Soraya, reina del desierto

Título original: Anthar, l’invincibili / Soraya, reina del desierto / Marchands d’esclaves

Año: 1964 (Italia, España, Francia)

Director: Antonio Margheriti

Productor: Luigi Nannerini

Guionistas: Guido Malatesta, Arturo Rígel, André Tabet

Fotografía: Alejandro Ulloa

Música: Georges Garvarentz

Intérpretes: Kirk Morris (Anthar), Michèle Girardon (Princesa Soraya), Renato Baldini (Kamal), Mario Feliciani (Ganor), José Jaspe (Akrim), Manuel Gallardo (Principe Daikor), Aldo Cecconi (Abdul), Roberto Dell’Acqua (Aimu, el mudo), Howard Ross (Hasien), Ugo Sasso (Murad), Giacomo Furia (Salene), Laura Nucci (Adonna), Goffredo Unger [aparece como Freddy Hunger] (Rabeck), Nadine Verdier, Malika Kamal, Tanya Lopert, Serena Michelotti, Nadia Brivio (Esclavas), Fedele Gentile, Pietro Tordi…

Sinopsis: En la ciudad de Bagdag se produce un golpe de estado. Los cabecillas de la rebelión son Rabeck y Ganor, este último muy introducido en palacio por el alto cargo que ocupa. En la revuelta asesinan al rey y hacen prisioneros a sus hijos, Daikor y Soraya. Ganor, que siempre ha estado enamorado de Soraya, intenta aprovecharse de ella, pero ésta salta al río que circunda la ciudad. Anthar y Mudo la encuentran en la turbulentas aguas y la acogen. Los tres deciden unirse y luchar contra sus enemigos.

Curioso híbrido que adapta el cine de aventuras de ambientes arábigos, que tan buenos resultados diera en el Hollywood de la década de los 40 y 50, bajo los parámetros del peplum, género que por aquellas fechas ya mostraba claros síntomas de agotamiento. Probablemente, este fuera el principal motivo por el cual sus artífices decidieran trasladar la historia de escenarios y época, ya que, más allá de esto, pocas diferencias existen entre el film en cuestión y las que eran las constantes habituales del peplum de forzudos. Buena muestra de ello es que con motivo de su emisión televisiva en Estados Unidos, la película sería rebautizada como si de otra entrega de la saga de Hércules se tratará, con el título Devil of the Desert against the Son of Hercules; es decir, “El diablo del desierto contra el hijo de Hércules”.

Así, su guión – firmado entre otros por Guido Malatesta, uno de los nombres propios del “cine de romanos” transalpino, más por su constancia que por su talento, pese a que en esta ocasión se muestre más inspirado que de costumbre – repite a grandes rasgos y punto por punto el esquema habitual de ese tipo de cintas, en el que un forzudo héroe se valdrá de sus habilidades físicas para acabar con el villano de turno y liberar al pueblo oprimido.

Tampoco el personaje protagonista difiere mucho del arquetipo habitual del género. En este sentido hay que llamar la atención en el hecho de que fuera bautizado con el nombre de Anthar, el mismo de un famoso poeta-guerrero pre-islámico, lo que denota cierta intención por parte de sus creadores en dar vida a un personaje icónico para este nuevo subgénero, comparable a los Hércules, Maciste o Ursus del peplum puro, si bien en ningún momento se nos dé información alguna de si se trata del mismo personaje real, ya que, aparte de que su poblado fue arrasado y de que quien escucha su nombre experimenta cierta incredulidad y respeto, poco más sabemos de él. Del mismo modo, el actor escogido para darle vida continua por la senda marcada, siendo interpretado por el habitual “Maciste” Kirk Morris, seudónimo del italiano Adriano Bellini, actor fetiche del referido Malatesta, y quien intervendría por aquellas mismas fechas en otros títulos de similares características que el presente, como puede ser El halcón del desierto / La magnifica Sfida (1965) de Miguel Lluch.

Rodada en Argelia, con un cuidado y vistoso diseño de producción que se deja notar tanto en escenarios como en vestuarios, Soraya, reina del desierto resulta un eficiente y entretenido título, gracias en gran medida al buen oficio que aporta su director, el habitualmente minusvalorado Antonio Margheriti. Y ello pese a la poca motivación y mal recuerdo que este guardaba de sus incursiones en el género según sus propias declaraciones (1), lo que no impide que el director italiano se permita algún alarde técnico, caso de las secuencias desarrolladas en la sala de los espejos, las cuales remiten irremediablemente a la escena final de La dama de Shanghai (The Lady from Shanghai, 1948 ) de Orson Welles, en lo que acabaría por convertirse en una seña de identidad, ya que encontraríamos momentos similares en varias de sus películas, caso de I criminali della galassia/Wild, Wild, Planet (1965), o …Y Dios dijo a Caín (E Dio disse a Caino, 1970). Pero no sería esta la única influencia del cine clásico que se de cita a lo largo del metraje, ya que la, en ocasiones, acrobática forma de luchar del protagonista, recuerda, y mucho, a la del Dardo que encarnara Burt Lancaster en El halcón y la flecha (The Flame and the Arrow, 1950) de Jacques Torneur, no faltándole, incluso, un fiel compañero mudo al modo del que acompañaba a aquel.

José Luis Salvador Estébenez

(1) “¿Cuáles son tus recuerdos de los péplum o películas mitológicas que rodaste en los primeros sesenta? ¡Prefiero olvidarlos! Fueron hechos únicamente para tener algo de comida en la mesa, como aquella historia de aventuras de Soraya, reina del desierto.Extraído del libro Spaghetti Nightmares de Luca Palmerini, según la traducción publicada en el blog El extraño vicio del Dr. Hichcock (http://stranovizio.blogspot.com/2007/06/entrevista-antonio-margheriti.html )

Published in: on febrero 20, 2008 at 12:25 pm  Comments (6)  

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6 comentariosDeja un comentario

  1. Algún recuerdo me queda de esta peli, como la lucha cuerpo a cuerpo entre Kirk Morris y un rinoceronte 🙂 Parecía que Soraya iba a ser una heroína que iba a imprimir algo más de carácter a los papeles femeninos de la época, pero al final se queda casi como de adorno, como la princesa-esclava que deja que toda la acción corra a cargo del bueno de Kirk. Y sí señor, es como un peplum resuelto como una fantasía arábiga, o viceversa. Es poquita cosa pero era una peli agradable.

  2. Si señor, esta es la película de la lucha con el rinoceronte, bastante bien resuelta por Margheriti, teniendo en cuenta lo que solían cantar estas escenas en otras películas.
    Por cierto que estas escenas de enfrentamiento héroe contra bestia eran bastante frecuentes en las películas de forzudos de Malatesta. Por ejemplo, en “Maciste contra los monstruos”, Maciste se las tiene que ver con un dinosaurio, y en “El vengador de los mayas”, es Hércules el que tiene que luchar con un gigante troglodita.

  3. No la he podido ver nunca, pero me llama bastante la atención…

  4. En esta película , a Manuel Gallardo ,su caballo, “Ochio Bianco”, tenia un ojo azul, le coceó en el pecho, perdiendo el conocimiento. Le quedó una lesión desde entonces en las costillas en forma de bulto.

  5. Muy interesante el dato que aportas. ¿Conoces a Manuel?

    • Sí, leconocí hace muchos años y le ví en muchas obras….


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