Necrológica de Sergio Sollima

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Si a lo largo de este aciago 2015 nos hemos hecho eco de los fallecimientos de destacados representantes del cine italiano de género, como pudieran ser los casos de Luciano Ercoli o Alberto de Martino, ayer mismo teníamos que lamentar también la noticia de la muerte a los 94 años de Sergio Sollima.

Poseedor de una filmografía no demasiado extensa, al menos en comparación con otros compañeros de generación, Sollima fue y será recordado por encima de cualquier otra consideración por su valiosa aportación al spaghetti western, la cual, y aunque no muy abundante en cuanto a número de títulos, gracias a la elevada calidad y personalidad desplegada en cada uno de ellos le hacen estar considerado con todo merecimiento al mismo nivel, tanto en relevancia como en influencia, que los otros dos más sobresalientes cultivadores del subgénero, es decir los otros dos Sergios más célebres dentro de los márgenes del western mediterráneo: Leone y Corbucci.

Nacido el 17 de abril de 1921 en Roma, Sollima se gradúa en el Centro Sperimentale de Cinematografía antes de la Segunda Guerra Mundial y una vez finalizada la contienda, en la que toma parte como miembro activo de la Resistencia partisana, empieza a despuntar primero como crítico cinematográfico (escribiendo nada menos que el primer tratado sobre cine americano que se publicó en Italia), y más tarde como director y autor teatral, en obras que por lo común intentaban reflejar sus experiencias durante los años de la guerra, como pudiera ser el caso de la comedia L’uomo e il fucile (1948).

Poco tiempo después consigue meterse en el mundillo cinematográfico desempeñando funciones como asistente del director Domenico Paolella, para especializarse a finales de los 50 en la escritura de guiones para los entonces tan en boga peplums, interviniendo de esta manera en los libretos de films tan populares dentro del género como Ursus (1961) de Carlo Campogalliani, la seudo secuela de esta Ursus, el gladiador (Ursus, il gladiatore ribelle, 1961), dirigida por su mentor Paolella, o Goliat contra los gigantes / Goliath contro i giganti (1961) de Guido Malatesta, entre otras.

A pesar de su afiliación posterior a categorías fílmicas tan masculinas y adrenalíticas como la aventura, el western o el policíaco, el debut de Sollima como director se produce en 1962 dentro de un subgénero tan típico en la Italia de la década como fue la comedia de episodios. El film en cuestión es Amores difíciles (L’amore difficile), ocupándose Sollima de dirigir el segmento titulado Le donne, protagonizado por Enrico Maria Salerno y Catherine Spaak, y compartiendo estreno detrás de las cámaras con otros tres directores primerizos, entre los que se encuentra el actor Nino Manfredi, protagonista un año más tarde de El verdugo de Luis G. Berlanga y que ya liderara en 1948 el reparto de la anteriormente citada obra teatral escrita por Sollima, L’uomo e il fucile.

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Tres años después, y como consecuencia directa del éxito en las pantallas de todo el mundo de las aventuras de James Bond, Sollima realiza bajo el pseudónimo de Simon Sterling dos de las mejor consideradas cintas encuadradas en el subgénero del eurospy o spionistico, Agente S3S: pasaporte para el infierno (Agente S3S: Passaporto per l’inferno, 1965) y 3S3, agente especial (Agente 3S3: massacre al sole, 1966), protagonizadas ambas por George Ardisson (pseudónimo a su vez del italiano Giorgio Ardisson), en la piel del agente secreto Walter Ross. Al estar rodadas y producidas en parte por España (Balcázar Producciones Cinematográficas la primera, y Cesáreo González la segunda), cuentan las dos con la peculiaridad de estar repletas de rostros perfectamente reconocibles de nuestra cinematografía, como los de Luis Induni, José Riesgo, Eduardo Fajardo o Fernando Sancho, presencias todas ellas habituales de los westerns rodados en España en aquellas mismas fechas; el caso de Sancho en concreto es especialmente curioso ya que participa en el díptico interpretando a dos personajes distintos, el de un embajador ruso en Agente 3S3: pasaporte al infierno y el de un dictador caribeño en 3S3, agente especial, desempeñando asimismo un importante rol en la piel de un corrupto oficial mexicano en el futuro y primer western del director, El halcón y la presa.

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Entre este par de films consagrados al personaje de Walter Ross, y antes de encarar su determinante trilogía protagonizada por Tomas Milian, Sollima dirige otro film de espías, Consigna: Tánger 67 (Requiem per un agente segreto, 1966), estelarizado por un otoñal (casi invernal, de hecho) Stewart Granger, que en su ocaso europeo, y en el tiempo libre que le dejaban los westerns de la saga Winnetou que rodaba en Yugoslavia, aún le daba tiempo de participar en remedos de James Bond como Misión en Hong Kong (Das Geimnis der drei Dschunken, Ernst Hofbauer, 1965) o éste que nos ocupa. Asimismo, en la última aportación de Sollima al eurospy podemos encontrarnos como partenaire de Granger a Daniela Bianchi, modelo italiana de escuetísima filmografía pero que sin embargo supo sacar rédito a su condición de primigenia chica Bond en toda suerte de derivados, copias, e incluso parodias, del universo creado por Ian Fleming: tales fueron los casos del film de Claude Chabrol El tigre (Le Tigre aime la chair fraiche, 1964), Todos los hermanos eran agentes (Ok Connery, 1967), dirigida por el recientemente fallecido Alberto de Martino y con Neil, hermano de Sean Connery como protagonista, o Zarabanda, bing, bing (1966), dirigida por José María Forqué y con el gran José Luis López Vázquez entre los integrantes de su reparto.

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A continuación Sollima rueda la considerada por muchos como su mejor obra, El halcón y la presa / La resa dei conti (1966), título absolutamente capital dentro del subgénero, no solamente por introducir la novedad de la adjudicación del protagonismo a un personaje marginal como el de Cuchillo Sánchez (sin duda alguna influencia directa de la participación del destacado miembro del partido comunista Franco Solinas – La batalla de Argel, Salvatore Giuliano – en el guión original), si no también por consolidar definitivamente tanto la imagen como la posición de Lee Van Cleef como estrella total dentro del subgénero tras La muerte tenía un precio; aunque en un principio los productores tuvieran en mente para interpretar el rol del maduro cazador de recompensas Jonathan Corbett a James Corburn, el rechazo de éste a la propuesta propició la contratación de un, en mi opinión, más adecuado Van Cleef. Asimismo, El halcón y la presa supuso un fuerte espaldarazo para un Tomas Milian que venía de protagonizar la excelente El precio de un hombre (1966) de Eugenio Martín, y para el que esta película supuso la génesis de los muchos personajes similares (desarraigados, revolucionarios, bandidos…) que durante la década siguiente convertirían al cubano en una de las figuras imprescindibles del western all’italiana.

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El siguiente western de Sollima, también rodado en Almería apenas siete meses después de El halcón y la presa, fue Cara a cara / Faccia a faccia (1967), película que incidía aún más que El halcón y la presa en las parábolas políticas y sociales que se pudieran discernir del enfrentamiento entre las personalidades antagónicas de sus dos protagonistas, en este caso un pacífico profesor de Historia, encarnado por el siempre intenso Gian Maria Volonté, y el líder de un grupo de forajidos nuevamente interpretado por Milian en una variante, con mínimos cambios, de su previo personaje de Cuchillo Sánchez.

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Continuando con su dinámica de concederle protagonismo a una serie de personajes que en cualquier otro film, perteneciente al spaghetti  o no, no pasarían de ser meros comparsas, con Cara a cara Sollima se consolida como uno de los realizadores del género más políticamente comprometidos,  abordando en esta ocasión una historia , al igual que El halcón y la presa, centrada en el desarrollo psicológico de los personajes pero con mucha menos acción que ésta última; de hecho, Milian se ha quejado a lo largo de los años de lo pasivo de su personaje de Bennett Beauregard, en comparación con el de Cuchillo. Y si bien la narración del drama de este pacífico, enfermizo y cobarde profesor que progresivamente se va convirtiendo en un sádico asesino puede considerarse en algunos aspectos como una suerte de metáfora de la eclosión del fascismo en Italia, e incluso – por el otro lado – de los peligros de los extremismos de izquierda, Sollima reconoció en cambio que su única intención a la hora de rodar la película fue reflejar los drásticos cambios que puede sufrir la personalidad de un individuo cuando se ve forzado a vivir en un entorno totalmente opuesto al que está habituado.

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Filmada justo al año siguiente, ¡Corre, cuchillo… corre! (Corre uomi corre, 1968), la última de la improvisada trilogía, rescataba de El halcón y la presa al personaje de Cuchillo Sánchez, siendo de nuevo encarnado por Milian y convirtiéndolo a su vez en el protagonista absoluto de una trama situada esta vez en el contexto de la revolución mexicana, por otra parte tan popular en aquellos años dentro del spaguetti western de connotaciones más o menos políticas (Yo soy la revolución, Tepepa…), potenciando así aún más si cabe para la ocasión el alcance social de las acciones de Cuchillo en relación a la lucha de clases, en una película que, aunque mucho más centrada en la acción que Cara a cara, quizás se resiente demasiado de no contar con un antagonista que esté a la altura de Milian, como en los anteriores casos fueron Van Cleef y Volonté.

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A pesar de la popularidad y el éxito cosechados con estos títulos, Sollima supo evitar la decadencia que el western italiano comenzaba a evidenciar a principios de los 70 abordando la realización de su película más ambiciosa hasta la fecha, Ciudad violenta (Cittá violenta, 1970). Pensada en un principio como una producción de nivel medio dentro de los estándares de la cinematografía italiana de aquellos años, originariamente se planeó poner al frente de su reparto a los habituales del cine bis transalpino Tony Musante y Florinda Bolkan (protagonistas ese mismo año, por cierto, de Anónimo veneciano, dirigida por el antes citado Enrico Maria Salerno), pero la entrada en el proyecto de la filial francesa de la Universal tuvo como consecuencia, además de una fuerte inyección de capital, que se tuviera en consideración a un dúo protagonista de más altos vuelos. Descartada en un primer momento la pareja formada para la ocasión por Jon Voight y Sharon Tate (¡¿?!), Sollima logró despertar entonces el interés de un Charles Bronson por esas fechas mucho más célebre en Europa que en los Estados Unidos, y que puso como única condición para involucrarse en el proyecto que se le concediera el protagonismo femenino a su mujer, la insulsa Jill Ireland.

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Aunque casi por costumbre se la suela enmarcar dentro de los límites del poliziesco, Ciudad violenta es un film que, aunque puntuado con espectaculares escenas de acción, bebe tanto del cine negro americano clásico, por lo arquetípico de sus personajes así como por los derroteros que va tomando su  trama, como de variantes más contemporáneas como A quemarropa, compartiendo con el film de Boorman una similar estructura construida a base de flashbacks así como cierta cualidad, vigorosa y colorista, en su puesta en escena.

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Bronson interpreta aquí a un personaje de asesino a sueldo que se diría hermano gemelo del que encarnaría apenas un par de años después en el film de Michael Winner Fríamente… sin motivos personales y, aunque fue un gran éxito en Europa, en los Estados Unidos sin embargo pasó totalmente desapercibida, siendo re-estrenada un tiempo después con el título de The family con el propósito de beneficiarse del éxito de El justiciero de la ciudad, presentándola de esta manera en los anuncios y carteles publicitarios como una película de similares características a ésta.

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Tras rodar la que probablemente sea su película más vista, Sollima se adentró en los terrenos del giallo con El cerebro del mal (Il diavolo nel cervello, 1972),  protagonizada por Keir Dullea y Stefania Sandrelli, y prácticamente imposible de ver hoy en día por medios legales. Al año siguiente Sollima se sumó a la vorágine del antes citado género policíaco italiano con Revolver, film que retomaba el patrón de sus westerns en lo referente a la dinámica de la relación de su antagónica pareja protagonista, el vicedirector de una cárcel encarnado por un soberbio Oliver Reed y el delincuente de poca monta al que incorpora Fabio Testi. Como en anteriores películas de su director, otra vez tenemos a dos personajes a ambos lados de la ley que se ven forzados a olvidar sus diferencias a la hora de enfrentarse con un enemigo mayor.

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Sollima incidía a su vez en el comentario social a través de una sutil crítica a lo patentemente corrupto de los estamentos judiciales, policiales y penitenciarios de la sociedad italiana de comienzos de la década de los 70: tan equidistante de la energía característica del poliziesco como de la sequedad expositiva y del pesimismo del mejor polar francés de la época, la filmación de Revolver se vio animada por un Oliver Reed que venía de rodar junto a Dino Risi Sábado inesperado, y que debido a sus excesos etílicos y malos modos consiguió enemistarse con todo el equipo de rodaje, incluido el propio Sollima, hasta tal punto que tuvieron que darle el finiquito tres días antes de que finalizara su contrato por un miedo real a que los técnicos locales acabaran linchándolo.

Kabir Bedi (a la izquierda) y Sergio Sollima (a la derecha) durante una pausa del rodaje de "El juramento del corsario negro".

Kabir Bedi (a la izquierda) y Sergio Sollima (a la derecha) durante una pausa del rodaje de “El juramento del corsario negro”.

Al verse incapaz de levantar proyectos cinematográficos de cierta envergadura, Sollima tuvo que refugiarse después de la experiencia de Revolver dentro de los límites de la ficción televisiva, como por otra parte tantos otros realizadores italianos hicieron llegados a una cierta edad, haciéndose cargo para la RAI de la realización de la miniserie de 6 capítulos Sandokán, protagonizada por Kabir Bedi, Philippe Leroy y Adolfo Celi. La serie se convertiría con el paso de los años en su trabajo más indiscutiblemente popular, hasta el punto de que ayer los rotativos italianos encabezaban la noticia de la muerte del director con el titular “È morto il padre di Sandokan”. A raíz del colosal éxito cosechado en todo el mundo por las aventuras catódicas del “Tigre de Malasia” Sollima volvió a las salas de cine en 1976 con El juramento del corsario negro (Il corsaro nero), personaje al igual que Sandokán extraído de entre las páginas de la obra de Emilio Salgari e interpretado igualmente por Kabir Bedi.

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El resto de la filmografía del director romano se repartió así en sus últimos años entre banales series de televisión y telefilms, siendo su último trabajo detrás de las cámaras la miniserie Il figlio di Sandokan que protagonizada también por Bedi, y al igual que El regreso de una leyenda (1995) lo fue para Curro Jiménez, representó una tan tardía como estéril intentona de reverdecer los laureles de épocas pasadas.

Como sucedió hace unas semanas con Christopher Lee, hoy tenemos que lamentarnos por la desaparición de una de las figuras más trascendentales de la historia del cine de género realizado en Europa, uno de los pocos realizadores (junto a genios de la talla de Leone, Bava o Melville) que podía presumir de contar con más de una obra maestra en una filmografía siempre consagrada a las variantes más populares y, por lo tanto, menos prestigiosas, del glorioso cine de género de los 60 y 70.

Descanse en paz.

José Manuel Romero Moreno

Published in: on julio 2, 2015 at 9:10 pm  Dejar un comentario  
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El Festival de Sitges cruza el Atlántico con el Sitges America Tour

El cine del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Cataluña se podrá disfrutar también en los Estados Unidos a partir del próximo mes de septiembre, gracias al Sitges America Tour, una gira de cinco películas por salas de diversas ciudades norteamericanas. Se trata de un nuevo paso para internacionalizar el Festival de Sitges, después de otra reciente experiencia en Italia.

El Sitges America Tour nace de un acuerdo entre el Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Cataluña y la distribuidora Shoreline Entertainment, con el objetivo de internacionalizar el Festival, darlo a conocer entre el público estadounidense y contribuir a consolidarlo como el primero del mundo dedicado al género fantástico. El Sitges America Tour programará en varias salas cinco títulos inéditos en Estados Unidos y que recogen la esencia y el perfil que distingue Sitges como el primer festival de cine fantástico del mundo.

El primer título confirmado para proyectarse en el Sitges America Tour es El incidente, film mexicano de ciencia ficción dirigido por Isaac Ezban, que narra dos historias paralelas sobre personajes atrapados en espacios ilógicamente infinitos. Dos hermanos y un policía en una escalera sin fin, y una familia que recorre una carretera que se extiende más allá del horizonte. Una propuesta de terror psicológico que se vio en Sitges 2014 y que supone el debut en el largometraje de su director.

Con esta iniciativa, el Festival amplía sus fronteras y refuerza su apuesta por la internacionalización, que constituye una de las líneas estratégicas más importantes del Festival para los próximos años.

Más información: http://sitgesfilmfestival.com/cas

Published in: on julio 2, 2015 at 5:14 am  Dejar un comentario  
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“Segon origen” se estrenará en Sitges 2015

Segon origen, el film dirigido por Carles Porta que adapta la célebre novela de Manuel de Pedrolo, Mecanoscrito del segundo origen (1974), se presentará en la 48ª edición del Sitges – Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña, que se celebrará del 9 al 18 de octubre próximos. Sitges mantiene un sólido compromiso con la producción cinematográfica nacional en general, y la catalana en particular, programando año tras año los principales films de género hechos en Cataluña.

El proyecto de Segon origen fue impulsado por Bigas Luna, pero quedó interrumpido a raíz de su muerte, en 2013, asumiendo su dirección el cineasta leridano Carles Porta. Dos años después, el film tendrá su puesta de largo en el Festival de Sitges. La historia de supervivencia de los jóvenes Alba y Dídac, enmarcada en un escenario postapocalíptico después de una catástrofe que ha devastado el planeta Tierra, está llena de simbologías y ha conquistado durante décadas a lectores de todas las edades. La película, producida por Antàrtida Produccions, está protagonizada por Rachel Hurd-Wood, Andrés Batista, Sergi López, Marieta Orozco e Ibrahim Mané.

Mecanoscrito del segundo origen es el segundo libro más vendido de la literatura catalana, solo superado por La plaza del Diamante, de Mercè Rodoreda; y el más vendido en el género de la ciencia ficción española. La novela, considerada un referente, ha sido traducida al castellano, al neerlandés, al vasco, al gallego, al francés, al rumano y al portugués. Fue llevada a la televisión por medio de una serie de gran éxito, dirigida por Ricard Reguant, producida y emitida por Televisió de Catalunya durante la temporada 1985-86.

Más información: http://sitgesfilmfestival.com/cas

Published in: on julio 1, 2015 at 7:44 pm  Dejar un comentario  
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A la venta el nº 23 de “El buque maldito”

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El próximo sábado 4 de julio, dentro del marco del Cryptshow Festival 2015, La Cooperativa Cor de Marina, situado en la Rambla de Badalona nº 12, acogerá a partir de las 12 horas la presentación de un nuevo número de “El buque maldito”. El número 23, para ser más exactos.

Como es habitual, el fanzine barcelonés llega cargado de contenidos de lo más jugosos. Así, entre las entrevistas que se incluyen destaca la dedicada a Tommy Wirkola, en la que el realizador noruego habla de su reciente Dead Snow 2: Red Vs. Dead, sin olvidar las respectivas interviús protagonizadas por tres actrices relacionadas con el fantástico patrio: Mirta Miller, Tania Sainz y Diana Conca. Mientras que la primera repasa su legada a España en la década de los sesenta y su posterior asentamiento en el fantaterror gracias a sus trabajos en films tan emblemáticos como Doctor Jekyll y el hombre loboLa rebelión de las muertas o El gran amor del conde Drácula, las de Sainz y Conca se integran, respectivamente, en los especiales que se dedican a dos emblemáticos films a distintos niveles de nuestro cine fantástico y que se completan con sendos textos sobre los mismos: La saga de los Drácula y Secta siniestra, película a la que le es dedicada la portada de este número.

También un dossier especial, aunque en este caso con sabor italiano, centra la atención de mi colaboración dirigida por Diego López en esta nueva oportunidad. Titulado “Sergio Martino: Tutti il colore del giallo” se compone de una primera parte en la que, a modo de ensayo, hago una aproximación a las cinco incursiones dentro del thriller all’italiana que realizara el cineasta romano entre 1971 y 1973; esto es, La perversa señora Wardh, La cola del escorpión, Vicios prohibidos, Todos los colores de la oscuridad y  Torso: violencia carnal. En la segunda, el propio realizador en persona toma la palabra mediante una entrevista realizada vía e-mail.

Estos y otros contenidos componen las treinta páginas de este número 23 de “El buque maldito”, ya a la venta en tiendas especializadas o en la propia web del fanzine a un PVP de 3,50 € más gastos de envío.

Más información: http://www.elbuquemaldito.com/

Published in: on julio 1, 2015 at 5:10 am  Dejar un comentario  

Crónica del 3º Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid “Nocturna”

Dos hechos resumen lo que dio de sí la tercera edición del Nocturna-Madrid International Fantastic Film Festival, celebrado entre los pasados 25 y 31 de mayo. Por un lado, la visita de Robert Englund para recoger el galardón “Maestros del fantástico” con el que el certamen reconocía la importancia de su contribución al género, despertando su presencia una expectación entre público y medios que dejaría pequeña a la vivida en años anteriores a propósito de Joe Dante y Tobe Hooper. Por otro, la suspensión del pase de Big Game, la película escogida para protagonizar la sesión de clausura debido a problemas técnicos con la copia proyectada. Ambos sucesos supondrían la cara y la cruz de una edición en la que “Nocturna” basó su programa en dos grandes bloques: la celebración de los aniversarios de títulos tan influyentes e imprescindibles en la historia reciente del cine fantástico como Pesadilla en Elm Street, Re-Animator o El día de la bestia, consagrando a cambio sus secciones competitivas a exponentes genéricos de carácter independiente en la mayoría de los casos, entre los que serían legión aquellos de procedencia anglosajona.

LAS PELÍCULAS

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Curiosamente, la preponderancia de films británicos y de varias de sus antiguas colonias no evitaría que la gran triunfadora de “Nocturna 2015” viniera de unas coordenadas totalmente ajenas a este contexto. Nos referimos a la húngara Liza, the Fox-Fairy, acreedora de forma conjunta o por separado de todos y cada uno de los galardones entregados dentro de la Sección Oficial, lo que de entrada da buena cuenta de la abismal diferencia existente entre ella y el resto de sus competidoras en lo que a términos de calidad se refiere. Señalada desde algunas tribunas como la joya oculta de la programación de este año, la ópera prima de Károly Ujj Mészáros haría buenas tales predicciones, revelándose una deliciosa comedia romántica de inconfundible aliento fantastique en la que brillan con luz propia todos y cada uno de sus apartados: desde la estilosa dirección de Mészáros, hasta la soberbia interpretación de su reparto, con especial mención para su protagonista, Mónika Balsai. No obstante, quizás su principal atractivo se encuentre en una singularidad estética y tonal que algunos equipararían con la francesa Amelie. Una comparación no del todo desencaminada, pero un tanto reduccionista, ya que similares semejanzas pueden buscarse con el cine de Emir Kusturica o las comedias fantásticas checoslovacas de los años sesenta y setenta. Tales ejemplos ponen sobre la pista de la heterodoxa mezcolanza de referentes de una propuesta tan marciana como sus propios ingredientes; al exotismo de su procedencia hay que añadirle su inspiración en la cultura japonesa, presente en una pegadiza banda sonora que entremezcla ritmos rockeros del país del Sol Naciente con canciones pop finlandesas.

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Ahora bien, el aplastante dominio ejercido en el cómputo final de premios por Liza, the Fox-Fairy no significaría, ni mucho menos, que se erigiera en la mejor de las películas programadas a lo largo del certamen. Clásicos aparte, tal consideración recaería en It Follows, no por casualidad merecedora del siempre democrático premio del público. No es para menos. Si en su primigenia condición de producto terrorífico su balance ya es de por sí positivo, su valoración se eleva a la categoría de obra maestra si nos atenemos a la brillante reflexión en torno al tránsito de la adolescencia a la edad adulta con el sexo como elemento vector que subyace bajo sus imágenes. Un subtexto complejo y rico en niveles de lecturas al que contribuye de forma determinante la estudiada puesta en escena de la que hace gala su director, David Robert Mitchell, hasta el punto de que se hagan necesarios varios visionados para alcanzar a descifrar la magnitud de la obra. Otro acierto en este mismo sentido, por todo lo que ello significa, es la decisión de conjugar a nivel formal dos estilos cinematográficos tan acordes a sus planteamientos como es la producción de la Amblin y el slasher, según la visión canonizada por La noche de Halloween de John Carpenter. Únicamente su inclusión en un apartado no competitivo privaría a It Follows de acaparar más galardones, si bien el jurado de la Sección Oficial compuesto por Enrique López Lavigne, Paco Plaza y Elena Furiase no se olvidarían de ella en su fallo, dedicándola una merecida mención especial en la que agradecerían a “Nocturna” el “habernos permitido asistir a la proyección de una de las mejores películas de terror de este nuevo siglo”.

