La isla de los hombres peces

Título original: L’isola degli uomini pesce

Año: 1979 (Italia)

Director: Sergio Martino

Productor: Luciano Martino

Guionistas: Sergio Donati, Cesare Frugoni, Sergio Martino

Fotografía: Giancarlo Ferrando

Música: Luciano Michelini

Intérpretes: Barbara Bach (Amanda Marvin), Claudio Cassinelli (Teniente Claude de Roche), Richard Jonson (Edmond Rackham), Jospeh Cotten (Profesor Ernest Marvin), Beryl Cunningham (Shakira), Franco Iavarone (José), Roberto Posse (Peter), Giuseppe Castellano (Skip), Franco Mazzieri (François)…

Sinopsis: Un grupo de náufragos va a parar a una remota y desconocida isla que en principio parece deshabitada. Poco a poco, y a medida que van cayendo muertos distintos miembros de la expedición, éstos irán descubriendo los terribles secretos que allí se esconden.

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Considerado como un título de culto en medio mundo, La isla de los hombres peces (L’isola degli uomini pesce, 1979) es un film de aventuras aliñado con toques de terror y ciencia ficción, ambientado temporalmente en las postrimerías del siglo XIX y geográficamente ubicado nada menos que en la Atlántida, mítico continente tratado de forma profusa durante las décadas de los 60 y 70 en el cine de serie B de tan distintas cinematografías como la estadounidense, con El continente perdido – La Atlántida (Atlantis, the Lost Continent, 1961) de George Pal, la española, con Agente 003: Operación Atlántida / Agente S-03: Operazione Atlantide (1965) de Domenico Paolella, la mexicana, con Santo contra Blue Demon en la Atlántida (1968) de Julián Soler, la filipina, con Beyond Atlantis [vd: Mas allá de la Atlántida, 1973] de Eddie Romero, la francesa, con Les exploits érotique de Maciste dans L’Atlantide / Maciste et les gloutonnes (1973) de Jesús Franco, o la británica, con Los conquistadores de Atlantis (Warlords of Atlantis, 1978) de Kevin Connor. Precisamente, no son pocos los puntos en común que el título que nos ocupa guarda con la cuarta y última entrega de la tetralogía que sobre mundos perdidos realizara el citado Connor. De este modo, además de su ambientación en la Atlántida y de su encantador espíritu pulp, comparte varios de sus detalles argumentales, como las experimentaciones genéticas con humanos para convertir a éstos en mano de obra mejor preparada, las inmersiones en batiscafo, o el cataclismo final que precipita el desenlace de ambos films.

No obstante, si hay un modelo que imita de forma clara la trama de la cinta, este es el de la obra de H. G. Wells La isla del doctor Moreau (The Island of Doctor Moreau, 1896), la cual había conocido una reciente adaptación al celuloide en 1977 de idéntico título, dirigida por Don Taylor y protagonizada por Michael York y Burt Lancaster. Así, el film arranca con la llegada de unos náufragos a una misteriosa isla poblada por unos monstruosos seres anfibios que actúan bajo los dictados del señor local, un despiadado terrateniente con despóticos procederes. Con todo, si bien su principal referente, este no es el único que la película toma como ejemplo, ya que a lo largo de su metraje también hay rastros más que evidentes de La isla misteriosa (L’îlle mysterieuse, 1874) de Jules Verne – el grupo de reos que va a parar de forma accidental a una isla que ellos creen desierta, la erupción volcánica… -, en tanto que la apariencia física de las monstruosas criaturas, los hombres peces del título, es casi calcada a la del inolvidable protagonista de La mujer y el monstruo (Creature of the Black Lagoon, 1954) de Jack Arnold, con la única diferencia de que los seres de la cinta italiana poseen una cabeza algo más abultada.

Tal pastiche argumental es refrendado por la realización de Sergio Martino, director italiano de los denominados artesanales pero con bastante más talento que la mayoría de sus paisanos coetáneos, como demuestra su buen empleo del panorámico y la preciosa fotografía empleada, si bien su labor tampoco esté a salvo de los usuales errores de racord, fruto de la repetición de escenas de efectos, cuya planificación visual remite de modo directo a un subgénero tan italiano como el de caníbales – no es ninguna coincidencia que el anterior film de Martino, la polémica en nuestro país La montaña del dios caníbal (La montagna del dio cannibale, 1978), entrara de lleno en tales coordenadas -, mientras que su parsimonioso e inadecuado tempo narrativo para una película de estas características parece sacado de un giallo o de un spaghetti-western, siendo este uno de los principales escollos del conjunto.

