Desde la Caverna: Antonio Margheriti

Referente ineludible del cine B europeo, la obra de Antonio Margheriti sigue sin encontrar su merecido reconocimiento. La propia diversidad de su filmografía, el hecho de no especializarse en un género concreto o simplemente el haber realizado obras con un claro sesgo aventurero han jugado claramente en su contra. Sin embargo, un rápido vistazo a su trayectoria, hecha por tierra cualquier argumentación apriorística. Pionero de la SF italiana y por lo tanto europea (con permiso del gremio británico), Antonio Margheriti dotó a sus películas de una profesionalidad y acabado técnico que le vinculaban directamente con los cineastas norteamericanos que pulularon por la serie B. Cada uno puede elegir sus preferencias, pero no es muy arriesgado afirmar que la obra del italiano no está muy alejada de raras avis como la del tuerto André de Toth o la del mismísimo Roger Corman, con sus lógicas puntualizaciones.

Un aspecto muy interesante en la filmografía de Margheritti es que su evolución nos permite conocer perfectamente los vaivenes del mercado cinematográfico según iban cambiando los gustos del público o los intereses de los productores. Así en los 60, sus incursiones en la ciencia ficción se ven trufadas por fugas al péplum, al cine de espías, al terror, al giallo e incluso al western. En los 70, la comedia, el erotismo, el policíaco, el western….son sus habituales señas de identidad contaminando sus películas de elementos de otros géneros, una de sus características mas recordadas. En los 80, como otros compañeros suyos tuvo que sobrevivir a base de exploits y trabajos alimenticios de claro sesgo comercial y siempre mirando el mercado norteamericano. Sin embargo, y a diferencia de muchos de sus colegas, sus obras aunque lejos de los logros artísticos alcanzados en los 60, no pierden un ápice de profesionalidad ni funcionalidad. Es una etapa en la que domina el cine de acción, la aventura de carácter retro e incluso, inesperados regresos al SF. El mismo como lo hacía su amigo Mario Bava controlaba los efectos especiales y el trabajo con maquetas, una de sus grandes especialidades, que no abandonó hasta el final de su obra.

Despachar su obra con el adjetivo de irregular es caer en el tópico más evidente. Pocos cineastas de la escuela terrorífica italiana tienen obras del calado de Danza Macabra (1964) o su remake La horrible noche del baile de los muertos (1970), y en la historia del western europeo no existe una película comparable a Y Dios dijo a Caín (1969). Aunque los nombres de Corbucci, Martino, Castellari o Fulci suelen ser equiparados a su figura, el cine de Antonio Margheriti es claramente superior a cualquiera de ellos. Puestos a situarle en algún lugar dentro de la cinematografía europea, su obra sería vinculable a la de los británicos Roy Ward Baker y John Gilling, o al francés André Hunebelle, directores que sin llegar a la altura de Terence Fisher, Mario Bava o Ricardo Freda, ejercen una posición importante para entender el paso entre el cine de género autoral y el stajanovismo mercantil.

Curiosamente, estas líneas han surgido del visionado de dos de sus películas ochenteras, Comando Patos Salvajes (1984) y Comando Suicida (1988), ambas exploitation producidas por el todoterreno Erwin C. Dietrich. Evidentemente, no son sus mejores trabajos pero hay detalles en ellas que el aficionado al cine de género europeo puede disfrutar. La presencia de viejas glorias en el reparto, el tono cosmopolita de ambas producciones, el aire de cómic que se imprime a las escenas de acción, sus conexiones con el cine Hong Kong, sus artesanales efectos especiales…buena muestra del cine de programa doble con que los italianos nutrieron las salas durante aquella década.

THE DAWSON COMMANDOS

Hay películas que sin pretenderlo se convierten en espejo de la situación personal, artística o mercantil de algunos de los responsables que las han llevado a cabo. Posiblemente esta pretensión no sea más que un juego evidentemente cinéfilo utilizado para ensalzar o disculpar a algún director, actor, actriz, guionista… en algunos de sus proyectos más esquivos, y al que se pretende sacar del ostracismo y reivindicar de alguna u otra manera o simplemente disculpar en algunos de sus cometidos más oscuros. Todos tenemos claros ejemplos en la cabeza pero no yéndonos del territorio B que nos ocupa, podemos reseñar la mitificación llevada a cabo por las condiciones de rodaje en las que se vio inmerso el incomparable Ed Wood o en un plano algo más serio, los paralelismos existentes entre ciertos personajes y situaciones en las películas del maestro Edgar G. Ulmer con su experiencia vital, lo cual nos llevaría a considerar parte de su obra como un ejercicio de doloroso exorcismo personal. Aceptando el reto podríamos considerar que las labores mercenarias y/o guerrilleras que mueven las tramas de la “Trilogía Comando” que Antonio Margheriti realizó entre 1984 y 1988, serían un fiel reflejo de su condición industrial: un buen puñado de profesionales pertenecientes a distintas cinematografías son contratados con  el fin de sacar adelante una serie de películas de acción en régimen de coproducción, que parecen hechas a destiempo o más propias de otra época. Un objetivo aparentemente difícil y avocado a priori hacia el fracaso. Y sin embargo, el resultado es lúdico, funcional y evidentemente respetable para el que quiera conocer algunos derroteros por los que se movió el cine de género en la década de los 80 (salvo para los asiduos a calificativos retóricos con los habituales y poco originales prefijos: infra-, sub-, pseudo-…). Las tres películas que nos ocupan producidas por el suizo Edwin C. Dietrich comparten técnicos, actores, situaciones y director, eso sí, con ligeras diferencias entre ellas y con un nivel técnico superior a otras producciones similares realizadas en la misma época en otras cinematografías (Estados Unidos aparte).

