“Nicolas Winding Refn. Luces y sombras del thriller contemporáneo”, nuevo lanzamiento de Macnulti Editores

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Tras las obras colectivas John Carpenter. Ultimátum a la Tierra y A tumba abierta. El cine kamikaze, Macnulti Editores apuesta por un libro de temática cinematográfica de autor único. Se trata de Nicolas Winding Refn. Luces y sombras del thriller contemporáneo, que escribe Óscar Brox Santiago, y que supone tanto el segundo libro de la colección “Hamsterdam” como el tercero de la historia de esta editorial surgida del deseo de los miembros de la revista on-line “Miradas de cine” de trasladar su filosofía de trabajo colectivo y el talento de sus colaboradores a las publicaciones de papel.

Nicolas Winding Refn. Luces y sombras del thriller contemporáneo aborda la obra del director danés como un estimulante punto de partida para reflexionar sobre el presente, pues en sus manos el thriller se transforma en un vehículo para investigar no solo los nuevos senderos del género, también del mismo cine. Tan estéticamente arrebatador como psicológicamente profundo, el cine de Winding Refn ha alcanzado, con sus historias repletas de claroscuros y personajes turbios, un papel protagonista para entender el thriller de nuestro tiempo. Entre la renovación y el cuestionamiento, entre el tormento y el éxtasis.

El volumen, que saldrá a la venta hoy 15 de septiembre, contará con una presentación oficial del libro el próximo día 18 a las 20:30, en la tienda Sin Tarima Libros (c/Príncipe, 12 – Metro Sol) de Madrid, y contará con la presencia de su autor, Óscar Brox.

Tras la salida de Nicolas Winding Refn. Luces y sombras del thriller contemporáneo, está previsto que el próximo trabajo en aparecer dentro de la colección “Hamsterdam” será una obra dedicada a la figura del cineasta Tod Browning. Por su parte, la colección mayor de Macnulti Editores tendrá continuidad con un libro sobre Adam Sandler, coordinado por Roberto Alcover Oti y Pablo Vázquez.

Más información en: http://macnulti.es/

Published in: on septiembre 15, 2014 at 6:43 am  Dejar un comentario  

Open Windows

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Título original: Open Windows

Año: 2014 (España, Estados Unidos)

Director: Nacho Vigalondo

Productores: Enrique López Lavigne, Belén Atienza, Mercedes Gomero

Guionista: Nacho Vigalondo

Fotografía: Jon D. Dominguez

Música: Jorge Magaz

Intérpretes: Elijah Wood (Nich Chambers), Neil Maskell (Chord), Sasha Grey (Jill Goddard), Nacho Vigalondo (Richi Gabilondo), Iván Gonzalez (Tony), Adam Quintero (Pierre), Daniel Pérez Prada (Triop), Jake Klamburg (Triop#2), Jaime Olías, Rachel Arieff, Raúl Cimas, Carlos Areces, Julián Villagrán, Michelle Jenner, Miguel Noguera…

Sinopsis: Nick Chambers, webmaster de una página dedicada a la sensual Jill Goddard, podrá conocer al fin a su actriz favorita gracias a un concurso que ha ganado. Sin embargo, una vez en la habitación del hotel recibe una misteriosa llamada que le convertirá en la única persona capaz de salvar a Jill Goddar del terrible peligro que corre…

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La última película de Nacho Vigalondo ha levantado bastante polvareda y pasiones de todo tipo. Los hay que enseguida se han apresurado en denominarla como “La ventana indiscreta del siglo XXI” o se han inventado términos como tecnothriller o tecnogiallo para definirla. Sin embargo, hay otros que la ven como una tomadura de pelo sin pies ni cabeza, llena de giros incoherentes y “sacados de la manga”. En la sala en la que la vi, preguntas como “¿pero esto qué es?” acompañaron la proyección formando una extraña banda sonora a lo largo de la película. Efectivamente, estamos ante una obra desconcertante; una locura que se desmadra más y más. Pero aún así, y aunque no lo sepa, ese espectador que se queja en su butaca está formulando la pregunta correcta: “¿PERO ESTO QUÉ ES?”.

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Nacho Vigalondo, gran amante del cine de Hitchcock, ha creado un thriller excesivo muy en la línea de Brian De Palma. Es inevitable que películas como Doble cuerpo o Femme Fatale, ambas dirigidas por el realizador estadounidense, se vengan a la cabeza mientras toda esa vorágine de ventanas se abren frente a uno. En Open Windows,como ocurre en el cine de De Palma e incluso en el giallo (otro género que sale bastante a colación a la hora de hablar de ella), se traza una trama (a menudo débil) que se sujeta sobre giros increíbles e intrigas desorbitadas. Pero Vigalondo no se conforma con ello y se sirve además de la ciencia ficción, el mundo de los videojuegos e, incluso, el del cómic, para realzarla y llevarla aún más al extremo. Y todo ello para hablarnos de los peligros de Internet y la falta de privacidad que existe en sus usuarios a la hora de exponerse en redes sociales y demás. Internet nos ofrece una alternativa más excitante en la que podemos crearnos otra identidad, pero el precio que nos pide a cambio es que abandonemos nuestra propia vida. En este sentido encontramos un punto extra en el hecho de que Chord, el hacker psicópata interpretado por Neil Maskell, aparezca casi toda la película con el rostro cubierto y que otro hacker (“pequeño” SPOILER) simplemente no tenga rostro. Ambos juegan a ser dioses en un mundo que controlan y en el que pueden hacer prácticamente todo lo que quieran gracias a su anonimato y a las herramientas que les proporciona Internet y la tecnología, aunque paradójicamente una vez llegados al desenlace descubrimos que el único personaje que parece “real” es el de la víctima, Jill Goddard (Sasha Grey).

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Pero me estoy desviando un poco de lo que pretendo explicar. Al inicio de este texto decíamos que el espectador confuso (y/o cabreado) de Open Windows se estaba planteando la pregunta correcta y esta era “¿PERO ESTO QUÉ ES?”[1]. Todas las películas tienen distintas capas de lecturas, unas más y otras menos, por supuesto, pero hay algunas que se prestan más a que podamos indagar en ellas. Cuando escuché “¿pero esto qué es?” en la sala yo también lo hice (aunque interiormente, por cierto) y me puse a darle vueltas. Pensé que no era casual que Open Windows arrancase con un ejercicio de metacine, ni que tras ese falso tráiler pasásemos a la presentación de la misma en el Festival de Austin (Texas), dónde Nacho Vigalondo, en un pequeño papel de director (llamado Richi Gabilondo), tiene un rifirrafe con la actriz protagonista de su película, Jill Goddard. También deberíamos tener en cuenta que en un momento de esta presentación Richi Gabilondo dice que no le gusta meter pesadillas en sus películas, pero Open Windows termina siéndolo de algún modo. ¿Casualidad? No lo creo. Como tampoco me lo pareció el hecho de que en el film se den falsas identidades a lo Edgar Wallace o que haya un personaje “amorfo”. Prestemos también atención al tema Ghost Rider de Suicide que se repite hasta en tres ocasiones a lo largo de la cinta, y al hecho de que en dos de ellas es quitada abruptamente por orden del personaje de Maskell, que dice textualmente que es una mierda. Tampoco es del gusto del personaje principal, Nick Chambers (Elijah Wood), así que, ¿qué pinta esta canción en la película?  “¿PERO ESTO QUÉ ES?”, esa es la pregunta. La pista nos la da Vigalondo en un último giro de la trama en la que se desvela el misterio y alguien dice: “Este CD es mío, se llaman Suicide y son la hostia”. Es entonces cuando comprendemos que el que habla no es Nick Chambers, ni Nevada, ni siquiera Elijah Wood… Sino Nacho Vigalondo que, raudo y veloz, corre a salvar a la chica en peligro.