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Más discutidos resultarían en cambio los dos reconocimientos que el mismo jurado convendría entregar a Exeter, la nueva película de Marcus Nispel, por más que en ambos casos fueran compartidos con la susodicha Liza, the Fox-Fairy; no tanto el destinado a sus efectos especiales, como el que situaba a su deficiente guion como uno de los dos mejores. A no ser por la posible influencia que la relativa popularidad que posee su artífice pudiera ejercer en este sentido, resulta muy difícil entender qué motivaciones podrían justificar semejante recompensa para un inconsistente libreto sin pies ni cabeza, plagado de lugares comunes, personajes estereotipados y situaciones ridículas… en el mejor de los casos. No en vano, él es uno de los principales responsables de los muchos defectos que acumula el que ha supuesto el primer film en la trayectoria de Nispel que no parte de un material previo, si bien tal circunstancia apenas se haya notado en la teórica originalidad que pudiera poseer el producto. Habrá quien piense que muchas de las incongruencias que recorren su metraje son consecuencia de la adopción de un supuesto tono paródico, aunque de ser así tal circunstancia parece ser pasada por alto por la puesta en escena de un Nispel (autor de la historia original en que se basa el invento, no lo olvidemos), más preocupado en enfocar el trasero de su actriz principal que de otorgar un mínimo de rigurosidad a una cinta que, si por algo destaca, es por sus preocupantes carencias narrativas y de todo tipo.

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Lejos de tratarse de una mera coincidencia, el hecho de que tanto Liza, the Fox-Fairy como Exeter se encuadren de forma más o menos ortodoxa en los terrenos del cine de fantasmas y fenómenos paranormales sirve para poner de relieve el protagonismo que dicha temática gozaría dentro de la selección realizada. Algo que ya ocurriría en la edición del año pasado, y que responde al auge productivo que de un tiempo a esta parte viene experimentado este subgénero. De entre la nutrida representación de ejemplares, uno de los más interesantes sin duda sería The House on Pine Street, modesta producción que apuesta por la creación de una intriga psicológica en la línea de ciertos clásicos como El resplandor o La semilla del diablo frente a los efectismos que parecen haberse apoderado del estilo, sacando un excelente partido a sus escasos recursos. Similares planteamientos argumentales a los vistos en la película de los hermanos Keeling, pero expuestos bajo una narración ligera y un punto friki, serían la base de Suburban Gothic, en la que el responsable de la celebrada Excision, Richard Bates Jr., propone un fresco costumbrista sobre la vida en una pequeña población residencial de los Estados Unidos y las familias que en ellas habitan, visto bajo la óptica del diferente, que tiene en la enorme interpretación del veterano Ray Wise uno de sus principales alicientes. La mirada hacia las relaciones paterno-filiales que protagonizan los argumentos de las dos previas reaparecerían en June, la cual tendría su premiere mundial en “Nocturna”. Coproducida por Casper Van Diem, quien también desempeña uno de los papeles principales, la película propone una vuelta de tuerca a las películas sobre niños cabrones, dejando varios momentos visualmente conseguidos, en especial durante las escenas que protagonizan los ritos de la secta.

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Y no de espíritus, sino de espiritualidad hablaría la británica Afterdeath, flamante vencedora de “Dark Visions”, el apartado del certamen reservado a los films más innovadores y transgresores. Lo cierto es que la cinta en cuestión guardaría no pocas similitudes con la que fuera la ganadora de la sección el año pasado, Cruel & Unusual, presentando del mismo modo una historia de redención ambientada en el más allá que se saldaría con un título apreciable, a pesar de su, en ocasiones, exagerada carga moralista y la falta de lógica interna que arroja en determinados momentos su desarrollo. Sin movernos de “Dark Visions”, Hellmouth ofrecería otra historia centrada en las experiencias ultraterrenas de sus protagonistas, si bien con un tratamiento bien distinto. Tres años después de su debut en solitario con Exit Humanity, John Geddes regresa con un nuevo y metafórico viaje iniciático, esta vez por el mismísimo infierno, que desemboca en una narración dispersa que avanza con paso tembloroso sin rumbo fijo. De este modo, su peculiar look estético, basado en la combinación de la fotografía principal en blanco y negro con puntuales destellos de color, y la emulación que lleva a cabo durante sus primeros compases de las formas de una película de Serie B de los años cincuenta, se convierten en lo más salvable de un conjunto que queda muy por debajo de lo que cabría esperar a tenor de los antecedentes de su responsable. Y si Hellmouth coincidiría con Afterdeath en su paisaje argumental, Terminus lo haría por abogar por un renacer de orden espiritual como antídoto ante estos tiempos convulsos. Muy crítica con la administración estadounidense, su variedad de discursos se ven lastrados por un artrítico discurrir narrativo que amortigua la valía de sus muchos aciertos, representados por las innumerables metáforas y simbolismos de las que hace acopio.

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Continuando con el repaso a las diferentes variantes temáticas en las que se dividiría la programación de “Nocturna”, una de las más nutridas se encontraría en la de aquellos exponentes basados en mitos autóctonos. Aunque fuera a partir de planteamientos antitéticos, los habría incluso que coincidirían en su uso del formato documental como base de su propuesta. Esto es lo que ocurriría con Indigenous y The Midnight Swim. La primera, que a título de curiosidad daría el pistoletazo de salida oficial a esta tercera edición en paralelo a la mexicana De noche y de día, ofrece una típica historia sobre jóvenes veraneantes metidos en problemas por inmiscuirse en donde no les llaman, en este caso el territorio del chupacabras, que tiene su mayor rasgo distintivo en cierta reflexión sobre la inmediatez de los medios de comunicación actuales localizada en su último tercio, que al menos sirve para romper con la rutina por la que transita todo el conjunto. En The Midnight Swim, por su parte, el regreso de tres hermanas a la casa materna en la que pasaron su infancia, situada junto a un lago supuestamente encantado, es la base para la construcción de un drama intimista que se pretende sensible, profundo y complejo, pero que, en realidad, se antoja de lo más pretencioso y vacío. En cuanto al resto de ejemplares podemos citar Dark Was the Night, incursión en la figura del wendigo de estética mortecina y reminiscencias westerns, cuyos apuntes ecologistas no logran ocultar la falta de fuerza dramática que adolece un esquema más propio de un telefilm de la Asylum, o México bárbaro, irregular aunque interesante colección de historias cortas basadas en el folclore local que sirve para tomar el pulso a lo que se está cociendo en estos momentos dentro del género de aquellas latitudes, al estar dirigido por un poblado plantel de jóvenes realizadores.

Joonas Makkonen, director de "Bunny, the Killer Thing", y José Luis Alemán durante la rueda de prensa de la posterior ganadora de la sección "Madness".

Joonas Makkonen, director de “Bunny, the Killer Thing”, y José Luis Alemán, durante la rueda de prensa de la posterior ganadora de la sección “Madness”.

Y así llegamos a la que acabaría por proclamarse ganadora de la sección “Madness”, la finlandesa Bunny the Killer Thing, en la que una superdotada criatura mutante, mitad hombre mitad conejo, se dedica a atacar a cuantos excursionistas se cruzan en su camino en busca de sangre y “chochos frescos”. El resultado es tan cafre y desenfadado como pudiera parecer, a juzgar por su premisa, regalando una divertida comedia gore en la línea de otras producciones de similares características llegadas desde tierras escandinavas, en especial el díptico Dead Snow, que gracias a su humor gamberro, irreverente y políticamente incorrecto conseguiría crear una comunión total con los asistentes durante su pase. No se puede decir lo mismo de Headless, protagonista al igual que la previa de una de las sesiones golfas programadas al final de la semana y encuadrada asimismo dentro de “Madness”. Tanto es así que le correspondería el dudoso honor de erigirse en una de las principales decepciones del certamen. Las altas expectativas suscitadas a partir de lo visto el año pasado en sus turbadores fragmentos insertos dentro del metraje de Found, unidas a ciertas declaraciones de Luis Rosales en las que el director de “Nocturna” alertaba sobre la sordidez de su contenido, acabarían resultando a la hora de la verdad del todo infundadas. Que la película es gore, malsana, misógina y enfermiza o, al menos, procura hacer todo lo posible para serlo, nadie lo discute. El problema es que su catálogo de atrocidades es tan reiterativo y el trauma a lo Maniac sufrido por su desquiciado protagonista tan manido, que su impacto y, por tanto, el posible potencial de su propuesta queda pronto agotado, no logrando mantener el interés ni por lo que muestra ni por lo que cuenta. Su incapacidad es tal que ni siquiera consigue hacer creíble su pretensión de estar rodada en 1978 como se indica en los títulos de crédito, entre otras cosas debido a la escasa similitud que guarda su trabajo fotográfico con el estilo emulado.

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En cualquier caso Headless no sería el único título que fijaría su mirada hacia el cine fantástico realizado en épocas pasadas. El tándem formado por Sonny Laguna y Tommy Wiklund, ganadores de la primera edición de “Nocturna” con Wither, regresarían al escenario del crimen con We are Monsters, en muchos sentidos la otra cara de la moneda de Headless. Prorrogando lo expuesto en su premiada antecesora, el dúo de directores suecos vuelve a echar mano de una feísta y saturada estética al más puro estilo grindhouse y una imparable progresión dramática carente de puntos muertos para articular su particular visión del cine de terror estadounidense de la década de los setenta y ochenta. Si en la previa el modelo a imitar era el de Posesión infernal, en esta oportunidad es un estilo tan característico de este periodo como el rape & revenge el que centra su atención, condimentado, eso sí, con unas gotas de torture porn. El invento vuelve a funcionar a las mil maravillas en una cinta cruda, brutal y sin concesiones, apoyada tanto en el grafismo de su puesta en escena como en la peculiar dinámica que se establece en la peculiar relación entre sus dos antagonistas. Unos méritos aún mayores si se tiene en cuenta la escasa calidad de la copia proyectada, al parecer debido a problemas de logística derivados del hecho de que la película se terminara de montar tan solo un día antes a su pase. Siguiendo con el listado de films actuales con sabor añejo, los subgéneros clásicos del cine de terror yanqui también focalizarían el contenido de Charlie Farm’s, traslación a Australia de los patrones del American Gothic, y Lost After Dark, cinta concebida como un homenaje en toda regla al slasher ochentero. Referentes más concretos emplearía, empero, Strange Blood, efectivo y poco disimulado remedo de La mosca de David Cronenberg en versión vampírico-científica.

El director de "Vampyres", Víctor Matellano, posando junto a los protagonistas de la película.

El director de “Vampyres”, Víctor Matellano, posando junto a los protagonistas de la película.

