parte del metraje, no nos es mostrada hasta los minutos finales, lo que acrecienta el suspense en el espectador, merced a todos las leyendas y atributos que sobre ella se mencionan a lo largo del film.

Pero volviendo a las innovaciones, o en este caso subversiones, de esta La regina dei tartari frente a las constantes de este tipo de películas, tal vez la más importante sea el hecho de que, tal y como ya ha quedado dicho más arriba, el protagonismo recaiga en un personaje femenino, más singular si cabe, si pensamos que el papel de la mujer en este tipo de cintas no pasaba de ser el de la amantísima novia / esposa del héroe de turno, o el de la abyecta villana de la función, frecuentemente una tiránica reina a la que la presencia del Maciste de turno ablandaba su corazoncito, papeles estos en los que se había especializado nuestra protagonista, la actriz cubana de rotundas formas Chelo Alonso, todo un mito del género en la época.

En el mismo sentido debemos interpretar el argumento de la cinta, es decir, el del papel de la mujer dentro del peplum, ya que Tania, la protagonista, deberá abrirse paso y hacerse respetar dentro de una sociedad hostil, despiadada y machista, en donde la mujer es poco menos que un ser inferior que solo sirve para divertimento del hombre (en el amplio sentido de la palabra), debido a un modo de vida basado en el saqueo de poblados cercanos, hasta el punto de que todo aquel herido que no sirva para guerrear es eliminado, al ser una carga inútil para el resto de la comunidad.

Dentro de este contexto, no debe de extrañar que a lo largo del metraje encontremos varios apuntes pro-feministas, o más bien debiera de decir anti-machistas, en el que se cuestiona el patriarcado propio de la época en que se sitúa la acción, pero también como traslación de la sociedad contemporánea a la producción del film, siendo el referido elemento machista encarnado principalmente por Malok, jefe de la tribu rival de la de Tania, e interpretado por Jacques Sernas, otro de los rostros característicos de este género, quien apoyara el liderazgo de aquélla dentro de su tribu por creerla el rival más débil de los posibles por el mero hecho de ser mujer o, más tarde, y cuando entre ambos surja el amor, pretenda unificar ambos clanes bajo su único mandato, ya que su enamorada, como mandan los cánones, debiera de pasar a un segundo plano para convertirse en mera consorte, idea esta a la que Tania se opondrá de manera tajante, llegando al final a ser ella la que acabara decidiendo los destinos de las dos pueblos, modificando profundamente tanto sus estructuras sociales como su forma de vida.

Se trata pues de un título de lo más jugoso y rico en lecturas, aparte de un divertido entretenimiento, por lo que resulta de lo más extraño el total olvido y desconocimiento al que parece condenado, como si se tratara de uno más de tantos títulos producidos en plena fiebre del género en Italia, cosa que, como hemos visto, dista mucho de ser.
José Luis Salvador Estébenez