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Open Windows es la fantasía que todo director de cine parece anhelar, y es la de convertirse en el héroe de su función para rescatar a la chica de la película (prototipo de la mujer de sus sueños que no puede conseguir, tal vez) y comenzar quizás una bonita historia de amor con ella. No hace falta irse demasiado lejos para encontrar ejemplos. Ahí tenemos a Alfred Hitchcock y sus amores platónicos (y enfermizos) con Janet Leigh, Tippi Hedren o Grace Kelly. Nacho Vigalondo, al igual que Hitchcock (y muchos otros directores), se vale de su protagonista (en este caso Elijah Wood) para ver cumplida su fantasía[2]. El director, mediante su protagonista, se deja hacer por el malvado de la historia y accede a pasar por todas esas trampas imposibles, para después tomar el control de forma magistral en ese último giro final de la película que decíamos.

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Open Windows es un canto de amor al cine y sobre todo a la figura del director. Su narración se va viciando conforme avanza y se distancia progresivamente de la realidad. Pero no nos equivoquemos, lo hace de un modo premeditado, así que dejémonos llevar por ella del mismo modo que lo hace su protagonista y gocemos del viaje que nos propone. Estamos ante un ejercicio de estilo, de cine puro, y cuanta más realidad le exijamos más lejos estaremos de lograr disfrutarlo. Esa pregunta que emerge en el espectador está ahí por algo, así que busquemos posibles respuestas. Estamos ante una película que gana más y más con cada visionado, así que ¡bienvenida sea! Por desgracia cosas como Open Windows no ocurren todos los días.

Juan Pedro Rodríguez Lazo

[1] Debería aclarar que no siempre se repetía esa misma pregunta durante la proyección y que había variaciones. Algunas hasta mal sonantes.

[2] En sus dos anteriores películas, Los cronocrímenes y Extraterrestre se daban unas relaciones hombre-mujer de lo más frustrantes.

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Últimas novedades de Bang Bang Movies

A finales del pasado mes de febrero, Bang Bang Movies, distribuida por Absolute, presentó tres novedades:

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- EL POZO DE LA ANGUSTIA (The Well, 1951) – BB1058

Una película de Leo Popkin y Russell Rouse

Con Richard Rober, Barry Kelley, Harry Morgan, Christine Larsen, Maidie Norman

Cuando una niña afroamericana de cinco años no se presenta a la escuela, sus familiares denuncian su desaparición al sheriff. Pero lo que se forja al calor de sus pesquisas es una terrible acusación: varios testigos aseguran que vieron a la niña con un hombre blanco. Se desatan entonces en el pueblo unos terribles enfrentamientos raciales…

El pozo de la angustia es una película extraordinaria, un drama policiaco-racial que escapa a todas los formulismos de Hollywood. Basada en hechos reales, sin apenas actores conocidos y dirigida por Russell Rouse y Leo C. Popkin (respectivamente guionista y productor de Con las horas contadas) en un estilo casi documental, era demasiado moderna y política para su época. En la línea de películas de John Ford y Fritz Lang sobre la locura colectiva, anticipa El intruso (1962), la obra más personal de Roger Corman, y la más reciente Tiempo de matar (1996) de Joel Schumacher. Rara vez se había retratado de una manera tan brutal en una pantalla semejante violencia.

CARACTERÍSTICAS DE LA EDICIÓN:

Libreto (historia de la película ilustrada)

Idioma: inglés

Subtítulos: español

Formato: fullscreen 1.33:1 – 4/3

Imagen: blanco y negro

Sonido: Dolby Digital 2.0

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- LA SENTENCIA (Nora Prentiss, 1947) – BB1059

Una película de Vincent Sherman

Con Ann Sheridan, Kent Smith, Bruce Bennett, Robert Alda

El respetado doctor Talbot, casado y con dos niños, conoce a la cantante de night-club Nora Prentiss cuando ésta sufre un accidente en la calle. A pesar de sus temores, no puede evitar enamorarse de ella, pero entonces tendrá que enfrentarse a un dilema: o dejar a Nora o divorciarse de su mujer. La muerte de un paciente en su consulta provoca que surja en su mente una tercera posibilidad…

Intenso y sugerente drama noir que impulsó la carrera de Ann Sheridan, La sentencia explora, por medio de los entresijos de un amor tortuoso, el triste mundo de la mentira y de la autodestrucción. Por la performancede sus actores, la siempre espectacular fotografía de James Wong Howe, la poderosa música de Franz Waxman y la excelente puesta en escena del subvalorado Vincent Sherman (A través de la noche, La dama de Trinidad, Bestias de la ciudad) este filme merece ser rescatado del olvido en el que cayó injustamente.

CARACTERÍSTICAS DE LA EDICIÓN:

Libreto (historia de la película ilustrada)

Idioma: inglés

Subtítulos: español

Formato: fullscreen 1.33:1 – 4/3

Imagen: blanco y negro

Sonido: Dolby Digital 2.0

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- LA TRAMPA (The Trap, 1959) – BB1060

Una película de Vincent Sherman

Con Richard Widmark, Lee J. Cobb, Tina Louise, Earl Holliman

Ralph Anderson, un abogado que ha amasado una fortuna defendiendo a mafiosos de alto rango, regresa a su ciudad natal, limítrofe con el desierto de California, para pedir a su padre, sheriff de la localidad, que no intercepte al huido Victor Massonetti, uno de sus clientes. Pero su hermano Tipp, celoso del éxito de Ralph y de la fascinación que éste ejerce sobre su esposa Linda, antigua novia de Ralph, decide echarle el guante al fugitivo…

Presentada aquí en una soberbia copia en Technicolor, La trampa es una arriesgada y estimulante mezcla de géneros como el thriller, el cine negro, el western y el drama familiar. Película de Norman Panama, goza de la dirección artística del mítico Henry Bumstead (Vértigo, Matar a un ruiseñor), de la fotografía de Daniel L. Fapp (West Side Story), y de la excelentísima interpretación de Richard Widmark, Tina Louise, Earl Holliman y Lee J. Cobb.

CARACTERÍSTICAS DE LA EDICIÓN:

Libreto (historia de la película ilustrada)

Idioma: inglés

Subtítulos: español

Formato: widescreen anamórfico 1.78:1 – 16:9

Imagen: Technicolor

Sonido: Dolby Digital 2.0

Published in: on marzo 13, 2014 at 6:35 am  Dejar un comentario  

Jack Ryan: Operación Sombra

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Titulo original: Jack Ryan: Shadow Recruit

Año: 2014 (Estados Unidos)

Director: Kenneth Branagh

Productores: David Barron, Lorenzo di Bonaventura, Mace Neufeld, Mark Vahradian

Guionistas: Adam Cozad, David Koepp, basado en los personajes creados por Tom Clancy

Fotografía: Haris Zambarloukos

Música: Patrick Doyle

Intérpretes: Chris Pine (Jack Ryan), Keira Knightley (Cathy Muller), Kevin Costner (Thomas Harper), Kenneth Branagh (Viktor Cherevin), Lenn Kudrjawizki (Constantin), Alec Utgoff (Aleksandr Borovsky), Peter Andersson (Dimitri Lemkov), Elena Velikanova (Katya), Nonso Anozie (Embee Deng), Seth Ayott (Teddy Hefferman), Colm Feore (Rob Behringer), Gemma Chan (Amy Chang), Aleksandar Aleksiev, Andrew Byron, Derek Lea, Andy Butcher, Lloyd Bass, Marat Berdyyev, Leonard Redlich, Nick Court, Nathan Wiley, Parker Sawyers, Georg Nikoloff…

Sinopsis: Mientras está estudiando en Londres, Jack Ryan asiste por televisión al atentado del 11–S. Ello le impulsa a luchar en la guerra a favor de su país, salvando a varios compañeros, pero quedando gravemente lesionado. Mientras está recuperándose recibe la visita de Thomas Harper, de la CIA. Quiere reclutarlo…

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Jack Ryan, personaje creado por Tom Clancy, ha tenido varios rostros en las adaptaciones cinematográficas de algunas novelas donde aparece. El primero fue Alec Baldwin en La caza del Octubre Rojo (The Hunt for Red October, 1990), dirigida por John McTiernan, después fue encarnado por Harrison Ford en dos películas más, y por último con Ben Affleck se intentó un nuevo inicio en Pánico nuclear (The Sum of All Fears, 2002), de Phil Anden Robinson. Ahora, con la presente se intenta de nuevo comenzar la franquicia con otro intérprete, Chris Pine, el capitán Kirk en el relanzamiento de la saga espacial Star Trek, donde se nos muestra el “origen” del personaje pero actualizando el concepto. La historia transcurre en una actualidad post  11 de septiembre, muy en la línea de las aventuras protagonizadas por su hijo, Jack Ryan Jr., y que comenzaron con la novela The Teeth of the Tiger de 2003. Así que vemos un personaje más joven para que atraiga al público potencial que ahora va al cine, los jóvenes.

