Un capitán de quince años

Título original: Un capitán de quince años / Un capitaine de quinze ans

Año: 1973 (España, Francia)

Director: Jesús Franco

Productores: Arturo Marcos, Robert de Nesle

Guionistas: Jesús Franco, José Antonio Arévalo y Gonzalo Cañas, a partir de la novela homónima de Jules Verne

Fotografía: Paul Souvestre

Música: Bruno Nicolai

Intérpretes: José Manuel Marcos (Dick Sand), Edmund Purdom (Almirante Weldon), William Berger (Negoro), Howard Vernon (Harris), Marc Cassot (Capitán Hull), Doris Thomas (Clara Weldon), Fernando Bilbao (Hércules), Alberto Dalbes (Vargas), Armand Mestral (Korda), Sergio Mendizábal, Marisol Delgado, Gonzalo Cañas…

Sinopsis: El joven Dick Sand, hijo adoptivo del almirante Weldon, se enrola como grumete en el Pilgrim, un barco ballenero, a las órdenes del capitán Hull. Cuando el capitán y su tripulación mueren dando caza a una ballena, Dick tiene que afrontar el mando del navío y velar por la seguridad de quienes viajan con él, entre ellos la nueva esposa del almirante. Pero Negoro, un criminal camuflado como cocinero, desviará el barco e introducirá al grupo en una sucesión de peligros con la trata de esclavos como telón de fondo.

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La primera mitad de la década de los 70, y particularmente el trienio 1972-1974, identifica la etapa más frenética dentro de la carrera de Jesús Franco. Durante esos tres años, su ritmo de trabajo es de, más o menos, una película al mes. Son tiempos cruciales en su carrera ya que, auspiciado por productores como Artur Brauner, Arturo Marcos o Robert de Nesle, reafirma definitivamente la práctica totalidad de las características de su cine, así como eclosionan, de forma tan intensa como anárquica, otras constantes de lo que será su obra posterior.  Ya no existe la presión de tener que estrenar para el gran público angloparlante, como en su etapa a las órdenes de Harry Alan Towers. La libertad deviene prácticamente absoluta y su cine se torna más intuitivo y oscuro, cada vez menos sujeto al canon y, en apariencia, técnicamente más crudo. Ante todo, rabiosamente personal, pese a que las temáticas no se alejen de lo popular. Ese frenesí creativo (y también personal, porque en esos años se suceden la muerte de Soledad Miranda y el descubrimiento de Lina Romay) da pie a la mayoría de películas de Franco que han alcanzado cierto eco entre los aficionados, y que nos ahorraremos enumerar. Son años en los que se carga de razones para, en su vejez, poder proclamar lo que tantas veces le hemos escuchado: “He hecho siempre lo que me ha salido de los huevos”.

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En medio de esa vorágine de vampiros y vampiras, científicos locos y sus monstruos, mujeres pájaro, lesbianismo, sexo fou, criadas complacientes, chicas de club, macistes de broma o robinsones salidos, entre muchas otras criaturas de interés, asoma la cabeza una adaptación de Jules Verne que deberá ser apta para todos los públicos por imperativo pecuniario. Un capitán de quince años, coproducción hispano-francesa con el hijo de Arturo Marcos como protagonista y con Madeira, las Islas Canarias, Alicante y Murcia como escenarios de rodaje, supone la colisión entre la vocación comercial y mainstream del proyecto y las técnicas -cada vez más guerrilleras- del cineasta, si bien moderando el componente pulp y desquiciado de sus anteriores películas de aventuras exóticas. Si previamente había rodado Drácula contra Frankenstein, también bajo producción de Marcos, con el sano propósito de liberarse del (relativo) encorsetamiento al que tuvo que someterse en el rodaje de El conde Drácula, bien tendría sentido que un tiempo después se plantease una operación a la inversa, ya que Un capitán de quince años se produjo, según la filmografía ordenada por el propio Franco para el Franconomicón de Álex Mendíbil, inmediatamente después de la libérrima La maldición de Frankenstein. Franco ha citado en numerosas ocasiones a Luis Buñuel cuando filmó Diario de una camarera, refiriéndose a que los directores con (mala) fama de artistas y raros deben realizar de vez en cuando una película convencional, para demostrar que si no las hacen así es porque no quieren, no porque no sepan. Así que el buen Jess se disponía a emular a don Luis y, en lugar de adaptar a Mirbeau, se atrevió con Jules Verne[1]. Lo que desconozco es si la idea de adaptar esta novela (muy raramente llevada al cine) parte del director o, si como la lógica sugiere, fue Arturo Marcos quien le pidió una película más exportable que las anteriormente citadas, para de paso darle un empujón a su hijo en su carrera como actor.