De nuevo los vampiros, aunque vistos de una forma mucho más tradicional, protagonizarían el esperado segundo largo de ficción de Víctor Matellano, quien volvería a elegir “Nocturna” como marco para el estreno a nivel mundial de su nuevo trabajo, al igual que hiciera el año pasado con Wax, volviendo a registrar una de las mejores entradas del certamen. Por desgracia, el patente interés del público por comprobar los resultados de esta nueva versión del clásico de José Ramón Larraz Las hijas de Drácula no se correspondería con la calidad de una obra que fracasa estrepitosamente por una concepción errónea desde su propio punto de partida: convertir en un cuento de terror gótico al estilo de la Hammer un material que en esencia no era sino todo lo contrario. Nada hay de la salvaje animalidad y sexualidad que irradiaban las vampiras originales, ni tampoco de la singular atmósfera que rodeaba sus andanzas; por el contrario, en contraposición con sus declaradas intenciones, los responsables del remake parecen haberse quedado con todo lo peor del film de Larraz, desechando en cambio todas sus virtudes. Proyectada dentro de “Madness”, Vampyres sería una de las dos participantes españolas dentro de secciones competitivas, completándose la presencia patria con la catalana Don’t Speak en “Dark Visions”. Consciente de sus muchas limitaciones, la película dirigida por Amadeu Artasona cumple con creces sus modestas pretensiones de erigirse en un simple producto de entretenimiento, gracias a una narración sencilla, directa y sin complicaciones, que hacen de ella una obra digna, pese a sus muchas y variadas imperfecciones. Sinceramente, conociendo las espartanas condiciones en las que se ha llevado a cabo, con un rodaje de apenas dos semanas planificadas con otras tantas unidades de forma simultanea y una postproducción que se ha alargado durante casi tres años, es un milagro que el fruto resultante pueda lucir el acabado profesional que posee.

José Antonio Pérez Giner escoltado por Sergio Molina y Luis Rosales se dirige a los asistentes al pase de "La noche de Walpurgis".

José Antonio Pérez Giner escoltado por Sergio Molina y Luis Rosales se dirige a los asistentes al pase de “La noche de Walpurgis”.

Ya fuera de concurso, “Panorama” ofrecería el thriller de ciencia ficción informática Natalie.net, anunciada como “la primera película sobre videobloggers hecha por videobloggers”, insertándose el resto de representantes nacionales dentro de los homenajes proyectados en esta edición del festival madrileño a sendas figuras de nuestro cine. Así, el pase del clásico La noche de Walpurgis en sesión doble con el divagante documental sobre el cine fantástico nacional perpetrado por los hermanos Prada en Queridos monstruos, formaría parte del merecido reconocimiento que “Nocturna” dedicaría a José Antonio Pérez Giner, entre otras muchas cosas uno de los principales responsables de la mítica Profilmes, la casa señera del fantaterror español durante la primera mitad de los setenta. A pesar de su delicado estado de salud tras haber sufrido varios ictus en las últimas fechas, el veterano productor no dudaría en desplazarse hasta la capital para recibir el cariño y la admiración de un público que le tributaría una sonora ovación cuando, durante la accidentada gala de clausura, Luis Rosales le hiciera entrega del más que merecido premio honorífico “Scifiworld Hall of Fame” con el que el festival le recompensaba por su dilatada trayectoria. El último título en discordia sería El día de la bestia, coincidiendo con el vigésimo aniversario de su estreno, efeméride que sería aprovechada por la organización para, por un lado, conceder el “Maestro del fantástico” a su director, Álex de la Iglesia, y, por otro, dedicar un cariñoso recuerdo al que fuera su protagonista, el fallecido Álex Angulo.

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Junto a los dos cineastas españoles, “Nocturna 2015” homenajearía a otros tres nombres propios del género a muy diferentes niveles. Alexandre Aja estrenaría la nómina de ganadores del nuevo “Nocturna Visionary Award” durante una gala inaugural protagonizada, no por casualidad, por su reciente Horns, cinta con la que el francés evidencia la evolución que venía apuntando en anteriores títulos, dando muestras de su versatilidad como narrador con una historia que entremezcla con desparpajo comedia, drama, romanticismo y fantasía. Un cambio de registro(s) que pillaría con el paso cambiado a la mayoría de los asistentes, que no supieron apreciar las muchas cualidades que atesora tanto en la forma como en el fondo este film en torno a la sinceridad de las relaciones humanas al que solo cabe reprochar un alargamiento final innecesario y hasta cierto punto prescindible. Tan solo un día más tarde, Robert Englund tomaría el relevo para recibir su “Maestro del fantástico” en una sesión en la que se conmemoraría los treinta años del estreno en España de Pesadilla en Elm Street. Además de la particular obra maestra de Wes Craven, el icónico intérprete de Freddy Krueger tendría tiempo de presentar durante su estancia en Madrid dos de sus más recientes trabajos: la meta-genérica The Last Showing y Fear Clinic, olvidable traslación a largometraje de una web-serie de idéntico título. Ya por último, el viernes Lamberto Bava recogería el restante “Maestro del fantástico” en una ceremonia que, al igual que ocurriera con De La Iglesia y Englund, también serviría para festejar el aniversario de su película más emblemática. Por desgracia, la oportunidad de contemplar treinta años después en pantalla grande un film de las características de Demons no se saldaría del modo esperado debido a las pésimas condiciones en que fue proyectado: en una copia doméstica de no demasiada calidad, con subtítulos en inglés para sordos en pantalla y un formato distinto al de su aspect ratio original, que hizo que la imagen se viera ligeramente achatada.

CONCLUSIONES

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Tras dos primeros años de existencia destinados a dar a conocer y asentar la propuesta, esta tercera edición de “Nocturna” ha dado los primeros síntomas del crecimiento que, poquito a poco, comienza a experimentar el festival. A nivel organizativo, tal circunstancia se ha visto reflejada en el nacimiento de “Focus”, una nueva sección de carácter monográfico destinada a ofrecer un muestrario de la producción actual de un país concreto, que en este primer año estaría dedicado a México, dentro del cual también se desarrollaría un foro informativo organizado durante los días previos al arranque oficial, dirigido a fomentar la colaboración entre las industrias cinematográficas española y mexicana. Sin embargo, quizás el hecho más representativo en este sentido estaría en la expansión de “Nocturna” más allá de sus límites geográficos. Si hasta ahora su área de influencia se había limitado a la provincia de Madrid y alrededores, por primera vez en su historia el certamen ha recibido la afluencia de una nutrida representación de espectadores desplazados expresamente desde otros puntos de España, lo que con toda lógica se dejaría notar en un ligero aunque sostenido aumento del número de asistentes a las proyecciones, por más que fueran contadas las ocasiones en las que se llegara a llenar el aforo de cualquiera de las dos salas habilitadas.

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Sea como fuere, lo expuesto en las anteriores líneas da una idea muy aproximada de la repercusión y el calado que en tan corto espacio de tiempo “Nocturna” ha conseguido tener entre los aficionados, gracias en gran medida a una personalidad muy marcada. De entre sus principales rasgos distintivos, el que más atractivo posee entre los aficionados es la reunión de un puñado de nombres propios del género que, junto al carácter eminentemente abierto del festival hacen de él el marco perfecto para que los fans puedan encontrarse con sus ídolos. Conocedores de ello, los responsables del certamen echarían el resto para confeccionar una nómina de invitados ilustres que superara con creces todo lo ofrecido hasta ahora. Y a fe que lo consiguieron. A decir verdad, pocos eventos en todo el mundo pueden presumir de contar con la visita de gente de la categoría de Robert Englund, Alexandre Aja o Álex de la Iglesia, sin olvidar a otros insignes segundos espadas, como puede ser el caso de Lamberto Bava. Todo ello, además, con el teórico hándicap de disponer de un escueto presupuesto de 85.000 €, según las estimaciones oficiales, cifra del todo ridícula si se la compara con la que suele ser habitual en festivales de este tipo.

Presentación del cortometraje "El último guion". De izda. a dcha.:  Sandra Alberti, José Lifante, David García (director), Lone Fleming, Loreta Tovar y Antonio Mayans.

Presentación del cortometraje “El último guion”. De izda. a dcha.: Sandra Alberti, José Lifante, David García (director), Lone Fleming, Loreta Tovar y Antonio Mayans.

Por si fueran poco las visitas honoríficas, en esta edición también se incrementaría de forma significativa el número de equipos que arroparon con su presencia a los films proyectados. La mayoría presentaría sus propuestas en las charlas y ruedas de prensa que a lo largo de la semana se celebrarían en la sala de conferencias de la FNAC de Callo, por segundo año consecutivo. Una mesa redonda formada por técnicos españoles de efectos especiales, la presentación del cortometraje El último guion con el que nuestro amigo David García pretende resucitar a los míticos Templarios de Amando de Ossorio en compañía de un reparto compuesto por una auténtica pléyade de leyendas vivas de nuestro cine fantástico clásico, o los multitudinarios encuentros que Englund, Aja y Bava mantendrían con los aficionados conformarían algunos de los contenidos de la variada y completa oferta de un apartado que daría color a las mañanas del certamen. Dentro de las actividades paralelas programadas también se encontraría el ya tradicional “Pre-Nocturna”, que bajo su formato de Muestra de Cine Fantástico Latinoamericano disfrutaría por primera vez de carácter competitivo, yendo para la argentina Presagio de Matías Salinas el premio “Blood Window” reservado a la mejor película. Sin embargo, este nuevo ingrediente no lograría aportar mayores alicientes a una propuesta que volvió a tener unas pobrísimas audiencias que, por sí mismas, ponen en entredicho la posible subsistencia del proyecto.

El equipo de "Presagio", con su director Matías Salinas al frente, durante la presentación del film previo a su pase en "Pre-Nocturna".

El equipo de “Presagio”, con su director Matías Salinas y su protagonista Javier Solís al frente, durante la presentación del film antes de su pase en “Pre-Nocturna”.

En un principio, este sería el principal punto negro con el que contaría esta tercera edición de “Nocturna”. Es una lástima, así las cosas, que la proliferación de problemas técnicos registrados en el Palafox a lo largo del fin de semana ensombrecieran el buen sabor de boca que hasta ese momento había dejado el transcurrir de los días en líneas generales. La suspensión del pase de Big Game sería la punta de lanza de una problemática cuya reiteración terminaría por condicionar el normal desarrollo de las proyecciones. Ya hemos comentado lo sucedido con Demons, aunque mucho más ilustrativo resultaría lo acaecido durante la sesión sorpresa protagonizada por Re-Animator, en la que hicieron falta varios intentos fallidos hasta que los técnicos de la sala consiguieron reproducir la película en su versión original en inglés, si bien con el formato de imagen cambiado y tras dar muestras al público de que la copia que iban a visionar se trataba del Blu-ray comercializado en España. Y que conste que estos serían solo los casos más flagrantes. Lo peor del caso es que llovía sobre mojado, ya que cabe recordar que similares episodios a los descritos se darían ya en la primera edición del certamen.

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Pese a su gravedad, dichos defectos no echarían por tierra el balance positivo que debe extraerse de lo que ha sido “Nocturna 2015″. Pero no menos cierto es que cabe esperar que sus rectores tomen cartas en el asunto para que hechos así no vuelvan a repetirse. Incidentes tales como la pésima calidad de algunas proyecciones –la propia Big Game semejaba una copia en DVD comprimida en exceso–, la caótica organización que tendría la sesión de firmas de Robert Englund o los constantes errores en las traduccciones durante las ruedas de prensa denotan una sensación de improvisación y amateurismo que para nada se corresponden con el alto nivel organizativo demostrado por el resto de apartados. Son detalles como estos los principales aspectos que deben de pulirse y cuidarse de cara a futuras ediciones. Solo así “Nocturna” podrá erigirse en el gran festival cinematográfico que aspira a ser y que va camino de convertirse. Cimientos hay para ello y, de momento, ya ha logrado atraer la atención e interés de público y medios. En sus manos está el poder o no conseguirlo.

José Luis Salvador Estébenez

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Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on junio 29, 2015 at 5:13 am  Comments (4)  
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LLega la novena edición del Cryptshow Festival

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Entre los próximo 1 y 5 de julio se celebrará en Badalona la novena edición del Cryptshow Festival, uno de los festivales de referencia del área metropolitana de Barcelona.

Dotada de una extensa programación, durante cinco días podrá disfrutarse de una gran cantidad de cortometrajes procedentes de todas partes del mundo. Entre los seleccionados que optarán al Premio “Serra Circular” que otorgará el jurado se incluyen títulos como El gigante de Gigi Saul Guerrero, Cara de caballo de Marc Martínez Jordán, Zombie Nation de Sebastian Harrer, 1:58 de Rodrigo Cortés o Inquilinos de Jaume Balagueró.

