El nacimiento de un mito: el díptico sobre Hércules de Pietro Francisci

HÉRCULES

Con permiso de la trilogía del dólar de Sergio Leone, causante a su vez de otro fenómeno cinematográfico de la importancia del spaghetti-western, puede considerarse al Hércules (Le fetiche di Ercole) de 1958 como la película más determinante de la historia del cine popular europeo. No es para menos. El éxito cosechado a nivel mundial por este título en particular provocaría, por un lado, el nacimiento de un nuevo subgénero, las muscle epics, afortunada denominación con la que serían bautizadas este tipo de películas que dominarían las carteleras de medio mundo entre 1958 y 1965 por los críticos norteamericanos; y por otro, y más importante, la consiguiente y definitiva eclosión y florecimiento de una industria dedicada al cine de género en Europa, que viviría sus momentos de mayor apogeo durante la década de los sesenta y primera parte de los setenta, para ir desapareciendo de forma paulatina a mediados de los ochenta.

Pietro Francisci conversando con el actor Mimmo Palmara durante un descanso del rodaje de "Hércules"

Pietro Francisci conversando con el actor Mimmo Palmara durante un descanso del rodaje de “Hércules”.

Gran parte de la responsabilidad del espectacular triunfo de este título debemos atribuírsela a la labor de su director, Pietro Francisci (1906-1977), realizador italiano que ya había acometido con anterioridad varios films ambientados en el mundo antiguo como La reina de Saba (La regina di Saba, 1952) u Hombre o demonio [dvd: Atila, hombre o demonio] (Attila, flagello di Dio, 1953). Siguiendo con la tradición de cine “histórico” de su país, y con un ojo puesto en el Ulises (Ulysse, 1954) de Mario Camerini – uno de los más importantes esfuerzos de la industria trasalpina de la época -, y otro en los aparatosos kolossals llevados a cabo por Hollywood en aquellos años, Francisci albergó la idea de rodar una cinta protagonizada por el fruto de las relaciones entre Zeus y una mortal, Hércules. Para tal fin, el cineasta adaptaría un esquema de lo más novedoso en aquel momento, consistente en simplificar la mitología griega, utilizándola como base para una cinta de aventuras en tono menor, con sus convenientes dosis de acción, romanticismo y personajes de una pieza, sin por ello renunciar a los elementos fantásticos tan propios del original que toma como germen.

De este modo, el argumento de Hércules no es sino un pastiche de dos de los pasajes más populares de la mitología clásica del personaje: Los doce trabajos de Hércules – no olvidemos que la traducción literal al castellano de su título original sería Los trabajos de Hércules -, tratados un poco de refilón al inicio de la cinta, y, sobre todo, las Argonáuticas (Ἀργοναυτικά, s. III d. C.) de Apolonio de Rodas – es decir, la búsqueda del Vellocino de Oro llevada a cabo por Jasón y sus compañeros -, tal y como se acredita en sus títulos de crédito. A modo de curiosidad, se da la circunstancia de que dicho texto serviría de base con posterioridad para otras dos espléndidas películas, Los gigantes de la Tessaglia (I gigante della Tessaglia [Gli Argonauti], 1960) de Riccardo Freda, y Jasón y los argonautas (Jason and the Argonauts, 1963) de Don Chaffey, esta última con efectos especiales a cargo del gran Ray Harryhausen.

Entrando a analizar el retrato que se nos hace de su personaje protagonista, este es el de una especie de superhombre en cuyos rasgos predominan un innato sentido de la justicia y una fuerza sobrehumana, siendo su referente más claro el Maciste que el estibador genovés Bartolomeo Pagano popularizara en la época del cine mudo. Con todo, tampoco puede ser pasada por alto la posible influencia ejercida en su configuración por el Sansón bíblico –al igual que aquel, Hércules derruirá al final de la función las columnas que sostienen al palacio real -, o el Ursus de la novela Quo Vadis? (Quo vadis. Powieść z czasów Nerona, 1895) del polaco Henryk Sienkiewickz, personajes todos ellos que, al calor del éxito cosechado por este tipo de cintas, no tardarían en ser reciclados por la industria italiana para protagonizar sus propias franquicias. Dentro de este contexto, quizás lo más interesante de la personalidad de Hércules sea la formulación de cierto conflicto interno con el que se adelanta en lo que ha terminado por convertirse en el tratamiento de base en las actuales traslaciones de superhéroes del cómic clásico a la gran pantalla: harto de que su condición de semidiós le haga ser visto como un bicho raro a ojos de los mortales, Hércules acude a una sibila para renegar de su estatus, siendo sus plegarias escuchadas por los dioses y, por tanto, siendo despojado de su inmortalidad.

No obstante, Francisci no lo tuvo fácil a la hora de dar con un intérprete que se ajustara al perfil hercúleo, valga la redundancia, que se le presuponía a un personaje que, dicho sea de paso, no era nuevo para el cine, y mucho menos para el trasalpino; sin ir más lejos, durante su época de esplendor silente la industria italiana había producido varias cintas protagonizadas por el semidiós heleno, la primera de las cuales fue L’ultima fatica di Ercole (1918) de Emilio Graziani-Walter. Según parece, fue la propia hija de Francisci quien le sugirió a su padre el nombre de un actor que se adecuaba a la perfección a la presencia física y capacidades atléticas que requería tal personaje, y que la muchacha había descubierto en el musical dirigido por Richard Thorpe Athena (1954).

Steve Reeves siendo encadenado para la escena de la destrucción del templo.

Steve Reeves siendo encadenado para la escena de la destrucción del templo.

Dicho actor no era otro que Steve Reeves (1926-2000), un culturista norteamericano que había logrado el título de Mr. Universo, el mayor galardón de esta disciplina, y que por entonces se encontraba intentando hacerse un hueco en la industria cinematográfica. Si bien su rotunda musculatura había hecho que en su momento fuera considerado para interpretar al personaje que finalmente recayera en Victor Mature en la superproducción Sansón y Dalila (Samson and Delilah, 1950) de Cecil B. DeMille, su debut como actor se había producido en Jail Bait [dvd: Jail Bait,1954], modesta película del hoy considerado director de culto Ed Wood Jr., habiéndose limitado el resto de su trayectoria desde entonces a un par de apariciones en roles episódicos en cine y televisión. Reeves contaba con escasas aptitudes interpretativas[1],  motivo que tal vez influyera a que a mitad de la narración, justo cuando los argonautas llegan a la tierra donde habitan las amazonas, su personaje ceda el protagonismo a los amoríos entre Jasón y la soberana de dicho pueblo, Antea, la cual, dicho sea de paso, aparece con las morbosas facciones de la reina del cine italiano de aventuras, Gianna Maria Canale, esposa en la vida real de Riccardo Freda. Pese a ello, el actor culturista se convertiría a raíz de este trabajo en toda una estrella cinematográfica a lo largo y ancho del planeta, implantando su espectacular físico como canon indispensable para los futuros intérpretes de los protagonistas de este tipo de films.

Así, aparte de establecer el patrón corporal y de conducta de la práctica totalidad de roles principales que poblarían el recién nacido peplum de forzudos, y más allá de la presencia de ciertos actores que con el tiempo se tornarían en recurrentes dentro del subgénero, caso de Mimmo Palmara – quien también aparecería aportando un personaje distinto en su secuela – o Ivo Garrani, ya en este seminal título se dan cita otros elementos que de inmediato se convertirían en condición sine qua non para la práctica totalidad de la pléyade de títulos surgidos a su estela. Tal es el caso de las intrigas palaciegas como sustento argumental, las demostraciones de fuerza a cargo de su protagonista – aportando una imagen que desde entonces se convertiría en uno de los iconos del género: la del fornido héroe doblando una barra de hierro -, o los enfrentamiento de este contra animales salvajes, como si de una especie de Tarzán de la antigüedad se tratara.

Pietro Francisci, Steve Reeves y Sylva Koscina durante una pausa del rodaje.

Pietro Francisci, Steve Reeves y Sylva Koscina durante una pausa del rodaje.

