Versus: “Empusa” de Jacinto Molina [y Carlos Aured]

Título original: Empusa

Año: 2010 (España)

Directores: Jacinto Molina, Carlos Aured [no acreditado]

Productor ejecutivo: Ángel Mora

Guionista: Jacinto Molina

Fotografía: Luis Colombo

Música: Enrik García

Intérpretes: Paul Naschy [Jacinto Molina] (Abel Olaya), Antonio Mayans (Víctor), María Jesús Solina (Natalia), Laura De Pedro (Lilith), Cristina Carrión (Cristabel), Paco Racionero (Barón Ulrich), Saturnino García (Sacaluga), Marco Sanz (Comisario Murillo), Alfonso Dorbe (Padre Serapión), Germán Estela, María Teresa Zaragoza (Policías), Francisco Javier Monzo (Asesino), Gissele Morgan, Yanira del Rio, Susanna Tovar, Marta Tovar, Amanda Luna, Amanda Murcia, Evita Garoa, Julia Amador, Samantha Vinazza, Beatriz Santillana, Aída Aparici (Empusas), Ángel Aracil, María José Pérez, Patric Vázquez, Carina Alfaro (Arqueólogos), Juan Carlos Bonet (Marinero), Manuel Villamizar (Acordeonista), Jesús Ángel Martínez (Lombrosiano), Luis González, David Martínez, Alex Spijksma, José Sánchez, Eric Sánchez, África Mir, Carmen Irujo, Idoia Lecumberri, Liliya Romanova, Juan Carlos Gascón…

Sinopsis: Abel Olaya, otrora admirado actor de cine, malvive sus días con una penosa jubilación. Sumido en el olvido, se ve obligado a realizar algunos trabajos aprovechando sus dotes adivinatorias que le otorgan su otra gran pasión: las ciencias ocultas. Un día, en un paseo por la playa junto a su amigo Víctor, encuentra en la orilla una mano humana seccionada a la altura del antebrazo y con un raro símbolo tatuado en su muñeca. Pese a la negativa de Víctor, Abel insiste en investigar su procedencia, convencido de que ese extraño símbolo está relacionando con la existencia de las empusas, unos seres híbridos entre vampiros y sirenas capaces de adoptar cualquier tipo de apariencia. Mientras tanto, en la costa aparecen varios cadáveres mutilados sin que la policía encuentre explicación alguna…

Comentario de Juan Pedro Rodríguez Lazo:

Empusa es una de esas películas que nacen como malditas ya desde su gestación. La sustitución del desaparecido Carlos Aured – otrora realizador de algunas de las obras más representativas del fantaterror patrio junto a Paul Naschy -, por motivos un tanto sospechosos, no hacía augurar demasiadas expectativas respecto a la película. Al parecer, su despreocupación con algunos aspectos técnicos y su lenguaje soez con el equipo (1), fueron los causantes de que fuera despedido en última instancia y sustituido por el propio Jacinto Molina, quien, además de protagonizar y firmar el guión de la película, se encargaría de rodar todo de nuevo con un presupuesto mucho más ajustado (2). Por si esto no bastara, un prematuro “trailer” – que más que un trailer, se podría decir que era un puñado de imágenes del rodaje acompañadas de algunos efectos no muy “especiales” y una atronadora canción heavy -, avivaron los temores de muchos.

Las complicaciones de salud de Naschy, como es lógico, también empeoraron cualquier esperanza de que Empusa fuera medianamente buena. En su última visita al Festival de Sitges el pasado 2009, un Paul Naschy desgastado por su enfermedad, informaba que la película – que en aquel momento se encontraba en fase de post producción – seguía inmersa en algunos problemas. Uno de ellos era que, debido a su precario estado de salud, él mismo no podría doblar sus secuencias. A pesar de que gran parte de la filmografía del actor contaba con doblaje ajeno, aquello suponía otro punto en contra a sumar a esta producción, que terminó ennegreciéndose del todo con la desaparición del actor y realizador madrileño, el 30 de noviembre de aquel mismo año.

Cualquier esperanza de que Empusa pudiera ser la vuelta al fantaterror clásico que se nos anunciaba se esfumó, y la obra póstuma de Jacinto Molina fue rápidamente etiquetada de maldita, comenzando a anunciarse prematuramente por admiradores y detractores como la peor película de uno de los máximos representantes del cine fantástico patrio. Empusa comenzaba de ese modo una carrera comercial que debía sortear, no sólo un rodaje lleno de problemas que han retrasado su estreno, sino además un escepticismo, creo desmesurado, con el que muchos esperábamos esta película; y siendo sincero, el que esto escribe fue uno de los grandes sorprendidos con sus resultados.

