Superargo, el hombre enmascarado

Título original: Superargo, el hombre enmascarado / Superargo contro Diabolicus

Año: 1966 (Italia, España)

Director: Nick Nostro

Productores: Ottavio Poggi, Jaime Jesús Balcázar

Guionista: Jaime Jesús Balcázar según una historia de Mino Giarda

Fotografía: Francisco Marín

Música: Franco Pisano

Intérpretes: Ken Wood [Giovanni Cianfriglia] (Superargo), Gérard Tichy (Diabolicus), Loredana Nusciak (Compañera de Diabolicus), Mónica Randall (Lidia), Francisco Castillo Escalona (Coronel Alex Kinski), Emilio Messina, Valentino Macchi, Geoffrey Copleston, Giulio Battiferri, Artemio Antonini, Fortunato Arena, Bruno Arié, Enrico Chiappafreddo, Gilberto Galimberti, Veriano Ginesi, Amerigo Santarelli, Sergio Testori, Pietro Torrisi, Bruno Ukmar, Franco Ukmar…

Sinopsis: Tras matar de forma accidental a uno de sus rivales durante un combate, el campeón de lucha libre Superargo entra en una profunda depresión aquejado por la culpa. Preocupada por su situación, su esposa se pone en contacto con el coronel Kinski, antiguo compañero de armas de su marido y actual responsable de los servicios secretos. Reunidos los dos camaradas, Kinski propone a Superargo integrarse dentro de su organización para poner así su excepcional condición atlética y fortaleza física al servicio de la humanidad, a lo que éste accede entusiasmado. De inmediato, le es encomendada su primera misión: descubrir quién o quiénes se encuentran tras los robos de importantes cantidades de uranio producidos durante los últimos meses.

De entre la caterva de superhéroes nacidos a finales de la década de los setenta en el seno de la industria cinematográfica mediterránea, el nombre de Superargo destaca con luz propia por dos motivos. El primero de ellos es por ser, con permiso de Los tres Supermen, el único de estos aguerridos personajes que gozaría de cierta continuidad, protagonizando un total de dos películas producidas con tan solo doce meses de diferencia y realizadas por directores distintos. Y el segundo, por encarnar los que serían los cuatro principales referentes de este tipo de productos, según la acertada enumeración que Jesús Parrado estableciera en su artículo “Europa en mallas”, aparecido en el número 4-5 de la revista Quatermass (Astiberri Ediciones, Bilbao, 2002). A saber: los seudo-bonds, las adaptaciones de fumettis, el cine de luchadores mexicanos, y el cómic clásico norteamericano.

En efecto, todas y cada una de estas heterogéneas influencias son de lo más reconocibles en la que sería la primera aventura del personaje, Superargo, el hombre enmascarado / Superargo contro Diabolicus (1966) de Nick Nostro, en especial en lo concerniente a sus rasgos definitorios. De este modo, de las coetáneas traslaciones a celuloide de fummetos neros la película toma su estética psicodélica y colorista, reflejada en la competente fotografía de Francisco Marín, a la vez que mediante su título original italiano trata de emparentarse de forma poco disimulada con uno de los supercriminales del género, Diabolik, el cual, precisamente, sería llevado poco tiempo después a la gran pantalla por el gran Mario Bava. En cuanto a la herencia del cómic clásico norteamericano, ésta se deja notar en el diseño del traje del protagonista, muy similar al de The Phantom (conocido en España también como El Hombre Enmascarado) aunque en tonos escarlatas, así como por la remembranza que varios de sus detalles arrojan para con el Batman televisivo que por aquellas mismas fechas lanzara a la popularidad a Adam West.

