Mansiones verdes

Título original: Green Mansions

Año: 1959 (Estados Unidos)

Director: Mel Ferrer

Productor: Edmund Grainger

Guionista: Dorothy Kingsley sobre la novela de William Henry Hudson

Fotografía: Joseph Ruttenberg

Música: Bronislau Kapper, Sidney Cutner [no acreditado]

Intérpretes: Audrey Hepburn (Rima), Anthony Perkins (Abel), Lee J. Cobb (Nuflo), Henry Silva (Kua-Ko), Sessue Hayakawa (Runi), Nehemiah Persoff (Don Panta), Michael Pate (Fraile), Estelle Hemsley (Cla-Cla), Yoneo Iguchi, Bill Saito (Guías nativos)…

Sinopsis: A principios del siglo XX, un joven venezolano huye de la revolución que ha estallado en Caracas y que se ha cobrado la vida, entre otros, de su padre. Se dirige hacia la selva con el objetivo de encontrar oro con el que financiar su venganza, cayendo en las redes de una tribu de nativos, quienes le encomendarán matar al diabólico espíritu que habita en el bosque prohibido, en realidad una angelical muchacha que vive allí con su abuelo y de la que el joven quedará prendado.

De entre los escasos títulos que conforman la filmografía oficial como director de Mel Ferrer, siquiera media docena, Mansiones verdes (Green Mansions, 1959) es, con toda seguridad, su título más ambicioso. Buena muestra de ello es el que fuera proyectada como la primera de una serie de cintas que debieran de haber sido por él dirigidas y protagonizadas por la que era su esposa en ese tiempo, la mítica Audrey Hepburn. Sin embargo, su fracaso crítico y comercial abortaron cualquier posibilidad de continuación de estos planes, convirtiendo al proyecto que en buena medida debiera de haber significado el espaldarazo definitivo de la carrera de Ferrer como realizador en el comienzo de la fulgurante decadencia profesional que desde entonces asolaría la carrera del actor y cineasta, y que se alargaría hasta el último de sus trabajos para la gran pantalla.

Como su título deja entrever, Mansiones verdes adapta la novela homónima publicada en 1904 por el también ornitólogo inglés nacido en Argentina William Henry Hudson, y cuya traslación a la gran pantalla se venía acariciando desde la década de los treinta. Sin ir más lejos, el film que nos atañe debiera de haberlo dirigido el especialista en musicales Vincente Minnelli, mas sus discrepancias con la Metro, quien quería que el film resultante fuera un melodrama de ambientes exóticos para mayor gloria de su protagonista femenina (lo que al final acabó por ser), apartaron a Minnelli del proyecto.

Precisamente es este citado tratamiento, junto a la realización de Ferrer y el guión de Dorothy Kingsley, los principales motivos que sentencian de antemano los resultados de la película. El primero, al mostrarse incapaz de dotar del hálito aventurero que requería el viaje iniciático que se nos narra, y el segundo, porque entre otros aspectos reprobables que en más de un sentido desdibujan las intenciones de la obra en que se basa, como bien pueda ser la eliminación de todos los elementos fantásticos que en ésta se daban, alumbra un ilógico final feliz del todo contrario al del texto de Hudson; por si fuera poco, ambos apartados presentan un tono discordante entre lo que se nos muestra y lo que se nos cuenta en no pocos momentos.

Pese a esto, no todo en el film es tan negativo, ya que es de destacar la fotografía en majestuosa Panavisión – fue la primera gran producción hollywoodiense en utilizar este sistema – del operador Joseph Ruttenberg, así como ciertos momentos de inspiración del director de Cabriola (1965), en especial los simbolismos que adquieren ciertos planos; por ejemplo, aquel en el que por primera vez el personaje de un comedido Anthony Perkins ve reflejado en el estanque el rostro de su futura amada, el cual tendrá su equivalente hacia el final de la película, cuando este se encuentre en idéntico lugar en busca de la mujer, y vea aparecer en el agua las duras facciones de Henry Silva, quien en ese momento se acaba de convertir en el nuevo dueño y señor del lugar.

En cualquiera de los casos se tratan de escasos aciertos para un film que se antoja muy por debajo de lo que cabría esperar de él, tanto por el elenco interpretativo reunido – a Hepburn, Perkins y el muy acertado Silva, hay que unirles a unos desaprovechadísimos Lee J. Cobb y Sessue Hayakawa, el inolvidable coronel Saito de El puente sobre el río Kwai (1957) – como por los medios técnicos y humanos que se le adivinan, siendo acreedor, por si fuera poco, de una arrítmica y desigual narración que en nada facilita su visionado.

José Luis Salvador Estébenez

Tráiler:

Película en inglés:

Un comentario en “Mansiones verdes

  1. En esta nueva entrega del dossier de Mel Ferrer, damos cabida a “Mansiones verdes”, película en la que el norteamericano dirigió a su esposa de entonces, Audrey Hepburn.

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