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El guion original de Adam Cozad fue reescrito por el propio autor para convertirse en una aventura de Jack Ryan, y en algún momento se contrató a David Koepp, reputado guionista cuyos trabajos son muy valorados, aunque no debió poder arreglar mucho, ya que este es el principal defecto de Jack Ryan: Operación Sombra. El argumento parece sacado de otras tantas películas de espías, con momentos bastante ridículos que hacen parecer la cinta una comedia romántica, u otros que en nada aportan al devenir de los acontecimientos, como la inclusión en la trama de la novia de Ryan, que solo sirve para la típica persecución. Los personajes son estereotipados y sin un gramo de personalidad, ni siquiera con carisma para atraer al público, salvo en algunos momentos con el personaje interpretado por Kenneth Branagh, que es sin duda tarea del actor, y que, tal vez, lo convierta en el más interesante: un villano que no es tonto ni tiene berrinches.

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La realización de Kenneth Branagh es bastante plana y poco elaborada, con escenas de acción demasiado aceleradas y adrenalíticas, salvo el momento de la pelea en la habitación que queda resultona. Otras, sin embargo, parecen demasiado recargadas y deudoras del cine de los setenta como La carta del Kremlin (The Kremlin Letter, 1970) de John Huston, por ejemplo, como las rodadas en el bosque. Aunque hay un momento muy logrado, la conversación entre Keira Knightley y Branagh, donde el espectador llega a empatizar con el personaje de este último. Hay que fijarse en el rostro de Branagh mostrando su decepción…

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Los actores hacen un encomiable trabajo, destacando Kevin Costner, que con su madurez  ha aprendido mucho sobre cómo ser un buen actor, y Kenneth Branagh, que sabe sacar partido a un personaje demasiado estereotipado. También hay que mencionar a Keira Knightley, actriz con mucho bagaje pese a su juventud y que ha demostrado su buen hacer en películas como Nunca me abandones (Never Let Me Go, 2010) de Mark Romanek o Un método peligroso (A Dangerous Method, 2011) de David Cronenberg, y que a pesar de que su personaje está puesto con calzador en la trama, ella se toma en serio el trabajo y sabe sacarlo adelante, saliendo airosa en su encuentro con Branagh. Chris Pine como Jack Ryan es el eslabón débil dentro de la cadena de buenas interpretaciones; el actor no convence como el héroe de la función, no tiene carisma y su interpretación es plana, sin brío.

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Jack Ryan: Operación Sombra nos presenta un nuevo héroe para la nueva generación de espectadores con una película de acción rápida, no demasiado liosa y entendible para su público potencial. Pero con un argumento previsible, poco trabajado y con agujeros que no explican nada. Como siempre, los productores prefieren el ruido y las explosiones que contar una historia bien construida. Prefieren lo efímero a lo duradero, que el espectador degluta en vez de que saboree.

Luis Alboreca

Published in: on enero 31, 2014 at 8:06 am  Comments (1)  
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House at the End of the Street [dvd: La casa al final de la calle]

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Título original: House at the End of the Street

Año: 2012 (Estados Unidos)

Director: Mark Tonderai

Productores: Peter Block, Hal Lieberman, Aaron Ryder

Guionista: David Loucka, en base a una historia de Jonathan Mostow

Fotografía: Miroslaw Baszak

Música: Theo Green

Intérpretes: Jennifer Lawrence (Elissa), Max Thieriot (Ryan), Elizabeth Shue (Sarah), Gil Bellows (Weaver), Nolan Gerard Funk (Tyler), Eva Link (Carrie Anne)…

Sinopsis: Sarah y su hija Elissa se mudan a una casa que ha devaluado su valor al estar frente a otra en la que se cometió un brutal crimen: Carrie Anne, la hija pequeña de la familia, asesinó a sus padres en un arrebato de locura. Sarah cree que la casa está abandonada, pero una noche descubre que el hijo mayor del fallecido matrimonio sigue habitando en ella.

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Cinta del pasado año que no consiguió distribución en España a pesar de contar con una de las estrellas del momento, la actriz Jennifer Lawrence, además de una recuperada – por segunda vez en su carrera- Elizabeth Shue, una vez más en el papel de madre coraje, al igual que hiciera en la gamberra Piraña 3D.

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El filme cuenta una prometedora historia protagonizada por Sarah y Elissa, una madre y una hija cuyas vidas se cruzan con la de Ryan, un problemático muchacho que esconde a su demente hermana, desaparecida después de asesinar a sus padres, en el sótano de su casa.  Elissa, nueva en el barrio, se sentirá fuertemente atraída por el chaval, hasta que descubra el lado oscuro de su psicótica personalidad.

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Mark Tonderai es el realizador encargado de llevar a imágenes este thriller, -al igual que ya hiciera en su debut en el largo Pánico: Hush-, que esconde en su trama una serie de buenos giros muy en la línea de los realizados en los años setenta; de hecho hasta su título nos recuerda a un par de cintas de la época. Aún así, House at the End of the Street no consigue aprovechar una historia con gancho, ya que su guionista, David Loucka, apuesta por un desarrollo típico y facilón, más cercano a las cintas de psicópatas que se realizaban allá por los años noventa -algo ya bastante manido en la presente fecha-, rallando incluso los modos de un telefilm, una pena, ya que hubiera sido más estimulante haberla conducido por otros derroteros más pantanosos.

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Es por esto que la cinta se torna rutinaria en su segunda mitad, mermando con esto el consiguiente interés que podía tener el planteamiento ideado por Jonathan Mostow, realizador, por cierto, de Terminador 3: La rebelión de las máquinas, aunque en realidad dicho dato tampoco resulte demasiado positivo. Aún así el filme guarda un as bajo la manga, ya que conserva una vuelta de tuerca final, probablemente ya presente en el original de Mostow, y que cambia el sentido de la historia por completo. Una pena que se produzca cuando sea demasiado tarde ya para salvarla del naufragio.

Jesús Palop

Published in: on agosto 30, 2013 at 6:08 am  Comments (2)  
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La interferencia

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Título: La interferencia

Autor: Carlos Aguilar

Editorial: Versal. Colección Crimen & Cia.

Datos técnicos: 197 páginas (Barcelona, 1990)

Dos asesinos a sueldo foráneos llegan a Madrid con el fin de eliminar a un miembro de su propia organización. Un trabajo fácil que de manera insospechada se va complicando poco a poco. Lo imprevisible se adueña de la situación mientras los implacables mecanismos de un reloj vital siguen su curso.

La primera novela de Carlos Aguilar publicada en 1990 por Versal en su colección Crimen & Cia. Un ejercicio noir entretenido, dislocado y en ocasiones delirante. Un grupo de personajes distintos, bien diferenciados, admirables y destinados a encontrarse.

Dos peculiares “Killers” (de nombres Alacrán y Tágalo*), la esposa insatisfecha de un gris profesor universitario, una actriz de cine B que intenta aprovechar la situación emocional de su amiga, un cochambroso detective privado, su avispada y hambrienta secretaria, hampones de cuarta, prostitutas de buen corazón…Una zoología humana que se ve las caras durante una calurosa semana de Julio de 1989 y que van encontrado su destino como las cartas de una baraja mostradas poco a poco por un sabio tahúr.

Priman las situaciones sobre la trama, los diálogos sobre la acción, los personajes y sus pulsiones sobre el hilo narrativo. El resultado es una novela chispeante, directa, desvergonzada, que tiene la frescura inicial necesaria que se le pide a quien debuta en estas lides. Lejos de un arrebatado ejercicio autoral, La interferencia expone bien sus puntos de vista, maneja de forma aceptable el ritmo narrativo y concluye en un estimable climax que se rememora al concluir el relato.

