La leyenda del tambor

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Título original: La leyenda del tambor / El niño del tambor

Año: 1982 (España, México)

Director: Jorge Grau

Productor: Samuel Menker

Guionistas: Benito Alazraki, Jorge Grau, Luis Murillo

Fotografía: Fernando Arribas

Música: Santi Arisa a partir de temas populares catalanes

Intérpretes: Andrés García (Juan Clussá), Mercedes Sampietro (Rosalía), Jorge Sanz (Isidro), Alfredo Mayo (Abuelo Clussá), Diana Bracho (Paula), Vicente Parra (Antoni Frac, alcalde de Manresa), Guillermo Antón (Viñas), Roberto Camardiel (Mosén Ramón), Antonio Canal (Franz Krutter), Eduardo Bea (Carrió), Aldo Sandrell (General Schwartz), Iñaki Aierra (Pierre), Jorge Basso (Paul), Fernando Hilbeck (Canónigo), José Luis Barceló (Alcalde Sampedor), Luis Marín (Cabo francés), Alejandro de Enciso (Lafaylle), Javier de la Cima (José Clussá), Marinen Grau (Josefa), Feli Valencia (Nuria), Víctor Carlos Fidalgo (Lorenzo), Jordi Cárroga (Patufet), Raúl Freire (Ujier), Emilio Higuera (Quintana), José Sacristán (Mol), Teresa Guaira (Mujer de Quintana), Francisco Jarque (Tendero), José Riesgo (Monseñor), Alfonso Castizo (Guerrillero), David García, José Manuel Martínez, Antonio Tárraga, Luci Valencia, Pilar Cañizares, Rotoa Lefé, Ángela María García Vega, Daniel Muntaner, Toni Quiñonero, José Aulet, Juan Ramón Casanovas, Luis Sala, Francisco Pons…

Sinopsis: Junio de 1808, las tropas de Napoleón invaden España. Un niño llamado Isidro hará resonar su pequeño tambor en las montañas de El Bruch. Su entusiasmo en la tarea y el eco le ayudarán a hacer creer al ejército francés que miles de hombres armados les esperan para hacerles frente.

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Si por algo es recordada en el imaginario colectivo nuestra Guerra de la Independencia es por las diversas muestras de actos heroicos que se sucedieron en diferentes puntos de la Piel de Toro. No en vano, algunos de estos hechos han pasado a formar parte de la historia como símbolos de la resistencia del pueblo español contra el invasor francés, fruto de un movimiento espontáneo que algunos especialistas han venido a señalar como el surgimiento de la identidad nacional española. Tal es el caso del levantamiento popular vivido en Madrid el 2 de mayo de 1808, la resistencia a los dos sitios sufridos por Zaragoza, o la batalla del Bruch, tradicionalmente considerada como la primera derrota sufrida en suelo patrio por el hasta entonces invicto ejército de Napoleón.

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Precisamente, con el transcurrir de los años historia y ficción han ido de la mano en este último acontecimiento a causa del surgimeinto de la leyenda de “El tambor del Bruch” (“El timbaler del Bruc” en catalán), según la cual la victoria del bando español se produjo gracias a los redobles de tambor emitidos por un muchacho que, en combinación con la reverberación del sonido producida por las cercanas montañas de Montserrat, hicieron creer a las tropas de ocupación napoleónicas que tenían ante si a un numeroso ejército, provocando con ello su desbandada. A pesar de lo poco que históricamente el cine español se ha ocupado de la Guerra de la Independencia– siquiera dos decenas de películas, gran parte de ellas en tono folclórico -, la leyenda del tambor del Bruch ha sido llevada a la gran pantalla, hasta la fecha, en dos ocasiones (1), cada una de ellas en un contexto sociopolítico muy diferente.

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La primera de estas adaptaciones sería El tambor del Bruch (1948) de Ignacio F. Iquino, película que, sin desmerecer sus valores cinematográficos y al igual que ocurría en el resto de producciones de temática histórica alumbradas durante los primeros años del franquismo, era un vehículo de exaltación del “espíritu nacional” promovido por el Régimen, si bien desde postulados más regionalistas de los acostumbrados. Así, no resulta muy difícil de extrapolar el argumento que en ella se nos narra, y con él su mensaje, a la situación que se daba en el país por aquellas fechas, inmerso como estaba en plena autarquía derivada del aislamiento internacional con el que fue castigado el gobierno de Franco tras el final de la Guerra Civil.