Llegados a este punto, me gustaría hacer un inciso para ofrecer mi propia perspectiva sobre la controvertida manera en la que se suele emplear el epíteto peplum[2]. De forma errónea, muchos aficionados al cine suelen utilizar este adjetivo para catalogar todas aquellas películas ambientadas en el mundo antiguo, ya sea este griego, romano o egipcio, e independientemente de su nacionalidad, tal vez ignorando que dicho apelativo fue acuñado por el crítico francés Jacques Siclier en las páginas de la prestigiosa Cahiers du Cinéma en el verano de 1963, en un artículo que, bajo el nombre de L’âge du peplum[3], hablaba de este tipo de películas italianas protagonizadas por héroes musculosos desarrolladas en el mundo grecolatino, y realizadas a partir del éxito del título que nos ocupa.

Sylva Koscina y Steve Reeves en una imagen promocional.

Sylva Koscina y Steve Reeves en una imagen promocional.

Si bien esta sería la definición “pura” de dicho término, con este baremo dejaríamos fuera a un buen puñado de títulos que, poseyendo la mayor parte de estas características, por un motivo u otro no se adecuan completamente a ellas. Así, títulos como Quo Vadis? (Quo Vadis?, 1913) de Enrico Guazzoni, Los últimos días de Pompeya (Gli ultimi di Pompei, 1913) de Eleuterio Rodolfo, Cabiria (Cabiria, 1914) de Giovanni Pastrone, Maciste en el infierno (Maciste all’Inferno, 1926) de Guido Brignone, Espartaco (Spartaco, 1952) de Riccardo Freda, Aníbal (Annibale, 1959) de Edgar G. Ulmer & Carlo Ludovico Brabaglia, o El rapto de las sabinas (L’enlèvent des sabines / Il ratto delle sabine,1961) de Richard Pottier, por citar solo algunos ejemplos aleatorios, quedarían excluidos de dicha consideración.

Steve Reeves esperando para rodar.

Steve Reeves esperando para rodar.

Es por ello que, con el ánimo de ampliar su alcance, bien podríamos reformular su definición de la siguiente forma: “peplum es toda aquella película que, ambientada en el mundo antiguo o protagonizada por un personaje propio de él dentro de una época ya pasada, está producida por al menos uno de los tres países de la Europa mediterránea más occidental -esto es, Italia, Francia y España, tradicionales países productores o coproductores de peplums en la época dorada del género-”. Aunque esta definición diste mucho de ser perfecta y puede que haga llevarle las manos a la cabeza a más de un purista, lo cierto es que bajo tales premisas tendrían cabida todas las películas anteriormente expuestas, pudiéndose establecer dentro de este contexto diversos rasgos o subdivisiones para su mejor clasificación, ya sea atendiendo a sus fechas de producción, a las distintas naturalezas de sus argumentos o a la identidad de sus personajes protagonistas, algunas de las cuales bien podrían ser: históricos, religiosos, de gladiadores, de héroes arquetípicos…

Steve Reeves junto a Mario Bava en un descanso de "Hércules".

Steve Reeves junto a Mario Bava en un descanso de “Hércules”.

Una vez aclarado este punto, y dejando a un lado ya toda la importancia y significación de la cinta, lo cierto es que visto hoy en día Hércules resulta un film de lo más disfrutable, que hace de su aparente simpleza su mayor virtud, a pesar de las, por lo general, operísticas actuaciones de su reparto, algo por otra parte en sintonía con el tono exagerado de un relato en el que destaca su simpático sentido del humor y el (ingenuo) erotismo que recorre la puesta en escena de Francisci, ya sea por los continuos despliegues musculares de Reeves a lo largo del film o por las sucintas faldas que portan la práctica totalidad de féminas. Todo ello sin olvidar el buen rendimiento de los distintos apartados implicados en su acabado, en especial por la banda sonora compuesta por Enzo Massetti (1893-1961), en la que se saca gran provecho de las voces corales, particularmente en el tema de los remeros, a pesar de la horrorosa utilización de instrumentos electrónicos en ciertos tramos, así como la fotografía del genial Mario Bava (1914-1980) – quien también se encargó de los efectos especiales, no faltando las voces que le adjudiquen la realización de gran parte del film[4] – con su acostumbrado uso de su particular paleta cromática dominada por las tonalidades azuladas y rojizas, destacando en este sentido el hábil manejo que de las sombras hace el cineasta de San Remo en ciertas secuencias.

