“Morbus”, segundo lanzamiento en Dvd de “El buque maldito”

Portada DVD Morbus

“El buque maldito” acaba de lanzar al mercado la segunda referencia de su editorial videográfica. El título escogido en esta ocasión ha sido Morbus (o bon profit), película española de 1983 que combina terror, erotismo y comedia. Definida por Ángel Sala como “un delirio híbrido propio de los ochenta donde los mitos de moda de lo fantastique se sazonan con erotismo soft creando un irresistible festival de surrealismo bis de perfiles decididamente weird”, la cinta narra diversas historias entrecruzadas y relacionadas con el descubrimiento por parte de un científico de una fórmula que devuelve la vida a los muertos.  

Después de codirigir junto a Josep Maria Bruno La canya en… (1981), el realizador Ignasi P. Ferré, cobijado bajo el guion de la hoy célebre Isabel Coixet, perpetró Morbus (o bon profit), obra crepuscular e inclasificable; aun así, clasificada “S” debido a su contenido erótico, donde Coixet y Ferrédecidieron embarcarse en una historia plagada de elementos afines al cine de terror: zombies, mad doctor, una particular secta satánica…, enriqueciendo el relato con dosis de erotismo y humor, de cuya combinación nació uno de los títulos más variopintos e inverosímiles del fantástico español.

Al margen del conocido actor catalán Joan Borràs y la actriz Carla Day, habitual en aquellos años dentro de las producciones afines al cine erótico, en su reparto destaca la participación del ya fallecido Víctor Israel, en su primer trabajo a las órdenes de Ferré, de quien se convertiría en una presencia habitual de sus posteriores films.

Editada por primera vez en DVD a nivel mundial, la presente edición de Morbus (o bon profit) se ha realizado a partir del máster original localizado, dentro de las mejores condiciones posibles, debido a la dificultad de hallar una copia en mejor estado. Dicha edición conserva el audio original de su rodaje en lengua catalana, al igual que una pista de audio paralela en castellano. La película es ofrecida en su versión íntegra con imagen 4/3 y como extras se incluye un coloquio con el director Ignasi P. Ferré y la actriz Carla Day, y sendas galerías con los fotocromos originales del estreno de la película e imágenes del rodaje.

Lanzada en una edición limitada de doscientas copias, Morbus (o bon profit) ya se encuentra disponible desde el pasado 26 de mayo a un precio de 8 €.  Para adquirirla, los interesados pueden ponerse en contacto con “El buque maldito”a través de las siguientes direcciones: elbuquemaldito_zine@hotmail.com y http://www.elbuquemaldito.com/dvd.html, o bien, en el caso de aquellos que residan en Barcelona, pueden también adquirir la película directamente en la tienda “Freaks”.

Published in: on mayo 27, 2014 at 7:28 am  Comments (1)  

Rape Zombie: La lujuria de los muertos vivientes

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Desde el pasado mes de octubre, Tema Distribuciones ha aunado fuerzas con Cameo, quien de este modo ha pasado a distribuir sus lanzamientos. El inicio de esta nueva andadura ha estado marcada por la salida en DVD de cuatro títulos que, desde luego, no pasarán desapercibidos para nadie. Se tratan, por un lado, de dos películas de zombis nada convencionales; la japonesa Rape Zombie: La lujuria de los muertos vivientes del siempre irreverente Naoyuki Tomomatsu y Wither, una suerte de Posesión Infernal sueca, ganadora de la primera edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid “Nocturna”; además del manga Stair Jacket y la serie de animación Bailando con vampiros. En el presente artículo analizaremos Rape Zombie: La lujuria de los muertos vivientes, quedando pendiente para las próximas semanas el correspondiente análisis de Wither.

LA PELÍCULA

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Antes de abordar una película como Rape Zombie: La lujuria de los muertos vivientes, habría que explicar que en Japón las películas directas a video (el denominado V-Cinema) gozan de una gran aceptación por parte del público, a tal punto que incluso directores japoneses de renombre y bastante conocidos en Occidente se han atrevido a hacer sus pinitos en este sistema de producción en busca de una mayor libertad creativa[1], cosa que, cualquiera que conozca un poco la cinematografía japonesa, es ya decir. Y es por ello que se hace necesario dejar por sentado este pequeño apunte para evitar calificar a Rape Zombie de chapucera, amateur (¡!) o remarcar su bajo presupuesto y sus cutres efectos especiales. Sobre todo cuando el cerebro que se encuentra detrás de ella, Naoyuki Tomomatsu, es uno de los realizadores más reputados de esta vertiente y del denominado pinku eiga[2], contando entre sus títulos más representativos a Stacy (el cual, por cierto, guarda ciertos paralelismos con esta Rape Zombie)[3] y Vampire Girl vs Frankenstein Girl, filme codirigido junto a otro de los enfants terribles del J-Horror[4], Yoshihiro Nishimura. De hecho, al empezar a ver la película, sólo basta esperar unos cuantos minutos – y pasar ese abrupto inicio acompañado de guitarrazos metaleros -, para darnos cuenta de que Rape Zombie es amena y está mejor narrada de lo que cabría esperar en un principio. Aunque claro, también es rematadamente loca…

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Rape Zombie: La lujuria de los muertos vivientes nos cuenta los efectos de una hipotética epidemia que se expande por todo el Japón y que sólo afecta a los hombres. Dicha enfermedad tiene la peculiaridad de convertir a los representantes del sexo masculino en unos temibles zombis folladores que buscan impunemente desflorar jovencitas niponas de buen ver. Menos mal que en medio de este caos de muerte, sangre y sexo que se adueña del país, un grupo de féminas (también de muy buen ver, por supuesto) se unirá para combatir a los “hombres-veneno”, tal y como son llamados en la cinta. Con un argumento así, no se puede esperar un filme al uso, sino una película en la que reine el puro divertimento, el humor grueso y toneladas de incorrección política. En Rape Zombie, tal y como su título nos hace sospechar, la sangre y el sexo son el motor que hace avanzar la narración y, por lo tanto, son expuestos en pantalla de forma continua.

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Pero no nos dejemos engañar; sí bien estamos ante un festín gore-erótico muy japonés (en el que proliferan los magreos de pechos), Rape Zombie también está cargada de mucha mala baba y de un sentido del humor tan incorrecto que despertaría las iras de cualquier fila feminista con la sensibilidad a flor de piel. Aunque para que vean hasta qué punto Tomomatsu sabe lo que se hace, muchas de estas “gracias” vienen propiciadas por uno de los tertulianos de un programa que aparece de vez en cuando y que interrumpe la vorágine de violaciones postmortem que nos ofrece la película, para darle un punto decididamente irónico e inteligente al conjunto, cosa que, viendo por dónde van los tiros, no parece una tarea nada fácil. Tomomatsu es un genio capaz de colarte una escena de lesbianismo que arranca con una de las chicas diciendo cosas como: “oh, qué tetas más grandes tienes”, y otra en la que un desquiciado tertuliano lanza hipótesis delirantes acerca del porqué se ha propagando la epidemia de los “hombres-veneno”, concluyendo que todo está causado por la propia naturaleza a fin de crear un nuevo tipo de ser humano.

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Aun así, tampoco hay que olvidar que una de las grandes bazas del film es que cuenta con la presencia de Asami, una de las reinas del cine para adultos japonés (llamado AV) que ya ha lucido palmito en algunas de las películas del anteriormente citado Yoshihiro Nishimura (tales como Mutant Girl Squad o Helldriver) o del siempre incorregible y trasgresor Noboru Iguchi (Sukeban Boy, Dead Sushi, Robo Geisha, Zombie Ass: Toilet of the Dead…). Para los más interesados, hay que decir que no es la primera vez que Asami ha trabajado a las órdenes de Tomomatsu, con quien hizo su debut como actriz con Kiss Me or Kill Me: Todokanakutemo Aishiteru, volviendo a reincidir en Erotibot (filme que combina la ci-fi y el erotismo, y que cuenta en su reparto con otra de las “grandes” del porno nipón: la espectacular Maria Ozawa) o Red Sword, una suerte de versión del cuento de Caperucita Roja con hombres lobo que, por lo visto, parece ser cuanto menos una visión un tanto más “arriesgada” del clásico de los Grimm que la que nos llegó de Hollywood hará un par de años[5], además de repetir en las dos siguientes partes de Rape Zombie (y que muy gustosamente también distribuye el entente formado por Tema y Cameo). En vista de ello, quizás deberíamos cruzar los dedos bien fuerte para que el resto del universo Tomomatsu (o al menos una buena parte de él) desembarque en España definitivamente.

LA EDICIÓN

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Como ya comentábamos anteriormente, Rape Zombie es una película destinada directamente al ámbito doméstico, por lo que la calidad de imagen responde a los estándares habituales de este tipo de producciones, marcadas como no, por su bajo presupuesto y su estética de video. La película se ofrece en versión original subtitulada en castellano y catalán e imagen en formato anamórfico. En cuanto a los contenidos adicionales, además de la habitual ficha técnica y el tráiler, encontramos un making of de la película a cargo de uno de los actores del film, Norman England, de unos 15 minutos de duración y carente de subtítulos, cosa que, no obstante, tampoco entorpece demasiado su visionado, ya que se nutre de momentos del rodaje sin que dé la sensación de que nada de lo que dicen los diferentes intervinientes sea demasiado trascendente.

Juan Pedro Rodríguez Lazo

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[1] Por poner algunos ejemplos: Takashi Miike, un director cuyos inicios se produjeron en el propio V-Cinema y que se ganó el reconocimiento internacional gracias a Audition, ha vuelto varias veces a este formato para el que ha dirigido cintas tan reputadas como la polémica Visitor Q (2001); Shinya Tsukamoto rodó en 2005 un mediometraje en DV llamado Haze (del que, por cierto, fue estrenado en una versión extendida de poco más de 40 minutos en el Festival de Sitges de ese mismo año); y, para finalizar con los ejemplos, Takashi Shimizu inició una de las sagas de terror más popular (y exprimidas) de los últimos tiempos con Ju-on, más conocida en Occidente por su título anglosajón, The Grudge, cinta que propició varias continuaciones (ya fuera de este sistema de producción), así como un remake (y sus correspondientes secuelas) en Estados Unidos producidas por Sam Raimi.