Madrid es descrito con pocas aunque suficientes pinceladas y ofrece una alternativa criminal al universo tabernario-crepuscular desarrollado por Juan Madrid en su excepcional serie sobre Tony Romano. La cinefilia de Carlos Aguilar aparece lógicamente en la novela pero nunca se adueña del relato. No es una obra dependiente del universo fílmico o tan emparentado con aquel como sucederá posteriormente en Coproducción o en Nueve colores sangra la luna. Es un modesto y nada arrogante ejercicio de serie B a la europea que se aleja de los patrones americanos del género para ofrecer una alternativa valida y diferente. Si la encuentran en su camino, no la dejen de lado.

Fernando Rodríguez Tapia

*En la estupenda entrevista que Adrián Sánchez le hacía a Carlos Aguilar en su blog “Esbilla cinematográfica popular” aparece clarificado la influencia evidente de ambos personajes. Si se ha visto recientemente Nuestro hombre en Milán (La mala ordino, 1972), las apariciones de Tágalo/Silva arrancan más de una sonrisa. http://esbilla.wordpress.com/2010/01/19/ultimos-gritos-en-la-noche-carlos-aguilar-arqueologo-del-cine-imposible-vol-iii-donde-se-viaja-a-japon-se-trabaja-en-italia-y-se-recuerda-francia-aparecen-viejos-amigos-y-hombres-duros-se-escri/

Published in: on agosto 27, 2013 at 5:21 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Óscar Rojo y Cristina Gallo, director y productora de “Omnívoros”

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Omnívoros fue una de las tres películas proyectadas dentro de “Nocturna Premiere”, espacio destinado por el Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid para las más recientes propuestas nacionales pertenecientes al género. Ambientada en la alta sociedad, su trama nos pone tras los pasos de un crítico gastronómico que investiga la existencia de restaurantes clandestinos en nuestro país. Sobre esta premisa se construye un thriller en el que las apariencias engañan y la única ley que impera es la del más fuerte. Su director y guionista, Óscar Rojo, y su productora, Cristina Gallo, nos comentan más detalles sobre este proyecto independiente que ha sido realizado sin contar con ninguna ayuda financiera externa.

El argumento de Omnívoros se desarrolla en torno a restaurantes clandestinos en los que se consume carne humana. ¿De dónde te viene la idea de abordar un tema tan poco visto, Óscar?

Óscar: Se me ocurre viendo un programa en un canal de cocina, en el que estaban emitiendo un reportaje sobre los restaurantes clandestinos. Habían surgido en Cuba, luego se habían hecho populares en Nueva York, y la verdad es que a mi me pareció curioso porque era un tema que no conocía. De hecho, no existen en muchos lugares del mundo salvo en China y en algún otro lugar especial. Entonces me dije, “aquí tengo una idea”, y me pregunté, “¿por qué no me imagino una leyenda urbana en el que se trata este tema?” Así surge la base de la idea. Luego el esquema está más matizado por el estilo que a mí me gusta, que es el del personaje casual, que de manera casual, y mientras realiza algo aparentemente sin problemas, acaba metiéndose en un infierno, en una boca del lobo de la cual no puede salir. Me apetecía contar una historia de horror distinta, pero a modo de thriller.

Cristina, ¿y cómo llega el proyecto hasta ti?

Cristina: Llega el guion y a partir de ahí veo que es una historia única. Los restaurantes clandestinos es un tema nuevo que nunca ha sido llevado al cine. En este caso en concreto, en la ficción, desemboca en que en uno de ellos se puede estar practicando canibalismo de lujo. Encuentro que es una propuesta arriesgada, pero también nueva y diferente para el espectador. Y sobre todo es una idea que esconde muchísimas segundas lecturas, que tiene una parte de crítica social brutal. Pienso que merece la pena y, a partir de ahí, me pongo en marcha para ver cómo somos capaces de llevarla hacia delante, con todas las dificultades que conlleva ser un productor independiente, como es mi caso, donde todo cuesta la vida misma y mucho más. Aunque, bueno, cuando al final hay un proyecto en el que crees firmemente, esa fe se transmite a la gente con la que quieres trabajar para convencerles de que merece la pena intentar luchar por esa idea. Y así ha sido como hemos logrado sacar adelante Omnívoros, aunque muy lentamente, porque en esta industria, de momento, hay que caminar muy despacio.

Como indica Cristina, además de un film de horror, entre líneas anida un subtexto de crítica social muy importante…

Oscar: Escribí el guion hace dos años, cuando estábamos ya de lleno en plena crisis, y comenzaban a verse cosas como que existan quinientas mil personas  que viven gracias a los comedores sociales o niños que tienen un par de comidas porque se las dan en el colegio. Vivimos en un mundo de dualidades: quien ha leído El señor de los anillos y quien no, quien ha visto El padrino y quien no, los que quieren ir a la playa y los que prefieran la montaña. Es mucho el yin y el yan, y lo mismo sucede con la ley de la naturaleza. Y yo quería indagar en la ley de la naturaleza, quería meter una cierta cosa primitiva en la película. Explorar la ley de la naturaleza: devorar o ser devorado. Y por esa dualidad, vivimos especialmente un momento en el que cada vez hay más personas devoradas, mientras que los devoradores se mantienen porque cada vez tienen más devorados a su disposición. Hay muchas cosas detrás y mi pretensión es contar una historia distinta, pero dentro de las formas del thriller. Hay personas que esperan ver un “Hostel español” o un torture porn, y esto no es torture porn, ni lo he pretendido. Es más, puede que incluso el tráiler lleve a engaño y piensen que van a ver una cosa mucho más agresiva de lo que finalmente es, por lo que pido que al final se juzgue la película por lo que es y no por la cantidad de sangre que esperarías ver.

Desde luego, para el tema que tocas la narración es muy contenida…

Oscar: Claro, ¿qué sentido tiene que haga un torture porn cuando hay cientos de torture porn? ¿Qué sentido tiene que yo haga una película de canibalismo puro, cuando hay un montón de películas de canibalismo puro mucho mejores que la mía? Yo sólo quería contar una historia y era que ninguna persona, nadie, es puramente bueno o puramente malo. Detrás de cada Dr. Jekyl hay un Mr. Hyde. Cualquier persona cuando es llevada al límite puede ser un puto demonio. Y eso es algo que tenemos todos dentro y que no sabemos lo que va a pasar cuando se nos somete “al mayor horror inimaginable”. ¿Cuál es ese horror? ¿Verte obligado a comerte a alguien a quien amas? ¿Que todos lo que te rodean te hayan traicionado? Todo eso es el mayor horror imaginable, en este caso para el protagonista de mi película. Eso es lo que a mí me interesaba contar, no tanto un torture porn… A mí todo eso me cuesta concebirlo. Aunque entiendo que haya amantes del género que esperen otra cosa, por eso pido que juzguen lo que ven.

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Según habéis comentado, el film ha sido rodado sin contar con ningún tipo de ayuda oficial, siendo completamente autofinanciado. ¿Fue una decisión vuestra o derivada de las circunstancias?

Cristina: Lo que dicen los libros son varias cosas. Primero es que si puedes conseguir una ayuda financiera y una subvención, optes a ella. Intentamos hacernos con una subvención en la última convocatoria del Ministerio de Cultura y desafortunadamente para nosotros no nos dieron absolutamente nada. El siguiente planteamiento que dicen los libros es que, antes de empezar a rodar un guion, te asegures de tener una distribuidora que se comprometa a estrenar la película. Intenté empezar a rodar el guion con una distribuidora debajo del brazo, algo que tampoco conseguimos. Entonces, una vez intentado todo lo que académicamente se aconseja, nos quedaban dos opciones: guardar el guion en un cajón o seguir peleando por él y pensar en cómo se podía sacar este proyecto adelante con unos recursos muy limitados. Y ahí es donde entra toda la creatividad y el buen hacer de transmitir la ilusión de este proyecto a un montón de gente que comparte contigo el que merece la pena el poder desarrollar un largometraje como este.

¿Cuál ha sido el presupuesto aproximado con el que ha contado la película?

Cristina: De un millón y medio de euros aproximadamente.