Para empezar, creo que Empusa, sin ser perfecta (¿cuántas películas naschyanas lo son?), supone el resurgimiento del mejor Jacinto Molina realizador, guionista y actor (en este último apartado, puede que su interpretación quede eclipsada por su pequeño pero excelente papel en La herencia Valdemar, sin lugar a dudas, lo menos chirriante de la película), después de la desastrosa y olvidable La noche del ejecutor (1992). Su factura, como todo el que la haya visto sabrá, es muy modesta, pero aún así hay que hacer especial hincapié en el buen resultado que logra obtener. El maquillaje, así como la caracterización de los personajes (cosa que en un principio podía hacernos temer lo peor), son verdaderamente efectivos y consiguen salir airosos en una producción de estas características. Su narración no resulta tan atropellada ni farragosa como lo podían ser algunos de los últimos proyectos “made in Naschy”. Los tiempos han cambiado, y las nuevas generaciones buscan otras cosas, así que Naschy, consciente de ello, otorgó al film un aura más jovial, tirando a cómic, repleto de diálogos bastante dilatados y algunos guiños cinéfilos algo gamberros que intentan rememoran de algún modo el cine de Tarantino. Pero muy al contrario que Rojo sangre (2004) – el último guión de Naschy adaptado a la gran pantalla -, Empusa sabe jugar muy bien sus cartas y su narración no resulta tan confusa como en la fallida película de Christian Molina, un film con un presupuesto mucho más elevado pero con un resultado bastante más irregular.

Por otro lado, puede que las interpretaciones no sean muy reivindicables – de hecho, las hay que cantan de lo lindo -, pero sería una injusticia tirar por la borda el papel de Naschy, desempeñando aquí el cargo de (anti) héroe de la función, con un personaje no exento de cierta guasa (puede que involuntaria), al mostrarse a sí mismo como un actor fracasado y experto en esoterismo, que por si fuera poco resulta ser un experimentado bebedor de absenta y, a pesar de su edad, todo un putero. Antonio Mayans, que hace de amigo pescador de Naschy en un papel con reminiscencias nada disimuladas al colega zombificado que interpretó Griffin Dune en Un hombre americano en Londres (An American Werewolf in London, 1981), también resulta convincente, así como Saturnino García haciendo las veces de vampiro clásico en un pequeño papel cómico. Del plantel de jóvenes actores cabría destacar el magnetismo y belleza de Laura de Pedro como la reina de las empusas; sin lugar a dudas, todo un descubrimiento y, porque no decirlo, una posible scream queen que bien podrían llegar a ser la nueva Soledad Miranda del fantaterror español.

En Empusa también están presentes muchas de las manías que han caracterizado la filmografía del astro madrileño, como el erotismo y las ceremonias sangrientas, además de algunos elementos autobiográficos que ha utilizado en el último tramo de su carrera. Pero quizá el elemento más reivindicable de Empusa podría estar constituido por la novedosa utilización del humor que Naschy otorga por primera vez a una película de corte fantástico dirigida por él mismo. Como ya se ha apuntado con anterioridad, Naschy buscaba un público más amplio, por ello no es de extrañar ese toque gamberro y socarrón que se da en la película, llegando a parodiar al Van Helsing de Stephen Sommers (una de las mayores decepciones que ha dado el cine de terror de los últimos años).

En lo que respecto a su metraje, se nos puede antojar algo dilatado (107 minutos), y por lo tanto como otro punto que juega en su contra, pero al menos un servidor disfrutó con ella de principio a fin ya que, a pesar de estar repleta de algunos momentos innecesarios y que no vienen a cuento, se hace amena y para nada aburrida. Empusa es muy entretenida y sensual, dos puntos que hacen su visionado más llevadero, y su falta de pretensiones y su estética naïf desembocan en un humor que, ya sea voluntario o no, la hacen terriblemente divertida.

Está bien, como se ha dicho incansablemente, Empusa no es la mejor película de Paul Naschy. Puede que en el apartado técnico hallemos algunos fallos garrafales -como, por ejemplo, ver la sombra de las cámaras en el rostro de los actores -, y que algunos de los diálogos que la componen sean el súmmum del absurdo y la desfachatez. Pero que quieren que les diga, obviando algunos de estos fallos técnicos -que repito, (casi) siempre se han dado en su filmografía -, y con la mente bien abierta, un espectador inquieto y curtido en este tipo de cine puede disfrutar de buena ley con las peripecias de este anti héroe llamado Abel Olaya, su “torpedo” y esas atractivas vampiras mitad gaviotas que provienen del folclore griego. No es su mejor película, desde luego, pero tampoco la peor, faltaría más (y quien diga que lo es, es que no ha visto alguna de sus últimas películas como realizador).

Puede que los únicos errores de verdad se encuentren en el tramo final de la película. Un último plano que “aclara” innecesariamente toda la historia narrada y que, por consiguiente, destroza ese aura embriagador que se respira durante el film, echa por tierra gran parte de sus aciertos. Pero sobre todo, ese huérfano “in memoriam” que precede a los créditos finales, en el que tan sólo aparece el nombre de Paul Naschy, son esas cosas que hacen que muchos sientan ciertos reparos con Naschy y su cine. Un cine pionero no sólo en nuestro país sino en el resto del mundo. Un cine que como todo el mundo sabe, está lleno de errores. Aunque lamentablemente algunos de ellos duelan de verdad. Y no me refiero, claro está, a fallos de raccord y demás. Esas cosas se pueden llevar bien.

(1)  Mª Jesús Solina, una de las actrices que han intervenido en Empusa, defendió la labor del director en el pase de la película en la segunda edición de Horrorvisión (BCN), y a pesar de corroborar que, efectivamente, sus labores como realizador dejaban mucho que desear, afirmó que Aured se portó muy bien con ella.

(2)  Según conversación personal con el propio Naschy durante el Festival de Sitges del 2007.

Comentario de José Luis Salvador Estébenez

El destino quiso que dos de los últimos trabajos de Paul Naschy antes de su fallecimiento fueran un par de proyectos tan similares y, a la vez, tan diferentes como La herencia Valdemar y Empusa. Una coincidencia de lo más significativa por cuanto cada uno de ellos simboliza la mitad de una dualidad más o menos latente a lo largo de la trayectoria del actor y cineasta madrileño, con el irónico añadido de que la primera se trate de una obra ajena y la segunda propia. Así, el díptico escrito y dirigido por José Luis Alemán vendría a representar lo que el cine de Naschy aspiró a ser en términos industriales y rara vez consiguió alcanzar. Esto es: grandes medios, ambiciosos planteamientos comerciales y la consecución de un empaque ornamental equiparable al de las principales casas de terror clásico, léase la A.I.P., la Hammer y la Universal. Empusa, en cambio, refleja como en no pocas ocasiones tan loables intenciones acabarían traduciéndose en productos realizados en precarias condiciones, condenados de antemano por las circunstancias en las que fueron concebidos, y solo llevados a buen puerto por la admirable constancia y entrega que el creador de Waldemar Daninsky puso siempre en todos y cada uno de sus trabajos. Films, en definitiva, más recordados por la épica que entrañó su realización que por sus verdaderos valores cinematográficos, pero que, sin lugar a dudas, contribuirían de un modo decisivo a la construcción del mito Naschy.

En este sentido no puede obviarse que desde su mismo origen Empusa aspirara a convertirse en una pieza de culto. Ya en las primeras informaciones aparecidas en torno a su existencia se remarcaba el hecho de que fuera a suponer el reencuentro treinta años después entre Paul Naschy y el que fuera el director de algunas de sus películas más emblemáticas, Carlos Aured, quien volvía así a ponerse detrás de las cámaras tras algo más de dos décadas alejado del oficio. Sin embargo, las cosas no tardarían en torcerse, y lo que se anunciaba como un idílico retorno a los años dorados del fantaterror hispano de la mano de dos de sus principales artífices, acabó derivando en una experiencia traumática para todas las partes implicadas. Apenas habían transcurrido las dos primeras semanas de rodaje cuando Aured abandonaba el barco, sin que en aquel momento quedaran demasiado claros cuales fueron los términos en los que se produjo dicha ruptura. A decir de la versión oficial, el descontento con el trabajo de Aured, unido a las malas maneras con las que, al parecer, se dirigía al resto del equipo, hizo que en un intento por reconducir la situación los productores le impusieran a Naschy en calidad de codirector, extremo que el murciano no aceptaría, propiciando así su marcha. Con Aured fuera, Naschy asumiría en solitario la  realización de la película, por entonces llamada Las gaviotas, retomando una labor que no ejercía desde 1992 con la inefable La noche del ejecutor. Una vez en el cargo, una de sus primeras decisiones pasaría por descartar todo el material filmado por Aured al considerarlo inservible, reiniciando el rodaje desde cero con el hándicap de contar con un presupuesto mucho más reducido del inicialmente asignado.