[2] De hecho, ha ganado varios premios en el Pink Grand Prix, certamen especializado en pinku, género cinematográfico genuinamente japonés que viene marcado por su alto contenido erótico y violento.

[3] Stacy (2001), es una película de zombis con divertidos guiños a George A. Romero y Sam Raimi, cuya sinopsis se podría resumir de la siguiente forma: en un futuro sin especificar las chicas japonesas de 15 a 17 años comienzan a sufrir una extraña enfermedad a la que se denomina “Cercana-Muerte-Felicidad” que las convierte en “Stacies”, unas zombis cuya peculiaridad radica en el hecho de que desean ser amadas… ¡antes de que las descuarticen!

[4] Nombre que se le da comúnmente al cine de terror nipón.

[5] Me refiero a la bochornosa Caperucita Roja, ¿a quién tienes miedo? de Catherine Hardwicke, a la que, fruto de un movimiento eminentemente oportunista, siguieron un nutrido grupo de nuevas traslaciones, entre las que figura Snow White: A Deadly Summer (2012), dirigida por el veterano de la serie B David DeCoteau.

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FICHA TÉCNICA

Título original: Reipu Zonbi: Lust of the Dead

Año: 2012 (Japón)

Director: Naoyuki Tomomatsu

Productor: Masahiro Mikami

Guionistas: Jirô Ishikawa, Naoyuki Tomomatsu

Fotografía: Tahehiko Tamiya

Música: Alice Sailor [acreditada como Arisu Seirâ]

Intérpretes: Yui Aikawa, Kazuyoshi Akishima, Asami, Norman England, Hiroshi Fujita, Fukuten, Haruna, Yukihiro Haruzono, Hiroshi Hatakeyama, Yuria Hidaka, Ryôichi Inaba, Hideo Jôjô, Hidetoshi Kageyama, Amu Kamika, Hiroyuki Kaneko…

Sinopsis: Japón sufre los efectos de una extraña epidemia que se expande rápidamente por el país y que afecta únicamente a los hombres, convirtiéndolos en unos temibles zombis folladores. Menos mal que en medio de este caos de muerte, sangre y sexo, un grupo de atractivas féminas se unirán para combatir a estos “hombres-veneno”.

*Todas las imágenes de la película que ilustran este artículo pertenecen a capturas de la edición comentada.

“Al Pereira Vs. The Alligator Ladies” por Cameo

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Tal y como os informamos en su momento, el pasado 10 de julio Cameo editaba en Blu-Ray y DVD Al Pereira vs. The Alligator Ladies, la última película dirigida por Jesús Franco y estrenada en cines pocos días antes de su fallecimiento. En el siguiente artículo, Ángel Chatarra, en lo que supone su debut en esta abadía, realiza una excelente reseña crítica de la edición, tras la que, y siguiendo con la costumbre, os ofrecemos un análisis de la misma desde un punto de vista técnico confeccionado a partir de la información suministrada por  nuestro colaborador Manuel Campeche.

LA PELÍCULA

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No. El argumento de Al Pereira vs. The Alligator Ladies no se cuenta aquí. Se podría decir que tiene uno, que tiene dos o que no tiene ninguno, pero no se cuenta. Tampoco trata este texto de hablar de la sutil o explícita utilización que Jesús Franco hace o deja de hacer en tal o cual toma, la autorreferencia utilizada en tal o cual momento de la cinta o el homenaje implícito a tal o cual director que el uso de tal o cual recurso cinematográfico supone. No es su cometido.

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Por otra parte, tampoco es el sitio, ni el momento, ni el formato más adecuado para hacerle el homenaje al tito Jess que el tito Jess se merece. Y no lo es porque, entre otras muchas cosas, a él tampoco le gustaría demasiado que se utilizase ésta, la que ha resultado ser su última película – cualquier otra ya será póstuma -, para hablar de él, para hablar de su larguísima lista de pseudónimos necesitados de otras tantas explicaciones, para reconocerle sus méritos, para abrumar al lector con una larguísima lista de películas que nunca será capaz de ver en su totalidad, o siquiera para pedir, una vez más, que le sea reconocido local e internacionalmente el estatus de the-best-Spanish-filmmaker-of-all-times. No hace falta. Cualquiera que haya visto un par de películas de Jess Franco todo esto ya lo sabe.  Mucho menos oportuno resulta si, además, este escrito no trata simplemente de hablar de la película en sí, sino también de contar qué la acompaña en el DVD, cuyo material supone casi el mismo ‘metraje’ que la propia película.

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Recapitulemos, pues: no se contará aquí el argumento, no se tirará de recursos propios de crítico pagado por número de neologismos utilizados y no se pretende que esta reseña huela a flores de entierro, mucho menos cuando el ‘nocturno’ más que ‘crepuscular’ Jesús Franco, aun siendo un ‘viejo roto’, tiene pendiente de estrenar una última película – la première mundial de Revenge of the Alligator Ladies tuvo lugar en la pasada edición del Festival de Sitges – y fue capaz de poner en apuros durante el rodaje de ésta al mismísimo Google hablando de un director del que sólo él recordaba sus películas y su apellido aunque no su nombre, como puede verse en el contenido documental que incluye el DVD. Hechas estas aclaraciones podemos comenzar.

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Al Pereira vs. The Alligator Ladies va, efectivamente y como bien indica su genial cartel, de “tu p… madre”, exabrupto ‘franco’ sí, pero cierto. A nadie que haya visto – o se disponga a ver esta película – le debe importar ni lo más mínimo su argumento, como de hecho no importó nunca en el 99% del cine de este genio. Es absurdo perder el tiempo en eso, no es lo importante; a diferencia de la mayoría de los cineastas, Jesús Franco hace un siglo que no quiere contar una historia. Su intención es otra, es ofrecerle al espectador una experiencia                 – uno de los extras especialmente divertido es uno en el que tres Jesseliebers salen diciendo que Jesús tiene el argumento en su cabeza y “‘nosotros tenemos que ver la película y adivinarlo”; impresionante documento-.

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Por otro lado, se le puede haber leído a algún que otro crítico lo del “delirante cóctel” de su críptica Paula-Paula y de los principales personajes de sus películas sobre el “ya mítico detective Al Pereira”, idea que le habrá nacido, muy probablemente, debido a que ha visto antes que nadie la ‘entrevista’ de Antonio Mayans en una terraza malagueña que ahora incluye el DVD. En ella, un relajadísimo Mayans menciona, pincho en mano, ambos lugares comunes de pasada. Y puede que sea cierto de algún modo pero, ¿a quién le importa eso?

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Otros críticos tratarán de convencer al respetable de que el último capítulo del cine de Jesús Franco apuesta por la desaparición de los recursos narrativos en favor de un lenguaje expresionista – o surrealista o postmodernista-inductivo-deconstructivista o alguna otra etiqueta que se les ocurra sobre la marcha y que parezca muy erudita – que también es verdad, aunque no toda la verdad. O, lo que puede ser peor aún, repetirán aquello de que “desarrolla distintos niveles argumentales entremezclados, sin aclarar nunca los nexos lógicos entre ellos” que pergeñaron otros en un intento desesperado por explicar Inland Empire de David Lynch. Y será peor porque lo dirán sin ni siquiera caer en que ¡¡¡Jesús Franco no imitaba el estilo de David Lynch, sino que David Lynch copiaba al tito Jess!!! – visiónese primero Venus in Furs seguida de Carretera perdida, compruébense sus fechas y saquen conclusiones-.

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Por otra parte, si alguien tiene los suficientes arrestos como para decir de Al Pereira vs. The Alligator Ladies, como recoge la propia contraportada de este DVD, que es “maravillosa, la mejor película de Jesús Franco en mucho tiempo”, alguien tendrá que recordarle que, para hacer un comentario de ese tipo, es necesario una de dos: o bien haber visto la película primero y comentarla después o bien ser consciente de que sólo en lo que llevamos de siglo el tío Jess había firmado una docena de películas antes de ésta.

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¿Es esto una crítica de los críticos? En absoluto, su labor es muy respetable. Es el tío Jess y los cineastas como él los que ponen a ellos como críticos y al resto como espectadores en apuros. Si hay dos adjetivos que definen perfectamente el cine de Jess Franco son el de ‘incómodo’ y el de ‘inclasificable’. Efectivamente, otros dos lugares comunes.

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Cierto es que debido a la inquietud y la perplejidad que generan cintas como ésta en el espectador y tratando de buscarle una explicación que no tiene porqué ser accesible o siquiera existir, cualquiera puede dejarse llevar por las musas y caer en la tentación de decir cosas como que ésta es una de las pocas cintas de Jess en la que recurre al metacine como hilo conductor de las intenciones de la película; que esa oronda y excesiva mujer con peluca rubia es un claro homenaje a la tetona de Fellini, cine del que, junto al de sus amigos Berlanga, Bardem o Fernán Gómez, él también es deudor – o viceversa – y que por ello le rinde tributo; que el absurdo taconeo que se marcan dos de sus protagonistas femeninas en la escena del hotel es otra clase de homenaje, en este caso al burlesque – tan solicitado últimamente – y al cine porno mudo y clandestino de los años treinta; que la escena de la lectura del testamento de Al Pereira, con el detective ya muerto pero aún presente y partícipe de la misma, no deja de ser una alegoría de cómo le habría gustado que fuese la lectura del suyo al cineasta; que el ridículo, sobreactuado, bizarro y delirantemente subdesarrollado vástago de Al, Sal Pereira, es otra alegoría en este caso de la deformidad que el cine de Jesús Franco y su propia trayectoria aportan al Séptimo Arte… Todo lo que quepa en un folio. Puede hacerse esta lista todo lo larga que se quiera y todo será más o menos cierto, pero no se aproximará ni un ápice a lo que Jesús ha querido contar simplemente porque es más que probable que Jess, como él mismo llega a insinuar en la cinta, no haya querido contar nada en particular.

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Jesús Franco, cineasta sin par, maestro pionero del fantaterror patrio y toda la interminable colección de adjetivos que le han dedicado sus críticos y sus deudos, fue un declarado amante del expresionismo, es cierto. Y es cierto que se puede decir que su cine es, por encima de cualquier otra cosa, expresionista con todo lo que esto supone como expresión artística de subjetividad, de irracionalismo, de deformación emocional de la percepción de la realidad, de existencialismo y visión trágica del ser humano, de pesimismo vital, de gusto por los temas más morbosos, más pervertidos y más tabú de la sociedad pero, por encima de lo demás, de defensa de la libertad individual del artista. Y evidentemente que todo esto está incluido en esta cinta, evidentemente que es una de las piezas más profundamente expresionistas de Jesús Franco, ¿quién es capaz de negarlo? Es cierto.

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Tan cierto como que amaba el jazz, tanto como que le gustaba definirse como músico de jazz metido a cineasta, tan cierto como que lo decía porque su cine tiene mucho de jazz, no sólo por las piezas musicales incluidas en sus bandas sonoras – y que, por cierto, casi evita en esta película -, sino especial y esencialmente por su improvisación estructurada, secreto último del buen jazz; tan cierto, claro está, como que esta su última película también tiene un ‘patrón’ común a otras, quizá reconocible en todas sus obras, sobre el que los ritmos cambian, los instrumentos cambian, los intérpretes cambian, las partituras desaparecen, aunque las armonías siguen siendo las mismas.

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¿Acaso si se habla de sexo en la pantalla grande no se está hablando de Jess Franco? ¿Acaso si se habla del eterno femenino, de la mujer desnuda e insinuante a modo de íncubo maléfico y pervertidor más que pervertido no se cita a Jess Franco? ¿Acaso si se habla de Al Pereira, ese detective de cine negro más o menos bizarro según el caso y por más ultraconservador y recatado que se haya vuelto, no se está describiendo buena parte del cine de Jesús Franco? ¿Y acaso todas y cada una de sus obsesiones, de sus manías, de la sangre, la muerte, el sexo, la excitación, la perversión, la deformidad, lo soez, lo burdo, lo explícito, lo excesivo, la mujer como origen de todo placer y pecado no está presente en esta cinta? A todo sí. Incluso si se permite tal licencia, podría decirse que cuando uno acaba de ver Al Pereira vs The Alligator Ladies se puede tener la sensación no sólo de haber visto el mejor compendio de todos los elementos que han compuesto el cine de Jesús Franco, sino la propia mente de Jesús justo en el momento anterior de su paso al otro lado.

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Jesús murió vivo, perfectamente lúcido y capacitado para hacer cine. Pero precisamente gracias a esa lucidez también debía saber que no le quedaba demasiado en este mundo y parece obvio que la escena del testamento de muerto presente así lo indica; por eso esta película, tan egocéntrica, onanista, lúdica, falsamente gratuita y hedonista como de costumbre, bien podría explicarse como todo aquello que a Jesús le habría gustado ver justo antes de morirse pero… ni caso, él mismo dice dentro de la propia película que “ésta es una historia sin la más mínima importancia”. Puede que hablase de la película, puede que hablase de su cine, puede que hablase incluso de su vida, de la vida en sí misma pero, ¿qué más da? Lo único cierto y fuera de toda duda es que el cine de Jesús Franco, fiel a los principios que han iluminado siempre su camino, es el más libre y el más falto de prejuicios frente a los convencionalismos de todos los que se han podido ver en la gran pantalla.

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En cuanto a los cortos, los documentales, las entrevistas y el resto de material extra, aquellos que  han dicho “los cortos incluidos en el DVD son puro relleno” o “los vídeos del estreno buscan acrecentar el mito del tío Jess entre sus fans, más que mostrar la reacción del público ante la película”, o los que dicen “el material documental pretende darle al espectador la explicación que la cinta le niega”, dos cosas, sólo dos para hacer una crítica: primero ver, luego opinar, porque leyendo estos entrecomillados es difícil creer que hayan aplicado esos dos sencillos pasos.

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Muy al contrario de estas opiniones, tanto el contenido documental como los propios cortos parecen formar parte del DVD con la única intención de ahondar en la idea de la libertad artística como meta final del director de cine, tanto si se busca en la persona del propio Franco como si se quiere hallar en la de los directores ‘invitados’. Gracias a los cortos y a las entrevistas el espectador puede pues comprobar hasta qué punto es esa la finalidad de todos los que son partícipes de este DVD. Retomando el mantra, no importa el argumento, no importa el mensaje, no importa la aparente falta de racionalidad de las propuestas. Se busca crear, se busca expresarse de forma artística mediante una pieza sin otra intención que la de crear arte, tanto da si éste va en mayúsculas o en minúsculas, con más postproducción y medios o con menos, transmitirla al público y que él la complete y la haga suya, ya sea para odiarla o amarla, eso tampoco importa demasiado.

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Tanto los cortos de Naxo Fiol (con dos), Juan Carlos Gallardo y Julio Cerrillo como la invitación a la webserie de Alex Bakshaev y Robert Monell mantienen ese nexo en común con la cinta y con el cine de Jess, amén de su pertenencia más o menos explícita al universo Jess Franco, algo que se acrecienta en al menos tres de los cortos con la aparición estelar en los de Fiol de la interesantísima Irene Verdú – que firma junto a Naxo ambos cortos -, cuya imagen aún flota como candidata perfecta a encarnar, por qué no, a esa Jenni que no se ve, ni se oye pero se llega a oler, y que centra la conversación cara a cara, incómoda, tensa y, por momentos, inquietante de los dos personajes del corto de Cerrillo.

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Horrormanía y Return of the Bloodsucking Nazi Zombies, se escapan totalmente de esa coherencia que la aparición de Irene Verdú aporta, de una manera u otra, a los tres cortos mencionados. Sin embargo, son tan Jess Franco, tan bizarros, que no sólo las piezas en sí sino que sus propios creadores parecen haber sido extraídos directamente de la cabeza del tío Jess. En definitiva, un DVD para verlo íntegramente, disfrutarlo o sufrirlo íntegramente o por partes. Sea cual sea el caso, merece la pena.

Ángel Chatarra

LA EDICIÓN

 Al Pereira Vs. The Alligator Ladies ha sido editada en los dos formatos digitales domésticos, Blu-Ray y DVD, además de la curiosidad de contar con una pequeña tirada para fans en VHS de la mano de Nafra Colección.

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La película se ofrece en Blu-Ray con imagen en alta definición con una resolución de 1080 24p y aspect ratio de 1.78:1 anamórfico, audio estéreo en castellano comprimido en una pista DTS-HD y subtítulos en inglés, alemán e italiano. Rodada originalmente a 50 fps, la velocidad de reproducción en Blu-Ray es de 24 fps, lo que propicia que la versión dure 81 minutos frente a los 77 de la estrenada en cines; esto es, cuatro minutos más.

Se trata fácilmente de la película con más calidad de imagen de todas cuantas Franco rodó en vídeo, ya que sus productores consiguieron que alguien le supervisase la postproducción, algo a lo que el irreductible Jesús siempre se resistía. Valga como ejemplo el caso del díptico La cripta de las mujeres malditas, filmado con cámaras HD pero que en postproducción Franco editó en definición estándar. Por este motivo, cuando fue a realizar el remontaje La cripta de las condenadas, todo lo que quedaba como material de brutos de rodaje estaba en calidad DVD. O sea, comprimido a más no poder.

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Volviendo al Blu-Ray de Al Pereira Vs. The Alligator Ladies, se utiliza un disco de doble capa, como no podía ser de otra manera ya que todos los extras incluidos suman un total de más de 150 minutos. Ello repercute en que la película ofrezca un bitrate notable. La fotografía de Fernando Barranquero se alteró un poco en postproducción para darle un tono más cálido en diversas secuencias, aunque es en las largas secuencias de las chicas ante el espejo, con luz natural, donde la fotografía aporta mayor nitidez y detalle.

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La mayoría de los extras se ofrecen igualmente en 1920x1080p a 24 fps (de nuevo, las duraciones respecto al DVD se ven alteradas, al haberse filmado éstos a 25fps o 50fps según el caso) y, dada la variable calidad de las cámaras utilizadas, varios de ellos se resienten del tono guerrillero y do it yourself. Sin embargo, otros se ofrecen en formato 1024x576i o 720x576i al haber sido rodados en definición estándar. El listado, dividido en cuatro bloques con sus consiguientes pantallas en la navegación, es:

TRÁILERS:

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Tráiler de cine (2′) HD

Tráiler del documental “A ritmo de Jess” (3′) HD

EN EL RODAJE:

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Detrás de las cámaras (24′) HD – a cargo de Naxo Fiol, está filmado con una cámara diferente (y peor) de la que utilizó para su documental A ritmo de Jess. Presenta algunos problemas en las panorámicas, en lo que parece una mala conversión desde los 30fps de la cámara en cuestión.

La ira de Jesús (3′) HD – nos consta que el audio, bastante deficiente en este docucorto dirigido por Naxo Fiol y Xabier Ciruca, se ha arreglado en una nueva versión del mismo que ha podido verse en salas de cine “teloneando” al citado documental A ritmo de Jess. Recoge un cabreo del director ante una corrección de plano por parte de su operador Fernando Barranquero, y es bastante desternillante, aunque nos haga sentir mal por el pobre operador.

Pruebas de cámara (1′) HD – exactamente eso: pruebas de la cámara con la que se filmó la película. Como veréis, con un minuto tuvo bastante Jess para saber que la cámara le servía.

Entrevistas con Jesús Franco y Antonio Mayans, por Álex Mendíbil y Francesco Cesari (19′) SD 1024x576i - filmadas en miniDV, el audio de la entrevista a Mayans, en la terraza de un bar malagueño, recoge todo tipo de ruidos de coches e incluso los gritos de los niños de alrededor, que la hacen difícil de seguir por momentos.

