Novedades de Paramount para diciembre

Repasamos a continuación los que a nuestro juicio son los más interesantes lanzamientos de todos los que pondrá en las tiendas Paramount durante este mes de diciembre.

Comenzamos nuestro repaso con las ediciones dedicadas a dos recientes estrenos de la productora: G.I. Joe y Star Trek. Por lo que respecta a la traslación cinematográfica dirigida por Stephen Sommers de la popular línea de juguetes de Hasbro, su edición en Dvd incluirá la película en su aspect ratio de 2.40:1 anamórfico, audios 5.1 en inglés y castellano, subtítulos en idénticos idiomas, y una serie de extras entre los que se encuentran un par de documentales sobre la producción del film, así como un audiocomentario a cargo de Sommers y el montador y productor de la cinta, Bob Ducsay.

En lo que respecta al reseteo de la franquicia estelar Star Trek llevado a cabo por el televisivo J. J. Abrams, dos serán las ediciones que saldrán a la venta. Por un lado la edición sencilla, que formada por un disco incluirá la película en su formato de 2.40:1 anamórfico, audios 5.1 en inglés y castellano, y subtítulos en múltiples lenguas entre las que se encuentra la de Cervantes. Entre su material adicional lo más destacado lo representa un audiocomentario realizado por los responsables de la película. Y por otro la edición especial, que a lo ya ofrecido por la sencilla añade un segundo disco cargado de extras con, por ejemplo, las escenas eliminadas, y una presentación en steelbook.

Aprovechando este lanzamiento, Paramount también pondrá en el mercado un denominado pack “Star Trek – La colección Entrerprise”, en cuyo interior se encuentran las diez primeras películas de la saga remasterizadas y una réplica a escala de la nave Enterprise. Pero no será este el único pack recopilatorio previsto para las fechas navideñas por la editorial. Entre ellos son de destacar el que reúne las ocho temporadas de Embrujadas, presentado bajo la forma de el libro de hechizos que utilizan en la serie Prue, Piper y Phoebe, y el llamado “Elvis Presley – Colección 30 aniversario”, formado por siete de las películas que interpretara el rey del rock rock: El trotamundos, El ídolo de Acapulco, Chicas, chicas, chicas, El barrio contra mí, G.I. blues, Amor en Hawaii y Paraiso hawaiano.

Publicado en  on Diciembre 14, 2009 at 8:01 am Comentarios (1)

Déle color al difunto

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Título original: Déle color al difunto

Año: 1969 (España)

Director: Luis María Delgado

Productora: Estudios Cinematográficos Roma

Guionista: Juan José Alonso Millán, según una idea de Manuel Ruiz Castillo

Fotografía: Manuel Rojas

Música: Adolfo Waitzman

Intérpretes: José Luis López Vázquez (Pedro Pérez), Fernando Delgado (Gustavo), Ricardo Merino (Ramón), Rosanna Yanni (Sole), Dyanik Zurakowska (Virtudes), Gracita Morales (Clotilde, la asesina), Margot Cottens (Madame Venancia), Félix Dafauce (Sr. Gimeno), Álvaro de Luna (Julio), Josele Román (Chica de la discoteca), Luis Barbero (Don Matías), Valentín Tornos (Usurero), Erasmo Pascual (Portero), Paloma Cela (Ayudante del encantador de serpientes), Alberto Fernández de Rosa, Mara Laso…

Sinopsis: Pedro, maquillador de un instituto de belleza, en sus ratos libres también maquilla muertos. A sus amigos, Gustavo y Ramón, en dificultades económicas, se les ocurre una macabra idea para salir de la situación: rellenar una póliza de seguros a nombre de Pedro, matarle, y repartirse el dinero.

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En ocasiones resulta difícil entender la caprichosa memoria del cine español y sus estudiosos a la hora de recordar a los distintos profesionales que han formado parte de nuestra industria. Viene esto a cuento del vergonzoso olvido al que hoy parece relegada la figura del recientemente fallecido Luis María Delgado, cineasta de raza – su padre fue el también director Fernando Delgado – en cuya larga y variada filmografía se encuentran algunas obras malditas tan sugerentes como la invisible y cuasi improvisada Manicomio (1952), codirigida junto a Fernando Fernán Gómez; el musical Diferente (1961), alegato homosexual que sorprende pasara desapercibido a la censura franquista; o La garbanza negra… que en paz descanse (1971), disparata comedia de tintes surrealistas protagonizada por los geniales e irrepetibles Tip y Coll, entre algunas otras.

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Pero no solo eso. Durante su variada carrera en el medio también tuvo tiempo de trabajar en otro títulos artísticamente más valorados bajo cierta elitista y obtusa forma de entender el cine, bien fuera como director de segunda unidad de la gran mayoría de superproducciones rodadas en suelo patrio por Samuel Bronston, o como productor de algunos de los trabajos más recientes de alguien tan ponderado como José Luis Garcí – desde El abuelo (1998) hasta Tiovivo c. 1950 (2004) -. Según parece, antes que todo este importante bagaje apenas esbozado, ha pesado más el hecho de ser el responsable de diversos productos acomodaticios al servicio de artistas multidisciplinares tan distintos como Fernando Esteso, Teresa Rabal o Manolo Escobar, como si su participación en estos trabajos invalidara de facto los logros que éste hubiera podido acumular a lo largo de su trayectoria.

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En este contexto, quizás sea Déle color al difunto (1969) la película de Luis María Delgado que mejor ejemplifique y combine las dos facetas en las que se dividió su devenir profesional: la comercialidad y la experimentación, adjetivo este entendido dentro de la realidad del cine español en la que el madrileño desarrolló su trabajo. En principio, su apariencia no es otra que la de la típica “españolada” tan de la época, a mayor gloria de la comicidad de su protagonista principal, un José Luis López Vázquez flanqueado por un impresionante reparto que incluye nombres como los del excelso Fernando Delgado[1], el siempre infravalorado Ricardo Merino, la escultural Rosanna Yanni y la no menos atractiva Dyanik Zurakowska, así como varios secundarios tan recordados como Margot Cottens o Félix Dafauce.

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Sin embargo, a poco que rasquemos bajo esta aparentemente rutinaria superficie, lo que encontramos es una sorprendente comedia realizada bajo los cánones de un género tan autóctono como el esperpento, intención esta ya presente desde sus mismos planteamientos argumentales: como forma de salir de sus  apuros económicos, una pareja de amigos de la mili planea asesinar a un tercer camarada en discordia. Para tal fin, ambos tejen un plan para embaucar al pobre incauto, alegando así ayudar a conservar su trabajo en una aseguradora a uno de ellos; los dos amigos restantes suscribirán sendas pólizas de vida valoradas en cinco millones de pesetas, dejando al contrario como beneficiario. Pero lo que el pobre elegido no sospecha es que lo que sus antiguos compañeros de armas pretenden es asesinarle para repartirse el dinero del seguro.

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Así, bajo la crónica de los diferentes atentados contra la vida del protagonista que supone su trama, se esconde una irónica mirada hacia supuestos valores eternos como la amistad o el amor, dejando patente la hipocresía e interés que mueven al ser humano, todo ello regado bajo un agradecido tono de humor negro en el que la muerte, vista desde una perspectiva desenfadada y para nada solemne, es el hilo conductor – aparte de su argumento propiamente dicho, el personaje principal es un esteticien que en sus ratos libres se gana un sobresueldo maquillando cadáveres -. Bien es cierto que su disperso guión, obra del dramaturgo Juan José Alonso Millán, no aprovecha del todo muchas de las ideas apuntadas, o que la teatral y sostenida planificación de Delgado, basada en los movimientos de cámara y en la puesta en escena de los actores, sin supeditación alguna al montaje, no ayuda a elevar la categoría final del producto desde un punto de vista cinematográfico; pero no menos cierto es que los resultados finales de la cinta, con todas sus imperfecciones, se erigen en un sugestivo ejemplo bien alejado de los parámetros que se podrían esperar de una comedia de estas características, pese a compartir modelos similares. He ahí su mayor logro.

José Luis Salvador Estébenez

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[1] Tal y como señala Los burgomaestres en su concienzudo artículo Historia de un profesional: Fernando Delgado (segunda parte) (http://ladyfilstrup.blogspot.com/2009/08/historia-de-un-profesional-fernando.html), resulta sorprendente el comprobar como tanto el papel del finado actor, como la historia de la cinta que nos ocupa, arroja una “evidente coincidencia con una película anterior, la ozoriana Las dos y media… y veneno (1959), en la que también Fernando Delgado era la mitad de un dúo que se proponía hacer primero pasar por muerto a alguien, para tratar de asesinarlo sin éxito después, con idéntico propósito: hacerse con un montón de dinero.” No obstante, es de destacar que del mismo modo, Déle color al difunto también establece una curiosa relación de retroalimentación con el cine de Mariano Ozores, más concretamente con su exitosa Los bingueros (1979) – y en consecuencia, con su correspondiente remake, Ya no va más (1988), situación esta agudizada por el hecho de que Ricardo Merino interpretara en él un rol análogo al de la presente -, por medio de las muy similares tribulaciones y métodos a lo que incurren el par de amigos de aquella para hacerse con dinero con el que pagar su ludopatía, muy similares a los aquí utilizados para costear la vida de lujos de su víctima propiciatoria por los proyectados asesinos.

Publicado en  on Diciembre 11, 2009 at 11:53 am Comentarios (3)
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Lanzamientos para diciembre de 20th Century Fox

Tres serán los clásicos hollywoodienses que este mes pondrá en las tiendas 20th Century Fox en las tiendas y los tres, curiosamente, encuadrados dentro del cine de aventuras.

Empecemos por Harry Black y el tigre de Hugo Fregonese, película ambientada en la India y protagonizada por Stewart Granger como un cazador de tigres. La presente edición se presenta en su formato original de majestuoso Cinemascope anamórfico, con audios en versión original y castellano y subtítulos en este último idioma.

Completan la tripleta dos películas dirgidas por otros tantos cineastas de renombre. Por un lado tenemos la cinta de Joseph M. Newmann La última flecha, film que narra las disputas entre la Policía Montada del Canadá y los indios Cree y que cuenta con el protagonismo del mítico Tyrone Power. Y por otro, Tempestad en Asia de Robert Wise, film protagonizado por Richard Widmark y Don Taylor y cuya trama se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial. En ambos casos, las películas se ofrecen con un aspect ratio de 1.33:1, audios en castellano e inglés y subtítulos en castellano.

Pero si bien estas serán las más destacables novedades de este sello, no serán ni por asomo sus únicos lanzamientos. Aprovechando la cercanía de las fechas navideñas, 20th Century Fox ha aprovechado para poner en circulación una serie de packs recopilatorios. De entre ellos, los más destacables los suponen el llamado “Colección Sci-Fi”, el cual se nutre de una selección de veinte títulos de este estilo que van desde clásicos como El planeta de los simios, Alien, el octavo pasajero o Terminator, a films más recientes como Sunshine o El incidente; y los dos dedicados a la franquicia de animación Futurama: uno que aglutina las recientes cuatro películas y otro que a las cuatro películas añade las cuatro temporadas de la serie regular, conteniendo así todo lo que ha dado de si hasta el momento la creación de Matt Groening.

