Carlos Aured: la muerte y el sexo

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La muerte y el sexo. Pese a que a primera vista puedan parecer dos conceptos sin mucha relación entre sí, ambos están estrechamente ligados a la existencia del ser humano. Es a través del sexo que éste toma forma, y es la muerte el punto final de su existencia. Y son estos dos conceptos, el Eros y el Tánatos de los griegos, los pilares fundamentales sobre los que, de forma independiente o conjunta, se cimenta la filmografía de Carlos Aured, un modesto realizador que, a pesar de su condición de artesano cinematográfico, supo legarnos una obra de total coherencia.

De padre aragonés y madre leonesa, Carlos Aured Alonso vino al mundo el 22 de enero del año 1937, en una localidad murciana llamado Los Alcázares, cerca de la Manga del Mar Menor, mientras el país se encontraba inmerso de lleno en una cruenta guerra civil. Cuando esta termina, el pequeño Carlos se traslada junto a sus padres a Madrid, ciudad en la que residirá casi toda su vida.

En Madrid Carlos mata los pocos ratos libres que le dejan los estudios entre los añorados cines de programa doble y los kioscos de intercambio de novelas. Es así, y mientras práctica su temprana afición, cuando, durante una proyección en el novedoso sistema de 3-D de la magistral Los crímenes del museo de cera (House of Wax, 1953) de André De Toth, recibe lo que él mismo definiría como el flechazo del terror. Del mismo modo, a través de su otro hobby, la literatura, empieza a poner en práctica las dotes de las que más tarde hará su profesión, ya que mientras lee las novelas de autores clásicos (Edgar Allan Poe, Pearl S. Buck, Edgar Rice Burroughs…), visualiza en su mente la historia en imágenes, e imagina cómo hubiera sido su trama de haberla contado desde una perspectiva distinta.

Al acabar el bachillerato, su madre, ya separada del padre, se empeña en que Aured curse en la Universidad la carrera de ingeniero de caminos, que éste abandona al poco tiempo. El veneno del mundo del espectáculo ya está dentro de su cuerpo, y así se lo hace saber a su madre, que pese a lo poco que le agrada la idea de que su hijo se convierta “en un titiritero muerto de hambre”, accede a sus deseos, aprovechando que la madre de Gustavo Pérez Puig acude a la peluquería que ella regenta para pedirle una oportunidad para su hijo en la compañía de aquél. De este modo, Carlos entra de lleno en el mundo del espectáculo, recorriendo España durante dos años con la compañía teatral de Pérez Puig como “chico para todo”, ya sea montando decorados, luces o incluso desempeñando algún pequeño papel en obras que necesitan de numerosos repartos.

Tras este periplo, Pérez Puig recibe el encargo de Televisión Española de encargase de un espacio llamado Hoy dirige…, cuya mecánica consistía en que cada semana un director de cine distinto llevaba a la pequeña pantalla una historia de su propio elección, sirviéndose del equipo, tanto actoral como técnico, de Pérez Puig. En uno de estos programas, el director escogido es Ricardo Blasco, antiguo ayudante de Luis Lucia, que por entonces se encuentra preparando una nueva película. La ocasión la pintan calva, que diría un castizo y, enterado de esto, el joven y tímido Aured se arma de valor para pedirle trabajo a Blasco para su próximo film, a lo que el director valenciano accede, produciéndose de esta forma el debut de Carlos en el cine. La película sería el spaghetti-western Gringo / Duello nel Texas (1963), en la que comienza el rodaje de meritorio, para acabar siendo ascendido posteriormente a quinto ayudante de dirección, tras añadirse a la filmación una segunda unidad.

Paul Naschy, Javier Aguirre, el crôico especialista Ángel Gómez Rivero y Carlos Aured

Reunión de leyendas del fantaterror patrio con motivo del Algeciras Fantástika’06. De izda. a drcha.: Paul Naschy, Javier Aguirre, el crítico Ángel Gómez Rivero y Carlos Aured.

