Nido de espías

Título original: Nido de espías / Il raggio infernale

Año: 1967(Italia, España)

Director: Gianfranco Baldanello [acreditado como Frank G. Carroll]

Productoras: Meteor Film, Leda Film

Guionistas: Juan Antonio Cabezas [acreditado como Dick Arthur], Jaime Comas Gil, Aldo Cristiani [acreditado como Al Christian], Domenico Paolella [acreditado como Paul Fleming]

Fotografía: Manuel Hernández Sanjuán [acreditado como Frank Humphreys]

Música: Gianni Ferrio [acreditado como James Anderson]

Intérpretes: Gordon Scott (Bart Fargo), Maureen Delphy (Lucille), Nello Pazzafini [acreditado como Ted Carter] (Frank), Alberto Dalbés (Carver), Silvia Solar (Compañera de Carver), Massimo Righi [acreditado como Max Dean] (Al), Tullio Altamura [acreditado como Tor Altmayer] (Profesor John Carmichael), Rossella Bergamonti [acreditada como Rosemary Herbert] (Miss Elizabeth), Carlos Hurtado (Caracortada), Valentino Macchi [acreditado como Edwin Moore] (X3), Fernando Rubio [acreditado como Larry Sheffield] (Esbirro), Giulio Maculani [acreditado como Julian Macmillan] (Gary), Tina Di Pietro [acreditada como Jane Peters], Julio St. Cruz (Raymond, jefe de los servicios de inteligencia), Ignazio Balsamo…

Sinopsis: Tras presentar un revolucionario prototipo de un rayo láser capaz de perforar el acero, el profesor John Carmichael es secuestrado por una misteriosa organización. Con el fin de liberarlo, el servicio secreto encarga la misión al agente Bart Fargo, quien pronto descubrirá los primeros indicios que le llevarán hacia la guarida de los captores.

Aunque sea de una forma involuntaria, Nido de espías / Il raggio infernale (1967) arranca con una escena que resume a la perfección su propia naturaleza. En ella, unos individuos vestidos como obreros suplantan la personalidad de un grupo de altos cargos políticos y militares que se dirigen hacia una importante reunión. De este modo, dicha secuencia viene a reflejar una realidad de lo más cotidiana en esta y otras muchas coproducciones hispano-italianas, en las que la gran mayoría de su equipo técnico-artístico aparecía parapetada bajo seudónimos anglosajones con el único objetivo de hacer creer a su audiencia de que se encontraba frente a una película procedente de aquellas latitudes.

Más allá de esto, Nido de espías es un típico y tópico ejemplo del cine de agentes secretos que se pusiera de moda en la Europa continental a mediados de la década de los sesenta al rebufo de las exitosas películas de James Bond. Para empezar, comparte título (español) con al menos otras dos cintas de similares características, dándose la curiosa circunstancia de que ambas cuentan con antecedentes literarios. Por un lado se encuentra la adaptación de una novela de Antoine-Louis Dominique dirigida por Bernard Borderie en 1959 y, por otro, la más reciente OSS 117: El Cairo, nido de espías (OSS 117: Le Caire, nid d’espions, 2006) de Michel Hazanavicius, a su manera una revisitación en clave paródica del fenómeno del cine de euroespías que toma como base al popular personaje que creara Jean Bruce, el cual llegó a protagonizar más de media docena de películas de este tipo durante la edad dorada del género.

En lo que respecta a su esquemático y previsible argumento, éste no supera en ningún momento el estadio de mero compendio de lugares comunes de esta corriente. No faltan pues ingredientes tan manidos como el sabio científico secuestrado por una organización criminal que persigue hacerse con su revolucionario invento, la fémme fatale que tras vivir un escarceo amoroso con el protagonista resultará ser una esbirra de su principal enemigo, o una trama viajera que va saltando continuamente de una a otra localización exótica. Todo ello es aliñado con las acostumbradas raciones de persecuciones, explosiones y tiroteos tan habituales de estos productos, habiendo también espacio para la aparición de elementos directamente extraídos de la saga de 007, como cierta trasunta de Moneypenny llamada Miss Elizabeth, por no hablar de este tal Paul Fleming que aparece nombrado en la versión internacional como uno de sus guionistas y que, en realidad, es el también cineasta Domenico Paolella.

Pero en contra de lo previsto, tras este rutinario envoltorio se encuentra un film que logra ofrecer ciertos aspectos que, siquiera mínimamente, le alejan de lo que, a priori, sería esperable. Ello es debido a una desperdigada carga irónica para con las constantes del estilo en que se enmarca, que asoma en distintos momentos de su metraje. Ahí tenemos la capacidad casi divina del protagonista para adivinar y anticiparse como si cualquier cosa a los agresores que le acechan en su alcoba, la cómica forma de morir de alguno de sus villanos – cf. el tal “Caracortada”, que acaba estrellando sus huesos sobre el asfalto tras saltar sobre nuestro héroe cuando se encontraba frente a una ventana abierta -, o el discurso del científico de turno que, tras crear un rayo con asombrosos poderes destructores, se queja amargamente con la posibilidad de que su invento pueda ser utilizado para fines no pacíficos. Claro que teniendo en cuenta otros precedentes, tampoco se puede descartar que toda esta soterrada ironía fuera cien por cien deliberada o, por el contrario, consecuencia de la torpeza de sus principales responsables.

Sea como fuere, con o sin ironía, lo cierto es que Nido de espías consigue ofrecer un resultado bastante superior al de la mayoría de sus congéneres. No es que se trate de una gran película, obviamente, pero sí que resulta un divertimento tremendamente entretenido. Y ello a pesar de defectos tan notables como la extrema indigencia de unos efectos especiales con miniaturas que más parecen realizados con juguetes. Sin embargo, ésta y otras carencias son en buena parte conjugadas tanto por un dinámico sentido del ritmo que apenas da descanso, gracias a una narración con escasos tiempos muertos, como por la apreciable simpatía y carisma de su actor protagonista, el antiguo Tarzán y culturista Gordon Scott, en la que sería una de sus últimas intervenciones para la gran pantalla, si no la última, antes de su retiro. Junto con él, también son dignas de destacar las prestaciones de dos secundarios del cine de género trasalpino como el del otrora especialista Nello Pazzafini y Massimo Righi, dentro de un agradable reparto en el que se dan cita dos rostros tan recurrentes del fantaterror patrio como los del argentino Alberto Dalbes y la francesa Silvia Solar.

José Luis Salvador Estébenez

7 comentarios en “Nido de espías

  1. Qué buen comentario ese de la preocupación del científico por el posible uso de su rayo destructor para fines no pacíficos

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