La tierra olvidada por el tiempo

Título original: The Land that Time Forgot

Año: 1975 (Gran Bretaña, Estados Unidos)

Director: Kevin Connor

Productor: John Dark

Guionistas: James Cawthorn, Michael Moorcock sobre la nóvela homónima de Edgar Rice Burroughs

Fotografía: Alan Hume

Música: Douglas Gamley

Intérpretes: Doug McClure (Bowen Tyler), John McEnery (Capitán Von Schoenvorts), Susan Penhaligon (Lisa Clayton), Keith Barron (Bradley), Anthony Ainley (Dietz), Godfrey James (Borg), Bobby Parr (Ahm), Decían Mulholland (Olson), Colin Farell (Whiteley), Ben Howard (Benson), Roy Holder (Plesser), Andrew McCulloch (Sinclair)…

Sinopsis: Primera Guerra Mundial. Tras hundir un barco británico y tomar presos a los supervivientes, un submarino alemán encalla en una perdida isla llamada Caprona cercana a la Antártida, donde todavía sobreviven vestigios de la época prehistórica. El grupo formado por alemanes y británicos tendrá que enfrentarse y luchar con criaturas e incluso pobladores desconocidos.

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En 1975 la hegemonía del terror británico, que había sido el punto de referencia del género desde mediados de los cincuenta, tocaba a su fin. Consciente de ello, la compañía inglesa Amicus, la cual se había venido especializando en la confección de películas de terror formadas por sketches, buscó nuevas vías temáticas para sus producciones, aunque sin salirse de los márgenes del fantástico. Con este propósito, daría luz verde a un proyecto originario de John Dark, consistente en la adaptación cinematográfica de las novelas sobre mundos perdidos del autor de Tarzán, Edgar Rice Burroughs. La primera elegida para llevar a la pantalla sería La tierra olvidada por el tiempo (The Land that Time Forgot, 1924), rodada en coproducción con la norteamericana American International Pictures (AIP) de Samuel Z. Arkoff, y guionizada por James Cawthorn y Michael Moorcock, habituales colaboradores y escritores especializados en novela fantástica y de ciencia ficción.

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Dark, quien ya contaba en su haber con otra incursión con monstruos gigantes de por medio con la producción de ciencia-ficción del año 1958 The Strange World of Planet X de Gilbert Gunn, reclutó para la realización de la misma a Kevin Connor, un joven director que había debutado tan solo un par de años antes en, precisamente, la última película de terror de historias cortas producida por la Amicus, From Beyond the Grave [tv/dvd: Cuentos de ultratumba, 1973]. Para protagonizar la película se contrató al norteamericano Doug McClure, actor bastante popular merced a su papel de Trampas en la serie televisiva El virginiano (The Virginian), y secundario en un sinfín de westerns, el cual da vida al héroe de la función, papel para el cual inicialmente se pensó en el también estadounidense Stuart Whitman. Junto a McClure, el reparto se completaría con John McEnery, actor inglés de la escuela shakesperiana, Susan Penhaligon, quien da vida al único papel femenino con cierto peso de la historia, y Anthony Ainley, quien más tarde se haría bastante famoso por interpretar al Doctor Who en la homónima serie de televisión británica en una de sus múltiples etapas, dándose la curiosa circunstancia que tanto su elenco actoral, como su director, desarrollarían posteriormente la mayor parte de su carrera dentro de la pequeña pantalla.

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Separada en dos mitades, y narrada en forma de flashback, la cinta se inicia con un primer tramo más propio de una película bélica que sirve para familiarizarnos con los distintos personajes protagonistas, a pesar de que tanto estos como las relaciones entre ellos apenas se desarrollen durante toda la película. Sin embargo, llama poderosamente la atención que, pese a que en un primer momento pueda dar la impresión que estamos ante la típica historia maniquea de alemanes malvados y aliados idealizados, lo cual parece claro dada la presentación de los personajes, tras el hundimiento de un barco comercial a manos de un submarino alemán, el filme no tarde en equiparar a ambos bandos, pues momentos después, y tras diversos golpes de mano, cuando el mando de la embarcación pase a poder de los náufragos británicos que han conseguido acceder al interior de ésta, no dudarán en torpedear a una embarcación de suministro alemana.