Carlos ya ha logrado su deseo, entrar en el mundillo del cine, y con la vista puesta en convertirse en realizador en un futuro intenta entrar en la Escuela Oficial de Cinematografía, ingreso que nunca pudo hacerse realidad, ya que sería incapaz de aprobar las oposiciones pertinentes, según él, porque “no leía Cahiers du Cinéma y me gustaba el cine de género” (1). En lugar de desanimarse, prosigue con su ascensión en el escalafón profesional, tal y como exigían las normas del Sindicato Vertical, según las cuales quienquiera que quisiera convertirse en director de cine sin pasar antes por la Escuela Oficial, debía de haber recorrido antes todos los escalafones intermedios del oficio, teniendo que intervenir en tres películas como auxiliar, cuatro como secretario de dirección –puesto conocido hoy como script-, cinco como ayudante de dirección, una como jefe de producción (…) con la idea de que cuando el nuevo realizador se enfrentara a su opera prima, éste ya tuviera el suficiente bagaje anterior como para manejarse con soltura en su nuevo puesto. De esta forma, y mientras rueda documentales y fotonovelas con los que asegurarse el pan, Carlos trabaja a las órdenes de José Luis Borau, Alfonso Ungría, José María Zabalza, Enrique López Eguiluz, Rafael J. Salvia, Salvatore Rosso, Rafael Moreno Alba o León Klimovsky.

Es trabajando como ayudante de dirección de este último cuando Aured efectúa un comentario que a la postre le cambiará la vida. Pero mejor que sean sus propias palabras las que nos relaten los hechos: “Cuando estábamos terminando el rodaje de La casa de las chivas, el productor me hizo el siguiente comentario: ¡Qué bárbaro Klimovsky, se va a terminar la película en cinco semanas! [n.d.a.: La duración prevista era de seis semanas]. Yo, que pensaba que la película se podía haber cuidado más, contesté irónicamente: Yo me la hubiera terminado en cuatro. La cara del productor se iluminó como si hubiera visto al profeta Isaías montando en una Harley Davidson: ¿En cuatro semanas? Tenemos que hablar de eso…” (2).

No caería en saco roto aquella conversación, pues tan solo dos meses más tarde Aured recibe una llamada de aquel productor, que no era otro que José Antonio Pérez Giner, quien se había tomado muy en serio sus palabras y le propone la oportunidad de su vida: rodar su primera película, con la promesa de tenerla lista en el menor tiempo posible –no contento con esto, Pérez Giner tuvo varias discusiones con Aured, ya que el primero pretendía no rodar varias páginas del guión para de esta forma abaratar aun más los costes-, para lo que contaría con un escueto presupuesto, aproximadamente el 60 % de lo que venía a costar una producción media, y la finca de los padres de su actor principal y guionista, Paul Naschy, en plena sierra madrileña, como lugar de filmación. Pese a lo que la lógica impondría, en vista de la falta de medios y la precipitación con la que es concebida –el propio Naschy ha comentado en más de una ocasión que escribió el libreto de la película en un día y medio-, la película resultante, El espanto surge de la tumba, es todo un éxito, siendo considerada hoy en día como uno de los ejemplos más notables del fantaterror español, convertida en una cinta de culto en prácticamente todo el mundo.

Ante los buenos resultados de su opera prima, Aured es requerido tres meses más tarde para dirigir Los fríos senderos del crimen, un adocenado thriller con toques giallescos sin el más mínimo interés, “con un psychokiller suelto, donde la única pista para atraparlo era que fumaba mucho de una determinada marca de cigarrillos y que los aplastaba de otra manera determinada. ¿Por qué esto? Muy sencillo: la casa Philip Morris había puesto dinero” (3). En esta cinta se da la curiosa circunstancia de ser producida por Francisco Martínez Celeiro –siempre según la web del Ministerio de Cultura- o, lo que es lo mismo, George Martin, protagonista de un buen puñado de eurowesterns y cintas de aventuras de la época. Sin embargo, y a pesar de lo que pudiera pensarse en un principio, éste no aparece en el reparto de la película, el cual es encabezado por otro Martín, Daniel, sin que exista parentesco alguno entre ambos actores.

Antes de terminar el año, Aured vuelve de nuevo a reunirse con Pérez Giner y Naschy para rodar Los ojos azules de la muñeca rota, un atípico y original híbrido ente el terror psicológico y el giallo, ambientado en Francia, y cuyo argumento bebe directamente de la crónica negra de la época. Debido a la calidad de la misma, la cinta es galardonada en el Festival de Cine de Terror de Amberes con tres premios, entre ellos los destinados a la mejor interpretación –Paul Naschy– y mejor guión –Jacinto Molina [Paul Naschy] y Carlos Aured-, aunque, como amargamente recordaría años después el propio Aured, la prensa nacional del momento sólo destacaría el premio recibido en aquel mismo festival por Jorge Grau como mejor director por su trabajo en Ceremonia sangrienta.