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Cartas de amor de una monja

Título original: Cartas de amor de una monja

Año: 1978 (España)

Director: Jorge Grau

Producción: José Frade

Guionistas: Gemma Arquer, Jorge Grau

Fotografía: Fernando Arribes

Música: Antonio Pérez Olea

Intérpretes: Analía Gadé, Alfredo Alcón, Teresa Gimpera, Fernando Sánchez Polack, Lina Romay, Carmen Fortuny, Virginia Mataix, Nelida Quiroga, Coral Pellice , Carmen Pastor, Ana Galván, José María Labernier, José Ramón Larraz, Antonio Orengo, Roberto Cruz, Pedro Lavilla, Ana Milena, Carmen L. Blanco, María Alvarez, Mercedes Ariza, Esther Farré, Tamara, Juana Jiménez, Mary Salinier, Concepción Zofio, María Luisa González, Quetxé Parra, Marineu Grau, Mercedes Cinos, Carmen González, Cristina Puig, Virginia Ruiz, María Luisa Serrano, Ana Ruiz, Carlota Castellan, María José Peral…

Sinopsis: Estamos en 1640, en una España donde la Inquisición imponía, casi a la fuerza, la ley de Dios. A raíz de una serie de sucesos, Mariana de la Cruz, Madre Superiora de un convento de carmelitas, comienza a preguntarse si el sexo es pecado cuando va ligado al amor.

Cartas de amor de una monja fue realizada por Jordi Grau en 1978, tres años después del boom social que supuso su filme La trastienda, marcando un punto de inflexión en su carrera que continuaría cuatro años después con la cinta seudohistórica La leyenda del tambor, a la que seguirían otras como Coto de caza (1984) o Muñecas de trapo (1987).

Centrándonos en la presente, Grau continúa manufacturando cine erótico, algo casi inevitable en la época de la Transición, aunque el realizador catalán se atreve a llevarlo a un convento de carmelitas del siglo XVII, entrando de lleno en el género llamado nunexploitation que había sido llevado a cabo en cintas como Historia de una monja de clausura (Storia di una monaca di clausura, 1973) de Domenico Paolellao o sus coetáneas Interior de un convento (Interno di un convento, 1978) y Cartas de amor a una monja portuguesa, estrenada anteriormente a ésta aunque, como ha declarado el propio Grau (1) fue Jesús Franco el que aprovechó la idea para hacer su propia versión de la historia.

La historia a la que nos referimos no es otra que la famosa obra de Mariana Alcoforado Cartas de amor de una monja portuguesa, cinco escritos supuestamente auténticos que fueron recogidos en un volumen considerado como una obra maestra del género erótico, en el que la religiosa enamorada escribe sus pensamientos a su objeto de deseo, el apuesto Marqués de Chamilly, aunque a día de hoy aún no haya quedado esclarecida la autenticidad de dichas cartas.

El filme de Grau además se apoya en hechos históricos de los siglos XVI y XVII, en textos de Santa Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Diderot y en la mencionada obra de Alcoforado, aunque la principal diferencia entre esta última, reside en que el amor de la monja no sea hacia un Marqués sino hacia otro religioso, el capellán del convento, incrementando así el interés de la trama.

Todo comienza en el lecho de muerte de un hombre, cuya esposa desconsolada besa su miembro viril – en un primerísimo primer plano que para haber sido realizado en el año 78 no es moco de pavo- en un gesto de desesperanza. Aquí es cuando la religiosa y hermana de la viuda despierta de su letargo y comienza a llegar a plantearse si el sexo les debería estar prohibido, ya que éste va ligado al amor, “lo más bello del mundo”. Mariana redacta todo ello en una carta al reverendo padre, que no hará otra cosa que quitarle esos pensamientos de la cabeza, aunque posteriormente entre confesión y confesión se despertará una atracción mutua que acabará finalmente consumándose.

Otro episodio que llevará a la religiosa a plantearse la importancia del sexo y el deseo será el lamentable estado en que se encuentra una de las novicias del convento – interpretada por una Lina Romay recomendada para el papel por el propio Jesús Franco y que ciertamente le va como anillo al dedo-; ésta acudirá a la propia Mariana en busca de un deseo no correspondido, y debido a su desesperación y enloquecedor comportamiento llegará a ser acusado por la Santa Inquisición de posesión demoníaca.

La monja irá aclarando sus planteamientos sexuales con ayuda de su confesor, pero lo que en un principio era una duda dará lugar al deseo, dejando ambos atrás su castidad, ya que ello sería “pecar contra el amor, lo más grande que nos ha dado Dios”, para terminar dando rienda suelta a sus descontrolados instintos en un encuentro que les hará ver la vida desde una óptica diferente.

Grau ofrece esta versión de las cartas de Alcoforado a través de una impecable factura, envuelta en una fotografía acartonada, asfixiante y casi sobrenatural, una música barroca y una óptima ambientación – a destacar esa pared llena de calaveras que cubre la celda de la monja o la reja llena de pinchos a través de la cual hablan los enamorados-, factores estos que ofrecen en conjunto una estética muy cercana a la posterior Extramuros (1985) de Miguel Picazo.

