El Barón Rojo

El Barón rojo

Título original: The Red Baron / Von Richtofen and Brown

Año: 1971 (Estados Unidos)

Director: Roger Corman

Productores: Gene Corman (ejecutivo), Jimmy T. Murakami (asociado)

Guionistas: John William Corrington y Joyce Cooper Corrington

Fotografía: Michael Reed

Música: Hugo Friedhofer

Intérpretes: John Phillip Law (Barón Manfred von Richthofen), Don Stroud (Roy Brown), Barry Primus (Hermann Goering), Corin Redgrave (comandante Lanoe Hawker), Karen Huston [Karen Ericson] (Ilse), Hurd Hatfield (Anthony Fokker), Stephen McHattie (Werner Voss), Brian Foley (Lothar von Richthofen), Robert La Tourneaux (Ernest Udet), Peter Masterson (comandante Oswald Boelke), Clint Kimbrough (comandante von Höppner), Tom Adams (Owen), Ferdy Mayne (padre Richthofen)…

Sinopsis: Es la Primera Guerra Mundial. En los cielos europeos combaten los alemanes junto a los aliados que se enfrentan al rígido ejército prusiano. Entre los primeros destaca Von Richtofen, apodado el Barón Rojo. Entre él y Brown, un aviador canadiense, se empieza a desatar un duelo a mitad de camino entre el desprecio y la admiración.

Dentro del cine norteamericano, el sub-género de la aviación es todo un referente. Máxime el centrado durante la Primera Guerra Mundial; esa época es muy útil para reflejar la sempiterna sinrazón y barbarie de la guerra, pero al tiempo brinda un interesante contrapunto romántico ambientado en una época en la cual se daba la caballerosidad entre los bandos contrincantes. Desde que en 1929 Alas (Wings, 1927) consiguiese el primer Oscar de la historia a la mejor película, esta temática ha tenido una gran tradición, e incluso grandes realizadores, como Howard Hawks o William A. Wellman, se han especializado en la misma.

Desde que en los años 50 Roger Corman debutara en el cine como director, fue escalando, dentro del cine de género, las categorías artísticas que van desde la Z a la B. Sin embargo, siempre tuvo ínfulas artísticas, como demuestran algunas de sus cintas, como la excelente La máscara de la Muerte Roja (The Masque of the Red Death, 1964) o la risible Gas! [tv: Gas, 1971]. A principios de los 70 tenía un cierto prestigio entre la crítica, en especial entre la francesa; además, amén de director era importador de cine europeo, llevando a los Estados Unidos el cine de autores como Bergman o Antonioni. E incluso lo más granado de la industria había contado con él para La matanza del día de San Valentín (The St. Valentin’s Day Massacre, 1967), contratándole la Fox para dirigir el film. Cuando acometió la realización de El Barón Rojo (producida, con un presupuesto holgado, por él mismo junto a su hermano Gene, para lo cual fundan The Corman Company) tenía la esperanza de que esta fuera un peldaño más hacia el escalafón más alto que buscaba. Sin embargo, el film fue un fracaso, tanto comercial como crítico, y frustrado decidió abandonar el cine en el ámbito de director, volcándose sólo a la producción y distribución (años después intentaría un nuevo retorno con Frankenstein Unbound [tv/vd: La resurrección de Frankenstein, 1990], pero un nuevo fracaso le hizo desistir definitivamente).

El problema con El Barón Rojo es que se trata de una película enormemente aburrida; una película sin emoción. Parte de ello está motivado por  el guión, debido a John William Corrington y Joyce Cooper Corrington, un matrimonio más o menos de moda en la época que siempre se creyó por encima del material que manejó; sucedió en la última entrega cinematográfica de El planeta de los simios Battle for the Planet of the Apes [tv: Batalla por el planeta de los simios; vd/dvd: La conquista del planeta de los simios, 1973] -, sucedió en su prepotente adaptación de Soy leyenda en El último hombre… vivo (The Omega Man, 1971), y también sucede aquí, su debut en la pantalla grande. En todo caso, el defecto que el pomposo matrimonio detenta aquí es un tanto lo que sucedía en el cine americano de la época: tras Vietnam y mayo del 68 el público había oscurecido su mirada, y rechazaba el cine de género que venía de Hollywood, mostrándose más interesado por los nuevos modelos de cine provenientes de Europa, el free cinema inglés, la nouvelle vague francesa o Antonioni en Italia. Los directores y guionistas norteamericanos seguían realizando cine de género, pero al tiempo se afanaban en buscar el enfoque narrativo y estilístico que procedía de Europa. El resultado era un cine indeciso que basculaba entre el cine de evasión y el de mensaje, nadando en una tierra de nadie que a nadie satisfacía.