EL ESTRENO:

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Pies de Gato TV: Crónica del estreno en Barcelona (13′) HD – fragmento del webprograma televisivo “Pies de Gato TV” en el que se recoge la locura regada con alcohol que fue el estreno en el cine Maldá de Barcelona. Por desgracia, no se documenta el coma etílico en el que entró un espectador (el dibujante del póster, por otro lado), ni la meada en la salida de emergencia que dejó la banda de lo-fi sureño Retarded Rebel Rejects, que acarreó el consiguiente mosqueo del propietario de la sala.

Estreno en el Maldad (10′) SD 1024x576i – otra visión del mismo estreno en Barcelona, en un docucorto firmado de nuevo por Naxo Fiol y Xabier Ciruca. Filmado en HD pero montado en SD por decisión de Fiol, tampoco recoge el coma ni la meada que decíamos previamente, pero sí una vomitada en los lavabos (del mismo que acabó en coma etílico) y declaraciones de ilustres del underground como Juan Carlos Gallardo.

La Nuit des Alligator Ladies (15′) HD – una locura difícilmente soportable, que arranca con imágenes del estreno en el cine Artistic Metropol de Madrid para perderse luego en la fiesta posterior al estreno. Con música de los Dirty Harrys y presencias como la de Pedro Temboury, incluye interminables fragmentos semiporno de películas setenteras de procedencia desconocida.

Presentación en el Festival de Málaga (4′) HD – un fragmento cortesía de Nafra Colección en el que Antonio Mayans presenta la película en el Festival de Málaga visiblemente emocionado, pocos días después del fallecimiento de Franco.

WEBSERIE:

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Return of the Bloodsucking Nazi Zombies (24’) SD 720x576i (V.O.) – sin subtítulos (que, por otra parte, serían igualmente imposibles de seguir) se ofrece esta webserie franquiana, alocada y colorista en cuatro episodios, dirigida por el ruso Alex Bakshaev y escrita por el estadounidense Robert Monell, blogger de referencia en lo que a Jesús Franco respecta.

FESTIVAL DE CORTOMETRAJES BUFF! (Bizarre & Underground Film Festival):

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Arrozzorra, de Naxo Fiol (12′) SD 720x576i – alocado corto en el que la única actriz no es otra que la Alligator Lady Irene Verdú, alias Debbie Logan. ¡Filmado con una cámara de juguete Fisher Price! Con texturas y situaciones que remiten al mítico George Kuchar, es uno de los esfuerzos más reputados del prolífico Naxo Fiol.

Coños y barro, de Naxo Fiol (4′) SD 720x576i – Fiol ataca de nuevo con un corto artie y exploiter a partes iguales, en blanco y negro filmado en super-8, de nuevo protagonizado por la Verdú. Sin ir más lejos, es el corto que acabó de convencer al tío Jess para contar con ella en la película.

Horrormania, de Juan Carlos Gallardo (12′) SD 720x576i – Una locura sin precedentes, filmada directamente en VHS, de un director a descubrir: este Gallardo, una de las presencias destacadas cada año en las Maratones de Cotxeres de Sants, y que cuenta con un notable culto en Barcelona, verá pronto publicada una colección de sus cortometrajes en el nuevo sello “Vial of Delicatessens”. Su inclusión aquí viene motivada porque la manera de rodar de Franco hizo afirmar a algunos de los integrantes barceloneses del equipo que sólo habían visto a alguien dirigir de una forma tan demencial: ¡Gallardo!

Jenny, de Julio Cerrillo (5′) HD – una pieza del llamado “Troncho-Cinéma”, movimiento encabezado por nuestro compañero Juan Pedro Rodríguez, que aúna temática sexual y costumbrismo verbal. Con interpretaciones en estado de gracia, es tal vez el corto menos franquiano (en cuanto a realización) de los incluidos en este mini-festival, pero es absolutamente genuino en su obsesión por las zonas púbicas en las que tanto insistía el cine de Jess.

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Pasando a la edición en DVD, sus características técnicas son similares a las del Blu-Ray: imagen anamórfica en 1.78:1, audio estéreo en versión original y subtítulos en inglés, alemán, e italiano. Lo que son exactamente idénticos son los contenidos, si bien al incluir la película y extras en un DVD de doble capa hace que el nivel de compresión y detalle no sea tan disfrutable (es un decir) como en el BD. Sin embargo, al haber cuatro horas de vídeo pero con un solo audio (DD 2.0 en castellano), la calidad es más que aceptable. De haber sido el audio en 5.1, esta edición hubiese requerido un doble DVD para que la calidad fuese óptima.

Al igual que el film al que acompañan, todos los contenidos adicionales están en 16:9 / 1.78:1, con la excepción de los que originalmente estaban filmados en 4:3 / 1.33:1, que son: Return of the Bloodsucking Nazi Zombies, Arrozzorra, Coños y barro y Horrormania.

FICHA TÉCNICA

Título original: Al Pereira vs. The Alligator Ladies

Año: 2012 (España)

Director: Jesús Franco

Productores: Jesús Franco, Ferran Herranz

Guionistas: Jess Franco, Antonio Mayans

Fotografía: Fernando Barranquero

Música: Pablo Villa

Montaje: Jesús Franco, Dani Salama

Intérpretes: Antonio Mayans (Al Pereira), Irene Verdú (Alligator Lady 1), Carmen Montes (Alligator Lady 2), Paula Davis (Alligator Lady 3), Luisje Moyano (Sal Pereira), Naxo Fiol (Reñueles), Mariví Carrillo (Agripina), Nestora Robles (Wo Man Chu)

Sinopsis: Al Pereira, otrora un detective seductor y amoral, se ha ido haciendo cada vez más de derechas con el paso de los años, hasta convertirse en un defensor a ultranza de la moral y el recato. En su camino se cruzan las Alligator Ladies, unas hermanas abanderadas de la desvergüenza y el pecado, enviadas por su padre, el Dr. Fu Manchú, para traer de vuelta a Pereira al lado oscuro.

* Todas las imágenes que ilustran el presente artículo pertenecen a capturas de la edición comentada.

Published in: on diciembre 13, 2013 at 8:06 am  Comments (1)  
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Mandinga. Ultraje a una raza

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Título original: Mandinga

Año: 1976 (Italia)

Director: Mario Pinzauti

Guionista: Tecla Romanelli

Fotografía: Maurizio Centini

Música: Marcello Giombini

Intérpretes: Antonio Gismondo (Clarence Hunter), Serafino Profumo (Richard Hunter), Maria Rosaria Riuzzi (Mary Foster), Paola D’Egidio (Rhonda), Calogero Caruana (Spencer), Cesare Di Vito (Reverendo Foster), Jacqueline Luce, Monica Nickel [acreditada como Kristina Nichel] (Eliza Foster), Arnold Grostram…

Sinopsis: En Luisiana, en la era anterior a la Guerra Civil Estadounidense, el viudo Richard Hunter se entretiene vejando y violando a las esclavas que trabajan en su plantación de algodón. Con la visita de Rhonda,  sobrina de quien fuera esposa del terrateniente,  surge una atracción entre ambos, basada en lo similar de sus gustos sexuales, y los dos se convierten en amantes aunque él se niega a contraer matrimonio con la muchacha. Veinte años más tarde, Clarence Hunter, hijo de Richard, vuelve de Inglaterra, donde estaba cursando estudios. Cansada de su vida con Richard, la ambiciosa Rhonda desea ahora casarse con Clarence, pero éste muestra más interés por Mary Foster, hija de un reverendo.  Tanto el azar como la perfidia de Rhonda darán lugar a violentas consecuencias.

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A mediados de los años setenta, que es cuando se realizó este inefable Mandinga, el notorio mimetismo del cine italiano de géneros no había llegado a la extremidad de los títulos plagiados que tanto iban a prodigarse a lo largo de la siguiente década, justo antes de la cual, en 1979, se estrenaba el film de Lucio Fulci  Nueva York bajo el terror de los zombi, cuyo título original, Zombi 2, sugería engañosamente una continuidad con el Zombi de George A. Romero. De este ejemplo tomarían nota más tarde no pocos productores y distribuidores nacionales, como por ejemplo los responsables de aquel espurio Alien 2 de Ciro Ippolito, o de la larga serie de films con el título italiano de La casa, pues éste era el nombre con el que  Posesión infernal de Sam Raimi se estrenó en el país transalpino (1).

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Con anterioridad a ello podemos hallar algunos antecedentes, aunque esporádicos y menos osados, de esta política del descaro, como la serie de films sobre Emanuelle – escrita con una sola eme para esquivar posibles litigios – así como el film que nos ocupa ahora. Una vez más, basta tan sólo una levísima variante ortográfica para diferenciar mínimamente el producto propio del ajeno, en este caso, claro está, el Mandingo (1975) de Richard Fleischer, del que el film de Pinzauti remeda la premisa básica de combinar sexo, sadismo y desafuero dentro del marco que supone el sur de Estados Unidos antes de la Guerra de Secesión, con sus plantaciones y sus esclavos. También procedente del modelo fleischeriano es el recurso argumental de hacer que una mujer blanca alumbre a un niño negro, con las consecuencias que cabe suponer.

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En sus inicios, Mandinga iba a ser una coproducción entre la francesa Eurociné y la italiana SEFI Cinematografica, confiada nada menos que a  Jesús Franco y con un reparto encabezado por William Berger, Lina Romay, Ramón Ardid y Beni Cardoso (suponemos que ésta última en el papel que acabaría interpretando Paola D’Egidio). El rodaje se inició en Montpellier en noviembre de 1975 pero se vio interrumpido por unos avatares que no resultan claros. Parece ser que Franco, ya iniciado el rodaje, abandonó el mismo para obtener más dinero de los italianos, dejando atrás a los técnicos y actores en un hotel. Pasadas dos semanas, Franco no aparecía y la dirección del hotel llegó a llamar a la policía con la intención de presentar denuncia contra el cineasta. Todo se resolvió al final con la intervención de una persona ajena al proyecto, el productor suizo Erwin C. Dietrich, con el cual Franco estaba asociado por aquel entonces, y que zanjó el problema pagando la factura del hotel. Entre todo este ajetreo, el film quedó inconcluso.

