El devorador del oceano

Título original: Rosso nell’oceano / Apocalypse dans l’ocean rouge

Año: 1984 (Italia, Francia)

Director: Lamberto Bava [acreditado como John Old Jr.]

Productores: Mino Loy, Luciano Martino

Guionistas: Lamberto Bava, Hervé Piccini, Dardano Sacchetti, Gianfranco Clerici, según  un argumento de Luigi Cozzi [acreditado como Lewis Coates] y Sergio Martino [acreditado como Martin Dolman]

Fotografía: Giancarlo Ferrando [acreditado como John McFerrand]

Música: Guido De Angelis, Maurizio De Angelis [acreditados como Antony Barrymore]

Intérpretes: Michael Sopkiw (Peter), Valentine Monnier (Dr. Stella Dickens), Gianni Garko (Sheriff Gordon), William Berger (Profesor Donald West), Iris Peynado (Sandra Hayes), Lawrence Morgant (Dr. Davis Barker), Cinzia de Ponti [acreditada como Cinthia Stewart] (Florinda), Paul Branco (Miller), Dagmar Lassander (Sonja West), Ennio Brizzolari, Goffredo Unger (Pescadores), Dino Conti (Dr. Bob Hogan), Lisa Frances Rubin (Molly), Darla N. Warner (Dr. Janet Bates)…

Sinopsis: Varios cadáveres mutilados aparecen en las aguas cercanas a la costa de Florida. En un principio la policía sospecha que los ataques pueden ser obra de un tiburón; sin embargo, la hendidura de las heridas resulta demasiado grande como para pertenecer a cualquier especie de escualo conocida. Con el fin de esclarecer el asunto, dos especialistas en animales acuáticos investigan en el lugar de los hechos con la ayuda de un experto en aparatos electrónicos.

Shark Rosso nell'oceano]

“Luciano Martino me llamó y me dijo: Tenemos que hacer un pequeño Tiburón, pero mucho mejor y más espectacular que el de Spielberg. Pero sólo tenemos un barco y cien liras.” Quien así habla es Luigi Cozzi acerca de cómo surgió su implicación en El devorador del océano. Unas declaraciones que, más allá del grado de disculpa que pude haber en ellas, vienen a reflejar en primera persona cuál era el panorama con el que se tenían que enfrentar los cineastas artesanales italianos entre finales de los setenta y principio de los ochenta, abocados a realizar por encargo impersonales productos imitativos, sin ningún tipo de medios y con escasa libertad creativa. Con estas condicionantes no debe de extrañar que, salvo honrosas excepciones, la mayoría de estos trabajos se saldaran con ridículos resultados, por mucho oficio y buenas intenciones que le pusieran sus responsables.

Precisamente, El devorador del océano es un buen ejemplo de esta situación. Pese a contar con la participación de varios nombres propios del cine de género italiano de la reputación y relevancia de Sergio Martino, Dardano Sachetti, Lamberto Bava o el propio Cozzi[i], su propuesta no se diferencia en absoluto del de otras cintas italianas pergeñadas desde semejantes planteamientos por cineastas de menor valía. No solo eso, sino que incluso no es difícil encontrar su nombre en oficiosos listados sobre las cien peores películas de la historia, algo por otra parte un tanto exagerado; cierto es que la película es mala, pero tampoco tanto.

Al igual que el resto de films trasalpinos de la época que abordaron el tema de los terrores acuáticos, El devorador del océano se dedica a repetir a su modo lo ya visto en la influyente Tiburón, con la única novedad de la inclusión de cierto detalle argumental directamente extraído de Piraña de Joe Dante, quizás el mejor título surgido a imagen y semejanza de aquélla. Así, su esquema narrativo es idéntico al utilizado en el film de Spielberg, salvo ligeras variaciones: tras la aparición en las aguas de los primeros cadáveres mutilados, dan comienzo las pesquisas destinadas a identificar al causante de dichas muertes para que, una vez identificado, se proceda a darlo caza. En este contexto, los cambios más reseñables para con el modelo imitado están en la sustitución del personaje del pescador, que de forma soberbia interpretara Robert Shaw en el original, por el de un especialista en aparatos electrónicos que, en mayor o menor medida, detenta el protagonismo de la cinta, y el que la amenaza animal esté en este caso representada por una criatura creada genéticamente con características de pulpo y tiburón, capaz de reproducirse por fisión cada cierto espacio de tiempo.