Steve Reeves en la premiere de la película.

Steve Reeves en la premiere de la película.

Aunque ya de por sí la cinta cosechó un impresionante éxito en su país de origen, donde recaudó la importante suma de ochocientos ochenta y siete millones y medio de liras, cuadriplicando su presupuesto[5] y convirtiéndose en la película más taquillera de aquel año en Italia, no fue nada comparado con lo que ocurriría en el otro lado del charco, donde el distribuidor norteamericano Joseph E. Levine, quien ya había trabajado con otros films anteriores de Francisci como Hombre o demonio y había lanzado a la fama en el mercado occidental al primer Godzilla[6], se hizo con sus derechos por 120.000 dólares, obteniendo más de 18 millones gracias a una campaña publicitaria en la que, según parece, invirtió más dinero que los propios productores italianos en rodar la película.

HÉRCULES Y LA REINA DE LIDIA

Tras la buena acogida con la que fue dispensado el primer Hércules, al año siguiente idéntico equipo técnico y artístico se puso manos a la obra para poner en pie una secuela que acabaría llevando el nombre de Hércules y la reina de Lidia (Ercole e la regina di Lidia, 1959), siendo también conocida en nuestro país como Hércules encadenado, debido a una equivoca traducción del título con el que fue rebautizada la película en Estados Unidos – Hercules Unchained, es decir, Hércules desencadenado -, donde de nuevo sus derechos de distribución fueron adquiridos por Joseph E. Levine, repitiéndose el éxito obtenido por su predecesora.

Al igual que ocurriera en su predecesora, la historia de Hércules y la reina de Lidia se compone de diversos elementos provenientes de fuentes literarias, que en este caso abarcan desde Los siete contra Tebas (Hepta epi Thēbas, 467 a. C.) de Esquilo a los textos de Sófocles Edipo en Colono (Oidipus epi Kolonoi, ca. 406/405 a. C.) y Antígona (ντιγόνη, ca. 441 a. C.), a los que se les añadiría un pasaje directamente extraído de la mitología de su personaje protagonista, como es aquel en el que, tras a asesinar a Ífito, Hércules es castigado por el Olimpo a ser vendido como esclavo a la reina Ónfale de Lidia, de la que pronto se convierte en su amante. A tal mezcolanza argumental, hay que añadirle cierto detalle procedente de La Atlántida (L’Atlantide, 1919) de Pierre Benôit, representado por esa sala de trofeos en la que Ónfale guarda los cuerpos momificados de todos sus antiguos amantes, como si de Antinea, la monarca de la Atlántida de la novela francesa, se tratara.

De este modo, la trama de la cinta se inicia justo a continuación de donde terminaba la anterior. Hércules, junto a su nueva esposa Iole y el joven Ulises, heredero del trono de Ítaca, se despiden del resto de los argonautas partiendo rumbo a Tebas, patria del mítico semidios. Pero el camino hacia aquella ciudad estará plagado de imprevistos. El primero de ellos llegará con el enfrentamiento con el gigante Anteo, hijo de la diosa Gea, incorporado por el ex-boxeador Primo Carnera, combate del que, como no podía ser de otra forma, saldrá victorioso nuestro protagonista. Poco tiempo después, tendrá lugar el encuentro con Edipo, antiguo rey de Tebas, quien encomendará a Hércules que medie ente el conflicto que mantienen sus hijos por el trono del reino y que está a punto de derivar en una guerra civil. Tras hablar con el actual regente, el enloquecido Eteocles, el hijo de Zeus, acompañado por Ulises, partirá con un acuerdo de paz al encuentro del hermano de Eteocles, Polinices, quien, aliado a tropas enemigas, espera en las inmediaciones de la ciudad el momento de iniciar el asalto. Sin embargo, y cuando todo parece que va a tener un final feliz, en el camino Hércules beberá de una fuente envenenada, cayendo bajo el influjo de la reina de Lidia.

Pietro Francisci dando instrucciones a Primo Carnera y Steve Reeves para la escena de su pelea.

