L’ultimo guerriero

Título original: L’ultimo guerriero

Año: 1984 (Italia)

Director: Romolo Guerrieri

Productor: Luciano Appignani

Guionista: Roberto Leoni

Fotografía: Guglielmo Mancori

Música: Carlo de Nonno

Intérpretes: William Mang (Alan Tanner), Marina Costa (Edra), Harrison Muller Jr. (Erasmus), Woody Strode (Sam), Margit Evelyn Newton (Diane), Stefano Davanzati, Renato Miracco (Louis), Maria Romano (Magda), Luca Giordana, Karl Zinny (Evan), Cinzia Bonfantini (Compañera de Alan), Giovanni Cianfriglia (Walker), Tommaso Mesto…

Sinopsis: Después de un holocausto nuclear, la sociedad se divide en dos grupos. Por un lado están los contaminados, los cuales malviven en la superficie. Y por otro, aquellos que han logrado escapar de la radiación; una élite que vive en fortalezas subterráneas y que se dedica a perseguir y aniquilar a los contaminados. Un día, un científico de la élite descubre que la radiación ha desaparecido y que, por tanto, ya no hay motivo para continuar habitando en el subsuelo ni continuar con el exterminio del resto de sobrevivientes. Sin embargo, tal afirmación le costará muy caro: será desterrado a la superficie junto a su pareja, donde tendrá que escapar de las patrullas de cazadores.

Al igual que su hermano, Marino Girolami, y su más famoso sobrino, Enzo G. Castellari, la trayectoria profesional de Romolo Guerrieri se desarrolló dentro de la política de géneros que capitalizara la producción cinematográfica italiana durante las décadas de los sesenta y setenta. Tras acumular una amplia experiencia como asistente de cineastas del calibre de Sergio Corbucci, Carlo Campogalliani o el más autoral Giuseppe De Santis, Guerrieri daría el salto a labores de dirección con la comedia Bellezza sulla spiaggia (1961), si  bien su carrera no despegaría hasta cinco años después con el eurowestern Siete pistolas para Timothy / Sette magnifiche pistole (1966), el cual firmaría con el sobrenombre de Rod Gilbert. Con esta película se abriría una filmografía que durante los años siguientes compaginaría estilos tan populares como el giallo, el poliziesco, la sexy-comedia y, por supuesto, el ya mencionado spaghetti-western.

Llegados ya a los años ochenta, y continuando con su recorrido por las distintas corrientes emprendidas por el cada vez más moribundo y menos original cine trasalpino de género, Guerrieri incursionaría en el cine de temática post-apocalíptica con el que sería uno de sus últimos trabajos: L’ultimo guerriero (1984). A grandes rasgos, el film en cuestión no se aleja de las que fueron las señas de identidad de este tipo de productos. No falta el prólogo a base de imágenes de archivo de ensayos nucleares y catástrofes atómicas donde un narrador externo informa del contexto en el que se desarrolla la historia, ni la horrorosa e insoportable banda sonora a base de machacona música electrónica. Incluso ciertos aspectos referentes a su diseño de producción, como pueden ser sus localizaciones o el atrezzo, resultan muy similares, si no los mismos, que los vistos en Ratts – Note di terrore / Les rats de Manhattan [vd: Año 225, después del holocausto, 1984] de Bruno Mattei o Bronx, lucha final (Endgame – Bronx: Lotta Finale, 1983) de Joe D’Amato[1].

Es en lo concerniente a su historia donde el film que nos ocupa se aparta del esquema habituado. Al contrario de lo que era costumbre en sus congéneres, la trama de L’ultimo guerriero no se basa en exclusiva de expoliar ingredientes extraídos de 1997: Rescate en Nueva York (Escape from New York, 1981), The Warriors, los amos de la noche (The Warriors, 1979) o la saga Mad Max. En esta ocasión, el guión de Roberto Leoni toma como modelo el clásico de Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, 1932), así como ejemplos tan relevantes de la ciencia ficción distópica como 1984, La fuga de Logan o La naranja mecánica. Tan singular mezcolanza de referentes da como fruto un argumento en el que es fácil encontrar alegorías a temas como la lucha de clases – cf. los sobrevivientes a la hecatombe atómica contaminados por la radiación son cazados por aquellos que no lo han sido -, la manipulación informativa por parte del poder como método de control – cf. el protagonista es desterrado de su comunidad una vez ha descubierto que ya no hay contaminación a la que temer -, o la decadencia burguesa – cf. los cazadores son representados como un grupo de jóvenes que, teniendo el mundo en sus manos, solo encuentran diversión en el sexo y la violencia -.

Pero antes que obedecer a cualquier intención por parte de sus responsables de construir algún tipo de discurso sobre tales cuestiones, tan prometedor argumento es únicamente consecuencia de las influencias utilizadas para su confección. Y es que, en realidad, éste no es más que utilizado como un pretexto para ambientar dentro de un entorno futurista una prototípica historia de venganza al más puro estilo del spaghetti-western. Tanto es así que, como sucedía en varias películas de este estilo, como puede ser el caso de Manos Torpes / Quando Santana impugnò la colt (1969) de Rafael Romero Marchent, también aquí se da la relación alumno-maestro entre el protagonista y una ex-policía que le entrena para que pueda llevar a cabo su venganza contra aquellos que violaron y asesinaron a su esposa. Por si quedara alguna duda, dicho papel es interpretado por el veterano Woody Strode, el sargento negro de John Ford, y un rostro habitual de multitud de westerns trasalpinos.

Precisamente, es la presencia de Stroode el aspecto más remarcable de un film que, por lo demás, carece de cualquier atractivo en el resto de sus apartados. La narración de Guerrieri se antoja de lo más plana, no encontrando más forma de enriquecer el conjunto que acumulando escenas de acción plagadas de planos al ralentí – ¿un homenaje a su sobrino Enzo? –, y potenciando su carga sexual a través de la generosa aparición de desnudos, violaciones, vouyerismo y otras variantes sexuales. En su descargo habrá que decir que tampoco se lo pone fácil un guión que, a pesar de su esquematismo, no está a salvo de incongruencias argumentales y situaciones forzadas de lo más ridículas. Sirva como muestra el momento en el que los cazadores descubren en plena noche el cadáver asesinado de uno de sus compañeros, signo inequívoco de la presencia de un extraño en su fortaleza. En lugar de buscar al intruso, los jóvenes marcharán a la cama a descansar como si cualquier cosa, posponiendo la investigación para la mañana siguiente…

José Luis Salvador Estébenez

[1] Prosiguiendo con esta política de reciclaje, gran parte del metraje de  L’ultimo guerriero sería empleado años después para dar forma a Il giustiziere del Bronx [tv: Ejecutores del Bronx; vd: El ejecutor del Bronx, 1987], película cuya dirección correría por parte del habitualmente montador Vanio Amici. En ella también repetiría una de las actrices de la presente, Margie Newton, quien, debido a la aludida reutilización de imágenes, daría muestras de lo mucho que se había desarrollado cierta parte de su anatomía entre el rodaje de una y otra cinta.

3 comentarios en “L’ultimo guerriero

  1. “Margie Newton, quien, debido a la aludida reutilización de imágenes, daría muestras de lo mucho que se había desarrollado cierta parte de su anatomía entre el rodaje de una y otra cinta.”

    ¿De forma natural o por operación…? 🙂

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