El sabor de la venganza

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Título original: El sabor de la venganza / I tre spietati

Año: 1963 (España, Italia)

Director: Joaquín L. Romero Marchent

Productores: Manuel Castedo, Adriano Merkel

Guionistas: Joaquín L. Romero Marchent [acreditado como Joaquín Hernández Marchent], Rafael Romero Marchent, Jesús Navarro Carrión, Marcello Fondato [no acreditado en la versión española]

Fotografía: Rafael Pacheco

Música: Riz Ortolani

Intérpretes: Richard Harrison (Jeff Walker), Robert Hundar [Claudio Undari] (Chris Walker), Gloria Milland [Mara Fiè] (Louise Walker), Miguel Palenzuela (Brad Walker), Fernando Sancho (Pedro Ramírez), Gloria Osuna [acreditada como Evelyn Merril] (Susan Westfall), Luis Induni (Westfall), José Manuel Martín (Richard), Alfonso Rojas (Grayson), Carlos Romero Marchent (Rock), Francisco Sanz (Juez), José Truchado (Parker), José Riesgo (Padre de los Walker), Gaspar “Indio” González, Aldo Sambrell, Rufino Inglés (Esbirros de Parker), Andrea Scotti, Raf Baldasarre, Emilio Rodríguez (Ayudante Merrill)…

Sinopsis: Un hombre es bárbaramente asesinado por unos forajidos. Pasado el tiempo, sus hijos, que presenciaron el homicidio, buscan venganza, cada cual con base en su respectiva personalidad y moralidad.

Si hay un macguffin asociado de una forma indeleble a un género, este es el de la venganza y su sempiterna relación con el spaghetti-western. Sobre él se cimentarían los argumentos de la mayoría de títulos adscritos a esta corriente, hasta el punto que resulta difícil pensar en algún ejemplo que rehuya el tema (aunque haberlos hailos), y sobre este concepto se apoya el argumento de El sabor de la venganza, segunda incursión estrictamente hablando en los terrenos del western del pionero Joaquín Romero Marchent. Para este nueva oportunidad, el director madrileño volvería a contar con el apoyo de la firma italiana P.E.A., corriendo la parte española de de mano de Centauro Films, productora creada para la ocasión por el propio Joaquín en sustitución de la habitual Copercines de Eduardo Manzanos, para la cual había realizado sus tres anteriores películas.

Dicho cambio se antoja determinante para que su rodaje se llevara a cabo en Almería en sustitución del poblado de Hoyo de Manzanares propiedad de Manzanos, como había sido norma hasta el momento. De esta forma, El sabor de la venganza se convertiría en el segundo western con participación española rodado en aquellas tierras, tras la inaugural Tierra brutal / The Savage Guns (1962) de Michael Carreras, pero, lo más importante, el responsable de descubrir a la industria italiana las enormes posibilidades que brindaban unos desérticos parajes que, desde aquel mismo momento, se convertirían en escenarios de la mayoría de cintas mediterráneas ambientadas en el Oeste.

Ya desde la misma escena con la que se abre la cinta nos son presentados los acontecimientos que marcaran el discurrir del resto de la historia: una banda de forajidos huidos de la justicia llegan a un rancho situado en medio del desierto en donde vive un matrimonio con sus tres hijos pequeños. Una vez allí, los bandidos intentan violar a la mujer, asesinando al marido ante la atónita mirada de los pequeños, quienes desde aquel mismo instante juran cumplir venganza contra el grupo de malhechores. Como no podía ser de otra forma, este traumático hecho, junto con la educación basada en el odio y rencor inculcada por su madre, influirá en la futura personalidad de los tres muchachos, aunque de manera muy distinta.

Así, Chris, el mediano de los hermanos, interpretado con su habitual buen oficio por el italiano Robert Hundar en un papel con no pocos parecidos al que había desarrollado también bajo las ordenes de Romero Marchent en la previa Cabalgando hacia la muerte (El Zorro), se ha convertido ya de adulto en otro asesino igual a los que él busca – en este sentido resulta reveladora la secuencia en la que éste llega a un rancho buscando un caballo de refresco, en la que apunto esta de repetir la misma escena que a él le marco de niño, momento en el cual parece tomar conciencia de en que tipo de ser se ha transformado -, mientras que el menor, Jeff (1), estudia para convertirse en agente federal y, con la ley en su mano, poder encarcelar a los asesinos de su padre. En cuanto al mayor de los hermanos, Brad, presenta el perfil más racional y menos apasionado, personificando un punto intermedio entre ambas actitudes: si bien comparte las mismas ansias de venganza que Chris, prefiere los métodos legales de Jeff, quizás por no tener ganas de complicarse la vida al tener una familia y unos negocios en los que pensar.

Sobre este punto de partida, Romero Marchent construye una historia en la que contrapone la pasionalidad del ojo por ojo con la frialdad de la fe en la justicia, poniendo en tela de juicio la espiral que crea la violencia, lo peligroso del vivir con odio, y lo difícil de hacer prevalecer la ley en un lugar como el Oeste, donde la única ley que se conocía era la del más fuerte. De este modo, llegado el momento, Jeff, o lo que es lo mismo, la justicia, y Chris, el odio, no tendrán más remedio que discernir sus diferencias para dilucidar la suerte del único superviviente de la partida de desalmados que les dejaron huérfanos. Un enfrentamiento que en el caso de Jeff se dará por partida doble, ya que a parte de tener que enfrentarse a su propio hermano para poder cumplir con su deber, y con ello, reafirmar que sus ideales son los correctos, tendrá que poner a prueba a sus propias emociones y sentimientos, puesto que el hombre al que acusa de haber matado a su progenitor es, a su vez, el padre de su amada. Pero a pesar de esta encrucijada moral en la que se encuentra el personaje, resulta fascinante el modo en el que su realizador consigue que a partir de este punto las simpatías del público vayan a parar al impulsivo de Chris, antes que a el honrado defensor de la ley, ya que, al fin y al cabo, el primero no deja de ser una pobre víctima del ambiente en el que ha crecido, como bien se encargará de recordarnos su desgarradora escena final.