En 1973 Aured sigue de nuevo junto a Naschy, aunque esta vez sin Pérez Giner de por medio, en dos cintas coproducidas con países latinoamericanos: El retorno de Walpurgis y La venganza de la momia. La primera intenta aprovechar el éxito de la precedente La noche de Walpurgis, en la que Aured había desempeñado labores de ayudante de dirección, y actor, pues aunque no aparezca acreditado suya es la silueta diabólica que aparece en la cripta hacia el final de la película. Pese a su equívoco título, la cinta en cuestión no guarda ninguna continuación argumental con aquélla más allá del protagonismo del alter ego de Naschy, el hombre lobo Waldemar Daninsky, quien con esta película hace su primera incursión en una ambientación no contemporánea a la producción de la cinta, añadiéndose también por vez primera un prólogo desarrollado en la edad media, componente que no tardará mucho en convertirse en un rasgo habitual del ciclo Daninsky. El resultado es uno de los mejores films de la saga, con un diseño de producción bastante superior al habitual, y un cuidado empeño por mostrar del mejor modo posible las transformaciones de hombre a bestia, en una cinta que, argumentalmente, algunos han querido ver como un remake del clásico El hombre lobo (The Wolf Man, 1940) de George Waggner, idea un tanto descabellada para quien esto firma, pese a que sea innegable que la película posea un cierto regusto al cine fantástico de la Universal, como queda patente en algunas secuencias, caso de aquella en las que los aldeanos intentan dar caza al licántropo en medio de la noche, guiados por la luz de sus antorchas.

Rodada el mismo año que las otras dos aproximaciones del fantaterror patrio al mito, la bastantes prescindibles El secreto de la momia egipcia de Alejandro Martí y Vudú sangriento de Manolo Caño –existe una tercera película española protagonizada por el personaje, La momia nacional (1981) de José Ramón Larraz, pero, pese a que su director proceda del fantástico, se trata de la típica comedia erótica tan de moda en los primeros años de la post-Transición-, La venganza de la momia es una coproducción extraoficial con Venezuela, más concretamente, con el showman televisivo y candidato a la presidencia de aquel país en 1978 Renny Ottolina, recayendo el protagonismo femenino en la hija de éste, Rina Ottolina, actriz que por aquellos años intentaba abrirse paso en el cine español con escasa fortuna, tal y como demuestra el que su carrera concluyera con solamente cinco películas en su haber. Con esta cinta Aured cierra la etapa más brillante de su carrera, la cual coincide con aquellos títulos desarrollados en colaboración con Paul Naschy, quien en esta ocasión hace doblete interpretativo, como Amhotep y su momia, y como Assad Bey, el descendiente de aquél, dentro de un argumento en el que se deja entrever cierta crítica hacia el colonialismo europeo, siendo lo más destacable del conjunto la fotografía en colores rosáceos de Francisco Sánchez, y el maquillaje con el que fue recreado el monstruo protagonista.

Al año siguiente, 1974, Aured prepara su proyecto más ambicioso, La noche de la furia, un thriller policiaco basado en una novela de Cliff Bradley (autor de bolsilibros cuyo verdadero nombre es Jesús Navarro Carrión-Cervera), y orientado hacía el mercado estadounidense, por lo cual se busca a un protagonista de aquel país, el desconocido Glen Lee, quien por aquellos años ya había aparecido en otros films españoles, caso de La casa de las palomas (1972), del tristemente desaparecido Claudio Guerín, o Ella (1973) de Tulio Demicheli. Por este mismo motivo, también se contrata a un prestigioso director de doblaje americano –la película fue rodada en inglés aunque sin sonido directo, rasgo este último bastante habitual en el cine español hasta hace relativamente poco tiempo-. Sin embargo, cuando la película es ofrecida a los distribuidores norteamericanos, estos la rechazan debido a la mala calidad tanto del doblaje como de los diálogos en inglés, pasando por las pantallas españolas sin pena ni gloria.

Después del varapalo sufrido con La noche de la furia, no es hasta 1977 que Aured vuelve a ponerse tras las cámaras para dirigir una comedia escrita por él, titulada originalmente Una burguesita de diecisiete años, y rebautizada posteriormente por el productor con el más explícito Susana quiere perder… eso, la cual cosecha un pequeño-gran éxito de la época, con más de ochocientos mil espectadores que dejaron en taquilla más de setenta millones de pesetas de la época.

