Los muchachos de antes no usaban arsénico

Título original: Los muchachos de antes no usaban arsénico

Año: 1976 (Argentina)

Director: José A. Martínez Suárez

Productor: Héctor Báilez

Guionistas: Augusto Giustozzi, José A. Martínez Suárez

Fotografía: Miguel Rodríguez

Música: Tito Riberto

Intérpretes: Narciso Ibáñez Menta (Norberto), Mecha Ortiz (Mara Ordaz), Arturo García Buhr (Pedro), Mario Soffici (Martín), Bárbara Mújica (Laura)

Sinopsis: Una actriz retirada, su marido y dos amigos viven en una casona alejada. Ella quiere vender la mansión, pero los tres hombres -muy unidos entre sí- se niegan. Una joven llegará para tratar de convencerlos, pero no sabe que tienen oculto un as bajo la manga.

De reunión de viejas glorias del cine argentino podemos calificar el reparto de Los muchachos de antes no usaban arsénico, último trabajo dentro de la cinematografía de aquel país del añorado Narciso Ibáñez Menta, tras más de una década alejado de la misma. Junto al recordado actor, componen el escueto reparto los veteranos Mecha Ortiz, Arturo García Buhr, Mario Soffici – estos dos últimos, cineastas que retomaban sus carreras de actores tras varios años retirados -, y Bárbara Mújica.

Norberto, Pedro y Martín son tres ancianos unidos por una fuerte amistad. Pasan sus últimos años de vida juntos, en la apartada y casi incomunicada casa de Pedro y su mujer, Mara, una antigua estrella de cine que se pasa los días añorando sus tiempos de gloria, y a la que los tres hombres se dedican a hacer la vida imposible, a través de lo que en un principio tan solo parecen gamberradas. Harta de esa vida, Mara decide un día vender la casa para trasladarse junto a su esposo a un apartamento en la capital. De repente, y acentuado con la llegada al lugar de una empleada de la inmobiliaria, la idílica felicidad de los tres hombres parece ser amenazada, ya que si Mara consigue sus propósitos, ellos tendrán que separarse… Pero no solo es eso lo único que atormenta a este grupo de amigos, sino que esta situación también amenaza con traer de vuelta algunos fantasmas del pasado que se suponía ya enterrados.

A partir de esta historia, con tan solo los cinco actores señalados, y un puñado de localizaciones, las de la finca en la que transcurre la cinta, su director y coguionista, José A. Martínez Suárez, nos brinda esta magnífica película, una comedia negrísima y sarcástica rica en lecturas, que se puede interpretar desde una loa al poder de la amistad, la cual empuja a los tres protagonistas a actuar de cierto modo para impedir que nadie le separe, hasta como una guerra entre sexos altamente misógina, ya que cada bando enfrentado esta conformado por individuos del mismo sexo, e incluso desde un punto de vista político – el estreno del film coincidió con el golpe de estado de la junta militar -, con esa amenaza exterior, representada por la chica de la inmobiliaria, que se cierne sobre el microcosmos que conforma la parcela en la que viven los protagonistas, e incluso, adelantándose a algunos de los hechos más siniestros y luctuosos de la reciente historia argentina, con esos personajes “desaparecidos”.

De la misma forma, resulta atrayente el modo en que se muestra la vejez, como si de una vuelta de la infancia se tratara – algo en mi opinión que ya se deja ver no sin cierta ironía desde su mismo título -, ya que los tres hombres, más que ancianos, se comportan como chiquillos, jugando y haciendo travesuras todo el rato, sin más preocupación que la de estar juntos el mayor tiempo posible. A este respecto, y para reafirmar esta idea, cabe destacar el modo en que trata a estos amigos la empleada de la inmobiliaria con el fin de ganarse su confianza, haciéndoles regalos y acompañándoles en sus juegos, como si fueran unos niños.

Asimismo, es interesante comprobar el contrapunto que supone frente a esta actitud infantil el personaje de Mara, la cuarta anciana en discordia, una antigua actriz de éxito que pasa los días embotada en sus recuerdos, revisando sus viejas películas, y repasando las críticas que recibió por su trabajo, añorante de un pasado glorioso, y porqué no, de una época en la que gracias a su estrellato ejercía una posición de poder sobre los hombres con los que vive, antes de que el tiempo y su declive profesional igualara las cosas; todo lo contrario ocurre con el grupo formado por Norberto, Pedro y Martín, quienes en los momentos que se refieren al pasado, lo hacen sin ningún tipo de nostalgia. En este mismo sentido podemos interpretar la decisión de Mara de querer vender la casa en la que habitan para trasladarse a la gran ciudad, como un desesperado intento de esta por demostrar que aún guarda algo de su antigua autoridad, y de paso, para acabar con la unión de los tres hombres.

Narrada con un ritmo sosegado pero constante, con unas interpretaciones a gran altura, entre las que destacan el trabajo de los dos más jóvenes del grupo, nuestro Narciso y la prematuramente fallecida Bárbara Mújica, y con un antológico y tétrico desenlace, el único aspecto negativo que podemos achacar a todo el conjunto estriba en la, en ocasiones, falta de talonaje que presenta su fotografía, pese a que sepa reflejar muy bien la ambivalencia surgida entre los bucólicos parajes donde se desarrolla la acción, y la decadente atmósfera que reina en toda la finca. De todos modos, pecata minuta para un film que, con todo merecimiento, está considerado en aquel país como uno de los títulos más brillantes surgidos de su cinematografía.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on octubre 17, 2008 at 10:24 am  Comments (1)  
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One CommentDeja un comentario

  1. Esta semana en nuestro dossier dedicado a la etapa argentina del gran Ibañez Menta, es el turno de esta deliciosa comedia negra, una de las obras cumbres del cine del país de los tangos de los años 70.


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