Pietro Francisci dando instrucciones a Primo Carnera y Steve Reeves para la escena de su pelea.

Dicha historia es narrada por Francisci segmentándola a modo de capítulos, situación que es subrayada desde el montaje gracias a la utilización del fundido en negro a modo de separación entre los distintos “cuadros” que componen un argumento que, si bien en un primer momento puede parecer algo enrevesado, es de un deliberado esquematismo, a pesar de arrojar ideas tan sugerentes como la contraposición que se hace entre las dos mujeres de Hércules: Iole, su esposa, de impoluta belleza, encargada de encarnar los valores tradicionales del más puro amor y de la perfecta ama de casa, frente al lascivo encanto de Órfale, la monarca de Lidia[7], una femme fatale coleccionista de amantes (literalmente) bajo la que se encierra la sexualidad en su estado más puro, y cuyo dominio convertirá al otrora poderoso sansón en un pelele en sus manos, influjo del que el héroe solo podrá escapar gracias a la ayuda del espabilado Ulises.

Por lo demás, la cinta disfruta del mismo tono que la anterior, si bien sus resultados se antojan acreedores de un mejor acabado formal. Y es que, si ya en la seminal Hércules sobresalía con luz propia la fotografía de Mario Bava, en esta ocasión la labor del operador brilla de forma especial por encima del conjunto, dotando a la narración, en especial al tramo de la misma que discurre en el reino de Lidia, de una atmósfera fantasmagórica en la que da rienda suelta a su personalísimo estilo visual, con unas poderosas composiciones de plano apoyadas en la escenografía, adelantándose así a lo que años después establecería como la marca más reconocible de su cine en su faceta de director, dejándonos escenas de una belleza plástica irrefutable, como aquella que culmina con el descenso al Hades de Edipo. Del mismo modo, y debido a una mayor holgura de medios, también es de destacar la espectacularidad de otros segmentos de la cinta, como esa espectacular batalla en las murallas de Tebas que echa el cierre a la narración.

Concluida Hércules y la reina de Lidia, los caminos de Pietro Francisci y Steve Reeves se separarían para siempre. El musculoso actor estadounidense jamás volvería a encarnar al personaje que le encumbrara al Olimpo cinematográfico, aunque sí que seguiría desarrollando su fulgurante carrera dentro del peplum y, por extensión, del cine italiano de aventuras, hasta que en 1968, después de cuatro años alejado de la gran pantalla y tras protagonizar su reentré cinematográfica con el western Vivo per la tua morte [dvd: Vivo para matarte] de Camillo Bazzoni, Reeves diera por concluida su carrera cinematográfica, falleciendo en 1989. Por su parte, Francisci aún retomaría una vez más las andanzas de Hércules, aunque fuera en un film menor como Ercole sfida Sansone [dvd: Hércules contra Sansón,1963], donde nuestro héroe aparecía bajo las facciones del antiguo gondolero veneciano Adriano Bellini, más conocido por Kirk Morris, uno de los actores más recurrentes del género. Años después, y tras pocas películas más, las últimas de las cuales aquejaban de una paupérrima producción, Francisci moría en 1977 a los 71 años de edad, siendo su último film la cinta de aventuras arábigas Simbad e il califfo di Bagdad [tv/vd: Simbad y el califa de Bagdad, 1973].

Sea como fuera, tanto el uno como el otro jamás volverían a paladear las mieles del éxito del modo en que lo hicieron con el presente díptico; dos títulos que, pese a quien pese, y más allá de prejuicios injustificados, se erigen como dos de los más estimulantes ejemplos de lo que debiera ser el cine de evasión, detentando por derecho propio uno de los lugares más destacados de la historia del cine de aventuras de todos los tiempos, ya sea este europeo o norteamericano.

