Sette uomini d’oro nello spazio

Título original: Sette uomini d’oro nello spazio

Año: 1979 (Italia)

Director: Alfonso Brescia [acreditado como Al Bradley]

Productor: Luigi Alessi

Guionistas: Alfonso Brescia [acreditado como Al Bradley], Massimo Lo Jacono, Giacomo Mazzocchi

Fotografía: Silvio Fraschetti

Música: Marcello Giombini

Intérpretes: Yanti Somer (Irene), Gianni Garko (Dirk Laramie), Malisa Longo (Bridget), Chris Avram (Shawn), Ennio Balbo, Roberto Dell’Acqua (Norman), Aldo Canti, Aldo Amoroso Pioso, Nino Castelnuovo, Gianfranca Dionisi, Pino Ferrara, Aldo Funari, Cesare Gelli, Robert Hundar [Claudio Undari] (Subastador), Filippo Perrone, Franco Ressel (Comandante Barr), Massimo Righi, Silvano Tranquilli, Claudio Zucchet, Roberto Messina, Benito Pacifico, Nello Pazzafini…

Sinopsis: Tras ganar el planeta en una subasta intergaláctica, una belicosa raza alienígena se dispone a conquistar la Tierra para esclavizar a sus habitantes y utilizarlos como mano de obra. Debido a su avanzada tecnología su avance es imparable y las ciudades terrícolas van rindiéndose sin apenas resistencia ante el poder de la maquinaria bélica extraterrestre. En un intento desesperado, el gobierno de la Tierra deposita todas sus esperanzas en un científico para que, con la ayuda de un grupo de hombres y mujeres cuidadosamente elegidos por él mismo, logre acabar con la terrible amenaza que se cierne sobre la humanidad.

De entre el aluvión de cintas que trataron de aprovechar en su beneficio el éxito obtenido por La guerra de las galaxias / Star Wars Episodio IV: Una nueva esperanza (Star Wars / Star Wars Episode IV: A New Hope, 1977), una de las más destacadas sería la aquí titulada como Los siete magníficos del espacio (Battle Beyond the Stars, 1980). Producida y, según parece, dirigida en parte por Roger Corman, el origen de la película se remonta al momento en el que el denominado monarca de la Serie B se percató de los pingües beneficios que le había reportado la distribución en suelo estadounidense de la simpática Starcrash, choque de galaxias (Starcrash / Scontri stellari oltre la terza dimensione, 1978), la mejor y más recordada de las respuestas trasalpinas al film de Lucas.

Pero la película de Cozzi no sería, aunque fuera de un modo inconsciente, el único modelo italiano del que bebería la citada producción de la New World Pictures. Y es que, apenas un año antes, otra cinta surgida del otro lado de los Alpes ya había llevado a cabo una propuesta muy similar a la ofrecida por la cinta norteamericana: el desarrollo del esqueleto argumental del clásico Los siete samuráis (Shichinin no samurai, 1954) dentro de un ambiente espacial a imagen y semejanza del visto en la recién nacida saga de Star Wars. La película en cuestión sería Sette uomini d’oro nello spazio (1979), del inefable Alfonso Brescia.

Dentro del contexto del cine de género popular italiano, el que Sette uomini d’oro nello spazio utilizara el esquema de la influyente obra de Akira Kurosawa no dejaba de ser algo hasta cierto punto natural. Este mismo patrón había sido empleado con anterioridad por multitud de péplums, spaghetti-westerns, hazañas bélicas y demás sub-géneros frecuentados por esta industria[1], por lo que era de lo más lógico que fuera también adaptado a un entorno de ciencia ficción. Más raro se antoja en este caso la aludida presencia de rasgos directamente expoliados del inicio de las aventuras de Luke Skywalker y compañía por una razón bien sencilla; de las cinco películas que Brescia realizó al calor de La guerra de las galaxias, Sette uomini d’oro nello spazio pasa por ser la única exploitation pura y dura del film de Lucas en el sentido más estricto de la palabra.