Y al ser una producción de bajo presupuesto, ¿hasta qué punto os ha limitado a la hora de llevar a cabo el rodaje? ¿Habéis tenido que renunciar a elementos que requerían de más medios?

Óscar: Si hubiera tenido un cheque en blanco y me hubieran dado tres millones de euros, que es lo que hubiera costado la película si el equipo no se hubiera ajustado al máximo, a lo mejor no hubiera tenido que ir con el guion debajo del brazo a enseñárselo a algunos actores determinados preguntándoles si quieren participar en la película, aclarándoles de antemano que no les puedo pagar lo que debería. Simplemente hubiera cogido y hubiera dicho, para este papel, José Coronado, para este otro Hugo Silva… Entre otras cosas porque si tengo el apoyo institucional me hubieran obligado a tener un par de rostros famosos. En cualquier caso, al final creo que he conseguido una película que es como quería hacerla. Es decir, una película basada en los personajes. Se cuentan cosas terribles, hay momentos no sé si gore pero muy extremos, pero yo quería contar una película a través de los personajes. No he querido quedarme en la típica película clásica de horror donde lo importante es el efectismo, y que al final en muchos casos se caen por las interpretaciones. Tenía clara una cosa y los actores lo han entendido: lo que ves en la pantalla es el momento que viven los personajes, pero detrás de ellos hay mucho más. En la relación entre el matarife y Dimas se trasluce que hay mucho más; como también ocurre entre la periodista de sociedad y el crítico gastronómico; o la propia historia de Dimas, entre lo que le sucedió en la niñez hasta la actualidad. Hay un montón de cosas en las que el espectador puede ahondar.

Cristina: En mi opinión la película tiene una factura técnica impecable. Es cierto que es una historia que se desarrolla principalmente en restaurantes clandestinos, es decir, en domicilios particulares. Por tanto hay mucha parte de rodaje en interiores, y en eso hay que hacer un trabajo muy fino de localizar el sitio que quieres y al coste que puedes ofrecer. Ha sido un trabajo muy laborioso, de patear muchas localizaciones, de buscar aquello que tú necesitas y que se adapte a lo que se puede pagar en ese momento. Luego a nivel de exteriores hemos rodado lo que hemos necesitado y no hemos tenido ninguna limitación. Creo que en ningún momento se ve en el resultado de la película que teníamos poco presupuesto. Y luego está el tema de los efectos especiales de maquillaje, algo que es fundamental para este tipo de películas, lo que nos obligaba a escoger a gente muy buena y especializada, que nos diera la garantía de que el resultado fuera creíble. Que la sangre fuera sangre y que la piel fuera piel. En este aspecto hemos trabajado con un equipo genial encabezado por Gorka Aguirre y Cristina Iglesias, que hicieron un trabajo estupendo. Sí que lo que te implica abordar este tipo de producción es tenerlo todo bien planificado, porque con una buena planificación puedes ahorrarte mucho dinero y, por lo tanto, no puedes dejar nada para la improvisación. Hay que tenerlo todo previsto y cada día enfrentarte a los imprevistos que pudieran surgir como en cualquier otro rodaje.

Para levantar un proyecto en estas circunstancias, la unión entre el equipo se antoja un ingrediente fundamental…

Cristina: La verdad es que sí. Ese es el gran acierto de la película. Hemos sido honestos con todo el equipo para que trabajara con un mismo objetivo, por lo que les expusimos desde un principio cuál era la situación y cuáles eran nuestras limitaciones. Todo el equipo se comprometió desde el principio hasta el final y aportó lo mejor de sí mismo, ayudando en todo lo que fuera posible. Y todo esto ha redundado en el resultado final del proyecto.

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Habladme un poco del reparto, ya que, si bien carece de nombres populares, está formado por un ramillete de actores cuyos rostros son familiares para el gran público…

Óscar: Cuando pensé en el personaje principal, Marcos Vela, quería un actor que no fuera muy conocido. Quería un buen actor que tuviera la capacidad de que durante la mitad de la película fuera un hombre dulce, manejable, al servicio de las mujeres, alguien social… para que después pasase a ser un hombre aterrado que en el último tramo de la película se transforma en un absoluto hijo de puta. Y entonces ese actor que tuviera esas características, tenía que tener la fisonomía que en este caso tiene Mario de la Rosa, que trabajó conmigo en mi ópera prima, Brutal Box. Por lo demás buscaba actores que, aunque no fueran muy conocidos, sí fueran muy experimentados o en teatro, o en series, o en televisión. Quería que arroparan a este personaje para darle la consistencia y la solidez que yo buscaba en la película. De ese modo se subió al carro Paco Manzanedo, un extraordinario actor que ha sido nominado al mejor secundario en los premios de la Unión de Actores. Fernando Albizu tiene una nominación al Goya, Elisa Matella tiene todas las tablas que quieras, al igual que el resto de las chicas. Y luego es una película para actores valientes que por ejemplo no tengan pudor en mostrar un desnudo frontal masculino. Aquí en España hay muchos problemas con todas esas cosas. Y yo era lo que quería: gente que estuviera muy metida en la historia. Y si hay una actriz, como Esther Lara, que se orina encima y que su personaje se basa en el grito, grita porque el público tiene que creer que está aterrada. Para mí esa selección de actores ha sido fundamental.

¿Qué referencias has manejado a la hora de dar forma a la película?

Óscar: Hace muchísimos años descubrí una cosa que apenas nadie conocía y que era el atrocity japonés. Nadie había escuchado hablar de este estilo hasta que Takashi Miike consiguió estrenar en nuestro país Audition. Yo me volvía loco con películas como las tres primeras entregas de All Night Long. Podrán ser mejores o peores, pero son películas muy valientes, que experimentan realmente con el horror humano desde la cotidianidad. Después un tío muy avispado llamado Eli Roth se dijo “¿y por qué no cojo este tipo de cine, lo copio y lo traslado?”, e hizo Hostel, que fue una especie de revolución dentro del género de terror, pero que no es otra cosa que un atrocity japonés hecho en los Estados Unidos. De hecho, Takashi Miike hace un cameo en la película a modo de homenaje. Así que mi referente es el atrocity japonés. La película es un thriller, pero yo soy un gran amante del género. También puedo tener mis iconos como La noche de Walpurgis o Suspiria, y mis referentes a la hora de hacer cine diría que son Ridley Scott o Stanley Kubrick. Cada vez que quiero aprender algo de cine me miro una película de Kubrick. Pero luego está el esquema que había comentado antes, el de alguien que casualmente se mete en una pesadilla. A mí hay películas que siguen este esquema y que me parecen una maravilla. Como, por ejemplo, la propia Hostel, que pese a ser muy tramposa, en ese sentido me parece una maravilla. O Martyrs, con todo el tema de las logias de gente rica que cuando se acercan a la vejez invierten en el dolor humano para saber si existe algo más allá de la muerte. En el caso de Hostel invierten en la tortura, en el de Omnívoros en el canibalismo de lujo, y en el de Eyes Wide Shut en un sexo ritual. Eso me gusta, pero lo que más me interesa es el personaje de Tom Cruise, la chica de Martyrs o el mochilero de Hostel. Es decir, ellos son los que realmente me hacen pensar: ¿qué les pasa por dentro? Otra cosa es que te quedes con el efectismo fácil de Hostel o profundices más en el caso de Martyrs, Eyes Wide Shut, o 13 Tzameti, donde hacían una especie de competición jugando a la ruleta rusa.

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Si se analiza, el concepto de Omnívoros resulta muy similar al de Tesis; es decir, una pequeña producción encuadrada dentro de los terrenos del thriller y basada en un tema de leyenda urbana. ¿Tuvisteis presente de algún modo la película de Amenábar? ¿Era un modelo en el que fijaros?

Óscar: Tesis también sigue el mismo esquema, pero basándose en las snuff movies. Yo hago lo mismo creando restaurantes clandestinos donde se consume carne humana. Soy muy tramposo, he elegido el canibalismo, un tema que es difícilmente investigable porque el canibalismo no está penado. Te puedes comer un tío y no te pueden meter en la cárcel. Otra cosa distinta es que lo mates. El caníbal de Rotterdam, por ejemplo, fue condenado porque cometió infinidad de errores, pero no por su último acto de canibalismo. Recordemos que el tío al que se comió le dio su permiso para que le comiera la polla, con perdón. Por eso no le podían juzgar. El canibalismo no es un delito, el asesinato sí. Referente a lo que dices de Tesis, la verdad es que no la tuve presente a la hora de escribir el guion.