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El año siguiente, la SEFI (Società Europea Films Internazionali) – que habría sido responsable de la debacle anterior – resucitó el proyecto empezando desde cero (o sea, sin emplear nada de lo rodado por Franco) y asumiendo por entero la producción. El segundo y definitivo Mandinga corrió a cargo del director Mario Pinzauti y se rodó consecutivamente con Emanuelle blanca y negra (2), compartiendo ambos films la misma temática y director, junto con varios miembros del equipo técnico y artístico. De los dos films, Emanuelle blanca y negra  muestra un nivel de producción comparativamente más alto y tiene en Malisa Longo a una actriz de cierta fama. Puesto que en estos dobles rodajes era común que una de las dos películas gozase de más fuste industrial, se tiene la impresión de que Mandinga quedó relegada a la condición de subproducto del otro film.

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De hecho, los partícipes de Mandinga (con la salvedad del compositor Mario Giombini y acaso el director de fotografía Maurizio Centini, habitual en la filmografía de Alberto Cavallone) no resultan muy conocidos incluso para los frecuentadores de la serie B italiana. Casi todos ellos tienen filmografías muy breves, amén de concentradas preferentemente en el tercio central de los años setenta, lo que representa precisamente el momento en el que el cine de géneros europeo iniciaba su declive. Por lo que respecta al director, el puñado escaso de films eróticos, policíacos o del oeste realizados por Mario Pinzauti, romano nacido en 1930, no constituye más que una etapa entre otras de la vida de este maestro de tiro y prolífico autor de bolsilibros, a quien aguardaba un futuro de perito balístico en los tribunales italianos. En cuanto a los actores (incluyendo a Serafino Profumo, el más convincente del reparto), varios de ellos circunscribieron su escasa labor cinematográfica a la producción erótica  de aquellos años, sobre todo la proveniente de la misma SEFI. También se puede hablar de Calogero Caruana (que incorpora al capataz de la plantación), cuya carrera se inició en el Spaghetti Western de las postrimerías del género, cuando éste (salvo en su vertiente cómica) se concretaba cada vez más en producciones muy modestas y de rodaje enteramente romano. Y finalmente, el que el papel clave del Reverendo Foster se confiara a un humildísimo “genérico” como Cesare Di Vito (generalmente visto en papeles breves, como el locutor del telediario en Apocalipsis caníbal de Bruno Mattei) no sólo arroja malos resultados sino que pone de relieve la modestia que caracteriza a toda la empresa.

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Respecto al guión firmado por Tecla Romanelli, su línea argumental coincide con lo poco que se sabe del relato que iba a filmar Franco. El asunto trata de dos generaciones de terratenientes y las muchas disputas amorosas y patrimoniales que surgen en un supuesto Profundo Sur “antebellum” donde abundan más las palmeras que los esclavos, mientras que éstos, a su vez, superan ampliamente en número a las personas libres, todo dentro de un espacio cinematográfico claramente poco poblado (no hay más que ver, por ejemplo, a la mísera feligresía que logra reunir el reverendo o el práctico confinamiento de la acción a la plantación de los Hunter, sin que parezca existir un municipio o unas autoridades). Y entre intrigas y discusiones, Pinzauti nos obsequia cada dos por tres con los obsesivos azotes que deben padecer unos esclavos de infinita resiliencia (“estos negros son resistentes” dice alguien), lo que, por acumulación, acaba por resultar más risible que otra cosa. A las flagelaciones se suman los juegos sexuales practicados por los amos y amas a expensas de su corpus de esclavos (Comentario de amo a esclava: “Tú has nacido para enderezar las cosas”). Para dar más variedad, a veces los encuentros sexuales y/o violentos se dan entre los mismos blancos, como cuando el personaje de Rhonda (interpretada con las dosis adecuadas de maldad y lascivia por Paola D’Egidio) se somete a una sesión de latigazos sado-maso en manos de Hunter padre.

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Aunque se ha llegado a decir que el film carece de argumento hasta sus últimos quince minutos, es más lícito hablar de carencia de ritmo en todo lo anterior a dichas escenas finales, ciertamente dotadas de más animación aunque resulte casi cómica su rápida sucesión de muertes, persecuciones e importantes revelaciones. Es más, pese a la fúnebre lentitud  con que se desarrolla la mayor parte del metraje, los giros y meandros argumentales de la historia habrían encontrado mejor acomodo y mayores respiraderos a lo largo de una temporada entera de algún serial televisivo, donde potencialmente habrían cobrado más sentido los caprichosos cambios de parecer e incluso de carácter moral en ciertos personajes.

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Igual de caprichosa y descuidada es la cronología de la acción, que abarcaría el período entre 1840 y 1860, por ser éste último el año que figura en algún material publicitario y por las ocasionales referencias a una posible e inminente guerra (pues el conflicto, efectivamente, comenzó en 1861). Lo que resulta llamativo es el súbito salto temporal de veinte años que tiene lugar tras el primer tercio del metraje, lo que podríamos llamar el primer acto. Resulta difícil apercibirse inmediatamente de dicho salto debido a la despreocupación con que es presentado, a resultas de un montaje inadecuado. No se emplea siquiera algo tan sencillo como el fundido en negro, y eso que se recurre al mismo en momentos donde está menos justificado. Por otra parte, aunque Serafino Profumo se quite el peluquín de sus escenas precedentes y acabe luciendo canas en el bigote y las sienes, no resulta del todo clara la edad que se supone que tienen los personajes en una u otra etapa del guión. Rhonda, presumiblemente, tendría al principio unos veinte años para luego envejecer hasta los cuarenta, mientras que Clarence, a juzgar por ciertos diálogos, sería de la misma edad o mayor, aunque esto no sea congruente con la apariencia del actor Antonio Gismondo. Incluso se cae en una aparente contradicción sobre el tema, ya que a comienzos de la historia, cuando una Rhonda ya adulta (“ya soy mayor de edad”) llega desde Inglaterra, la mujer comenta que  “Clarence está muy bien”, como si le hubiese visto recientemente; unos veinticinco minutos cinematográficos más tarde, Clarence y Rhonda se encuentran por primera vez en dos décadas, dando lugar a que él diga: “¿Cómo habría podido olvidar a mi prima, a mi única compañera de juegos? Claro que entonces eras una niña”.

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En todo caso, no podemos hablar de ausencia de argumento aunque sí de un argumento mal organizado, un tanto confuso y no siempre coherente. También parece que falten escenas, aunque cierto es que en alguna parte de este film de menos de noventa minutos había que meter las múltiples secuencias de sexo, violencia, depravación  y abuso de los derechos humanos. A fin de cuentas, era eso lo que realmente importaba.

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Y como justificación de tales excesos, no faltan en el guión las menesterosas homilías sobre lo feo que está eso de tener esclavos. Y es aquí donde cabe sacar a colación el Mandingo de Fleischer, cuyo posicionamiento antiesclavista, surgido del interior del discurso fílmico, habla por sí solo y sin recurso a las consabidas verbalizaciones.  En cambio, el Mandinga de Pinzauti, con todas sus arengas antiesclavistas, reduce a los pobres esclavos a meras figuras de fondo, prácticamente sin entidad y, en la mayoría de los casos, sin siquiera mucho dialogo. En este aspecto, Mandinga (Ultraje a una raza) no sólo es inferior al modelo fleischeriano sino incluso al film para el que sirvió de complemento durante el rodaje, Emanuelle blanca y negra, aún cuando ésta, visto como mero entretenimiento, resulta más tediosa.

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Puede que parte del problema residiera en los obstáculos que pudieran habido encontrar unos cineastas italianos a la hora de buscar actores e incluso figurantes adecuados para representar a los esclavos. Los intérpretes auténticamente negros que, en Emanuelle blanca y negra, incorporan papeles importantes no están presentes, por el motivo que sea, en Mandinga. Es por ello que Pinzauti debe conformarse con un grupo limitado de personas de genuino origen subsahariano a los que se suman, muy a la desesperada, unos extras de distinta procedencia (acaso magrebíes), cuyas cabezas aparecen grotescamente tocadas con descomunales pelucones afro, acaso procedentes de algún montaje romano del musical Hair.

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Mala película y ni siquiera especialmente amena, Mandinga resulta al menos levemente preferible a Emanuelle blanca y negra, entre otras cosas porque la música de Giombini (sobre todo el tema elegíaco que aparece por primera vez con la llegada de Clarence a Luisiana) es superior a la compuesta por Roberto Pregadio para la otra película, por mucho que ésta se hubiera planteado con más ambición.

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Por último, hay que comentar que la precedente reseña está basada en las versiones del film en español y en inglés. Desconozco la versión italiana, aunque cabe presumir que es excelente (a los italianos no les ganaba nadie en eso del doblaje) y que sus voces pertenecen a un reparto distinto del que vemos en pantalla. La versión en inglés fue realizada por Doppiaggio Internazionale (recordemos que los doblajes al inglés de muchos films italianos corrían habitualmente a cargo de actores anglófonos residentes en Roma) y es execrable, hasta el punto de ralentizar un film ya de por sí muy lento. El actor que dobla al personaje de Clarence (educado, no lo olvidemos, en Inglaterra) habla en un ridículo acento británico a lo Ian Carmichael, confiriéndole al personaje un aura de asexualidad que francamente niegan las imágenes. Como curiosidad, la traducción al inglés hace de Rhonda la prima, que no la sobrina, de la esposa difunta de Richard, y corrige las contradicciones ya señaladas sobre la edad de los personajes. Lo más probable es que la traducción española, como era costumbre, se hiciera a partir del texto italiano y que sea más fiel al original. En todo caso, el doblaje español, es harto preferible a la banda sonora en inglés y, a juzgar por la presencia vocal de Carlos Revilla, es obra de los estudios Tecnison de Madrid. Rhonda, por cierto, tiene la voz de la malograda María Massip, a quien los seguidores de la serie Historias para no dormir recordarán por su personaje en el relato La alarma.

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(1) Tres films italianos de la productora Filmirage de Joe D’Amato/Aristide Massaccesi, incluyendo Ghosthouse de Umberto Lenzi, se estrenaron en su país como supuestas secuelas de Posesión infernal. Las películas americanas House 2, aún más alucinante y House 3 fueron rebautizadas del mismo modo para su distribución italiana.