Y es que, a pesar de tal cúmulo de sugestivos ingredientes, de un reparto repleto de caras conocidas como las de la bella e inexpresiva Barbara Bach, Richard Johnson, Claudio Cassinelli o un anciano Joseph Cotten, y de contar con uno de los más atractivos carteles de la época, al menos en su estreno español, en el que se ilustra por enésima vez el eterno mito de la bella y la(s) bestia(s), los resultados de la cinta no llegan  a alcanzar el nivel deseado. Aparte de por su comentado ritmo moroso, tal circunstancia es debida a un guion mal perfilado, repleto de varias subtramas inútiles para con el resto de la historia, y que cae además en todos los defectos propios de este tipo de productos. No faltará, por ejemplo, el momento en el que el villano de la función, como buen megalómano que se precie, desvelará a nuestro protagonista todos sus secretos, facilitando así que éste pueda desbaratar sus planes con la mayor de las facilidades cuando llegue el momento oportuno. Todos estos defectos, empero, no logran destruir el innegable encanto de La isla de los hombres peces, resultando una obra de lo más disfrutable, en especial para todos aquellos que sean aficionados a los mundos perdidos cinematográficos.

Aparte de por sus valores ya apuntados, la película de Martino también ofrece otros motivos de interés derivados de la multitud de anécdotas existentes en torno a su post-producción. Distribuida en Estados Unidos por la New World Pictures del inefable Roger Corman bajo el título Something Waits in the Dark, para tal menestar serían rodadas nuevas escenas bajo la batuta de un joven Joe Dante; más concretamente, se trató de un prólogo en el que, entre otros, aparecían dos rostros tan característicos de la serie B como Cameron Mitchell y Mel Ferrer. Junto con este inserto, también se añadió una nueva banda sonora compuesta por Sandy Berman, y nuevos efectos especiales a cargo del posteriormente celebre merced a su trabajo en La mosca de David Cronenberg, Chris Wallas. No contento con ello, tiempo después Corman volvería a relanzar la película con el nombre de Screamers, para lo cual encargaría a Jim Wynorsky la confección de un nuevo tráiler que contenía una impactante secuencia en la que un hombre se despellejaba vivo, algo que a la postre acabó motivando un aluvión de quejas entre los espectadores que iban a ver el film, dada la ausencia de esta secuencia en el montaje cinematográfico. Sin embargo, no serían estas las únicas versiones que conocería la película, ya que con motivo de su emisión una televisión alemana añadiría al film original diez minutos más de nuevas escenas situadas en los prolegómenos de la historia.

Ya en 1994, esto es, dieciséis años después del estreno de La isla de los hombres peces, Sergio Martino daría vida a una especie de secuela titulada La regina degli uomini pesce, para la cual el director romano debido al paupérrimo presupuesto del que dispuso para su realización tuvo que echar mano para completar su metraje de escenas tanto de esta película como de su  explotation del film de John Carpenter 1997: Rescate en Nueva York (Escape from New York, 1981), 2019: Tras la caída de Nueva York (2019: Dopo la caduta di New York, 1983), permaneciendo este oscuro film hasta la fecha inédito en nuestro país.

José Luis Salvador Estébenez

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3 comentariosDeja un comentario

  1. Con “La isla de los hombres peces” tenemos entrega por partida doble de los dossiers que actualmente venimos publicanto, tanto el de ciencia-ficción italiana como el dedicado a Mel Ferrer, actor cuya participación en este film es de lo más curiosa…

  2. […] junto a diversos ejemplares devenidos hoy en día en piezas de culto, caso de Comidos vivos o La isla de los hombres peces. Además, no faltará el recuerdo para nuestro recientemente finado Jesús Franco, en cuya memoria […]

  3. […] La isla de los hombres peces (1978) por Pablo Fernández. […]


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