La mano de un hombre muerto

Título original: La mano de un hombre muerto

Año: 1962(España)

Director: Jesús Franco

Productores: José López-Brea, Jesús Franco

Guionistas: Jesús Franco, Pío Ballesteros, Juan Cobos, Gonzalo Sebastián de Erice, según una historia de David Kuhne [Jesús Franco] y René Sebille

Fotografía: Godofredo Pacheco

Música: Daniel White, Jesús Franco

Intérpretes: Howard Vernon (Max von Klaus), Hugo Blanco (Ludwig von Klaus), Fernando Delgado (Karl Steiner), Paula Martel (Karine), Georges Rollin (Inspector Borowsky), Gogó Rojo [acreditada como Gogo Robins (Margaret), Ana Castor (Linda), Serafín García Vázquez (Ángel), Ángel Menéndez (Dr. Kallman), María Francés (Elisa von Klaus), Manuel Alexandre (Theo), Turia Nelson, José Luis Coll, Miguel Madrid, José Bastida, Joaquín Pamplona, Dina Loy, Emilio Alonso, José Carlos Arévalo, Rosa Mayén, Carmen Mora, Manuela Castro…

Sinopsis: La pequeña ciudad centroeuropea de Holfen está siendo el escenario de una serie de crímenes que tienen por víctimas a bellas mujeres jóvenes. Mientras que la policía y la prensa tratan de esclarecer los hechos y encontrar al verdadero culpable, los lugareños sospechan que todo es el fruto de una antigua maldición que pesa sobre los señores de la zona, los barones Von Klaus.

Tras la buena acogida con que fue dispensada su seminal Gritos en la noche (1962), el mismo año Jesús Franco volvió a probar fortuna con otro proyecto enmarcado en los terrenos del horror gótico. El resultado sería La mano de un hombre muerto (1962), film que arroja no pocas similitudes de todo tipo con el film que le antecedió. Para empezar, desde el punto de vista argumental su trama no es sino un calco muy aproximado de la de Gritos en la noche.De nuevo la historia se centra en las andanzas de un asesino de mujeres cuyos crímenes tienen origen en ciertas circunstancias derivadas de su núcleo familiar, en este caso una supuesta maldición que impele a los varones de la saga a llevar a cabo macabros asesinatos rituales que más parecen ser el fruto de la proyección de su inconsciente maligno. Del mismo modo, su motor narrativo recae en las pesquisas policiales por esclarecer los hechos, en las que la participación de un(os) mendigo(s) adquirirá cierta importancia.

Idéntico nivel de semejanzas hallamos en su apartado técnico-artístico, toda vez que dos de los principales puntales de la cinta se encuentran en la interpretación del icónico Howard Vernon, bien acompañado por unos soberbios Fernando Delgado y Hugo Blanco, así como en la brillante fotografía en blanco y negro de Godofredo Pacheco, cuyo uso del formato cinemascope realza aún más la ya de por sí poderosa inventiva visual de la que hace gala Jesús Franco. Por último, tampoco faltan durante el metraje ni los momentos que enlazan directamente con estilos cinematográficos tan variopintos como el expresionismo alemán, el ciclo terrorífico de la Universal o el realismo poético de la escuela francesa – no en vano, se trata de una oficiosa coproducción con aquel país -, ni el peculiar sentido del humor de su director, afortunadamente menos inoportuno e insoportable que en la previa.

Pero, a pesar de lo dicho, La mano de un hombre muerto no se queda en un simple remedo de lo ya exhibido por Gritos en la noche. Por el contrario, prefigura con extrema claridad la posterior evolución que experimentaría la carrera de su prolífico responsable mediante la aparición de diversos elementos que pronto se convertirían en señas de identidad del cine de éste. Sin entrar a señalar los numerosos lugares comunes de la filmografía del madrileño en los que incide el film, prueba de ello es la preponderancia que en él tienen ingredientes tales como la relevancia que le es otorgada a su banda sonora, poblada en su mayoría por ritmos de jazz, o su marcado erotismo, apreciable incluso en el casto montaje español en el que, entre otros planos, se suprimió una escena de carácter sadomasoquista de lo más osada para la época, en la que Hugo Blanco flagelaba el maniatado cuerpo desnudo de la muy apetecible Gogó Rojo en lo que supuso su debut en el medio.

Junto con lo ya apuntado, otro de los aspectos a destacar del título que nos ocupa es la sorprendente cantidad de rasgos que adelanta de un género posterior como es el giallo, coincidencia esta probablemente debida a cierta asumida influencia común en unos y otro: las novelas de suspense del inglés Edgar Wallace. Así, al igual que la de los gialli italianos, el interés de la trama del film de Franco está construido alrededor del descubrimiento de la verdadera personalidad del asesino de turno, el cual actúa enguantado y enmascarado, utilizando un arma blanca para llevar a cabo misóginos crímenes que en última instancia responden a una pulsión de orden psico-sexual; en tanto que la puesta en escena de los diferentes asesinatos que acontecen en pantalla esta dotada de una plasticidad pareja a la que luego sería habitual dentro de esta corriente trasalpina, siendo en este sentido destacable la hábil utilización que del sonido hace el director de Las vampiras en dichas secuencias. Incluso yendo un poco más allá, no resulta demasiado descabellado el considerar a la excepcional escena pre-créditos que abre la cinta en su versión patria deudora de la inaugural Seis mujeres para el asesino, si no fuera porque la película española es al menos un año anterior a la de Bava.

