Adán y Eva, la primera historia de amor

Título original: Adamo ed Eva, la prima storia d’amore / Adán y Eva, la primera historia de amor

Año: 1982 (Italia, España)

Directores: Luigi Russo [acreditado como John Wilder], Enzo Doria [acreditado como Vincent Green] [no acreditado en la versión española]

Productor: Enzo Doria

Guionistas: Eugenio Benito, Jaime Comas Gil, Enzo Doria [acreditado como Ezio Passadore], Gisella Longo, Domenico Rafele, Lidia Ravera, Luigi Russo

Fotografía: Fernando Espiga

Música: Guido De Angelis, Maurizio De Angelis

Intérpretes: Mark Gregory [Marco Di Gregorio] (Adán), Andrea Goldman (Eva), Ángel Alcázar (Hombre verde), Costantino Rossi, Pierangelo Pozzato, Vito Fornari, Liliana Gerace, Andrea Aureli, Marco Antonio Andolfi, Maurizio Margutti, Leda Simonetti, Massimo Spattini…

Sinopsis: Después de que Eva y Adán muerdan el fruto prohibido, el Paraíso es destruido por un cataclismo. En su destierro, la pareja se ve obligada a deambular por un mundo ajeno y hostil en el que deberán de superar numerosas adversidades por salvaguardar su amor y hasta su propia vida.

Sobre el papel, el planteamiento que subyace bajo esta Adán y Eva, la primera historia de amor / Adamo ed Eva, la prima storia d’amore (1982) no puede resultar más atrayente, al proponer la traslación del Génesis bíblico judeocristiano a un entorno acorde con las hipótesis científicas sobre el origen del mundo. Para tal fin la película adopta una estructura narrativa que, a su manera, arroja ciertas sincronías con la de la novela La tierra olvidada por el tiempo de Edgar Rice Burroughs. Así, después de que un cataclismo destruya el Paraíso, Adán y Eva no tendrán más remedio que internarse en una Tierra inmersa en plena edad prehistórica en la que deberán de hacer frente a glaciaciones, dinosaurios, bestias salvajes y distintas especies de homínidos más o menos evolucionados.

Sin embargo, a poco que se analice su contenido resulta un tanto ingenuo pensar que la verdadera intención que escondían sus responsables con semejante artefacto era la de efectuar una desmitificación de las teorías creacionistas. En este sentido, sirva como ejemplo la elección del fantasioso marco en el que se desarrolla su historia. En principio, tal decisión podría ser interpretada como una apropiación del modelo empleado por otras obras de similares características como la referida novela del creador de Tarzán o, sobre todo, el film checoslovaco Cesta do praveku [tv/dvd: Viaje a la Prehistoria, 1955] de Karel Zeman, en las que el escenario por el que discurría el itinerario de sus protagonistas era empleado como un reflejo ordenado de las distintas etapas evolutivas atravesadas por el planeta. Y lo cierto es que esa es la impresión que se puede extraer, en primera instancia, de la presencia en su metraje de diversas especies de homínidos que puedan servir como representación de los diferentes estadios alcanzados por el ser humano durante su evolución. Pero nada más lejos de la realidad; a la hora de la verdad, la trama va alternando y fusionando, según proceda, diferentes épocas prehistóricas, haciendo que, antes que consecuencia de cualquier tipo de rigor científico, el fruto resultante se antoje como un vulgar remedo del ciclo de películas que ambientadas en épocas pretéritas realizara la Hammer dos décadas antes.

No obstante, es en relación a su reinterpretación del nacimiento del hombre según las principales religiones del mundo donde las contradicciones en las que incurre el planteamiento sobre el que se apoya la cinta quedan más en entredicho. Debido a la óptica laica con la que está encarado el proyecto, este aboga por prescindir de la participación de Dios como sujeto activo en su historia, ideando por ello nuevas teorías diferentes a las recogidas por el Antiguo Testamento para explicar los orígenes de nuestros más remotos antecesores. De esta forma, en lugar de fabricado con barro, Adán surge de una especie de capullo gigante, en tanto que Eva no es creada a partir de una costilla de su compañero, sino que es moldeada por éste con arena de playa, cobrando vida al contacto con el agua de la lluvia; es decir, el nacimiento de ambos es presentado como producto de sendos procesos en los que la preponderancia recae en la participación de elementos naturales y nunca en la intervención divina. Por si aún quedara alguna duda con respecto al carácter de su discurso, la cinta no se guarda en ocultar como el objetivo que sus personajes persiguen en su vagar por el mundo es el de encontrar el mar, “el lugar donde comienza la vida” [sic], haciéndose así eco de las teorías darwinianas.