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Por otra parte, filmar una aventura clásica podría quitarle (parcialmente) la espina a Franco de la frustrada La isla del tesoro que debió haber rodado con Orson Welles. También suele contar cómo Welles se presentó a ese rodaje sin guión alguno y con un ejemplar de la novela de Stevenson bajo el brazo. ¡Eso es respeto al material de base! Un capitán de quince años se permite algunas licencias, alguna muy gorda, con el texto de Verne, pero por lo general es una adaptación seguidista y lineal, con las limitaciones de la obligada síntesis: se reduce el número de personajes por una cuestión de economía narrativa, pero la verdadera economía es la que tienen que aplicarse en lo que toca al presupuesto, que es muy poco. La película ha sido objeto de críticas crueles en este aspecto, en particular una de Lucas Balbo a la que no le faltaba gracia[2]. Tampoco podemos negar que lo que debiera ser una espectacular caza de la ballena se resuelve con material de guerrilla (una cámara, y al hombro, con el consiguiente vaivén de la barca y los zooms acrecentando la sensación de mareo…); lo que debiera ser la tormenta que desvía al Pilgrim, se resuelve con planos cortos y unos cuantos cubos de agua (y con un característico montaje que merecería un artículo aparte); e, innegablemente, a la caravana de esclavos le faltan esclavos, ya que apenas hay una decena. ¿Y qué? Si hay algo que mantiene el interés en esta película es que rezuma oficio, y que dista mucho de ser tan aburrida como señalan varios críticos. Franco introduce no pocas notas de humor en los diálogos, aunque se reprime bastante más de lo habitual, mientras que las notas de humor involuntario, las patadas al raccord, etc.,  no son producto sino de las prisas habituales. Se entrevé su intento de emular, por una parte, lo que vio hacer a Welles sorteando la falta de presupuesto en Campanadas a medianoche, mientras que por otro lado parece tener en mente las modestas intrigas aventureras de productoras como la Monogram en las décadas de los 30 y los 40. Todo ello se traduce en el constante uso de contrapicados, unos pocos planos con ángulos imposibles que se divierte colando en la sala de montaje, y la casi total ausencia de planos generales con objeto de no revelar lo reducido del equipo de actores (no digamos ya la ausencia de una segunda unidad). Nada nuevo, si bien la gran diferencia estriba en el trazo de los personajes, provenientes de dos plumas tan diferentes como las de Verne y Jess: no hay en este caso intenciones esotéricas ni de dominación sexual por parte de los villanos, y el héroe se ciñe al arquetipo literario y decimonónico, lejos de los descreídos (anti)héroes de cómic que son habituales en el universo franquiano.

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Otro aspecto de la adaptación digno de reseña es el hecho de que la novela de Verne es, aparte del relato de aventuras por tierra y mar cuyo argumento conocemos, una obra de denuncia con todas las de la ley. Un ataque furibundo a la ausencia de ética y a la crueldad de los tratantes de esclavos, que no escatima detalles truculentos acerca de cómo perecen los esclavos durante los viajes a los mercados, sobre las mil maneras de matarse que tienen los indígenas y, en definitiva, sobre la facilidad con que se vierte la sangre en África (y bajo un prisma, todo sea dicho, que hoy reventaría toda corrección política, describiendo a negros indígenas como monos y tildándolos continuamente de pobres desgraciados). Franco pasa de puntillas por los horrores del viaje de los esclavos, resumiendo el carácter de los villanos en una escena en la que asesinan a la criada de la sra. Weldon cuando intentaba escapar, pero por contra acumula toda esa carga fatalista en la secuencia final, en la que se carga al héroe protagonista sin contemplaciones -la novela tenía un perfecto final feliz- y todos lo lloran en el puerto con la música de Bruno Nicolai de fondo[3]. Una licencia que Lucas Balbo interpretaba en clave de “típico chiste franquiano” y que, de tan lacrimógena, parece conscientemente paródica.

