Psychomania [vd: Psicomania]

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Título original: Psychomania

Año: 1973 (Gran Bretaña)

Director: Don Sharp

Productor: Andrew Donally

Guionistas: Arnaud d’Usseau, Julian Zimet [Halevy]

Fotografía: Ted Moore

Música: John Cameron

Intérpretes: Nicky Henson (Tom Latham), Mary Larkin (Abby Holman), Ann Michelle (Jane Pettibone), Roy Holder (Bertram), Denis Gilmore (Hatchet), Miles Greenwood (Chopped Meat), Peter Whitting (Gash), Rocky Taylor (Hinky), Robert Hardy (Inspector Hesseltine), Patrick Holt (Sargento), Alan Bennion, John Levene (Guardias), Beryl Reid (Sra. Latham), George Sanders (Shadwell), Jacki Webb (Madre), David Millett (Padre), Linda Gray (Abuela), Andrew Laurence (Abuelo), Roy Evans, Ann Murray (Motoristas), Bill Pertwee (Dueño de pub), Seretta Wilson (Stella), Denis Carey (Ayudante del Juez de instrucción), Stanley Stewart (Empleado gasolinera),Lane Meddick (Sr. Pettibone), June Brown (Sra. Pettibone), Fiona Kendall (Monica), Ernest C. Jennings (Ciego), Martin Boddey (Juez de instrucción), Heather Wright, Penny Leatherbarrow (Mujer en comisaría), Larry Taylor (Camionero)…

Sinopsis: Una pandilla de motociclistas llamados “Los Muertos Vivos”, realiza un pacto con las fuerzas ocultas que les permite volver a la vida tras haberse suicidado.

¿Un cruce entre Los ángeles del infierno (The Wild Angels, 1966) de Roger Corman y La noche de los muertos vivientes (The Night of the Living Dead, 1968 ) de George Romero? Pues al menos eso es lo que nos propone, una vez vistos sus planteamientos, esta Psychomania, una de las más delirantes películas llevadas a cabo dentro del ya de por sí psicotrónico panorama del cine de terror de serie B de la década de los 70, bajo guión de Arnaud d’Usseau y Julian Zimet, quienes por aquellas mismas fechas, el primero como argumentista y el segundo como guionista, habían ayudado a dar forma a esa obra maestra del fantaterror patrio que es Pánico en el transiberiano / Horror Express (1973) de Eugenio Martín.

Tom es el jefe de una pandilla de motoristas llamados “Los muertos vivos”, que pasan el tiempo haciendo gamberradas a diestro y siniestro. No contento con esto, Tom le pide un día a su madre, una espiritista que tiene tratos con el demonio, que le conceda el secreto de la inmortalidad, a lo cual, no sin dudas, esta accede. Dicho secreto consiste en suicidarse y creer firmemente en que se va a regresar a la vida. Una vez que Tom lo haga, convencerá al resto de integrantes de su cuadrilla para que sigan su ejemplo…

En breves palabras, este es el simple y alucinógeno argumento de la película, a través del cual sus responsables tratan de plantear, aunque de modo bastante torpe, el típico conflicto generacional tantas veces abordado a lo largo de la historia del cine. Así, tenemos por un lado a los jóvenes, representados por Tom y su pandilla de motoristas, algunos de los cuales responde a nombres tan singulares como Hatchet (Hacha), Gash (Incisión) o Chopped Meat (Carne Cortada), cuya única diversión consiste en sembrar el caos allá por donde van, impulsados por una mezcla de espíritu rebelde y trasgresor, con un ideario seudo anarquista – en un momento dado, y ante la pregunta de su madre de qué es lo próximo que piensa hacer, Tom responderá que acabar con los policías, funcionarios, curas y demás miembros del sistema -, siendo su principal motivación para convertirse en muertos vivientes el de seguir realizando todo tipo de gamberradas con mayor impunidad, dada su condición de inmortales. Por cierto, en este punto cabe resaltar que, pese a lo dicho un poco más arriba, los muertos vivientes de la película no se asemejan ni a los zombis sorbe cerebros romerianos, ni a los seres esclavizados del vudú, sino que el único cambio apreciable producido en su transformación a no muertos estriba en un aumento de su fortaleza física.

En el otro lado de la balanza, y como no podía ser de otra forma, tenemos a los “viejos” y los valores que estos representan, personificados tanto por las fuerzas de seguridad, enemigos naturales del grupo de vándalos protagonistas, como, de forma muy especial, por la madre de Tom, quien, pese a su naturaleza satánica y alertada por la cada vez más creciente espiral de violencia de los actos cometidos por su hijo y sus amigos, romperá el pacto diabólico con el que había logrado la vida eterna, acabando de este modo con su vástago.

Todo ello, acompañado por una música rock de lo más estridente y unos efectos especiales misérrimos, es puesto en escena de forma poco afortunada por el hammeriano Don Sharp, quien, aparte de por el juego que ya de por sí ofrecen algunas de las ridículas situaciones planteadas en el guión, da momentos tan delirantes como el entierro de Tom, sentado en su moto como si tal cosa, y cuya resurrección sería homenajeada años después por Michelle Soavi en la supravalorada Mi novia es un zombie (Dellamorte, Dellamore, 1994) o, como por las absurdas y poco probables, al menos que uno sea masoquista, formas de suicidio de los integrantes de la banda, con mención especial para aquel que no se le ocurre mejor forma de morir que tirarse al río atado de pies y manos por gruesas cadenas de acero, y cuyo penoso trayecto hasta la orilla del río resulta de lo más inenarrable y jocoso. Fruto de estas muertes son, además, algunas incongruencias tales como aquella en la que, confundiendo la temática fantástica de la cinta con la suspensión de cualquier atisbo de verosimilitud en los hechos que se nos relatan, se nos muestra cómo uno de los muchachos, tras haberse lanzado al vacío desde un avión, revive en perfecto estado como si la caída desde semejante altura no le hubiera dejado ningún rasguño en el cuerpo.

Pese a lo dicho, hay que reconocerle a Sharp algún momento aislado de relativa inspiración, caso de cierta elipsis en la morgue protagonizada por el inspector de policía y sus hombres, así como el ritmo vivaz con el que sabe dotar al conjunto y que hace que, al menos, el producto resultante sea un bodrio de lo más entretenido. Por último, cabe destacar que el presente film supondría el último trabajo del actor de origen ruso George Sanders, ganador de un Oscar por su labor interpretativa en Eva al desnudo (All About Eve, 1950) de Joseph L. Mankiewicz, y quien el 25 de abril de 1972 acabaría con su vida, cuando se encontraba en la localidad barcelonesa de Castelldefels, tras pagar escrupulosamente la cuenta del hotel donde se alojaba.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on julio 29, 2008 at 11:36 am  Comentarios (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Malísima película, pero de lo mala que es, si la ves en compañía, con unas cervezas y unas patatillas, la diversión está asegurada.

  2. [...] 1970), Dark Places [vd: La escalera de la locura/Lugares tenebrosos/Tinieblas en la mente, 1973], Psychomania [vd: Psicomanía, 1973] y Cavernas fantasmas (What Waits Below, [...]


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