El Sherlock Holmes de la BBC y Cushing por fin en España

Hace un tiempo salieron en Inglaterra y Estados Unidos los episodios supervivientes de la serie protagonizada por Peter Cushing como Sherlock Holmes en los años sesenta para la BBC. Pues bien, ahora aparecen en España. Así pues el pasado día 19 del presente mes Llamentol editó esos episodios que faltaban, en concreto Estudio en escarlata, El misterio del Valle Boscombe, El signo de los cuatro, El rubí azul y El perro de los Barkerville, cada uno de ellos en un disco suelto (incluido el último, que tiene el doble de duración), a un precio de 9,99 € cada uno, ofreciéndose en español (supongo que con un doblaje nuevo) e inglés, y subtítulos en español.

Noticia aparecida originalmente en: http://belakarloff221b.wordpress.com/2010/06/14/la-serie-de-peter-cushing-en-espana/

Published in: on julio 1, 2010 at 4:58 am  Comments (3)  

Agonizando en el crimen

Título original: Agonizando en el crimen

Año: 1968 (España)

Director: Enrique L. Eguiluz

Productor: Juan Logar

Guionista: Juan Logar [acreditado como Juan]

Fotografía: Raúl Artigot

Música: Juan Logar [acreditado como Juan]

Intérpretes: Juan Logar [acreditado como Juan] (Jean), Irene Gutiérrez Caba (Madre de Jean), Pepe Rubio (Henry), Yelena Sacarina (Susane), Manuel Manzaneque, Paul Naschy [Jacinto Molina] [acreditado como David Molva] (Inspector de policía),  Tomás Blanco (Padre de Jean), Nuria Gimeno, Annie Sinigalia, Ángel Soler…

Sinopsis: El mismo día de su enlace matrimonial, la esposa de Jean muere víctima de una extraña dolencia en plena intervención quirúrgica. Afligido por la pérdida, el joven abandona sus estudios de medicina y se refugia en los recuerdos de su época de noviazgo. Al mismo tiempo que esto ocurre, una ola de asesinatos sacude la ciudad con un mismo patrón de conducta: las víctimas son  estudiantes de cirugía a cuyos cadáveres se les ha amputado ambas manos.

Si por algo suele ser recordada Agonizando en el crimen es por su determinante papel en el nacimiento de una de las corrientes más activas e importantes de nuestra industria entre finales de la década de los sesenta y mediados de los setenta. Sería durante el rodaje de esta película, en la que desempeñaba el primer papel de cierta importancia de su carrera bajo el seudónimo de David Molva, que el posteriormente conocido como Paul Naschy comentaría al director del film, Enrique López Eguiluz, su idea de hacer un largometraje sobre hombres lobo en España, comenzando así la gestación de un proyecto que, meses más tarde, devendría en La marca del hombre lobo, el considerado título fundacional del denominado fantaterror hispano.

Pero esta consideración no quiere decir, ni mucho menos, que antes de la primera aventura del icónico Waldermar Daninsky no hubieran existido películas españolas de temática fantástica y/o terrorífica. Sin ir más lejos, Agonizando en el crimen es una de ellas. Realizada dos años después de Chantaje a un asesino, primera asociación de sus dos máximos responsables, el citado Eguiluz y el polifacético Juan Logar, quien aquí desempeñaría labores de actor, productor, músico y guionista, la película en cuestión se emparenta de forma lejana con la magistral Ojos sin rostro, film cuya impronta también se dejaría notar en otras cintas españolas coetáneas de similares características, caso de la franquiana Gritos en la noche.

El trabajo de Juan Logar es acreeditado de esta forma tan peculiar.

De este modo, la cinta que nos ocupa comparte con el film francés su aura poética dentro de un contexto realista, así como su formato de relato policiaco, estando su diferenciación en que, si en el clásico de Georges Franju los asesinatos del mad doctor de turno estaban motivados por su necesidad de conseguir materia prima con la que tratar de reconstruir el rostro de su hija, desfigurado en un accidente automovilístico del que éste se consideraba culpable, en este caso las andanzas criminales responden a un espíritu vengativo que sublima la carga romántica (en su más estricto sentido literario) de la historia. Así, su personaje principal se dedica a matar a sus antiguos compañeros de la escuela de medicina al responsabilizarles de forma indirecta de la muerte de su esposa en una sala de operaciones el mismo día de su boda -un arranque que, con variaciones, recuerda a la posterior El abominable dr. Phibes (The Abominable Dr. Phibes, 1971), de Robert Fuest-. Tras los crímenes, el hombre lleva a cabo un macabro ritual por el que amputa las manos de los otrora estudiantes de cirugía con un bisturí, para después enterrarlas al pie de un rosal que plantó junto a su mujer y que, en cierto modo, simboliza la vigencia de su amor.

