La regina degli uomini pesce

Título original: La regina degli uomini pesce

Año: 1995 (Italia)

Director: Sergio Martino

Productor: Marco Grillo Spina

Guionistas: Sergio Martino, Sauro Scavolini

Fotografía: Roberto Girometti

Música: Luigi Ceccarelli

Intérpretes: Giuliano Gensini (Sam), Michael Velez (Tom), Ramona Badescu (La reina), Natascia Castrignano (Selva), Donald Hodson (Sócrates), Hal Yamanouchi (Sacerdote), Antonella Troise, James Thuell, Anibelca Garcia, Roberto Ferrarasi, Ron Spyre…

Sinopsis: Hacia el año 2050 de nuestra era Nueva York ha sido arrasada por una hecatombe nuclear. Entre sus ruinas, dos jóvenes sobreviven cazando ratas mientras tratan de no ser apresados por los guerreros que dominan lo poco que aún queda de la Gran Manzana. Un día, tras un ataque, los chicos emprenden una huida que les conduce hasta una cercana playa en la que encuentran a un anciano que les habla de la existencia de una isla ajena a las radiaciones nucleares. Una vez en el lugar, los muchachos no tardarán en descubrir que ese supuesto paraíso tampoco se halla libre de peligros, ya que en él gobierna una cruel reina que tiene bajo su poder a unas extrañas criaturas con forma humana y rasgos de pez.

Coincidiendo con una época en la que su producción se había circunscrito casi en exclusiva al medio catódico, Sergio Martino encaraba en 1995 la realización de un largometraje de aventuras destinado hacia el público infantil-juvenil, quizás consciente de que a estas alturas era este segmento de la audiencia el único que aún podía pasar por alto las enormes carencias de las que haría gala su propuesta. No en vano, el fruto resultante se erigiría en un ejemplo palpable de la total decadencia en la que para entonces se había instalado el otrora esplendoroso cine de género italiano por medio de la figura de uno de sus creadores más relevantes. Si a partir de la mitad de la década de los setenta la filmografía de Martino se había caracterizado por la explotación, juntos o por separado, de los diferentes éxitos cosechados por la industria hollywoodiense de la época, para esta ocasión sus modelos eran dos obras propias: La isla de los hombres peces (L’isola degli uomini pesce, 1979) y 2019 – Tras la caída de Nueva York (2019: Dopo la caduta di New York, 1983).

Sin embargo, lejos de convertirse en un pomposo ejercicio auto-referencial por parte del cineasta romano, tal circunstancia respondió a la más que presumible ausencia de presupuesto con el que contó para la confección del proyecto, lo que le obligó a tirar de ingenio y oficio para conseguir llevarlo a buen puerto. Tanto es así que, sin ánimo de exagerar, más de la mitad del metraje se corresponde a material reciclado de las dos cintas anteriormente citadas, a las que se le añadirían ciertos planos provenientes de otra película de su director, la polémica en nuestro país La montaña del dios caníbal (La montagna del dio cannibale, 1978).

El porqué de la elección por parte de Martino de estos dos títulos en especial y no otros para dar forma a La regina degli uomini pesce hay que buscarla en varios motivos. Por un lado, por tratarse posiblemente de los dos ejemplos más aptos para todos los públicos de cuantos componen la filmografía del director de La perversa señora Wardh, algo que indudablemente favorecía a los citados planteamientos con los que fue concebida la película. Y por otro, por ser asimismo dos de sus trabajos más conocidos, lo que contribuía para ampliar el, en cierta medida, delimitado mercado potencial al que su orientación en principio le abocaba, situación esta que su título se encarga de remarcar mediante su referencia directa al de La isla de los hombres peces, dato que ha llevado a algunas fuentes a considerar a la presente como una secuela de aquélla. A todas estas causas también habría que unirle, qué duda cabe, la idoneidad de ambos films a la hora de facilitar la fabricación del inevitable pastiche argumental de turno.

