Una gota de sangre para morir amando

morir

Título original: Una gota de sangre para morir amando / Le bal du vaudou

Año: 1973 (España, Francia)

Director: Eloy de la Iglesia

Productor: José Frade

Guionistas: Eloy de la Iglesia, José Luis Garci, Antonio Fos, Antonio Artero, George Lebourg

Fotografía: Francisco Fraile

Música: Georges Garvarentz

Intérpretes: Sue Lyon (Ana Vernia), Christopher Mitchum (David), Jean Sorel (Dr. Victor Sender), Ramón Pons (Toni), Charly Bravo (Bruno), Alfredo Alba (Román Mendoza), Antonio del Real (Mick), David Carpenter (Phil), Ramón Fernández Tejela (Nicola), Fernando Hilbeck (Marido de la casa asaltada), Eduardo Calvo, Fernando Sánchez Polack (Rehabilitados), Fernando E. Romero (Niño de la casa asaltada), Fabián Conde (Director del anuncio), Montserrat Julió (Presentadora televisión), Paul Pavel, Manuel Guitián, Jean Degrass, David Areu, María Moreno, Javier De Campos, Antonio Puga, Saturno Cerra, César Godoy, Antonio Gutti, Manuel Barrios, Sofía Casares, Luis Gaspar, Ángel Blanco…

Sinopsis: La ciudad vive aterrorizada por un maníaco sexual que está cometiendo atroces crímenes entre los jóvenes. Al mismo tiempo, una atractiva enfermera, soltera, que vive sola en un viejo caserón, acaba de ser premiada como la mejor empleada del centro médico de la ciudad.

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Durante la primera mitad de la década de los setenta el cine español alumbró una serie de títulos imitativos cuya existencia respondía a una maniobra ventajista harto curiosa: la realización de versiones propias de algunos de los grandes éxitos hollywoodienses del momento, por medio de (sub)productos de explotación de consumo rápido concebidos tanto para adelantarse en el tiempo al estreno de dichos films foráneos en nuestro país como para beneficiarse de su fama.

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Siguiendo esta política industrial, El exorcista (The Exorcist, 1973) de William Friedkin daría lugar a La endemoniada (1975) de Amando de Ossorio y Exorcismo (1975) de Juan Bosch, mientras que un film tan polémico en su día e inédito en España hasta mediados de 1975 como La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971) de Stanley Kubrick, sería objeto de revisitación por parte de Eloy de la Iglesia con Una gota de sangre para morir amando / Le bal du vaudou (1973), película que por dicho motivo fue conocida en algunos círculos con el peyorativo sobrenombre de “La mandarina mecánica” – u ortopédica, según la fuente – (1), en tanto que para su distribución en Estados Unidos sería rebautizada con el nada disimulado título de Clockwork Terror (“Terror mecánico”).

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Sin embargo y pese a lo dicho, al contrario de las cintas anteriormente mencionadas – aunque Paul Naschy jure y perjure que escribió el guión de Exorcismo varios años antes de que existiera la cinta de Friedkin -, Una gota de sangre para morir amando no es en esencia un calco de La naranja mecánica. Por el contrario, las muchas similitudes estéticas y argumentales que el film en cuestión arroja para con su citado modelo, tales como la inserción en su trama de una pandilla de jóvenes uniformados que se dedican a sembrar el terror a su paso o la subtrama acerca de los experimentos gubernamentales con criminales para su reinserción social, más parecen (por lo general) pegotes añadidos para una mayor comercialidad del producto, que las bases sobre las que se sustenta el mismo.

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Fotograma de una escena censurada de la versión estrenada en España.

Y es que antes que un plagio al uso, Una gota de sangre para morir amando se antoja como un pretendido homenaje por parte de Eloy De la Iglesia al cine de Stanley Kubrick, aseveración que se deja notar en diversos momentos de su metraje. Tal es el caso de la secuencia en la que el grupo de delincuentes irrumpe la tranquilidad del hogar de una feliz familia, que si bien totalmente fusilada de la escena clave de la película de Kubrick, adquiere otro significado que el de la simple fotocopia al uso al venir precedida de una presentación televisiva en la que la locutora (nos) anuncia la inminente emisión de La naranja mecánica; o por otras circunstancias tales como el hecho de que su rol protagonista fuera confiado a Sue Lyon, actriz que años antes había interpretado a la Lolita de la adaptación que el cineasta norteamericano hiciera de la novela homónima de Vladimir Nabokov, coincidencia que es subrayado mediante la puesta en escena durante un plano en el que el personaje de Sue aparece convenientemente avejentada, gafas de sol incluidas, portando un ejemplar de la obra del escritor ruso entre sus manos.

