Las minas del rey Salomón

Título original: King Solomon’s Mines

Año: 2004 (Estados Unidos, Alemania)

Director: Steve Boyum

Productor: Russell D. Markowitz

Guionistas: Adam Armus, Nora Kay Foster, Steven H. Berman a partir de una historia del último y según la novela de H. Rider Haggard

Fotografía: William Wages

Música: Mark Filian, Daniel Licht

Intérpretes: Patrick Swayze (Allan Quatermain), Alison Doody (Elizabeth Maitland), Roy Marsden (Capitán Good), John Standing (Dr. Sam Maitland), Gavin Hood (Bruce McNabb), Sidede Onyulo (Umbopa), Ian Roberts (Sir Henry Curtis), Nick Boraine (Ivan Fleekov), Hakeem Kae-Kazim (Twala), Lesedi Mogoathle (Gagool), Godfrey Lekala (Khiva), Mesia Gumede (Ventvogel), Langley Kirkwood (Sergei), Morne Visser (Petre), Robert Whitehead (Bitter), Nkhensani Mlondzo (Foulata), Ronald France (Magistrado), Graham Hopkins (Austin), Douglas Bristow (Bushell), Errol Ballentine (Praytor), Anthony Blommestein (Harry Quatermain), Keketso Semoko (Mooma Tuussee), Lynne White (Adele Morris), David Sherwood (Earl Morris), Lawrence Mwakanna, Japan Mthembu, Michael Richard, Danny Keogh, Pierre Marais, Thulani Ndlovu, Sandile Gomo, Ike Khumalo, Patricia Sanders, Jonathan Hearns…

Sinopsis: Allan Quatermain es un veterano guía de safaris que acepta acompañar a Elizabeth Maitland a África para rescatar a su padre, el Dr. Samuel Maitland, secuestrado por una tribu que ansía el mapa de las legendarias minas del rey Salomón que éste posee.

De un tiempo a esta parte las miniseries televisivas parecen haberse convertido en el formato más recurrente a la hora de llevar a la pantalla clásicos literarios de toda condición y pelaje. A priori, podría pensarse que la elección de este continente en perjuicio del tradicional largometraje cinematográfico pudiera estar motivada por su mayor duración, algo que favorecería una traslación más fidedigna de la novela a adaptar. Sin embargo, la realidad parece ser bien distinta. En la inmensa mayoría de los casos estas miniseries no pasan de respetar las características más populares de la obra adaptada, añadiendo o eliminando a su antojo situaciones y personajes e, incluso, desarrollando la historia por otros derroteros distintos a aquellos con que fueron concebidos, tal vez conscientes del tipo de conocimiento que el público potencial al que están destinadas pudiera tener del material tratado. Y es que, en el fondo, la única razón a la que parece responder la proliferación de este tipo de productos radica en la existencia de un grupo de sellos especializados en tales menesteres.

De entre estas productoras, quizás la más conocido sea Hellmark Entertainment, debido a su práctica de contratar a directores y /o actores populares de capa caída para encabezar sus distintos proyectos, otorgándoles con ello un plus de publicidad y respetabilidad extra. Tal es el caso de Las minas del rey Salomón (King Solomon’s Mines, 2004), miniserie dividida en dos capítulos de ochenta y cinco minutos cada uno, cuyo protagonismo recae en la pareja formada para la ocasión por Patrick Swayze y Alison Doody, la pérfida y traicionera nazi de Indiana Jones y la última cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade, 1989), que de esta forma retomaba su carrera de actriz tras diez años alejada de la profesión.

Al igual que el resto de adaptaciones que de la novela de H. Rider Haggard ha habido hasta la fecha, la fidelidad del título que nos ocupa para con el texto en que se basa es más bien escasa. Fundamentalmente, se limita a reproducir su esqueleto argumental, añadiendo diversas tramas secundarias y modificando no pocos de sus elementos. De todas estas variaciones, la más importante y significativa reside en la inclusión de una historia de amor entre Quatermain y una tal Elizabeth, postizo personaje heredado de las anteriores versiones cinematográficas de la historia. Es a través de este arco argumental que sus responsables proceden a suplir en buena medida el característico hálito aventurero del original como motor narrativo por un tratamiento más cercano a los postulados del melodrama. Con ello, la cinta basa su apuesta al (aparente) desarrollo de sus personajes y las relaciones existentes entre éstos, tomando como base su estructura de road movie itinerante. Una propuesta ciertamente interesante de no ser por el tratamiento con el que está ejecutada.

No en vano, toda la miniserie transita bajo los cauces del cliché, el estereotipo y lo previsible. Así, no faltan en su trama personajes tan prototípicos como el del patoso miembro de la expedición o el del villano con ganas de arreglar cuentas pendientes con el protagonista, del mismo modo que la resolución de los diversos conflictos planteados resulta fácilmente adivinable; nadie duda de que, pese al rechazo inicial, Quatermain acabará emparejado con Elizabeth, de que ésta acabara por reencontrarse con su padre, de que Umbopa recuperará su trono, o de que Sir Henry – aquí reconvertido en un viejo amigo de Quatermain – no llegará con vida a los títulos de crédito finales. Y es que, lejos de contribuir a dotar de una mayor complejidad al conjunto, la inclusión de estos nuevos hilos argumentales sólo parece obedecer a la necesidad de alcanzar su duración de más de casi tres horas. O al menos, eso es lo que se desprende a la vista de lo pueril de sus planteamientos y lo predecible de su desarrollo.

Junto con lo ya apuntado, el otro inconveniente que presenta esta Las minas del rey Salomón se halla en su total falta de épica y sentido de la aventura. Algo en verdad sorprendente teniendo en cuenta su fuente originaria – por mucho tratamiento melodramático que tenga -, la multitud de incidencias que trufan el viaje de los protagonistas, o los principios profesionales de su televisivo y mediocre director, Steve Boyum, antiguo doble de acción cuya puesta en escena se antoja como la principal responsable de la mentada falta de tensión y adrenalina de las imágenes a las que da vida. Y eso, a pesar de un montaje que remite al de los viejos seriales mediante su estudiada estructuración en diversos cliffhangers dispuestos para la inclusión de los inevitables anuncios publicitarios. En este contexto, quizá el único logro positivo de la cinta resida en su cuidado aspecto visual, en especial por la belleza que su operador titular, William Wages, logra extraer de los impresionantes pasajes sudafricanos donde fue llevado a cabo el rodaje.

Pero pese a lo dicho, no nos engañemos. El resultado final tampoco es tan deplorable como pudiera parecer, teniendo el suficiente nivel como para colmar el principal cometido con el que fue creado; el de servir de acomodaticio entretenimiento para todos los públicos, ideal para sobrellevar una aburrida sobremesa de domingo tras una copiosa comida familiar. Claro que para poco más…

José Luis Salvador Estébenez

8 comentarios en “Las minas del rey Salomón

  1. Con esta reseña de uno de sus últimos trabajos damos por finalizado el mini-dossier que de forma intermitente hemos venido desarrollando durante las últimas semanas entorno a la carrera del finado Patrcik Swayze.

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