Además de todo ello, también destaca un trabajado guión, compuesto por inteligentes y existenciales líneas de diálogo que son trasladadas a la pantalla de forma impecable por la totalidad de su reparto, sobre todo por parte de una Analía Gadé que, además de aportar credibilidad a su personaje (2), tarea harto difícil, y soportar el peso de la obra, se atreve con escenas tan arriesgadas como el de un afeitado púbico, aunque según declaró en años después, pediría a una doble para realizar las escenas más comprometedoras si bien “al final acabé haciéndolo yo casi todo por prurito de actriz”(3).
La obra posee poderosos y arrebatadores momentos propios del género al que pertenece, totalmente blasfemos, como el personaje de Lina Romay acercando un crucifijo a sus sexo, el beso que le da Mariana al Cristo en la Cruz al que reza cada día, o el propio encuentro entre los religiosos, rodado con enorme sutilidad a través de una sobrenatural fotografía de colores azulados.

Por otro lado, aunque el filme es impecable en su planteamiento y nudo, el desenlace resulta tal vez demasiado estirado, volviendo a retomar el pulso en su tramo final, trágico como una obra clásica, cortante como el filo de una navaja, cerrando así la obra a través de un epílogo con grandes dosis de ironía por parte del autor en lo que termina resultando un oscuro retrato de la sociedad clerical del siglo XVII.

Jesús Palop

(1) http://cerebrin.wordpress.com/2009/09/25/entrevista-a-jorge-grau-“me-gustaria-hacer-un-retrato-de-edgar-allan-poe”/
(2) Que incluía al argentino Alfredo Alcón, que cobró unos doce mil dólares de la época.
(3) Declaraciones realizadas al diario ABC en 1987 tras el pase televisivo del filme.

Publicado en  on Diciembre 10, 2009 at 2:11 pm Dejar un comentario
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Cine español por Manga

De entre las distintas novedades previstas para este mes de diciembre por Manga, destacan su serie de (re)lanzamientos dedicados al cine español de los que, lamentablemente, por el momento ignoramos cualquier tipo de información sobre sus características.

Así, por un lado la editorial catalana ha puesto en circulación una oficiosa colección dedicada a José Luis Garci que en esta primera tanda que esperemos no sea la última, se nutritrá de alguno de los primeros trabajos como director del cineasta madrileño. Los títulos en cuestión son Asignatura pendiente (1977), Solos en la madrugada (1978) y Las verdes praderas (1980).

Por otra parte, las novedades dedicadas al cine español por parte de Manga se complementan con dos clásicos de nuestra cinematográfia que ya habían sido comercializados con anterioridad en DVD en los albores del formato. Se trata de la obra maestra de Juan Antonio Bardem Muerte de un ciclista (1955), y del retrato generacional que realizara Montxo Armendáriz en 1995 Historias del Kronen, según la novela de José Ángel Mañas. Esperemos que en ambos casos estas nuevas ediciones superen en calidad y contenidos a las ya existentes.

Publicado en  on at 6:26 am Dejar un comentario

Wonder Woman – La mujer maravilla

Título original: Wonder Woman

Año: 2009 (Estados Unidos)

Director: Lauren Montgomery

Productor: Bruce W. Timm

Guionista: Michael Jelenic, según un argumento de Gail Simone y M. Jelenic, basado en el personaje creado por Willam Moulton Martson

Diseño de personajes: Lynell Forestall

Música: Christopher Drake

Intérpretes: Dibujos animados, con las voces (en la VO) de Keri Russell (Wonder Woman), Nathan Fillion (Steve Trevor), Alfred Molina (Ares), Rosario Dawson (Artemis), Marg Helgenberger ( Hera), Oliver Platt (Hades), Virginia Madsen (Hippolyta), John Di Maggio (Deimos), Julianne Grossman (Etta Candy),Vicki Lewis (Persephone), David McCallum (Zeus), Jason Miller, Rick Overton, Andrea Romano, Skye Arens, Bruce W. Timm…

Sinopsis: Las amazonas derrotan, tras una cruenta batalla, al dios Ares; este es condenado por su padre Zeus a estar encerrado de por vida sin ser capaz de hacer uso de su poder para alimentarse de la violencia en el mundo. Sus carceleras serán las propias amazonas, a las que los dioses otorgan la oportunidad de vivir en Themiscyra, un paraíso aislado del mundo del hombre. No es este el único regalo que reciben de los dioses; del barro de la isla nacerá una princesa, hija de Hipólita, una amazona destinada a servir de puente con el mundo de los hombres, y la única persona capaz de detener a Ares cuando este eluda su cautiverio: Diana.

La primera sensación que uno experimenta tras ver esta adaptación animada del histórico personaje de la DC es que más que ante una película totalmente independiente estamos ante el preludio de un proyecto más extenso; sea un piloto de una posible serie, o sea una especie de prólogo a la cacareada adaptación con actores de carne y hueso de las aventuras de la princesa amazona. Lo segundo que experimentamos es la extraña sensación de que, si bien nos encontramos ante una película correcta, el personaje podría dar mucho más de sí.

El problema fundamental es la caracterización de parte de los personajes, especialmente de los dioses griegos Ares y Hades, algo alejados en cuanto a personalidad de sus homólogos comiqueros y mitológicos y, ante todo, en las antípodas de las diversas representaciones que han tenido en los comics. El caso es que estos cambios físicos redundan negativamente en los personajes, dando al espectador la sensación de que son otros caracteres completamente distintos. No son estos los únicos que quedan desdibujados frente a los comics; secundarios como Etta Candy, uno de los principales aliados de Wonder Woman, tienen una aparición testimonial y una personalidad totalmente alejada del original; la mala definición de este personaje sorprende aún más al ser Gail Simone, actual guionista regular de la amazona, uno de los asesores a la hora de redactar el guión; en su etapa Etta Candy está teniendo un peso importante como secundaria y aliada fiel de Diana.

Parte de estos fallos pueden achacarse a la necesidad de crear un producto accesible a un abanico de público lo más amplio posible, lo que acaba conduciendo a introducir los típicos guiños para contentar al fandom a la par que se reinventa al personaje y a los que le rodean. La segunda causa podría ser la complejidad del mundo en que se mueve la princesa amazona; adaptar a Wonder Woman implica crear necesariamente dos escenarios distintos con su respectiva idiosincrasia y su galería de secundarios: Themiscyra (isla donde reside la nación amazona) y la ciudad en que resida en aquel momento la heroína (Nueva York en este caso). No es tarea fácil introducir tal cantidad de personajes, dándoles tiempo de pantalla y una caracterización decente, y lograr que la historia principal se desarrolle de forma fluida y, salvo momentos puntuales, en la película se logra con bastante dignidad.

No debemos olvidar, en este punto, que no hablamos de adaptar un libro o una serie de cómic limitada (al estilo de Watchmen), sino un personaje con más de sesenta años de historia que ha sufrido cambios sustanciales a lo largo de su extenso devenir; si a esto añadimos la añoranza por parte de los aficionados de ciertos elementos del periodo pre-Crisis (1) (y por tanto fuera de la continuidad actual), y la afición de las productoras por intentar contentar a todos (aunque sea con el equivalente a una palmada en el hombro), tenemos ingredientes de sobra para un popurrí de proporciones respetables. De forma sorprendente, el resultado, aunque distanciado del comic, es bastante homogéneo y coherente en lo que se refiere a la caracterización de su personaje principal.

La Wonder Woman que nos encontramos no es por tanto la versión pre-Crisis del personaje, ni la de George Perez o la de la actual serie regular, sino una combinación de estos y otros referentes. Así, como ocurría en la versión pre-crisis del personaje, la amazona carece de poder para volar y ha de usar para sus desplazamientos el jet invisible (que está bastante logrado, por cierto); es menos ingenua que en la versión de Pérez (algo lógico, ya que la candidez de Diana queda bien en una serie regular de cómic donde puedes tomarte tiempo para que el personaje evolucione, pero quedaría chocante en una película, donde la acción ha de estar más condensada), pero conserva el espíritu guerrero de ésta. Quizá lo que más falla del personaje sea su caracterización física, no llega a parecer “bella como Afrodita”. El mismo problema sufre su madre, la reina Hipólita, su aspecto tampoco entusiasma, pero, por el contrario, su personalidad está bastante bien adaptada.

De todas formas, para quien esto suscribe, tal vez el personaje más conseguido de la película sea Artemisa (no la diosa, sino la amazona), pese a que su inclusión en la película, centrada en el primer contacto de la Diana con el mundo del hombre, suponga un quiebro a la continuidad del personaje. Desde el punto de vista de la animación es quien más se parece al original comiquero (resulta casi clavada a la versión de Phil Jimenez); su personalidad está bastante bien captada, pese a algún inserto de humor, que no llega a molestar, y el trabajo de voz de Rosario Dawson le va al personaje estupendamente.

En lo que se refiere al argumento de la película propiamente dicho, la cinta tiene sus dos puntos fuertes en el prólogo, donde asistimos al enfrentamiento entre Ares y las amazonas y la marcha de estas a Isla Paraíso (con la misión de custodiar al dios, hecho reo por Zeus tras el citado enfrentamiento), y un final que no voy a destripar, pero que dejará con una sonrisa en la boca a más de un aficionado descontento con las aberraciones cometidas con el personaje en cierta saga. Por cierto, señalar que en ambos enfrentamientos la película no ahorra sangre ni violencia, un punto a favor en lo que se refiere a la fidelidad con sus referentes, no olvidemos el cruento pasado de las amazonas, y las duras luchas que han sufrido a lo largo de sus años de andadura en el cómic.

Por lo demás, señalar que la película es totalmente asequible para el espectador desconocedor del personaje; de hecho es una historia “año uno”, válida ante todo para presentar a Wonder Woman.

Ana Morán Infiesta

(1) Para los que no estén familiarizados con el mundo del cómic, cuando se habla de periodos pre y post Crisis se hace referencia a comics publicados bien antes bien después de la serie Crisis en Tierras Infinitas (guionizada por Mark Wolfman y con George Perez en los lápices). La serie supondría un nuevo comienzo para los personajes (especialmente en el caso de Wonder Woman). Por lo tanto de cara a la “realidad” de estos, las historias pre-crisis oficialmente no han existido.

Primera muestra de cine fantástico y de terror Ultramundo

Durante los próximos días 11, 12 y 13 los multicines Artesiete Caudalia de la ciudad asturiana de Mieres acogerán la Primera muestra de cine fantástico y de terror Ultramundo, organizado por el blog “El cine de Ultramundo” (http://cineultramundo.blogspot.com).

Para esta su primera edición, la gente de “El cine de Ultramundo” ha conseguido reunir una programación de lo más apetecible en la que se entremezclan títulos recientes como Dead Snow o El vagón de la muerte, con clásicos como Tron o Lifeforce, fuerza vital, de la que se pasará el montaje de Tobe Hooper, sin olvidar algún título inédito en nuestras salas comerciales como la satírica Fido – reseña de la abadía: http://cerebrin.wordpress.com/2009/05/19/fido/ -. Por si fuera poco, todas las sesiones de la muestra serán gartuitas hasta completar aforo.

Para consultar la programación completa, horarios y demás: http://cineultramundo.blogspot.com/2009/11/programacion-oficial-de-la-primera.html

Publicado en  on at 6:27 am Dejar un comentario

Flashman contra el hombre invisible

Título original: Flashman / Flashman contre les hommes invisibles

Año: 1967 (Italia, Francia)

Director: Mino Loy [acreditado como J. Lee Donan]

Productores: Mino Loy, Luciano Martino

Guionista: Ernesto Gastaldi

Fotografía: Floriano Trenker

Música: Franco Tamponi

Intérpretes: Paolo Gozlino [acreditado como Paul Stevens] (Lord Alexei Burman / Flashman), Claudie Lange (Helene), Ivano Staccioli [acreditado como John Heston] (Kid), Jack Ary (Inspector), Micaela Pignatelli [acreditada como Micaela Cendali], Anne Marie Williams, Seyna Seyn, Emilio Messina, Dada Gallotti, Marisa Traversi, Sidi Del Burgo, Mirella Pamphili, Isarco Ravaioli, Fulvio Mingozzi, Alcid Borik…

Sinopsis: Un científico que ha desarrollado un suero de la invisibilidad es asesinado por un criminal que pretende utilizar dicho invento para robar a gran escala. Mientras, un grupo de bellas falsificadoras ha conseguido infiltrarse en distintas entidades bancarias con la intención de cambiar la moneda por ellas fabricada por otra de curso legal. Pero con lo que estos delincuentes no cuentan es con la intervención del superhéroe enmascarado Flashman…

Coetáneo al cine de euroespías con el que compartió varios rasgos distintivos que dieron lugar a algunos títulos fronterizos entre ambos estilos, el cine de superhéroes mediterráneos fue una de las más fulgurantes, exóticas y simpáticas corrientes de cuantas alumbró la industria europea de género durante sus años de esplendor. Su origen hay que buscarlo en las primeras traslaciones al celuloide de los por entonces populares protagonistas de los fumetti neros italianos, con Kriminal y Diabolik como pioneros, a los que no tardarían en acompañar otros como Satanik o Mister X. Al mismo tiempo, al calor de estas adaptaciones surgirían nuevos personajes creados ex profeso para la gran pantalla, con nombres como Argoman, Goldface o Los tres supermen, entre muchos otros.

No obstante, gran parte de los personajes de nuevo cuño mostrarían una curiosa metamorfosis que subvertía de medio a medio el espíritu de sus modelos; si bien compartían con éstos su aspecto exterior por medio del llamativo diseño de sus trajes de faena, su personalidad era radicalmente distinta. Lejos de la amoralidad que caracterizaba las acciones de los antihéroes del fumetto, la mayoría de estos nuevos superhéroes destacaban por un innato sentido de la justicia que les hacía estar siempre al lado de la ley y el orden. Así, antes que los mentados Kriminal o Diabolik, el referente para Superargo y compañía era, en realidad, el de sus colegas del otro lado del charco como Superman o Spiderman. Un claro ejemplo de ello lo tenemos en Flashman contra el hombre invisible (Flashman / Flashman contre les hommes invisibles, 1967), aportación al fenómeno de los ventajistas Luciano Martino y Mino Loy, productores, juntos o por separado, de films como Caimán, Comidos vivos o El devorador del océano.

Creado por el prolífico guionista Ernesto Gastaldi, el superhéroe en cuestión, de nombre Flashman, es, en esencia, un remedo más o menos evidente del norteamericano Batman, quien por aquella época vivía una de sus más altas cotas de popularidad con la serie televisiva protagonizada por Adam West, que a su vez derivaría en un largometraje. Al igual que éste, se trata de un multimillonario que en sus ratos libres se dedica a combatir personalmente el crimen y la delincuencia, contando para ello con la complicidad de su criado y la ayuda de un inseparable compañero, en este caso su jipiosa hermana. Del mismo modo, todos sus posibles superpoderes no pasan de ser, o al menos eso se deduce, una condición atlética fuera de lo común, ciertas dotes para el disfraz y un traje blindado contra el que nada pueden hacer las armas de fuego. Pero si la razón por la que Bruce Wayne se convirtió en justiciero enmascarado fue el asesinato de sus padres a manos de un criminal cuando él era un niño, poco se sabe de los motivos que empujaron a este tal Lord Alexei Burman a ceñirse unas mallas para transformarse en un férreo defensor de la ley.

Es toda esta falta de explicación sobre los orígenes y habilidades de su protagonista, junto con el sesgo decididamente pulp de su trama, en la que se entremezclan fórmulas para la invisibilidad con maharajás, seductoras falsificadoras y ladrones de bancos, lo que hacen que el tono resultante de esta Flashman contra el hombre invisible remita en todo momento al de los seriales de las décadas de los diez y veinte – ni siquiera falta una escena tan típica de este formato como la de la muchacha atada a las vías del tren por el villano de turno – o, en su defecto, el de cualquiera de las cintas que por aquellos mismos años protagonizara Santo, el enmascarado de plata. Dicha sensación es remarcada por detalles tales como la relativa falta de peso específico que adquiere su personaje principal en el devenir de los acontecimientos, más allá de su consabido papel de resuelve-entuertos; la manera misma de introducirle en la historia, una vez han sido presentados los que serán sus rivales y los planes de éstos; o por la patente escasez de desarrollo narrativo que arroja su estructura argumental, más preocupada en la concatenación constante de escenas de acción. Pero, pese a ello, la cinta no renuncia al sentido estético de la corriente en que se ubica genérica y temporalmente. Y es que tanto su diseño de producción, ciertos detalles argumentales, como su banda sonora, están encaminados a reproducir el aire psicodélico tan habitual en este tipo de films.

Por lo que respecta a su acabado formal, éste se antoja de lo más pobre. Aunque se le adivinan ciertos medios dentro de su modestia, principalmente por el hecho de que parte de su rodaje se llevara a cabo en la exótica Beirut – ciudad en la que sus dos productores ya habían localizado con anterioridad el seudobond Espías en Beirut [tv: Los espías matan en Beirut; vd: Los espías de Beirut] (Le spie uccidono a Beirut / Les espions meurent à Beyrouth, 1965) -, estos son desaprovechados por la pedestre puesta en escena de Mino Loy[1], la cual incluye planos desenfocados junto a otros más próximos a los esperables de un documental que al de un film de estas características. No mucho mejor parados resultan sus efectos especiales, bien sea por la involuntaria jocosidad de su trabajo con miniaturas, o bien por los pocos disimulados hilos que asoman en las escenas en las que el hombre invisible del título maneja cualquier tipo de objeto. En este contexto, tal vez lo más destacado del conjunto resida en la partitura de Franco Tamponi y la labor interpretativa de la exuberante Claudie Lange y el patibulario Ivano Staccioli, actores ambos encargados de encarnar los dos papeles negativos de la cinta.

Como vemos, se trata de un film más bien mediocre. Empero, gracias a su falta de pretensiones, su tono desenfadado y su sentido del delirio – ese ridículo Inspector de Scotland Yard, cruce imposible entre Lestrade y Clouseau -, hacen que de cara  a paladares acostumbrados a semejantes manjares su visionado presente ciertos atractivos capaces de convertirlo en agradable y entretenido. Cosas peores se han visto.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Aunque parece claro que el responsable de su realización fue Mino Loy parapetado bajo el seudónimo de J. Lee Donan, existe cierta confusión en torno la verdadera personalidad(es) de su director(es). Así, Ángel Sala, en su artículo Fantascienza, aparecido en el nº 34-35 de la revista cinematográfica “Nosferatu” dedicado a la ciencia ficción europea, acredita su dirección a Luciano Martino, en tanto que Gianni Ursini mantiene en el reciente especial sobre el cine fantástico italiano de “Quatermass” que se trata de un trabajo conjunto de Loy y Martino.

Estrenos recientes en DVD

Coincidiendo con la llegada de las fiestas navideñas, varias de las principales editoriales videográficas que operan en nuestro país han aprovechado pra lanzar al mercado alguno de los estrenos cinematográficos más recientes.

Tal es el caso de Disney, que ya ha puesto a la venta uno de los mayores éxitos de crítica y público de la última temporada, la cinta de la factoría Pixar Up. A un precio recomendado de 21,95 €, dicha edición incluye la película en su formato original de 1.85:1 anamórfico con audios 5.1 en castellano e inglés y subtítulos en varios idiomas entre los que se incluye el castellano. Además, entre los diferentes extras que acompañan a la película se encuentra La misión especial de Dug, un corto inédito protagonizado por uno de los personajes del film.

También orientada hacia el público infantil-juvenil se encuentra la apuesta de Tripictures para estas navidades, Corazón de tinta, cinta de fantasía basada en una novela de Cornelia Funke. Al contrario de la mentada Up, la edición patria de este film protagonizado por Brendan Fraser se antoja de lo más  desangelada debido a su escaso material extra. Apenas un tráiler y un video titulado Elizza lee para nosotros acompañan a la película, la cual es presentada en su formato 2.35:1 anamórfico, con audios 5.1 en inglés, castellano y catalán y subtítulos en inglés y castellano. Demasiado poco para una edición cuyo p.v.p. recomendado es de 17,95 €.

Por su parte, Sony Pictures ha echado el resto con la salida de Terminator Salvation, la esperada cuarta entrega de la franquicia que inaugurara James Cameron y una de las mayores decepciones del año. Pero, como decimos, la mala acogida de la película no ha sido inconveniente para que Sony Pictures haya preparado un lanzamiento por todo lo alto. Así, todo aquel que quiera hacerse con tan mediocre film tendrá que elegir entre tres ediciones diferentes: la sencilla, que solo incluye la película en su a.r. de 2.35:1 anamórfico con audios 5.1 en castellano, inglés y catalán, y subtítulos en castellano, inglés y portugués; la metálica, que aparte de su diferente presentación añade a la edición sencilla un segundo disco de extras; y, por último, una denominada edición coleccionista que incluye una figura de una moto-terminator a la que se le iluminan los faros.