En un intento por dotarle de mayor complejidad al conjunto, tan rutinaria y predecible trama es complementada con dos arcos argumentales secundarios protagonizados, respectivamente, por un arquetípico complot científico y un triángulo amoroso que, a la hora de la verdad, apenas es desarrollado. Pero lejos de aportarle mayor interés o suspense a su historia, estos añadidos lo único que consiguen es entorpecer la correcta fluidez del relato, dilatando así un desenlace que se presupone desde el primer momento. A esta circunstancia también contribuye el moroso ritmo narrativo con que todo discurre, fruto de un montaje de lo más atroz que, o bien alarga las escenas más de lo necesario o, por el contrario, las interrumpe de forma abrupta.

Por si fuera poco, el guión está plagado de tal cúmulo de incongruencias que en no pocas ocasiones obligan al espectador a adivinar a qué razones pueden obedecer varios de sus acontecimientos para encontrarles alguna lógica, algo que a buen seguro puede estar motivado por las muchas reescrituras a las que fue sometido el libreto a la vista de la cantidad de guionistas que intervinieron en su elaboración. Tal vez el ejemplo más significativo de lo expuesto esté en la total ausencia de explicación acerca del propósito que perseguían los científicos al crear al monstruo de turno, como no sea la más pura experimentación; una teoría que podría ser plausible de no ser por el afán que éstos demuestran a lo largo del metraje por silenciar a cuantas personas conozcan de su existencia de la forma que sea.

En lo que respecta a su acabado técnico, la película también transita por los cauces habituales de esta clase de productos. La utilización de material de archivo para recrear la fauna marina produce continuos errores de continuidad con las imágenes rodadas ex profeso, en tanto que las imágenes de la bestia acuática se limitan a fugaces primeros planos de su descomunal mandíbula. No obstante, llegados a este punto es digno de destacar la forma en que es solventada la presencia del monstruo para no descubrir su pobre diseño por parte de un, por lo demás, poco inspirado Lamberto Bava[ii], utilizando para ello la pantalla de un sonar o mostrando sus tentaculares extremidades en aquellos planos en que interactúa con los actores.

Junto con ello, los otros aspectos a destacar de la cinta estriban en el, como siempre, hábil empleo del formato panorámico de la fotografía de Giancarlo Ferrando, y la forma en la que el film juega de forma consciente o inconsciente – en estos casos nunca se sabe – con su condición de exploit de Tiburón, haciendo que desde un primer momento se dé por sentado que las primeras muertes son obra de un escualo o, del mismo modo, que expresamente se diga que la quimera acuática no pueda ser destruida con explosivos, método empleado en aquella. Exiguos méritos en cualquier caso para una película que, a tenor de los nombres reunidos, debiera haber deparado un producto bastante superior al aquí relatado.

José Luis Salvador Estébenez

[i] A todos estos nombres hay también que añadirle el concurso de dos instituciones del eurowestern como los veteranos actores Gianni Giarko o William Berger, así como la participación del erotómano director francés Max Pecas en funciones administrativas. Del mismo modo, y aunque sea a modo de curiosidad, tampoco se puede pasar por alto al inefable Bruno Mattei, quien desempeñó funciones de ayudante de dirección. Años más tarde, el propio Mattei realizaría su propia aportación al tema con Cruel Jaws (1995), película que, entre otras lindezas, acreditaba a Peter Benchley como guionista y utilizaba metraje sacado de la saga Tiburón, motivos todos ellos que provocaron a su prohibición en Estados Unidos.

[ii] En homenaje a su genial padre, Lamberto firmaría el trabajo con el seudónimo que utilizaba éste, John Old, con el añadido del adjetivo “Junior”. Sin embargo, ciertas fuentes, como la primitiva edición videográfica española de la película, acreditan su realización a un tal Martin Dolman, habitual alias de Sergio Martino.

Published in: on abril 26, 2010 at 5:28 am  Comments (1)  
Tags:

The URI to TrackBack this entry is: https://cerebrin.wordpress.com/2010/04/26/el-devorador-del-oceano/trackback/

RSS feed for comments on this post.

One CommentDeja un comentario

  1. […] El devorador del océano (1984) por Miguel Ángel Plana. […]


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: