Viernes 13

Título original: Friday the 13th

Año: 2009 (Estados Unidos)

Director: Marcus Nispel

Productores: Michael Bay, Andrew Form, Bradley Fuller

Guionistas: Damian Shannon, Mark Swift

Fotografía: Daniel Pearl

Música: Steve Jablonsky

Intérpretes: Jared Padalecki (Clay millar), Danielle Panabaker (Jenna), Amanda Righetti (Whitney Miller), Travis Van Winkle (Trent), Aaron Yoo (Chewie), Derek Mears (Jason Voorhees), Jonathan Sadowski (Wade), Julianna Guill (Bree), Ben Feldman (Richie), Arlen Escarpeta (Lawrence), Ryan Hansen (Nolan), Willa Ford (Chelsea), Nick Mennell (Mike), America Olivo (Amanda), Kyle Davis (Donnie), Richard Burgi, Chris Coppola, Rosemary Knower. Bob King, Nana Visitor (Pamela Voorhees), Stephanie Rhodes, Caleb Guss (Jason Voorhees de jóven), Travis Davis, Kathleen Garrett, David Lyman, David Sharp…

Sinopsis: Buscando a su hermana desaparecida, Clay se dirige al espeluznante bosque del legendario Crystal Lake, donde tropieza con los viejos y decrépitos restos de una cabaña que yace detrás de unos árboles cubiertos por denso musgo. Y esto no es lo único que se esconde entre la maleza. En contra del consejo de la policía y las advertencias de los habitantes de la zona, Clay continúa con su búsqueda, ayudado por una joven mujer que ha conocido entre un grupo de jóvenes estudiantes preparados para pasar un emocionante fin de semana. Sin embargo, ellos están a punto de encontrar algo más que no habían tenido en cuenta. Lo que menos se imaginan es que han entrado en el dominio de uno de los más terríficos espectros de la historia del cine americano: el infame asesino que caza en Crystal Lake armado con una sierra eléctrica… Jason Voorhees.

Allá por finales de los 70 y principios de los 80 cogió mucha fama el slasher, un subgénero del cine de terror que, reduciéndolo todo mucho, se basa en la existencia de un peligroso psicópata en busca de una venganza homicida más o menos absurda que suele ir encaminada hacia adolescentes estúpidos que están en el lugar menos indicado en el peor momento posible. Las películas eran muy baratas y el público respondía con ansias de ver asesinatos más o menos inspirados pero sobre todo muy explícitos y para disfrutar de los habituales desnudos femeninos. El problema fue que saturaron tanto el mercado sin ya molestarse lo más mínimo en que el espectáculo fuera medianamente decente que el chollo fue declinando a finales de los 80. No obstante, a mediados de los 90 se vio que el slasher aún gozaba del favor del público gracias al enorme éxito de Scream. Las muertes eran menos gráficas y los desnudos pasaron a mejor vida (pena de era de lo políticamente correcto que nos domina), pero las películas seguían siendo baratas (aunque lejos de los absurdamente bajos costes de sus antecedentes ochenteros) y dando dinero a espuertas. ¿Qué pasó? Nueva saturación con películas que ni entretenían a los fans más leales. Pero entonces a alguien se le ocurrió pensar que si se hacían múltiples remakes de otras películas quizá si se hiciera lo mismo con los grandes éxitos del género se conseguiría reunir a los seguidores ya algo talluditos de antaño con la generación del slasher light. El remake de La matanza de Texas es el mejor exponente del acierto que supuso esa idea en todos los ámbitos. No sólo fue un exitazo económico (sólo en cines multiplicó por más de once sus costes), sino que consiguió que no pocas personas lo situasen por encima del clásico de Tobe Hooper (aunque yo no soy de esa idea, pero bueno, esta vez puedo medio comprenderlo) y dejando satisfechos a los demás. El punto de partida hacía tener esperanzas, pero ¿serían capaces de repetir el milagro con Viernes 13, la simplona de las más populares cuya nueva versión se estrena hoy en nuestros cines?

Hablar de una historia dentro de la saga Viernes 13 es ser un tanto generosos con los guionistas (cualquier absurdo punto de partida era válido: Un trueno resucitando a Jason cuando alguien había ido a clavarle una lanza para asegurarse de que estaba muerto, una joven con poderes telequinéticos sacándole de su letargo bajo el agua, etc.), pero bueno, intentaré resumir lo que nos cuentan. En 1980 a la señora Voorhees (por favor, pronúnciese burjis) le da por acabar con todos los campistas del campamento Crystal Lake a modo de venganza por la muerte de su querido hijo, la pena es que la última víctima potencial consigue arrancarle la cabeza de un hachazo antes de que ella finalice su simpática cacería. Saltamos entonces 20 años en el tiempo y vemos como un grupo de jóvenes está pasando unos días cerca del campamento abandonado por Dios sabe qué (dos de ellos quieren robar un poco de marihuana, pero de las motivaciones de los demás ni idea) y mira tú por donde que Jason entra en escena y se los carga a todos (o con esa sensación nos deja la película). Y como no llevamos aún ni media hora de película y además el psychokiller no puede salirse con la suya pues nos topamos con un nuevo grupo de jóvenes ávidos de pasar el tiempo libre en la casa de campo de la familia del más engreído de ellos. A modo de extra aparece en escena el hermano de una de las chicas de la matanza previa que está buscándola. Pronto comienza una nueva ola de asesinatos. El desenlace… ¿a alguien le importa realmente? Por el camino muertes más o menos molonas, bastantes tetas (un detalle que sorprende cuando supuestamente lo que ha llegado a las salas es una versión recortada) y… ya. No pidáis más.

Hay algo que uno ha de tener claro cuando ve un slasher y es que lo excepcional es que aparezca algo que aporte algo más que el combo venganza estúpida + asesinatos (cuantos más mejor será) + chicas ligeras de ropa. El caso de La matanza de Texas (que además yo ni siquiera considero realmente un slasher, pero bueno, muchos sí) se apartaba de eso, ya que también añadía una cuidada atmósfera malsana que el remake no lograba igualar pero sí emulaba con acierto, algo a lo que ayudaba sobremanera la participación en ambas del mismo responsable de fotografía (que también colabora aquí, pero cuyo trabajo pasa mucho más desapercibido). El problema es que el único tímido elemento que nos servía a algunos como coartada para ver slasher tras slasher es que la historia era distinta y había ganas de saber qué tipo de venganza rebuscada nos planteaban como excusa. La aparición de los remakes se carga ese ¿suspense? Y lo reduce todo a lo mismo de siempre. Quizá mejor rodado (también hay más dinero detrás), quizá con mejores efectos de maquillaje en las muertes y quizá con otras mejoras de relativa importancia. Pero es lo mismo, y las variantes a añadir son tan mínimas por las coordenadas genéricas que uno tiene que aceptar todas las pegas (y son unas cuantas) o empezar a sufrir en la butaca, pero no por miedo, sino por cansancio ante lo que ve.

Ya he señalado que Marcus Nispel repite como director, ya que tras el fracaso de El guía del desfiladero (que no era una gran película, pero funcionaba bien como entretenimiento sangriento) necesitaba volver a un lugar seguro. Y la verdad es que mantiene un ritmo que nunca decae, rueda las escenas de las muertes de forma guay (por mucho que piense esa es la palabra adecuada) y no comete ninguna pifia reseñable (aún me pregunto a que viene cierto plano subacuático más que para tener otro punto de vista de las tetas de una de las futuras víctimas, pero bueno, pase, es un slasher y hay que enseñar cacho). Los problemas vienen por el guión, y eso que de entrada parece que iban a hacer una gran labor al comprimir las tres primeras entregas de la saga en sólo una (y es que hacerlo únicamente de la primera sería prescindir de la icónica presencia de Jason, la mole penosa asesina que debió ser humillada por el gran Freddy en la divertidísima Freddy vs. Jason) al ver el modélico arranque. Un breve prólogo que sintetiza el momento cumbre de la original (la otra secuencia clave también aparece, pero más adelante) para luego dar paso a otro prólogo más que hace que la película no empiece hasta casi la media hora de película. De forma cutre se nos relacionan los asesinatos que acabamos de ver con el nuevo grupo de adolescentes idiotas y ala, pasemos a verlos morir. Y es que ahí aparece el primer problema: No nos deja tiempo suficiente para odiarlos, por lo que nos da igual que palmen o no. Incluso el presuntuoso jefe del grupo. Vale, sí, es un chuloputas gilipollas, pero ni por esas conseguimos el factor extra de disfrute. Además, durante mucho rato las motivaciones de Jason parecen confundirse con las de un traficante de droga (¿Quién sino iba a haber plantado toda esa marihuana?) que se carga a la gente porque le están chafando el negocio al mear sobre ella, robarla o simplemente aparecer por allí cerca y quizá querer hacer de lo dicho anteriormente. Y el hecho de convertir a Jason en un posible campeón de varias pruebas de los juegos olímpicos (hasta ahora la fuerza había sido siempre su único rasgo distintivo llegando a convertirle en un serio candidato a cualquier título de boxeo en la octava entrega de la saga) añade más dificultades de disfrute a algunos crímenes. Menos mal que el guión añade algún apunte de humor muy malo pero eficaz (por lo general relacionadas con el personaje negro) y que a fuerza de ir ver muriendo personajes uno no llega a terminar de aburrirse, aunque la sensación de suspense sea nula.

Me siento estúpido al dedicar un párrafo a hablar de las actuaciones. Son todos personajes tópicos, unidimensionales y sin profundidad alguna. El chuloputas, el fumeta y/o pringao (en este caso ponemos a dos y fuera), el chuloputas de menor categoría, los putones, la aparentemente virginal (= tonta del culo), el sosoman (vale que sea Jensen Ackles el que realmente mole en Supernatural, pero uno esperaba algo más de Jared Padalecki que típico gilipollas buenazo), el gilipollas que pasaba por allí, el policía incompetente, el personaje misterioso que uno nunca sabe muy bien qué pinta por allí, etc. Sencillamente basura para rellenar hueco entre las apariciones de Jason, el único protagonista real. La pega es que parece que para abordar de forma realmente estimulante a un psychokiller como protagonista sea una ficción televisiva como la estupenda Dexter. Para lo demás hay que soportar personajes mierderos y asesinos de una pieza, y eso no siempre le es suficiente a uno.

En definitiva, Viernes 13 es un divertimento de baja categoría como ya lo era la película original, pero corrigiendo sólo detalles superficiales y enmierdándose en aspectos que realmente interesan. Sigue habiendo tetas, muertes a tutiplén y con dosis medianamente generosas de sangre (¡menos mal!). Si eso os vale pues podéis echarle un ojo a la película (aunque para el caso casi mejor tirar de algún slasher ochentero), pero cualquiera que no tenga esas aspiraciones mejor que malgaste su tiempo con otra cosa.

Mikel Zorrilla

Publicado en on febrero 17, 2009 at 12:37 pm  Comentarios (5)  
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5 comentariosDeja un comentario

  1. Tenía pocas ganas de verla a corto plazo, pero después de leer la reseña me acabas de convencer del todo… ;)

  2. A mí en cambio Freddy vs Jason me pareció penosa también.

  3. Pues no lei el comentarioq ue soy fan de la saga y al final me la jodereis¡¡¡XDDD

    Espero qued e esta semana no pase, aunque me estais quitando toda la alegria jodios…

  4. Piensa que cuantas menos expectativas tengas más posible que te guste!

  5. [...] 348 páginas el texto recoge análisis de los títulos capitales del genero (La noche de Halloween, Viernes 13, Pesadilla en Elm Street, Scream y sus respectivas sagas), al mismo tiempo que se detiene en [...]


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