Durante la celebración del Festival también podrán verse, a modo de muestra, películas como Headless de Arthur Culliper -que según anuncia el propio Festival viene cargada de barbaridades que van desde el gore más explicito a la necrofilia o el canibalismo-, Gun Caliber, gamberrada japonesa dirigida por Bueno y que es ofrecida por el Festival de Nits de Cinema Oriental, o el cortometraje-documental Diario íntimo de una actriz, realizado por nuestro colaborador Javier Pueyo y que contará con la presencia en el Cryptshow de su protagonista, Montserrat Prous, una de las musas del cineasta Jesús Franco.

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Juan Giménez.

La entrega del Premio Honorífico al dibujante Juan Giménez (junto con el pase del clásico de la animación Heavy metal, en el que Giménez participó), la proyección de La carreta fantasma acompañada de la música en directo de Agustí Busom o la presentación del nuevo número del fanzine El buque maldito así como del libro Cryptshow presenta: Distopía, son solo algunos de los eventos que también podrán encontrarse durante el Cryptshow Festival 2015.

Más información: http://www.cryptshow.com/

Published in: on junio 28, 2015 at 8:01 am  Dejar un comentario  

Entrevista a Claudia Gravi (segunda parte)

A continuación os ofrecemos la segunda y última parte de la amena entrevista que mantuvimos con la actriz de origen belga, Claudia Gravi. En esta ocasión hablamos de sus últimos trabajos, su presencia en superproducciones europeas a las órdenes de Enzo G. Castellari o Matt Cimber, o de su experiencia personal y profesional junto a personalidades tan dispares como Eloy de la Iglesia, Vicente Aranda o María José Cantudo. Para los más nostálgicos hay espacio para sus recuerdos sobre su participación en la serie televisiva australiana Valle secreto.

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Claudia firmándonos un ejemplar de sus memorias  Cuando me bajé del Baobab.

  • Tras una temporada en Italia regresas otra vez a España al romperse tu matrimonio…

Yo me largué de Italia absolutamente distrotta, sin saber que iba a ser de mi vida, la verdad. Entonces me fui un mes a Bruselas con mi coche y mi perro y luego me vine para Madrid, ya que tenía el apartamento donde vivo actualmente. Cuando llevaba tres días en Madrid me llamó mi representante y me propusieron Los nuevos españoles. Eso fue realmente mi vuelta al cine español.

  • En Los nuevos españoles, estrenada en 1974, coincides con quien se convertiría en tu pareja, su director Roberto Bodegas…

Cuando rodábamos y después hacíamos el doblaje de Los nuevos españoles se nos caía la baba, pero mientras hubo una relación de trabajo no pasó nada. Fue una vez que se terminó la película cuando iniciamos una relación que duró trece años. Yo estaba colada totalmente, estábamos muy enamorados. Pero sabía que si tenía una relación con este hombre, director de cine, nunca más iba a trabajar con él. Si no tenía relación con él iba a ser la protagonista de todas sus películas. Por ejemplo, en Corazón de papel, que hizo Patxi Andión con Concha Velasco, Antonio Martín, que era el brazo derecho del productor José Luis Dibildos, me decía que parecía que habían escrito el papel principal femenino pensando en mí. Y tanto. Pero no me importó no hacer esa película por las circunstancias que explico.

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Fotograma de Los nuevos españoles.

  • En tu vuelta a España trabajas con un director tan singular como Francisco Regueiro en Las bodas de Blanca

Ay, ¡qué loquito es! Buena gente, loco como él solo, con talento, original, pero muy buena gente. Fue divertido. Justo cuando terminé de rodar esta película me tuve que ir a Roma, a la Sacra Rota, al interrogatorio, que parecía la Inquisición, ya que después de un año de casados mi marido y yo decidimos anular nuestro matrimonio, aunque yo nunca me había querido casar, y menos por la Iglesia.

  • También rodaste un par de películas con Eloy de la Iglesia, La criatura y Miedo a salir de noche, del que dices que es el precursor de Pedro Almodóvar…

Sí, porque las películas de Eloy siempre eran de escándalo, políticamente “no correctas”, era un revulsivo. A Eloy le gustaba mucho provocar.

  • Sin ir más lejos, en Miedo a salir de noche, que en principio se trata de una comedia, hay una secuencia bastante fuera de tono con el resto de la película en la que te arrancan un pezón.

¡Qué horror! Con unas tenazas. Eso se rodó en mi casa. Se hizo en el parque de Berlín, me parece, pero luego el primer plano se hizo en mi casa, obviamente no era mi pezón, era un efecto especial. De hecho aún guardaba por ahí en una caja el recambio del falso pezón, aunque se ha puesto seco y lo he acabado tirando. Era todo un montaje: el pezón, por debajo inyectar sangre,… por eso se hizo en mi casa. Eloy era un tío muy tierno, yo le quería mucho, lástima que cayera en la droga.

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Claudia antes de ser “despezonada”.

  • Ya en los 80 participaste en dos series en coproducción con Australia, La isla de los fugitivos Valle secreto, esta última muy recordada por los niños de aquella época…

Esto también tiene su historia. Fue una serie que coincidió con una época en la que yo estaba muy mala anímicamente. Al mismo tiempo que estaba haciendo Miedo a salir de noche estrené en el Bellas Artes una obra de Alfonso Vallejo titulada El cero transparente, con la dirección de William Layton. Layton era un profesor maravilloso, pero a la hora de dirigir la cosa cambiaba. Utilizaba el método Stanislavski de improvisar, que está muy bien a la hora de la creación del personaje, pero llega un momento en que el director tiene que intervenir. No había manera, hasta que tres días antes del estreno José Carlos Plaza intervino y dio las pautas. En el reparto estaban Fernando Delgado y Pedro del Río, ¡todos muertos, tú! Yo era la única mujer, y lo pasé de verdad muy mal, nunca me había ocurrido y nunca me volvió a ocurrir eso del pánico escénico. Tenía que entrar en escena y lo hacía con una angustia que casi había que empujarme. Se me quedó una inseguridad, que es lo peor que le puede pasar a un actor. Al mismo tiempo con Eloy, empecé a tenerle también miedo a la cámara. Recuerdo un plano- contraplano con Pepe Sacristán, en el que Eloy me echó la bronca: “Claudia, la cámara está aquí, ¿qué haces?”. Iba huyendo y, claro, no podía seguir así. Así que estuve varios meses sin trabajar. No quería trabajar. Y fue cuando me llamaron para hacer la serie Valle secreto en Australia. Entonces abordé el trabajo en Australia con unas ganas y un entusiasmo que me demostraban que ya estaba bien para seguir actuando.

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Claudia Gravi en La isla de los fugitivos.

Luego hice allí también La isla de los fugitivos. Estuvimos a punto de no poder hacerla porque el sindicato de Australia es muy severo, y no nos dejaban rodar más de tres capítulos. Por cierto, allí me encontré con Julio Iglesias, en Sydney, y no podía hacer más de tres conciertos, por no ser australiano. Y aunque el productor quería volver a contratarnos a Aldo Sambrell y a mí para la segunda serie, no le dejaban. Entonces la idea era mandarnos a Fidji una semana y volver, para que nos dieran otro visado de trabajo. Yo pensé: “Uy, pues qué bien, Fidji”, pero al final como era un productor muy importante, Roger Mirams, todo se solucionó y nos quedamos sin ir a Fidji.

  • Como has comentado, el otro representante español en la serie era Aldo Sambrell, con el que parece ser que no te llevaste muy bien…

Me llevaba muy bien pero era un ligón. Una cosa… Yo riéndome se lo decía a su mujer Cándida: “no sé cómo soportas a este tío”. Viajamos juntos desde París, teníamos que ir a Londres pero había una huelga, así que salimos de París a Sydney y en el avión trataba de ligar conmigo. “Aldo, no te entiendo, ¿cómo vas a ligar conmigo?, espera, cuando lleguemos a Australia te ligas a una australiana de estas maravillosas”, y se reía, claro. Se reía mucho porque yo le tomaba el pelo que no veas. Al final creo que Aldo más que ligar, jugaba a ligar.

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Claudia junto a Aldo Sambrell en La isla de los fugitivos.

  • Rodaste Tuareg en 1984 a las órdenes de Enzo G. Castellari, pero tu papel se vio muy reducido, ¿sabes por qué razón?

Eso fue una superproducción. Yo me tiré ahí en el desierto casi tres semanas, con unas secuencias muy bellas. Éramos dos mujeres, yo la mayor y otra joven, Ritza Brown, una italiana que hacía de mujer de Mark Harmon, el protagonista. En una escena su marido mataba a mi marido en un duelo y había un primer plano mío al atardecer, en el que miraba el duelo y aceptaba que era el destino. Entonces había una subtrama de la historia que seguía el destino de esta mujer con sus hijos por el desierto y buscaban refugio en el campamento de la mujer del que había matado a mi marido, ya que para los tuaregs es sagrada la hospitalidad, y teníamos unas secuencias muy bonitas, bastante feministas. Y se ve que el director o la producción italiana pensaron: “¡qué cojones de feminismo, fuera!” Total, que a mi solamente me quedó una secuencia tomándome el desayuno con el marido en la jaima y luego el primer plano, ¡toma ya! Siempre digo que es el primer plano más caro del cine español.

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El primer plano más caro del cine español.

  • A las órdenes de Matt Cimber participas en la segunda película del díptico que rodó en España,Yellow Hair and the Pecos Kid. ¿Cómo recuerdas el rodaje?

Rodamos en Almería. Matt Cimber era un tío muy amable y encantador. La historia es que yo tenía una representante y precisamente en la película de Tuareg trabajaba Eugenia Escrivá que iba a trabajar en Yellow Hair. Eugenia me comentó que en la película había un personaje que me iría muy bien. “Cuando venga Matt Cimber, el director, yo te aviso”. El papel era de una india bruja que predecía cosas. Una vez Eugenia me dijo que Cimber estaba en Madrid llamé a mi representante para que fuera a verle. Cuando volvió me dijo: “no, no le has gustado”. “¿Y eso?” “Que no te ve”, me contestó. Me parecía raro. Si una que conocía el guión me decía que podía hacer el personaje y esta que no lo había leído me decía que no me querían me sonaba extraño. En realidad. La verdad era que quería meter a otra actriz en mi lugar. Así que, en lugar de darme por vencida, me disfracé de india, llamé a un maquillador maravilloso, vino, y me hizo unas fotos que no parecía ni yo. Me puse un sombrero de cowboy, maquillada… Me fui personalmente con la foto al centro Colón y la dejé a la atención del señor Matt Cimber. Pues a las dos horas me llamó el tal Cimber diciéndome que quería verme inmediatamente. Fui y me contrató. Fue estupendo. Tuve que doblar mi personaje, se hizo en inglés y ni yo misma me reconocía. Y mi inglés era perfecto porque el mismo director me hizo de coach. Era muy trabajador y perfeccionista.

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Claudia junto a Lauren Landon en Yellow Hair and the Pecos Kid.

  • ¿Qué me puedes contar de su estrella principal, Laurene Landon?

Laurene era una loca estupenda. Muy guapa, un cuerpo…, altísima. Yo que soy alta parecía una enana al lado suyo. Muy alegre siempre y se chupaba unas pastillas de redoxón de vitamina c, yo creo que se zampaba un tubo por día. Yo le decía que se iba a quemar la lengua con tanta vitamina c, porque además eran efervescentes. “It´s very good for your health”, me decía.

  • En tus memorias, tituladas Cuando me bajé del Baobab, cuentas una anécdota muy graciosa del rodaje en Grecia de La amante ambiciosa. ¿Qué tal te llevaste con su protagonista, María José Cantudo?