Sin lugar a dudas, nos encontramos ante el primer gran western europeo, y uno de los pocos títulos reivindicables de los producidos antes de la eclosión del género con los primeros trabajo de Leone. Una apreciación en la que tiene mucho que ver la envidiable narrativa y enfoque dramático que imprime al conjunto Romero Marchent, demostrando hallarse más a gusto con una historia propia guionizada junto a su hermano y futuro puntal del género en España, Rafael, a la sazón ayudante de dirección en este título, y Jesús Navarro, que en sus anteriores colaboraciones con Manzanos bajo libreto de Mallorquí, si bien ello no fuera óbice para que, como en él era costumbre, volviera a rodearse de su grupo habitual de colaboradores, caso del operador Rafael Pacheco, o de los actores Fernando Sancho, Aldo Sambrell, Raf Baldasarre o el citado Hundar.

Con todo merecimiento, la película resultante conseguiría un considerable éxito en su momento de estreno, tanto por parte de la crítica como del público. Sin ir más lejos, los lectores de la revista cinematográfica española Film Ideal la considerarían la sexta mejor película patria de aquella temporada, mientras que en Italia cosecharía un auténtico taquillaza en su exhibición en cines. Y ello, a pesar de que para su distribución en aquel país, Alberto Grimaldi, dueño de la P.E.A., y siempre según las palabras de Rafael de España en su imprescindible Breve historia del western mediterráneo, eliminó nada menos que quince minutos de metraje, redundando tales supresiones en una simplificación de la trama a favor de la acción pura y dura.

José Luis Salvador Estébenez

(1) Dicho personaje es incorporado por el estadounidense Richard Harrison, uno de los pocos actores surgidos del peplum que, a pesar de sus limitados registros y tal vez beneficiado por una musculatura no tan exagerada como la habitual en el resto de intérpretes de aquel género, logró seguir con su carrera una vez pasada la fiebre por el “cine de romanos”.

21 comentarios en “El sabor de la venganza

  1. Continuamos con el dossier dedicado a Robert Hundar con la maravillosa “El sabor de la venganza”, uno de los mejores westerns españoles.

  2. Hombre, es una co-producción hispano-italiana. Pero claro, en la versión italiana hay muchos actores doblados; y en la española, otro tanto. Así pues, para ver una peli doblada al italiano o al español, prefiero al español. Además, por la ficha técnica de arriba, parece que el 80 % de los actores son españoles ( que también están doblados, claro, a veces por ellos mismos, pero quizás otros no … )

  3. ¿Que qué subtítulos quiero?

    ¿Es que los sordos no tienen derecho a disfrutar de estas películas? Coño, tanta integración del discapacitado y tanta leche para nada…

    Ya sé porqué tienes el “celebro” tan pequeño, si casi ni lo usas. 😛

  4. Respecto a lo de los subtítulos para sordos, desde mi punto de vista el Ministerio de Cultura debiera exigir que TODAS las películas que se editaran en nuestro país debieran llevar obligatorios subtítulos de este tipo, y quienes no lo hicieran inflarlas a impuestos para que no les compense económicamente ahorrárselos. Que meter unos subtítulos no cuesta nada, que nosotros estamos hartos de hacerlos en nuestros montajes privados…

    Como cinéfilo, preferiría subtítulos de los habituales, pero no me importaría, si hubiese esa integración masiva, disponer de subtítulos descriptivos de esos. Al cabo de un rato te acostumbras a los “Guau guau” y “ring”…

  5. Es que eso debería de ser así por ley, pero claro, si las cadenas estatales no subtítulan ni la mitad de su programación, con que cara van a exigir a otros que hagan lo que ellos no hacen…

  6. Mucho amor al “western mediterráneo” y luego resulta que la Filmoteca Española le dedica un ciclo y en las proyecciones lo máximo son diez personas por sesión, todo el mundo en su casa viendo la tele. El verdadero aficionado al cine va a las salas de cine. Además ponen copias nuevas con un color impresionante

  7. Hombre, no se que decirte, a las que he ido yo que son las de las 10 de la noche, salvo algún caso puntual como “La tumba del pistolero” que si es cierto que estaba algo vacía, si que ha ido bastante gente.

    De todos modos con los ambientes que se suelen dar en según que proyecciones, con gente que en lugar de ir a ver una película y disfrutarla, parece que van a reirse de ella, no me extraña que haya gente que prefiera quedarse en casa y no soportar estupideces.

    Eso si, como tu bien dices las copias que estan pasando de algunas de ellas tienen una notable calidad. Lástima que en la mayoría de los casos tiren del montaje español que suele estar censurado, y que el proyeccionista este a veces en las nubes, como paso el día que fui yo a ver “Django”.

  8. Jose Luis, te la tomo prestada para donde tú sabes, que no tengo nada disponible y estoy hasta los cojones de hacer parciales cada semana y media…

  9. Esa lengua… 😛

    Toda tuya. De todas formas, espera a ver si saco un poco de tiempo y esta misma tarde te mando una “director cut”, que me gustaría tocarle un par de cositas que vistas con el tiempo no me convencen como están escritas. 😉

  10. Pues si no es mucha molestia… Ya te he mandado la versión corregida, que ayer al final se me atragantó una cosa que estaba escribiendo y no pude ponerme con ella. Perdón por el retraso. 😉

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