Intérpretes: Sean Stone, Alexander Wraith, Antonella Lentini, Oliver Stone, Monique van Dooren (interpretándose a ellos mismos)…
Sinopsis: Tres amigos directores de cine se disponen a entrar en plena noche a un antiguo psiquiátrico abandonado en el que se realizaban todo tipo de arriesgados y poco ortodoxos experimentos para intentar curar a sus enfermos.
Greystone Park es un mockumentary o falso documental que habría pasado de lo más desapercibido si no hubiera supuesto el debut como director de Sean Stone, hijo del afamado realizador Oliver Stone, y quien hasta el momento había participado como actor secundario en la mayor parte de las cintas realizadas por su señor padre, algo que ha alternado con sus estudios de cinematografía en la prestigiosa universidad de Princeton, para así realizar con esta, su opera prima.
Y digo que pasaría desapercibida porque, lamentablemente apenas nos ofrece nada de especial interés, exceptuando los primeros diez minutos iniciales en los que Stone nos introduce en la historia del antiguo psiquiátrico, a través de escalofriantes imágenes de archivo. Tras este inicio y una mesa redonda hablando de temas espirituales y apariciones fantasmales, cuyos algunos de sus contertulios son interpretados por Oliver Stone y una recuperada Monique van Dooren, en su breve regreso al género tras Flesh for Frankenstein- ya que apenas articula alguna frase, por lo que no se comprende el por qué de dicha colaboración-, la cinta ofrece lo que supuestamente es el metraje tal cual de la expedición de Sean y dos amigos al interior del psiquiátrico abandonado- en el que irónicamente, hay electricidad- para entrar en contacto con los espíritus que allí habitan.
Pero a pesar de sus pretensiones, el filme no consigue pasar como found footage, al estar totalmente editado, intercalando de forma efectista fragmentos de archivo, recursos y hasta música ambiental para aumentar el suspense de alguna secuencia, algo que ya le resta el factor realista; y sobre todo más postizo aún resulta que un trío de amigos capitaneado por el hijo de Oliver Stone, vayan con una cámara a grabar durante una noche a un antiguo manicomio y le comiencen a suceder fenómenos extraños porque si -aunque más aún descacharrante resulta el desenlace final-, dejando como prueba latente el material grabado en las cintas.
Aún así, y pasando por el aro, el resultado final es bastante simplón, debido a una alarmante carencia de ritmo, ofreciendo una serie de planos mal grabados que no consiguen crear tensión alguna. Culpa de ello también lo tiene un guión de lo más plano y lleno de arquetipos, que deja todo el peso en la actuación de sus tres protagonistas, que apuntan hacia el exceso, y que incluso pueden incitar a veces a la risa, debido a la poca credibilidad de los sucesos- aunque según entrevistas al propio Stone, muchas de las reacciones e incluso sonidos registrados eran verídicos-.
Por todo ello, Greystone Park se acerca de forma alarmante a un remedo de El proyecto de la bruja de Blair realizado por universitarios como proyecto de fin de carrera – de hecho hay partes totalmente plagiadas, como aquella en la que uno de los protagonistas desaparece y es encontrado contra la pared-. Y aunque parta de un acertado planteamiento, la historia real del centro psiquiátrico Greystone Park, no consigue sacar jugo a su materia prima- la historia verídica, las localizaciones-, optando por tomar derroteros de mockumentary que juegan en su contra. Quizás hubiese sido más acertado que la cinta optara por un tono de documental propiamente dicho, sin mezclar realidad y ficción, ya que, debido a todo lo mencionado en párrafos anteriores, tal y como ha sido realizada no cuela.
Intérpretes: Francesc Garrido (Heseltine), Fiona Glascott (Ellen Keegan), Rick Gonzalez (Paul Ortega), Kai Lennox (Alan White), Gia Mantegna (Caitlin White), Michael O’Keefe (Dr. Helzer), Damián Román (Benny White), Laura Martuscelli (Cynthia), Fermí Reixach (Lamson), Souleymane Diop (Concierge), Alex van Kuyk, Marcel Barrena, Vincent Damman, Yatma Sall, Susana García Díez, Natalia Regás, Mireia Dalmau Quera, Laura Creus Cifra, Óscar Durán (Fotógrafo), Núria Valls (Profesora de Benny)…
Sinopsis: Un grupo multidisciplinar de investigación paranormal acude a un apartamento recién ocupado para estudiar los fenómenos anómalos que en él se producen: sombras extrañas, fenómenos lumínicos, objetos que se desplazan solos, sonidos de origen desconocido… Su propósito es registrar los hechos de forma científica empleando los medios técnicos más avanzados a su alcance, como la filmación infrarroja, las grabaciones psicofónicas o los medidores de fluctuación electromagnética. Poco a poco, las misteriosas manifestaciones comenzarán a hacerse más y más violentas…
El “Luctor et Emergo”, luchar y salir victorioso, vendría a ser uno de los objetivos de la opera prima de Carles Torrens, Emergo, y de sus productores, Nostromo Pictures y Rodrigo Cortés, en una batalla, la del cine (producción, exhibición, distribución…), cada vez más compleja, insólita e inquietante y en un marco, el estatal, donde el progreso es una utopía y respirar cada vez cuesta más.
Con este referente por título, luchar y salir victorioso, el debut del catalán afincado desde hace algún tiempo en Estados Unidos se proclama como un combate para todos, incluido su protagonista, el actor Kai Lennox, que tendrá que vérselas con el más allá. Pero no estará solo. Sus hijos, y un grupo de expertos en parapsicología —intrusos en su dulce hogar—, serán los otros protagonistas en un título que se suma al recurso narrativo de la cámara subjetiva, tan en auge gracias a [REC] (Jaume Balagueró & Paco Plaza, 2007) y derivados como Atrocious (Fernando Barreda Luna, 2010), editada, ésta última, recientemente en España en DVD (toda una sorpresa en estos tiempos tan desordenados donde nada llega pero vemos mucho…).
Capacitada para aterrorizar y entretener, patrones imprescindibles y olvidados en muchas producciones similares de la industria estadounidense y que ahora no vamos a citar, logran combinarse de notable manera en estefound footage, sumergiéndose en lo sobrenatural, instaurándose en un plano turbador, donde el horror se pasea y enseña sus armas, y sorprender al espectador demostrando que se puede hacer buen cine sin presupuestos estratosféricos. De esta manera, Torrens cumple su objetivo, manifestado el buen hacer como realizador (algo que ya era patente en su faceta de cortometrajista, sus premios lo certifican) y logra salir victorioso de este primer combate en el cuadrilátero del largometraje. ¡Esto sí que es “Luctor et Emergo”!
A finales del pasado mes de septiembre, Versus Entertainment lanzó al mercado una nueva colección bajo el título “Zinema Bis”. Como se insinúa desde su propio nombre, la recién nacida línea editorial pone su punto de mira en el denominado cine de Serie Z, con sus argumentos desquiciados, presupuestos invisibles y toneladas de sinvergonzonería. Acorde a esta filosofía, los primeros títulos escogidos para inaugurar “Zinema Bis” han sido dos consumados representantes de dicho estilo: la producción filipina La bestia de la noche amarilla y Noche en el tren del terror. Tras publicar hace unas semanas un primer artículo centrado en la cinta de origen asiático, en esta segunda entrega hacemos lo propio con su compañera de colección, la antológica, en más de un sentido, Noche en el tren del terror.
LA PELÍCULA
Quizás muchos desconozcan que la existencia de una de las perlas de nuestro cine fantástico, la entrañable Pánico en el Transiberiano, estuvo sujeta a una serie de condicionantes de índole productiva que perfilarían de un modo decisivo sus rasgos principales. De entre ellas, una de las más significativas fue que “la acción, en su mayor parte, debía transcurrir en un tren para optimizar el que se había comprado [n. del a.: una maqueta, se entiende] para El desafío de Pancho Villa, dado que Yordan pensó que convenía aprovechar un gasto tan grande”, según recordaba su director en la larga entrevista que conforma el corpus central del libro dedicado a su persona Eugenio Martín, un autor para todos los géneros (Retroback & Séptimo vicio, Granada, 2008). El tal Yordan al que se refiere el cineasta ceutí no es otro que Philip Yordan, productor y guionista estadounidense ganador de un Oscar por el libreto de Lanza Rota, que a mediados de los años sesenta, y siguiendo los pasos de Samuel Bronston, se trasladaría a Europa, desde donde daría cobertura a un buen número de colegas represaliados por las listas del senador McCarthy, fijando su centro de operaciones en nuestro país. “Era una especie de negociante del cine, que quería ganar lo máximo invirtiendo lo mínimo”, le definía Martín en el libro coescrito por Carlos Aguilar y Anita Haas.
Casualidades del destino, unos años más tarde y ya de vuelta a los Estados Unidos, Yordan volvería a involucrarse en otro film de temática fantástica ambientado en un tren que, curiosamente, también terminaba por accidentarse al final del relato. El título en cuestión sería Noche en el tren del terror, y al igual que sucediera con Pánico en el Transiberiano, su realización estaría motivada por la firme intención de sus responsables de aprovechar cierto material existente. Pero mientras que tan señero representante del denominado terror de pipas destacaba, entre otras cualidades, por su cuidado acabado con respecto a los que solían ser los estándares habituales del estilo, Noche en el tren del terror lo haría por todo lo contrario, en gran medida a causa del afán oportunista con el que fue concebido el proyecto desde su propio origen.
Todo parece indicar que fue la inacabada Scream Your Head Off[1], dirigida por John Carr y protagonizada por John Phillip Law, el detonante para que esta película naciera y se llevara a cabo en los términos en que lo hizo. Tras la suspensión de su rodaje a causa de problemas financieros, su productor, Jay Schlossberg-Cohen, debió pensar que la mejor manera de recuperar el dinero invertido era utilizar el metraje rodado como base para una cinta de episodios. Con el fin de evitar gastos innecesarios a los que seguramente no podía hacer frente, para dar forma a los restantes segmentos el productor echó mano de dos películas ya estrenadas: The Dark Side to Love, también dirigida por Carr y producida por el propio Schlossberg-Cohen, y Cataclysm, cinta de temática satánica conocida asimismo con el título alternativo de Never Ends the Nightmare, que disfrutaría de una edición videográfica en nuestro país como Pesadilla interminable, dándose la coincidencia de que todos los films aludidos habían sido escritos por Yordan, lo que, unido a sus antecedentes, podría llevar a pensar que, en realidad, fue el guionista de Johnny Guitar[2] el que orquestó toda la operación desde las sombras.
Sin embargo, este extremo parece ser desmentido por las declaraciones del propio Yordan a Pat MGilligan en una entrevista realizada en 1997, en las que hablaba sobre su colaboración con una distribuidora situada en Minneapolis. “Era el escritor. No tengo ni idea si mi nombre constaría como productor o no”[3], explicaba. También exponía que dicha distribuidora[4] le había pedido un guion sobre un bigfoot. “Me dijeron, dame un guion sobre un Bigfoot y haré millones. Así que me senté y la escribí. Entonces me dijo: No, no, no, no lo has entendido. Tiene que ser una película para todos los públicos. Es para niños. Así que tuve que quitar todas las escenas terroríficas. (…) Nada de sangre, ni violencia, ni sexo, ni lenguaje obsceno. Entonces les dije, lo que realmente queréis es una película sobre nada. Y me contestaron: ¡Eso es! ¡Ahora lo entiendes! ¡Nada! ¡No quiero nada!”[5]. Si tenemos en cuenta que la película de la que habla es Cry, Wilderness,y que quien la dirige es precisamente Jay Schlossberg-Cohen, podemos hacernos una idea del papel que desempeñaba en las colaboraciones que mantuvo con éste durante la década de los ochenta[6], sino fuera porque ese mismo año, 1997, Yordan reclamó la titularidad de la película una vez Noche en el tren del terror cayera en el dominio público por cuestiones administrativas (seguramente por algún error de forma a la hora de inscribir su copyright), inscribiendola de nuevo a su propio nombre.
Fuera quien fuera su ideólogo, de lo que no hay duda es de que, aparte de su adecuación para los intereses perseguidos, en la elección del formato episódico de la película tendría mucho que ver el auge que por aquellas mismas fechas atravesaban las películas terroríficas a base de historias cortas, gracias a ejemplares de la popularidad de Creepshow, En los límites de la realidad o En compañía de lobos. Con todo, el espejo en el que se mira Noche en el tren del terror no se encuentra tanto en estos títulos coetáneos, como en las producciones de la para entonces extinta Amicus. Sin ir más lejos, la inclusión entre sketches de una especie de videoclip musical protagonizado por un grupo de la época (el cantante del cual se apellida, seguramente no por casualidad, Yordan) conecta con lo visto en El club de los monstruos, fallido intento de Milton Subotsky por reverdecer los laureles de la compañía de la que fuera propietario junto con Max J. Rosenberg. Por otra parte, la trama que sirve de nexo de unión a los tres segmentos[7], con Dios y Satanás discutiendo sobre la naturaleza del alma humana[8], mientras esperan a que descarrile el ferrocarril en el que se encuentran, recuerda, siquiera de forma lejana, al de la magnífica Doctor Terror, en la que otra figura metafísica, en su caso la Muerte, acompañaba a un grupo de viajeros en su trayecto hacia la otra vida a bordo de un tren[9]. Incluso algunas fuentes han contemplado la posibilidad de que este argumento sea una versión no acreditada de “Tren al infierno/Tren infernal” (“The Hellbound Train”), relato corto ganador de los prestigiosos premios Hugo en 1959 y escrito por Robert Bloch, a la sazón guionista habitual de la Amicus.
Ni que decir tiene que las aludidas connotaciones filosóficas que anidan en su planteamiento dramático no logran ocultar en ningún momento la auténtica catadura de un film que lo único que produce es vergüenza ajena, dada la extrema ineptitud de todos y cada uno de los apartados implicados, lo que es puesto de relieve a lo largo de los interminables noventa y ocho minutos que conforman su metraje. Y eso a pesar de sus denodados esfuerzos por despertar el interés del espectador a base de gore de baratillo y escenas de desnudos injustificadas y totalmente gratuitas. Pero ni por esas. De este modo, sus tres capítulos comparten una inconexa narración en la que si ya de por sí resulta complicado encontrar la lógica a su sucesión de acontecimientos, lo es aún más comprender las motivaciones de unos personajes que, la mayoría de las veces, entran y salen de la historia sin que medie explicación alguna.
Ni siquiera la aparición de un narrador en off consigue poner orden entre tanto desconcierto; por el contrario, además de dar la sensación de estar contemplando una especie de tráiler alargado, su inclusión viene a embarullar aún más las cosas. Fruto de ello son situaciones tan contradictorias como la que se da en la segunda de las historias, The Case of Gretta Connors, donde se narra la dramática historia de una bella muchacha convertida en actriz porno por un empresario sin escrúpulos, del que la joven trata de escapar para iniciar una nueva vida junto a su novio, pero que, sin embargo, parece disfrutar de los juegos mortales a los que el primero le obliga a participar en compañía del segundo, y que deja para el recuerdo una escena antológica en la que la pareja, junto a otros asistentes, se someten a una suerte de ruleta rusa con un mosquito enorme y venenoso[10]. La confusión es potenciada a causa de la repetición de algunos intérpretes en los diferentes sketches, siendo el ejemplo más significativo el de Richard Moll, actor que pocos años más tarde disfrutaría de cierta popularidad gracias a su papel de policía retrasado en la teleserie Juzgado de guardia, y que pasa de ser un sádico enfermero en el primer capítulo, para convertirse en el último en un polémico y exitoso escritor ateo, al que acosan por igual integristas religiosos y el mismísimo demonio encarnado.
Y es que esa es otra. Por si fuera poco, a sus deficiencias técnicas e ilógica narrativa hay que sumarle unos argumentos ridículos, plagados de situaciones desquiciadas y delirantes, empezando por el de The Case of Harry Billings, con John Phillip Law poniendo rostro a un interno de un psiquiátrico que, gracias a su apostura, es utilizado por el director de la institución para que le surta de atractivas jovencitas con las que llevar a cabo indeterminados experimentos que propician que las mujeres aparezcan atadas en camillas como Dios (el del tren, suponemos) las trajo al mundo, y siguiendo por el ya comentado de The Case of Gretta Connors, cuyo protagonista masculino queda prendado de la tal Gretta al admirar sus dotes “interpretativas” en una película para adultos. Una muestra muy ilustrativa del modo en el que la psicotronía planea a lo largo de un metraje que no se caracteriza, precisamente, por su poder de sintaxis, como, por otra parte, ocurre con esta reseña compuesta al igual que el film comentado a base de retales.
LA EDICIÓN
Noche en el tren del terror se presenta con un aspect ratio de 1.33:1, extensible también a los menúes del disco. Sin haber encontrado información al respecto en uno u otro sentido, todo parece indicar que este es el formato en el que se ideó la película originalmente, máxime teniendo en cuenta que, a pesar de que al parecer contó con una pequeña distribución en salas de cine, se trata de una producción dirigida principalmente para el incipiente mercado doméstico surgido a raíz de la llegada del video. Una sospecha que parece ser ratificada por detalles tan concretos como las imágenes de archivo utilizadas para mostrar el tren en movimiento. Rodadas en panorámico, aparecen acompañadas en los márgenes superior e inferior de la pantalla con las consabidas franjas horizontales destinadas a rellanar el vacio existente en el fotograma, con el fin de adecuarse a la planificación del resto de conjunto. Por lo demás, la calidad de imagen del master utilizado es bastante buena para un film de estas características, sin que existan deficiencias visuales dignas de ser reseñadas.
En cuanto al apartado sonoro, se compone de dos pistas en stéreo correspondientes a otros tantos idiomas. Por un lado se encuentra la versión original en inglés, la cual se escucha clara y limpia, más allá de ciertas imperfecciones derivadas del diseño sonoro del film, y que consisten, básicamente, en la evidente mezcla entre sonido original y de estudio que se produce en determinados fragmentos de la segunda historia. La otra pista la constituye la dedicada al audio en castellano, procedente de un doblaje videográfico bastante lamentable que, entre otras cosas, elimina los ruidos de ambiente y la banda sonora original, sustituyéndolos por otros. Como es lógico, como complemento a la pista en versión original se incluyen los pertinentes subtítulos en nuestro idioma, tan minuciosos que, incluso, traducen la letra de la machacona tonadilla que ejecuta el grupo musical en los entreactos. En su contra cabe señalar como en muchas ocasiones la duración de los subtítulos no se ajusta a la de los diálogos a los que acompaña, cortándose abruptamente mientras estos continúan, lo que provoca ciertas molestias para el visionado.
Aparte del film propiamente dicho, la edición se completa con una serie de materiales añadidos, de un corte similar a los ofrecidos como acompañamiento a La bestia de la noche amarilla. En primer lugar tenemos una divertida video-reseña a cargo de Victor Olid y Naxo Fiol en la que, gracias al poder del fast forward, se hace un rápido repaso por la película, amenizando la velada con infinidad de comentarios jocosos. Los mismos personajes están implicados en el cortometraje El hombre que odiaba el súper-8, una “xufla” de Fiol que hará las delicias de todos aquellos que odien el súper-8 o simplemente el cine en general. Por último, los extras se completan con un contenido únicamente accesible por medio del ordenador. Se trata del fanzine Trash Times, en el que nuevamente Naxo Fiol se encarga de comentar Noche en el tren del terror así como su “progenitora”, Pesadilla interminable, para terminar haciendo un sucinto repaso a las películas de episodios más bizarras y cutres de la década de los ochenta.
Juan Pedro Rodríguez Lazo & José Luis Salvador Estébenez
[1] Rodada originalmente en 1982, tras formar parte del metraje de Noche en el tren del terror, Scream Your Head Off sería lanzada individualmente en dos versiones, la primera de ellas a través de un montaje realizado por sus productores a partir del material existente, bautizado con el nombre inicialmente previsto. La segunda llegaría en 1992 con el título Marilyn Alive and Behind Bars, y estaría supervisada por el propio Carr. Según parece, se trata de un remontaje con nuevas tomas rodadas exprofeso con John Phillip Law y Francine York, neumática y ya madura actriz televisiva que de este modo se encargaba de incorporar el personaje de la mítica Marilyn Monroe a la historia. Por cierto que, a modo de curiosidad, cabe señalar que en las declaraciones recogidas en John Phillip Law. Diabolik Angel (Scifiworld & Quatermass, Pontevedra, 2008), el protagonista de El viaje fantástico de Simbad se refiere al proyecto original con el mismo nombre que recibe el capítulo al que da forma en la presente; es decir, The Case of Harry Billings.
[2] Aunque quizás deberíamos apuntar que la autoría de Johnny Guitar jamás quedó demasiado clara, debatiéndose entre éste y Ben Maddow, y a sabiendas que el propio Nicholas Ray realizó algunos cambios bastante significativos. Y es que lo cierto es que sobre Yordan circulan insistentes rumores de que, en realidad, siempre se sirvió de “negros” para efectuar sus labores. Algunos van más lejos y mantienen que lo único que escribió fueron los guiones que firmó durante su última época, lo que explicaría la abismal diferencia de calidad con respecto a sus trabajos más reputados.
[3]Backstory 2. Interviews with the Screenwriters of the 1940s and 1950s (Pat McGilligan, University of California Press, 1997).
[4] Suponemos, según http://www.imdb.com, que se trata de Visto International Inc., productora asimismo del título que nos ocupa.
[6] Colaboración que finalizaría con Bloody Wednesday (Marc G. Gilhius, 1987).
[7] Junto a esta trama, el resto de novedades que ofrecería el film con respecto a lo ya existente sería la inclusión en los conglomerados de insertos con dobles de los actores originales, así como planos de efectos por stop-motion, de lo más precarios y toscos, dicho sea de paso, tanto en su diseño como en su ejecución.
[8] Idea tomada directamente del film The Story of Mankind [tv: La historia de la Humanidad, 1957], de Irwin Allen, donde a Dios lo encarna Ronald Colman y al Diablo Vincent Price.
[9] Años después el círculo se cerraría con I tre volti del terrore, otro film de episodios de nacionalidad italiana cuya trama central homenajeaba abiertamente el film de Freddie Francis, y en el que el papel de maestro de ceremonias corría por cuenta de Phillip Law, protagonista, como se ha dicho, de uno de los segmentos de la presente.
[10] Y que, tal y como apuntan Victor Olid y Naxo Fiol en la video reseña que incluye la presente edición, bien podría haber inspirado a Juan Carlos Fresnadillo a la hora de rodar su ópera prima Intacto (2001).
FICHA TÉCNICA
Título original:Night Train to Terror
Año: 1985 (Estados Unidos)
Directores: Jay Schlossberg-Cohen, John Carr (The Case of Harry Billings & The Case of Gretta Connors), Phillip Marshak, Tom McGowan, Gregg C. Tallas (The Case of Claire Hansen)
Productor: Jay Schlossberg-Cohen
Guionista: Philip Yordan
Fotografía: Hal Trussell
Música: Eddy Lawrence Manson
Intérpretes: Tony Giorgio [acreditado como Lu Sifer] (Satan), Ferdy Mayne [acreditado como God] (Dios), Barbara Wyler (Mujer en la ventana), Jamie Scoggin (Hombre en la ventana), Stacey Lyons, Linda Maderas, Melanie Montilla, Chantel Morogeus (Bailarinas), Byron Yordan (Cantante), Richard Sanford, Lori Bell, Marlie Clark, Rick Arbuckle (Grupo de música), Angela Nicoletti, Dina Lee Russo (Coristas), Earl Washington (Revisor), Gabriel Whitehouse (Conductor); The Case of Harry Billings: John Phillip Law (Harry Billings), Richard Moll [acreditado como Charles Moll ] (Otto), Eva Hesse (Mujer de Harry), Sharon Ratcliff (Dr. Fargo), Arthur M. Braham (Dr. Brewer), Lisa Watkins (Verna, la camarera), Charles Parker (Cliente del bar), Micki Anne Corbin, Carla Marlanee, Donna Grillo, Amy Sussman, Merideth Kennedy, Peter Creadick; The Case of Gretta Connors: J. Martin Sellers (George Youngmeyer), Merideth Haze (Gretta Connors), Rick Barnes (Glenn Marshall), Anne Fairchild (Condesa Pacelli), Mark E. Ridley (Príncipe Flubutu), William Charles (Federico Schmidt), Barbara De Vandre, Evan A. Stoliar (Pareja en el parque), Joe Sheron (Jefe secuestradores); The Case of Claire Hansen: Cameron Mitchell (Teniente de policía), Marc Lawrence (Sr. Weiss / Dieter), Richard Moll [acreditado como Charles Moll ] (James Hansen), Faith Clift (Claire Hansen), Robert Bristol (Olivier), Maurice Grandmaison (Papini), Christie Starley [acreditada como Christie Wagner] (Anfitriona de la fiesta), Juan Luis Curiel (Sacerdote)…
Sinopsis: Durante una travesía a bordo de un tren nocturno el mismísimo Dios se reúne con su némesis, Satanás, con el único objetivo de discutir y finalmente determinar si el alma humana es bondadosa o malvada por naturaleza. Para ello decidirán juzgar tres casos distintos. El primero de ellos narra la terrible historia de Harry Billings, un hombre que ha sido encerrado en un sanatorio mental después de matar a su mujer en un accidente de coche. En la segunda historia, la libidinosa Gretta Connors introduce a su joven amante en un siniestro culto de gente fascinada con la muerte. Y en el relato final, Claire Hansen, una católica devota cuyo marido niega públicamente la existencia de Dios, deberá enfrentarse con un aprendiz del diablo cuyo único objetivo es la destrucción de la humanidad.
* Todas las imágenes que acompañan al presente artículo están sacadas de la edición reseñada.
Productores: Sam Raimi, Bruce Campbell, Rob Tapert.
Guionistas: Fede Álvarez, Rodo Sayaques, Diablo Cody [sin acreditar].
Fotografía: Aaron Morton
Intérpretes: Shiloh Fernandez (David), Lou Taylor Pucci (Eric), Jane Levy (Mia), Jessica Lucas (Olivia), Elizabeth Blackmore (Natalie), Jim McLarty (Harold)…
Sinopsis: Un grupo de jóvenes deciden aislarse en una cabaña situada en medio del bosque para ayudar a Mia a superar su drogodependencia. Sin embargo, uno de ellos lee un misterioso libro llamado Necronomicon y despierta los demonios dormidos que habitan en los alrededores.
Fede Álvarez acaparó las miradas de Hollywood gracias a Ataque de pánico, un corto de bajísimo presupuesto que dirigió y colgó en YouTube. Tras recibir una cantidad de visitas envidiable – en estos momentos lleva más de siete millones de visionados -, Sam Raimi, al igual que había hecho Peter Jackson con Neil Blomkamp y su Distrito 9, pensó en producir la traslación al largo de Ataque de pánico, pero quizás alentado por la cantidad de fans que le pedían a gritos una nueva entrega de Evil Dead[1], se decidió por poner en marcha el remake de su ópera prima y que el director uruguayo se encargase de actualizarla con un presupuesto de 14 millones de dólares. Resulta inevitable que se formulen algunas preguntas al respecto: ¿es necesario un presupuesto tan elevado para realizar una buena película de terror? Fede Álvarez ya había demostrado que podía conseguir mucho con muy poco y ya no digamos Sam Raimi, pero así son los misterios de Hollywood y la actualización de un clásico del terror como Posesión infernal no iba a ser menos que las revisiones de Las colinas tienen ojos, Pesadilla en Elm Street o Viernes 13[2].
Pues bien, en respuesta de esta pregunta, se podría decir que el realizador uruguayo ha conseguido una película de terror de lo más efectiva y que devuelve de algún modo el gore más salvaje a una producción mainstream, aunque también es verdad que el director francés Alexandre Ajá ya había allanado el camino con sus respectivas revisiones hollywoodienses. También es verdad que la nueva Posesión Infernal reactualiza la trama, la transforma y enriquece, inculcando profundidad a los personajes, algo de lo que carecía la original, en la que sólo el personaje de Bruce Campbell tenía algo de peso dramático. En este caso, Fede Álvarez junto a su habitual coguionista Rodo Sayagues, ha decidido utilizar la cabaña en mitad del bosque como escenario para que una joven llamada Mia (Jane Levy) pase el mono de su desintoxicación junto a sus amigos y su hermano, que le servirán de apoyo e impedirán que ésta abandone su nuevo intento por limpiarse. En este aspecto, el Posesión Infernal de Álvarez acierta de pleno al otorgar el protagonismo que se merece al personaje que vendría a equivaler al de Cheryl (personaje que encarnó la maravillosa Ellen Sandweiss en los años ochenta) y coloca al espectador frente a una situación de pura tensión: en esta ocasión, la primera en ser poseída no puede abandonar la cabaña porque, primero, debe aislarse del exterior ante la amenaza de una recaída; y segundo, nadie parece tomarse en serio a Mia porque piensan que sus terroríficos delirios son causados por los típicos efectos del síndrome de abstinencia. Por lo tanto, la casi desconocida Jane Levy ensombrece con poderío al resto del reparto – del que apenas se puede salvar a Lou Taylor Pucci y Jessica Lucas -, y se erige como la digna villana y anti heroína de la película.
También cabe destacar la sabía utilización de los elementos más recordados de toda la trilogía: desde las amputaciones que se podían ver en la segunda parte, a la de disociación de la parte maldita del poseído de El ejército de las tinieblas, con esos Ash luchando entre sí. Eso sí, si algo ha aportado esta nueva versión al universo creado por Raimi es la automutilación, ya que a mitad de la película se multiplican hasta la exaltación, con unos efectos especiales artesanales bastante espectaculares que coquetean sólo en contadas ocasiones con los generados por ordenador.
Sin embargo, pese a los indiscutibles hallazgos que tiene, al tratarse de un remake siempre se cae en la inevitable comparación con la original, y es aquí donde la película de Álvarez pierde bastantes enteros. Primero porque a la hora de dirigir esta nueva versión, Álvarez parece encontrarse con el dilema de si seguir la visión de la original o cambiar drásticamente todo su universo, no haciendo ni una cosa ni la otra. En principio se muestra reacio a emplear planos del virtuoso Raimi – de hecho, apenas utiliza el plano de visión subjetiva que hizo famosa a la cinta original -, pero la inseguridad (lógica) que seguramente produce el estar revisando una película tan querida y recordada por los fans del género, parece obligar al realizador a terminar flirteando con el material que le precede. Esto es algo que no debería importarnos, pero en este caso concreto Fede Álvarez opta por un tan tono sobrio y una composición de planos tan cerrados, que los trucajes a los que nos tiene acostumbrados el director de Darkman no encajan demasiado bien. Por lo tanto, esas manifestaciones raimianas que se dan durante el film no hacen otra cosa más que entorpecer el resultado.Y ya no hablemos del peculiar sentido humor del que siempre ha hecho gala la trilogía original y del que Álvarez lamentablemente se distancia desde el principio, para terminar sometiéndonos a algunas gracias aisladas de lo más negras que, aunque se agradecen, no terminan de funcionar en el conjunto.
Los responsables pueden estar orgullosos con el resultado, incluso los fans de la cinta original podrán disfrutarla porque está plagada de guiños y homenajes[3], pero analizando el resultado con detenimiento uno se pregunta qué hubiera pasado si Álvarez hubiera demostrado algo más de personalidad y valentía a la hora de afrontar un reto como el que tenía entre sus manos.
Juan Pedro Rodríguez Lazo
[1] Actualmente Sam Raimi trabaja en el guión de la cuarta entrega de Posesión Infernal, porque según él, los fans así lo quieren… y no tiene ningún proyecto mejor que hacer.
[2] Aunque, todo hay que decirlo, el presupuesto de esta versión es inferior al de los de los títulos referidos.
[3] Aunque a nuestras salas no se haya distribuido en V. O., cabe destacar que se utilizaron las voces de Bob Dorian, Ellen Sandweiss y Bruce Campbell – este último además de productor, colaboró en el sonido de la película sin acreditación alguna, además de realizar una aparición estelar post-créditos.
A través de una edición numerada y limitada a cien unidades, “El buque maldito” ha hecho su irrupción en el campo editorial en DVD con el lanzamiento de Terror caníbal, una de las cimas del cine trash europeo. Como colofón al especial que venimos dedicando al nacimiento de este nuevo sello, a continuación ofrecemos un análisis de la edición y la película que han supuesto el bautismo de fuego de esta iniciativa consagrada a rescatar títulos olvidados de nuestra filmografía fantástica. Con todos ustedes: Terror caníbal.
LA PELÍCULA
Terror caníbal goza de cierto estatus en el mundo anglosajón, merced a su presencia en el listado de películas prohibidas por el Ministerio del Interior británico durante el gobierno Thatcher a causa de su contenido violento. Y eso que, a decir de diversos estudiosos, su prohibición estaría motivada por la referencia en su título a la palabra caníbal, lo que hizo pensar a las autoridades censoras que se trataba de una muestra equiparable en su crudeza a la de sus colegas italianas, siendo uno de los films más rápido en ser amnistiado: apenas un año y medio fue el tiempo en el que figuró como video nasty. Este relativo atractivo no ha evitado que, pese a todo, la cinta en cuestión sea considerada por los aficionados al subgénero como el peor exponente de todos cuantos surgieron al rebufo del éxito conseguido en todo el mundo por Holocausto caníbal. Y la verdad es que no es para menos.
