
Título original: La venganza del Zorro / Zorro le vengeur
Año: 1962 (España, Francia)
Director: Joaquín L. Romero Marchent
Productor: Eduardo Manzanos
Guionistas: Jesús Franco, José Mallorquí, Joaquín Romero Hernández [Joaquín L. Romero Marchent]
Fotografía: Rafael Pacheco
Música: Manuel Parada
Intérpretes: Frank Latimore (Don José de la Torre / El Zorro), María Luz Galicia (Maria), Howard Vernon (Coronel Clarence), Paul Piaget (Charlie), Jesús Tordesillas (gobernador Hayes), Rafael Romero Marchent (Juan Aguilar), María Silva (Irene), Ángel Álvarez, José Marco Davó, Fernando Delgado (Padre Francisco), Antonio Molino Rojo, Fernando Sancho (Sargento), Xan Das Bolas, Manuel Alexandre (Soldados yanquis), José Riesgo…
Sinopsis: En la California de 1848, el aristócrata hispano don José de la Torre es criticado por su actitud favorable a los ocupantes norteamericanos. Sin embargo, cuenta con una doble identidad, El Zorro, mediante la cual combate a quienes parecen los amigos de don José, en particular al pérfido coronel Clarence.
Siete años después de producir junto al mexicano Gonzalo Elvira la traslación cinematográfica en dos jornadas del personaje literario creado en 1943 por José Mallorquí “El Coyote”, Eduardo Manzanos decidió probar fortuna con otro proyecto protagonizado por un héroe enmascarado. En este caso le tocaría el turno al mundialmente famoso “El Zorro”, personaje creado por Johnston McCulley y una de las principales influencias barajadas por el citado novelista español a la hora de dar forma a su más célebre criatura.


Para tal fin Manzanos volvería a confiar la dirección de la cinta a Joaquín Romero Marchent, corriendo asimismo su libreto a cargo de los mismos guionistas del díptico previo, el propio Romero Marchent y Jesús Franco, quienes en esta ocasión contarían con la ayuda del propio Mallorquí. Esta colaboración resultaría determinante en el hecho de que tanto el espíritu como las características del personaje principal de la película estuvieran más en sintonía con las de “El Coyote” que con las de la creación de McCulley. Una situación que queda suficientemente ejemplificada en el hecho de que el marco histórico en el que se desarrolla el film sea durante los primeros meses de ocupación estadounidense de California, en lugar de en la época bajo dominación mexicana de aquel territorio en las que discurrían originalmente las aventuras del alter-ego de Diego de la Vega. No es pues descabellado considerar que la elección de un justiciero en detrimento del otro bien pudiera deberse a razones comerciales, puesto que una película protagonizada por “El Zorro” resultaba mucho más vendible a los distribuidores internacionales – no olvidemos que la cinta suponía una coproducción oficiosa con Francia -, que una encabezada por el más autóctono “El Coyote”.
Pero dichas similitudes no solo se limitan a las rasgos principales de su personaje protagonista, sino que el argumento de la presente repite a grandes rasgos el de La justicia del Coyote (1955), segunda y última entrega de las aventuras que de Don César de Echagüe acometiera el realizador madrileño en la década anterior, llegando incluso a darse el caso de que varios actores, caso de José Riesgo, repitieran un rol muy similar al que habían desempeñado en la previa. Así pues, de nuevo tenemos al enmascarado protagonista tratando de buscar la absolución de alguien cercano a su entorno culpabilizado de sendos crímenes por las autoridades estadounidenses, para que una vez llegado el clímax de la cinta, el cual es precedido por un intento de levantamiento en armas del pueblo contra las tropas de ocupación en lo que supone uno de los puntos álgidos de la narración, nuestro héroe acabe con el jefe militar yanqui en la zona tras singular duelo a sable.
Del mismo modo, el papel positivo de la historia dentro del bando estadounidense vuelve a recaer en la clase política representada por el gobernador, un hombre justo cuya meta es alcanzar el entendimiento y reconciliación entre ambos pueblos. Por el contrario, el papel negativo es de nuevo encarnado por los militares de aquel país, quienes son presentados como una pandilla de asesinos sin escrúpulos. A este respecto, es especialmente reseñable la secuencia que desencadena el grueso de la narración, y que remite a algunos de los pasajes más oscuros de nuestra Guerra Civil. En ella, tres soldados asesinan a sangre fría al sacerdote de la población para, acto seguido, robar varios objetos de valor de la iglesia, con la oculta intención de que la culpa recaiga en algún patriota californiano.
Siguiendo con las comparaciones entre este título y las dos anteriores incursiones en similares coordenadas genéricas de su director, es apreciable las muestras de como éste comenzaba a moldear un estilo propio en lo que suponía su primera película fotografiada en color, el cual iría puliendo en posteriores obras, más sobrio y elegante que aquel con ecos expresionistas que presidiera el estilo visual de los previos, y cuya seña más representativa estaría en una planificación basada en una puesta en escena sostenida, restando así protagonismo al montaje, como queda patente desde el plano secuencia que abre la cinta. En el mismo sentido son también de destacar ciertas resoluciones visuales empleadas por el madrileño, como la serie de imágenes que sirven de fondo para los títulos de crédito, en las cuales se intercalan fotos fijas de varios momentos de la película, con otras formadas por un corro de chiquillos escuchando a un hombre de avanzada edad, remarcando así el carácter legendario de la historia que se nos cuenta.
Aunque vista hoy en día no deje de ser una agradable cinta de aventuras en tono menor, en su momento de estreno La venganza del Zorro cosecharía un pequeño-gran éxito tanto en España como en Italia, país donde sus derechos de exhibición fueron adquiridos por un abogado local de nombre Alberto Grimaldi, llamado a convertirse con el tiempo en uno de los más importantes productores del cine europeo. Este éxito motivaría el rodaje aquel mismo año de una secuela con prácticamente el mismo equipo técnico y artístico, aunque de estética más westerniana, titulada Cabalgando hacia la muerte (El Zorro) / L’ombra di Zorro / L’ombre du Zorro. No obstante, antes que en su éxito o sus cualidades cinematográficas, la importancia de La venganza del Zorro radica en lo que su existencia supondría para la carrera de su realizador, tanto por relanzarla tras el tibio recibimiento con el que había sido acogidas sus anteriores películas, como por provocar la futura orientación genérica de ésta, lo que acabaría por traducirse en varias obras capitales de nuestro cine como El sabor de la venganza / I tre spietati (1963), o Antes llega la muerte / I sette del Texas (1964).
José Luis Salvador Estébenez





[...] Mallorquí, previamente asociados ambos nombres en El Coyote (1955), La justicia del Coyote (1956), La venganza del Zorro (1962) y Cabalgando hacia la muerte (1962) y las ya pulidas El sabor de la venganza (con curiosas [...]
Me a gustado mucho por que no hasen otra y pudiera comentar.el zorro justiciero y el coyote