José Luis Salvador Estébenez

[1] A este respecto es bastante ilustrativa la anécdota que Ennio De Concini, uno de los guionistas del film, relataba en “Testimonianza: Ennio De Concini (sceneggiatore)”dentro del libro Gigante buoni. Da Ercole a piedoni (e oltre) il mito dell’uomo forte nel cinema italiano de Michele Giordano (Gremese Editore, Roma, 1998), pág. 40: “Para conseguir una expresión apasionada respecto a la Koscina, Francisci le gritaba: ‘Deseas a esa mujer, ¿entiendes Steve? La quieres a toda costa. Por favor, pon cara de desearla ardientemente’. Pero él nada, siempre igual. Un día, exasperado, Francisci le dice: ‘Escucha Steve, haz una cosa. Prueba a apretar el ojo del culo (sic), se dilatan así las narices y verás que la expresión viene sola’”. Según la traducción de Javier G. Romero aparecida en Hércules y la reina de Lidia en Dirigido por… nº 354, Dossier Peplum italiano.

[2] “El término peplum latino procede de peplon, griego y, según los escritos de Plauto y Virgilio, designa el primitivo vestido de las mujeres griegas y, en particular, la túnica de Palas Atenea; no obstante, otros autores sostienen que define el manto romano para las ceremonias. En cualquier caso, el peplum constituye una prenda específica de entonces”. Carlos Aguilar en La espada mágica. El cine fantástico de aventuras (Calamar Ediciones, Madrid, 2006), pág. 46.

[3] Mitología en el cine: Aventuras de dioses y héroes de Pedro L. Cano.

[4] Como, por ejemplo, Juan Antonio Molina Foix en “Mario Bava. El fotógrafo del miedo” en Cine fantástico y de terror italiano. Del giallo al gore (Donosita Kultura, San Sebastián, 1997), V.V.A.A., pág. 138. Y lo cierto es que diversas partes del film, como la atmósfera del flashback en el que Iole relata a Hércules la noche en la que fue asesinado su tío, el rey de Jevolo, recuerdan y mucho al estilo que el maestro del gótico italiano desarrollaría en sus cintas como realizador, dándose incluso la circunstancia de encontrar algún plano que más tarde se repetiría en otros títulos firmados por Bava, caso de aquel en el que Pelias observa una mancha de sangre en el suelo, muy similar en su concepción a otro protagonizado por el personaje de Christopher Lee en Ercole al Centro della Terra / Hercules  Contre les Vampires [dvd: Hércules en el centro de la Tierra, 1961].

[5] El peplum. La antigüedad en el cine de Rafael De España (Ediciones Glénat, Barcelona, 1997), pág. 108.

[6] Coincidencia o no, lo cierto es que en esta película aparece un remoto antepasado de aquél como guardián del Vellocino de oro. Lo más curioso del caso es que, según apuntan varias fuentes, el rugido que emite el monstruo en la banda sonora, es, en realidad, el originario de su descendiente nipón.

[7] Papel encarnado por la Silvya López, actriz francesa que fallecería tan solo un año después de su trabajo en este film enferma de leucemia, cuando tan solo contaba con 28 años de edad.

FICHAS TÉCNICAS

Hércules

Título original: Le fatiche di Ercole

Año: 1958 (Italia)

Director: Pietro Francisci

Productor: Federico Teti

Guionistas: Ennio De Concini, Pietro Francisci, Gaio Frattini, Agenore Incrocci, Furio Scarpelli, según Las argonáuticas de Apolonio de Rodas

Fotografía: Mario Bava

Música: Enzo Masetti

Intérpretes: Steve Reeves (Hércules), Sylva Koscina (Iole, hija de Pelias), Fabrizio Mioni (Jasón), Ivo Garrani (Pelias, rey de Yolcos), Gianna Maria Canale (Antea, reina de las amazonas), Arturo Dominici (Euristeo), Mimmo Palmara (Ífito, hijo de Pelias), Lidia Alfonsi (Sibila), Gabriele Antonini (Ulises), Aldo Fiorelli (Argos), Andrea Fantasia (Laertes), Luciana Paluzzi (Doncella de Iole), Afro Poli (Chironi), Gian Paolo Rosmino (Esculapio), Willi Colombini (Pólux), Fulvio Carrara (Castor), Gino Mattera (Orféo), Gina Rovere, Lily Granado (Amazonas), Aldo Pini (Tifi), Guido Martufi (Ífito niño), Paola Quattrini (Iole niña), Romano Barbieri, Augusto Belardelli, Spartaco Nale…