Si una de las principales claves del impacto producido por el que fuera el título señero del estilo se encuentra en el realismo de sus imágenes, siendo incluso en su momento tomadas por ciertas –y en cierta manera lo son, ya que sus numerosas secuencias de violencia real contra animales son cien por cien auténticas-, tal cualidad brilla aquí por su ausencia. Por el contrario, desde un primer momento Terror caníbal hace gala de su condición de subproducto puro y duro, realizado sin mayor rigor que el de seguir la máxima del todo vale. A lo largo de su visionado, es evidente como la única preocupación esgrimida por sus responsables a la hora de llevar adelante el proyecto es la de dar al público aquello que pudiera buscar en una cinta de estas características, esto es, sexo y violencia, yéndose el resto del metraje en interminables caminatas de los personajes por el palmeral de Benidorm en el que se localizó su selva salvaje, y planos alargados ad nauseam con la poco disimulada intención de completar una duración estándar, lo que se traduce en un desarrollo de lo más aburrido y plúmbeo. Ni siquiera las consabidas escenas de gore consiguen despertar el efecto deseado, en gran medida por la notoria utilización de vísceras de ganado como si órganos humanos fueran.
Con todo, lo peor es la absoluta desidia con la que está planteado el conjunto. No es solo que sus fotogramas acumulen todos los defectos habidos y por haber en una producción de bajo presupuesto, como pueden ser los errores de continuidad, la inexistencia de una lógica interna en su historia, los personajes unidimensionales, o unas interpretaciones sobreactuadas en el mejor de los casos. Es que, en lugar de simular sus muchos defectos y limitaciones, como sería lo lógico, la película parece regodearse en ellos. Sirva de muestra del escaso cuidado puesto en su confección la repetición en diversas ocasiones de primeros planos de un moderno caníbal con patillas largas a lo Curro Jímenez, o la inserción de secuencias de archivo de fauna exótica destinadas a reforzar la ambientación, pero que lo único que consiguen es evidenciar su condición de postizo, debido a su diferente colorimetría y textura fotográfica. Eso por no hablar de una inapropiada selección musical encabezada por una especie de versión cumbia de “La bamba”. Y si bien el tono de su primera escena, en la que dos de los personajes principales tratan de forzar la puerta de un yate para percatarse pasados unos minutos de que se encuentra abierta, pudiera hacer pensar en una buscada comicidad, lo cierto es que la torpeza que preside el desarrollo de la película es imposible que pueda ser deliberada.
A la vista de sus cualidades, más interesante que redundar en los numerosos fallos de todo tipo que pueblan Terror caníbal, es el intentar desentrañar las circunstancias que rodearon su génesis. Coproducida por la francesa Eurocine, se trata en esencia de un intento de la productora por exprimir la moda iniciada por el éxito de Holocausto caníbal, como por otra parte ya se ha apuntado en un principio. No era el primer esfuerzo acometido por el clan de los Lesoeur en este sentido, ya que en aquellas mismas fechas habían participado en otras dos modestas producciones de similares características dirigidas por Jesús Franco en Alicante y protagonizadas por Al Cliver –nombre artístico del italiano Pier Luigi Conti -: El caníbal y Mondo cannibale. Y es en este punto donde comienza la controversia. Durante años, muchos atribuyeron al madrileño la realización de Terror caníbal basándose en los numerosos puntos en común que la presente guarda con sus dos incursiones en la temática antropófaga y, más concretamente, con la segunda de ellas, con la que comparte muchas de sus localizaciones y gran parte de los integrantes de su elenco actoral, entre los que se encuentran Antonio Mayans, Oliver Mathot o Pamela Stanford.
No obstante, el caso más significativo a este respecto lo representa la participación de la trasalpina Sabrina Siani, que pasa de ser la protagonista en Mondo cannibale a realizar aquí un pequeño cameo, de lo que se deduce la más que fundada posibilidad de un rodaje “back-to-back” a los que tan aficionado era el director de Gritos en la noche. Otro elemento más que parece apuntar en esta dirección son las declaraciones del propio Franco recogidas en la edición norteamericana en Dvd de su película, en las que comenta cómo la tribu de caníbales estaba formada por gitanos de la zona, lo que se corresponde con las manifestaciones efectuadas en este mismo en sentido por el teórico responsable de Terror caníbal, Julio Pérez Tabernero. No solo eso, sino que en las dos cintas los indígenas lucen unos maquillajes igual de estrafalarios, lo que a la postre facilitó la reutilización por parte de la presente de planos prestados por su “hermana”, y que se entremezclan junto a otros que por planificación y movimiento recuerdan sospechosamente a la puesta en escena del tío Jess. Preguntado por este particular, Franco ha negado siempre cualquier responsabilidad sobre el fruto resultante, a través de dos diferentes versiones: o bien ha negado cualquier tipo de implicación o, en su defecto, ha reconocido ser un proyecto propio del que acabó por desentenderse antes de que se pusiera en macha, un poco a la manera de lo ocurrido en la coetánea El lago de los muertos vivientes, otra película de Eurocine ideada por él, pero rodada finalmente por Jean Rollin.
Entonces, ¿quién fue el auténtico director de Terror caníbal? Una vez más las informaciones no parecen ponerse de acuerdo. Mientras que en la versión española es acreditado el mencionado Pérez Tabernero, en la internacional su nombre es sustituido por el de Allan W. Steeve, seudónimo tras el que se esconde Allain Deruelle, director procedente del cine para adultos que también interpreta un pequeño papel en la cinta como Pedro, el hombre al que el personaje de Pamela Stanford recurre después de ser violada para que denuncie a las autoridades el secuestro de la niña que sirve de hilo argumental a la trama. Así las cosas, la presencia de Pérez Tabernero como director bien pudiera responder a una triquiñuela legal destinada a cumplir los requisitos marcados por la legislación española, nada raro teniendo en cuenta que había protagonizado otra jugada similar en asociación con Eurocine para el estreno en España bajo el título de Lady Porno de la película erótica de Jesús Franco Midnight Party[1]. Sin embargo, tal extremo parece ser desmentido por las últimas entrevistas realizadas al otrora actor, en las que se arroga en solitario la paternidad de la criatura, y que contrastan con otras voces que sostienen que la dirigió junto al actor Olivier Mathot, quien da vida en la película al padre de la niña.
¿Cuál de las diferentes teorías es la correcta? Puestos en esta tesitura, lo más sencillo es considerar que ninguno de los tres candidatos mienta y que, por tanto, Deruelle, Tabernero y Mathot asumieran a título individual parte de la filmación en distintos momentos. En primer lugar, porque nadie en su sano juicio reclamaría para sí la autoría de semejante producto de no ser un hecho cierto y, segundo, porque ello explicaría la falta de coherencia existente de un plano a otro, a tal punto de dar la sensación de que, efectivamente, el director de turno no tenía en cuenta planificación alguna. Puestos a lanzar hipótesis, lo más probable es que la película fuera proyectada con el único afán de aprovechar los excedentes de la ya de por sí paupérrima Mondo cannibale y que su rodaje se produjera en los descansos de esta. Sea como fuere, de lo que no hay duda es que los resultados de Terror caníbal son un fiel reflejo de tan embarullada gestación.
LA EDICIÓN
Por primera vez en nuestro país, “El buque maldito” ofrece el montaje íntegro de Terror caníbal, con todos los planos de gore y desnudos suprimidos para su exhibición en España. Para tal fin todo parece indicar que se ha partido de dos fuentes distintas. Así, los títulos de crédito pertenecerían a una copia de la versión española, cuya mala calidad, en teoría, explicaría el que los genéricos estén solventados a base de fotos fijas de los mismos, como medida de urgencia. Una vez iniciada la historia la cosa mejora ostensiblemente gracias a la utilización de un nuevo máster, tal y como se puede percibir por el momentáneo desajuste que se produce en la pantalla en el instante del cambio. De más que presumible procedencia estadounidense, por los motivos que ahora veremos, su calidad es bastante buena, sobre todo teniendo en cuenta el no demasiado esmero que acusa la labor de su director de fotografía acreditado, Emilio Foriscot. Lástima que, a causa de una mala conversión entre el formato NTSC norteamericano, en el que presuntamente estaría el original, y el PAL europeo, la copia se vea afectada por el denominado efecto “ghosting”, es decir, la aparición de una especie de estela en determinadas escenas con movimientos laterales de cámara y/o actores. Por lo demás, la imagen es ofrecida respetando el a.r. de 1.85:1 con el que originalmente fue concebida la película, disfrutando además de mejora anamórfica.
El apartado sonoro, por su parte, está formado por tres pistas en estéreo correspondientes a los doblajes en español, inglés y alemán. Todos ellos se escuchan de una forma clara y nítida, sin que se detecten defectos reseñables. A modo de curiosidad, cabe señalar que la inclusión de material ausente en el montaje original patrio propicia la presencia en la pista española de un pequeño fragmento en lengua inglesa. Aunque del todo intrascendente, se habría agradecido la confección de unos subtítulos forzados en castellano para acompañar esta parte. No obstante, se trata en cualquiera de los casos de un mal menor, ya que, como decimos, es un único diálogo que en nada afecta el correcto seguimiento de la historia.
Al margen de la película, la edición también incluye una serie de materiales extra cuyo principal atractivo se encuentra en una entrevista de diez minutos de duración a Julio Pérez Tabernero, en la que se repasan diferentes aspectos relacionados con la película. Muy ilustrativa de la óptica mercantilista con la que fue llevada a cabo el film gracias a la franqueza mostrada por su protagonista en cada una de sus intervenciones, en ella el otrora actor vuelve a atribuirse en solitario su autoría. En cuanto al resto de contenidos se ajustan a lo que viene siendo habitual en estos apartados, si bien su confección no se limite a cubrir el expediente, como por otra parte suele ocurrir con suma frecuencia en estos casos. Las típicas filmografías de sus principales implicados formadas por un puñado de títulos se convierten así en un completo recorrido por la carrera cinematográfica de Pérez Tabernero y dos de los protagonistas, Antonio Mayans y Silvia Solar, siendo especialmente destacable el caso del primero, en el que se cubre su cuádruple faceta de actor, director, productor y guionista. Lo mismo ocurre con la galería fotográfica, ilustrada con una reproducción de los fotocromos originales del estreno del film en España. A todos estos materiales se les une, además, el trailer internacional, aunque afectado también por desgracia del efecto “ghosting”, si cabe de un modo más notorio a como se da en la película. Todo ello es contenido en un DVD5 presentado en estuche amaray con carátula a color, indicándose en su parte trasera el número de la copia escrito a mano.
José Luis Salvador Estébenez
[1] No sería la única vez que Tabernero firmaría una película de nuestro más prolífico cineasta. Por ejemplo, en la copia estrenada en Italia de Mondo Cannibale es acreditada su realización a su persona, en detrimento de su verdadero director, dentro de la fórmula habitual en el país trasalpino al tratarse de una coproducción dirigida por un extranjero, atribuyendo su paternidad a un cineasta local, en este caso Franco Prosperi.