(2) Aunque varias fuentes y el poster español del film lo identifican como Emmanuelle blanca y negra (con el nombre escrito con dos emes, en consonancia con el original italiano), se ha optado aquí por reproducir la ortografía de la portada española.

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Published in: on diciembre 9, 2013 at 6:45 am  Dejar un comentario  
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Bahía blanca

Bahía blanca (1984) 2Título original: Bahía Blanca

Año: 1984 (España)

Director: Jesús Franco

Productor: Jesús Franco

Guionista: Jesús Franco

Fotografía: Juan Soler

Música: Julián Sacristán

Intérpretes: Eva León (Alida), Antonio Mayans (Inspector Carlos Fernández), Lina Romay (María), Analía Ivars (Silvia Maderos), Trino Trives (León Maderos), Tony Skios (Raúl Sebastián), José Llamas (Andy Sebastián), Jesús Franco, Juan Soler [acreditado como Juan Cózar] (Ramiro), Juana de la Morena, Flavia Hervás…

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La película fue proyectada por la Filmoteca española en homenaje a Lina Romay.

Sinopsis: En un pueblo pesquero aparece el cadáver de un hombre con un tiro en la cabeza. Las investigaciones llevan al comisario local hasta una isla habitada por dos hermanas muy particulares que regentan un local de paso.

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Eva León y Antonio Mayans homenajeando al western.

Entre las costas de Murcia y las playas de Almería rodaría Jesús Franco este violento dramón con tintes eróticos y de comedia, que sería una de las cinco películas que éste realiza en 1984 -según Carlos Aguilar, ya que consultando en el libro de Diego Canós, Jess Franco: Una cámara y libertad, escrito en base a conversaciones con el propio realizador, ese mismo año dirigiría un total de doce filmes-, esta vez con su productora Manacoa films. En esta ocasión Lina Romay no se encarga de realizar el papel principal, el cual recaería en Eva León, actriz que aquel mismo trabajaría con Franco en Les amazones du temple d’or y El abuelo, la condesa y Escarlata la traviesa, desempeñando en ambas roles secundarios.

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Mayans prefiere comer antes que mirar el escote de Eva León.

En la película, León regenta una cantina o burdel, en una isla abandonada en la que vive con la única compañía de su hermana retrasada y muda, a la que encarna Romay en un papel digno de Oscar, mostrándose como actriz todo terreno, al margen de su especialidad, los personajes eróticos, a los que nos tenía acostumbrados. Una pena que el trabajo de ambas, ya que también Eva León está perfecta, con una garra y una potencia explosivas, se vea ensombrecido por el doblaje empleado a falta de sonido directo.

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Lina Romay en un papel muy en la línea de la Nell de Jodie Foster.

Un doblaje por cierto, que a veces es utilizado de manera totalmente cómica, ya que Franco, que tiene un papel en el filme, es el que dobla a uno de los personajes, interpretado por el director de fotografía Juan Soler, mientras que otro actor es el que lo dobla a él en un guiño totalmente gamberro del realizador. Dicho doblaje es usado además en plan chapucero en una secuencia en la que se explica la leyenda de la isla en la que viven las dos hermanas y en la que ha muerto un aldeano. El actor, en este caso Franco, apenas mueve la boca mientras el doblaje lo explica con todo lujo de detalles.

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Jesús Franco se reserva un enigmático personaje en el filme.

A pesar de todo, y dejando lo mencionado a modo de anécdota, el filme, aunque tiene un ritmo lento, con intermedios musicales repetitivos- el bello tema creado para la película por Julián Sacristán e interpretado por Isabel Sáenz de Tejada se repite hasta la saciedad-  y torpeza en sus movimientos de cámara, destaca por una fotografía paradisíaca en el que abundan unos preciosos silueteados a contraluz, unos personajes bien definidos – sobretodo en lo concerniente al triunvirato de personajes femeninos que completa Analía Ivars, inolvidable en el desenlace del filme, surcando los mares vestida de novia con un arma en la mano con el que prepara su venganza-, y unos diálogos directos, descacharrantes y llenos de ironía, en contraposición con la poética apertura y cierre del film, en los que se muestra a Eva León observando el horizonte y recordando los hechos acaecidos a modo de flashback.

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Poesía pura.

Una película canalla que hay que visionar con la óptica precisa. Realizada con un presupuesto reducido, algo que queda reflejado en pantalla aportando una factura identificable con su carismático autor y que termina formando parte del encanto de Bahía Blanca.

Jesús Palop

Published in: on agosto 14, 2013 at 6:15 am  Dejar un comentario  
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Cameo publica el 10 de julio “Al Pereira vs. the Alligator Ladies” en Blu-ray y DVD

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El próximo 10 de julio, la distribuidora Cameo publica, en BD y DVD, Al Pereira vs. the Alligator Ladies, la última película de nuestro irrepetible Jess Franco, al menos de momento.

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Seleccionada por los festivales de Sitges y Málaga en España, el BUT Film Festival en Alemania y el Portland Underground Film Festival en Estados Unidos, y estrenada en salas españolas apenas unos días antes de su muerte, la edición de la película contará con subtítulos en varios idiomas (inglés, alemán e italiano) y más de dos horas y media de extras que os detallamos a continuación:

-          Tráiler de cine

-          Tráiler del documental A RITMO DE JESS

-          EN EL RODAJE:

o   Detrás de las cámaras

o   La ira de Jesús

o   Pruebas de cámara

o   Entrevistas con Jesús Franco y Antonio Mayans, por Álex Mendíbil y Francesco Cesari

-          EL ESTRENO:

o   Pies de Gato TV: Crónica del estreno en Barcelona

o   Estreno en el Maldad

o   La Nuit des Alligator Ladies

o   Presentación en el Festival de Málaga

-          WEBSERIE:

o   Return of the Bloodsucking Nazi Zombies, de Alex Bakshaev y Robert Monell (V.O.)

-          FESTIVAL DE CORTOMETRAJES BUFF! (Bizarre & Underground Film Festival):

o   Arrozzorra, de Naxo Fiol

o   Coños y barro, de Naxo Fiol

o   Horrormanía, de Juan Carlos Gallardo

o   Jenny, de Julio Cerrillo

La edición sale con un precio recomendado de 15,30 € en DVD y 20,45 € en Blu-ray. El Blu-ray presenta imagen 1080 24p 1.78:1, varios extras en 1080 24p (los correspondientes al rodaje y el estreno) y algunos extras en 576i (la mayoría de cortometrajes). Por su parte, el DVD presenta imagen anamórfica 1.78:1 e idénticos extras.

Published in: on junio 20, 2013 at 6:15 am  Comments (1)  

The Female Bunch [dvd: Grupo secreto]

Título original: The Female Bunch

Año: 1971 (Estados Unidos)

Director: Al Adamson

Productores: Raphael Nussbaum, Mardi Rustam

Guionistas: Jale Lockwood y Brent Nimrod sobre una historia de Raphael Nussbaum

Fotografía: Paul Glickman

Música: Jaime Mendoza- Nava

Intérpretes: Lon Chaney Jr. (Monti), Russ Tamblyn (Bill), Jennifer Bishop (Grace), A’leisha Brevard (Sadie), Regina Carrol (Libby), Geoffrey Land (Jim), Leslie McRay (Dennise), Nesa Renet (Sandy), Don Epperson (Scott)…

Sinopsis: Tras un fracaso amoroso, Sandy intenta suicidarse ante tal desengaño, pero es rescatada por una compañera que le introduce en un club exclusivo de chicas que viven en un alejado rancho. Pero para poder ser aceptada tendrá antes que realizar duras pruebas si desea formar parte…

Al Adamson, en la actualidad un cineasta de culto e integrante de la crónica negra de Hollywood, al ser encontrado muerto en extrañas circunstancias en la década de los 90 (1), realizó dentro de su larga filmografía esta sexploitation al amparo de la meyeriana Faster, Pussycat, Kill Kill (Russ Meyer, 1965),  producida cuatro años antes, ya que aunque producida en 1969, Grupo secreto permaneció dos años en el cajón previo a su estreno.

El filme, protagonizado por la novel A’leisha Brevard, en lo que resultaría su única experiencia cinematográfica – y efectivamente, al verla en acción entenderemos el por qué- , comienza con una persecución por el desierto, en la que una avioneta pilotada por mujeres, dispara a un todo terreno ocupado por una pareja de chico y chica. A partir de aquí, Sadie, nuestra protagonista y ocupante del coche, relatará en off a través de un largo flashback que copa la mayor parte del metraje, el por qué de tan arriesgada situación, producida tras llegar al “grupo secreto”.

Adamson, que realiza la cinta con su propia productora, Independent International Pictures, consigue hacer de sus chicas las más salvajes y temidas del oeste, dentro de un club cerrado en el que el hombre es de usar y tirar, estando terminantemente prohibidos dentro de su territorio. Tráfico de drogas, violencia, sexo, lesbianismo y desnudos gratuitos –  una chica en la ducha que sólo aparece en dicha secuencia sin justificación alguna es un buen ejemplo de ello- son sólo algunas de las joyas con la que nos brindarán dicho grupo de féminas.

La cinta, cuyo director de segunda unidad sería el otrora realizador de serie B John ‘Bud’ Cardos,  cuenta con varios actores fetiche de nuestro realizador, como Jennifer Bishop, la peligrosa jefecilla de la banda, una especie de Tura Satana al uso, Regina Carrol, la stripper que introduce a la protagonista en el grupo de chicas, – algo así como la Edy Williams de Russ Meyer ya que, al igual que esta, Carrol sería la esposa de Adamson hasta su fallecimiento-, y dos actores en horas bajas como Lon Chaney Jr., en la que fuera su última aparición en la pantalla, sobreactuado y con una voz rasgadísima haciendo de borracho en lo que se antoja toda una caricatura de sí mismo, y un Russ Tamblyn antes de su rescate Lynchiano.

Aunque lo que convierte este en un filme más macabro de lo habitual es el haber sido rodado en el rancho Spahn, lugar en el que se refugiaba la secta de Manson, en el mismo mes en el que fueron detenidos por el homicidio de Sharon Tate del año 1969, un dato de los más escalofriante.