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Es a raíz de la llegada a Caprona, nombre del fantasioso continente donde transcurrirá el resto de la acción, llamado así, tal y como se nos indica, por el marino italiano que la descubrió varios siglos atrás, donde se dan cita todos los elementos por los que es recordado el film, como la presencia de criaturas prehistóricas, resueltas por medio de unos pobres aunque entrañables efectos especiales, fruto del ajustado presupuesto con el que contó la cinta, o el innato sentido de la aventura del que hace gala Connor, no obstante ya presente en el original de Burroughs, olvidando cualquier ambición narrativa que no sea la acción pura y dura puesta en escena sin apenas descanso, y en la que, aparte de la influencia más o menos obvia de El mundo perdido (The Lost World, 1912) de Sir Arthur Conan Doyle, hallamos alguna idea interesante, como el hecho de que según la expedición se acerque al nacimiento del río por el cual viajan se encuentren con especies cada vez más desarrolladas (algo similar a lo que se daba en el film checo Viaje a la Prehistoria de Karel Zeman, aunque ya presente en la novela de Burroughs), o su triste y desolador final, bastante acorde con el de otros títulos del género de la época, en el que la pareja de supervivientes deberá aprender a sobrevivir en aquel inhóspito mundo, ante el rechazo de las demás tribus de humanos y homínidos.

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Haciendo un cuadriculado análisis de la cinta, esta dista mucho de ser una obra maestra, e incluso, de ser formalmente correcta; pero si conseguimos deshacernos de ciertas imposiciones y olvidarnos de algunos detalles no muy conseguidos, como la ingenuidad de alguno de sus pasajes, caso de la toma del submarino por parte de los náufragos, o del hecho de que todos los soldados teutones no solo entiendan el inglés perfectamente, sino que utilicen este idioma para hablar entre sí, aún cuando en el momento que deban de comunicarse con otro barco de su nacionalidad empleen el alemán, lo que nos queda es un honrado producto de evasión con no pocos alicientes, como el sentido de la maravilla que destilan sus imágenes, la desbordante imaginación presente a lo largo del film y el desparpajo con el que fue realizado, fruto de su falta de pretensiones, el cual además  se ve beneficiado por la inspirada partitura de Douglas Gamley y la soberbia fotografía de Alan Hume, operador que más tarde intervendría en proyectos de mayor renombre, y quien logra dotar al conjunto de una particular atmósfera, pese a la evidente artificiosidad de muchos de los decorados empleados.

José Luis Salvador Estébenez

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9 comentariosDeja un comentario

  1. Con esta reseña comenzamos un nuevo ciclo que, por si no esta del todo claro, estara dedicado a la serie de películas que sobre mundos perdidos realizara en la última mitad de los años 70 el británico Kevin Connor.

  2. Mejor que lo aclares. Podría haber sido también sobre Doug McClure, o Michael Moorcock en el cine, o filmografía sobre dinosaurios panzones, o….

  3. ¿Entrará “Motel Hell”? Porfa… que aún no la he visto y quiero ver tu opinión 😉

  4. Campeche, tronquete, ¿te has leido mi comentario? 😛

    “Motel Hell” la vi cuando me la pasaste y… bueno, la recuerdo simpática y graciosa, pero poco más.

  5. Yo no la aguanté entera…

    Pero ciclo es sobre las pelis de ambiente pulp de Kevin Connor, no de la filmografía entera de Connor… Si no, también entraría la muy suculenta mini-serie “Goliat espera”, o la reciente y también muy sabrosa “Frankenstein”…

  6. O la fallida, aunque simpática “Alfombras mágicas”… aunque esta lo mismo acaba cayendo a modo de apéndice, por los innumerables puntos en común que tiene con este ciclo.

    Pero que grande es Kevin Connor, ¡leñe! 🙂

  7. Podríamos montar otro ciclo de fantasías orientales…

  8. Hombre, precisamente estoy ahora liado con el comentario de una película de aventuras arabescas. Lástima que de fantasía ande bastante escasa, pese a que su guionista y su director fueran bastante asiduos del género.

  9. El Simbad de los años cuarenta, con Douglas Fairbanks Jr., no tiene nada de fantasía. Ni “Las 1001 noches” de María Móntez…


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