Los profesionales del oro

Título original: Ognuno per sè / Das gold von Sam Cooper

Año: 1968 (Italia, Alemania)

Director: Giorgio Capitani

Productores: Luciano Ercoli, Alberto Pugliese

Guionistas: Fernando di Leo, Augusto Caminito

Fotografía: Sergio D’Offizi

Música: Carlo Rustichelli

Intérpretes: Van Heflin (Sam Cooper), Gilbert Roland (Mason), Klaus Kinski (el rubio), George Hilton (Manolo Sánchez), Sara Ross (Anna), Federico Boido, Sergio Doria, Teodoro Corrà, Ivan G. Scratuglia, Giorgio Gruden, Hardy Reichelt…

Sinopsis: El viejo Sam Cooper se ha visto impelido a matar a su compañero, y ahora necesita alguien que le ayude con el oro que permanece aún en la mina que ambos estaban explotando. Por ende, retoma el contacto con un joven mexicano a quien crió tiempo atrás, de nombre Manolo Sánchez. Pero una vez reunidos los dos hombres, descubren que Sánchez ha sido perseguido hasta el pueblo por un hombre inquietante y silencioso, lo cual sugiere a Cooper buscar a un aliado de su, relativa, confianza, Mason, para equilibrar el grupo que andará a recuperar el oro.

Los profesionales del oro es un spaghetti-western coproducido entre Italia y Alemania en 1968 que toma como base para su trama a uno de los títulos más emblemáticos del cine de aventuras clásico, El tesoro de Sierra Madre (The Treasure of Sierra Madre, 1947) de John Huston, el cual a su vez se basaba en una novela de B. Traben, para dar forma a un argumento que pivota en torno al concepto de la confianza. De este modo, el film nos narra como un viejo minero, tras encontrar un yacimiento de oro y verse obligado a matar a su compañero para poder salvar la vida, se encuentra en la tesitura de buscar a alguien que le ayude a extraer el oro de la tierra. Pero dicha elección no es tarea fácil en un lugar tan salvaje como el Oeste americano, por lo que, tras mucho pensarlo, decide reclutar a la única persona de su confianza, un joven mexicano al que crió de niño. Sin embargo, junto con la llegada del muchacho al lugar se produce también la de un tipo enigmático, de cara enloquecida y atuendo sacerdotal, que acaba por unirse a la partida, ya que se trata de un viejo conocido del mexicano. Ante semejante panorama, y temiendo una conspiración contra él, el anciano no ve otra salida que buscar la ayuda de un antiguo amigo ahora pistolero, con el que en el pasado tuvo sus diferencias, conformándose de esta forma el grupo que partirá en busca del oro.

Pero si el film en sí conforma un título de lo más estimable, con unos personajes bien definidos, una perfecta construcción dramática, una acertada banda sonora a cargo de Carlo Rustichelli, que, dicho sea de paso, en algunos de sus pasajes recuerda a la de la posterior serie animada italo-japonesa sobre Sherlock Holmes, un relativo tono aventurero no muy habitual en este tipo de cintas, y unas interpretaciones en estado de gracia por parte de su cuarteto principal dentro de sus posibilidades, siendo digna de mención en este sentido la del alemán Klaus Kinski (1) en un papel escrito a su medida, no menos interesante resulta el juego que propuesto por su director, Giorgio Capitani, realizador que entró en el proyecto una vez que el primer candidato elegido, el posteriormente célebre Lucio Fulci, declinara la oferta por encontrarse ya comprometido en otros asuntos. Dicho juego es, ni más ni menos, que la confrontación entre los dos estilos predominantes en el western, el clásico norteamericano, y las nuevas corrientes llegadas desde Europa a raíz del éxito de los primeros films de Sergio Leone encuadrados en dicha definición genérica.

