El precio de un hombre

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Título original: El precio de un hombre / The Bounty Killer

Año: 1966(España, Italia)

Director: Eugenio Martín

Productor: José G. Maesso

Guionistas: José G. Maesso, Eugenio Martín, James Donald Prindle, según la novela Asesino a sueldo (The Bounty Killer) de Marvin H. Albert

Fotografía: Enzo Barboni

Música: Stelvio Cipriani

Intérpretes: Richard Wyler (Luke Chilson), Tomás Milian (José Gómez), Ella Karin [Halina Zalewska] (Eden), Mario Brega (Miguel), Hugo Blanco (El desertor), Glenn Foster [Enzo Fiermonte] (Novak), Lola Gaos, Ricardo Canales, Manuel Zarzo, Tito García (Zacarias), Antonio Iranzo, Luis Marín, Ricardo Palacios (Dueño de parador), José Canalejas (Juan), Frank Braña, Fernando Sánchez Polack (Secuaces de Gómez), Saturno Cerra, Augusto Pesarini, Goyo Lebrero (Cajero del banco), Enrique Navarro, Rafael Vaquero, Gonzalo Esquiroz, Antonio Cintado, Chiro Bermejo, Luis Barboo (Guardián)…

Sinopsis: Luke Chilson es un cazador de recompensas frío y metódico, que persigue a dos miembros de la banda del bandido mexicano José Gómez. Tras matar a uno, el otro logra huir y llega al poblacho donde vive la novia de Gómez, la ingenua Eden. Entre ambos, urden un plan para salvar a Gómez de la expedición que lo lleva a la cárcel de Yuma para ejecutarlo. Una vez liberado, Gómez se persona en dicho poblado con su banda reorganizada, donde progresivamente desvelará su auténtica personalidad de criminal egoísta y demente.

Adaptación de la novela del autor norteamericano Marvin H. Albert Asesino a sueldo (The Bounty Killer), que, pese a que de manera habitual se la suele incluir como uno de los más tempranos títulos surgidos al calor del éxito del segundo western de Sergio Leone, La muerte tenía un precio / Per qualche dollaro in piu / Für ein par Dollar mehr (1965), en realidad es al contrario, y es la génesis del proyecto de El precio de un hombre la que influenció a la segunda entrega de la denominada trilogía del dólar.

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Al menos, eso es lo que se deduce de las palabras de los dos máximos responsables del film, su director, Eugenio Martín, en lo que suponía su debut en el género y que le brindaría una de sus películas más celebradas, y su productor, el extremeño José Gutiérrez Maesso, si bien la versión de los hechos de ambos cineastas difieran de forma sustancial. Así, mientras el director de Pánico en el Transiberiano comenta que fue a través de uno de los guionistas de La muerte tenía un precio a quien junto con Maesso ofrecieron colaborar en el libreto de la cinta, Duccio Tessari, que Leone conoció la existencia del proyecto (1), el veterano y prolífico productor va más allá, y señala que incluso Leone llegó a escribir para él un primer tratamiento a partir de la novela de Albert, pero que al no convencerle su trabajo, no se llevó a cabo el proyecto (2), el cual, de haber cristalizado, habría sido dirigido por el propio Sergio.

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Sea como fuere, El precio de un hombre está considerado merecidamente como uno de los más brillantes westerns hispanos jamás realizados, el cual además sirvió como bautismo en el género de Tomás Milian, en un papel, el de bandido mexicano, que retomaría en innumerables ocasiones a lo largo de su filmografía, y que francamente aquí borda, hasta el punto de que su actuación se erige en uno de los principales valores de la cinta, con un trabajo que llega a eclipsar el del resto de un, por lo general, inspirado reparto, y muy en especial el de su rival en la ficción, el británico Richard Wyler, actor con cierto parecido físico a Leslie Nielsen y que en los años siguientes llegaría a protagonizar otros títulos encuadrados dentro de la corriente caso de Un hombre viene a matar / L’uomo venuto per uccidere (1967) de León Klimovsky, o Winchester Bill / Voltati… ti uccido! (1967) de Alfonso Brescia.

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Teniendo en cuenta que no pocas fuentes acusan al argumento de la presente de poseer un discurso reaccionario, algo así como la desmitificación del bandido mexicano de buen corazón cuyo modo de vida ha sido propiciado por las circunstancias que le han rodeado, tan recurrente en otros spaghettis dirigidos por gente como Sergio Sollima o Giulio Petroni, resulta ciertamente curiosa la elección de Milian para darlo vida, ya que hasta ese momento la carrera del actor cubano se había venido desarrollando dentro del cine de autor italiano, en especial junto a directores de tendencias izquierdistas como Pier Paolo Passolini.

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De este modo, la cinta nos pone tras los pasos de Luke Chilson, un cazador de recompensas que anda a la busca y captura de un bandido mexicano llamado José Gómez, evadido in extremis de una caravana policial que le conducía a una cárcel de máxima seguridad donde debía de ser ejecutado. El bounty killer sospecha que, una vez en libertad, Gómez se dirigirá hacía la aldea donde se crió y en la que vive su novia, a la que aquel ha tenido oportunidad de conocer en un lance anterior. Una vez en el lugar, Luke se encuentra con el rechazo de los habitantes del poblado, quienes le desprecian por ser quien es, “un hombre que vive de matar a otros”, mientras que admiran profundamente a José, al que tienen idealizado como una especie de bandido romántico ayudante de los oprimidos. Así, una vez José caiga en la trampa que le ha tendido Luke, serán los propios vecinos quienes ayuden al primero a escapar de las garras del gringo. Pero una vez José se instale en el lugar y los habitantes presencien sus desmanes y los de sus compinches, decidirán liberar al cazador de recompensas, quien se encontraba preso del bandido, para que acabe con éste.

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Llegados a este punto es de resaltar la labor de Eugenio Martín para producir en el espectador una transformación equivalente a la que viven los personajes que habitan en la aldea donde discurre la práctica totalidad de la acción, sin que por medio existan vínculos afectivos de un modo u otro, como es el caso. Así, en la primera parte de la cinta se nos muestra al cazador de recompensas como un tipo odioso y prepotente, mientras que el bandido mexicano, a pesar de su condición, nos es revelado como alguien con cierto encanto y carisma, hasta el punto de resultar simpático. Sin embargo, y al igual que los aldeanos, según avance el metraje y vayamos descubriendo la verdadera cara del malhechor y sus compinches – por cierto, presentados éstos de forma deliberada como una especie de pandilla de delincuentes juveniles (3) -, nuestros sentimientos hacia ambos personajes experimentarán un vuelco de trescientos sesenta grados, deseando, al igual que los habitantes de la ficción, que, a pesar del desprecio inicial hacia su persona, el asesino a sueldo ponga freno a las tropelías de los fuera de la ley y, de modo especial, a los de su cabecilla.

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Junto con lo dicho, es digna de alabar la cuidada, elegante y vistosa realización del director nacido en Ceuta, la cual, no por casualidad, obtuvo el galardón destinado a la mejor dirección en los Premios del Sindicato Nacional del Espectáculo de 1966, logrando la película el segundo puesto destinado a mejor largometraje, siendo además, tal y como indica Rafael de España en su indispensable Breve historia del western mediterráneo, el único “western made in Spain que la crítica nacional se tomó en serio”. Y es que, aunque hayan pasado más de cuarenta años, parece que nada ha cambiado en la actitud de cierta parte de la crítica “seria” de este país, esa que por puro esnobismo desprecia por sistema todo aquel cine cuyas mayores aspiraciones sean a primera vista las de entretener, aunque en su interior posean jugosas lecturas y sean, precisamente, ese tipo de películas las que posibiliten que se realicen esa otra clase de obras tan comprometidas socialmente y tan arriesgadas artísticamente que tanto parecen gustarles, pero que naufragan una y otra vez en taquilla ante el demostrado desinterés del público.

José Luis Salvador Estébenez

(1) “El productor, José G. Maesso, conocía bien a Leone, cuyo guionista de confianza entonces era Duccio Tessari. Y de hecho fuimos a Roma porque Maesso quería proponer a Tessari colaborar en el guión de El precio de un hombre. Sin embargo, Tessari rechazó la oferta, porque estaba empezando a urdir con Leone una película que acabaría siendo La muerte tenía un precio. Pero leyó nuestro texto, y se interesó extraordinariamente por nuestra idea de un cazador de recompensas como protagonista, algo que nunca se había hecho en ningún western europeo. Por eso, me permito suponer que Leone, tras conocer nuestro proyecto por vía de Tessari, modificó la idea inicial que tuviera para La muerte tenía un precio, a fin de convertir a Clint Eastwood en un cazador de recompensas. Por lo demás, la película de Leone y la mía son totalmente distintas”. Eugenio Martín. Un autor para todos los géneros, de Carlos Aguilar y Anita Haas, Ed. Festival de Cine Clásico de Granada (2008).

(2) “Habían pasado cuatro años desde que compré yo ese libro y se lo di a Sergio Leone, a través de Colombo, para que lo adaptara, pero cuando entregó el guión al cabo de unos meses, demasiados, me decepcionó: no era lo que yo esperaba y dejamos pasar el asunto. (…) En fin, aquel libro lo retomé años más tarde para ofrecer a Eugenio Martín El precio de un hombre”. José G. Maesso, el número 1 de Jesús García de Dueñas, Colección cine nº 6 / Ed. Festival Ibérico de Badajoz (2003).

