La momia: La tumba del emperador dragón

Título original: The Mummy: Tomb of the Dragon Emperor

Año: 2008 (Estados Unidos, Canadá, Alemania)

Director: Rob Cohen

Productores: Sean Daniel, Bob Ducsay, James Jacks, Stephen Sommers

Guionistas: Alfred Gough, Miles Millar

Fotografía: Simon Duggan

Música: Randy Edelman

Intérpretes: Brendan Fraser (Rick O’Connell), Jet Li (Emperador Han), Maria Bello (Evelyn O’Connell), John Hannah (Jonathan Carnahan), Michelle Yeoh (Zi Juan), Luke Ford (Alex O’Connell), Isabela Leong (Lin), Anthony Wong Chau-Sang (general Yang), Russel Wong (Ming Guo), Liam Cunningham (Perro Loco Maguire)

Sinopsis: Rick y Evelyn O’Connell decidieron hace tiempo retirarse de misiones arriesgadas. No obstante, el aburrimiento de una vida sin acción y el deseo de ver a su hijo Alex en China -quien recientemente ha realizado uno de los descubrimientos arqueológicos más grandes de la historia: el hallazgo de la tumba del emperador dragón- les sirve de motivación para enfrentarse a una nueva misión.

En 1999, Stephen Sommers conocía el, hasta el momento, mayor éxito de su carrera con La momia. Lo que en principio debía de haber sido una revisitación del clásico del cine de terror rodado en 1932 para la Universal por Karl Freund, y que lanzara definitivamente al panteón de las leyendas del género a su protagonista, Boris Karloff, en las manos de Sommers se convertía en una trepidante cinta de aventuras bien engrasada, con unas agradecidas y equilibradas dosis de comedia, que, en conjunto, tanto por argumento como por estilo, recordaban, y no poco, a la saga protagonizada por el arqueólogo cinematográfico por excelencia: Indiana Jones.

Debido a la buena taquilla que originó la película en su día, esta contó con una secuela, la muy inferior pero no del todo despreciable, dentro de su contexto, El retorno de la momia, la cual a su vez conoció un spin-off, El rey escorpión – cinta que, dicho sea de paso, tendrá una continuación por estas fechas, aunque en este caso destinada al mercado videográfico doméstico -, convirtiéndose en el principal detonante de la aparición de una oleada de cintas que, sobre idénticos mimbres, mezclaban las aventuras en entornos más o menos exóticos con la búsqueda de algún tipo de objeto seudo-arqueológico con propiedades casi – o sin el casi – fantásticas.

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A la vista del renacido interés por parte del público hacia este tipo de cine, promovido principalmente por la vuelta a las carteleras del personaje creado por Lucas, Spielberg y Ford tras casi veinte años de ausencia, parecía lógico que los responsables de la franquicia protagonizada por los O’Connell aprovecharan la ocasión para perpetrar una nueva entrega de la saga, cosa que finalmente ha ocurrido, pero con varios cambios sustanciales.

El primero de ellos y principal tiene como protagonista a Sommers, director y guionista de las previas que en esta ocasión ha pasado a desempeñar tareas de producción cediéndole la batuta a Rob Cohen, realizador no demasiado brillante pero con una cinta en su haber bastante apreciable dentro del género de aventuras, Dragonheart, quizás lo más conseguido de su filmografía. En cuanto al libreto, éste ha corrido de la mano de Alfred Gough y Miles Millar, dúo de guionistas de la televisiva Smalville y, cuyo trabajo más destacado dentro de su escaso bagaje para la gran pantalla es Spider-Man 2. El segundo cambio, la renuncia de la recientemente oscarizada Rachel Weisza a retomar su personaje de Evelyn, siendo sustituida por Maria Bello. Y el tercero, la nueva ambientación con respecto a los títulos anteriores  de la saga, abandonando los, hasta el momento, habituales parajes egipcios para trasladar la acción a la milenaria China.

De este modo, este nuevo título nos sitúa en 1946, es decir, más de una década después de la última aventura de los personajes. En estos años, Rick y Evelyn han ejercido como espías para los aliados durante el transcurso de la II Guerra Mundial. Sin embargo, una vez acabada la guerra, la tranquila y apacible existencia de la pareja, lejos de los sobresaltos habituales, parece no llenarles del todo, por lo que cuando son encomendados para una última misión, transportar un valiosísimo objeto regalo del gobierno británico al pueblo chino (sic), aceptan sin dudarlo. Por otro lado, su hijo Alex, convertido ya en todo un hombre y siguiendo los pasos de sus progenitores, acaba de hacer en China un descubrimiento arqueológico sin parangón, la tumba del emperador dragón, desencadenando con ello una maldición terrible.