Una trama sumamente atrayente pero que, por desgracia, es desaprovechada en todos y cada uno de sus aspectos. Por un lado, su jugosa premisa argumental apenas es desarrollada más allá de sus propios planteamientos, resolviéndose de modo rutinario con los distintos asesinatos y las consiguientes pesquisas policiales (y periodísticas) por descubrir la identidad del culpable. El mejor ejemplo de lo endeble de su guión está en la poco creíble forma en que es mostrada la supuesta progresión de la demencia de su protagonista, residiendo todo intento de desarrollo en la acumulación de cansinas escenas en las que sus amigos bailan y se divierten de forma despreocupada, mientras él se encuentra ausente y distante. A tal circunstancia también contribuye la incapacidad de Logar para reflejar en su actuación la complejidad del personaje por él mismo creado, hasta el punto de que toda su variedad de registros interpretativos para darle vida no pasan de ser dos: o apocado o furioso. Por su parte, la realización de Eguiluz ni sabe ni quiere (o puede) aprovechar en su beneficio el lirismo de la historia, brindando por el contrario una pedestre puesta en escena que tiene en la feísta utilización del ojo de pez su mayor símbolo de distinción.

Sin embargo, tras sus fallidos resultados, Agonizando en el crimen no deja de ofrecer ciertos aspectos de interés desde una perspectiva cinéfila. Y no solo por, como ya se ha señalado, contener el primer papel acreditado de Jacinto Molina, quien da vida en la cinta a un inspector de policía[1], sino por las sorprendentes similitudes que arroja con la posterior La marca de un hombre lobo. Dejando a un lado el hecho de que en una y otra Eguiluz pusiera su oficio al servicio de dos noveles autores multidisciplinares como Juan Logar y el propio Naschy, en ambas películas se confía a la amistad el papel de posible vínculo salvador del individuo caído en desgracia – aquí el psicópata, en el film de Molinaschy el licántropo -, dándose la curiosa coincidencia de que en los dos films este rol recaería en idéntico actor, Manuel Manzaneque, si bien en esta ocasión dicha función sea compartida con el personaje interpretado por Pepe Rubio. Igualmente, la puesta en escena de la presente adelanta varios elementos que después serían recuperados por su director para dar forma a su posterior trabajo, ya sea su querencia por incluir secuencias de jóvenes bailando que, vistas hoy en día (y posiblemente también en su época), otorgan al conjunto ciertas dosis de humor involuntario o, sobre todo, por las semejanzas de su clímax final, desarrollado en torno a la caza de su sanguinario protagonista en medio de un bosque, sensación acrecentada por el hecho de que éste vista con camisa blanca y pantalones oscuros, precisamente, el mismo atuendo que luciría Waldemar Daninsky en la escena análoga de su bautismo cinematográfico.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Del mismo modo, Agonizando en el crimen también sería la primera película que se rodaría en la finca que la familia de Paul poseía en la madrileña localidad de Lozoya, la cual pronto se convertiría en recurrente escenario de la filmografía de nuestro licántropo nacional en títulos como El espanto surge de la tumba o El aullido del diablo, entre otros muchos.

Published in: on junio 25, 2010 at 4:56 am  Comments (23)  
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Novedades L’Atelier 13 para abril

Hace poco salió a la venta un nuevo lanzamiento en DVD de clásicos de la ciencia ficción por parte de la imprescindible colección L’Atelier 13, distribuido por Absolute Distribution.

Así, en primer lugar tenemos toda una joya jamás estrenada en España, Kronos, dirigida por Kurt Neumann, el mismo responsable de otros dos clasicazos del género como son La mosca y Cohete K-1. Aquí, una mole cibernética de origen extraterrestre amenaza la Humanidad.

Le sigue Not of this Earth, una de las más interesantes ci-fis de los 50 de las dirigidas por Roger Corman, y que daría lugar a un lotecito de remakes paupérrimos. En ella, un extraterrestre vestido como un hombre de negro se infiltra entre los humanos, con la malvada intención de succionarnos la sangre.

Y el tríptico acaba con It! The Terror from Beyond the Space, de Edward L. Cahn, una película no sólo interesante por sí misma, sino porque es uno de los evidentes precedentes de un clásico como Alien – El octavo pasajero. En ella, una expedición de regreso desde Marte comprueba que en la nave hay infiltrado un monstruo que utiliza los conductos de ventilación para atacar y desaparecer…

Pero eso no es todo, amigos, aún hay más. Aparte de estas tres entregas de L’Atelier 13, su responsable ofreció una nueva de la excelente nueva colección de cine negro con una rareza, The Fallen Sparrow, de Richard Wallace, protagonizada por John Garfield y Maureen O’Hara, y prohibida en tiempos en nuestro país por tener nuestra guerra civil de telón de fondo.

Published in: on mayo 13, 2010 at 5:30 am  Comments (3)  

Encuentro mortal

Título original: Deadly Strangers

Año: 1975 (Gran Bretaña)

Director: Sydney Hayers

Productor: Peter Miller

Guionista: Philip Levene

Fotografía: Graham Edgar

Música: Ron Goodwin

Intérpretes: Hayley Mills (Belle Adams), Simon Ward (Stephen Slade), Sterling Hayden (Malcom Robarts), Hubert Tucker, Norman Turell, Roger Nott…

Sinopsis: Un peligroso psicópata se escapa de un manicomio al mismo tiempo que una joven es recogida por un hombre misterioso mientras hace autostop.

Bajo esta película de tan manido título, Encuentro mortal, se esconde un clásico whodunit con una pequeña particularidad que le hace totalmente diferente y original. Ésta reside en que el asesino no se encuentra entre una amplia galería de personajes, si no que esta vez se reduce a tan sólo dos: un joven de turbulento pasado aquejado de algún trauma de origen sexual y una misteriosa chica que esconde un oscuro secreto de familia. Aunque para no cerrar tanto el círculo para los que no hayan visto aún la película, podríamos ampliar las posibilidades a algún efectivo giro expuesto por su guionista, Philip Levene, un especialista en el género de suspense como pudo demostrar tanto en la serie Los vengadores como en otros trabajos  realizados a las órdenes del presente realizador, Sydney Hayers. Nos estamos refiriendo a Llamas en la ciudad (The Firechasers, 1971) y Diagnosis asesinato (Diagnosis: Murder, 1974).

No recomiendo la edición española en Dvd de esta película, está únicamente en su versión doblada, a pesar de que en la carátula ponga lo contrario.

Es fácil, por tanto, destripar cualquier cinta perteneciente a este género tan popular, aunque Encuentro mortal tiene la particularidad además de ser una road movie: sus dos protagonistas viajan por gran parte del Reino Unido, incluso haciendo parada en el famoso Brighton Pier. Todo este recorrido les permitirá conocerse el uno al otro a base de encuentros y desencuentros, llegando incluso a existir cierta tensión sexual entre ellos basada en el tira y afloja, dentro de una destructiva relación que podría terminar concluyendo en todo un vía crucis, como veremos a medida que se va desencadenando la acción.

Brighton Pier en los años 70

La cinta, con un marcado componente de índole sexual, pasará a la historia por contener el desnudo de la famosísima actriz infantil Hayley Mills – ¿Es que hay alguien que no recuerda películas como Tú a Boston y yo a California ( The Parent Trap, 1961), Pollyanna (Pollyanna, 1960) o Los hijos del capitán Grant (In Search of the Castaways, 1962 )? -, ya alejada de sus años de niña prodigio – aunque curiosamente también haga de adolescente en la serie de flashbacks que ilustran el pasado de su personaje Belle- y que con veintiocho años pretendía desprenderse de dicha etiqueta a través de este complejo personaje, mostrando además, como hemos dicho, gran parte de su anatomía acompañada de una elevada dosis de fetichismo.

Hayley onírica

Por lo demás, la historia tiene una clara influencia giallesca que se transmite en un trío de crímenes, destacando el que tendrá lugar en la gasolinera, rodado de forma sobresaliente con un espejo de mano de inesperado protagonista, además de contener varias persecuciones y acertadas dosis de misterio. En cuanto a su aspecto técnico, hay que destacar su banda sonora -ojo a los créditos-, y la fotografía, tanto diurna, mostrando los bellos parajes de Inglaterra, como la nocturna de colores tan irreales como saturados.

El rostro del asesino se ve reflejado en las pupilas de esta pobre chica.

Pero, atención, porque a pesar de todo, el resultado final puede quedar supeditado a la resolución del clásico y ya mencionado whodunit, que en este caso llega a resultar forzado e incluso algo engañoso, pudiendo dañar el interesante conjunto, aunque ante todo, debería primar en el espectador, esa relación atípica y masoquista que se da entre ambos protagonistas, interpretados por un inquietante Simon Ward y la ya citada y siempre encantadora Hayley Mills.

Jesús Palop

Published in: on abril 22, 2010 at 5:32 am  Comments (3)  
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El sexo está loco

Título original: El sexo está loco

Año: 1981 (España)

Director: Jesús Franco

Productora: Triton Producciones Cinematográficas, S. L.

Guionista: Jesús Franco

Fotografía: Juan Soler

Música: Jesús Franco [acreditado como Pablo Villa], Daniel White

Intérpretes: Lina Romay [acreditada como Candy Coster], Lynn Endersson, Antonio Rebollo [acreditado como Tony Skios], Antonio Mayans [acreditado como Robert Foster], Laura García, Antonio Martín, Gloria Menéndez, José Luis Martínez, Jesús Franco…

Sinopsis: Una serie de historias interpretadas por los mismos actores se suceden sin poder apenas distinguir la realidad de la ficción.

El sexo está loco (1981)  fue creada en la etapa más prolífica del más prolífico de los autores del cine español, siendo concebida como un particular homenaje a la obra de Buñuel El fantasma de la libertad (Le fantôme de la liberté, 1974), una de las películas favoritas del realizador al que nos referimos, Jesús Franco.

La cinta se compone de una sucesión de gags a cada cual más disparatado, comenzando con el coito de un grupo de extraterrestres que engendran un nuevo ser cada nueve segundos, y siguiendo con dos parejas que deciden unirse en cuatrimonio o un sacrificio humano llevado a cabo por una secta adoradora de San Cucufato, todo ello salpicado con la aparición estelar de la mismísima novia del productor.

Por supuesto, tal sucesión de sketchs se debe tomar como una total provocación de su realizador que, en compañía de su equipo habitual por esas fechas, como el director de fotografía Juan Soler, quien también cuenta con un breve papel de sacerdote, o sus actores fetiches Lina Romay, Antonio Mayans y Antonio Rebollo, bajo sus respectivos pseudónimos, se propone realizar una parodia en la que se mezclan diversos géneros que abarcan desde el fantástico al de espías, sin olvidarnos, por supuesto, del erótico, con muchísimo sentido del humor, algo que incluso consigue traspasar la pantalla gracias a la labor y a la complicidad de un plantel de actores que disfrutan plenamente de su trabajo.

Este filme, además, podría erigirse como un guiño del director a su propia filmografía o, mejor dicho, a  la etapa de principios de los años 80 ya que, además de contar con la mayor parte de alicientes anteriormente citados, tanto técnicos como artísticos, el propio Franco se homenajea a sí mismo al verse reflejado en un espejo incluso cuando ejerce de operador de cámara en algunas de las secuencias, mostrando incluso cómo lleva a cabo su recurso estilístico más personal, el zoom.

La cinta está repleta de diálogos chispeantes, muchos de ellos improvisados, como el realizado en el interior de un coche donde Candy Coster y Toni Skios chapurrean un inglés inventado, lástima que posea en general un doblaje tan irregular y que en gran parte de las ocasiones incluso no exista apenas sincronización con los labios de los actores, aunque valorando el conjunto y el todo vale de la propuesta, uno puede llegar a pensar que éste haya sido convenido así en mismo set.

Este concatenación de anécdotas a cada cual más absurda, acerca el arte de este realizador, odiado por muchos y amado por otros tantos, hacia la sátira más  surrealista, alzándose finalmente como una rara avis dentro de su, por otro lado, extensa filmografía, además de ser una de sus películas menos odiadas por el propio Franco, y eso ya es otro cantar.