FICHA TÉCNICA
Título original:Terror cannibal / Terreur cannibale
Año: 1980 (España, Francia)
Director: Alain Deruelle [acreditado en la copia internacional como A.W. Steeve], Julio Pérez Tabernero [acreditado en la copia española], Olivier Mathot [no acreditado]
Productor: Daniel Lesoeur
Guionistas: Julio Pérez Tabernero, Marius Lesoeur, Jesús Franco [no acreditado]
Fotografía: Emilio Foriscot
Música: Jean-Jacques Lemètre
Intérpretes: Silvia Solar (Señora Danville), Gérard Lemaire, Pamela Stanford (Manuela), Olivier Mathot (Señor Danville), Bertrand Altmann, Stan Hamilton, Antoine Fontaine, Antonio Mayans (Secuestrador violador), Michel Laury, Annabelle (Laurence Danville), Mariam Camacho, Antonio Jover, Amparo Marsilla, Montserrat Salvador, Sabrina Siani, Bernard Thébault, Chris Yebenes, Alain Deruelle (Pedro)…
Sinopsis: Florence Danville, hija de un potentado industrial, ha sido secuestrada. Sus tres raptores se ven obligados a sacarla del país y llegan finalmente a un desconocido lugar habitado por una tribu de feroces caníbales.
* Todas las imágenes que acompañan al presente artículo están sacadas de la edición reseñada.
Guionistas: Gene Roddenberry, a partir de la novela de Francis Pollini
Fotografía: Charles Rosher Jr.
Música: Lalo Schifrin
Intérpretes: Rock Hudson (Michael ‘Tigre’ McDrew), Angie Dickinson (Betty Smith), Telly Savalas (Capitán Sam Surcher), John David Carson (Ponce de Leon Harper), Roddy McDowall (Sr. Proffer), Keenan Wynn (Jefe John Poldaski), James Doohan (Follo)…
Sinopsis: En una escuela secundaria de California, Michael ‘Tigre’ McDrew, entrenador del equipo de fútbol, mantiene relaciones sexuales con sus alumnas aprovechando su condición de consejero estudiantil; asimismo, anima a su compañera, la señorita Smith, a confraternizar también con el alumnado con el propósito de resolver los problemas sexuales de un estudiante, Ponce de Leon Harper, al que el entrenador ha decidido tomar bajo su tutela. Cuando algunas alumnas comiencen a ser asesinadas, ‘Tigre’ McDrew se convertirá en el principal sospechoso.
Es obvio que el éxito de Easy Rider (En busca de mi destino) en 1969 tuvo una importancia capital en la génesis de lo que se dio a llamar unos años más tarde “el nuevo Hollywood”: con la perspectiva que da el tiempo, la falta de renovación en los temas que dominó la segunda mitad de la década de los 60, causante de que el público acudiera cada vez menos a los cines, puede achacarse sin duda a la manifiesta incapacidad de los grandes estudios a la hora de conectar con la sensibilidad y los gustos de la sociedad de su época; en los tiempos de Woodstock y el amor libre aún se seguían produciendo musicales tan aparatosos, además de alejados de la realidad de aquellos días, como La estrella (Star!, 1968) de Robert Wise, La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint Your Wagon, 1969) de Joshua Logan o Hello, Dolly! (Hello, Dolly!, 1969) de Gene Kelly.
Aún cuando se evidenciaba cada vez más que las viejas fórmulas de siempre empezaban a estar desgastadas, la industria del cine se revelaba completa y lastimosamente incapaz de acometer cualquier intento de regeneración: sin embargo, después del éxito (tanto crítico como comercial) del icónico film de Hopper, los estudios cayeron al fin en la cuenta de que aún cabía la posibilidad de seguir llenando las salas (sin arriesgar demasiado dinero, además), siempre y cuando se trataran los tres temas principales que hasta ese momento habían sido tabú dentro de los márgenes del cine más comercial: drogas, sexo y/o rock ‘n’ roll.
Los comienzos de los 70, cuando ya parecía que había llegado la horade dejar de lado las cortapisas éticas y morales que habían dominado el cine de Hollywood durante casi cuarenta años, propiciaron situaciones tan interesantes e inéditas hasta la fecha comoque un cineasta como Russ Meyer fuera fichado por la Fox para filmar Beyond the Valley of the Dolls (1970), o que la misma compañía diera luz verde a una idea tan bizarra como la adaptación de Myra Beckenridge, novela sobre cambio de sexo de Gore Vidal, en la que Raquel Welch encarnaría (nunca mejor dicho) a un travestí, siendo acompañada además por figuras del viejo Hollywood como Andy Devine, John Carradine, John Huston o Mae West (¡¡¿?!!).
Como se puede apreciar por la paradójica naturaleza de estos proyectos, y a pesar de lo evidente de cierto aperturismo en las materias a tratar, el sistema aún seguía reacio a dar la alternativa a las nuevas generaciones de cineastas, y continuaba jugando sobre seguro recurriendo a su plantilla habitual de estrellas y actores secundarios: en el caso del film que nos ocupa, esto resulta evidente sólo con echarle un vistazo tanto a su reparto como a su máximo responsable, el productor y guionista Gene Roddenberry (cincuentón por aquella época) que requirió de los servicios de Roger Vadim (cuya última película había sido Barbarella) para que se encargara de la dirección.
La historia de la película, las andanzas paralelas del joven que busca vencer su timidez sexual con ayuda de una profesora, y la del entrenador que utiliza su estatus para “beneficiarse” a sus alumnas – a la vez que éstas van cayendo a manos de un “misterioso” asesino – muy bien podría interpretarse como una metáfora del abuso de poder que por aquellos años las instituciones ejercían, y habían ejercido, sobre la juventud americana. Por desgracia o por fortuna, y a pesar de lo escabroso de su tema, Querido profesor no es todo lo transgresora que cabría esperar y, en el fondo, sigue siendo un film de Hollywood: no difiere demasiado de la estructura del cine y la televisión que los USA nos ofrecían por aquellos años, siendo de este modo absolutamente fútil la búsqueda de rebuscadas interpretaciones o segundas lecturas más allá de lo que vemos en pantalla.
En cuanto a su intento de mezcla genérica, la comedia derivada de los equívocos sexuales entre Ponce de Leon y la señorita Smith es tan ingenua, obvia y tontorrona que haría enrojecer de vergüenza hasta al mismísimo Mariano Ozores, no siendo demasiado superior en calidad e intenciones a las constantes de la comedia sexy all’italiana que se desarrollaría en el país trasalpino durante las dos siguientes décadas, resultando bastante más pueril en todo caso: aparte, y a pesar del alto grado de atractivo que tanto Hudson como Dickinson aún conservaban a principios de la década, sus respectivos escarceos con estos jovencitos, a los que como mínimo doblaban la edad, conllevan más connotaciones siniestras o perversas que excitantes o genuinamente eróticas.
Por otro lado, la investigación policial comandada por el personaje de Telly Savalas (¿quizás un anticipo del Kojak televisivo?) resulta ridícula y totalmente inútil en el sentido de que en la trama jamás se establece ninguna clase de whodunit (entre otras cosas, por lo demasiado sencillo que resulta atisbar desde un primer momento quien es el verdadero responsable de los crímenes) revelándose así estas secuencias como de relleno, intercambiables entre sí y totalmente accesorias, ya que además en momento alguno hacen avanzar la trama. Aún teniendo en cuenta estas deficiencias al menos se puede alegar en defensa del film que éste raramente aburre – la profusión de personajes y alternancia de situaciones no da lugar a ello – y su estructura episódica, de reminiscencias casi televisivas (ahí se palpa la mano de Roddenberry en el guión), le otorgan cierto ritmo y ligereza que consigue que seamos más indulgentes con sus imperfecciones.
En cuanto al reparto, y aunque no se puede calificar más que de espectacular y bastante sólido, es de justicia reconocer que tan sólo Rock Hudon se esfuerza en salirse del estereotipo en el que quedan estancados el resto de intérpretes de la cinta, pareciendo ser el único actor consciente de las intenciones del film en el que estaba trabajando: el protagonista de Obsesión nos ofrece aquí un convincente cambio de registro con respecto a lo que nos tenía acostumbrados hasta la fecha, en la composición llena de matices de este entrenador mezcla de figura paterna, epítome de la masculinidad (no creo que sea achacable a la casualidad que su personaje se llame Tigre) y, finalmente, ávido depredador sexual de toda la inocencia que le rodea. Es una lástima que Hudsonno tuviera en los años venideros demasiadas oportunidades a la hora de demostrar su verdadera valía, teniéndose que refugiar como tantas estrellas en decadencia en el ámbito de la televisión, en el que cosechó grandes éxitos con la serie McMillan y esposa.
En resumidas cuentas, en su desequilibrado e imperfecto empeño de combinar sátira sexual, comedia negra y thriller criminal, Querido profesor da continuamente la sensación de no tener realmente una meta fija sobre aquello que nos quiere contar y, lo que es peor, ni siquiera en cómo quiere contárnoslo: la dirección de Vadim se revela eficaz pero también alarmantemente falta de estilo, aunque al menos no peca en (casi) ningún momento de pretenciosidad. Sin embargo, por su condición única de rareza (inequívoco e irrepetible producto de una confusa era de transición), creo que puede resultar sumamente interesante para todo aquel espectador que anteponga la curiosidad cinéfila sobre otras exigencias.
Título original:Al Pereira vs. the Alligator Ladies
Año: 2012 (España)
Director: Jess Franco
Producción: Jess Franco (Manacoa Films), Ferran Herranz (Pellicules et essai)
Guionistas: Jess Franco, Antonio Mayans
Fotografía: Fernando Barranquero
Música: Pablo Villa
Montaje: Jess Franco, Dani Salama
Intérpretes: Antonio Mayans (Al Pereira), Irene Verdú (Alligator Lady 1), Carmen Montes (Alligator Lady 2), Paula Davis (Alligator Lady 3), Luisje Moyano (Sal Pereira), Naxo Fiol (Reñueles), Mariví Carrillo (Agripina), Nestora Robles (Wo Man Chu)
Sinopsis: Al Pereira, otrora un detective seductor y amoral, se ha ido haciendo cada vez más de derechas con el paso de los años, hasta convertirse en un defensor a ultranza de la moral y el recato. En su camino se cruzan las Alligator Ladies, unas hermanas abanderadas de la desvergüenza y el pecado, enviadas por su padre, el Dr. Fu Manchú, para traer de vuelta a Pereira al lado oscuro.
Mirad bien en el espejo y lo entenderéis. El hombre del espejo es, por supuesto, Jess Franco, dirigiendo su última película desde el otro lado del mismo (lo que a su vez constituye el título de su esencial thriller psicoanalítico de 1973, Al otro lado del espejo). Al Pereira vs. the Alligator Ladies no es sólo la visita más reciente a su detective privado favorito, sino también la más anárquica, o como ha afirmado recientemente el director, el intento de hacer “un tipo de cine totalmente libre”. Una cosa es segura: es la obra de un hombre totalmente libre, y tenemos el placer de ver cómo se lo pasa en grande mientras hace la misma película que nosotros estamos mirando.