De este modo, no son pocos los ingredientes y situaciones que remiten a la primera entrega de tan popular franquicia a lo largo de su metraje. Todo ello, claro está, servido bajo la especial óptica del italiano, lo que se traduce en la existencia de elementos tan pintorescos como una pareja de enamorados sosías de R2-D2 con tendencias suicidas a lo Romeo y Julieta, o un ejército de androides dorados interpretados por actores con melenudas pelucas cuyo aspecto recuerda más a la sota de oros que a la de un robot. En este mismo sentido puede verse la presencia de un arrogante militar de la flota terrestre con bigotito a lo Errol Flynn y perenne pose con los brazos en jarras, pecho henchido y barbilla altiva, el cual parece salido de algún viejo serial de Flash Gordon o Buck Rogers, asumidas influencias por otra parte de la obra que a su vez tomaba como referente la cinta de Brescia.

Por lo demás, los resultados de esta Sette uomini d’oro nello spazio responden con extrema fidelidad al habitual estilo practicado por su director a lo largo de su carrera. Su torpe y desmañada puesta en escena se ve subrayada por un atroz montaje que dificulta una narración ya de por sí bastante confusa, tanto por la edición de escenas en orden equivocado como por la inserción de imágenes de archivo en blanco y negro de bombardeos de la Segunda Guerra Mundial para mostrar los devastadores efectos de los ataques alienígenas sobre las ciudades terrícolas. Por su parte, tampoco falta un rasgo muy característico y, por lo general, bastante ignorado del cine de Brescia como son las connotaciones histórico-sociales que solían anidar bajo el andamiaje argumental de sus películas. En esta oportunidad, aparte de tratar de pasada y de forma muy primaria temáticas como la contaminación ambiental y/o la energía nuclear, su, a priori, absurda trama sobre extraterrestres que pujan en subastas galácticas por el derecho de invasión de lejanos planetas arroja curiosas sincronías con el modo en el que los reyes europeos se repartieron mediante tratados continentes enteros como el africano, con el único fin de explotar sus recursos naturales y esclavizar a sus habitantes.

Ni qué decir tiene que tan jugosa (y desaprovechada) relectura acaba por erigirse en lo más rescatable de tan ridículo film. Un tenue atractivo al que se le puede añadir el relativo parecido que sus siete magníficos acaban por tener con los tebeísticos X-Men. Como éstos, sus integrantes poseen habilidades extraordinarias, viven en comunidad en una especie de cuartel general y están capitaneados por un hombre maduro y calvo con poderes mentales, estribando las principales diferencias entre unos y otros en el uso que hacen de sus poderes. Así, el emulo de turno de Han Solo, el cual es interpretado por el mítico Gianni Garko[2], utiliza sus diferentes dones como el hipnotismo, la visión con rayos X y la capacidad de mover objetos a distancia para ganar en los juegos de azar, en tanto que otros dos de sus compañeros, químicos de profesión, han pasado largo tiempo en la cárcel por haberse enriquecido creando oro artificial. Como se ve, una conducta mucho menos heroica que la de sus colegas norteamericanos, pero más pragmática y, sobre todo, en mayor sintonía con la sensibilidad latina.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Coincidencia u homenaje, es de destacar la similitud entre su título y el de la reivindicable Siete hombres de oro / Sette uomini d’oro (1965), coproducción hispano-italo-francesa sobre robos perfectos que llegó a gozar de cierta popularidad durante mediados de los sesenta, tal y como ejemplifica el hecho de que el mismo año de su estreno conociera una secuela realizada por idéntico equipo técnico-artístico.

[2] Como fue habitual a lo largo de la serie, además del citado Garko en Sette uomini d’oro nello spazio se dan cita un buen número de viejas glorias del cine italiano como el entrañable Franco Ressel, Silvano Tranquilli, Aldo Canti, Nino Castelnuovo u otro nombre propio del eurowestern del nivel del propio Garko como Robert Hundar, quien interpreta el más bien anecdótico papel de subastador de planetas.

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