A la vista de tales modificaciones no deja de sorprender que, por el contrario, sus guionistas no tuvieran los mismos inconvenientes a la hora de mantener otros pasajes bíblicos de igual o mayor importancia a los ya indicados. De entre ellos, destaca con luz propia la incomprensible decisión de conservar el famoso capítulo de la caída, tanto por el simbolismo que adquiere su puesta en escena como por su especial relevancia en la sucesión de acontecimientos siguientes. Y es que, sin participación ultraterrena de por medio, resulta del todo incongruente en el contexto en que se mueve el film la existencia de una serpiente parlanchina obstinada en convencer a Eva de que coma una simple manzana. Eso por no hablar de lo difícilmente justificable que, del mismo modo, resultan las repercusiones derivadas del momento en el que la mujer muerda la dichosa manzana, no tanto por la destrucción del Paraíso, que siempre puede ser vista como una asombrosa coincidencia, como por el repentino ataque de pudor experimentado por Adán y Eva una vez se encuentren en el destierro.

Tres cuartas partes de lo mismo puede decirse sobre la lamentable forma en que es expuesta la historia de amor que se anuncia en su título. En un intento por formular las relaciones de pareja desde una anacrónica visión moderna, la cinta acaba por acentuar la ya de por sí elevada carga misógina presente en el original en el que se inspira, ofreciendo a Eva como una zorra libidinosa y voluble. No contenta con morder el fruto del árbol prohibido y de mostrarse de forma continua en poses insinuantes, no dudará en engañar a Adán en plena crisis sentimental con el primer hombre que se cruce en su camino para, acto seguido, abandonar a este y volver a los brazos de su amado como si nada hubiera sucedido. Llegados a este punto no queda por menos que recalcar la aludida presencia dentro de la trama de otros seres humanos de un nivel evolutivo parejo al del dúo protagonista, ya que su concurso puede responder tanto al fallido tono desmitificador que pretende adoptar el relato como un guiño a los delirios hitlerianos sobre razas inferiores y superiores, sensación esta última acrecentada por la alegoría a la perpetuación de la especie que supone su desenlace.

Desmontadas pues todas las posibles coartadas que la justifiquen, Adán y Eva, la primera historia de amor acaba por relevarse como lo que realmente es: un producto de explotation puro y duro. Tanto es así que la historia de nuestros primeros padres es utilizada como una simple excusa sobre la que construir el habitual pastiche al que tan dada era la industria italiana de aquellos años, donde la única máxima era la de aglutinar el mayor número de referencias posibles a las principales tendencias y/o éxitos de la época; referencias que en esta caso van desde los pseudo-conans hasta el cine de temática post-apocalíptica, pasando por los inevitables expolios a títulos coetáneos del calibre de El lago azul (The Blue Lagoon, 1980)[1] o En busca del fuego (La guerre du feu, 1981), entre otros. Una propuesta pues de lo más insólita dadas sus exóticas características, pero carente de la más mínima entidad como obra cinematográfica.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Precisamente, uno de los títulos con el que fue distribuida la película en Estados Unidos fue el de Blue Paradise.

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6 comentariosDeja un comentario

  1. El cambio de pterosaurio animado fotograma a fotograma (sin duda metraje ajeno) a muñeco de trapo es impresionante :)

    • Pues no se que decirte en cuanto a que el pterodáctil sea robado; hay otra escena más de la que, precisamente, he puesto captura (la de la roca gigante a lo Indiana Jones) que también esta realizada utilizando una especie de tosca stop-motion que me hace pensar que esos planos bien pudieran estar rodados ex-profeso. Pero vamos, tampoco me extrañaría nada que así fuera. Teniendo en cuenta que buena parte del metraje está formado por material reciclado de diversos documentales entra dentro de la lógica.

  2. El plano donde se ve al pterodonte en el nido me recuerda al de “Hace un millón de años” de la Hammer.

  3. Vaya tela de rareza. Y con el chulo de gimnasio de Mark Gregory. No hay que perdérsela.

  4. todavia no tengo claro ,quien mordio primero la manzana .adan o eva…

  5. Esta la tengo calentita en casa. Y como rareza no puedo perdérmela, of course. Excelente reseña. Gracias


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