

Título original: Nella stretta morsa del ragno / Dracula im Schloß des Schreckens
Año: 1970 (Alemania, Italia, Francia)
Director: Antonio Margheriti [Anthony Dawson]
Productor: Giovanni Addesdi
Guionistas: Bruno Corbucci, Giovanni Grimaldi, Antonio Margheriti, Giovanni Addesdi
Fotografía: Guglielmo [Memmo] Mancori, Sandro Mancori, Silvano Spagnoli
Música: Riz Ortolani
Intérpretes: Anthony Franciosa (Alan Foster), Michèle Mercier (Elisabeth Blackwood), Klaus Kinski (Edgar Allan Poe), Peter Carsten (Dr. Carmus), Silvano Tranquilli (William Perkins), Karin Field (Julia), Raf Baldassarre (Herbert), Irina Maleeva (Elsie Perkins), Enrico Osterman (Lord Thomas Blackwood), Marco Bonetti (Maurice), Vittorio Fanfoni, Carla Mancini, Paolo Gozlino…
Sinopsis: Apuesta de por medio, un hombre debe afrontar una noche en un castillo embrujado. No solo las sombras ominosas y los vientos sibilantes serán sus compañeros nocturnos; también aparece una bella mujer secundada de una dama amenazadora. Por la noche, la damisela es asesinada y luego desaparece. El galán inicia su búsqueda, siendo asesorado por un extraño doctor.

Dentro del marco del cine de terror italiano, la veneración hacia sus grandes artífices, así Riccardo Freda y, sobre todo, Mario Bava, suele ocultar el talento de muchos otros artesanos, cuyas imágenes han proporcionado momentos imborrables en la memoria de cualquier aficionado al género, subvaloración tanto más injusta cuando, bien analizada, tanto la carrera de los maestros como de los discípulos se ha visto marcada por una gran heterogeneidad no exenta de irregularidades.

Uno de los casos más significativos es, precisamente, el de Antonio Margheriti, mucho más recordado por sus revisitaciones erótico-gore de los grandes mitos del terror –Blood for Dracula (Dracula cerca sangue di vergine… e morì di sete!!!, 1974) y Carne para Frankenstein (Flesh for Frankenstein, 1974), en no del todo acreditada colaboración con Paul Morrisey– que por las notables incursiones en el romanticismo macabro que ofreció entre mediados de los 60 y principios de los 70 con títulos como Danza macabra (1964) –película sin embargo iniciada por Sergio Corbucci– o el remake que nos ocupa –perpetrado bajo el pseudónimo de Anthony Dawson, al igual que las citadas colaboraciones con Morrisey y muchos de sus spaghetti westerns– ofrecen un gran estilismo visual, en el que el director equilibra a la perfección el tempo narrativo con la recreación barroca de un imaginario necrófilo delirante, a veces utilizando los matices del blanco y negro, y otras, como en el presente caso, la combinación de diferentes tonalidades de color para crear un efecto de claroscuro adecuadamente ominoso.

A partir, según parece, de un relato no publicado de Edgar Allan Poe, tanto la original Danza macabra como La horrible noche del baile de los muertos –también conocida merced a su edición videográfica como La tela de araña– convierten la cámara en un perfecto reflejo del atormentado universo literario y vital del escritor norteamericano, muy especialmente en su tríptico “Ligeia”, “Berenice” y “Morella”, en el que, como en sus relatos, se transgreden los códigos genéricos a los que en principio esta historia podría acogerse: la maldición de la casa encantada se ve así sublimada por las turbulencias de las pasiones de quienes la habitan, catalizadores de una insaciable sed de vida que acaba adquiriendo inequívocas connotaciones vampíricas.

Si bien se echa de menos la presencia de Barbara Steele –quien tras sus devaneos con Fellini regresó al terror gótico precisamente con Danza macabra– tenemos, en cambio, una de las mejores performances de Klaus Kinski, quien, perfecto en la piel de Poe, apoya la densa textura que Margheriti sabe otorgar a sus imágenes, logrando un entramado pleno de sugerencias que se degusta con el mismo deleite con el que los espectros revivientes que puebla el film absorben la sangre de los viven que tienen la mala fortuna de interponerse en su camino.
Manuel Aguilar
Excelente texto, y muy de acuerdo tanto en la valoración de la película, como en la reivindicación de Margheriti.
A ver si algún día tengo la oportunidad de ver como Ossorio manda “Danza macabra”, que es una de esas espinitas clavadas que tengo de siempre, pese a que ya la he visto un par de veces en italiano e ingles.
Buen texto, cierto.
Se me hizo un pelín larga, pero indudablemente es un filme estimable. Y yo también estoy deseando ver en condiciones “Danza macabra”, por cierto.
Este auto-remake lo tengo pendiente, a ver si lo consigo y le echo un ojo. La original “Danza Macabra” es una peli que me encanta, con una atmósfera de encanto genialmente lograda.
Curioso que para el papel de la icónica morena Barbara Steele eligieran aqui a la rubia Michele Mercier XD Lo cual me recuerda que la Rank tiñó a Bárbara de rubia cuando empezaba, porque pensaron que asi tendría más tirón comercial. Vaya ojo!
Saludos!
Supongo que “Danza macabra” la habrás visto en guiri, ¿no, Igor?