Publicado en  on at 6:23 am Comentarios (1)

Las dos y media… y veneno

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Título original: Las dos y media… y veneno

Año: 1959 (España)

Director: Mariano Ozores

Productora: Cinematografía Hispánica

Guionistas: Mariano Ozores, José Luis Colina [sin acreditar], Alfonso Paso [sin acreditar]

Fotografía: Manuel Merino

Música: Augusto Algueró hijo

Intérpretes: José Luis Ozores (Quintín, ‘El macabro’), Antonio Ozores (Justo), Elisa Montés (Begoña), Fernando Rey (Ramón), Teresa del Río (Paloma), Fernando Delgado (Marcos), Félix Fernández (Don Senén), Valeriano Andrés (Juan, tío de Quintín), Francisco Bernal (Dueño de la vaca), Xan das Bolas (Propietario de la gallina), Terele Pávez, Emilia Rubio (Chicas en la sala de espera del veterinario), Manuel Insúa, Jesús Narro, Enrique Montes, Francisco García López, Rodolfo del Campo, Isabel de Pomés (Viuda charlatana)…

Sinopsis: Don Senén ha dilapidado en juergas la herencia de Begoña, su sobrina, que solo debía administrar. No obstante, a la joven aún le queda por percibir cerca de un millón de pesetas, que solo le será entregado a la muerte de su tutor. Así las cosas, el anciano, en complicidad con Begoña y sus otros dos sobrinos, planea fingir su propia defunción mediante un certificado falso. Pero lo que nadie sospecha es que detrás de todo esto alguien planea que la farsa se convierta en realidad.

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Las dos y media… y veneno (1959) debía de haber supuesto el debut como realizador de José Luis Ozores. Al menos, ese fue el acuerdo al que el recordado y tristemente fallecido actor llegó con los dos principales jerifaltes de la distribuidora RKO Films, Luis y José García Ramos, como condición para que éstos adelantaran el dinero necesario para poner en marcha una película que sería producida a través del sello familiar creada por los Ozores para tal menester: Cinematografía Hispánica. Sin embargo, poco antes de comenzar el rodaje, Peliche, que tal era el apelativo con el que era conocido de forma cariñosa José Luis, renunció el dirigir la película en favor de su hermano Mariano, quien poco tiempo atrás había abandonado su puesto de jefe de programas de TVE. De esta peculiar forma arrancaba una de las más prolíficas carreras de nuestro cine, solamente superada en número por la del incombustible Jesús Franco.

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Para este su bautismo de fuego cinematográfico, Mariano se hizo rodear de gran parte de su clan familiar, tal y como luego haría en multitud de ocasiones a lo largo de su filmografía. Así, aparte del consabido José Luis, en la cinta también aparece su inseparable hermano Antonio, la que era mujer de éste por aquel entonces y madre de su hija, Elisa Montés, y una de las hermanas de la actriz, una jovencísima Terele Pávez. En cuanto al resto del reparto, éste se completó con intérpretes de la valía de Fernando Rey, Fernando Delgado, el hoy por desgracia olvidado Félix Fernández, Teresa del Río, y un puñado de habituales secundarios de la categoría de Valeriano Andrés, Xan das Bolas y Francisco Bernal.

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Aprovechando pues tan extraordinario plantel, y a pesar de lo que pudiera deducirse dada su génesis, Las dos y media… y veneno se inscribe dentro de los terrenos de la comedia coral vodevilesca, tomando como base una estructura netamente escénica, que evidencia los orígenes teatrales de su director y guionista – salvo sus prolegómenos, el grueso de la narración se desarrolla en una casa y con pocos personajes -. Fruto de ello es una ocurrencia tan simpática como la escena musical que sirve de fondo a los títulos de crédito, en la que por medio de una canción los principales actores del film presentan al público sus roles en la historia y las principales líneas maestras de su trama. Por lo demás, la cinta se basa en un negro humor muy en sintonía con su argumento  – cf. el personaje del mayor de los Ozores haciendo un trato con el médico del pueblo para que éste contribuya con sus diagnósticos a que la funeraria de su suegro prospere -, que al igual que éste apoya su potencial en las apariencias y en los diálogos y situaciones disparatadas y surrealistas – cf. el veterinario interpretado por Antonio, que lo que más hace por sus pacientes es recetar pan mojado a una gallina como complemento a una dieta a base de… “pan mojado también” -.

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Más allá de estas características, resulta muy curioso el comprobar hasta qué punto en esta su ópera prima se llegan a dar cita muchos de los rasgos que más tarde serían característicos del cine de Mariano Ozores. A saber: su formato de comedia de enredo, estilo éste fácilmente detectable en innumerables proyectos posteriores del cineasta madrileño; la satirización de los mecanismos de un género cinematográfico, en este caso el suspense, como base argumental, práctica esta después repetida en cintas como Al Este del Oeste (1984), ¡Qué tía la C.I.A.! (1985), o Esto es un atraco (1987); la construcción del título de la película a partir de un juego de palabras con una expresión popular, al igual que ocurre en, por ejemplo, ¡Como está el servicio! (1968), Tío, ¿de verdad vienen de París? (1975) y La Lola nos lleva al huerto (1984); o la representación de ciertos aspectos sociológicos de la España de la época, aquí ejemplificados por esos vecinos del pueblo que acuden a velar el cadáver del supuesto finado, más por tradición que por proximidad.

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No obstante, siguiendo con esta comparación del film que nos ocupa para con las constantes de la futura carrera de su máximo responsable, Las dos y media… y veneno acaba por resultar un film mucho mejor acabado desde un punto de vista cinematográfico de lo que luego sería habitual en las películas de Mariano. Ello es debido a la, hasta cierto punto, cuidada puesta en escena de la que hace gala el director de Los bingueros, en la que destaca tanto su aprovechamiento del formato scope y la profundidad de campo para la composición de planos, bien complementada por la colorista fotografía de Manuel Merino y la elegante escenografía dispuesta para la ocasión, como por su encomiable fluidez narrativa, a lo que también ayuda el escaso metraje de la cinta – poco más de hora y cuarto -. No en vano, posiblemente esta sea para sus muchos detractores la película más digerible de tan vilipendiado realizador.

José Luis Salvador Estébenez

Publicado en  on Diciembre 4, 2009 at 11:18 am Comentarios (5)
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