comando patos salvajes

1.- Comando Patos Salvajes (1984). Aparcando el filón post-Vietnam y el cine de aventuras retro que movió su obra en esos años, Anthony M. Dawson se embarcó en esta producción de acción de evidentes resonancias bélicas y claro sesgo aventurero. El modelo evidente prefigurado por su título es una película de finales de los 70, dirigida por Andrew V. Mcglalen, que sirvió de reunión a viejas glorias y algunos actores de renombre: Richard Burton, Richard Harris, Roger Moore, Steward Granger, Hardy Krüger, Frank Finlay, Jack Watson…Una cinta de aventuras mercenarias ambientada en África y con la multinacional de turno queriendo eliminar al dictador sádico y molesto. Moderado éxito en su momento y una secuela tardía dirigida por Peter Hunt más vinculada a las películas de espías de los 60 que a la obra de referencia.

Codename: Wild Geese sigue las líneas básicas de la obra citada pero cambia el paraje y los objetivos. En esta ocasión, los oscuros manejos empresariales y nacionales quieren hacer una operación de limpieza en los centros de creación de heroína en el sudeste asiático. A diferencia de las producciones Cannon se elude cualquier contenido demagógico en favor del espectáculo y las escenas de acción. Por encima de los lugares comunes y los diálogos archiconocidos, prima la labor tras las cámaras de Margheriti atento en todo momento al sentido visual de la narración, al uso hábil de los escenarios, a aprovechar el rol habitual de los actores veteranos, a rentabilizar los cuidados y escuetos efectos especiales y al uso del formato panorámico que evita la saturación de zooms tan característico de otras épocas. Es un cine sin dobles lecturas, efectivo, abiertamente B  y honestamente dirigido que demuestra claramente la capacidad del director de Danza Macabra para producciones de estas características. Hay que destacar también la labor de Peter Baumgartner en el apartado fotográfico, la presencia de veteranos del celuloide en condición de cuasi leyendas (unos envejecidos Ernest Borgnine y Lee Van Cleef), la siempre maravillosa Mimsy Farmer,  y lógicamente Klaus Kinski, que a falta de guión se adueña de la pantalla con su habitual vampirismo interpretativo. Detalle para melómanos: la banda sonora corrió a cargo del combo alemán Eloy, grupo de rock progresivo en vías de extinción para cuando se rodó la película y que aquí se decanta por las sonoridades electrónicas.

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2.- Comando Leopardo (1985). Rodada a continuación de Comando Patos Salvajes y compartiendo con ella gran parte del equipo técnico-artístico, en esta ocasión se opta por una película de guerrillas ambientada en  Latinoamérica pero siguiendo las principales pautas de la obra anterior: acción, espectacularidad y efectividad en su puesta en escena. La base argumental es mínima: un grupo de guerrilleros liderados por Carrasco luchan incansablemente contra la tiranía del presidente Homoza, respaldado en todo momento por el temible Silveira (encarnado por un Kinski que se lleva, como no, los mejores momentos de la película) y su guardia pretoriana. Pero Margheriti consciente de ello en todo momento, opta por un lúdico dinamismo no exento de pequeñas detalles críticos, que nos hace recordar aunque sea levemente, los films sobre el México revolucionario que rodaron otros directores italianos a finales de los 60 y comienzos de los 70.

La película pivota entorno a tres secuencias de efectos especiales (a cargo de su hijo Eduardo) en las que se demuestra la pericia del director italiano en este tipo de escenas: la voladura de una presa, el ataque a un aeropuerto y el atentado a una refinería. Sin embargo, estos momentos no hacen palidecer al resto de la cinta. El tono aventurero abiertamente cómic se beneficia de una fluidez narrativa que en ningún momento tiende al apresuramiento o a la acción atropellada. Los personajes y las situaciones están mejor construidas que en la obra anterior, suponiendo evidentemente un inesperado salto cualitativo e incluso, Margheriti se permite algunas notas de romanticismo con el hecho revolucionario y con el paisanaje, de claras reminiscencias peckinpahnianas.

