
Título original: Il gigante di Metropolis
Año: 1961 (Italia)
Director: Umberto Scarpelli
Productor: Emimmo Salvi
Guionistas: Sabatino Ciuffini, Ambroggio Molteni, Oreste Palella, Emimmo Salvi, Umberto Scarpelli, Gino Stafford
Fotografía: Oberdan Troiani
Música: Armando Trovajoli
Intérpretes: Gordon Mitchell (Obro), Bella Cortez (Princesa Mecede), Roldano Lupi (Rey Yotar), Liana Orfei (Reina Texen), Marietto [Angeletti] (Elmos), Furio Meniconi (Egon), Omero Gargano (Anciano sabio), Mario Meniconi (Padre de Obro), Carlo Tamberlani, Luigi Moneta (Primer ministro), Ugo Sasso (Capitán de la guardia negra), Renato Terra (Científico), Carlo Enrici, Leopoldo Savona [acreditado como Leo Coleman] (Bailarín), Alberto Farnese (Kronos)…
Sinopsis: Año 20.000 A.C. Una expedición de una ciudad vecina se dirige hacia Metrópolis con el objetivo de que su gobernante acabe con los monstruosos experimentos científicos que lleva a cabo. Una vez en el lugar y tras escapar de las garras del tirano, el único expedicionario sobreviviente se unirá a los disidentes locales, al mismo tiempo que sobre la ciudad se cierne un cataclismo que amenaza con destruirla.

Compartiendo tal distinción con Roma contro Roma [vd: Roma contra Roma, 1964] de Giuseppe Vari, aquella película en donde aparecía una legión formada por muertos vivientes, el más insólito ejemplo de cuantos conforman la prolífica filmografía del péplum producido entre finales de los 50 y principios de los 60, es Il gigante di Metropolis [vd: Alerta Metrópolis, 1961] (1), película dirigida por Umberto Scarpelli en la que los habituales estilemas de esta corriente se fusionan con motivos y elementos sacados de un género a priori tan antagonista de aquel como es la ciencia ficción, en un heterogéneo cóctel en el que se entremezclan diversos mitos como la Atlántida, el Frankenstein de Mary Shelley o la magistral Metrópolis (Metrópolis, 1927) de Fritz Lang.

Así, Il gigante di Metropolis sigue a pies juntillas el usual esquema argumental de este tipo de cintas en el que se nos narra las distintas peripecias que el musculoso héroe de la función deberá de afrontar para liberar a los oprimidos ciudadanos del villano de turno, sin renunciar a ingredientes tan recurrentes dentro del género como las demostraciones de fuerza por parte de su protagonista, los combates a muerte de este contra los más singulares adversarios, en este caso un troglodita gigantesco y una especie de seudo-pigneos, las escenas de tortura, o la inevitable historia de amor. Es en lo concerniente a la ciudad en la que se desarrolla la práctica totalidad del metraje, la Metrópolis del título, donde se dan cita los referidos elementos argumentales propios de la ciencia ficción, los cuales se ven secundados por un diseño de producción de corte eminentemente futurista pese a que la historia se ubique nada menos que 20.000 años antes de Cristo, mostrándonos una ciudad dotada de puertas que se abren de forma automática al paso de las personas o mecanismos de video-vigilancia, entre otros anacrónicos artilugios.

De este modo, la historia se abre con el viaje de una comitiva hacia Metrópolis, con el objeto de que el rey de aquel lugar abandone los experimentos científicos que está llevando a cabo dada la peligrosidad de los mismos, entre los que se encuentran los transplantes de cerebros de ancianos a cuerpos de niño, por medio de los cuales el regente espera encontrar el secreto de la inmortalidad. Tras que dicha expedición sea diezmada por los campos de fuerza que rodean la ciudad y hacen a esta casi inexpugnable, el único superviviente de la embajada lograra llevar a cabo su misión, para acabar siendo apresado y expuesto a los más sofisticados tormentos. Luego de ser ayudado a escapar de su cautiverio por la reina, nuestro héroe tratará de derrocar al tirano.