Esta segunda lectura es planteado por Capitani a través del enfrentamiento que se produce entre las dos parejas protagonistas de la historia. De este modo, la formada no por casualidad por los dos personajes más veteranos, encarna a través de su relación los valores de los personajes del western clásico: son hombres de palabra y su amistad es tan varonil que no necesita de actos cordiales, sino de demostraciones empíricas, siendo ambos interpretados por dos actores característicos de este tipo de cine como Van Heflin y Gilbert Roland (2); por el contrario, la otra pareja representa los rasgos más arquetípicos del western mediterráneo: son traicioneros, asesinos y crueles, e incluso esconden algún tipo de secreto sobre su pasado, el cual a su vez se corresponde con otro estilema de este sub-género, el de los detalles anómalos, ya que ambos mantienen una relación homosexual (3), siendo el uno dominante y despiadado, y el otro sumiso y servil. Como no podía ser de otra forma, estos personajes aparecen bajo los rostros de dos nombres tan habituales dentro de los repartos del western europeo como Klaus Kinski y George Hilton.

Al final, y pese a que la realización de Capitani sea deudora de la puesta en escena tradicional del western italiano, será el estilo clásico el que salga triunfante del duelo, si bien esta pugna tendrá una especie de epílogo en la resolución del film, cuando, una vez ya los dos veteranos hombres se hayan deshecho de su pareja rival, tengan que vérselas con un par de pistoleros dotados de gadgets armamentísticos al modo de un Sabata, por poner un ejemplo, en este caso bajo la forma de unos revólveres que con la ayuda de un acople se convierten en rifles.
A la vista de lo interesante y sugerente que resulta la propuesta, es de lamentar que Capitani, director especializado en comedias y que ya en Combate de gigantes/Ercole, Sansone, Maciste e Ursus gli invincibili (1964), señalada de forma habitual como la cinta que de algún modo marcó el final de la edad de oro del peplum, demostró similar reflexión metagenérica por medio de un argumento en el que juntaba a los más importantes personajes de esta corriente, es decir, Hércules, Maciste, Ursus y Sansón, no volviera a incursionar más en el género, quedando el título que nos ocupa como su primer y único western.

José Luis Salvador Estébenez

(1)“Según testimonios del rodaje, tanto el veterano Heflin – en el ocaso de su carrera – como Kinski agarraban unas cogorzas de campeonato, aunque, eso sí, a la hora de trabajar cumplían con la profesionalidad que se esperaba de ellos”. Breve historia del western mediterráneo de Rafael de España (Ediciones Glénat, S.L., 2002, Barcelona), págs. 97 y 98.

(2)Resulta cuanto menos curioso el hecho de que algunos de los westerns rodados en Europa por el mexicano Roland no fueran sino versiones no acreditados de otras obras. Así, si el presente título toma como referente a El tesoro de Sierra Madre, su película de 1969 Entre Dios y el diablo (Anche nel west, c’era una volta Dio) [dvd: Entre Dios, el diablo y un arma] de Marino Girolami, es una traslación a ambientes westerns del clásico literario La isla del tesoro de Stevenson, mientras que Voy, le mato y vuelvo (Vado, l’ammazzo e torno, 1967) de Enzo G. Castellari, puede verse como un remake en clave irónica de la magistral El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966) de Sergio Leone, hasta el punto que toma su título de uno de los diálogos de la misma.

(3)Es de destacar el cierto tufo homófobo que desprende la película, ya que los tres personajes gays que desfilan a lo largo de la trama – aparte de la citada pareja, tenemos al gordinflón dueño del colmado del pueblo, quien, alertado por la abultada compra realizada por el grupo protagonista, mandará a sus secuaces tras la pista de estos -, se corresponden a los principales roles negativos de la misma, desarrollando idéntico comportamiento traidor y sorpresivo.

8 comentarios en “Los profesionales del oro

  1. Si, a mi Roland es un actor que me gusta muchísimo, aunque en los SW siempre le solían dar el mismo tipo de papel… De todas formas, como dices, el reparto es extraordinario, salvo quizás Hilton, que es más limitado que sus compañeros (de ahí mi comentario de que están todos muy bien dentro de sus posibilidades) 😉

  2. ANTE TODO GRATITUD INFINITA POR PERMITIRNOS VER EL QUE CONSIDERO UNO DE LOS MAS COMPLETOS FILMS DEL OESTE CON UNA MUSICA EXCELENTE..ARGUMENTO Y MENSAJE MONUMENTALES AUNQUE FINAL PARA LA NOSTALGIA

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