Sin mayores contratiempos, pero con una retahíla de anécdotas que harían las delicias de cualquier admirador de nuestro licántropo patrio, la filmación sería completada a finales de agosto de 2007. Haciendo gala del ímpetu que le caracterizaba, pocos meses más tarde Naschy presentaba en varios festivales especializados una especie de tráiler de quince minutos de duración. La mala acogida con la que fue recibido este primer adelanto motivaría que Naschy y sus colaboradores optaran por rehacer la película nuevamente en la sala de edición. Este periodo coincidiría con la aparición de los primeros síntomas de la enfermedad que acabaría con la vida de su principal artífice, dilatando el proceso en el tiempo mucho más de lo esperado. Su delicado estado de salud impediría a Naschy participar en las sesiones de doblaje, donde, al igual que en su época de esplendor, pero por razones radicalmente distintas, sería sustituido por un actor especializado, si bien aún tendría las fuerzas necesarias para supervisar el montaje y las mezclas definitivas, según indica Ángel Mora, productor ejecutivo de la cinta. Cuando por fin parecía que la película iba a concluir su larga travesía del desierto, una nueva tragedia se interpondría en su camino; el 30 de noviembre de 2009 la persona bautizada como Jacinto Molina Álvarez fallecía a los setenta y cinco años de edad víctima de un cáncer de páncreas, pasando Empusa a convertirse en su obra póstuma.

Debido a toda esta serie de vicisitudes, a las que cabe añadir la repentina muerte de Aured prácticamente después de su salida del proyecto, Empusa no ha tardado en ser etiquetada como una “película maldita”. Una consideración alimentada por sus propios responsables, quienes, en un intento por dotarle de esa pretendida aura de “film de culto”, han comparecido en distintos medios de comunicación, platós televisivos incluidos, achacando el cúmulo de desgracias personales vividas a un supuesto mal fario, en una reprobable actitud amarillista que en su interior escondía una mal disimulada maniobra publicitaria. Tales esfuerzos no han impedido que, a día de hoy, Empusa permanezca pendiente de cualquier tipo de distribución comercial. Mientras espera a que esto ocurra, ya ha podido ser vista en distintos certámenes y muestras cinematográficas de dentro y fuera del país, cosechando por lo general críticas bastante negativas. Tanto es así que el entorno más próximo a Naschy, tan dado al elogio gratuito, se ha apresurado a desmarcarse del fruto resultante, declarándole la peor película jamás realizada por su ídolo. Una aseveración quizás un tanto exagerada a poco que se conozcan films como Operación Mantis o la referida La noche del ejecutor, pero que expone bien a las claras lo fallido del producto, máxime en comparación con las expectativas creadas.

Resulta innegable que muchos de los defectos que presenta Empusa a nivel formal pueden ser fácilmente atribuidos a lo accidentado de su confección. Pero, aunque así fuera, no menos cierto es que tanto estas como el resto de deficiencias que arroja su acabado son consecuencia directa del que fuera su alma mater. Primero, por la enfermiza necesidad de rodar que mostró en la última etapa de su carrera, y que le llevó a participar en prácticamente cualquier proyecto que se le pusiera por delante por muy descabellado que este fuera, sin importarle el efecto (negativo) que pudiera ejercer en la valoración global de su filmografía. Y es que, por mucho que en su momento Empusa fuera anunciada como el titulo inaugural de una nueva factory consagrada a desarrollar cintas de terror “made in Naschy”, quien más quien menos sabía que, en realidad, se trataba de una producción que bordeaba peligrosamente lo amateur y cuya salida comercial se adivinaba cuando menos comprometida, como así ha acabado sucediendo. Ante este panorama, uno no puede evitar preguntarse qué necesidad tenía Naschy a estas alturas de meterse en semejantes fregados, sobre todo después de haber sufrido con anterioridad una experiencia similar de la que saldría escaldado con El aullido del diablo, film con el cual el que nos ocupa comparte otras curiosas sincronías.

Como en aquél, el guion de Naschy conjuga los elementos ficticios con los apuntes autobiográficos. De nuevo, el protagonismo de la historia recae en un viejo actor que, pasados sus años de gloria, vive su senectud sumido en el más absoluto de los olvidos. La diferencia radica en que si en El aullido del diablo o Rojo sangre esta especie de alter ego era utilizado por Molina para exorcizar sus fantasmas y, de paso, arremeter contra aquellos que habían puesto en duda su talento y su valía, aquí es presentado bajo un perfil satírico. Lejos de la nostalgia que en última instancia guiaba los criminales pasos de sus émulos, el tal Abel Olaya, que así se llama nuestro protagonista, no parece extrañar en nada sus tiempos de estrella, erigiéndose en todo un bon vivant que consume sus días entre tragos de absenta, comidas copiosas, escarceos amorosos y prácticas de ocultismo con las que ganarse la vida.