Cristina: Yo creo que no. Ahora que lo dices puedo ver alguna similitud, pero la verdad es que no la teníamos en mente.

Siguiendo con los posibles referentes nacionales, el personaje del matarife me recordó al de los típicos ayudantes de los mad doctor del cine de terror clásico. Más concretamente, me recordó a Morpho, el contrahecho ayudante del Dr. Orloff, el celebre personaje creado por Jesús Franco…

Oscar: He visto muy poco cine de Jesús Franco. Sé que es un crimen, pero no he visto nada de él. Sólo Killer Barbys… Sí que he visto muchas de Paul Naschy…

Precisamente, Naschy también hizo un film sobre canibalismo, El carnaval de las bestias

Oscar: Ya, pero insisto, yo no he querido hacer una película de caníbales. En el caso del matarife, es mudo por una obsesión personal: porque odio que en una película, cuando el asesino llega a su víctima, le suelte una parrafada filosófica antes de matarlo. Un depredador cuando mata, mata. Por eso hemos creado un asesino autista muy concentrado en su trabajo. También es muy inteligente y guarda absoluta devoción a un solo concepto y a una sola persona. De ahí el autismo.

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Terminada la película, ¿por dónde pasan los planes de distribución?

Oscar: Estamos decidiendo con la distribuidora cuál es el mejor momento para estrenarla. Si todo va como hasta ahora, se estrenará en el último trimestre del año. Pero lo queremos hacer sin correr riesgos. No queremos que se estrene junto a Thor 2, por ejemplo. La gente fue a ver Iron Man 3 y dejó de ver El alacrán enamorado, que apenas recaudó doscientos mil euros en taquilla. Algo tristísimo, teniendo en cuenta que es una película de seis millones y que tiene a Javier Bardem en su reparto. Con todo esto lo que te quiero decir es que a mí no me importa competir con V/H/S 2; lo que me importa es hacerlo con Fast & Furious 5, por ejemplo.

Cristina: Aparte, estamos tratando de movernos fuera de España con un agente de ventas internacional que está presentando la película en diferentes mercados. Es un agente de ventas que tiene sede en Los Ángeles que conoció la película a raíz del tráiler proyectado en Sitges, confió en ella y la está representando en el extranjero.

De cara a su distribución en el mercado exterior, ¿no os planteasteis rodar en inglés?

Cristina: Probablemente, tal y como está evolucionando el sector del cine en España, si tuviera que rodar una tercera película lo haría en inglés. Sobre todo porque de cara a tener un mercado internacional, el no estar rodada en inglés es un hándicap para estrenar en muchos países. Por ejemplo, en Estados Unidos no se dobla absolutamente nada y cualquier película que no esté rodada en inglés es prácticamente imposible de estrenar en salas. Y esto es algo que muchos productores españoles están viendo. En España no hay suficiente mercado para amortizar una película, así que el siguiente paso es rodar en inglés para poder amortizarla.

Y a la vista de todos los problemas con los que habéis tenido que enfrentaros, ¿aún os quedan ganas de hacer más películas?

Cristina: A ver, creo que en este mundo, quien está, está más allá del tema económico. Todos los que estamos en el cine somos unos locos apasionados que lo que nos gusta es contar historias. Y cada uno desde su función: el actor desde el punto de vista de sacar adelante su personaje con credibilidad y llegarle al espectador para transmitirle algo; el director para ser capaz de empaquetar un producto que también contribuya a transmitirle algo al espectador; y el productor, al final cumple la labor de sacar adelante un proyecto con muchísimas dificultades, pero en las dificultades y en los retos está la superación y el aprendizaje.

¿Qué proyectos tenéis para ello?

Oscar: Aunque tengo proyectos, creo que en este momento ni Almodóvar sabe si va a poder rodar su siguiente película, con que imagínate yo. Así que prefiero ir con pies de plomo con este asunto y a ver si pasa pronto esta mierda de crisis.

Cristina: Ahora mismo estoy intentando levantar financiación para un nuevo proyecto, pero lamentablemente, como sabéis, todo es muy lento. Es una carrera de fondo donde no puedes tirar la toalla en seguida porque eso es lo más fácil. Hay que luchar, ese es el único camino para conseguir resultados. Sobre todo para un productor independiente como yo, si no es imposible.

José Luis Salvador Estébenez

* Fotografías: Jesús Palop

Published in: on julio 12, 2013 at 6:21 am  Comments (11)  
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Querido profesor

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Título original: Pretty Maids All In a Row

Año: 1971 (Estados Unidos)

Director: Roger Vadim

Productores: Simone Clément, Jacques Juranvillee

Guionistas: Gene Roddenberry, a partir de la novela de Francis Pollini

Fotografía: Charles Rosher Jr.

Música: Lalo Schifrin

Intérpretes: Rock Hudson (Michael ‘Tigre’ McDrew), Angie Dickinson (Betty Smith), Telly Savalas (Capitán Sam Surcher), John David Carson (Ponce de Leon Harper), Roddy McDowall (Sr. Proffer), Keenan Wynn (Jefe John Poldaski), James Doohan (Follo)…

Sinopsis: En una escuela secundaria de California, Michael ‘Tigre’ McDrew, entrenador del equipo de fútbol, mantiene relaciones sexuales con sus alumnas aprovechando su condición de consejero estudiantil; asimismo, anima a su compañera, la señorita Smith, a confraternizar también con el alumnado con el propósito de resolver los problemas sexuales de un estudiante, Ponce de Leon Harper, al que el entrenador ha decidido tomar  bajo su tutela. Cuando algunas alumnas comiencen a ser asesinadas, ‘Tigre’ McDrew se convertirá en el principal sospechoso.

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Es obvio que el éxito de Easy Rider (En busca de mi destino) en 1969 tuvo una importancia capital en la génesis de lo que se dio a llamar unos años más tarde “el nuevo Hollywood: con la perspectiva que da el tiempo, la falta de renovación en los temas que dominó la segunda mitad de la década de los 60, causante de que el público acudiera cada vez menos a los cines,  puede achacarse sin duda a la manifiesta incapacidad de los grandes estudios a la hora de conectar con la sensibilidad y los gustos de la sociedad de su época; en los tiempos de Woodstock y el amor libre aún se seguían produciendo musicales tan aparatosos, además de alejados de la realidad de aquellos días, como La estrella (Star!, 1968) de Robert Wise, La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint Your Wagon, 1969)  de Joshua Logan o Hello, Dolly! (Hello, Dolly!, 1969) de Gene Kelly.

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Aún cuando se evidenciaba cada vez más que las viejas fórmulas de siempre empezaban a estar desgastadas, la industria del cine se revelaba completa y lastimosamente incapaz de acometer cualquier intento de regeneración: sin embargo, después del éxito (tanto crítico como comercial) del icónico film de Hopper, los estudios cayeron al fin en la cuenta de que aún cabía la posibilidad de seguir llenando las salas (sin arriesgar demasiado dinero, además), siempre y cuando se trataran los tres temas principales que hasta ese momento habían sido tabú dentro de los márgenes del cine más comercial: drogas, sexo y/o rock ‘n’ roll.

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Los comienzos de los 70, cuando ya parecía que había llegado la hora de dejar de lado las cortapisas éticas y morales que habían dominado el cine de Hollywood durante casi cuarenta años, propiciaron situaciones tan interesantes e inéditas hasta la fecha comoque un cineasta como Russ Meyer fuera fichado por la Fox para filmar Beyond the Valley of the Dolls (1970), o que la misma compañía diera luz verde a una idea tan bizarra como la adaptación de Myra Beckenridge, novela sobre cambio de sexo de Gore Vidal, en la que Raquel Welch encarnaría (nunca mejor dicho) a un travestí, siendo acompañada además por figuras del viejo Hollywood como Andy Devine, John Carradine, John Huston o Mae West (¡¡¿?!!).