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Tendrían que pasar casi treinta y cinco años para que la industria española volviera a retomar la historia del tambor del Bruch con La leyenda del tambor / El niño del tambor (1982), película dirigida por el barcelonés Jorge Grau, curiosamente, descendiente por parte materna de uno de los personajes implicados en los hechos históricos que se relatan en la película. En este caso, se trata de una coproducción con México cuyo protagonismo recae en un, por entonces, infante Jorge Sanz en el papel del tamborilero, al frente de un reparto coral que por la parte española incluye nombres tan agradables como los de Mercedes Sampietro, Vicente Parra, Alfredo Mayo, Roberto Camardiel, Aldo Sanbrell, Fernando Hilbeck o Eduardo Bea, en tanto que la participación azteca se reduce a la presencia de Andrés García y Diana Bracho.

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Realizada en plena ebullición del cine autonómico vivido en los años posteriores al final de la Transición, fenómeno en el cual se inscribe de forma tangencial, a priori pudiera deducirse de tal circunstancia que la cinta discurre bajo un tono pro-nacionalista catalán. Sin embargo, tales supuestas intenciones no pasan de detalles aislados como un primer plano de la Senyera en los prolegómenos de la batalla, o la total omisión de la participación de tropas gubernamentales en la contienda, más allá de la presencia dentro de los somatents de un guardia suizo borbónico salido de no se sabe bien dónde. Y es que, en realidad, La leyenda del tambor está planteada como una sencilla película para toda la familia – en su estreno fue recomendada “especialmente para la infancia” -, sin más pretensiones que las de realizar una reconstrucción lo más fidedigna posible dentro de su naturaleza ficticia de los acontecimientos históricos que se relatan, lejos pues de la epopeya heroica que se podría presuponer.

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De este modo, la cinta trata de exponer la situación y circunstancias en la que se desarrolla su trama, justificando las posturas tanto de los “patriotas” como de los afrancesados, sin caer en maniqueísmos pueriles, con la excepción hecha de la caricaturización a la que es sometido el general Schwartz. Pero incluso en este aspecto, Grau se cuida de no generalizar por medio de la aparición de dos desertores franceses que ayudarán a los guerrilleros en su lucha, al considerar éstos a Napoleón como un traidor de los ideales revolucionarios. En este punto, y junto a ciertos detalles concernientes al personaje de Alfredo Mayo – quien, como señala muy atinadamente Jesús Maroto de las Heras en su interesante Guerra de la Independencia – Imágenes en cine y televisión (Cacitel, Madrid, 2007), con los años pasó de ser un héroe del 2 de Mayo en El abanderado (1943) de Eusebio Fernández Ardavin, a convertirse en un payés afrancesado en el título que nos ocupa -, se deja notar la mentalidad liberal de su director, ya que los desertores llegarán incluso a plantear a los insurrectos la necesidad de llevar a cabo una revolución en unos términos más propios del socialismo moderno que de las ideas promovidas por Robespierre.

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El resultado de todo ello es el de un agradable título menor no carente de cierta gracia en su equilibrio entre historia y leyenda, cuyo visionado se ve además beneficiado tanto por su dinamismo narrativo como por la trabajada fotografía de Fernando Arribas.

José Luis Salvador Estébenez

(1) Mientras se escriben estas líneas, se encuentra en frase de producción otra nueva adaptación del mito titulada Bruc bajo la dirección de Daniel Benmayor.

Published in: on octubre 7, 2009 at 11:58 am  Comments (5)  
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5 comentariosDeja un comentario

  1. Tras estos dos días de contenidos especiales, retomamos nuestra programación habitual con “La leyenda del tambor” de Jorge Grau, dentro de nuestro dossier dedicado a la obra de Fernando Hilbeck.

  2. Y si os interesa el tema, tenéis una entrevista a Jordi Grau realizada durante el Festival de cine Fantástico y de terror de Estepona del pasado mes de Septiembre.

  3. Jajajaja. ¡Maldito spammer!😛😉

  4. En Catalunya solemos decir que, si el tamborilero del bruc en vez de tocar el tambor se hubiese tocado otra cosa ahora seriamos todos mucho mas felices, porque en vez de ser españoles seriamos franceses.


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