De este modo, no son pocos los elementos de una y otra película que se repiten de forma muy parecida en la trama pergeñada para la ocasión por Martino y su colaborador habitual, Sauro Scavolini, debidos en buena parte a la aludida reutilización a la que son sometidos sus respectivos metrajes. Así, durante la primera parte de la película son varios los ingredientes ya vistos con anterioridad en 2019 – Tras la caída de Nueva York, como es el caso de su ambientación en una Nueva York post-apocalíptica, los enfrentamientos automovilísticos a muerte, las columnas de enmascarados soldados montados a caballo, o los clanes de mutantes caza-ratas, cuya inclusión, dicho sea de paso, propicia la aparición no acreditada de un viejo conocido de los aficionados al cine de género transalpino como es el nipón Hal Yamanouchi. Tres cuartos de lo mismo sucede una vez la acción se traslada a la tropical isla en la que habita la reina del título, si bien esta vez, lógicamente, con las distintas características tomadas de su supuesta precuela, entre las que se encuentran los consabidos hombres peces, las hundidas ruinas de la Atlántida, o la erupción volcánica que acabará de forma violenta con la existencia de la ínsula y sus habitantes.

Pero toda esta serie de similitudes no acaban aquí. Y es que si ciertos autores han querido ver en La isla de los hombres peces una supuesta adaptación apócrifa de La sombra sobre Innsmouth de H. P. Lovecraft, debido, fundamentalmente, a la común existencia en ambas de seres híbridos entre peces y humanos, dicha influencia se hace aquí aún más patente mediante el concurso del personaje de la reina, ya sea por el poder que ésta ejerce sobre las monstruosas criaturas, o por la obediencia que los nativos de la isla la profesan, como si de poco menos que una deidad (marina) se tratara. No solo eso, sino que su atuendo recuerda sospechosamente al que Macarena Gómez portara en su interpretación de un papel muy similar en la nada desdeñable Dagón, la secta del mar (2001) de Stuart Gordon, acreditada adaptación de la obra del escritor de Providence a cargo de la desaparecida Fantastic Factory barcelonesa.

En cambio, el hálito seudoverniano bajo el que se desarrollaba la previa es esta vez sustituido por un tratamiento deudor de los más tradicionales cuentos de hadas. Sin ir más lejos, hay un príncipe y una princesa encantados por las artes mágicas de la reina que, cual bruja de Blancanieves, dará a probar una apetitosa manzana envenenada a uno de los protagonistas. Junto con esto, otro aspecto digno de recalcar es la multitud de guiños que el guión efectúa a la cultura griega clásica, tanto en los nombres con el que son bautizados algunos de sus personajes (Sócrates, Atenea, Pegaso), como en la introducción en su trama de componentes tan caros a ésta como la presencia de una tribu de amazonas o el ya comentado mito de la Atlántida.

Pero más allá de lo señalado, poco queda que destacar. La película discurre bajo las aguas de lo previsible por medio de una historia protagonizada por una pareja interracial de amigos que vivirá una aventura más grande que la vida misma (o al menos eso es lo que se pretende), en la que no faltan rasgos tan habituales de este tipo de productos como el mensaje ecologista o el final esperanzador, todo ello dispuesto bajo una monótona narración que por momentos roza lo soporífero. Se trata pues, en definitiva, de una mera curiosidad para los aficionados de la serie B europea, carente de cualquier otro tipo de aliciente que pueda justificar su hipotético visionado. Tal vez por eso, La regina degli uomini pesce no conocería estreno oficial hasta trece años después de ser terminada, esto es, en 2008, cuando fue emitida por el canal de la televisión italiana Iris, mientras que su distribución en el mercado doméstico, a día de hoy, no ha pasado de su edición en Dvd en unos pocos países, casi siempre como complemento de La isla de los hombres peces.

José Luis Salvador Estébenez

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