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Como se puede apreciar por la paradójica naturaleza de estos proyectos, y a pesar de lo evidente de cierto aperturismo en las materias a tratar, el sistema aún seguía reacio a dar la alternativa a las nuevas generaciones de cineastas, y continuaba jugando sobre seguro recurriendo a su plantilla habitual de estrellas y actores secundarios: en el caso del film que  nos ocupa, esto resulta evidente sólo con echarle un vistazo tanto a su reparto como a su máximo responsable, el productor y guionista Gene Roddenberry (cincuentón por aquella época) que requirió de los servicios de Roger Vadim (cuya última película había sido Barbarella) para que se encargara de la dirección.

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La historia de la película, las andanzas paralelas del joven que busca vencer su timidez sexual con ayuda de una profesora, y la del entrenador que utiliza su estatus para “beneficiarse” a sus alumnas – a la vez que éstas van cayendo a manos de un “misterioso” asesino – muy bien podría interpretarse como una metáfora del abuso de poder que por aquellos años las instituciones ejercían, y habían ejercido, sobre la juventud americana. Por desgracia o por fortuna, y a pesar de lo escabroso de su tema, Querido profesor no es todo lo transgresora que cabría esperar y, en el fondo, sigue siendo un film de Hollywood: no difiere demasiado de la estructura del cine y la televisión que los USA nos ofrecían por aquellos años, siendo de este modo absolutamente fútil la búsqueda de rebuscadas interpretaciones o segundas lecturas más allá de lo que vemos en pantalla.

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En cuanto a su intento de mezcla genérica, la comedia derivada de los equívocos sexuales entre Ponce de Leon y la señorita Smith es tan ingenua, obvia y tontorrona que haría enrojecer de vergüenza hasta al mismísimo Mariano Ozores, no siendo demasiado superior en calidad e intenciones a las constantes de la comedia sexy all’italiana que se desarrollaría en el país trasalpino durante las dos siguientes décadas, resultando bastante más pueril en todo caso: aparte, y a pesar del alto grado de atractivo que tanto Hudson como Dickinson aún conservaban a principios de la década, sus respectivos escarceos con estos jovencitos, a los que como mínimo doblaban la edad, conllevan más connotaciones siniestras o perversas que excitantes o genuinamente eróticas.

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Por otro lado, la investigación policial comandada por el personaje de Telly Savalas (¿quizás un anticipo del Kojak televisivo?) resulta ridícula y totalmente inútil en el sentido de que en la trama jamás se establece ninguna clase de whodunit (entre otras cosas, por lo demasiado sencillo que resulta atisbar desde un primer momento quien es el verdadero responsable de los crímenes) revelándose así estas secuencias como de relleno, intercambiables entre sí y totalmente accesorias, ya que además en momento alguno hacen avanzar la trama. Aún teniendo en cuenta estas deficiencias al menos se puede alegar en defensa del film que éste raramente aburre – la profusión de personajes y alternancia de situaciones no da lugar a ello – y su estructura episódica, de reminiscencias casi televisivas (ahí se palpa la mano de Roddenberry en el guión), le otorgan cierto ritmo y ligereza que consigue que seamos más indulgentes con sus imperfecciones.

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En cuanto al reparto, y aunque no se puede calificar más que de espectacular y bastante sólido, es de justicia reconocer que tan sólo Rock Hudon se esfuerza en salirse del estereotipo en el que quedan estancados el resto de intérpretes de la cinta, pareciendo ser el único actor consciente de las intenciones del film en el que estaba trabajando: el protagonista de Obsesión nos ofrece aquí un convincente cambio de registro con respecto a lo que nos tenía acostumbrados hasta la fecha,  en la composición llena de matices de este entrenador mezcla de figura paterna, epítome de la masculinidad (no creo que sea achacable a la casualidad que su personaje se llame Tigre) y, finalmente, ávido depredador sexual de toda la inocencia que le rodea. Es una lástima que Hudsonno tuviera en los años venideros demasiadas oportunidades a la hora de demostrar su verdadera valía, teniéndose que refugiar como tantas estrellas en decadencia en el ámbito de la televisión, en el que cosechó grandes éxitos con la serie McMillan y esposa.

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En resumidas cuentas, en su desequilibrado e imperfecto empeño de combinar sátira sexual, comedia negra y thriller criminal, Querido profesor da continuamente la sensación de no tener realmente una meta fija sobre aquello que nos quiere contar y, lo que es peor, ni siquiera en cómo quiere contárnoslo: la dirección de Vadim se revela eficaz pero también alarmantemente falta de estilo, aunque al menos no peca en (casi) ningún momento de pretenciosidad. Sin embargo, por su condición única de rareza (inequívoco e irrepetible producto de una confusa era de transición), creo que puede resultar sumamente interesante para todo aquel espectador que anteponga la curiosidad cinéfila sobre otras exigencias.

José Manuel Romero Moreno

Ya disponible la cuarta entrega de “The Scare-ific… collection”

Hantik Films acaba de lanzar al mercado el cuarto volumen de su colección “The Scare-ific… collection”. Siguiendo la tónica de sus anteriores lanzamientos, esta nueva entrega  se inscribe en los terrenos de la mystery comedy. Pero no se trata de un ejemplar cualquiera. En esta ocasión el título escogido es, nada menos que, The Bat, primigenia y durante muchos años perdida adaptación silente de una coetánea pieza teatral que se erige en uno de las principales precursoras de tan recurrente subgénero. Dirigida por Roland West, responsable asimismo cuatro años después de la más famosa versión de la obra, The Bat Whispers [tv: El murciélago susurra, 1930], entre sus innegables atractivos se encuentra su diseño de producción, obra de William Cameron Menzies. Además, al igual que ocurriera en la anterior A las siete en punto (Tomorrow At Seven, 1933), The Bat cuenta con la particularidad de presentar ciertos elementos que luego formarían parte de la iconografía de Batman; más concretamente, la popular bat-señal formada por un foco de luz con la silueta de un murciélago.

Como viene siendo habitual en la colección, The Bat incorpora, aparte de los intertítulos originales en inglés, subtítulos en francés, alemán, italiano y castellano, libreto con textos exclusivos en idénticos idiomas y los capítulos siete y ocho del serial Undersea Kingdom. A la espera de su desembarco en tiendas físicas, aquellos interesados ya pueden hacerse con la presente edición a través de la web de Hantik Films en el siguiente enlace: http://www.hantikfilms.com/index.php?id_cat=1&lang=lang4&id=6

Pero The Bat no es la única novedad de Hantik Films para los próximos meses. En breves semanas está previsto que el sello francés anuncie la salida al mercado de una nueva línea editorial exclusiva para España en cuyo primer lanzamiento esta Abadía ha tenido mucho que ver. En su momento ya os informaremos cumplidamente de esta nueva colección que a buen seguro hará las delicias de los aficionados a los seriales cinematográficos.

Published in: on noviembre 14, 2012 at 7:10 am  Dejar un comentario  

Pánico en la ciudad

Título original: Peur sur la ville / Il poliziotto della brigata criminale

Año: 1975 (Francia, Italia)

Director: Henri Verneuil

Productores: Simone Clément, Jacques Juranvillee

Guionistas: Henri Verneuil, Francis Veber, Jean Laborde sobre una historia de Henri Verneuil

Fotografía: Jean Penzer

Música: Ennio Morricone

Intérpretes: Jean Paul Belmondo (Comisario Letellier), Charles Denner (Inspector Moissac), Adalberto Maria Merli (Pierre Valdeck/Minos), Lea Massari (Nora Elmer), Rosy Varte (Germaine Doizon), Jean Martin (Comisario Sabin), Roland Dubillard (psicólogo)…

Sinopsis: Un asesino en serie que se cree un enviado de Dios, y que se hace llamar Minos, está aterrorizando a la ciudad de París matando a las mujeres que él considera que llevan una vida pecaminosa y libertina; sólo el duro comisario Letellier, y a pesar de no estar demasiado interesado por el caso que le han asignado, parece el único capaz de poner fín a toda esta locura.