Mucho vicio, sadismo, trucos de baratillo- atención al tiro que recibe una de las actrices en el cuello, en el que se percibe perfectamente cómo se explota una cápsula de sangre con la mano- y mala leche es lo que nos ofrece Grupo secreto, cinta desbocada y salvaje, un western sin vergüenza en el que la mujer invierte su papel habitual dentro del género, llevando la batuta y utilizando al hombre como un mero objeto de sus necesidades biológicas.

Jesús Palop

(1) Un constructor que trabajaba redemodelando la casa de Adamson, sería detenido tras haberle sepultado bajo el suelo de la piscina del cineasta.

Published in: on julio 18, 2012 at 6:09 am  Comments (1)  
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Gwendoline

Título original: The Perils of Gwendoline in the Land of Yik Yak

Año: 1984 (Francia)

Director: Just Jaeckin

Productor: Serge Laski

Guionistas: Just Jaeckin, Jean- Luc Voulfow, basado en el comic de John Willie The Adventures of Sweet Gwendoline.

Fotografía: André Domage

Música: Pierre Bachelet y Bernard Levitte

Intérpretes: Tawny Kitaen (Gwendoline), Brent Huff (Willard), Zabou (Beth), Bernardette Lafont (The Queen), Jean Rougerie (Darcy), Roland Amstutz, Jean Stanislas Capoul, Chen Chang Ching, Vernon Dobtcheff, André Julien…

Sinopsis: Gwendoline y su fiel asistenta Beth emprenden un largo viaje por el continente asiático para encontrar una mariposa legendaria en cuya búsqueda desapareció el padre de nuestra heroína.

Gracias al éxito de la película de Steven Spielberg En busca del arca perdida, protagonizada por Harrison Ford encarnando en 1981 al aventurero Indiana Jones, comenzaron a proliferar los filmes de aventuras desarrollados en lugares exóticos. La gran ruta hacia China (High Road to China, 1983), Las minas del rey Salomón (King Solomon´s Mines, 1985), Curse of the Cristal Eye (1991) o incluso la serie de televisión Los cuentos del mono de oro, son un claro ejemplo de ello.

Con Gwendoline, el realizador Just Jaeckin, creador de clásicos del cine erótico como Emmanuelle (Emmanuelle, 1974) y La historia de O (Historie D’O, 1975), quiso adaptar el comic de John Willie, The Adventures of Sweet Gwendoline, nacido en 1949 y donde la protagonista era atada una y otra vez escena tras escena, no en vano, Willie era experto en ilustraciones bondage. Con este pretexto, Jaeckin se sacó de la manga esta sexploitation de cine de aventuras, cuya producción fue hasta ese momento, unas de las más caras del cine francés. De hecho se quiso lanzar la película de modo internacional, rodándola en inglés y adoptando una estética hollywoodiense, o al menos en lo que respecta a la primera parte del filme, filmada en Filipinas y cercana a las aventuras del famoso aventurero referido con anterioridad creado por Lucas y Spielberg.

En el segundo y más original bloque, más parecido a la Barbarella de Vadim y desarrollado en el pais de Yik Yak, un mundo aparte integrado únicamente por mujeres y del que son originarias las tan anheladas mariposas, sobresale su estética, rodada por completo en estudios, con un look futurista en el que domina el color blanco de los decorados y unas sexys armaduras diseñadas por el dibujante belga Françoise Shuiten.

Técnicamente, por tanto, el filme tiene un acabado impecable. En el lado artístico, se le dió el protagonismo a dos actores estadounidenses de físico espectacular, ambos comenzaron como modelos y esta sería su trampolín para iniciar su carrera dramática: Tawny Kitaen y Brent Huff. Por la parte francesa estaban Zabou Breitman, que daba la replica cómica y los más veteranos Jean Rougerie, que había trabajado a las órdenes de Louis Malle y Bernardette Lafont, protagonista de entre otras, Una chica tan decente como yo (Une belle fille comme moi, 1972)de Françoise Truffaut.

El filme es entretenido de principio a fin, con alto componente de comedia- a destacar la secuencia en la que los protagonistas, atados por una tribu canibal, realizan la práctica del sexo de forma hablada, consiguiendo excitarse sobremanera-, erótico- sin faltar elementos sádicos y fetichistas-, acción- atención a esa carrera de cuádrigas homenaje a Ben Hur pero con féminas en lugar de equinos- y hasta violento- no escatimándose en elementos gore a porrillo-.

Pese a ello, la cinta no consiguió la repercusión deseada. Su director, Just Jaeckin, no ha vuelto a tener proyectos cinematográficos, el héroe Brent Huff, de carrera discreta, se ha reciclado como realizador, Tawny Kitaen destacaría en películas como Despedida de soltero y Witchboard y en series como Hércules o Santa Bárbara y Zabou Breitman sigue desarrollando su carrera en el celuloide galo. A pesar de todo, actualmente estas aventuras sexuales de Gwendoline en la tierra de las Yik Yak, se ha convertido en objeto de culto publicándose incluso una edición Director´s cut con material adicional censurado en su época, imprescindible por tanto, para erotómanos como para los aficionados al género fantástico.

Jesús Palop


El caminante

Título original: El caminante

Año: 1979 (España)

Director: Jacinto Molina

Productor: Enrique Jiménez

Guionistas: Molina, Eduardo Targioni

Fotografía: Alejandro Ulloa

Música: Ángel Arteaga

Intérpretes: Paul Naschy [Jacinto Molina] (Leonardo), Sara Lezana (mujer), David Rocha (Tomás), Ana Harpo (Leonor), Blanca Estrada (madre Elvira), Irene Gutiérrez Caba (aya), Pepe Ruiz (Juan), Paloma Hurtado (Blanca), Rafael Hernández (Ramiro), Rafael Conesa, Manuel Pereiro, Silvia Aguilar, Jaime Gamboa, Antonio Durán, Sara Goyanes, Adriana Vega, Eva León…

Sinopsis: En la España del Medioevo, un caminante que se hace llamar Leonardo recorre los caminos. En el trayecto encuentra a un muchacho de nombre Tomás, al que acoge como su sirviente. Durante todo momento robará, matará y fornicará, buscando su solo consuelo. Pronto irá quedando en evidencia que se trata del mismo Diablo.

Texto de Carlos Díaz Maroto:

Jacinto Molina había debutado como director con Inquisición (1976), una sólida crónica acerca de las actividades del Santo Oficio. Su siguiente título como realizador sería El huerto del francés (1978), muy valorada producción en la que recreaba un suceso real de la crónica negra española. Parecía que su carrera como realizador iba a tomar unos rumbos un tanto distintos a los previos en que ejerció como guionista y/o como actor, lo cual podría quedar ratificado con El caminante (1979), posiblemente la película más ambiciosa de toda su carrera. Se trata de una fábula moral que conecta con la literatura picaresca española, aunando humor y tragedia con la fantasía que representa la aparición del Diablo en persona. La narración supone una reflexión sobre la maldad inherente en el hombre. Satanás llega a la tierra tomando forma humana y, con ello, todas las debilidades físicas que ello conlleva. En principio parece que lleva las de ganar, satisfaciendo sus más bajas pasiones como único objetivo, hasta que las tornas se torcerán y conocerá sobre sus propias carnes aquello a lo cual sometió a los demás, comprobando que el ser humano es capaz por sí solo de desatar el mal y procurarse la venganza.

Para ello hace uso de una narración casi episódica, donde nuestro personaje, durante su caminar, irá teniendo una variedad de encuentros. Al poco de iniciado su vagar se topará con Tomás, un joven muchacho que sirve de lazarillo a un ciego cruel y déspota, por lo que lo acogerá como sirviente. Su intención es matar al invidente, pero el chico le ruega que no lo haga, pues pese a su perversidad no le desea mal alguno. A lo largo del devenir de su viaje, el chico irá siendo aleccionado por Leonardo (que ese es el nombre mortal que ha tomado Satanás) e irá progresivamente volcándose hacia ese mismo mal que antes rechazaba; al final de su camino sabremos que le espera un futuro en el cual hará uso de protervas acciones para progresar, siendo rico y feliz y muriendo rodeado de quienes lo aman.

En ese vagar el Diablo se topará con una mujer a la que seducirá y dejará preñada, dando la hembra a luz al hijo de Satanás. Su aya (una estupenda Irene Gutiérrez Caba) le mencionará que el niño es monstruoso y debe ser muerto (Molina nos escamoteará la visión del engendro diabólico, no sabemos si para jugar con la insinuación o como ahorro presupuestario). Ese episodio podría ser el que más cercano está de su cine tradicional, de lo que podría denominarse, hasta cierto punto, cine de terror.

Molina se rodea de un reparto lujoso, haciendo acopio de nombres de lustre de nuestra cinematografía. Así, amén de la ya referida Irene Gutiérrez Caba, tenemos también a Antonio Durán (el primero en toparse con el Maligno en su vagar de caminante), Rafael Hernández, Rafael Conesa o Manuel Pereiro. Como fue habitual en nuestro hombre, también se hace rodear de las bellezas de nuestro cine que imperaban en aquel momento.

Una excelente fotografía sirve de rúbrica al plasmar de las imágenes, empleando un efecto muy recurrente en Jacinto, como es el uso de una iluminación preternatural para sugerir lo fantástico: al hacer el Diablo uso de su poder (así, cuando seduce a las féminas o cuando hace conocer el futuro a Tomás) una luz roja iluminará sus rasgos, otorgándole facciones diabólicas. Cabe referir en la puesta en escena el uso de la cámara rápida para la secuencia del polvo en el burdel, en evidente referencia a un momento similar de La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971), de Stanley Kubrick. Refiramos por último un ostentoso plano cuando, tras ser apaleado, es crucificado frente a una representación del mismo Cristo en una ermita en ruinas (momento que fue improvisado, al toparse con ese espléndido escenario natural mientras buscaba localizaciones).