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Dejando a un lado estas consideraciones, lo que es innegable es que bajo la nihilista visión de un futuro distópico que supone su historia sobre las andanzas de una enfermera que se dedica a matar individuos tras hacerles pasar una noche de placer, siguiendo así unos instintos criminales que en última instancia responden a una motivación benefactora, se esconden muchas de las constantes del cine de De la Iglesia. La reivindicación de lo diferente, los personajes marginales, o la crítica social, en este caso dirigida hacia la alienación mental que supone la publicidad y la televisión, están presentes en mayor o menor medida a lo largo de un metraje en el que tampoco falta el habitual enfoque gay del finado cineasta vasco en muchos de sus detalles: las autoridades creen en un principio que los asesinatos son obra de un homosexual; una de las víctimas es un muchacho afeminado que no se acepta tal y como es; o la referida escena del asalto a la residencia, en la que los “drugos”, aparte de violar a la mujer de la casa, harán lo propio con su marido, interpretado por Fernando Hilbeck (2).

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Esto no quita para que, comparado con la filmografía anterior de su autor, Una gota de sangre para morir amando sea un título menor cuyos resultados se ven perjudicados por un desigual tono y unos argumentos y personajes poco creíbles. Tal vez por ello, esta película cerraría la primera y, en opinión de quien ésto escribe, más interesante etapa del director de La semana del asesino, ya que tras su siguiente trabajo, Juego de amor prohibido (1975), Eloy de la Iglesia abandonaría casi por completo los terrenos del fantástico para decantarse por el tipo de cine más urbano y directo por el que suele ser recordado.

José Luis Salvador Estébenez

(1) A este respecto cabe señalar que en el libro coral Conocer a Eloy de la Iglesia (Filmoteca Vasca – Festival Internacional de San Sebastián, 1996), el propio director guipuzcoano se atribuye la paternidad de dicho mote.

(2) Dentro de este contexto, no sería descartable que la fugaz aparición de un amanerado director de anuncios respondiera a un premeditado guiño caricaturesco de De la Iglesia hacia su propia persona.

Published in: on septiembre 2, 2009 at 11:11 am  Comments (6)  
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6 comentariosDeja un comentario

  1. Añadimos una nueva entrega a nuestro dossier dedicado a Fernando Hilbeck con esta reseña de “Una gota de sangre para morir amando” de Eloy de la Iglesia, película que en su época sería conocida con el sobrenombre de “La mandarina mecánica” debido a sus variadas semejanzas con la magistral película de Kubrick “La naranja mecánica”.

  2. A mi me gustó, pero no dejo de reconocer que tantos parecidos (y tan buscados) con La Naranja Mecánica de Kubrick, le restan puntos.
    Buena reseña Cerebrin, como siempre.

  3. A mi esta cinta me aprece muy buena, con todas sus carencias y locuras, peroe s del todo recomednable.. Psicotrónia por doquier, aunque de forma personal, y todos los elementos simialres a La naranja de Kubrick me resultan muy acertados. Quizá otro presupesuto hubiese hecho estragos en esta producción.

    Un saludo¡

  4. A mi de esta pelicula..bueno me pareció terriblemente pretenciosa…igual por esos diálogos tan largos y fatuos…o bueno..no se
    Si no recuerdo mal era Garci el guionista..
    Aunque me encanta el look que tiene…
    Me parece increible pensar que hubo una época en el cine español en el que se producian películas como esta o “La semana del asesino”

    • Exacto. Si mal no recuerdo el tratamiento original era de Eloy, y Garci fue uno de los guionistas impuestos por Frade. Como buen especialista de Bradbury que era, a buen seguro que muchos de los elementos de ciencia ficción que están desperdigados por la película son responsables de él.

      En cuanto a tu comentario (imagino que positivo) de que películas así fueran posibles en nuestra industria, no es de extrañar. Entre otras muchas circunstancias (se producía un número mayor de películas, muchas de ellas eran realizadas con miras al exterior…), el cine español de entonces no tenía ningún tipo de complejos a la hora de sacar adelante cualquier tipo de proyecto, fuera del género que fuera. Otra cosa es que luego los resultados no acompañaran en muchos de los casos, pero al menos había una mayor variedad estilística que la que ha tenido el cine español de los últimos treinta años. Aunque bueno, parece que poco a poco nuestra industria está despertando de su letargo…

  5. […] títulos como El techo de cristal (1971), Nadie oyó gritar (1973), La semana del asesino (1972) o Una gota de sangre para morir amando (1973), obras irregulares pero bien resueltas y siempre saltando todos los escollos que los guiones […]


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