Pánico en la ciudad es un claro ejemplo de la transformación que sufrió el polar francés a raíz del éxito planetario, a principios de los 70, de películas fundacionales del género como French connection: contra el imperio de la droga (1971), Harry, el sucio (1971) o El justiciero de la ciudad (1974), cintas de acción de claro corte comercial en las que se tuvo la valentía de introducir elementos más complejos y oscuros que los vistos hasta la fecha, ya fueran protagonistas de moral poco clara, psicópatas homicidas o explícita violencia salpicando cada uno de sus fotogramas. A partir de esta revolución, los cineastas franceses (y buena parte de sus colegas del resto del mundo: no hay que olvidar a los italianos y su poliziotteschi) se dedicarían a contar las mismas historias de siempre pero bajo el prisma de esta nueva óptica más dura y despiadada.

Aunque acuse claramente estas influencias, Pánico en la ciudad juega por otra parte al despiste genérico desde el comienzo con el espectador: empieza como si se tratara de un film de Mario Bava o de un primerizo Argento (quizá la causa sea la participación italiana en la coproducción…) con la típica escena de la dama en camisón siendo acosada telefónicamente por el maníaco de turno.  La verdad es que no podría empezar de mejor manera, y es un verdadero presagio de lo que nos podremos encontrar más adelante: diversión pura y dura, sin consideraciones realistas de ninguna clase, e incluso con algunos apuntes entre surrealistas y ridículos, bastante interesantes. Sin ir más lejos, tiene bastante gracia que la que parece que va a ser al cien por cien la primera víctima de Minos (una guapísima Lea Massari) muera finalmente de una de las formas más inesperadas, absurdas y ridículas que se hayan visto en una pantalla de cine.

Como apuntábamos antes, a pesar de este principio casi de cine de terror italiano la película se encauza demasiado pronto hacia las constantes más trilladas propias del género policíaco… aunque tomando de tanto en tanto algunos interesantes e insólitos desvíos que le otorgan algo de originalidad y la hacen destacar sobre el resto de sus coetáneas. Tras esta escena introductoria se nos presentará a la pareja de policías formada por Belmondo y Denner en plena acción, y contemplando sus modos se nos hace casi imposible no pensar en el dúo Gene Hackman y Roy Scheider de French Connection: contra el imperio de la droga, parecido que se verá agravado aún más con una persecución en los andenes del metro muy similar a la del film de Friedkin. Además, y llámeseme loco si se quiere, pero viendo esta película queda bastante patente el parecido físico que comparten el protagonista de Tiburón y Belmondo.

En esta su primera escena (en la que interroga al dueño de un bar) el comisario Letellier se desvela como un muy digno discípulo de Harry el sucio, destilando además un impagable humor entre cínico y negro, típicamente francés, que va puntuando casi todas sus intervenciones a lo largo de la historia. A pesar de esta forma de actuar mucho más audaz y contemporánea, el personaje no se libra de cargar con los consabidos clichés del clásico detective sobre sus espaldas: el cigarrillo colgando continuamente de su labio inferior y la gabardina así lo atestiguan. En su loable propósito de no aburrir en ningún momento a la audiencia, los responsables del film nos obsequian con una escena trepidante tras otra durante la primera hora de metraje: por ejemplo, para explicar la actitud desencantada y atormentada del comisario interpretado por Belmondo (lo que otros directores quizá hubiesen resuelto empleando tan sólo un simple diálogo o una frase) asistimos a un absolutamente trepidante flashback repleto de persecuciones, tiros en la cabeza a maleantes y matanza de inocentes a mansalva.

Asistiendo a estos primeros compases uno no hace más que repetirse a sí mismo que, para ser francesa, esta película es increíblemente violenta y entretenida. Como inusual es también el comportamiento del agente de la ley que encarna Belmondo: si en las películas americanas estamos hartos de ver a policías que venderían a sus madres con tal de resolver el caso que les ha sido asignado, aquí Letellier actúa como si la misión que le ha tocado no fuera con él (y así lo repite continuamente desde el principio hasta el final) e incluso, y en un momento dado, el propio personaje parece olvidar que está en una película de asesinatos en serie y se dedica a perseguir a un delincuente de poca monta que se le había escapado en otra ocasión. Incluso, para incidir aún más en este desinterés del personaje, en un momento dado exige que le releven del caso, algo realmente insólito si lo comparamos con los comprometidos y férreos policias yankis. Por si la trama del psicópata asesino de mujeres no fuera suficiente se introduce además, de forma algo forzada, una subtrama más convencional que trata de la captura de este otro malhechor, alargando bastante el minutaje y no aportando realmente nada nuevo a la historia.

Aunque ya hemos señalado que la trama toma mayormente situaciones vistas una y mil veces, hay un par de elementos que la adelantan varias décadas en el tiempo por su innovación: el primero sería ese asesino sospechosamente parecido al de Se7en (Se7en, 1995) que no sólo se cree un enviado divino con la misión de limpiar la tierra de pecadores, si no que además lee La divina comedia de Dante y, por si esto fuera poco, los policías incluso estudian dicho libro en busca de alguna pista que les pueda ayudar a resolver el caso (¿!¡?). El otro factor realmente sorprendente es el tratamiento que se le da a las escenas de riesgo en las que se ve involucrado nuestro amigo Jean Paul: Belmondo no para de ejecutar cabriolas y cucamonas a través de cornisas, tejados y trenes como si fuera un Jackie Chan gabacho, sin que se note en momento alguno ningún tipo de inclusión de dobles, o decorados que delaten el truco y que resten méritos a la valentía de la estrella gala.

A pesar del buen tono de esta primera parte, en la segunda hora decae penosamente el ritmo, llegando incluso a rozar lo chabacano cuando Letellier tiene que vigilar a una de las mujeres acosadas telefónicamente por Minos: además, en este punto de la narración surge un apunte de lo que podría llegar a ser una subtrama amorosa que, afortunadamente, no llega a desarrollarse nunca. No me resisto a señalar lo paradójico que resulta el aspecto que le dan aquí al maníaco, con ese exagerado falso ojo de cristal plantado en medio de la cara: más que producir inquietud lo que no puedes evitar es esbozar una sonrisa cada vez que éste se despoja de sus gafas.

Ya alcanzando el final, y aunque se intenta crear un clímax apoteósico a base de la inclusión de secuestros, rascacielos y rescate en helicóptero, la fastidian de lleno metiendo con calzador a un psicólogo que se supone viene a explicarnos – como si fuera mínimamente importante – el posible origen de la perturbación mental del asesino… disertación totalmente innecesaria y anticlimática, por supuesto: si ya la explicación final de Psicósis en el año 60 resultaba demasiado obvia, no te quiero decir lo que parece esta nada menos que 15 años después. Y es que, aunque en el balance final Pánico en la ciudad  saca sobresaliente en lo que concierne a la acción y al tratamiento de los elementos criminales, falla estrepitosamente en cuanto hay que dotar de la más mínima profundidad a sus personajes: incluso en cualquier aventurilla policíaca de bolsilibro (con los que la historia de este film tiene más de un punto en común) se cuida más lo relativo al dibujo de la personalidad de los caractéres.

Por último, señalar como lo más destacado la estupenda secuencia en el almacén de maniquíes (que supone un momentáneo regreso a la estética exagerada del giallo) y, sobre todo, la estupenda banda sonora de ese titán llamado Ennio Morricone que, aunque sea bastante parecida a otras suyas (aquí resuenan ecos de Revolver o Cittá violenta), siempre es un auténtico placer reconocer su vigorosamente dramático estilo acompañando a las imágenes. Recapitulando, Pánico en la ciudad es un estupendo entretenimiento que acusa en demasía el lastre de querer llegar a ser más de lo que en realidad es, tomándose finalmente demasiado en serio a sí misma: con media hora menos estaríamos ante una auténtica joyita.

José Manuel Romero Moreno

Henry Vernuil conversando con Jean-Paul Belmondo durante el rodaje de "Pánico en la ciudad"

Henry Verneuil conversando con Jean-Paul Belmondo durante el rodaje de “Pánico en la ciudad”.

Published in: on agosto 16, 2012 at 6:06 am  Comments (1)  
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