Jesús Palop

Nuevo lanzamiento de Bang Bang Movies

Bang Bang Movies, el sello hermano de L’Atelier 13 dedicado a recuperar el mejor cine negro en Dvd, anuncia la inminente salida de su segundo lanzamiento de clásicos. En esta ocasión los títulos escogidos son:

- El susto (Shock, 1946) de Alfred L. Werker

La joven Janet se registra en un hotel en el que debe reencontrarse con su marido, que regresa de la Segunda Guerra Mundial. Éste se retrasa y, durante la espera, la chica presencia un asesinato que le hace entrar en estado de shock. El médico del hotel llama a un reconocido psiquiatra para que la atienda. Pero el doctor Cross es en realidad el hombre al que Janet vio asesinar a su esposa…

Vincent Price es un grandísimo actor. Aquí lo encontramos sin bigote, en El susto, una rareza de Alfred L. Werker (Sherlock Holmes contra Moriarty) que oscila entre el cine negro y el de terror, en uno de los papeles bisagra de su carrera; aún estaba definiendo al personaje malvado que sería en muchas de sus películas a partir de Dragonwyck de Joseph L. Mankiewicz, y que bordaría en Los crímenes del museo de cera de André De Toth.

Características técnicas: audio en inglés y castellano, subtítulos en castellano e imagen en 4/3 fullscreen.

- Dark Waters (Aguas turbias) (Dark Waters, 1944) de André De Toth

Leslie Calvin es una de las pocas supervivientes de un naufragio en el que mueren sus padres. La única familia que le queda es la hermana de su madre y el esposo de ésta. Pero Leslie no los ha visto nunca. Los tíos aceptan sin embargo acoger a la joven en su gran propiedad situada en medio de los bayous de Luisiana. Sin embargo, cuando llega a la estación, nadie va a recogerla. Empieza a pensar que enloquece…

Con Dark Waters (Aguas turbias), el director André De Toth firma una obra maestra sofocante y paranoica en la que su heroína, soberbiamente interpretada por Merle Oberon, debe enfrentarse a la locura y a aguas llenas de remolinos, cadáveres y corrientes traicioneras. En su tercera película, De Toth cuenta ya con todas las cualidades que volveremos a encontrar en el resto de su filmografía: excelente elección y dirección de actores y, sobre todo, una capacidad innata de contar una historia de violencia abrupta sin tiempos muertos.

Características técnicas: audio en inglés, subtítulos en castellano e imagen en 4/3 fullscreen.

- Yo amé a un asesino (He Ran All the Way, 1951) de John Berry

Nick Robey, un delincuente de poca monta convive con su madre alcohólica. Ocioso, es arrastrado a cometer un atraco que sale mal. Presa del pánico, Nick mata a un policía y se refugia en una piscina municipal en la que conoce a Peg, una chica a la que seduce y acompaña a casa de sus padres. Acorralado, decide tomarlos como rehenes volviéndose cada vez más violento…

Thriller sombrío y violento espléndidamente escrito por Dalton Trumbo y dirigido por John Berry, Yo amé a un asesino no deja mucha esperanza a la generación posterior a la guerra. John Garfield (El cartero siempre llama dos veces) para quien será el último rol antes de su prematura y trágica muerte en 1952, y Shelley Winters (La noche del cazador), mantienen la tensión hasta el último instante.

Características técnicas: audio en inglés y castellano, subtítulos en castellano e imagen en 4/3 fullscreen.

Como viene siendo habitual en las diferentes ediciones de Absolute Distribution, tan interesantes títulos estarán acompañados por exclusivos libretos sobre los films y sus artífices.

Published in: on marzo 25, 2010 at 5:54 am  Comments (8)  

La banda de los Grissom

Título original: The Grissom Gang

Año: 1971 (Estados Unidos)

Director: Robert Aldrich

Productores: Robert Aldrich, Walter Blake

Guionista: Leon Griffiths basándose en la novela de James Hadley Chase.

Fotografía: Joseph Biroc

Música: Gerald Fried

Intérpretes: Kim Darby (Barbara Blandish), Tony Musante (Eddie Hagan), Scott Wilson (Slim “Palillo” Grisom), Irene Dailey (Gladys Grissom), Robert Lansing (Dave Fenner), Connie Stevens (Anna Borg), Voey Faye (Woppy), Don Keefer (Doc Grissom)…

Sinopsis: Bárbara Blandish es secuestrada por la familia Grissom, quienes piden un rescate de un millón de dólares por ésta. Tras obtener el dinero, el hijo menor del clan se opone a liberarla al haberse enamorado de ella.

La banda de los Grissom se sitúa durante la depresión en la que se veía inmersa los Estados Unidos en los años treinta. Una sociedad llena de grupos de gangsters enfrentados entre sí, que en este caso se disputan la vida de una rica heredera, deseando en un principio su lujoso collar de diamantes, para pasar posteriormente a pedir un rescate por su liberación.