Sin embargo, a pesar de todos sus aciertos, de su indudable interés, y del hecho de que quizás, con permiso de Miss Muerte, sea ésta la película en que Franco mejor conjuga sus habituales obsesiones con unas formas cinematográficas más o menos ortodoxas, La mano de un hombre muerto dista mucho de ser un film redondo. Y es que como si de un reflejo del malgastado talento de su director se tratara, las numerosas buenas ideas que se acumulan en su metraje son una tras otra desperdiciadas a causa de su discutible tratamiento. Por ejemplo, su jugoso planteamiento fantástico y la conseguida atmósfera de miedo y superchería lograda en sus primeros minutos es bien pronto desaprovechada en favor de una predecible intriga policíaca torpe, morosa y soporífera, aquejada además de una evidente dispersión y deriva narrativa provocada por la cantidad de personajes a los que da cabida su historia con el nada disimulado objeto de diversificar el número de posibles sospechosos. Una lástima, pues de haber sido de otra manera a buen seguro que estaríamos hablando de uno de los títulos señeros de nuestro fantaterror.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on enero 15, 2010 at 6:38 am  Comments (7)  
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7 comentariosDeja un comentario

  1. Pues esta me falta por ver de Jesús Franco y la verdad es que, – aunque al final le has metido un poco de caña -, me han entrado muchas ganas de verla después de leer tu reseña!
    Haber si la encuentro en la mula!

  2. Esta es una de mis favoritas del tío Jess y uno de los grandes clasicos del thriller terrorífico español. Yo incluso la prefiero a El cebo de Vajda. Incluso los elementos pregiallo que aparecen en la peli son francamente sorprendentes. Capítulo aparte es la excelente fotografía del filme, que refuerza la atmósfera inquietante de la historia.
    Saludos.

  3. Mejor que El Cebo?? No me lo puedo creer! Encualqueir caso me han dado ganas tremendas de verla y opinar. A ver si hay suerte y la mula me la trae 😉

  4. Tengo buenos recuerdos de ella….Gran critica como siempre Jose Luis….

  5. En breve se viene el cumpleaños numero 80 del tio Jess, espero la cinemateca se acuerde

  6. […] La mano de un hombre muerto,(dobles parejas de ases y ochos, la jugada que llevaba el legendario Wild Bill Hickok cuando Jack McCall lo asesinó por la espalda en Deadwood) es uno/otro de entre ese puñado de trabajos a rescatar directamente desde la primera y probablemente mejor (o al menos más sólida) parte de la abigarrada filmografía de Jesús Franco que pese a no apurar hasta el fondo todas sus posibilidades y a decantarse por el tratamiento menos estimulante en ocasiones, termina, en conjunto,  por resultar tan agradable como rebosante de detalles, malsanos o geniales, y sugerencias que anticipan sus mejores logros, es decir los de la electrizante Miss Muerte en 1965. Puede hablarse con cierta propiedad de una reconfiguración del goticismo que había animado su fundacional Gritos en la noche en 1961, donde se aparca el casticismo cercano al Neville de La torre de los siete jorobados y las ficciones pulp de comienzos de siglo, e incluso parcialmente la pertenencia expresionista, para buscar nuevos referentes/parentescos en otros dos fenómenos europeos contemporáneos:  por un lado el krimi alemán sobre la narrativa de Edgard Wallace que en aquel mismo momento ya había puesto en funcionamiento la Rialto -explotándolo a conciencia entre finales de los 50 y principios de los 70 en base al trabajo destajista de profesionales como Alfred Vohrer o Harald Reinl (encargado también de la saga Winnetou/Old Shatterhand según Karl May) y entronizando en el imaginario popular bis a figuras tan entrañables como Joachim Fuchsberger o Heinz Drache en el lado de los buenos y el jovencito aunque ya perpetuamente maligno Klaus Kinski en el contrario, amén de haber sido una de las corrientes cinematográficas que introdujo el jazz como columna sonora en el cine europeo- y otro en los proto-gialli que Mario Bava proponía en Italia con sus trabajos fundacionales en I Vampiri (terminando lo que Riccardo Freda dejó a medias, como era su costumbre) en 1956 y su ya autónoma La muchacha que sabía demasiado de este mismo 1962. Curiosamente idénticos referentes que los manejados aquí están presenten en tal fecha por el reivindicable Eugenio Martín para su Hipnosis, tercer largo del autor y ya directamente una coproducción tripartita con Alemania. Eso sí, con bien diferentes resultados producto de la manera en la cual, la sensibilidad mórbida y perversa de Franco termina empujando el relato hacia derroteros divergentes de los de la historia meramente policiaca. Aunque por desgracia esto solo suceda a medias y la película termina quedándose en una tierra de nadie, entre apuntes y fogonazos de lo que pudo haber sido, adoleciendo en su conjunto de la sofisticación y el constante ingenio, no ya de logros mayúsculos como la mencionada Miss Muerte, una de las obras maestras del fantastique de los 60, sino del memorable tercio final de este mismo film. Prácticamente solo en esa conclusión el realizador se desata dejando que la vena fantaterrorífica de la película fluya con libertad y logrando, entonces sí, logros de verdadero mérito. […]

  7. […] ir más lejos, fruto de esta particular idiosincrasia habían sido La muerte silba un blues (1962), La mano de un hombre muerto (1962) o El llanero (1963), por solo poner unos cuantos ejemplos aleatorios. Como en la mayoría de […]


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