Las cicatrices de Drácula

Título original: Scars of Dracula

Año: 1970 (Gran Bretaña)

Director: Roy Ward Baker

Productora: Aida Young

Guionista: John Elder (Anthony Hinds)
Fotografía: Moray Grant

Música: James Bernard

Intérpretes: Christopher Lee (Drácula), Dennis Waterman (Simon Carlson), Jenny Hanley (Sarah Framsen), Christopher Matthews (Paul Carlson), Patrick Troughton (Klove), Michael Gwynn (Sacerdote), Michael Ripper (Landlord), Wendy Hamilton (Julie), Anouska Hempel (Tania), Delia Lindsay (Alice, la hija del burgomaestre), Bob Todd (Burgomaestre), Toke Townley (Elderly Waggoner), David Leland, Richard Durden (Policías), Morris Bush, Margo Boht, Clive Barrie, Olga Anthony, George Innes, Nikki Van der Zyl…

Sinopsis: El conde Drácula ha vuelto a resurgir de sus cenizas, gracias a la donación de sangre de un murciélago, y de nuevo siembra el terror entre sus conciudadanos. Estos intentan enfrentarse al conde pero salen derrotados en el lance. En estas circunstancias, llega al pueblo Paul Carlson, prófugo por un asunto de faldas, que solo encontrará cobijo en el castillo. Tras él, llegaran a la zona su hermano Simon y la novia de éste, Sarah. La pesadilla no ha hecho nada más que comenzar para los incautos jovenzuelos.

Las cicatrices de Drácula (Scars of Dracula, 1970) es una película que pese a contar con la solvente dirección de Roy Ward Baker y un punto de partida hasta cierto punto sugerente , debe bregar con una pareja protagonista realmente nefasta y también con la falta de pericia de John Elder para sacar partido de sus propias propuestas.

La película se abre con una nueva resurrección del conde, producida gracias a la donación de sangre por parte un murciélago; este hecho reviste más importancia de la que podemos pensar a priori ya que el animalejo actuará como “agente” del conde. Aprovecha de está forma la Hammer un elemento de la novela de Stocker en el que aun no se habían centrado, el poder de Drácula sobre ciertos animales.  No será este sin embargo en único elemento rescatado del texto original, ya que  el conde reside en una dependencia del castillo a la que solo se puede acceder desde la ventana, por lo que veremos a Lee trepar por uno de los muros, en una escena aceptablemente resuelta, y que puede llegar a merecer el calificativo de impactante si uno no se plantea la idoneidad del emplazamiento que el vampiro escoge para su guarida: el único rincón soleado de todo el castillo.

La recuperación de detalles del original literario se erige como una de las constantes de la película. Paradójicamente, la otra será la introducción de detalles novedosos al mito, unos acertados, otros rondando lo bochornoso. Entre los aciertos cabría destacar a un pueblo que por fin trata de enfrentarse al conde en una insurrección de terribles y contundentes consecuencias que configuran un prólogo que, aunque alejado de la personalidad del original literario, hace presagiar una película más visceral. Entre los desaciertos la mala definición de los personajes por parte de Elder. El guionista nos muestra a un Drácula más fuera que nunca del personaje y a un Klove que parece no ser ya el fiel criado de antaño. En manos de otro escritor, probablemente estos cambios chirriarían menos, ya que, en el fondo, tienen su poso de lógica, dada la continuidad de la saga; pero Elder poco hace por ocultar los agujeros de la historia o dotar de credibilidad a las situaciones más chocantes. Para colmo de males, Lee cuenta con más diálogo y presencia en pantalla que en otras ocasiones y su hastío con el personaje se hace demasiado patente en muchas de las escenas en que interviene, redundando en la inverosimilitud de las situaciones antes mencionadas.

Aunque al menos, la presencia de Lee le asegura, pese a estar trabajando con el piloto automático conectado, quedar por encima de la patética pareja protagonista. Y es que estos no solo están mal interpretados, sino que son de las peores parejas protagónicas que nos brindaría la Hammer, al erigirse como unas marionetas totalmente faltas de carisma e incluso, en el caso del personaje de Sarah, excesivamente miméticas respeto a roles muy superiores de películas anteriores.

Como ya he insinuado los valores actorales de los actores van parejos a la valía de sus personajes. El mayor esfuerzo interpretativo de Jenny Hanley a lo largo de la película es abrir desmesuradamente los ojos para expresar ¿miedo? ¿Perplejidad? ¿Me he de olvidado de ponerle pienso al gato? Cualquier sentimiento podría tener cabida en su expresión, siempre que el espectador ponga mucho esfuerzo por su parte. Y Paul y Simon parecen más los miembros de un cursi grupo pop británico que los protagonistas de historia de terror victoriana. La ineptitud interpretativa de los tres llega a tal punto que en algún que otro momento acaban desatando la carcajada no intencionada del espectador, cuando debiera sentirse aterrado, tenso o aliviado.

Por si fuera poco, el metraje está plagado de gazapos y fallos de continuidad, producto de un rodaje demasiado apresurado[1]— y que pueden servir para jugar al “dónde está Wally” del gazapo cinematográfico—, y el pobre conde sufre aquí una muerte realmente patética y gratuita que además evidencia más que nunca la precariedad de medios de la Hammer. Lo cierto es que esta falta de recursos y el citado apresuramiento se hacen presentes a lo largo de todo el montaje; así, la escasez de escenarios y de exteriores le dan a la película un aire teatral y los murciélagos de plástico se hacen más evidentes que nunca, más aún dado el protagonismo que tiene el alado ayudante de Drácula.

En fin podría concluir diciendo que Las cicatrices de drácula, podría haber sido un film rupturista que diese un nuevo enfoque al personaje dentro de la Hammer y, con él, al concepto del cine de vampiros de la productora, pero se queda tan solo en un simpático pastiche. De haber contado con mejores medios técnicos y humanos la película hubiese sido sin duda bastante notable, por desgracia se queda en simplemente entretenida y eso gracias al buen hacer de Roy Ward Baker, todo un lujo de artesano.

Ana Morán Infiesta

[1] Roy Ward Baker fue presionado para que el rodaje no excediese las tres semanas de duración.

Published in: on febrero 17, 2012 at 7:38 am  Comentarios (1)  
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Un ComentarioDeja un comentario

  1. Esta pelicula adolece , en efecto, de todo lo que comentas.Además, la sombra de la inigualable primera pelicula de la saga, con Cushing y Lee como dupla interpretativa,es demasiado alargada.Por eso yo recomiendo,así lo hice yo, encerrarte un fin de semana en casa y visionar todas las partes de la saga con Lee en el papel que le hizo inmortal.Llama la atención en todas ellas el arte con que se excusa la resurreción de Drácula.E incluso, cuando todo parece perdido, nos ruedan Dracula 73 donde también fallan varias cosas pero cuya primera escena ya justifica el sentarse a darle una oportunidad.En resumen, lo que quería decir esencialmente es que ver todas las partes muy seguidas disimula varias carencias técnicas e interpretativas.Aprovecho el momento para recomendar ver de la misma manera la saga de Frankestein, para mí, mejor que la de Drácula, pero eso ya es opinión personal


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