La isla de Nim

Título original: Nim’s Island

Año: 2008 (Estados Unidos)

Directores: Jennifer Flackett & Mark Levin

Productora: Paula Mazur

Guionistas: Joseph Kwong, Paula Mazur, Mark Levin y Jennifer Flackett según la novela de Wendy Orr

Fotografía: Stuart Dryburgh

Música: Patrick Doyle

Intérpretes: Abigail Breslin (Nim), Jodie Foster (Alexandra Rover), Gerard Butler (Jack Rusoe / Alex Rover), Michael Carman (Capitán), Mark Brady (Purser), Anthony Simcoe, Christopher Baker, Peter Callan, Rhonda Doyle (Madre de Edmund), Russell Butler (Viejo pescador), Colin Gibson (Director), Bryan Probets, Andrew Nason, Dorothy Thorsen, Penny Everingham, Tony Bellette, Jeff Dornan (Taxista), Jay Laga’aia (Piloto helicóptero), Marea Lambert Barker (Azafata), Nami Itonaga, John Walton, Jon-Claire Lee (Pasajero de avión), Steve Daddow (Conductor vehículo de Rarotongan), Craig Marriott (Botones farmacia), Matthew Little, Cheryl Craig, Tania Pari, Phoenix Leong, Ashley London, Shannon van der Drift (Madre de Nim)…

Sinopsis: Nim y su padre, Jack, son los únicos habitantes de una apartada y exótica isla. Aunque no acude a ningún colegio, Nim ayuda a su padre a realizar diariamente anotaciones científicas, se ocupa de cuidar el huerto y de que el panel solar alimente su ordenador, a través del cual su padre se comunica con el mundo. Un día, Jack desaparece, por lo que Nim decide ponerse en contacto con Alex Rover, su héroe literario, para que acuda a ayudarla…

Desde hace unos cuantos años, las carteleras de los cines vienen sobresaturándose de adaptaciones cinematográficas de obras literarias de fantasía destinadas al público juvenil, repletas de aparatosos efectos especiales y que, por regla general, suelen incluir en su reparto a alguna estrella hollywoodiense en forma de gancho publicitario para el público más adulto. Una definición que se ajusta como un guante al contenido de La isla de Nim (Nim’s Island, 2008), traslación cinematográfica de una homónima publicada en 2002 por la australiana de origen canadiense Wendy Orr, en la que, a la consabida regularidad de planos con efectos digitales, se le une la presencia en su reparto de hasta tres actores populares, empezando por una histriónica Jodie Foster en un registro muy alejado al que nos tiene habituados, siguiendo por Gerard Butler, con doblete interpretativo incluido, y terminando por Abigail Breslin, protagonista absoluta del film y quien aparece bastante cambiada de aquella niña regordeta que se diera a conocer con la producción independiente Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006).

No obstante, si en algo difiere el presente título al modelo acostumbrado en este tipo de producciones, es en el perfil de su historia. En lugar de la típica crónica acerca de la lucha de sus protagonistas por salvaguardar el fantasioso mundo de turno, La isla de Nim propone un sencillo relato sin siquiera villanos (o casi), que desde una óptica enfocada al segmento más joven que, en última instancia, apela al espectador a sacar al exterior el héroe que lleva dentro, desarrollándose bajo un hálito que alude al poder de fascinación de la literatura y, más concretamente, de la novela tradicional de aventuras. A este género son dedicados no pocos guiños durante su metraje, en especial, durante el nudo central del argumento, el cual no es sino una modernización del de La familia Robinson, cambiando a los piratas de aquella por unos especuladores turísticos que pretenden convertir la ínsula en la que reside la protagonista en un paradisíaco destino, aportando con ello unas evidentes aunque agradecidas pinceladas de ecologismo al conjunto. Si bien este sea el más claro tributo hacia este referido tipo de literatura, no se trata del único, o al menos no en origen, ya que en un principio el personaje principal tenía como amigos y enemigo imaginarios, respectivamente, a Alicia (de Alicia en el país de las maravillas), Huckleberry Finn, y Long John Silver, pero cuyas rodadas apariciones acabarían nutriendo los extras de las ediciones en Dvd de la película en forma de escenas eliminadas.

Dirigida por la pareja en la vida real formada por Jennifer Flackett y Mark Levin, coguionistas de la coetánea Viaje al centro de la Tierra (Journey to the Center of the Earth 3D, 2008) de Eric Brevig (film con el que la presente guarda más de una similitud), la película está construido en base, principalmente, a dos arcos argumentales condenados a confluir de antemano. Por un lado se encuentra el protagonizado por Nim, una niña que vive sola con su padre en una aislada y desconocida isla en medio del Pacífico; tras que su progenitor desaparezca en alta mar, Nim deberá de hacer frente a no pocos problemas, tomando como modelo a su personaje literario favorito, Alex Rover, al que ella cree real. Sin embargo, este es en realidad la creación de una neurótica escritora – impagables esos planos en los que se muestran sus manías a la hora de escribir, con los que, a buen seguro, muchos de los que alguna vez se hayan enfrentado a un folio en blanco se sentirán identificados -, que tras recibir un S.O.S. cibernético de Nim, no tendrá más remedio que armarse de valor para superar todos sus temores con el fin de poder prestar auxilio a la pequeña, entre ellos una terrible agorafobia que la mantiene recluida en casa.

Bajo estos mimbres, la historia se va articulando por medio de un juego de espejos entre los dos personajes principales – algo muy bien aprovechado por el montaje a la hora de alternar ambas tramas, utilizando muchas veces la “causa-efecto” -, aunque con un desarrollo del todo predecible y un desenlace tan precipitado como la metamorfosis final experimentada por el personaje de la Foster, que de la noche a la mañana – literalmente – pasa del asco que le produce el comer unas raíces vegetales aderezadas con gusanos, a no importarle lo más mínimo que un león marino le besuqueé en la boca, lo que, junto a las naturales concesiones hechas a los menores de la casa en forma de esa fauna de comportamiento casi humano que rodea a Nim, se antojan como las máculas más importantes del film. Pese a ello, o tal vez gracias a ello, y aun reconociendo que el material de base tenía bastante potencial como para haber dado algo mucho más consistente – y de hecho, el concurso de varias de las escenas descartadas en el montaje final habrían aportado mayor solidez al conjunto -, su resultado final es el de un agradable y simpático título que hace de su sencillez su mayor virtud, lo que en estos tiempos que corren, no es poco.

José Luis Salvador Estébenez

Publicado en on enero 30, 2012 at 7:38 am  Dejar un comentario  

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