Yo le tengo mucho, no sé si cariño, pero me inspira mucha ternura la Cantuda, como la llamo yo. Porque ella es una chica de pueblo realmente, su origen es muy humilde. Pero siempre ha tenido ínfulas… además su hijo es abogado, así que su hijo sí que ha tenido esos estudios que la madre siempre hubiera querido tener. En aquel rodaje que comentas, cuando llegamos a Grecia Pepe Martín y yo, ella ya había estado rodando una semana. Una vez allí nos dicen que no se podía seguir rodando, pero que mientras tanto íbamos a permanecer en Atenas. Fue cojonudo, unas vacaciones pagadas, imagínate… Al preguntar el motivo del parón me dijeron que se debía a que estaban cambiando el guion. Lógicamente, yo había aceptado el primer guión, por lo que les pedí que me dijeran en que iban a consistir esos cambios, ya que tal vez a mi no me gustaran. “No, no tiene nada que ver con tu personaje, sigue siendo un personaje muy bonito. Es el personaje de la Cantudo el que cambia”, me dijeron. Originalmente, en el guión mi marido, al que interpretaba Pepe Martín, era un empresario y yo una concertista de piano. Un día mi marido se iba a un tablao y veía una chica que bailaba flamenco como Dios, por lo que se proponía lanzarla como bailaora. Ese era el personaje que la Cantudo rechazó. En su lugar, propuso que fuera una estudiante de derecho universitaria a la que descubre Pepe Martín. Como los productores, el italiano, el griego y el español, eran unos consentidos, transigieron y tuvieron que volver a escribir la historia, mientras Pepe Martín y yo nos dedicábamos a hacer turismo en Atenas.

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Claudia junto a Pepe Martín en La amante ambiciosa.

Es este afán intelectual, que no me parece mal, por el que yo le tengo tanta ternura… Supongo que habrá cambiado, porque lo que te hablo pasó hace mucho tiempo. El caso es que siempre le gustaron mucho las joyas. Amante que ha tenido, amante que ha arruinado a fuerza de comprar joyas. Durante el parón del rodaje Pepe Martín y yo hacíamos turismo y un día fuimos a ver el Museo Arqueológico de Atenas, que es una belleza. Hay salas y salas, vitrinas con joyas de oro macizo, brazaletes, pendientes de oro con rubíes… Por la noche, durante la cena, le contamos a la Cantudo lo que habíamos visto. “Ay Cantudo, que hemos visto unas joyas en el museo arqueológico…” Al oírnos se le iluminaban los ojos. “¿Ah, sí? ¿Todo de oro?”, nos preguntaba. “Oro macizo”, “No me digas. Oye, ¿y se puede comprar?” Mira, a mi me dio una ternura, te juro que la hubiera besado en la boca. “Mi vida, eres tan sorprendentemente ignorante que te quiero.”

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Claudia junto a Ajita Wilson en La amante ambiciosa.

Bueno, yo nunca he sido una estrella del destape. Es un poco amarillista, más de rumores: Telecinco, vamos. Pero es curioso porque José Aguilar ha escrito libros estupendos. De Sara Montiel, tiene también un libro maravilloso de los galanes del cine español, que está muy bien editado además, y tiene en la portada la cara de Paco Rabal, como no. Me invitó Aguilar a la presentación que se hizo en la SGAE. En este de las Estrellas del destape no pude ir, o no quise ir; más bien creo que fue lo segundo. Porque claro, aunque él me incluya, en realidad yo no fui una actriz del destape.

  • En este libro María José Cantudo también dice que ella no se considera una actriz del Destape…

¿Cómo no lo va a ser si el primer destape integral en cine lo hizo ella y en teatro Victoria Vera? Pero es que, aparte, hizo mucho destape. Yo he hecho destapitos, porque era una época en la que a muchos directores les daba mucha vergüenza y era el productor el que decía: “Aquí tiene que haber tetas y culos”. Y como a los directores les daba tanta vergüenza, siempre te intentaban convencer con lo de que se trataba de un desnudo artístico.

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Claudia posando para La Abadía en la librería 8 y 1/2.

  • Imagino que durante la Censura llegaste a rodar dobles versiones de tus películas…

No, a mi no me pasó lo de rodar una doble versión, pero sí que la hubo en alguna película en que participé. Te explico. Esto me pasó con Cuatro desertores, una película totalmente blanca, de amor y aventura, que hicimos en España. Era el año setenta, así que te puedes imaginar que no se podía hacer nada. Coincidió que fue la época en que me casé y me fui a vivir a Italia. Un buen día yendo por el centro de Bruselas mi madre vio un cartel anunciando a Claudia Gravi en Cuatro desertores. Así que ni corta ni perezosa entró al cine a verla y casi le da el ataque cardiaco. El distribuidor francés que había comprado la película, cambió todos los nombres del equipo salvo el mío, contrató a una striper de Pigalle para que rodaran una doble versión haciéndose pasar por mí. Me llamó mi madre llorando y la tuve que decir que parecía mentira que me hubiera parido y no se hubiera dado cuenta de que no era yo. Por lo visto la película tuvo mucho éxito en Bélgica y luego la mandaron a París, ya que mi representante en Italia, Yvette, que viajaba mucho a París me comentó que me había visto anunciada en un cine en una fotografía gigante en la que aparecía desnuda. En vista de esto, vi que aquello había que pararlo. Así que cuando la película llegó a Italia contraté al mejor abogado para que parara la exhibición de la película como así ocurrió.

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Fotograma de Cuatro desertores, de Pascual Cervera.

  • ¿Cuál de tus películas has visto más veces y en cual te gustas más?

Quizá Los nuevos españoles, porque era una película interesante, bonita, y el personaje mío era maravilloso. Incluso todavía me reconocen por esa película o también por Juncal. Pero a decir verdad no me gusto en ninguna película, o al menos no del todo. Siempre me gustaría volver a hacerla. Aunque hay una en la que me gusto hasta cierto punto, Soldados, de Alfonso Hungría, con Ovidi Montlor, Paco Algora, y Marilina Ross, que se fue a Argentina y está haciendo una carrera como cantante increíble. Esa es una película de la que guardo un recuerdo fantástico; la verdad es que de todo lo que he hecho con Alfonso Hungría tengo un recuerdo estupendo.

  • ¿Con qué director te hubiera gustado trabajar y no pudiste?

Me hubiera gustado mucho trabajar con Saura, Berlanga, o Camus, que son amigos pero nunca he trabajado con ellos. El que sí estoy muy contenta de haber trabajado con él es Vicente Aranda, con el que hice Los jinetes del Alba y Libertarias. Cuando me volvió a llamar para esta última me hizo mucha gracia, ya que le pregunté cómo iba a ser mi personaje. “Una Madame…” “¡Coño, me vas a especializar en Madames!” Y es que en Los jinetes del Alba ya había hecho de una alcahueta. Por cierto, que en esta película coincidí con Victoria Abril, de la que me habían hablado muy mal, y fue todo lo contrario. ¡Qué gran profesional!

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Claudia y su madame de Libertarias.

  • ¿Cómo ves el cine que se hace actualmente en España?

Me encanta. La isla mínima me fascinó. Actualmente hay un abanico de géneros mucho más grande. Puedes elegir más que hace treinta años. Y tenemos una cantidad de actores maravillosos. Estoy fascinada con las nuevas generaciones y además, pueden prepararse, porque en mis tiempos matricularse en una escuela de arte dramático no estaba bien visto. La mayoría, los Ferrandis, Sacristán, etc…, han sido autodidactas pateándose los escenarios.

  • Ya, por último, ¿cuál ha sido tu último trabajo como actriz?

Lo último que he hecho ha sido la obra Hagamos lo que hagamos.Ya sabéis cómo sigue el dicho “…al hoyo vamos”. Ha tenido mucho éxito. La escribió Paco Racionero, pero con los tiempos que corren y la crisis… Trata de dos hombres y una mujer jubilados que se encuentran en un parque, y ahí pasa de todo. El año pasado empezamos en Almagro, en el teatro de Valdepeñas con casi dos mil espectadores, y después la pasamos por Toledo, Ferrol, Arnedo y Reus. También estuvimos es Arnedo donde nos pasó una anécdota cómica. Íbamos a taquilla, y aunque fue bien, después de pagar dos noches de hotel para los tres actores y el regidor, y los gastos, resultó que sacamos en limpio cincuenta euros para cada uno… ¡viva el amor al arte!

 Jesús Palop

Published in: on junio 26, 2015 at 6:30 am  Comments (1)  
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Entrevista a Claudia Gravi (primera parte)

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Hace unos días La abadía de Berzano tuvimos el inmenso placer de pasar una tarde inolvidable con una de las actrices más internacionales de nuestro cine, en la que repasamos de forma distendida su extensa carrera que incluye títulos como Las Ibéricas F.C. o ¡Mátalo!, en la que se codearía nombres propios del séptimo arte como Vincent Price, Eloy de la Iglesia o Jorge Grau. Una muy interesante conversación que ofreceremos en dos partes. En esta primera, Claudia nos habla de sus inicios como actriz… 

  • Naciste en el Congo Belga por la profesión de tus padres, médico y enfermera. Más tarde emigraste a Bélgica y pasaste una temporada en Irlanda ¿Por qué elegiste España para instalarte?

En Bruselas empecé los estudios de intérprete que en aquel momento se llamaba “intérprete parlamentaria”. A mí no me gustaba Bélgica, donde estuve viviendo tres años. Entonces me dije: “voy a buscar una profesión que me permita largarme cuanto antes”. Los estudios duraban cuatro años, pero pasados dos años podías tomarte uno sabático. Como había elegido español e inglés, me fui primero a Irlanda para estudiar el inglés y luego a España. Mi idea era estar en España unos ocho meses; es decir, no es que yo eligiera quedarme aquí, sino que me eligieron a mí. El día de mi llegada a Madrid me encontró Jorge Grau con Miguel Narros, lo que fue toda una aventura, porque yo no conocía a nadie en Madrid. Estaba instalada en el hotel Mercator, en la zona de Atocha, por recomendación de mis padres, ya que era propiedad de unos belgas. Sin embargo, cuando llegué resultó que los belgas estaban casando a la hija mayor en Dinamarca. O sea, estaba sola. Total, que llegué en tren, dejé la maletita en el hotel y me fui a las dos de la tarde a dar una vuelta en pleno Agosto. Recuerdo que me parecía muy curioso el que no hubiera nadie en la calle a las dos de la tarde. Claro, yo sudando, porque al volver de Irlanda estaba muy gorda, decidí sentarme en la terraza de un café llamado El Dólar, entre Alcalá y Gran Vía, -actualmente es un banco-, para ver pasar a la gente y refrescarme del calor. Y estando allí sentada fue cuando me vieron Jorge Grau y Miguel Narros. Estaban buscando la protagonista para la película Acteón. Debía de ser una mujer joven y muy esplendorosa, ya que era el papel de una Diosa. Habían estado en el Prado viendo cuadros, los modelos de Rubens, para tomar referencias y al verme a mi gordita, con unos mofletotes rosaditos, llena de salud, y, según cuenta Jorge, se miraron y dijeron: “es ella”.

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Claudia en su debut cinematográfico en 1964: Acteón, de Jordi Grau.

Yo al verlos pasar varias veces mirándome, pensé que eran unos latin lovers, hasta que se acercó Jorge Grau y me empezó a hablar. Aunque entendía un poco el castellano, me acuerdo que le dije que me hablara más despacio porque sino no le entendía. Total, me contó que era un cineasta que estaba preparando una película y que quería hacerme una prueba. Le contesté que yo no era actriz, pero pese a ello me citó en la productora aquel mismo día… ¡a las siete de la tarde!, que eso para una belga es como si aquí te dicen a las once de la noche. Me acuerdo que dejé un papel encima de la cama, ojalá lo hubiera guardado, en el que escribí: “Son las seis y media de la tarde, voy a X Film, calle Narváez. Si no he vuelto a las ocho, avisar a la policía”. Fui pero con un miedo horrible, sobre todo porque me habían prevenido contra la trata de blancas. La productora estaba en una segunda planta, estaba allí Méndez Leite, y recuerdo que subí y no me atreví a pulsar el timbre. Pensaba: “¿Qué estoy haciendo aquí? Es una imprudencia que puede ser fatal”. Ya me veía metida en un baúl camino de Arabia Saudita cuando se abrió la puerta y apareció José María Rodríguez, que era el jefe de producción y tenía una pinta de trata de blancas tremenda. Alto, moreno, el pelo negro engominado, un bigotito… Me pregunta: “¿Usted es Maricló?”, porque mi nombre real es Marie Claude. “Pase, Jorge Grau la está esperando” Me contó un poco de qué iba la película. Se basaba en la historia mitológica de Diana la cazadora seducida por Acteón. Me preguntaron donde me alojaba y me dijeron que me llamarían para hacer una prueba.

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Marie Claude junto a Martín LaSalle.

