El retorno de Walpurgis

7

Título original: El retorno de Walpurgis / La noche del asesino

Año: 1973 (España, México)

Director: Carlos Aured

Productores: Luis Gómez, Ramiro Meléndez

Guionista: Jacinto Molina

Fotografía: Francisco Sánchez

Música: CAM España

Intérpretes: Paul Naschy [Jacinto Molina] (Irineus / Waldemar Daninsky), Fabiola Falcón (Kinga), Maritza Olivares (Mariya), Ana Farra (Militza), María Silva (Elizabeth Bathory), Eduardo Calvo (Laszlo Wilowa), Vidal Molina (Roulka), Inés Morales (Ilona), José Manuel Martín (Bela), Fernando Sánchez Polack (Maurice, el criado de Waldemar), Elsa Zabala (Bruja gitana), Santiago Rivero, Pilar Vela, José Yepes (Cabecilla de los aldeanos), Ana Maria Rossie, Sandalio Hernández, Jorge Matamoros, Felicidad Nieto, Eduardo Bea…

Sinopsis: Irineus Daninsky es un noble que combate las prácticas esotéricas de la Condesa Bathory. Una vez consigue apresarla, la entrega a la Inquisición que la condena a la hoguera, no sin que antes la mujer maldiga a su captor. Ya en el siglo XIX, un descendiente de aquel Daninsky llamado Waldemar, sufre la maldición prometida por la Condesa Bathory como represalia a los actos de su antepasado.

Sexta entrega de las desventuras del licántropo Waldemar Daninsky, cuyo título hace referencia a una supuesta e inexistente continuación argumental de la exitosa La noche de Walpurgis (1971) de León Klimovsky, obra de vital importancia tanto para el fantástico nacional, ya que su éxito dentro y fuera de nuestras fronteras sería el principal desencadenante del boom experimentado durante la primera parte de la década por el fantaterror hispano, como para el definitivo asentamiento de su personaje protagonista y de su creador e intérprete, Jacinto Molina / Paul Naschy – tanto monta, monta tanto -, como tótem del cine de terror mundial.

Centrándonos en la película propiamente dicha, se trata de la primera de las incursiones del personaje con ambientación en otra época que no fuera la contemporánea al rodaje del film. Y lo hace además por partida doble, ya que la cinta se inicia con un prólogo en la Edad Media, para continuar con la acción en algún periodo indeterminado del siglo XIX, lo que le aporta a la historia un agradecido aire de clasicismo, pese a que esto no sea impedimento para que su director, Carlos Aured, despliegue sus habituales y generosas dosis de erotismo y violencia gráfica, por momentos cercana al gore, en la que posiblemente sea su obra visualmente más elegante. No obstante, ello no es óbice para que el murciano no prescinda de algunos recursos tan típicos de aquellos años y tan demodé actualmente como el empleo del zoom, si bien, como decimos, el resto de su puesta en escena resulte de lo más cuidada, algo a lo que no es ajeno la patente holgura de medios de los que dispuso– o al menos, más de los acostumbrados en esta clase de cintas –, fruto sin duda de una concepción de la cinta no carente de ciertas pretensiones.

En este sentido, son dignos de recalcar diversos aspectos de su acabado. Por un lado por el variado repertorio de formas en que es mostrada la transformación de hombre en bestia de Waldemar Daninsky, bien apoyada por una encomiable labor de caracterización del personaje por parte de los maquilladores, la cual llega hasta el punto de cuidar detalles tan inusuales como el de las extremidades inferiores de la bestia en forma de pezuña. Y por otro, la atmósfera conseguida, en especial en las escenas nocturnas rodadas en parajes naturales, así como por un buen puñado de momentos que lucen con luz propia dentro del conjunto, caso de la secuencia del aquelarre satánico, el onírico sueño de Waldemar, principalmente por aquella imagen en la que aparece el rostro de éste coronado por una luna llena, anunciando así el trágico destino del personaje, y, sobre todo, cierto plano general del castillo durante el prólogo (foto de arriba), en el que asoman en primer termino las brujas pendiendo de una soga enlazada al cuello de los laterales del puente de entrada a la fortaleza, mientras que en segundo termino se adivina la figura de su cabecilla consumiéndose entre las llamas de la pira inquisitorial, de una plasticidad tal, que parece haberse escapado del lienzo de algún pintor del Medievo.