Texto de Adrián Sánchez:

Cuarta, y finalmente reeditada, cinta dirigida “in person” por el reverenciado (y parcialmente reverenciable) Paul Naschy y una de las más digeribles de entre la última parte de su filmografía, la desarrollada a partir de unos años 80 en los que la “Ley Miró” terminó por laminar la ya de por si endeble y trapisondista industria del fantaterror español y aledaños, condenado el cine popular  a la caverna de lo populachero, donde seguía habiendo tetas igual de gratuitas pero mucha menos gracia y muchísima menos imaginación.

También una de las más desmelenadamente narcisistas, que ya es decir, con el divo interpretando a un luciferino y perpetuamente trempado rufián que se encama a la de tres con cada moza que se le cruza. Bajando a las cabañas, subiendo a los palacios, escalando los claustros y dejando memoria amarga y cruces invertidas en las posaderas (y en el culo también). En realidad ese “caminante” resulta no ser otro que el mismísimo diablo, o “un”  diablo tirando a moralista que baja a la tierra aceptando las desventajas de la carne mortal (aunque como buen tramposo no se privará de usar sus poderes en beneficio propio, sea curando por una sola noche a una niña moribunda para beneficiarse a la madre, sea para mostrar el futuro desolador, y un rato demagógico, a su renuente paje, o bien haciendo gala de un insinuado poder hipnótico visualizado mediante una pedestre iluminación roja sobre el rostro) para demostrar sus teorías sobre el éxito socio-económico de la maldad, el egoismo y la crueldad, terminando por encontrarse con alguien peor que él mismo: el hombre.

Un ideario pesimista y muy españolamente tremebundo sobre el que siempre ha pivotado su discurso y que está aquí desarrollado en todo su esplendor y en toda su crudeza (aunque en modo alguno superior a El huerto del francés, el film donde mejor cristalizaron las inquietudes de Naschy) y a través del cual demuestra que en realidad su discurso no es exclusivamente misógino; él odia a todo el mundo por igual.

Montado como un relato picaresco y de aprendizaje canónico de carácter episódico y cínicamente ejemplarizante, que se sirve de guiños evidentes a “El lazarillo de Tormes”, a “La Celestina” de Rojas o a la quevedesca, “El buscón” (que a su vez refería a esta tradición anterior desde la óptica barroca, que en muchos aspectos es también la adoptada por Naschy), pero también claros resabios del romanticismo español con el “Don Juan” a la cabeza. Mientras de un lado rebusca en la picaresca y el anticlericalismo, del otro toma ciertas nociones y tratamientos de lo fantástico, lo tétrico y lo religiosos. Todo ello muy del gusto erudito del autor, por otra parte.

Está además estructurado circularmente de forma francamente resultona; la película se abre y cierra con dos escenas análogas que repiten diálogo y acción, pero con el personaje principal alternando su puesto en el drama, pasando de verdugo a víctima. Pero mientras que la escena inaugural es visualizada a campo abierto, el cierre tiene lugar en una iglesia medio derruida (¿desconsagrada?), una localización espléndida que Naschy introduce con bello movimiento de cámara que muestra en contrapicado y travelling circular todo el escenario. Uno de los pocos momentos visualmente atractivos de una cinta (junto al sorprendente gran angular “a là” Zulawski que emplea durante el peculiar exorcismo de la guapísima Blanca Estrada como madre superiora del convento que más delante los acogerá) que por lo demás dilapida la naturalista fotografía de Alejandro Ulloa con un tono plano y televisivo en los encuadres.

La historia deja, desde luego, buenos momentos e ideas sugerentes (ese auténtico “running gag” de los crucifijos volteados o la conversión de la vidriera del convento en una lasciva iconografía erótico-diabólica) en donde Naschy da muestras de cierta habilidad narrativa (el encadenamiento mediante motivos visuales entre la violación de su paje, el robo a la puta y el nacimiento de su hijo, relacionando el vino y la sangre, el placer y el dolor) e intermitente buen gusto para la puesta en escena (el sencillo plano fijo desde lo alto de la escalera que visualiza dramáticamente el suicidio de la madre de la criatura, una estupenda Sara Lezana). Pero junto a estos aciertos también se deja llevar por la sal gorda (el horrible episodio del asalto al usurero y señora), las soluciones burdas (el acelerado que quiere remitir a Tom Jones y se queda en Benny Hill) y claro está, el exhibicionismo ególatra con desnudos y folleteo a mansalva que acaba por acercar la película a los linderos del “S” más tabernario (aunque eso si, nos dejan disfrutar de la muy mollar ex-azafata del Un, dos, tres Silvia Aguilar como primera víctima del protagonista), con un Naschy alérgico a la ropa y a la vergüenza que no se priva de protagonizar un restregón tras otro con más bien poca gracia.

Así y todo destaca por su personalidad y ambición conceptual (y en ocasiones no poca pretenciosidad) entre el buen número de producciones que escarbaron en las posibilidades rijosas del “siglo de oro” versión erótico-naturista. Porque más allá de los apuntes que la personalidad de Naschy otorga como marca de distinción el objetivo y la razón de la existencia primera de esta cinta hay que buscarlos en esa moda del momento. Una fiebre desatada tras el éxito, propiciado por la manga ancha del destape y la excusa literaria, de cintas como El libro del buen amor de Tomás Aznar (con secuela un año después y todo) o La lozana andaluza que Vicente Escrivá dirigiera en el 76 (y que no es totalmente desdeñable, por cierto) en coproducción con Italia, que en el momento  también experimentaba similar regodeo en el renacentismo erótico y por más o menos las mismas razones.

Nacidas a su vez  de rapacear el triunfo que supuso la “trilogía de la vida” de Pasolini, especialmente El Decamerón y Los cuentos de Canterbury por aquello de la proximidad geográfico-conceptual, pero también de Las mil y una noches, ninguna de ellas ajenas ni a la chabacanería ni a los desnudos agradecidamente gratuitos.

Un fenómeno que en curiosa analogía temporal, remiten a la creación misma de la literatura medieval y renacentista española, a los robos y prestamos que durante estos periodos de formación y expansión se realizaron realizó sobre las tradiciones y gustos italianos u orientales. Una coincidencia que deja meridiano el carácter raudamente exploit de la cultura popular española.

The Haunting of Morella

Título original: The Haunting of Morella

Año: 1990 (Estados Unidos)

Director: Jim Wynorski

Productor: Roger Corman

Guionistas: R.J.Robertson y Jim Wynorski basado en el relato de Edgar Allan Poe “Morella”

Fotografía: Zoran Hochstätter

Música: Chuck Cirino, Fredric Ensign Teetsel

Intérpretes: David McCallum (Gideon), Nicole Eggert (Morella/ Lenora), Christopher Halsted (Guy), Lana Clarkson (Coel), Maria Ford (Diane) , Jonathan Farwell (Dr. Gault) , John O´Leary (Quintis) , Brewster Gould (Miles Archer), Deborah Dutch (Sirvienta)…
Sinopsis: Morella es condenada a morir acusada de brujería, en venganza, promete regresar del más allá reencarnada en Lenora, su recién nacida hija.

The Haunting of Morella supuso la vuelta del cineasta Roger Corman a la literatura de Edgar Allan Poe, esta vez en labores de productor, tres décadas después de sus clásicas adaptaciones de terror gótico realizadas durante la década de los sesenta. Morella, adaptado anteriormente por dicho cineasta en el primer fragmento del clásico Historias de terror (Tales of Terror, 1963), toma como base el citado relato del escritor estadounidense para articular esta historia de posesiones y brujería con influencias vampíricas.

En ella, la malvada Morella, tras ser torturada y condenada a morir por el asesinato de varias jóvenes a las que extraía su sangre para utilizar en ritos de brujería, promete regresar del más allá reencarnándose en su hija. Los años pasan y cuando Lenora, vivo retrato de su madre, está a punto de cumplir la mayoría de edad, comenzarán a sucederse de nuevo extraños asesinatos en la misma cripta donde descansa el cuerpo putrefacto de la bruja.

Corman cuenta para la ocasión con uno de sus pupilos predilectos, Jim Wynorski, responsable entre otras, del remake de uno de los filmes más populares de Corman, Not of this Earth: Vampiro del espacio (Not of this Earth, 1988) o secuelas como Big Bad Mama 2 (1987) y El regreso de la cosa del pantano (The Return of Swamp Thing, 1989),  para escribir y realizar esta serie B cargada de elementos tanto gore como eróticos- en ocasiones hasta sin venir a cuento tal exceso de epidermis-.

La historia, que transcurre a finales del siglo XIX, goza de una conseguida aunque precaria ambientación con cierto regusto ochentero – ojo a esos imposibles flequillos que lucen las féminas-, una apropiada música y un atractivo reparto. Reparto este encabezado por una púber Nicole Eggert- con doble de cuerpo en las escenas de desnudo-, en un complicado desdoblamiento de papeles (la virginal hija Lenora y Morella, su malvada madre), un David McCallum en horas bajas en el papel de padre invidente, la malograda Lana Clarkson, en el prometedor, aunque finalmente desaprovechado papel de malvada institutriz o la scream queen Deborah Dutch como criada.

Aunque al margen de todo lo mencionado, sin duda gran parte del encanto del filme reside en el aroma que desprende a producción de bajo presupuesto, factor este en el que también influye la época en la que fue rodada, finales de los ochenta, – algo que se percibe tanto en cuestión de textura cinematográfica, estética y en sus artesanales efectos especiales-, logrando crear así una atmósfera característica, a medio camino entre el porno soft y la serie B, consiguiendo con esto enriquecer el aspecto fantástico- terrorífico de la cinta.

Inspirándose vagamente en el relato de Poe, – un cuento macabro, en el que un hombre obsesionado con su fallecida mujer, llega a trasladar su pasión en la persona de su hija, vivo retrato de la madre, llegando a sentir un amor incestuoso hacia ésta- y tomando otras influencias del género, como el personaje real de la condesa Bathory en el cual se inspira claramente esta Morella, The Haunting of Morella da como resultado un ardiente y simpático cuento macabro para adultos de inocentes princesitas seducidas por malvadas brujas y salvadas de las garras del mal por el príncipe azul de turno.

Jesús Palop

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