Don’t Open Till Christmas [vd/tv: No abrir hasta Navidad]

Título original: Don’t Open Till Christmas

Año: 1984 (Reino Unido)

Directores: Edmund Purdom, Alan Birkinshaw [acreditado como Al McGoohan], Derek Ford [sin acreditar], Ray Selfe [sin acreditar]

Productores: Dick Randall, Stephen Minasian

Guionistas: Derek Ford, Alan Birkinshaw [acreditado como Al McGoohan]

Fotografía: Alan Pudney

Música: Des Dolan

Intérpretes: Edmund Purdom (Inspector Harris), Alan Lake (Giles), Belinda Mayne (Kate), Mark Jones (Sargento Powell), Gerry Sundquist (Cliff Boyd), Kevin Lloyd (Gerry), Wendy Danvers (Ama de llaves), Pat Astley (Sharon), Laurence Harrington (Padre de Kate), Kelly Baker, Caroline Munro…

Sinopsis: Es Navidad y un asesino anda suelto por las calles de Londres con un solo objetivo: asesinar a todo aquél que vaya disfrazado de “Papá Noel”. El psicópata lleva a cabo sus sangrientos crímenes en grandes almacenes e incluso en fiestas familiares. ¿Quién está detrás de estos brutales asesinatos? ¿Qué motivos le inducen a cometer tales actos? Scotland Yard va tras sus pasos pero cada vez que encuentra una nueva pista, ésta le lleva a una dirección errónea.

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El terror de temática navideña ha aportado más bien poco a la historia del género. Destaca la lejana Black Christmas [vd: Navidades negras, 1974] de Bob Clark, película importante para la corriente slasher. También funcionaba el fragmento “And All Through the House” en Condenados de ultratumba (Tales from the Crypt, 1972) de Freddie Francis, con un psicópata vestido de Santa Claus que no sé si es el primero, pero sí el que ha servido de modelo a films posteriores. Les sigue de lejos la menor pero entrañable Noche silenciosa, noche sangrienta (Silent Night, Bloody Night, 1974) de Theodore Gershuny. Lo que ha venido luego:  un delirio para echar unas risas como Christmas Evil / You Better Watch Out [vd: Navidades infernales, 1980] de Lewis Jackson (1), o la saga iniciada por la exitosa y muy limitadita Noche de paz, noche de muerte (Silent Night, Deadly Night, 1984) de Charles E. Sellier Jr., cuyas entregas a partir de la tercera parte fueron dirigidas por gente tan dispar como Monte Hellman o Brian Yuzna, y que poco tenían que ver con los parámetros slasher que habían dado popularidad al primer film. Alguna aportación más gamberreta, como Santa Claws (1996) de John A. Russo o Santa’s Slay (2005) de David Steiman, la independiente Marcus (2006) de Bob Hardison y Rich Robinson, o la nueva versión de la mencionada película de Bob Clark a cargo de Glen Morgan (Negra Navidad [Black Christmas], 2006), tampoco han salvado los muebles del subgénero. En España tenemos una honrosa excepción, Cuento de Navidad (2005), aportación de Paco Plaza a las Películas para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador. Y los yanquis llevan años hablando de un próximo remake de Noche de paz, noche de muerte, veremos en qué queda.

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Don’t Open Till Christmas [vd/tv: No abrir hasta Navidad, 1984] ha sido en toda su polvorienta vida de videoclub algo así como la hermana fea de Noche de paz, noche de muerte. Empezó a rodarse un año antes, pero incontables problemas en la producción hicieron que la película acabara estrenándose un mes después que la de Sellier y fuera comercialmente a remolque de ésta. Nos les salió bien la jugada a los productores Dick Randall y Stephen Minasian, quienes venían de ganar un buen dinero en el mercado estadounidense con Mil gritos tiene la noche (1982) de Juan Piquer Simón. Confiaron la dirección al veterano Edmund Purdom, actor que trabajaba a menudo con ellos y que se pondría tras la cámara por primera y última vez, e invirtieron los papeles en este tipo de producciones (no se trata de un Santa Claus asesino, sino de un psicópata que asesina a cuantos hombres vestidos de Santa Claus se cruzan en su camino). Pero Purdom y el guionista Derek Ford se centraron por encima de todo en una trama detectivesca añeja, con diversos sospechosos, british (en clave pobre) y cuasi telefílmica, que intentaba explorar los vínculos naturales con el giallo por medio del trauma infantil del psicópata (con su obligado flashback) y los brutales asesinatos realizados por una silueta enmascarada y enguantada.

