La víctima número diez

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Título original: La decima vittima / La dixiéme victime

Año: 1965 (Italia, Francia)

Director: Elio Petri

Productor: Carlo Ponti

Guionistas: Tonino Guerra, Giorgio Salvioni, Ennio Flaiano, Elio Petri, Ernesto Gastaldi [sin acreditar] según el relato La séptima víctima (The Seventh Victim) de Robert Sheckley

Fotografía: Gianni di Venanzo

Música: Piero Piccioni

Intérpretes: Marcello Mastroianni (Marcello Polletti), Ursula Andress (Caroline Meredith), Elsa Martinelli (Olga), Salvo Randone (Profesor), Massimo Serato (Abogado), Milo Quesada (Rudi), Luce Bonifassy (Lidia), George Wang (Cazador china), Evi Rigano (Víctima), Walter Williams (Martin), Richard Armstrong (Cole), Antonio Ciani, Jacques Herlin (Presentador del club), Wolfgang Hillinger (Barón Von Aschenberg), Mickey Knox (Chet), Anita Sanders (Chica del relaxatorium)…

Sinopsis: En el mundo del futuro la guerra ha dejado de existir, pero el instinto de matar aún perdura en el ser humano. Para sublimarlo, se ha desarrollado un macabro juego llamado “La gran caza”, una cacería humana en la que cada participante debe alternar el rol de cazador y víctima un total de diez veces. Quien logra completar victorioso este ciclo es declarado decatleta, siendo colmado de honores y recompensado con un millón de dólares.

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No le faltan motivos de interés a esta La víctima número diez [tv: La décima víctima] (La decima vittima / La dixiéme victime) de Elio Petri. En primer lugar, por suponer a su manera el espaldarazo definitivo de la carrera del reputado escritor norteamericano de ciencia ficción Robert Sheckley, de quien toma como base argumental su relato La séptima víctima (The Seventh Victim), posteriormente convertido en novela por éste. Y segundo, por su condición de pionera del subgénero de películas sobre deportes mortales por el que durante los años siguientes transitarían títulos como Rollerball (Rollerbal, 1975) de Norman Jewison, La carrera de la muerte del año 2000 (Death Race 2000, 1975) de Paul Bartel, o Perseguido (The Running Man, 1987) de Paul Michael Glaser [y Andrew Davis] – esta última, en realidad, un plagio por parte de Stephen King, autor de la novela en que se basa, del relato de Sheckley –. No solo eso. Además de ser la iniciadora de este fenómeno, en ella se dan cita muchas de las constantes que luego serían habituales en esta clase de films, como la institucionalización de la violencia por parte del poder como método de control del ciudadano, o la falta de escrúpulos de la televisión y las grandes compañías con tal de alcanzar sus objetivos.

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Sorprende pues ante estos antecedentes el relativo olvido en el que se encuentra sumido este título en el inconsciente colectivo. A buen seguro que en esta situación influye que sus resultados, si no desdeñables, sí al menos se antojan poco memorables para con las posibilidades que el proyecto apuntaba[1]. Gran culpa de ello reside en la falta de definición que arroja el conjunto, posiblemente provocada por la, a priori, antitética visión del cine de sus dos máximos responsables, su productor Carlo Ponti y su director Elio Petri, tal y como confirman ciertas declaraciones de su actor protagonista, Marcello Mastroianni, en las que aseguraba que el acomodaticio final del film fue una exigencia impuesta por los distribuidores[2]. Pero no menos cierto es que otra parte de la imprecisión de los postulados de la cinta estriban tanto en su evidente distanciamiento con el planteamiento sobre el que se sustenta su historia – un futuro distópico en el que el asesinato está legalizado a partir de unas reglas -, como en el exceso de temas bosquejados a lo largo de su metraje, algunos de los cuales, como lo referente a la mentalidad italiana o a la situación del divorcio en aquel país, pecan de un enfoque demasiado localista.

Elio Petri y Ursula Andress en un descanso del rodaje
Elio Petri y Ursula Andress en un descanso del rodaje

Sin embargo, pese a lo fallido y desequilibrado que pueda parecer el fruto de este extraño y predecible pastiche formado por elementos de ciencia ficción, sátira social, comedia all’italiana e historia de amor, éste no deja de poseer cierto encanto y apuntes interesantes. En este último aspecto son de destacar ciertas ideas planteadas por Petri, caso del mensaje último del film – lo imposible del individualismo en una sociedad moderna y el amor como remedio a la deshumanización a la que nos dirigimos -, o de ciertas referencias cuasi metalingüísticas más o menos evidentes en las que se alude a diferentes componentes del cine italiano de la época, como Federico Fellini, Nino Rota, el movimiento neorrealista o el ya por entonces caduco péplum. No obstante, si hay un aspecto de la cinta que sobresalga para mal y para bien entre todos los demás, este es su exacerbado esteticismo de tono pop, al que no es ajeno ni la rescatable meolodía principal compuesta por Piero Piccioni, ni la lograda fotografía de Gianni Di Venanzo, ni el vestuario de corte chic lucido por una Ursula Andress más guapa que nunca que, además de mostrar una excelente química con su compañero de reparto, el ya mentado Mastroianni, realiza una de las mejores interpretaciones de toda su carrera.

José Luis Salvador Estébenez

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[1] Curiosamente, otra adaptación de la obra de Sheckley, la franco-yugoslava El precio del peligro (Le prix du danger, 1983), de Yves Boisset, nada nimia por cierto, también permanece a día de hoy un tanto olvidada.

[2] “La historia era muy dramática, incluso trágica: en un mundo donde no habrá más guerras, la gente inventa el juego de matar. Muchos años después Petri me dijo que tendría que rehacer la película y el final, porque ese final fue impuesto por los distribuidores. Son los límites del cine cuando se convierte en industria; a veces debemos de acatar reglas que nada tienen que ver con la más auténtica inspiración del autor.” Marcello Mastroianni: il gioco del cinema (Gremese Editore, Roma, 2006) de Matilde Hochkofler, pág. 82.

8 comentarios en “La víctima número diez

  1. Las películas con esta base argumental siempre me han interesado sobremanera (y eso que “Perseguido” se pasaba la novela que adaptaba por el agujero del cuerpo que jamás suele ver la luz del día)… es conseguible via descarga?

    PD: Recuérdame por mail qué pelis del tema filmoteca te interesaba venirte, please.

    1. Como le dije a freddy, esta película es fácilmente localizable en la mula. Busca por su título original, y haz lo propio en una buena página de descargas para hacerte con los subtítulos en castellano. Si tienes problemas dilo e intento echarte una mano.

  2. Gran reseña de una película que desconocía. Me ha sorprendido sobretodo lo marciano de sus máximos responsables: Petri y Ponti.
    Así no me extraña lo irregular de los resultados. Casi que hubiera sido más divertido que se hubiera encargado un Castellari o un Sergio Martino, pongamos por caso, ¿no?

    1. Pues no… por lo menos para mi. Antes que cambiar al director, que por otra parte me parece uno de los mejores de su país por aquellos años, lo que habría que cambiar es al productor. Además, con Castellari o Martino no, pero con D’Amato y Fulci ya hay un par de adaptaciones apócrifas de idéntica novela… 😛 😉

  3. Pues no estaría mal un artículo de los plagios perpetrados contra Robert Scheckley. Porque entre las que tú dices, y la novela de Stephen King…

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