Ciñéndonos al análisis del film propiamente dicho, cabe destacar el servilismo que éste demuestra para con los intereses del Hollywood actual y sus planes para abrir su mercado a Asia, desde la ya referida ambientación en China, pasando por la contratación de varios de los actores más populares de aquellas tierras, caso de Jet Li, hasta detalles mucho menos sutiles. Y es que, mientras hace tan solo unos años era rara la película norteamericana que, ambientada en el gigante asiático, no aprovechara para arremeter de un modo u otro contra el régimen comunista que rige desde hace más de cincuenta años los destinos del país más poblado del mundo, en esta ocasión se pasa de puntillas sobre dicha situación – bien es cierto que el triunfo definitivo del comunismo en China no se produciría hasta un par de años después de la época en la que se ambienta la cinta -, presentándonos una Shangai idílica, y recayendo irónicamente el papel de villanos de la función, aparte del emperador dragón, en un grupo paramilitar fascistoide que trata de acabar con el caos que, según ellos, asola a su país, motivo por el cual pretenden revivir al referido emperador para que encabece su causa.

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Cuestiones de marketing al margen, poco, muy poco por no decir nada podemos señalar a favor de tan endeble producto, empezando por la labor de Cohen, bien sea por una inexistente dirección de actores que denota un total error de casting con Maria Bello a la cabeza, que ni logra hacer olvidar a la Weisz, ni mucho menos conseguir ni una misérrima parte de la química que existía entre ésta y su partenaire, Brendan Fraser, o por el nulo talento que demuestra para con los dos ingredientes sobre los que se sustenta el film, la comedia y la acción, haciendo gala de un estúpido y bobalicón sentido del humor que alza sus cotas más vergonzosas con cierto momento protagonizado por los yetis en el primer caso, y en el segundo haciendo gala de una puesta en escena caracterizada por escenas rodadas y montadas de tan mala manera que es imposible poder captar de forma meridianamente clara nada de lo que ocurre en pantalla, con mención especial para la secuencia de la persecución en las calles de Shangai.

En cuanto al guión no es que sea mucho mejor, ya que, aparte de que su principal función sea la de servir como continente para la acumulación/saturación de ingredientes provenientes de la mitología/cultura oriental – dragones, yetis, el mito de Shangri-La, la gran Muralla China, los guerreros de Terracota… – que a su vez sirvan de excusa para el despliegue del mayor número posible de aparatosos efectos especiales durante el metraje, la chabacana caricaturización que hace de los personajes ya conocidos, y el expolio de motivos y momentos sacados de otros títulos de idéntica catalogación genérica, desde Indiana Jones y la última cruzada hasta el díptico Tras el corazón verde / La joya del Nilo, poco más puede encontrarse en él que no sea una predecible historia que se limita a seguir punto por punto el esquema narrativo de las anteriores entregas, con la excepción de la inclusión de un ridículo intento de proponer un conflicto paternofilial entre Rick y su vástago, arco argumental que es despachado sin siquiera llegar a ser desarrollado más allá de su (invisible) planteamiento.

El resultado, visto lo visto, no solo se aleja de los, pese a quien pese, buenos resultados mostrados por sus predecesoras, tirando por tierra el buen recuerdo que de ellas pudiera tener el espectador, sobre todo de la modélica primera parte, sino de lo que debería de esperarse de una simple película cuyo último fin fuera hacer pasar un rato de honesta diversión a un público mínimamente exigente, viniéndonos a recordar la delgada línea que separa de un tiempo a esta parte a cierto tipo de cine de aventuras con los (malos) videojuegos. Poco más.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on agosto 7, 2008 at 10:38 am  Comments (3)  

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3 comentariosDeja un comentario

  1. Aquí tenéis, por parte del Jefe, reseña de un reciente estreno, para que estéis informados.

  2. Totalmente de acuerdo. Salvo algunos momentos entretenidos me pareción muy mediocre, y encima me resulta un remake de la primera pero con China de fondo, en lugar de Egipto.

    Mira que no sali del todo contento de la última de Indiana Jones, pero es que es una obra maestra al lado de esta momia oriental.

    Saludos!!

  3. […] es plasmado en la película de tal forma que remite, por un lado, a los yetis vistos en la terrible La momia 3: La tumba del emperador dragón en lo concerniente al diseño de sus monstruosas criaturas y, por otro, a la oscarizada Braveheart, […]


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