Bajo esta trama no es difícil de extraer la evidente segunda lectura que en ella se encierra, el peligro que la ciencia puede suponer en manos equivocadas, idea esta tan cara a la ci-fi norteamericana de los años 50. Ésta nos es presentada a través de la confrontación de la ciencia, encarnada por el maquiavélico Rey Yotar de Metrópolis, con la naturaleza en su más amplia acepción, cuyos valores son representados por la fuerza bruta de Obron, personaje interpretado por el corpulento Gordon Mitchell quien se unió al rodaje nada más terminar su trabajo en Maciste el coloso (Maciste nella terra dei ciclopi, 1961) de Antonio Leonviola, cuyo carácter mesiánico y los motivos que le empujan a viajar hasta la fabulosa ciudad, nos da pie para establecer ciertos paralelismos entre éste y el alienígena que encarnara Michael Rennie en la inmortal Ultimátum a la Tierra (The Day The Earth Stood Still, 1951) de Robert Wise, a lo que hay que unir el asombroso parecido que ambos actores guardaban.

Pero tales semejanzas no se acaban aquí, ya que si Klaatu ha sido visto por muchos autores como una especie de Jesucristo alienígena, en este caso la naturaleza no es sino una representación figurativa del Dios judeocristiano, algo que no ha de extrañar si tenemos en cuenta que su director había hecho sus pinitos en el cine religioso con Cónclave secreto (Gli uomini non guardano il cielo, 1951), biografía del papa Pío X. Finalmente será la naturaleza la que salga triunfante de este enfrentamiento por medio de un apocalíptico cataclismo que sepultara la ciudad bajo las aguas, algo que entronca con el supuesto final del continente perdido de la Atlántida, y que se asemeja bastante tanto en la forma como en el fondo con el desenlace de Los últimos días de Pompeya de E. G. Bulwer-Lytton, novela que había conocido una reciente versión cinematográfica a cargo de la industria trasalpina en idéntico tono, tan solo un año antes.

Como resultado tenemos una cinta en la que es de destacar la conseguida mixtura entre géneros, haciendo que la imposible propuesta argumental en la que se apoya sea totalmente plausible a ojos del espectador cómplice, apoyándose en una atractiva escenografía en la que elementos futuristas se dan la mano con detalles ornamentales de la América precolombina, y de una estupenda labor fotográfica por parte del operador Oberdan Troiani, cuyo uso de los colores recuerda de forma irremediable a Mario Bava. Desafortunadamente, tan conjunción de atractivos se ven empañados por una atropellada narración fruto de un enmarañado y farragoso guión, que hace que el conjunto final no brillara tanto como debiera.
José Luis Salvador Estébenez

(1) Asimismo, aquel mismo año el productor y co-guionista de la cinta, Emimmo Salvi, tomaría la alternativa como director con otro péplum de lo más atípico, Titán contra Vulcano (Vulcano, figlio di Giove, 1961), cuya trama se desarrollaba en el Olimpo centrándose en las disputas de un triángulo amoroso formado por Vulcano, Marte y Venus.
Tráiler:
Película en inglés:
Esta semana en nuestro dossier dedicado a la ciencia ficción italiana, tenemos toda una rareza de un género tan acostumbradamente despreciado como es el péplum. Espero que llamé vuestra atención…
Ya te digo que ha llamado mi atención! Pese a ser un lector bastante asiduo al blog va a ser la primera vez que comento algo, cosas de la vagancia! xD
he goggleado rápidamente para ver si estaba por un casual editada en DVD aquí y no he encontrado nada, para variar… pero desde que he leido tu post ha entrado de lleno y en una alta posición a la lista de pelis por conseguir…
y ya de paso un poco de peloteo, y te felicito por el excelente blog! como fan del peplum te tengo como una de las referencias en castellano sobre el tema!
Pues buena pinta si que tiene, si… Lo extraño sería que expongais algo que no llame la atención. A veces me gustaría hablar un poquito de las películas que poneis, pero casi siempre no las he visto! jaja! Seguid así!
Me vais a poner colorado…
Bienvenido konerak, ahora que has salido de las sombras y has superado tu “vagancia”, participa, hombre de Dios, que siempre es bueno saber que hay más gente a la que le gustan las películas de gladiadores (que mal ha sonado eso), que muchas veces, tanto de este género como de euroespias, no meto más material porque creo que no le interesa a nadie.
En cuanto a lo que comentas, la película solo se ha visto en España a través del Vhs. En Francia existe una edición muy suculenta en Dvd (las capturas de la reseña están sacadas de ella) en doblete con, si mal no recuerdo, “Ursus, el terror de los kirguisos” (de la que también hay reseña en la página). Trae v.o. en italiano, doblaje en francés y subtítulos en este último idioma. Ojalá aqui Impulso o Raiders, que son los únicos que prestan un poco de atención al género, nos las trajeran…