Pero lo que en un primer momento pudiera antojarse una curiosa visión paródica del personaje por él mismo acuñado a lo largo de los años queda en agua de borrajas debido a su proverbial falta de autocrítica, auténtico talón de Aquiles de su cine. Así, pese a la caricaturización de la que es objeto, dicho rol no rehúsa varios de los atributos inherentes a los papeles escritos por Naschy para sí mismo. De entre ellos, tal vez el mejor ejemplo se encuentre en el magnetismo sexual que hace que, pese a tratarse de un setentón de estrafalario aspecto, no tenga mayores dificultades en encandilar y hasta compartir cama con atractivas veinteañeras. Esta misma falta de autocrítica también se deja notar en su adopción, quién sabe si movido por las circunstancias, de una narración de tono cómico, cuando sus anteriores incursiones dentro del género habían dejado meridianamente claro que la comedia no era lo suyo. Y así ocurre. Como era de esperar, el metraje de Empusa transita entre los márgenes de lo pueril, lo grotesco y lo ridículo, con la sospecha asociada de hasta qué punto la hilaridad que desprenden varios de sus pasajes puede no ser voluntaria.

Así las cosas, el único punto que consigue arrancar algún tipo de interés dentro de tan desvaído producto se concentra en la desaprovechada configuración de las criaturas que le dan título, una especie de chupasangres primigenios procedentes de la mitología griega y, por tanto, precristrianas, contra los que los métodos tradicionales para acabar con estos seres se revelan del todo inútiles. Pero ni esta novedosa reformulación de la imaginería clásica del vampiro, ni los continuos guiños destinados a los aficionados en forma de machaconas referencias a nombres propios del género, consiguen aportar mayor valor que el anecdótico a sus resultados finales. Triste punto y final pues para la carrera de uno de los pocos mitos a nivel mundial que ha originado nuestra industria, pero en la que, paradójicamente, se encuentran encerradas no pocas de las claves para desentrañar y comprender su obra, y con ello, su controvertida figura.

Published in: on noviembre 18, 2011 at 7:37 am  Comments (13)  
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13 comentariosDeja un comentario

  1. Todo tiene su fin. Con este “Versus” de la aún inédita en salas comerciales “Empusa” damos por terminada la publicación de nuestro dossier sobre la obra de Paul Naschy. O, al menos, a la espera de poder localizar copia de algunos de los títulos que nos faltan por reseñar. Pero el proyecto continúa…

  2. Si, precisamente este tipo de peliculas. Cuanto peor son, casi mejor pàra el espectador. Por las imagenes que pones en el articulo, digna de competir con truños patrios como la de los paletos lisergicos.

    Queramos o no, este tipo de cine,cuando tiene ese algo. Resulta hast entretenido. Saludos y bastante buen comentario

  3. Una peli excelente!!! Yo conozco a gente que vendería a su madre por poseerla. ;)

    • Y yo, y yo.

  4. Un estupendo “duelo al amanecer” para finalizar el dossier.

  5. Magnífico dossier, que he ido siguiendo post a post (como el resto del blog, en realidad). Confío en que se me permita el pequeño autobombo: aquí se puede ver el cortometraje que, hasta donde tengo noticia, fue la última película de Paul que conoció estreno en 35mm. en vida de éste.

    http://www.viddler.com/explore/naschymania/videos/13/

  6. Permitido y agradecido por acercarnos tu interesante trabajo. ;)

  7. Enhorabuena por este soberbio Dossier, todo un acercamiento crítico y analítico a la obra del amigo Paul.

    • Enhorabuena a ti por la parte que te toca… ;)

  8. Muy interesante todo lo que comentáis. y una película que desde ya requiere un visonado, más por motivos extracinematográficos me temo.
    Digno final de un gran trabajo acerca de la figura de Naschy.
    Felicidades

  9. […] siete años después de la finalización de su rodaje, Empusa, la obra póstuma de Paul Naschy, verá al fin la luz comercialmente hablando. Así lo ha anunciado […]

  10. […] de un modo más claro lo que quiero decir, en un momento dado se ve una foto promocional de Empusa (Jacinto Molina, 2010) entre medio de imágenes de películas de más […]

  11. […] rodó varios cortometrajes y se embarcó en sus últimos proyectos, todos muy diferentes entre sí: Empusa (Jacinto Molina, 2010), La herencia Valdemar / La sombra prohibida (José Luis Alemán, 2010), O […]


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