Titán contra Vulcano

Título original: Vulcano, figlio di Giove

Año: 1961 (Italia)

Director: Emimmo Salvi

Productor: Spartaco Antonucci

Guionistas: Benito Ilforte, Ambrogio Molteni, Emimmo Salvi, Gino Stafford

Fotografía: Mario Parapetti

Música: Marcello Giombini

Intérpretes: Iloosh Khoshabe [Richard Lloyd] [Acreditado como Rod Flash] (Maciste), Gordon Mitchell (Plutón), Bella Cortez(Etna), Roger Browne (Marte), Annie Gorassini (Venus), Furio Meniconi (Júpiter), Omero Gargano, Isarco Ravaioli (Mercurio), Liliana Zagra, Edda Ferronao, Yvonne Sire (Ninfas), Salvatore Furnari, Ugo Sabetta, Amedeo Trilli, Paolo Pieri…

Sinopsis: Júpiter, cansado de los devaneos amorosos de su hija Venus, decide buscarla un marido entre dos candidatos: Maciste, un mortal que trabaja en la fragua de Vulcano, y Marte, dios de la guerra. Después de que Marte secuestre a Venus, Maciste es expulsado del Olimpo por medio de una treta de Plutón, aliado de Marte…

Aunque no falten dentro del péplum películas en las que durante su metraje aparezcan caracteres propios de la mitología grecolatina, ya sean referidos o personificados, muchos más escasos son los ejemplos en los que la participación de estas figuras disfruten de cierto peso en la evolución de la trama. Entre este último grupo destaca por su exotismo Titán contra Vulcano (Vulcano, figlio di Giove, 1961) de Emimmo Salvi, al tratarse de la única película del género, junto a Marte, dio della guerra [tv: Marte, dios de la guerra, 1962] de Marcello Baldi, cuyo argumento está enteramente protagonizado por las andanzas de los moradores del Olimpo, o al menos de las que uno tenga noticia.

Al menos eso es lo que ocurre en su versión original, ya que en España, donde la cinta tuvo que esperar hasta 1985 para ser estrenada[1], se modificó parte de su argumento a través del doblaje, convirtiendo a su protagonista, Vulcano, el dios del fuego romano, en el no menos mítico (cinematográficamente hablando) Maciste, aprovechando para ello el juego que en este sentido daba el personaje. No obstante, tal modificación acaba por provocar no pocas incongruencias en la versión española, ya sea por su título, del todo imposible puesto que Vulcano no aparece en el film salvo por mención, como a lo largo del relato, debido a la condición de mortal de Maciste.

Pero dejando a un lado las ocurrencias de distribuidores locales con poco respeto por las obras ajenas y entrando a valorar la película propiamente dicha, son varios los elementos novedosos que esta presenta con respecto a las usuales características del género en el que se inscribe empezando por su guión, en el que se narran los conflictos derivados del triángulo amoroso formado por Venus, la diosa del amor, Marte, el dios de la guerra y Vulcano, a través del cual se plasma de forma acertada e interesante tanto las personalidades de los distintos dioses – Venus filtrea con cuanto varón se le ponga por el medio, Marte es engreído y belicoso… -, como los continuos encuentros y desencuentros tan típicos de los habitantes del Olimpo, elementos estos que son visualizados por medio de una puesta en escena que, aunque sigue el canon cinematográfico establecido para la representación del hogar de los dioses, muestra cierta influencia pictórica en su composición, caso de la escena de la fragua de Vulcano que, a su manera, remite a la obra homónima de Diego Velázquez.

Lástima que, tras su arranque y una vez quedan asentadas las base de la historia, a mediada que va avanzando el metraje el film se desarrolla paulatinamente bajo los esquemas tópicos y mil veces vistos de la epopeya de forzudos, con el protagonista liberando pueblos oprimidos cuyos líderes lanzan proclamas seudo-comunistas al tiempo que desbarata los planes del villano de turno, en este caso Marte, quien planea derrocar de su trono a Júpiter con ayuda de los tracios. Con la adopción de tan rutinario tratamiento Titán contra Vulcano acaba perdiendo, sino toda, gran parte de su originalidad, si bien aún arroje ciertos componentes de interés, en especial por un marcado erotismo muy superior al ya de por si habitual en el género, debido a sus dos personajes femeninos, con “pelea de gatas” incluida, siendo dignos de mención por sugerentes los bamboleantes movimientos pectorales de la cubana Bella Cortez en las muchas carreras que se da a lo largo del film.

Como conclusión, no podemos por menos que acabar mencionado un par de curiosidades acerca del film en cuestión. Rodado en Irán, su protagonismo recayó en un actor de aquel país, Iloosh Khoshabe, quien de esta manera hacía su debut en el cine occidental, dentro del cual desarrollaría una pequeña carrera casi siempre ligada al péplum y su periferia, habitualmente parapetado bajo el seudónimo de Richard Lloyd, si bien en esta ocasión emplearía el de Rod Flash.

José Luis Salvador Estébenez

[1] En tan tardío y sorprendente estreno tendría mucho que ver el éxito cosechado en aquellas mismas fechas por Furia de titanes (Clash of Titans, 1981) de Desmond Davis. Nótese a este respecto la clara referencia que el título español de la presente hace al film de supuso la despedida de la gran pantalla de Ray Harryhausen.

Published in: on abril 14, 2009 at 11:33 am  Dejar un comentario  

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