Sin embargo, a pesar de este éxito, pasan de nuevo tres años hasta que Aured dirige su siguiente film. Es 1980, y debido a las nuevas leyes de censura cinematográfica que acompañan a la llegada de la democracia al país, los cines de toda España se ven inundados de películas agrupadas bajo la clasificación “S”, es decir, películas con fuertes dosis de erotismo y/o violencia, pese a que los títulos que reciben dicha clasificación por el segundo apartado son relativamente pocos. La cinta resultante es La frígida y la viciosa, “una curiosísima variación sobre el tema de La huella; tres personas en una casa dando rienda suelta a sus pensamientos más ocultos” (4).

El Fontanero Su Mujer Y Otras Cosas De Meter

A esta primera incursión en el cine erótico le siguen durante los dos años siguientes cuatro cintas más encuadradas en las mismas coordenadas. El fontanero, su mujer… y otras cosas de meter es la primera de ellas, la cual, aparte de tener el título más recordado de la época, cuenta en su reparto con Lina Romay, produciéndose de esta forma el encuentro entre el director de alguna de las mejores películas de Paul Naschy, con la musa del otro icono del terror patrio, Jesús Franco.

Apocalipsis sexual

En la segunda, Apocalipsis sexual, Aured repite de nuevo con Lina Romay como protagonista, acompañada en esta ocasión por la transexual Ajita Wilson. En esta ocasión y debido a las sugerencias de los distribuidores italianos, Aured rueda unos insertos porno –medical shots– , repitiendo en cierto modo lo mismo que había hecho años atrás en sus películas de terror, donde se rodaba una doble versión prolija en desnudos para su distribución en el extranjero. Pese a que Aured reconoció este hecho en varias entrevistas, no son pocas las fuentes que acreditan la co-dirección de la cinta al realizador trasalpino Sergio Bergonzelli, permaneciendo esta versión pornográfica italiana inédita en España.

En 1983, tras sus dos últimas películas eróticas –De niña a mujer y El hombre del pito mágico, ambas de 1982– y su trabajo como guionista en El triunfo de un hombre llamado Caballo/Triumph of a Man Called Horse (1982) de John Hough, tercera parte de la saga iniciada en 1970 con Un hombre llamado Caballo (A Man Called Horse) de Elliot Silverstein, regresa al género terrorífico, más concretamente al suspense, con El enigma del yate, apreciable film protagonizado por “cuatro personajes obligados a estar juntos en un yate en alta mar, con una estructura estilística similar a Agatha Christie” (5), que no es sino una variación del Náufragos (Lifeboat, 1944) que dirigiera el realizador más admirado por Aured, Alfred Hitchcock, y cuyo reparto está encabezado por una de las scream queens del género durante los años dorados, la catalana Silvia Tortosa.

Al año siguiente, Aured estrena Atrapados en el miedo, una muy olvidable imitación del slasher americano que por aquellos años causaba furor en medio mundo, en la que un enfermo mental escapado de un psiquiátrico atemoriza a dos parejas de jóvenes que pasan el fin de semana en el chalet de los padres de uno de ellos, yendo a recaer sus papeles femeninos principales en dos actrices provenientes del cine erótico, Sara Mora y Adriana Vega, esta última actriz habitual de las películas que por aquella época rodara Mariano Ozores.

Tras esta película, Aured decide abandonar labores de realización, pero no así el medio, ya que se encarga de la producción de tres cintas de género fantástico coproducidas con Estados Unidos: Leviatán (1984) del italiano Claudio Fragasso, quien firma el trabajo bajo el seudónimo Clyde Anderson, y protagonizada por Alice Cooper y Victoria Vera; Cosmos mortal/Alien Predator (1985), opera prima de Deran Sarafian, que no es sino una simpática explotation de la exitosa saga Alien; y por último, Eliminators [vd: Eliminators; El aniquilador, 1986] de Peter Manoogian, película que algunas fuentes señalan que dirigió Carlos Aured sin ser acreditado.

Sea como fuere, la aventura no sale todo lo bien que hubiera sido deseable, acabando por repercutir de forma negativa en el patrimonio personal de Aured. Ante esta tesitura, nuestro hombre decide replantearse su vida y abandona definitivamente el cine, pasando a trabajar en la televisión. Primero lo hace en TVE, para después pasar a Canal +, donde se encarga de la verificación de las películas, es decir, revisar que todas las películas que se van a ser programadas se encuentren en óptimas condiciones y, en caso de que no sea así, arreglarlas. Además de ello, también se encarga de las compras de los films pornos que por aquellos años emitía con gran éxito la cadena privada.