El filme, se basa en la primera novela de James Hadley Chase No Orchids for Miss Blandish, de 1939, todo un éxito de ventas en el Reino Unido, y que sería llevada asimismo al cine en 1948 por St. John Legh Clowes bajo el mismo nombre, No Orchids for Miss Blandish. Aunque al menos la versión que nos corresponde está más suavizada con respecto al material literario en cuestión de violencia gráfica.

Robert Aldrich se ocupa a través de su propia compañía, Aldrich Company- creada gracias a la exitosa Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967), de la producción del filme, recreando la década de los años treinta, teniendo para ello que utilizar grandes estudios para reproducir las calles de la época, -que podremos contemplar durante la persecución en coche que tiene lugar hacia el desenlace del filme-, contando esta por tanto, de un estimable trabajo de diseño de producción y vestuario.

Pero La banda de los Grissom no es la típica historia de gangsters, aunque tengan sus enfrentamientos entre ellos, persecuciones por parte de la justicia y disparos a mansalva, ya que en la cinta destaca la creación de personajes. Aparte de los masculinos, como el temible y a falta de un hervor “Palillo”, el padre Grissom absolutamente sometido a la voluntad de su mujer, que apenas tiene un par de frases durante todo el filme o el temible gangster encarnado por Tomy Musante, está el trio de personajes femeninos a cada cual más interesante. Desde la rica y caprichosamente consentida heredera, encarnada por una Kim Darby post Valor de ley (True Gift, 1969), sobre la que gira la trama de la película; la cantante con pocas luces, capaz de todo por llegar a lo más alto en el mundo de la música, a quien da vida la estupenda Connie Stevens- no podía ser otra-, dejando atrás su imagen angelical de chica Parrish (Parrish, 1961) o Susan Slade (Susan Slade, 1961), y la madre Grissom, cabeza de familia y de carácter arrollador interpretado por la increible Irene Dailey. Y es que Aldrich era especialista en dirigir historias sustentadas por mujeres con carácter, sólamente hay que recordar grandes ejemplos como ¿Qué fue de Baby Jane? (What Ever Happened to Baby Jane?, 1962), Canción de cuna para un cadaver (Hush, Hush…Sweet Charlotte, 1964)o incluso la bíblica Sodoma y Gomorra (Sodom and Gomorrah, 1960).

Su estupenda ambientación de principios de siglo XX, pasa además por diferentes y variados escenarios, de los más pobres a los más lujosos, siendo esta transición o elipsis temporal- el traslado de los Grissom de una casa a otra en la que han invertido el dinero del rescate y que consigue impresionar debido a su estética art deco de amplio colorido – un enorme acierto que transcurre apoyándose en la alegre música de estilo charleston compuesta por Gerald Fried.

Por último, la cinta evoluciona desde el cautiverio de la rica heredera, incluyendo escenas psicológicas de alta tensión como aquellas en las que nuestra protagonista intenta escapar de su encierro, para terminar en una desafortunada historia de amor entre un bandido y una pobre niña rica que nunca se sintió querida en su entorno familiar, encontrando a alguien que por fin  le entrega su desinteresado amor. Todo ello es narrado por Aldrich con la dosis justa de ternura, sin caer en la sensiblería barata, algo que por otro lado, hubiera supuesto el naufragio de tan tremenda historia; una historia que consigue retratar el lado más humano de los temidos gangsters de principios de siglo.

Jesús Palop

Published in: on marzo 17, 2010 at 6:14 am  Comments (4)  
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Boris Karloff y Sherlock Holmes por Vellavisión

Vellavisión tiene previsto distribuir, posiblemente bajo un nuevo sello, un par de lanzamientos de lo más apetitosos para el aficionado. Por un lado tenemos la joya del terror de la Universal de los años 30 El caserón de las sombras (The Old Dark House), dirigido por James Whale y protagonizado por Boris Karloff, Charles Laughton, Raymond Massey y Ernest Thesiger. La película se ofrece en una versión restaurada, y como extras se incorporan una presentación y audio-comentario debidos al escritor Ángel Gómez Rivero, así como un libreto escrito por Carlos Díaz Maroto.

