El caso de las dos bellezas

Título original: El caso de las dos bellezas / Rote Lippen, Sadisterotica

Año: 1969 (España, Alemania)

Director: Jesús Franco

Productores: Adrian Hoven, José López Moreno

Guionistas: Jesús Franco, Luis Revenga sobre una idea de Karl Heinz Mannchen

Fotografía: Jorge Herrero, Franz Hofer [no acreditado en la versión española]

Música: Fernando García Morcillo, Jerry Van Rooyen [no acreditado en la versión española]

Intérpretes: Janine Reynaud (Diana), Rosanna Yanni (Regina), Adrian Hoven (Señor Radeck), Chris Howland (Francis McClune), Alexander Engel (Albert Carimbuli), Marcelo Arroita-Jáuregi (Inspector Tanner), Manolo Otero (Vittorio Freda), Dorit Dom [Maria Dom] (Bailarina), Ana Casares (Lida), Michel Lemoine (Morpho), Jesús Franco (Napoleón Bolívar), María Antonia Redondo (Lida Regnier), Vicente Roca (Gerente de la galería de arte), Marta Reves (Isma), Manuel Velasco (Recepcionista), Elsa Zabala (Dueña de casa de modas), Ana Puertólas, Karl Heinz Manchen (Crítico de arte), Julio Pérez Tabernero…

Sinopsis: En una famosa casa de modas se comete un crimen y, misteriosamente, el cuerpo de la víctima desaparece. Mientras, en una exposición roban un cuadro dejando la marca de unos labios rojos, que al parecer pertenecen a un famoso detective femenino que también actúa de delincuente. La policía ya conoce su modus operandi, alguna vez ha colaborado con ellos, sin embargo a más de uno le gustaría echarle el guante. Actualmente, “Labios Rojos”, que así se llama la ficticia detective, trabaja para un millonario, ex prometido de la modelo muerta, quien quiere saber los motivos de la desaparición de sus restos.

Rodada de forma conjunta en idénticas localizaciones y con prácticamente el mismo elenco que Bésame, monstruo Küss mich, monster (1969), título con el que forma una especie de díptico, El caso de las dos bellezas / Rote Lippen, Sadisterotica (1969) es uno de esos cómics cinematográficos tan frecuentes durante la primera etapa de la extensa carrera de su realizador, el inclasificable Jesús Franco; una corriente en la que se inscribe un productos tan señero de la filmografía de éste como  Lucky el intrépido / Agente speciale L.K.: operazione Re Mida / Lucky M. füllt alle Surge (1967), apócrifa versión del personaje creado para la viñeta por Ibáñez “Anacleto, agente secreto”.

Más allá de eso, El caso de las dos bellezas se antoja como un auténtico compendio de personajes recurrentes dentro de la filmografía franquiana. De entrada, se trata de una nueva aventura de “Labios rojos”, nombre tras el que se esconden dos despampanantes mujeres de doble vida, cruce de ladrones de guante blanco e investigadores privados, un poco a la manera de los antihéroes prototípicos del fumetto nero italiano. La presentación de este personaje se produciría en un ignoto film homónimo de 1960, en el que también aparecía por primera vez Radeck, típico villano franquiano al que podemos encontrar en otros títulos como Vampiresas 1930 (1962), La muerte silba un blues (1964), o el film que nos ocupa.

Asimismo, también tenemos al inspector de policía Tanner, personaje que al igual que su icónico mad doctor Orloff, fue tomado por el madrileño de la obra literaria del inglés Edgar Wallace – cosa no muy de extrañar habida cuenta de la multitud de influencias tanto literarias como cinematográficas que jalonan el universo fílmico de tan peculiar realizador –, produciéndose el debut de ambos en la considerada por muchos como la obra maestra de Franco, Gritos en la noche / L’Horrible Dr. Orloff (1961). Precisamente en esta cinta también aparecería por primera vez Morpho, el sirviente mudo y monstruoso del villano de turno, quien en esta ocasión nos es presentado físicamente como si de un primo cercano del hombre lobo se tratara.

Protagonizada por la francesa Janine Reynaud y Rosanna Yanni, actriz argentina afincada en España, cuya presencia e interpretaciones, mezcla de sensualidad, erotismo e ingenuidad, se convierten en uno de los mayores atractivos del film, el resultado de El caso de las dos bellezas es una refrescante y divertida cinta seudo-policíaca de tono ligero; un delirio pop lleno de color y vitalidad en forma de cómic que no olvida su origen ficticio – en un momento dado, la Yanni traspasa la llamada cuarta pared para indicar al operador que cierre el plano con el objeto de que no la fotografíe desnuda -, rodado con gran desparpajo por Franco, pese a su habituales carencias como narrador y cierta falta de ritmo en el conjunto, no faltando sus acostumbradas referencias cinéfilas– argumento con ecos a Los crímenes del museo de cera, un personaje de nacionalidad italiana apellidado Freda, parodias a James Bond… -, e, incluso, dejándose entrever algunos de los elementos que poco tiempo después acabarían por convertirse en omnipresentes en las producciones del realizador madrileño, caso de las tendencias fetichistas y el gusto por las escenas de tortura, sin olvidar la ya por entonces tradicional escena del espectáculo musical desarrollado en un cabaret.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on marzo 17, 2008 at 12:17 pm  Dejar un comentario  

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