En cuanto a lo que respecta a su historia, de nuevo Molina nos ofrece un pastiche – en el sentido más positivo de la palabra – en el que se entremezcla la leyenda de la auténtica Elizabeth Bathory[1], con la Inquisición, los ritos satánicos, las maldiciones gitanas, y la mitología propia de la licantropía, pasada, claro está, por el personal tamiz de su autor. De este modo, no son pocos los motivos recurrentes dentro de la saga Daninsky – Naschy que se dan cita a lo largo del metraje, como, por ejemplo, la forma de acabar con el lobisome mediante una daga de plata empuñada por la persona amada. Precisamente, este elemento acaba por arrojar a la postre ciertas incoherencias arguméntales y de puesta en escena, ya que al comienzo de la narración Daninsky acabara con un hombre lobo por medio de una bala de plata, sin que entre ambos existiera relación sentimental (que se sepa), en tanto que la apariencia de aquel nos es mostrada bajo el aspecto de un lobo – o más bien lo correcto sería decir un perro lobo -, para más adelante, cuando Daninsky aparezca ya transformado, lo haga bajo la clásica apariencia cinematográfica del personaje, detalle este fruto de una pequeña trampa narrativa para favorecer el dramatismo de la historia.

Por último, hay también que destacar el retrato que se hace de su principal protagonista, un rico y retraído terrateniente de escasa experiencia con las féminas – incluso en su primer contacto en pantalla con un espécimen del sexo contrario dirá ser virgen – y cuya relación con éstas no le trae más que complicaciones, el cual vive prácticamente recluido y apartado del resto de la  sociedad, acabando por convertirse en una atormentada víctima del destino por culpa de una maldición de la que no tiene ninguna culpa y cuya naturaleza ignora. Todo este perfil es acomodada dentro de un tono narrativo folletinesco, cuyo motor principal es la citada relación de Daninsky con las mujeres y que contiene no pocas ideas sugerentes, caso de la transformación que éste sufre mientras hace el amor con una muchacha, con la doble lectura sexual que ello conlleva; la sorpresiva y simpática vuelta de tuerca final; o la asociación planteada entre el terrenal psicópata y el fantasioso hombre lobo por medio del pernicioso influjo que la luna tiene sobre sus actos, llevándoles a cometer terribles asesinatos sin que ambos puedan ser capaces de evitarlo.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Sería esta la primera vez dentro de la obra de Naschy que tal personaje es llamado por su nombre real, pese a que su figura se adivine en la mayoría de los personajes femeninos anteriormente aparecidos en la filmografía de éste, caso de la Wandesa de la fundacional La marca del hombre lobo (1968) o de la Mabille de Lancré de El espanto surge de la tumba (1972).

Published in: on marzo 14, 2008 at 12:28 pm  Comments (9)  
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9 comentariosDeja un comentario

  1. La semana que viene, que será el turno de “La venganza de la momia” en este repaso de la filmografía de Carlos Aured, adelantaremos su publicación al miércoles, dado que el viernes es fiesta.

  2. Muy buen texto, cerebrin. Mis felicitaciones.

    Me ha hecho gracia la alusión a la posible relación sentimental entre ambos hombres lobo….

  3. Jajaja, esa era la intención.

    Y muchas gracias por las felicitaciones. 😉

  4. Esa incoherencia argumental que señalas (dos apariencias distintas para la que se supone que es un mismo tipo de criatura) ya se da en algunas de las primeras manifestaciones cinematográficas del mito. ¿Simple falta de coherencia o asumido frikismo homenajeador por parte de Molina…?. No me extrañaría ni lo uno ni lo otro.

  5. En este caso, como digo en la reseña, lo aprovecha en beneficio de la historia, para crear cierta confusión en el personaje, así que me decanto más por la primera opción que planteas.

    En cambio, en otros casos más clásicos, es más frecuente que caigan en ese error conscientemente, para crear mayor impacto cuando aparezca por primera vez el maquillaje del hombre lobo.

  6. Sí, seguramente tengas razón.

  7. […] secuela de uno de sus títulos míticos, El retorno de Walpurgis – reseña de La abadía: https://cerebrin.wordpress.com/2008/03/14/el-retorno-de-walpurgis/ -, dirigida en 1973 por Carlos Aured y, por último, La venganza de la momia (1973) – reseña […]

  8. […] Fisher, La marca del hombre lobo, de Enrique López Eguiluz, La noche de Walpurgis, de Klimovsky, o El retorno de Walpurgis, de Carlos Aured. No en vano, las tres últimas películas también pertenecen a la factoría […]

  9. […] la filmografía naschyana como El espanto surge de la tumba, Los ojos azules de la muñeca rota o El retorno de Walpurgis. Sin embargo, los problemas no tardaron en aparecer, y tras las dos primeras semanas de rodaje […]


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