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Un proyecto tan descoyuntado desde el principio no podía acabar bien. Edmund Purdom se largó del rodaje antes de tiempo (no sé si lo empujaron o no), aunque su nombre permanece en los créditos. Se hizo cargo entonces el guionista de la película, Derek Ford, aunque también duró un par de días (literalmente). La completaron a cuatro manos el montador, Ray Selfe, y Alan Birkinshaw con el pseudónimo de Al McGoohan, acreditado como “director y guionista de escenas adicionales”. A él se deben la mayor parte de las secuencias de asesinatos. Birkinshaw ya había trabajado para Randall en la pésima Horror Safari (1982), en la que casualmente dirigía a Purdom. ¿Qué queda en la película de lo que rodó Purdom originalmente? Pues toda la parte detectivesca de la trama, que es bastante; dirigida con cierta desgana y rigidez en las calles de Londres y en unas cutreoficinas que simulan ser New Scotland Yard (aunque sí les dejaron rodar el edificio por fuera), Purdom pretende aportar profundidad a su inspector Harris abriéndole diversos frentes: misteriosas visitas a un lugar que tendrá su importancia en la resolución final, los movimientos para dejarlo fracasar en la investigación por parte de su subordinado -que quiere su puesto, instigado por Giles, un periodista con cara de pirado- o un flirteo contenido (y risible) con Kate (Belinda Mayne), la hija de una de las víctimas. Pone la guinda la ridícula relación que mantienen la pareja formada por la mencionada Kate y su novio Cliff (Gerry Sundquist [2]): se ganan la vida tocando la flauta por las calles, ella mira al inspector con ojos de corderito, él le propone posar desnuda (joder, Cliff, que acaban de asesinar a su padre…) y luego la deja tirada para correrse una juerga con una modelo zurrupia… Pero nada, al día siguiente, tan amigos.

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La secuencia desarrollada en la Mazmorra de Londres, dirigida por Birkinshaw y que intenta homenajear al terror británico sesentero (no a la Hammer, sino a las respuestas no sobrenaturales a ésta), parece más bien un paseo a correprisa por la atracción, pero diríamos que es de las pocas secuencias de la película con cierta planificación o intento de coherencia. El resto, entre la trama trasnochada que farfulla Purdom y los “asesinatos express” de Birkinshaw en los que varios Santa Claus  acaban acuchillados, atravesados por lanzas, estrangulados, incendiados, tiroteados a bocajarro o incluso castrados, avanza a trompicones intentando sortear el ridículo. Consiguen hilar una historia, qué remedio, pero su unidad de ritmo es cero. Hay momentos psicotrónicos que hacen el tema más llevadero: el sobreactuado flashback en el que descubrimos por qué el asesino odia la Navidad (con un niño impagable, hierático como él solo, al que no podremos seguir la pista porque su nombre no sale en los créditos… ¡qué faena!), el canturreo y baile ochentero que se marca Caroline Munro sin venir a cuento, las pinceladas de forzado erotismo, la secuencia final con el bueno de Purdom con la bata del abuelo, abriendo ese paquete que reza “No abrir hasta Navidad”… Por cierto, quien no adivine quién es el asesino durante la primera media hora de película, tiene un problema.

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Pues eso. Nueve Santa Claus asesinados de forma pero que muy cazurra, y unas pocas mujeres por si nos parecía poco. Si un día la repusieran en un festival como el de Donostia, nos reiríamos bastante. Poco más que buscarle la gracia puede hacerse con una película que estaba agonizando ya desde su gestación.

Manuel Campeche

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(1) No he tenido la oportunidad de visionar, por contra, To All a Good Night [vd: Feliz Nochebuena, 1980) de David Hess, película bastante oscura que algunas reseñas no dejan mal.

(2) Ésta resultó ser la última película interpretada por Gerry Sundquist, actor nacido en Manchester en 1955 que acabó suicidándose en 1993, tras una década de depresiones y desempleo que no pudo superar, y que ha acabado gozando de un (mínimo) culto en su país de origen.

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2 comentarios Leave a comment.

  1. Como cada viernes desde hace unos meses concluimos nuestra programación semanal con una nueva entrega del dossier dedicado a Edmund Purdom. Esta vez la película reseñada es “No abrir hasta Navidad”, de lo que se ha encargado nuestro colaborador Campeche.

    Por otra parte, la semana que viene mi menda se va de vacaciones, por lo que belakarloff será el encargado de llevar la programación. Que lo sepáis. :P

  2. De hecho, Caroline Munro llegó a publicar algún que otro disco.


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