Por otro lado, la labor de los actores se hace notar aunque sea en leves pinceladas. El británico Lewis Collins (protagonista del tríptico) encarna perfectamente al héroe guerrillero sacado de cualquier portada de cualquier publicación pulp; el actor alemán Manfred Lehman (también participante en la trilogía) dispone para la ocasión de un personaje (un sacerdote que ayuda a los rebeldes) que le da ocasión de cierto lucimiento; John Steiner vuelve a usar su extraño semblante en pantalla; y el actor Alan Collins (de nombre real, Luciano Pigozzi) tiene su  hueco de expresión como es habitual en las películas de Anthony Dawson. Hay que reseñar también que el personaje femenino, interpretado por Cristina Donadio, tiene un mayor peso en la acción, algo que no sucede en la obra anterior ni en la que cerró el pack, completamente dominadas por el espectro masculino, aspecto por otro lado habitual en este tipo de películas.

Una duda surge en relación a su columna sonora atribuida por partida doble a Ennio Morricone y al yugoslavo Goran Kuzminac. Si bien la huella del primero no se aprecia por ninguna parte, y a falta de conocer la obra no cinematográfica del segundo, hay que reseñar que algunas composiciones nos remiten por momentos al estilo desplegado por Popol Vuh en sus composiciones para el alemán Werner Herzog.

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3.- Comando Suicida (1987). Entre comando y comando, Antonio Margheriti rodó el último de sus films de aventuras retro Jungle Raiders/La Leggenda del Rubino Malese (1985) y un regreso al cine de ciencia ficción L´isola del Tesoro/Space pirates (1986), un viejo proyecto del director Renato Castellani fechado en 1964 y que acabó reconvertido en miniserie de TV bajo la batuta de Dawson (de la que se estrenó en formato videográfico un condensado, al igual que anteriormente había sucedido con Yor, el cazador que vino del futuro). Del primero cabe reseñar que de alguna manera sirvió para paliar su querida y finalmente abortada adaptación de Corto Maltés, el inolvidable personaje de Hugo Pratt quien se negó a dar el visto bueno a los guiones presentados para el proyecto (uno de los cuales escrito por el realizador Duccio Tessari). Por lo que respecta a La isla del espacio hay que destacar que a las  restricciones presupuestarias lógicas en un proyecto televisivo, se unió la ausencia por motivos de salud del director en la postproducción, por lo que le fue imposible controlar la copia que finalmente llegó a las pantallas.

La serie comando se cierra con una especie de remake de Codename: Wild Geuse , aunque mejorando la película citada, especialmente en algunos aspectos argumentales y ampliando el espectro cosmopolita de la propia producción. Der Commander (1987) vuelve a plantear una misión mercenaria contra los centros de producción de la droga, aunque aquí el objetivo es un disquete con importante información. La trama, algo confusa, implica a diversos servicios secretos, traiciones de todo tipo, alambicados escenarios selváticos, historias de amor truncadas, oscuras lealtades y efectivas escenas de acción respaldadas por las habituales secuencias de FX (en las que se recurre en ocasiones a stocks de  films anteriores). Margheriti vuelve a demostrar su efectividad en la puesta en escena, dotando a la película de su habitual predilección por un tono aventurero que prescinde de posibles interpretaciones demagógicas, y sacando en todo momento partido a la variedad de escenarios muy bien fotografiados por Peter Baumgartner.

De nuevo, uno de los platos fuertes para los nostálgicos es su reparto repleto de viejas glorias del cine B europeo. Aunque Kinski faltó a la cita, en Comando Suicida reaparece un villanesco Lee Van Cleef de engañoso descanso en una villa mediterránea, un hilarante Donald Pleasance como jefe de la CIA en territorio europeo (sus cínicas apariciones en suelo alemán parecen retomar el cine de espías de finales de los 60 y comienzos de los 70), John Steiner con aires de mafioso dandy perdido en lejano oriente, el pelotón habitual de la saga (Lewis Collins, Manfred Lehman, Thomas Dannenberg) reforzados aquí por el musculoso Bobby Rhodes, sin olvidar a los actores Paul Müller y Brett Halsey (presencias habituales en el cine de género del viejo continente).

Un detalle para no puristas. El violento John Rambo (2007) revive, aunque intuimos de manera involuntaria, la estética y en ocasiones la ética de muchas producciones italianas de ambiente bélico que fueron producidas por la industria italiana durante los años 80. Incluso las brutales escenas gore del filme de Stallone tienen más que ver con una explotación transalpina del personaje que con los nada blancos filmes de la saga. Personalmente, y aunque John Rambo no me resulta una película desdeñable, mis preferencias siempre se quedarán con la trilogía filmada por el finado maestro italiano.

Fernando Rodríguez

2 comentarios en “Desde la Caverna: Antonio Margheriti

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