Carlos Aured posa con el místico con que Algeciras Fantástica’05 le premió como reconocimiento a toda su carrera

Carlos Aured posa con el místico con que Algeciras Fantástica’05 le premió como reconocimiento a toda su carrera.

De esta forma pasan los años hasta que en el 2005 vuelve a salir del ostracismo en el que se encontraba gracias a la muestra Algeciras Fantástika, que en aquella edición homenajea su obra y su persona. La ocasión sirve también para que, al mismo tiempo, Aured tome conciencia de la consideración que tiene su filmografía para los seguidores del fantástico hispano, al tiempo que supone su reencuentro con Paul Naschy, quien ejerce labores de jurado en el festival, retomando así una amistad interrumpida más de treinta años antes, cuando en la preproducción de La noche de la furia, el director murciano no contara con el icono del fantaterror hispano.

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Tan solo dos años después, en 2007, Aured es contratado por Naschy para que dirija el primer proyecto de su anunciada factoría dedicada al cine de terror, Naschy Team, titulado originalmente Las gaviotas, nombre que más tarde es sustituido por el más críptico Empusa. Por motivos que no trascienden, Aured es despedido de la producción a la semana de rodaje, siendo sustituido por el propio Naschy, y desechado todo el material por él rodado. La película se encuentra todavía inédita.

El 3 de febrero de 2008, Carlos Aured fallece de un ataque cardíaco en su residencia de vacaciones de la localidad alicantina de Denia, siendo encontrado su cuerpo sin vida por su mujer. Con él se nos va un trozo de la historia del cine español, toda una leyenda del cine de terror y erótico, en cuya filmografía encontramos toda una obra maestra como es El espanto surge de la tumba, junto a un puñado de títulos de referencia obligada, pero, sobre todo, y es algo en lo que coinciden todos los que le conocieron, se va un excepcional ser humano. Probablemente nunca llegaremos a ver algunos de los proyectos que trataba de sacar adelante, como su “para-psico-thrillerLa sombra en el cristal, pero siempre nos quedarán sus películas para recordar a este hombre que vivió por y para el cine. Descanse en paz, maestro.

José Luis Salvador Estébenez

(1) Entrevista a Carlos Aured de Antonio Garrido, mayo de 2005, aparecida en datazine.net

(2) Carlos Aured: el sabor de una época de Ángel Gómez Rivero, artículo aparecido en el catálogo de Algeciras Fantástica 2005, Fundación Municipal de Cultura de Algeciras “José Luis Cano”.

(3) Carlos Aured (Entrevista) de Miguel Ángel Plana, publicada en el número 3 de Flash-Back, dedicado íntegramente a la Historia del cine fantástico español. Otoño 1994.

(4) Carlos Aured, entre el terror de Paul Naschy y el erotismo de los 70, artículo de Fernando Alonso Barahona publicado en El semanal digital.

(5) Carlos Aured (Entrevista) de Mirek Lipinski, publicada originalmente en The Mark of Naschy (www.naschy.com), y reproducida aquí según la traducción de Javier G. Romero aparecida en el número 4-5 de Quatermass de otoño del 2002.

Published in: on febrero 19, 2008 at 12:20 pm  Comments (8)  
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8 comentariosDeja un comentario

  1. Comenzamos el dossier prometido sobre la obra de Carlos Aured. Como primera entrega, aquí tenéis su biografía. Espero que sea de vuestro agrado.

  2. Muy buen artículo, y muy informativo.

  3. Estupendo artículo. Ya tengo ganas de leer el resto del Dossier.

  4. Magnifico como siempre Jose Luis…

  5. Muchas gracias a los tres. 🙂

  6. Excelente trabajo, Cerebrin. Aparte de las que ya conocía, me han entrado ganas de ver “La frígida y la viciosa”, con ese comentario tan curioso que haces sobre ella.

  7. Muchas gracias, Tyla. Si te animas a verla, y te apetece, hazme una reseña, por favor, y así la incluyo en el dossier de Carlos Aured. 😉

  8. […] no poder, por la que pululan unos personajes sin pies ni cabeza, un caos absoluto que desde luego Carlos Aured no mejora (recordar que este hombre es autor de un título ya perteneciente al acervo popular, esa […]


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