Arrancamos con Al (Antonio Mayans) revolviéndose en la cama en medio de una pesadilla, y el resto de la película proyecta al espectador en el estadio de sus sueños, poblados por putas, monjas locas, tullidos, personajes dobles y el propio director, que o bien se interpreta a sí mismo, o bien a un director que está haciendo una película de detectives tan divertida como surrealista (o dadaísta, según Francesco Cesari). Si buscáis una “trama” como tal, seguid buscando en otro sitio. Lo que tenemos aquí es otra de sus charadas cíclicas y experimentales que destruyen todo género, sobre cimientos tan deliciosos como los de El sexo está loco (1980), otro viaje en sueños al subconsciente de Jess Franco.
Vienen a la mente el cine de espejos de Douglas Sirk, la trilogía de Orfeo de Jean Cocteau o El fantasma de la libertad, de Luis Buñuel, pero Al Pereira vs. the Alligator Ladies es un millón por ciento Jess Franco. Hay multitud de desnudos y de bailes eróticos (con Carmen Montes especialmente hechizante como la Alligator Lady morena), pero el sexo no es lo realmente importante aquí. El sexo está loco en el sentido de que es otro estado del ser, una actividad trascendente que deja a un lado la realidad fenomenológica. Las obras más personales y memorables de Jess Franco tienen lugar en un mundo que es más una imitación de la vida que una réplica de la misma. Sea en los mundos de cómic de Lucky el intrépido (1967) y Los blues de la calle Pop (1983), o en el gótico hollywoodiense bis de Drácula contra Frankenstein (1971), o en las travesuras llenas de desnudos a lo fumetti neri de La maldición de Frankenstein (1972), Franco crea realidades alternativas y las puebla con figuras provenientes de su propia imaginación empapada de cine. En Al Pereira vs. the Alligator Ladies trabaja casi totalmente en un espacio negativo (en el sentido de un espacio reflejado en un espejo), e incluso físicamente habita ese espacio. Es un lugar de placer y creatividad, donde obviamente se siente más cómodo y con más fuerzas.
El gran Antonio Mayans, compañero de viaje de Jess Franco durante tantos años como actor, jefe de producción o socio en general, conoce a Al Pereira suficientemente bien como para indicar sus miedos ocultos, su impulsividad y su aislamiento existencial del resto del mundo. Este detective no tan hardboiled fue interpretado por primera vez por el inmortal Eddie Constantine en Cartas boca arriba (1966), y desde entonces han estado en su piel Howard Vernon (Les ebranlées, 1972) o el propio Franco (Downtown, 1975). En la presente encarnación, el personaje puede ser tanto un voyeur como un monologuista cómico en un mundo que podría haber sido diseñado por Salvador Dalí con puesta en escena de Jean-Luc Godard. Al final, en el gran salón comedor que de golpe se convierte en un circo de tres pistas felliniano (cf. Ocho y medio), el actor Antonio Mayans y el personaje de Al Pereira parecen disfrutar por igual de su viaje alucinante, mientras Jess grita sus directrices desde fuera de campo. Con temas musicales que recorren 50 años de filmografía del director (y Al Pereira… marca 60 años de trabajo en la industria del cine), los sonidos de Jess Franco son tan familiares como sus personajes e imaginería, y a su vez esta película atraviesa los límites de la Cuarta Pared del cine, la dicotomía ficción/documental y los modos convencionales de representación. También sigue utilizando lo que yo llamo el Código Secreto de Jess Franco. Por ejemplo, el plano que abre el film es un zoom sobre un barco en el mar. Esta es una imagen a la que se recurre casi obsesivamente en sus películas, desde La comtesse noire a Gemidos de placer, Barbed Wire Dolls o Al otro lado del espejo. ¿Una imagen de evasión? ¿De romance? ¿Una referencia al proyecto abortado de La isla del tesoro que Orson Welles y Franco planeaban rodar a mediados de los años 60? Quién sabe. Lo importante podría ser que, en realidad, no importa. Lo único que importa a Jess Franco es amar el cine… y hacer películas.
No paré de sonreír a lo largo de Al Pereira vs. the Alligator Ladies. Es un experimento relajado sobre el cine puro, el cine personal, el cine sin presupuesto. Algunos dirán que no es cine en absoluto. Una anti-obra maestra del anti-cine.
Intérpretes: Jaime Foxx (Django), Christopher Waltz (Dr. King Schultz), Leonardo DiCaprio (Calvin Candie), Kerry Washington (Broomhilda), Samuel L. Jackson (Stephen), Walton Goggins (Billy Crash), Don Johnson (Big Daddy), Franco Nero (Amerigo Vessepi).
Sinopsis: Un dentista reconvertido en cazarrecompensas llamado Dr. King Schultz, le promete a Django, un esclavo negro, dejarlo en libertad si éste le ayuda a dar caza a unos asesinos que le separaron de su esposa Broomhilda.
Si existe un género clásico por excelencia, ese es el western. Puede que por ese motivo cualquier intento de “modernizarlo” haya sido duramente criticado. De eso sabe bastante Alex Cox, director de Directos al infierno y de uno de los westerns más arriesgados (e incomprendidos) de la historia del cine, Walker (una historia verdadera), o, sin ir más lejos, el mismísimo Sergio Leone, creador del “spaghetti western”, lo que en su momento le valió ser objeto de duras críticas. Ha tenido que pasar un tiempo prudencial para que se reconociera la calidad de sus filmes y para que su nombre comenzara a asociarse sin temor al de otros maestros del género de la talla de John Ford o Howard Hawks. Sin embargo, la cantidad de producciones baratas que surgieron a raíz de la Trilogía del Dólar lo tuvieron más difícil; de hecho, el mismísimo director de Por un puñado de dólares renegaba de la mayor parte de ellos[1].
Aunque hubiera algunos ejemplos de gran calidad que intentaban de algún modo seguir el camino de Leone, la crítica, siempre reticente, ha tenido que aguardar bastantes decenios para saber apreciarlos como es debido. De entre todas esas apuestas, una de las más significativas es Django, que aun no siendo demasiado original en su trama, tiene ciertos aspectos que dotan al conjunto de un aura deprimente y funesto (el protagonista, encarnado por Franco Nero, viaja con un ataúd en el que esconde una ametralladora), cambiando el típico paisaje seco del western por un poblado enfangado y lleno de barro, y subvirtiendo la iconografía propia del género por medio de un protagonista que, en vez de a caballo, se desplaza de un lugar a otro andando. El tremendo éxito cosechado por este film de Sergio Corbucci – que más tarde ambientó otro western en otro paisaje atípico (en la nieve) en la excelente El gran silencio -, propició a su vez que más de una treintena de films bastardos aprovecharan el nombre del protagonista para tener una mejor comercialización en el extranjero, caso de Oro maldito (Giulio Questi, 1967) – retitulada como Django Kill! en Reino Unido, o Una larga fila de cruces (Sergio Garrone, 1967), conocida como Hanging for Django.
Con la entrada del nuevo milenio, el nombre de Django todavía sigue al pie del cañón (y nunca mejor dicho) e incluso ha cruzado gran parte del globo terráqueo para que Takashi Miike hiciera su particular revisión en Sukiyaki Western Django[2], un neowestern en el que, no es casualidad, ya salía Quentin Tarantino en un breve y divertidísimo papel. Pero esa no era la única vez que el director de Pulp Fiction se inmiscuía en una película con ecos al film de Corbucci. Ahí tienen a ese mariachi que guardaba armas en la maleta de su guitarra, de su buen amigo Robert Rodríguez, y en la que no tuvo objeción alguna en realizar un breve papel en Desperado, segunda parte de la trilogía que compone junto a El mariachi y El mexicano. No es de extrañar que Tarantino, fan confeso del spaguetti western[3], se haya decidido a abordarlo y, tal y como ya hiciera en su anterior trabajo, aproveche el título de una película italiana de género para aderezarlo con multitud de influencias cinematográficas que nada tienen que ver con ella, dando como resultado un film totalmente diferente. Pero no, mejor no tratar lo multirreferencial que es QT, de eso ya se ha hablado hasta la saciedad, sino de la capacidad de éste para reinterpretar algo tan sagrado como es el “western” y, lo más importante, que lo haya hecho con éxito.
Tarantino, que -recordemos- debutó tras las cámaras de la mano de Monte Hellman – director del westernA través del huracán [vd/dvd: Forajidos salvajes], el eurowesternClayton Drumm o el arriesgado neowestern El tiroteo -, parece haber pulido su faceta de guionista hasta llegar a armar toda una historia de la que se queda uno cautivado a los pocos minutos de haberla empezado. Estamos de acuerdo en que Django desencadenado no es su mejor trabajo: su Django (Jamie Foxx) no está todo lo bien construido como debiera y queda ensombrecido por unos secundarios deslumbrantes (desde Christopher Waltz a Leonardo DiCaprio, pasando por un Samuel L. Jackson en plena forma); Broomhilda, el amor de Django que interpreta la bella Kerry Washington, apenas tiene unas líneas de diálogos y su presencia a veces pasa desapercibida algo que, si volvemos la vista atrás, nunca antes había ocurrido en las anteriores películas de Tarantino con un personaje femenino de cierta relevancia[4]; el (sangriento) tiroteo final está muy alejado de las intrépidas escenas de acción vistas en Kill Bill Vol. 1 o Malditos bastardos, y da la impresión de haber sido alargada innecesariamente; o, ya para finalizar, el cameo de Franco Nero (recordemos, el Django original) es de lo más decepcionante, hasta el punto de que casi hubiera sido mejor que Tarantino hubiera hecho algo similar a lo que hizo con Castellari en la ya mencionada Malditos bastardos.
Sin embargo, pese a todos estos inconvenientes, Django desencadenado es la película en la que Tarantino muestra mejor capacidad para tratar las situaciones que se viven en ella, y los diálogos entre los distintos personajes son del todo ceremoniosos. Cada una de las palabras de Django desencadenado son música para los oídos, y eso es lo que definitivamente ha cambiado en el cine de Tarantino. Algo que poco a poco hemos ido viendo progresivamente a lo largo de su filmografía, y que en Malditos bastardos era más que plausible. Quentin Tarantino es más que un artista multirreferencial, es un escritor en toda regla capaz de engatusarte con lo que dice y, lo más importante, por cómo lo dice. Al principio de su carrera parecía imposible (o poco probable) que el autor de Reservoir Dogs fuera capaz de crear momentos tan deliciosamente cómicos y desternillantes como el de las capuchas y Don Johnson, o mantenerte en tensión durante una cena en la mansión del personaje interpretado por DiCaprio[5], sin necesidad de que haya disparos.
QT es un amante del spaguetti-western, pero su película favorita es Río Bravo. El título hace referencia al Django de Corbucci – y también al título anglosajón de otro clásico del cine popular italiano, Hércules y la reina de Lidia (Pietro Francisci, 1959), esto es, Hercules Unchained, detalle este que parece haber sido pasado por alto por gran parte de la crítica especializada-, pero no se olvida de Mandingo… El cine de Tarantino ha llegado a tal nivel que seguir hablando de referencias no tiene sentido, y no lo tiene porque si prestamos atención a estas cosas nos estamos perdiendo a uno de los más grandes narradores de la actualidad.