Sinopsis: Hércules se dirige a la corte del rey Pelias de Yolcos para dar clases particulares a Ífito, hijo de Pelias, en el uso de las armas. La hermosa hija de Pelias, la princesa Iole, da cuenta a Hércules de la historia de la llegada de su padre al poder y el robo de los tesoros más grandes del reino, el Vellocino de Oro. Algunos sospechan que el rey Pelias ha adquirido el trono a través de fratricidio. El rey Pelias es advertido por una sibila acerca de un desconocido que solo porta una sandalia y que desafiará su poder. Cuando su sobrino Jasón, el legítimo rey de Yolcos, llega a la ciudad, llevando una sandalia, Pelias se asusta y les encarga recuperar el Vellocino de Oro de la lejana tierra de Cólquida.

Hércules y la reina de Lidia [dvd: Hércules encadenado]

Título original: Ercole e la regina di Lidia

Año: 1959 (Italia)

Director: Pietro Francisci

Productor: Bruno Vailati

Guionistas: Ennio De Concini, Pietro Francisci, basándose en Los siete contra Tebas de Esquilo y Edipo en Colonna y Antígona de Sofócles

Fotografía: Mario Bava

Música: Enzo Masetti

Intérpretes: Steve Reeves (Hércules), Sylva Koscina (Iole), Sylvia Lopez (Reina Onfalia de Lidia), Gabriele Antonini (Ulises), Primo Carnera (Anteo, el gigante), Patrizia Della Rovere (Penélope), Sergio Fantoni (Eteocles), Fulvia Franco (Anticlea), Carlo D’Angelo (Creonte, sumo sacerdote de Tebas), Marisa Valenti (Esclava rubia), Mimmo Palmara (Polinie), Elda Tattoli, Daniele Vargas (Anfiarao), Andrea Fantasia (Rey Laertes), Gino Mattera (Orféo), Aldo Fiorelli (Argo), Gianni Loti (Sandone, Capitán de la Guardia de Lidia), Cesare Fantoni (Edipo, rey de Tebas), Ugo Sasso, Angelo Zanolli (Admeo), Sergio Ciani, Nando Cicero, Aldo Pini (Tifi), Fulvio Carrara (Castor), Willi Colombini (Póllux), Walter Grant (Esculapio), Colleen Bennet, Fabrizio Mioni, Nino Marchetti…

Sinopsis: Junto a Ulises e Iole, Hércules se dirige a Tebas para cumplir una importante misión diplomática. En un descanso, Hércules bebe de cierto manantial que le hace perder la memoria. En tal situación cae en manos de los soldados de la pérfida reina de Lidia, que convierte al musculoso semidios en su amante rey. Pero Ulises intenta con ingenio hacer que Hércules recuerde su misión y auténtica identidad.


Published in: on diciembre 24, 2012 at 8:35 am  Comments (8)  

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8 comentariosDeja un comentario

  1. Grandísimo artículo! A lo tonto, a lo tonto estas pelis lo empezaron todo.

  2. Muy buen informe!!! Felicitaciones. Buen año!!!

    • Gracias a vosotros por vuestra atención y feliz año, claro.

  3. ¡Joder el maricón, estaba para follárselo! Me refiero a Reeves, por supuesto.

  4. [...] de Corbucci – y también al título anglosajón de otro  clásico del cine popular italiano, Hércules y la reina de Lidia (Pietro Francisci, 1959), esto es Hercules Unchained, detalle este que parece haber sido pasado por [...]

  5. [...] de este tipo de cine, primero a través de su trabajo en variadas labores para títulos como el díptico sobre Hércules de Pietro Francisci o I vampiri y, ya como realizador, pariendo films tan definitivos y categóricos a diferentes [...]

  6. […] los cincuenta de la mano de Pietro Francisci con el díptico dedicado a la figura de Hércules – Hércules y Hércules encadenado – que encarnó el otrora Mister Universo Steve Reeves. A pesar de tratarse de producciones más […]

  7. […] de tener su gracia al consistir en recuperar al personaje cuyo triunfo comercial con la fundacional Hércules de Pietro Francisci había alumbrado la eclosión y afianzamiento del cine de género italiano para […]


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