Desafío en Río Bravo

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Título original: Desafío en Río Bravo / Jennie Lee ha una nuova pistola / Duel à Rio Bravo

Año: 1965 (España, Italia, Francia)

Director: Tulio Demicheli

Productores: Natividad Zaro, Italo Zingarelli

Guionistas: Tulio Demicheli, Guy Lionel [no acreditado en la versión española], Gene [Eugenio] Luotto, Chen Morrison [no acreditado en la versión española], Giovanni Simonelli [no acreditado en la versión española], Natividad Zaro, Italo Zingarelli [no acreditado en la versión española]

Fotografía: Mario Capriotti [no acreditado en la versión española], Guglielmo Mancori

Música: Angelo Francesco Lavagnino

Intérpretes: Guy Madison (Wyatt Earp / Laramie), Fernando Sancho (Pancho Bogan), Gérard Tichy (Zack Williams), Madeleine LeBeau (Jennie Lee), Carolyn Davys [acreditada como Cordin Davis] (Clementina Hewitt), Massimo Serato (Sheriff Leo), Olivier Hussenot (Juez), Álvaro de Luna (Pistolero de Williams), Xan Das Bolas (Peón mejicano), Beni Deus (Traidor), Juan Maján, Evar Maran, Dario Michaelis, Hollis Morrow, Claudio Scarchilli, Pilar Vela, Juan Santiago, Ariz-Navarreta…

Sinopsis: El comercio en una ciudad minera es imposible, ya que unos maleantes se dedican a asaltar todos los convoyes de plata. La dueña de un Salón, harta por la situación, llama a Wyatt Earp, el sheriff más famoso del Oeste. Este pronto descubre que los pistoleros están a sueldo de Zack Williams, apoyado por la debilidad del juez y la indiferencia del actual sheriff. Ante este panorama, Earp decide emprender la batalla en solitario, animado por los bellos ojos de Clementina, propietaria de una de las últimas minas en explotación.

El 26 de octubre de 1881 se produjo uno de los hechos más míticos y legendarios de la corta historia de los Estados Unidos: el tiroteo del O.K. Corral, sito en Tombstone (Arizona), que enfrentó a los Earp contra los Clanton, y en el que se dice que en el corto espacio de medio minuto se dispararon tantas balas como segundos transcurrieron, muriendo tres de los contendientes y produciéndose el mismo número de heridos. Este hecho, bastante ilustrativo del porqué del apelativo de Salvaje Oeste, ha pasado a la posteridad, entre otras cosas, por la visión que de él ha dado el Séptimo Arte. De entre las diferentes películas que han abordado este acontecimiento, destacan dos obras maestras de la talla de Pasión de los fuertes (My Darling Clementine, 1943) de John Ford y Duelo de titanes (Gungfight at the O.K. Corral, 1957) de John Sturges, culpables en cierta medida de que uno de sus protagonistas, Wyatt Earp, haya derivado en todo un héroe de la cultura popular estadounidense.

Sin embargo, la fama de este personaje no se ha circunscrito únicamente al territorio norteamericano. Un ejemplo de ello lo tenemos en la existencia de un film como Desafío en Río Bravo / Jennie Lee ha una nuova pistola / Duel à Rio Bravo (1965), coproducción franco-hispano-italiana realizada en pleno apogeo del western mediterráneo cuyo protagonismo recae en el referido Earp. Ambientada temporalmente cuatro años después de los sucesos del OK Corral, su trama nos sitúa en otro pueblo de Arizona llamado Río Bravo – como bien se encarga de recordarnos un oportuno cartel al comienzo de la proyección -, en el que es requerida la presencia del infalible pistolero para acabar con los abusos de un cacique local.

16 Gunmen Rio Grande lobby

Pero tan rutinaria historia no es sino un pretexto bajo el que habita un pastiche formado a base de referencias a algunos de los títulos más destacados del género en el que se inscribe. Tal es el caso de Río Bravo (Rio Bravo, 1959) de Howard Hawks, del que, aparte de compartir título por motivos eminentemente comerciales, toma prestados ciertos elementos argumentales, como ese sheriff de hábitos alcohólicos que encontrará la oportunidad de redimirse, o de El hombre de Laramie (The Man from Laramie, 1955) de Anthony Mann, película presente en el detalle de que Earp adopte el nombre de Laramie al llegar a la ciudad donde se desarrolla la historia para pasar desapercibido.

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No obstante, es en todo lo referente a Earp donde dicha circunstancia se hace más patente. Así, a lo largo de la cinta se hacen alusiones tanto a los datos biográficos del personaje real – en un momento dado, para justificar su propia cobardía el sheriff  le recordará el triste destino de sus dos hermanos, el uno asesinado y el otro incapacitado de por vida-, como de su alter ego cinematográfico – al igual que en la anteriormente citada Pasión de los fuertes, Earp se enamorará de una muchacha llamada Clementine -, siendo dicho personaje interpretado por el norteamericano Guy Madison, actor característico del western de serie B de su país de la década de los cincuenta que por la época de la producción de la cinta se encontraba instalado en el viejo continente al calor de las coproducciones de género.

Este clasicismo del que hace gala la cinta, pese a sus orígenes europeos, se ve también refrendado en su  factura formal, principalmente debido a su bella fotografía y a la competente labor de su realizador, Tulio Demicheli. Éste, en su primera incursión en los terrenos del western, muestra una sorprendente soltura para con las constantes del género, en especial en la planificación de su inspirado duelo final, el cual no tiene nada que envidiar a los de las películas clásicas que toma como referente, dotando a la narración de un dosificado y agradable tono ligero, dentro de una puesta en escena de remarcada riqueza visual en la que el argentino aprovecha un guión que, aparte del entretenimiento que plantea el descubrir las numerosas referencias cinéfilas que encierra, presenta a unos personajes que, más allá de su condición de meros arquetipos, resultan mejor perfilados que los que eran usuales en la mayoría de producciones coetáneas de similares características[1]. En este contexto, el mayor hándicap de este Desafío en Río Bravo reside en la total falta de cadencia rítmica de la que adolece el conjunto, razón esta que acaba por motivar que su visionado no sea una experiencia todo lo placentera como pudiera antojarse en un principio.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Sirva como ejemplo de ello el bandido mejicano interpretado por nuestro Fernando Sancho, para quien el honor es lo más importante, hasta el punto de no dudar en favorecer a Earp cuando dos esbirros del villano, a quien le unen intereses comunes, traten de dispararle por la espalda, surgiendo a partir de ese momento una simpática relación entre ambos personajes. Precisamente, es este rol la concesión más reseñable de toda la película a los rasgos habituales del western mediterráneo.

Published in: on marzo 24, 2008 at 12:34 pm  Comments (5)  

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5 comentariosDeja un comentario

  1. Jozeluí, te la tomo prestada para mi Territorio.

    Moltes gracies a vuasé.

  2. ¿Qué te pacha en la boca? 😛

  3. Figúrate lo que tiene dentro de ella….

    jijijijijji

  4. Simplemente que me acababa de echar unas birras con los amigotes.

    Malpensaos…

  5. Borracho…


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