Empero, por encima mismo de lo ya apuntado, son el spionístico y Santo, el enmascarado de plata, las principales fuentes de inspiración del título que nos ocupa. Al igual que el más famoso luchador del cine azteca, Superargo es un enmascarado campeón de lucha libre que en sus ratos libres se dedica a salvaguardar de forma desinteresada la paz y la libertad del mundo. Tan escueta premisa es desarrollada por medio de una prototípica trama que recorre sin sorpresas la práctica totalidad de los lugares comunes del cine de euroespías y que, a su modo, no es sino el enésimo remedo del esqueleto argumental de la fundacional Agente 007 contra el Doctor No (Doctor No, 1962). Tal es su fidelidad para con el esquema en que se basa que incluso llega a reproducir una escena tan típica de la saga sobre el personaje creado por Ian Fleming como es aquella en la que Q presenta a James Bond los diferentes gadgets con los que contará para llevar a cabo la misión encomendada; gadgets que en este caso comprenden artilugios tan delirantes como una aceituna de pega en cuyo interior se aloja un contador Geiger.

Sin embargo, tras estos parámetros puramente imitativos, Superargo, el hombre enmascarado esconde varios rasgos que difieren totalmente de lo visto en los modelos empleados. Por ejemplo, si la labor justiciera de Santo respondía a un carácter casi mesiánico, el que Superargo emprenda tal camino es consecuencia directa de los remordimientos producidos por haber matado en el ring de forma accidental a uno de sus rivales, lo que, aunque sea de un modo primario, dota al personaje de cierto perfil psicológico comparable al habituado en los superhéroes de la Marvel, o tal vez también al referido Batman. Siguiendo esta senda, el que en ningún momento se despoje de su atuendo reglamentario, ni siquiera en la intimidad del hogar, bien pudiera ser interpretado como fruto de un complejo de inferioridad de su auténtico yo, si no fuera por la soterrada ironía con la que está servida dicha circunstancia, tal y como constata la singular reacción del villano de la función y su turgente acompañante una vez hayan desenmascarado a éste fuera de plano.

Loredana Nusciak y Gerard Tichy dan vida a los dos villanos de connotaciones nacional-socialistas del film.
Loredana Nusciak y Gerard Tichy dan vida a los villanos de connotaciones nacionalsocialistas del film. Precisamente, el actor alemán afincado en España sirvió a las órdenes de III Reich durante la Segunda Guerra Mundial, llegando incluso a ser condecorado con la cruz de hierro.

No obstante, siendo sinceros hay que constatar que el que esta aludida carga irónica fuera del todo deliberada no queda bien clarificada. Por el contrario, más parece ser consecuencia de la misma ingenuidad que recorre buena parte del metraje de la cinta y que hace que el megalómano científico de turno no tenga el más mínimo inconveniente en relatar a su antagonista, a petición expresa de éste, sus planes para dominar el mundo. Pero lejos de resultar una rémora para el nivel general del conjunto, esta ingenuidad se antoja en sintonía con la sencillez y ligereza de una propuesta que, tanto por intenciones como por tono, se asemeja sobremanera a los seriales que protagonizaran personajes pulp como Flash Gordon, Buck Rogers y tantos otros.

Dicho planteamiento, junto a la buena mano de un sorprendentemente inspirado Nick Nostro para manejar este material, se traduce en un producto agradable y digno de simpatía, más allá de sus innegables defectos y limitaciones. Quizás por ello daría lugar a la existencia de una mentada secuela que todos los autores consultados coinciden en señalar como bastante superior a la presente: Superago, el gigante / L’invincibile Superman (1968) de Paolo Bianchini, en la que de nuevo el enmascarado superhéroe sería interpretado por Ken Wood, seudónimo tras el que se ocultaba el antiguo doble de acción de Steve Reeves, Giovanni Cianfriglia, en uno de los contados papeles relevantes de los que ha disfrutado una carrera que se alarga hasta nuestros días.

José Luis Salvador Estébenez

5 comentarios en “Superargo, el hombre enmascarado

  1. Yo la vi hace relativamente poco y me dejó muy buen sabor de boca.

    Si dicen que la secuela es mejor aún ardo en deseos de acceder a ella.

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