Django Desencadenado sale airosa en todos los puntos en los que han fracasado otros neowesterns[6]: consigue esa armonía imposible entre el cine de autor y el comercial, aúna el spaghetti-western con el “western” clásico y la comedia, el exploit con el cine mainstream, la hipérbole sangrienta con las situaciones más sobrias o, ya para colmo, mezclar en su banda sonora el fabuloso tema que Luis Bacalov compusiera para el film emulado, junto con otros de Ennio Morricone, RZA o 2Pac. Sí, el resultado no llega a la altura de los anteriores trabajos de QT, pero la tarea que tenía que desempeñar no era nada fácil. Quizás el único cometido de Tarantino era el de abrir una brecha en el muro que otros “westerns” habían intentado romper sin demasiado éxito. El Topo o Dead Man no fueron más que films de autor que, pese a su calidad, no consiguieron llegar al público; el mundo del cómic intentó inmiscuirse en el género con las fallidas Cowboys & Aliens o Jonah Hex; o simplemente otras tentativas más arriesgadas y valientes de directores nada convencionales como Álex de la Iglesia, Sam Raimi o el ya citado Alex Cox no han dado el fruto esperado (o, al menos, no el esperado por la mayoría). Por lo tanto, no hay que restar ni un ápice de su valor al último trabajo de Tarantino y, quizás, una vez más, haya que esperar un buen lustro para darnos cuenta de la enorme función que ha realizado. Tiempo al tiempo.
Juan Pedro Rodríguez Lazo
[1] Aún así, cabría señalar que Sergio Leone siempre ha estado cargado de contradicciones. Sirva de ejemplo que, aunque detestaba las comedias protagonizadas por Terence Hill y Bud Spencer, finalmente produjo dos películas protagonizadas por el primero: Mi nombre es Ninguno y El genio.
[3] De hecho, el díptico de Kill Bill o Malditos bastardos contienen sendos homenajes al género, o Pulp Fiction fue definida por Tarantino como un “rock-and-roll spaghetti-western”, que ya tiene narices.
[4] Aunque quizás sea una forma de homenajear el escaso peso dramático que tradicionalmente tuvieron las mujeres en el western europeo, cosa poco probable viendo lo poco que le importan este tipo de cosas a Tarantino a la hora de hacer este tipo de cosas. ¿Enseñó acaso las tetas de Pam Grier en Jackie Brown, tal y como hacía ésta en las blaxploitation de los setenta?
[5] Como curiosidad, en dicha escena Leo DiCaprio se cortó de verdad golpeando la mesa.
[6] Y matizaré por si acaso: cuando hablo de neowesterns me refiero al empeño de algunos por reinventarlo y no a las películas modernas que han mantenido el empaque clásico de antaño, como por ejemplo Sin perdón, Appaloosa o la más reciente Valor de ley de los hermanos Coen.
A finales del pasado mes de septiembre, Versus Entertainment lanzó al mercado una nueva colección titulada “Zinema Bis”. Como su nombre indica, la línea editorial hunde su interés en el denominado cine de serie Z, con sus argumentos desquiciados, presupuestos invisibles y toneladas de sinvergonzonería. Acorde a estos planteamientos, los títulos escogidos para inaugurarla han sido la producción filipina La bestia de la noche amarilla y Noche en el tren del terror, cinta de sketches que, según cuenta la leyenda, está conformada por material procedente de películas inacabadas. En el presente artículo repasamos La bestia de la noche amarilla, edición y película, a la espera de publicar en breves semanas una segunda entrega en la que haremos lo propio con su compañera de lanzamiento.
LA PELÍCULA
Aunque en su recorrido figure el haber sido productor de la mítica serie televisiva El equipo A (The A-Team), la figura del norteamericano John Ashley suele estar asociada, mayoritariamente, a su labor como actor en películas de bajo presupuesto. Dicha trayectoria se iniciaría a finales de los años cincuenta en el seno de la American International Pictures, donde pronto se convertiría en uno de los rostros habituales de sus producciones orientadas hacia el público juvenil, ya fuera participando en dramas sobre pandilleros motorizados o en comedias musicales como las realizadas al servicio de Frankie Avalon. No obstante, el punto de inflexión de su carrera no se produciría hasta 1968. Ese año sería requerido para protagonizar en Filipinas Las novias del monstruo (Brides of Blood), cinta de terror codirigida por dos habituales del cine de género de aquellas latitudes: Eddie Romero y, el que fuera mentor de éste, Gerardo de León.
Comoquiera que la jugada no salió mal en términos económicos, cosechando un relativo éxito y siendo distribuida en diversos países, los principales implicados en el proyecto decidieron aunar sus esfuerzos una vez más y lanzarse a la confección de nuevos films de similares características. En vista de que la fórmula seguía siendo rentable, unas cuantas películas más tarde Romero y Ashley se asociarían[1] para fundar la Four Associates Ltd., productora que en su escasa filmografía, compuesta por apenas cuatro títulos, legaría clásicos del exploit comoBlack Mama, White Mama (1973), una de las representantes más conocidas del subgénero W.I.P., o esa particular revisión del clásico de H. G. Wells La isla del Dr. Moreau que suponeThe Twilight People[2](1972). Pero antes de que eso ocurriera, la compañía debutaría en 1971 con la psicotrónica The Beast of the Yellow Night [dvd:La bestia de la noche amarilla], escrita y dirigida por el propio Romero con Ashley de protagonista.
La película se abre mediante un prólogo ambientado en 1946, una fecha muy especial para Filipinas, ya que en ese año se celebraron las primeras elecciones democráticas de su historia. Sin embargo, en The Beast of the Yellow Night no hay votaciones, ni mítines, ni panfletos políticos, sino el operativo desplegado por el ejército para capturar a unos rebeldes que se mantienen ocultos en las montañas[3]. Después de que una de sus compañeras caiga abatida a tiros por los militares, el único integrante del grupo que sobrevive es un tal Joseph Langdon, desertor norteamericano que en su huida ha matado a una mujer y dos niños. Acorralado y hambriento, Langdon come de un fruto venenoso cayendo al instante fulminado. En su agonía, un diablo con las orondas facciones de Vic Diaz, el eterno villano filipino, se le presenta proponiéndole un trato sencillo: a cambio de su alma, Langdon conseguirá salvar la vida, siempre y cuando se dedique a propagar el mal con sus acciones.
Terminados los títulos de crédito, la acción se traslada hasta el presente, donde un empresario norteamericano, llamado Phill Rogers, ha sufrido un gravísimo accidente por el que, en teoría, debía haber muerto y quedado terriblemente desfigurado. Pues bien, aunque al médico le da un paro cardiaco al descubrir que el hombre no solo no ha muerto sino que además se ha transformado en John Ashley, es decir, en Langdon, a la mujer de Rogers el cambio no parece importarle lo más mínimo. Por el contrario, parece estar encantada con el nuevo rostro de su esposo, no tardando mucho en darle una bienvenida como se merece en una escena de cama de lo más kitsch que pone los pelos de punta. Lo que ella no sabe es que tras la “belleza” de su “nuevo” marido se esconde una terrible bestia que emerge cuando llega la noche y que comienza a cargarse filipinos a una velocidad de vértigo.
Como puede apreciarse, el presente argumento entremezcla el mito de Fausto con el tema de la licantropía. De ellos, el que mayor importancia detenta es, sin lugar a dudas, el del pacto diabólico. No en vano, tras su carga gore y elevado erotismo, The Beast of the Yellow Night articula una fábula aleccionadora y moralista sobre la eterna pugna del bien y el mal de raíz claramente teológica - cf. la primera entrada en escena del demonio se produce bajo la apariencia de una serpiente después de que Langdon muerda un fruto, en alegórica referencia al capítulo bíblico de Eva y la manzana-, donde se aboga por la capacidad del hombre para redimirse de sus errores, tan bienintencionada en sus pretensiones como infantil y reaccionaria en sus planteamientos. La licantropía aparece así como un refuerzo a este discurso. Cada vez que Langdon cae en la tentación de desviarse del camino marcado, ya sea acudiendo a la iglesia o exteriorizando sus sentimientos amorosos a la que ahora es su esposa, el demonio le castiga transformándole en un ser de instintos homicidas y apariencia grotesca, muy similar en sus características al Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson.
Pero en contra de lo que pudiera parecer en un principio, el posible atractivo que ofrece la conjunción de tan diversos elementos queda pronto diluido. Más que premeditado, el estrafalario aspecto que luce el personaje es consecuencia del tosco maquillaje empleado, en tanto que su conducta una vez transformado guarda la misma coherencia que las repentinas transiciones de la noche al día que se suceden durante el metraje: ninguna. De un instante a otro, Langdon pasa de ser una bestia salvaje que asesina con saña a todo aquel que se interpone en su camino, a ser capaz de controlar sus impulsos criminales cuando sea la vida de alguno de sus seres queridos la que corra peligro.
Además de servir a las necesidades dramáticas de la historia, la aparición de tamañas incongruencias responde a la indiscriminada forma con la que son transcritos los principales rasgos de los arquetipos en que se basa. Los mismos motivos por los que todas las conversiones de su protagonista se producen a la luz de la luna, y que tienen su mejor ejemplo en la inclusión de una escena directamente extraída de La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein, 1935), cuando, durante una de sus huidas, la criatura busque refugio en un desvencijado edificio habitado por un invidente que le dará cobijo, comida y consuelo. No obstante, la literalidad con la que es reproducido el pasaje no quita para que la significación que se le dé resulte bien distinta. Al contrario que en la obra maestra de Whale, la equiparación de los dos hombres no se hace desde su componente social, a partir de aquellos rasgos que les aparta de “la normalidad”, sino desde un punto de vista moral. Uno y otro representan así diferentes caras de la misma moneda. Mientras que Langdon se cree abocado a hacer el mal debido a su pacto con el diablo, el ciego resulta ser un antiguo convicto rehabilitado, que intentará desde un principio que su nuevo amigo modifique su conducta, poniéndole de ejemplo su propia experiencia, como palpable demostración de que el cambio es posible.
Es quizás este apunte, en el que queda resumido el sentir de la película, el más interesante que anida en el conjunto, aunque no el único. Si se presta atención a su trama, puede hacerse una relectura de las peripecias del yanqui encarnado por Ashley y ver que en el fondo subyace una demoledora crítica contra el imperialismo norteamericano. Y es que, aunque Filipinas consiguió la independencia de los Estados Unidos en abril de 1946, su economía continuaría dependiendo durante décadas de aquel país que, como contraprestación, establecería allí sus bases militares por más de cuarenta años. De este modo, si Lon Chaney Jr. se embutía en el maldito Larry Talbot para narrar las miserias de la guerra y los estragos que había causado en Europa, John Ashley se mete en el pellejo de este maquiavélico personaje que, en contra de su voluntad, se transforma en una temible criatura para propagar el caos y el terror por la “eternidad” en la antigua colonia española.