El Barón Rojo es un ejemplo de eso. Es una película demasiado cerebral para un tipo de cine que ha de ser emocional. Las batallas aéreas son pesadas y plúmbeas, muy mal rodadas, a tal punto que no sabemos a quién pertenece cada uno de los aviones, que vemos revolotear incesantemente ante la cámara. Cuando los personajes se posan en tierra se ven forzados a declamar unos diálogos que buscan a la desesperada soltar frases solemnes, demostrar que estamos ante un cine de mensaje. Y este es un tipo de película cuyo mensaje ha de devenir de la acción, no de la palabrería. Cintas de treinta y cinco años atrás, como The Dawn Patrol [tv: La patrulla del amanecer, 1938], de Edmund Goulding, por poner un ejemplo, demostraron cuál era el camino. El Barón Rojo es un pálido reflejo de aquel tipo de cine, una película indecisa que buscaba como fuera contentar a todo el mundo, y finalmente a nadie contentó.

Protagoniza un John Philip Law que buscaba las altas cimas del éxito, y para ello aprovechó su don de lenguas y formación europea para concebir un Von Richtofen solemne y germánico, con un sutil acento que, sin embargo, no logra esquivar lo ampuloso de la escritura de los textos que ha de declamar. Una lástima, porque de haber sido el film un éxito, quizás Law se hubiera convertido en una gran estrella.

Carlos Díaz Maroto




8 comentarios en “El Barón Rojo

  1. Proseguimos con el dossier dedicado a John Phillip Law, con esta reseña de Carlos Díaz Maroto sobre «El Barón Rojo», cinta dirigida por el rey de la serie B Roger Corman, con la que estoy bastante de acuerdo. Es una cinta a la que le falta mucha chispa para intentar a acercarse a lo que, quien más quien menos, esperaría encontrar en ella.

  2. Un excelente analisis de la película (que por cierto no he tenido el gusto de ver). A mi me encanta Corman, pero he de reconocer que no era un autor, sino un empresario con una avidez enorme a la hora de sacar partido de sus proyectos. El tío era un lince y tampoco hacia nada mal su trabajo, cosa que bajo mi punto de vista es de admirar.
    Un saludo!

  3. A mi Corman también me gusta mucho, sobre todo su ciclo sobre Poe, pero precisamente creo que en el momento que «se lo creyó», fue cuando le salieron las películas más fallidas.

  4. Exacto. Para mí Corman fue un buen director, pero no un genio. En lo que me parece un genio es en las finanzas y en el descubrimiento de nuevos valores.

    Su cine comenzó en los 50 con cine muy pobre en muchos sentidos, aunque es obvio que él tenía más capacidad que muchas mediocridades de las que hizo en esa época. Con su ciclo Poe demostró hasta dónde podía llegar, pero también en esa época comenzó a mostrar sus limitaciones. Tiene películas magistrales (Usher, La Máscara…) pero otras que no lo son tanto, pero que él se creyó que hacía el no va más…

  5. Este domingo la revise y, aparte de lo que citas, me parecio que la narración es de lo más deslavazada, ¿no? Aparte que, salvo los dos personajes principales, y siendo un poco generoso el jefe de la escuadrilla británica, no hay más personajes minimamente desarrollados como tal en la película…

  6. Exacto…. La narración pretende ser «dividida», confrontando dos formas de pensar… Pero es que todo se queda en aguas de borrajas, tiene muchas pretensiones pero no capacidad para desarrollarlas. El fallo, ante todo, estriba en el guión, pero Corman tampoco estuvo especialmente despierto para plasmarlo.

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