Efectivamente, me llamaron y me emplazaron a las once de la mañana en los estudios Ballesteros, creo que se llamaban, que eran los más viejos de Madrid, un horror, llenos de manchas de humedad. Al llegar me estaba esperando el ayudante de Jorge. Me llevó a la sala de maquillaje, donde me sentaron en esa silla que parecía como de tortura. Allí estaba Miguel Narros que se había traído una especie de trailer de Suecia, que si no me equivoco era de una película de Bergman, en el que se veía a una mujer en la playa con los pechos al aire, bañándose y acariciándose. Lo pasaban en la pared detrás de donde me estaban maquillando, con lo que yo veía todo reflejado en el espejo y pensaba: “Dios mío, me van a pedir que haga estas cosas”. Te puedes imaginar en qué estado llegué al estudio. Estaba todo el mundo mirándome, y como el único al que conocía era a Jorge Grau, ya parecía mi hermano de haberlo visto tantas veces. Me dijo: “Maricló, bienvenida, le voy a explicar la primera prueba. Usted es una chica de campo, sana, juvenil. La escalera de allí es una montaña, este círculo es una fuente. Es verano, hace mucho calor, usted baja de la montaña, va a la fuente, empieza a tirarse agua para refrescarse y de repente entre las hierbas ve a un chico que la mira. Primero se pega un susto y luego ve que es un chico normal y termináis tirándoos agua”. ¡En mi vida he bajado tan rápido una montaña con tal de terminar! Jorge, con una paciencia infinita, me dice: “bien, bien, pero a ver si lo puede hacer un poco más despacito”.

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Claudia en el papel de la Diosa Diana.

Para la segunda prueba dice: “Ahora no le voy a decir en qué consiste”. “Ya está, me va a decir que me quite el sujetador, las bragas y todo”, pensé. Grita: “¡motor!”, me pone en los brazos una muñeca y, me acordaré toda la vida, me dice: “Haz un guiño a la cámara”. Yo, que no sabía qué quería decir “guiño”, hice una cosa espantosa a la cámara. Terminó la prueba, me dieron las gracias y me dijeron que ya me llamarían. Ese era el segundo día que estaba en Madrid, así que me marché al hotel y fui a la cafetería a cenar algo. Allí había un grupo de jóvenes con un señor mayor. Les oía que hablaban francés, con un acento belga espantoso. De repente, aquel señor vino hacia mí y me preguntó si estaba sola. “Sí, sí”, le contesté. “¿Es usted belga? Soy el director del Museo de Bellas Artes de Bruselas. Estoy aquí con un grupo de alumnos para ir a visitar el Museo del Prado. ¿Por qué no cena con nosotros?”. Aunque yo era estudiante, quería encontrar un trabajo de media jornada y, charlando, este hombre me propuso que, ya que yo sabía hablar inglés, francés y español, podía preguntar si me podían dar un trabajo en el Museo. “¡Sería estupendo!”, le contesté. Fui con ellos al Prado y, efectivamente, me contrataron como traductora. A todo esto me llamaron del cine, para que me pasara por la productora. ¿Y qué les oigo decir?, ¡que me ofrecen el personaje protagonista! Yo no me lo creí, claro. No quería hacer la película, ya que me daba mucho miedo. Seguía pensando que se trataba de una red de trata de blancas. Así que me olvidé del asunto y comencé a trabajar en el Prado. Hacía el horario de nueve a una y media de la tarde. Pues ¿te puedes creer que una mañana salgo del Museo del Prado y a quién me encuentro? ¡A Jorge Grau! Estaba localizando. “¡Maricló, has vuelto!” Me comentó que la película se había atrasado por problemas económicos y que no había encontrado una actriz para el personaje.

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La actriz se dobló a si misma y a su alter ego en la película, la actriz Pilar Clemens, con su por entonces marcado acento francés.

  • ¿Qué ocurrió en el rodaje de Acteón, para que decidieras cambiar el rumbo y dedicarte a la interpretación?

Pues que me gustó. Al final contraté a un abogado para que recopilara información sobre aquella gente y, mira por dónde, resultó que se trataba de una película de verdad. Empezamos a rodar en la Costa Brava en Noviembre, con un frío horrible. Aunque no fue todo tan sencillo. Entonces hice la película y ahí fue como me entró el gusanillo.

  • Sin embargo, antes de la película contabas con cierta formación, ya que anteriormente habías hecho teatro…

No había hecho teatro, solo era aficionada. Entonces los domingos en Bruselas, mi madre me permitía que en lugar de ir a misa fuera a asistir a clases de teatro. Pero para mi era sólo una distracción, nunca me hubiera propuesto actuar como profesional. Mi padre no estaba, había vuelto a África, si no seguramente no me lo hubiera permitido.

  • ¿Y cómo se lo tomó tu familia una vez abandonas los estudios para dedicarte a la interpretación?

Al principio fatal. A mi padre le sentó como un tiro: él médico, quería que yo fuera médico. Pero aunque la idea no me desagradaba, tenía que estudiar durante once años y en Bélgica, por lo que me habría suicidado antes de terminar. Así que cuando le conté que iba a dedicarme a la interpretación me dijo: “¿Quieres ser actriz?, pues sélo. Ahora, no cuentes conmigo para ayudarte”. Entonces vino una época en la que pasé hambre de verdad. Toda la chicha que había acumulando durante mi estancia en Irlanda la perdí. Me alimentaba de manzanas y latas de sardina y café con leche. La experiencia de Acteón me gustó mucho, pero consideré que no estaba preparada para ser actriz. Miguel Narros era el director del TEM, el Teatro Estudio de Madrid, con William Layton, y allí conocí y estudié con Ana Belén, José Carlos Plaza, Paco Algora, Manolo de Blas…

  • ¿De dónde surgió tu nombre artístico?

Cogí el Claudia de mi nombre y Gravi era el apellido de mi abuela paterna que nunca conocí, porque murió cuando mi padre tenía trece años. Se llamaba Lia Gravy, que a mi me sonaba muy bien y por eso cogí Gravi.

  • ¿Y a qué se debe qué algunas veces salgas acreditada como Grabi o Gravi o Gravy?

Eso es una falta ortográfica. Siempre se ha escrito con uve. La i griega la cambié yo, por eso durante bastante tiempo, mi apellido Gravi se escribía con i griega, que así además era el apellido d mi abuela. La cambié por “i” porque la gente no entendía, le parecía muy complicado con i griega… igual que la uve.

  • Normalmente te doblaban la voz en las películas, al tener un acento extranjero, que actualmente apenas se puede distinguir. Aquello era algo bastante habitual de la época…

Sí, doblaban a muchos actores y actrices españoles. Era la costumbre para ganar tiempo ya que no había sonido directo. El doblaje se hacía mucho tiempo después del rodaje y a veces el actor ya no estaba libre. Ahí se forraron los dobladores, se hicieron multimillonarios.

  • ¿Cómo te sentías al verte con otra voz en pantalla?

Mal. Pero cuando un día me oí hablando en gallego me hizo mucha gracia. Hasta que llegó el sonido directo y se perdió la moda de doblar. Recuerdo la anécdota en Italia con Claudia Cardinale, que tenía la voz grave, rota. Entonces la doblaban. Hasta que un buen día rodó con su voz propia y quedó espléndida.

Tengo otra anécdota a este respecto relacionada conmigo, porque todavía tengo acento, aunque dependiendo del día lo tengo francés, italiano… Incluso me han llegado a preguntar si era valenciana. Por eso cuando trabajo a la hora de preparar el personaje estudio el doble de lo normal para quitarme el acento. Normalmente trabajo con una grabadora, de noche y con una vela. Esto que voy a contar ocurrió con Jaime de Armiñán durante el rodaje de Juncal, donde me ofrecieron el papel de una escritora extranjera que sigue la huella de Rilke en Andalucía y tiene una historia de amor con Juncal, el torero mayor al que interpretaba Paco Rabal. Así que el primer día que estábamos en Córdoba Jaime me pidió que bajara de la habitación del hotel para ensayar con Paco la secuencia que íbamos a rodar a la mañana siguiente. Empezamos y Jaime me pregunta: “Oye, Claudia, ¿dónde está tu acento?” “Pero, ¿lo querías con acento?” “Sí”… “¡Pues tú no sabes el trabajo que me costó volver a recuperar el acento extranjero!”.

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Claudia junto a Paco Rabal en la serie Juncal.

  • Volviendo al desarrollo de tus primeros años en el cine, en 1967 ruedas en Barcelona La casa de las mil muñecas, protagonizada por nada menos que Vincent Price. ¿Llegaste a coincidir con él en el rodaje?

Sí, aunque yo nunca vi esta película. Pero, como digo, si que coincidí con Vincent y también con Maria Rhom. Precisamente ya me ha preguntado sobre ello alguien que está escribiendo un libro sobre Vincent Price. Yo rodé muy poco en esta película, le conocí poco, pero la primera impresión que tuve fue que físicamente Vincent Price era un tío raro, ¿no? Me llamaba la atención por lo raro que era. Era bastante amable, cortés, y no demasiado introvertido, aunque tampoco extrovertido. Estaba a su rollo, centrado en su trabajo. Pero parecía agradable. Es lo único que puedo decir. Tenía una voz importante, una presencia increíble y era un pedazo de actor, claro.

  • Poco después, protagonizas un par de western a las órdenes de José María Zabalza: Plomo sobre Dallas Los rebeldes de Arizona. Según parece fueron rodadas de forma conjunta…

Totalmente. Eran listos los productores, ya que de esta manera podía utilizar el mismo equipo y los mismos actores. Las rodé con los hermanos Manzano. Fue duro, porque rodamos en el pueblo de Hoyo de Manzanares donde se hacían siempre todas las películas de este tipo, pero también una experiencia divertida.

  • ¿Son ciertos los problemas con el alcohol que padecía Zabalza?

Eso dicen, yo nunca le vi borracho en el rodaje. Aunque también te digo que era un tipo muy simpático que a mi me caía muy bien. Y la mujer también. Recuerdo que en una secuencia tenía que incendiarse una cabaña. Y vaya que si se incendió. Habían aparcado coches detrás que no se veían, bombonas de gas… Y mientras, Zabalza: “¡A rodar, a rodar!”; quería aprovechar este incendio fortuito y real y no quería parar de rodarlo. Luego hice otro western, Frontera al sur, producida por Frade. Miguel Narros, que me ayudó mucho, me recomendó que fuera a verle. Fui, y me propuso contratarme en exclusiva. Aunque yo en aquella época estaba estudiando, muerta de hambre, no me gustaba la idea de exclusividad. Además, me enteré que en el mundillo a Frade le llamaban Fraude.

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Claudia posando para La Abadía en la librería 8 1/2.

  • En Frontera al sur coincidiste con Patty Sheppard…

Sí, en aquella época trabajaba como modelo: hacía lo del brandy aquel, Fundador. Era americana, con una carita muy mona y unos maravillosos ojos azules. Se casó con Manuel de Blas. Su primera película fue esa. Pobrecita mía, vaya experiencia, porque volvíamos de Hoyo de Manzanares como a las diez y media u once de la noche, y luego el coche nos recogía a las cuatro de la mañana. Íbamos siempre las dos juntas. Me recogían a mí, luego la recogíamos a ella en Torrejón, ya que su padre era militar y estaba destinado en la base americana. Pues bien, una noche el coche que nos transportaba se averió. Encima llovía. Y ella se echó a llorar y decía (pone acento inglés): “¡yo quiero ir a mi casa!”, “Joder, Patty, es que yo también me quiero ir a mi casa, pero ¿qué quieres que haga?”. Me acordaré toda la vida, luego me hice amiga de Patty y le dije: “es que aquella noche me pusiste la cabeza así…”,

A ella no le gustaba mucho el cine, y aunque Manuel de Blas quería convencerla para que estudiara para hacer teatro, creo que ella no estaba hecha para este tipo de profesión. Entonces abrió una boutique cerca de la Plaza de España. También tenía una boutique en Cataluña, no recuerdo dónde, que funcionaba de maravilla, pero la de Madrid la cerró en seis meses. Pobrecita, ya murió, aunque gracias a Dios lo hizo rodeada de Manuel y de su hijo.