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En suma, Un capitán de quince años constituye un iceberg ciertamente saludable, una película de sobremesa con apariencia de entretenimiento inofensivo pero que no pretende (¿podría acaso?) huir de su verdadera y única condición: la condición franquiana. Tal vez sea uno de los guiones con más páginas de los que Franco ha rodado en su vida, ya que estructuralmente se rinde a la narrativa más clásica y sigue con sus diálogos todo el meollo de la novela, pero Franco no puede reprimir llevarlo a la pantalla siguiendo con lo que en esos años le pide el cuerpo, que no es sino rapidez en la forma y un tono prosaico y desmitificador en el fondo. Una adaptación que es tan convencional en unos aspectos como radicalmente minimal en otros. Y otro ejemplo perfecto de los encontronazos consigo mismo y de las contradicciones tan esenciales (¡y que duren!) en la carrera del director madrileño.

Ferran Herranz

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[1] Franco completaría el círculo un año más tarde, adaptando la misma novela de Mirbeau igual de deprisa en Celestine, bonne à tout faire, que asimismo reharía otra década después con El abuelo, la condesa y Escarlata la traviesa.

[2] Lucas Balbo, Peter Blumenstock, Christian Kessler, Tim Lucas: Obsession – The Films of Jess Franco, F. Trebbin, Berlín, 1993.

[3] Parte de la música en el tramo final de la película está reaprovechada de “Marqués de Sade: Justine”. Desconozco si el resto de la música es original o si Franco se sirvió de anteriores partituras de Nicolai para sus películas.

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Published in: on septiembre 18, 2009 at 11:21 am  Comments (11)  
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11 comentariosDeja un comentario

  1. Esta semana en nuestro dossier dedicado a Edmund Purdom nos congratulamos de contar con la colaboración de Ferran Herranz, autor del libro “El Quijote y el cine”, quien ha reseñado para la ocasión “Un capitán de quince años”, adaptación de la novela de Verne a cargo del habitualmente heterodoxo Jesús Franco.

  2. Sí que era una etapa frenética de Franco: Según me comentó recientemente el propio José Manuel Marcos, el director intentó rodar una película (creo recordar) que al mismo tiempo en la que él también participó. Desconoce si la terminó o si utilizó material para otra película. De hecho, en su autobiografía, Arturo Marcos comenta cómo en cierta película, Franco le prometió unos inversores que pondrían la mitad del presupuesto, pero luego no aparecieron. Franco no sólo rodó la película por el 50% de lopresupuestado, sino que aporvechó para rodar otra de espaldas a Marcos.

  3. De esas sobre Franco hay muchas. Según leí en alguna parte, las escenas en las que aparece Kinski en “El conde Drácula” están rodadas durante la producción de otra peli y sin que el alemán supiera para que eran.

    Por cierto, Paco, ¿esa autobiografía de Arturo Marcos como se llama? Es para intentar agenciarme una copia.

  4. Una reseña estupenda! Siempre he sentido cierto reparo con esta película por el título (no me atraía mucho), pero leído lo leído le hecharé un buen vistazo!

  5. Leñes… no recuerdo el nombre exacto. Cuando llegue a casa lo miro. Porque esto lo estoy escribiendo en el curro a primera hora de la mañana. Vergüenza debería de darme.

  6. Si te sirve de consuelo, no eres el único…

  7. ISBN 13: 978-84-9718-343-7
    ISBN 10: 84-9718-343-6

    Título: Una vida dedicada al cine : recuerdos de un productor
    Autor/es: Marcos Tejedor, Arturo
    Lengua de publicación: Castellano

    Edición: 1ª ed., 1ª imp.
    Fecha Edición: 12/2005
    Publicación: Junta de Castilla y León. Consejería de Cultura y Turismo
    Descripción: 150 p. il. 29×21 cm
    Encuadernación: géltex
    Materia/s: 791.4 – Cine.
    929 – Biografías.
    Precio: 12,00 Euros

  8. Muchas gracias por la info, Campeche. Ahora a ver si hay suerte y todavía es localizable por algún sitio.

  9. Por cierto Paco, ¿qué se ha hecho de José Manuel Marcos? Cuéntate algo!

  10. Ha escrito este libro y uno sobre Carlo Ponti. Junto a su hijo (justo el mismo Capitán de Quince Años) lleva la productora, vendiendo títulos de su catálogo a televisión. Según parece, está además preparando un ambicioso documental histórico. He comido con padre e hijo unas cuantas veces y todas han sido ocasiones muy agradables llenas de anécdotas muy simpáticas.

  11. La verdad es que se lo curraban vendiendo el catálogo. Las locales catalanas no han parado de emitir sus pelis de unos años hacia acá. Y las redes nacionales de TVs locales. Gracias a eso he podido ver la única película de Jesús Franco que recuerdo doblada al catalán, que es justo este “Capitán”. (Sé que C33 emitió “Succubus” hace años pero no sé si subtitulada o doblada).


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