(3) “Otra cosa que trabajamos bastante en el libro Eugenio y yo fue basarnos en algo que estaba muy al día por aquella época, que estaba de moda, digamos, la delincuencia infantil: entonces, en lugar de poner a los seres corrientes que vivían en un pequeño poblado del Oeste, decidimos poner a chicos jóvenes, a chavales jóvenes que hacían cabronadas y venían a joder a todos los que estaban allí, y por eso se llama en la versión americana The Ugly Ones, que quiere decir los feos, los mal encarados”. Ídem cita anterior.

Published in: on octubre 9, 2008 at 10:24 am  Comments (14)  

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14 comentariosDeja un comentario

  1. Gran película, sin duda.
    Muy interesante el asunto de que el personaje central quizás fuera después inspiración para el de Clint en la de Leone.
    Eso sí, esta cinta está mucho mejor valorada fuera de España, cosa curiosa, sin duda.
    Felicidades por la reseña, muy completa.

  2. Muchas gracias, Julio. 😉

  3. […] a Granada (1955), Despedida de soltero (1957), El precio de un hombre (1966) –  reseña: https://cerebrin.wordpress.com/2008/10/09/el-precio-de-un-hombre/ -, Pánico en el Transiberiano (1972) – reseña: […]

  4. […] hispanos que sirvió de debut en el género para el gran Tomas Milian. – Reseña de La abadía: https://cerebrin.wordpress.com/2008/10/09/el-precio-de-un-hombre/ […]

  5. Qué fotos… Qué planificación…

    No creo recordar haber visto la peli nunca. Tendré que hacerme con ella.

  6. La vi el viernes en la Filmoteca. Cojonuda. Muy por encima de la mayoría y con un Tomás Milián espectacular.

  7. ¿Viste ayer el nuevo montaje de “Una vela para el diablo”?

  8. Perdona pero no vi tu comentario. Si que la vi y me gustó mucho. Un film a reivindicar.

  9. No pasa nada. Pues si, totalmente de acuerdo. Ya leeras si te apecete dentro de poco al respecto. 🙂

  10. Te acuerdas de las hermanas de “La comunidad”? tu crees que las sacaría A. de la Iglesia de eta peli?

  11. Pudiera ser, pero creo que es más fruto de la casualidad. Por desgracia, esa fauna aún sigue existiendo… Además, de haber sido así, lo suyo habría sido que hubiera contratado a las mismas Aurora Bautista y a Esperanza Roy, que aún están en activo. Habría estado interesante para los que conocemos la película de Martín.

  12. […] “El precio de un hombre” resulta un trabajo de no poca originalidad y cierta impronta personal que resulta curiosamente conservador y “clásico” (sus referentes están más cerca de el western-b norteamericano que de la avalancha “post-Leone”, un poco a la manera en que lo haría Tonino Valerii y además adapta una historia del escritor y guionista norteamericano Marvin H. Albert, autor de célebres novelas sobre el personaje de Tony Rome que Sinatra inmortalizase en la pantalla o de ese “El Don ha muerto” que Richard Fleischer adaptó en 1973 al calor del éxito de “El Padrino”) para los parámetros del libertario western mediterráneo. De hecho puede rastrearse sin problemas su influencia sobre la notable “El halcón y la presa”(1967) de Sollima que resulta ser una especie de revisión ideológicamente divergente de esta. En la cinta de Martín el personaje de Milian no es un rebelde pícaro que solo busca sobrevivir sino un canalla de tomo y lomo que oculta su desprecio y su perversidad bajo una apariencia de bondad maltratada por las circunstancias, usando como escudo y excusa el odio de clase. De igual modo el “bounty killer” no se revolverá contra su condición de lacayo del orden establecido sino que vendrá para restaurarlo. Aunque Martín tiene la sutileza de no retratarlo como a un héroe sino como un tipo hosco, un hombre de armas duro y sin muchos miramientos. […]

  13. […] de este subgénero como es la magnífica El precio de un hombre (1966) – reseña de La abadía: https://cerebrin.wordpress.com/2008/10/09/el-precio-de-un-hombre/ -. Junto con ellos, tampoco faltarán a la cita reputados críticos e historiadores […]

  14. […] la venganza o Antes llega la muerte, ambas de Joaquín Romero Marchent. Tampoco me puedo olvidar de El precio de un hombre. Creo que supuso un punto de inflexión en el género por diferentes motivos: por la complejidad […]


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