  • Otra película en la que interviniste en estos años fue De picos pardos en la ciudad, de cuyo director, Ignacio F. Iquino, dices que era muy perfeccionista, a pesar de hacer películas como churros…

Era un tirano. Era muy duro porque sabía exactamente lo que quería. Yo nunca he tenido problemas ni de dinero ni de trato con Iquino. A lo mejor me respetaba, y pensaba que no me podía tratar mal porque me entregaba totalmente al trabajo. La falta de respeto nunca la he soportado. Y a mi me daba igual. ¿Me iba a echar? Pues que me echara. Pero era muy exigente y te marcaba y tenías que hacerlo como marcaba él. De dinero, la verdad es que no pagaba mucho, pero pagaba. Yo hice dos o tres con él: Chico Chica Boom, en la que era productor y Codo con codo, con Massiel.

  • Otro prolífico director con el que trabajaste por entonces fue Jesús Franco en la adaptación del Marqués de Sade Justine, película que dices que prefieres no recordar debido a las rarezas de su artífice…

No me gustó mucho, a mi me pareció que había un ambiente como turbio. Para empezar, Jess Franco, que tenía mucho talento, no lo niego, sería un gran director, pero era un tío raro, tanto él como su mujer, que era francesa. Se traían unos rollos raros. No te voy a decir que a mi trataran de enrollarme, pero por ahí iba la cosa. Y luego para la película nos puso como unos trajes blancos que nos dejaba el culo al descubierto, lo que a mi me parecía de mal gusto. Al menos, durante el rodaje tuve la suerte de coincidir con Romina Power, que era un cielo de chica, y Jack Palance, otro rarito maravilloso.

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Claudia en Justine de Jess Franco.

  • También apareces en el spaghetti western ¡Mátalo!. ¿Sabíais que estabais haciendo una película tan singular?

Esa película la hizo Cesare Canevari, un hombre muy especial, y con Lou Castel de protagonista, que era en aquel momento un actor muy conocido, un intelectual. Recuerdo que en Italia decían que “E un western psicologico”. Funcionó más o menos bien, pero más mal que bien, porque claro, la gente iba a ver un western y se encontraban con un producto que no era ni chicha ni limoná.

Yo estaba tan metida en el papel, que en una escena en la que mi personaje debía aparecer hecha una furia, estaba tan fuera de mí, tan convincente que los técnicos aplaudieron.

  • ¿Qué tal fue la experiencia junto a Castel y Canevari?

Lou Castel era estupendo, iba muy a su bola, muy profesional. No era nada divo, estaba muy metido en su trabajo. Hay actores que necesitan aislarse cuando trabajan, yo soy un poco así también, no me gusta cuando trabajo estar de cháchara por ahí. Yo necesito concentrarme en lo que voy a hacer. En cuanto a Canevari tuve muy buena relación con él, y realmente fue a raíz de ¡Mátalo! cuando me fui a Italia.

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Fotograma de ¡Mátalo!

  • En enero de 1971 se produce el encuentro benéfico Folklóricas contra finolis en el que participaron desde Lola Flores a Rocío Jurado, Marujita Díaz o Encarnita Polo. En octubre del mismo año se estrena Las ibéricas FC. ¿La película surgió gracias a este gracioso encuentro futbolístico?

No lo sé, porque yo en esa época estaba viviendo en Italia, ya que me casé con un fotógrafo italiano. Lo que si puedo decir es que lo pasé muy bien haciéndola con Pedrito Masó, que era su primera película. Fue muy divertido.

  • ¿Qué relación tuviste con tus compañeras de equipo?

Muy buena. Rosanna Yanni era muy competitiva, pero era un encanto, fue con la única con la que seguí una relación de amistad. La Contrahecha que era una bailaora estupenda, salió muy bien parada con su primera experiencia en el cine.

  • Otra de las integrantes del equipo era Ingrid Garbo, de la que se saben pocos datos y que tras unos años muy activos laboralmente hablando, desapareció sin dejar ni rastro. ¿Es cierto que era mexicana?

Ingrid Garbo era española. Era muy guapa, yo diría que la más guapa de todas. Desapareció del mapa cinematográfico porque creo que se casó con un médico y se fue a vivir al norte de España.

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  • ¿Crees que el final de la película es machista?

Al final los maridos las apoyan, se casan… al principio sí tienen una actitud totalmente machista pero luego yo creo que las apoyan y que siguen jugando al fútbol. ¿Sabes lo que pasa? Es que como en la escena final estamos todas ahí, vestidas de novia, felices, dándole la patada al balón, a lo mejor se puede suponer que a la mierda el fútbol, yo soy feliz, me caso… pero no porque lo impongan los maridos, ellas son las que dicen: “¿Qué es eso del fútbol? Yo tengo a mi maridito, estoy enamorada, voy a ser feliz…”

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¡Gol, gol, gol, gol!

  • Una vez instalada profesionalmente en Italia ruedas Byleth, el demonio del incesto de Leopoldo Savona, en la que trabajaste junto al estadounidense Mark Damon…

Sí, Savona era un director artesano, de la vieja escuela, muy agradable, y el personaje a mi me gustaba, aunque no recuerdo ni de qué iba. Es otra película que no he visto. Mark Damon era muy buen compañero. Siempre lo he pasado muy bien con los actores con los que he trabajado y nunca he tenido problemas de enfrentamientos. Si acaso he tenido alguna vez enfrentamientos con algún director o alguna vez con algún productor, pero con los compañeros no.

  • ¿Cómo te permitía hacer películas eróticas tu marido con lo celoso que dices que era según cuentas en tus memorias Cuando me bajé del Baobab?

Tenía problemas no por la película, si no porque el protagonista a lo mejor era un chico joven y guapo. Yo tuve un acuerdo con mi marido, porque yo quería seguir trabajando. Eso de ser la señora de y vivir de, no. A él no le gustaba que yo ganara mi dinero.

(Continuará…)

Jesús Palop

Published in: on junio 24, 2015 at 9:16 am  Dejar un comentario  
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Fallece Laura Antonelli

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Hoy toca despedirnos de Laura Antonelli, una de las actrices italianas más importantes del cine europeo de la década de los setenta y ochenta. Apartada completamente de las pantallas desde hace años salvo esporádicas apariciones en algún que otro programa de televisión, su asistenta la halló muerta ayer en su vivienda de Roma a la edad de 73 años.

Nacida en 1941 con el nombre de Laura Antonaz, parapetada bajo su nombre artístico comenzó a trabajar en el cine interpretando una serie de roles secundarios que poco a poco la fueron convirtiendo en un rostro reconocible para el público. Entre esos papeles aquí debemos destacar, por la importancia de sus respectivos directores dentro del cine fantástico, los que ejecutó en las comedias La spie vengono dal semifredo (1966) de Mario Bava y A su excelencia le gustan las mujeres (1972) de Lucio Fulci.

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En 1973 rodó la que, sin duda, fue la película más importante de su carrera, Malicia. Dirigida por Salvatore Samperi, en ella interpretaría el papel de una criada que enamora tanto al viudo padre de familia para el que trabaja, como al mayor de sus hijos. El filme resultó ser todo un éxito, elevando a su protagonista a la categoría de estrella.

Desde ese momento Antonelli compaginó el cine erótico festivo en el que sus fans deseaban verla, en títulos como Me gusta mi cuñada (1974) o Camas calientes (1979), con propuestas de pretensiones más autorales y, por tanto, mejor vistas por la crítica, tales como El inocente (1976) de Luchino Visconti o Entre el amor y la muerte (1981) de Ettore Scola. Como curiosidad, decir que fue la protagonista de La jaula (1985), drama erótico con guión de Lucio Fulci en cuyo reparto también se hallaba Florinda Bolkan, una de las musas del director de El más allá (1981).

En los años siguientes su carrera transcurriría con normalidad, hasta que llegada la década de los 90 rodara los que acabaron por convertirse en los dos últimos títulos de su filmografía. Por un lado El avaro (1991), adaptación del clásico de Molière en el que la actriz compartió cartel con un reparto de lujo que incluía a Alberto Sordi, Lucía Bosé, Miguel Bosé y el recientemente fallecido Christopher Lee. Aquel mismo año Antonelli protagonizaría Malizia 2000 (1991), una extraña y tardía secuela de su éxito de 1973 perpetrado por el mismo realizador, Salvatore Samperi, y que se saldó con un sonoro fracaso.

A partir de ese momento su vida estuvo llena de complicaciones. Se sometió a una cirugía estética que lejos de los resultados deseados acabaría desfigurándola la cara, tuvo problemas de peso y, por si fuera poco, sus coqueteos con el mundo de las drogas se tradujeron en su detención y encarcelamiento tras que la policía italiana hallara cocaína en su casa. Toda esta serie de circunstancias sumirían a la actriz en un profundo estado de depresión por la que sería internada en una clínica psiquiátrica a finales de los noventa.

En sus últimos años de vida, la otrora estrella viviría en el más absoluto anonimato, sin más sustento que una modesta pensión concedida por el gobierno italiano y la ayuda que le prestaran algunos amigos y seguidores. Penoso y triste final para que fuera uno de los principales mitos eróticos para toda una generación de cinéfilos europeos.

Descanse en paz.

Javier Pueyo

Published in: on junio 23, 2015 at 4:29 pm  Comments (1)  
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“Daganzo. Un pueblo de… cine” llega a Madrid

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Tras una primera parada el pasado abril en la propia población madrileña que le sirve de leitmotiv, la exposición de motivos cinematográficos “Daganzo. Un pueblo… de cine” arribará esta semana la capital de España. El Ayuntamiento de Daganzo de Arriba, Ultravioleta Escuela de Fotografía y Flash-Back Producciones presentan esta exposición que tendrá su inauguración el próximo viernes 26 de junio a partir de las 19:30 horas. Desde ese día y hasta el 12 de julio, la exposición podrá visitarse en horario de 10 a 22 horas en la sede de Ultravioleta, sita en la calle Fray Ceferino González nº 4 (Metro: L5 La Latina. L1 Tirso de Molina. Cercanías: Embajadores C5. Autobús: 6-26-32-M1-17-18-23-35-N26).

Maqueta del antiguo poblado western de Daganzo, construida por Domingo Lizcano.

Maqueta del antiguo poblado western de Daganzo, construida por Domingo Lizcano.

Maquetas de poblados del oeste, de submarinos y bizarras naves espaciales, alienígenas con el rostro de Miguel Bosé o imposibles bebés mutantes se dan cita en esta exposición única junto a la chaqueta original del Capitán Diego Alatriste, los planos del reino mágico de El laberinto del Fauno, el lujoso vestido de Isabel la Católica, la gorra de la Unión de Bud Spencer o el sombrero que lució Lee Van Cleef en la inolvidable trilogía del Dólar.

Traje construido por Reyes Abades para el personaje interpretado por Miguel Bosé en "El caballero del dragón".

Traje de Reyes Abades para el personaje interpretado por Miguel Bosé en “El caballero del dragón”.

Con esta muestra organizada por el Ayuntamiento de Daganzo, se homenajea su valioso pasado cinematográfico y a sus protagonistas. Muchos de ellos se encontrarán presentes en la puesta de largo de este evento, con el que se apuesta además por la recuperación de esta industria en el municipio madrileño, con la ilusión, cada vez más real, de que Daganzo vuelva a ser un pueblo… de Cine.

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Junto a numerosos paneles detallando la historia de esta rica etapa cinematográfica española, habrá valiosos objetos originales de nuestro reciente pasado fílmico: vestuario y atrezzo de época, carteles y preciados documentos, maquetas rescatadas de rodajes de films inolvidables, retazos de grandes obras de culto para los admiradores y seguidores de un cine, en muchas ocasiones verdadera Serie B aplaudida y recordada también por aquellas interminables sesiones triples de reestreno y grandes, grandísimos efectos especiales y grandes, grandísimos profesionales del séptimo arte, que son los verdaderos protagonistas de esta historia, de esta Exposición.

Como complemento a la muestra, en los próximos días está previsto que se anuncie el programa completo de actividades paralelas que se celebrarán también en Ultravioleta, y de las que os daremos cumplida información según se haga público.

Más información: http://daganzounpueblodecine.ayto-daganzo.org/

Published in: on junio 22, 2015 at 7:49 pm  Comments (2)  
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