Por lo demás, en España se ha editado en montones de ocasiones el ciclo que protagonizó Basil Rathbone como Sherlock Holmes para la Universal. Sin embargo, hasta ahora se nos escamoteaban las dos primeras aportaciones que realizó Rathbone con anterioridad, y efectuadas para la productora 20th Century Fox. Pues bien, al fin podremos disponer de esas dos películas en España: The Hound of the Baskervilles (1939), de Sidney Landfield, inédita en España, pero emitida por televisión como Sherlock Holmes y el perro de los Baskerville, y The Adventures of Sherlock Holmes (1939), de Alfred L. Werker, estrenada en España como Sherlock Holmes contra Moriarty y emitida por televisión como Las aventuras de Sherlock Holmes.

Ambas películas se ofrecerán remasterizadas y restauradas, dobladas y en versión original subtitulada, en un pack especial, e incluirá además un documental, que está casi confirmado, así como, casi con seguridad, algo más que está por confirmar, amén de un libreto firmado por un tal Carlos Díaz Maroto.

Como véis, aún hay cosas por confirmar, de las cuales nos iremos haciendo eco próximamente. Permanezcan atentos a sus pantallas.

Published in: on febrero 15, 2010 at 9:09 pm  Comments (8)  

Nueva entrega de la colección Cinema Bis de Versus: “Detour”

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Como ya comentábamos hace escasas fechas a raíz de su programada proyección en la Filmoteca Española, desde ayer ya se encuentra en las tiendas una nueva edición de uno de los más importantes clásicos del cine noir: Detour (1945) de Edgar G. Ulmer.

Si bien ya editada en innumerables ocasiones en nuestro país en condiciones precarias, parece ser que va a ser esta edición apadrinada por Versus Entertainment y encuadrada dentro de su colección “Cinema Bis”, la que por fin haga justicia a una obra considerada por gente como Peter Bogdanovich como “la mejor película de serie B de todos los tiempos”.

Así, además de la película en su versión original más subtítulos en castellano, la edición de Versus ofrece como suculentos extras Edgar G. Ulmer: el hombre fuera de campo, documental de más de una hora sobre el reivindicable cineasta austriaco, y un libreto exclusivo de 44 páginas que, además de fotografías, contiene un acercamiento a la obra de Ulmer a cargo de Quim Casas y un ensayo sobre la película obra de Jesús Palacios. Todo ello sale a la venta al ajustado precio de 14,95 €.

Published in: on octubre 9, 2009 at 6:51 am  Comments (5)  

Dillinger

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Título original: Dillinger

Año: 1973 (Estados Unidos)

Director: John Milius

Productores: Samuel Z. Arkoff, Buzz Feitshans, Lawrence Gordon, Robert Papazian

Guionista: John Milius

Fotografía: Jules Brenner

Música: Barry De Vorzon

Intérpretes: Warren Oates (John Dillinger), Ben Jonson (Melvin Purvis), Michelle Phillips (Billie Frechette), Harry Dean Stanton (Homer Van Meter), Steve Kanaly (Pretty Boy Floyd), Richard Dreyfus (Baby Face Nelson), Cloris Leachman (Anne Sage), Geoffrey Lewis (Harry Pierpont)…

Sinopsis: John Dillinger y su banda aterrorizan el medio oeste americano durante los años de la gran depresión. Por su parte, el FBI no se queda de brazos cruzados y pone a su mejor hombre, Melvin Purvis, tras su rastro.

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En 1973 la American International Pictures de James H. Nicholson y Sam Z. Arkoff pusieron en marcha el que era su proyecto más ambicioso hasta la fecha: el biopic del legendario atracador de bancos John Dillinger. El film es una rara avis entre la producción setentera de la AIP (bueno, en realidad entre toda su producción),[1] en cuanto que se trata de una cinta adulta, filmada con estilo y que, a pesar de que rezuma violencia, huye de todo sensacionalismo.

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El proyecto contó con el que fue el mayor presupuesto de la compañía hasta ese momento, un millón de dólares, y es la ópera prima de un personaje que estaría llamado a ocupar un papel clave en el cine de acción de los años 70 y 80, John Milius, quien se encargó tanto de la dirección como del guión. Sorprende que dos viejos zorros de la serie B como Nicholson y Arkoff pusieran un presupuesto tan elevado en manos de un mocoso de veintinueve años, pero hay que tener en cuenta que Milius en aquel entonces era uno de los talentos mas precoces del cine americano, cuyo guión original El juez de la horca (The Life and Times of Judge Roy Bean) había sido llevado al cine por John Huston el año anterior[2].