Claro que pretender encontrar este tipo de interpretaciones en un film de semejantes características puede resultar un tanto aventurado. Con todo, ello no quiere decir que el concurso de algunos de sus ingredientes no pudiera responder a ocultas intenciones por parte de sus responsables. Pongamos por caso a Ashley, quien a lo largo de su carrera incursionó en más de una ocasión en el subgénero licántropo, llegando incluso a producir en los años ochenta la serie Werewolf[4]. Una asociación que se remontaría a sus tiempos en la AIP, cuando fuera considerado para protagonizar I Was a Teenage Werewolf [tv: El hombre lobo / Yo fui un hombre lobo adolescente, 1957], papel que finalmente recaería en Michael Landon. Teniendo en cuenta la evidente similitud existente entre los apellidos del personaje principal de The Beast of the Yellow Night y el del entrañable protagonista de Autopista hacia el cielo,cabe preguntarse si Ashley no pretendía de esta manera ajustar cuentas con el actor que dos décadas atrás le arrebatara la posibilidad de interpretar a un licántropo en la gran pantalla o, en el mejor de los casos, realizar una broma a costa suya.
LA EDICIÓN
Como es conocido, el nombre de “Zinema Bis” hace referencia a otra línea editorial de Versus Entertainment consagrada a la recuperación de films de culto procedentes de la Serie B clásica. Pero además del juego de palabras que encierra, tal equiparación supone también toda una declaración de principios por parte de la nueva colección. No solo se trata de emularla mediante su título, sino también de hacer suyos los estándares de calidad que han caracterizado a “Cinema Bis” desde su nacimiento. Al menos, eso es lo que se desprende a juzgar por el contenido de la edición que nos ocupa, muy superior al nivel acostumbrado en la comercialización de esta clase de cintas en España. Pero mejor vayamos por partes.
La bestia de la noche amarilla se ofrece en versión original con sus correspondientes subtítulos al castellano. La pista de sonido está registrada en estéreo, escuchándose alta y clara. Lo mismo ocurre con los subtítulos, comprensibles y de fácil lectura, aunque con la particularidad de estar solo disponibles para los diálogos en inglés, la mayoría por otra parte, dejando fuera aquellos que se recitan en tagalo, idioma de los nativos filipinos, si bien su concurso sea meramente anecdótico y su contenido irrelevante. Por el contrario, el trailer original de la película que se incluye como extra está íntegramente subtitulado, rasgo, por desgracia, no demasiado habitual en las ediciones patrias.
En cuanto a la imagen, es presentada respetando el a.r. original de 1.85:1 con el que fue planificada la película y formato anamórfico. Su calidad es bastante buena, sobre todo teniendo en cuenta el escaso esmero visual que denota el acabado formal de film. Así las cosas, las principales deficiencias del máster empleado se encuentran, por un lado, en la regular aparición de rastros de suciedad en forma de pequeños arañazos y quemados, a los que hay que añadir la ligera pixelación que se percibe en los carácteres que conforman los títulos de crédito, y por otro, en el curioso cambio de colorimetría que experimentan fragmentos puntuales. Una circunstancia que en primera instancia podría achacarse a los fallos de continuidad entre escenas que inundan el metraje, si no fuera porque se dan casos en que dicho fallo se produce dentro de un mismo plano, lo que podría dar a entender la creación de un master a partir de diferentes copias en distinto estado de conservación. En cualquiera de los casos, se tratan de defectos mínimos que no molestan ni dificultan para nada el correcto visionado.
Continuando con el modelo patentada por “Cinema Bis”, la película es acompañada por una serie de material extra. Dejando a un lado la presencia del trailer original ya comentada, este apartado lo encabeza la video reseña efectuada para la ocasión por José Viruete y nuestro otrora colaborador y buen amigo Paco Fox. En ella, los responsables del programa televisivo “Cine Basura” de Canal Plus Xtra comentan la película así como diversos aspectos relacionados con ella bajo un tono humorístico. Como añadido, se incluye también el corto La repugnación, de Víctor Olid, surrealista trabajo que hace honor a su título.
En resumidas cuentas, se trata de una edición cien por cien recomendable, en especial para aquellos espectadores desprejuiciados que gusten del cine bizarro. A buen seguro que no les defraudará.
Juan Pedro Rodríguez Lazo & José Luis Salvador Estébenez
[1] La relación entre Ashley y Romero, al menos a nivel profesional, terminó con la problemática producción de Apocalypse Now de Francis Ford Coppola
[2] No era esta la primera vez que la industria filipina adoptaba sin acreditar tan célebre novela. Años antes el propio Gerardo de León lo había hecho en la curiosísima Terror is a Man / Island of Terror [dvd: La isla del terror, 1959], también coproducida con capital estadounidense.
[3] A pesar de que la guerra de Filipinas terminó en el año 1945, muchos soldados japoneses se cobijaron en las montañas y continuaron luchando, siendo el ejemplo más célebre el del honorable Hirô Onoda, que siguió en pie de guerra hasta que se rindió en 1974.
[4] También podrían encontrarse más paralelismos en la filmografía de Ashley con el género en la ya referida The Twilight People, film en el que hay una mujer loba interpretada por Mona Morena.
FICHA TÉCNICA
Título original:The Beast of the Yellow Night
Año: 1971 (Filipinas, Estados Unidos)
Director: Eddie Romero
Productor: Eddie Romero
Guionista: Eddie Romero
Fotografía: Justo Paulino
Música: Nestor Robles
Intérpretes: John Ashley (Joseph Langdon / Philip Rogers), Mary [Charlotte] Wilcox (Julia Rogers), Leopoldo Salcedo (Inspector Santos), Eddie Garcia (Det. Teniente Campo), Ken Metcalfe (Earl Rogers), Vic Diaz (Satán), Andres Centenera (Ciego), Ruben Rustia, Don Linman, José García, Carpi Asturias, Jose Roy Jr., Griselda, Joonee Gamboa, Peter Magurean, Nora Nuñez, Johnny Long, Donna Lee Miller…
Sinopsis: Durante la II Guerra Mundial, un soldado norteamericano logra salvar el pellejo después de venderle su alma al mismísimo Satán. Por este trato, años después se reencarna en un rico empresario. Sin embargo, cuando el hombre trate de zafarse del trato, el diablo le maldecirá, convirtiéndole en una terrible bestia sedienta de sangre que emerge cuando llega la noche para sembrar el terror.
* Todas las imágenes que acompañan al presente artículo están sacadas de la edición reseñada.
Directores: Jeremy Kasten (Entreactos), Richard Stanley (The Mother of Toads), Buddy Giovinazzo (I Love You), Tom Savini (Wet Dreams), Douglas Back (The Accident), Karim Hussain (Vision Stains), David Gregory (Sweets)
Productores: Nicco Ardin, John Cregan, Carl Daft, Genisse Giovinazzo- Todt, David Gregory, Jacqui Knapp, Fabrice Lambot, Victoria Sánchez Mandryck, Caroline Piras, Jean- Pierre Putters, Michael Ruggiero, Kirsten Sohrauer, Alexandra Spector
Guionistas: Zach Chassler (Entreactos), Richard Stanley, Scarlett Amaris, Emiliano Ranzani (The Mother of Toads),Buddy Giovinazzo (I Love You), John Esposito (Wet Dreams), Douglas Buck (The Accident), Karim Hussain (Vision Stains), David Gregory (Sweets)
Fotografía: Eduardo Fierro (Wet Dreams), John Honoré (Sweets), Karim Hussain (The Mother of Toads, The Accident, Vision Stains), Michael Kotschi (I Love You).
Música: Simon Boswell (The Mother of Toads, Vision Stains), Susan DiBona (I Love You), Pierre Marchand (The Accident), Mark Raskin (Sweets)
Intérpretes: Udo Kier (Peg Poett), Virginia Newcomb (Enola Penny), Catriona MacColl (Mother of Tears), Tom Savini (Dr. Maurey), Lynn Lowry (Mikela DaVinci), André Hennicke (Axel)…
Sinopsis: Una chica siente una magnética atracción hacia un teatro abandonado que hay frente a su casa. Allí será la única espectadora de una serie de siniestras historias narradas por un macabro maestro de ceremonias.
The Theatre Bizarre es un filme de episodios, compuesto concretamente por seis historias cortas y una central que las presenta y funciona de hilo conductor. Como el título indica, el nexo en común de dichas historias es la truculencia, el terror o la muerte, desde el punto de vista de una serie de directores que han desarrollado su andadura en el cine de género.
Empezando con los entreactos, el de Jeremy Kasten, director de entre otras, el remake de The Wizard of Gore (2007), sirve para abrir boca y adentrarnos en una atmósfera insana y al borde de la locura, protagonizada por el ya clásico Udo Kier y una enigmática Virginia Newcomb: el presentador y la espectadora que asimila y retransmite todo el pánico a través de una mirada casi de psiquiátrico.
La primera historia propiamente dicha, The Mother of Toads, es toda una delicia que recupera la atmósfera onírica de las películas del maestro Fulci, incluyendo incluso en su homenaje la participación estelar de Catriona MacColl, protagonista de El más allá y Aquella casa al lado del cementerio. Se trata de la adaptación de un relato de Clark Ashton Smith, escritor de la generación de Lovecraft. Así pues, tan solo por este delicioso fragmento, escrito y realizado por el especialista en el género, Richard Stanley, merece ya la pena el visionado.
I Love You es la siguiente historia, escrita y dirigida Buddy Giovinazzo. Es una ruptura con final amargo basada en diálogos realistas y flashbacks, que cuenta además con las buenas interpretaciones de André Hennicke y Susan Anbeh, algo que no hace más que confirmar el buen nivel del filme y dar paso al plato fuerte: Wet Dreams. Firmada por Tom Savini, quien también se reserva el papel de psiquiatra, es la pieza más cafre y macabra, con mayores dosis de gore y humor negro. Se basa en el planteamiento de “el sueño dentro del sueño”, confundiendo entre lo onírico y lo real. A modo de curiosidad, señalar que en su reparto se incluye a la scream queen made in Troma, Debbie Rochon.
El segmento que sigue a Wet Dreams bien podría ser su antítesis. The Accident, es una especie de fábula en la que una madre intenta explicar a su hija de corta edad el significado de la muerte. Escrita y realizada por Douglas Back, autor del desagradable cortometraje de culto Cutting Moments, es una bella y poética pieza que aunque termine desentonando con el resto, si bien sirve de transición entre el primer y el segundo bloque.
Karim Hussain, director de fotografía de The Accident y The Mother of Toads, firma la siguiente Visions Stains, desagradable historia sobre una yonki que experimenta con sensaciones fuertes inyectándose la sustancia que extrae del globo ocular de otros seres marginales. Muestra de cine insano no apto para todos los estómagos.
El último tramo de celuloide corresponde a Sweet, otra gore historia de amor caníbal, contada por su realizador a través del humor negro y la desmesura; en este sentido destaca el contraste de su puesta en escena, entre el toque naif de colorido que aportan los dulces, piruletas y algodones de azúcar que aparecen en pantalla con el gore más macabro al que dan paso. A destacar la aparición de Lynn Lowry, una de las protagonistas de The Crazies o Vinieron de dentro de…
En resumidas cuentas, The Theatre Bizarre es un buen ejemplo de cinta de episodios con espíritu de serie B; mantiene un buen nivel general, resulta variada, repleta de agradables sorpresas y muy aconsejable para todo aquel amante del género en busca de sensaciones fuertes, historias que enganchen y de atmósferas enfermizas y, como su propio título indica, bizarras.