Dillinger 4

La cinta narra las tropelías del mítico John Dillinger y su banda durante la gran depresión, su famosa huida de la cárcel y su posterior persecución y asesinato por parte del no menos mítico agente del FBI Melvin Purvis. Dillinger es prácticamente contemporánea de otras célebres biopics de gángsteres como Bonnie y Clyde (Bonnie & Clyde) de Arthur Penn o Mamá Sangrienta (Bloody Mama) de Roger Corman, aunque poco tiene que ver con las mismas. En Dillinger los personajes no son héroes románticos o una pandilla de degenerados,[3] como en los anteriores títulos, sino seres humanos marcados por su destino. Individualistas, violentos y contradictorios. Auténticos anti-héroes que entroncan con la tradición del western crepuscular y, de hecho, no es casualidad que los protagonistas de la cinta sean precisamente Warren Oates y Ben Johnson, los hermanos Lyle y Tector Gorch del célebre Grupo Salvaje de Sam Peckinpah, título que sin duda influyó a Milius en la preparación del film.

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Es precisamente la relación entre Dillinger y Purvis y la delgada línea que separa a los héroes de los villanos el eje sobre el que gira la película, siendo en este sentido fundamental el trabajo del tándem protagonista, con Warren Oates interpretando magistralmente a un Dillinger irónico, socarrón y absolutamente narcisista, mientras que Ben Johnson se encarga de dar vida a un Melvin Purvis oscuro y vengativo.

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Respecto al resultado final y a pesar de tener varios momentos absolutamente brillantes, el espectador se queda con la sensación de que el proyecto pudo ser demasiado ambicioso para la AIP,[4] o que tal vez le vino algo grande a un Milius todavía algo inexperto. El Village Voice en su crítica llegó a señalar que se trataba de “una película de serie B con una ambición de serie A (en lo artístico y en la atmósfera)” y lo cierto es que se queda un poco a medio camino de todo; entre el clasicismo y la modernidad, entre el mainstream y la independencia… y es precisamente esa indefinición la que lastra el resultado final y la que tal vez influyó en que Dillinger fuera recibida fríamente por la crítica y el público americanos[5].

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En cualquier caso, no hay que pasar por alto sus numerosos aciertos en materia de ambientación (se rodó en los mismos escenarios del medio oeste en los que Dillinger y sus muchachos desarrollaron su carrera delictiva, y que al parecer apenas habían cambiado en cuarenta años), casting (Oates y Johnson son secundados por Harry Dean Stanton o Richard Dreyfuss), guión o montaje, los cuales hacen de Dillinger no solo una película totalmente disfrutable, sino, de hecho, un clásico menor del cine norteamericano de los setenta.

Dildo Bolson

[YOUTUBE=http://www.youtube.com/watch?v=oX72ZdOJh3o]

[1] Para hacernos una idea, en los años 1972 y 1973 AIP estaba volcada en la producción de blaxploitations como Blacula, Coffy o Hell Up in Harlem. Curiosamente en esos mismos años también produjo algunas cintas de lo que se denominó el nuevo Hollywood, como Sisters de Brian de Palma o  Boxcar Bertha de Martin Scorsese.

[2] Heredero del espíritu indómito de los que fueron sus héroes tras la cámara, John Milius ha desarrollado una de las carreras más bizarras y controvertidas dentro del puñado de cineastas que a finales de los 60 y principios de los 70 formaron el nuevo Hollywood. Titular de un impresionante currículo como director (Conan el bárbaro, Amanecer rojo, El viento y el león o Adiós al rey), guionista (Apocalypse Now, 1941 o Harry el fuerte) e incluso productor ejecutivo (Hardcore, mundo oculto), en los últimos años se ha visto condenado al ostracismo por la industria, lo cual, según el propio Milius, se debe a su condición de republicano confeso y militante.

[3] Para quien no haya visto la cinta el viejo Corman, nos presenta a la banda de Ma Baker como una incestuosa panda de paletos drogadictos y violadores.

[4] Bonnie & Clyde, rodada apenas cinco años antes y con una producción en apariencia mucho más modesta, costó algo más de un millón y medio de dólares.

[5] En la reciente biografía Warren Oates, a Wild Life se indica que de las críticas de los principales periódicos de Estados Unidos ocho fueron negativas, cuatro neutras y únicamente tres positivas. Igualmente, Peter Biskind, en su monumental Moteros tranquilos, toros salvajes indica que la película fue un fracaso.

Published in: on septiembre 3, 2009 at 11:12 am  Comments (21)  
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