Agonizando en el crimen

Título original: Agonizando en el crimen

Año: 1968 (España)

Director: Enrique L. Eguiluz

Productor: Juan Logar

Guionista: Juan Logar [acreditado como Juan]

Fotografía: Raúl Artigot

Música: Juan Logar [acreditado como Juan]

Intérpretes: Juan Logar [acreditado como Juan] (Jean), Irene Gutiérrez Caba (Madre de Jean), Pepe Rubio (Henry), Yelena Sacarina (Susane), Manuel Manzaneque, Paul Naschy [Jacinto Molina] [acreditado como David Molva] (Inspector de policía),  Tomás Blanco (Padre de Jean), Nuria Gimeno, Annie Sinigalia, Ángel Soler…

Sinopsis: El mismo día de su enlace matrimonial, la esposa de Jean muere víctima de una extraña dolencia en plena intervención quirúrgica. Afligido por la pérdida, el joven abandona sus estudios de medicina y se refugia en los recuerdos de su época de noviazgo. Al mismo tiempo que esto ocurre, una ola de asesinatos sacude la ciudad con un mismo patrón de conducta: las víctimas son  estudiantes de cirugía a cuyos cadáveres se les ha amputado ambas manos.

Si por algo suele ser recordada Agonizando en el crimen es por su determinante papel en el nacimiento de una de las corrientes más activas e importantes de nuestra industria entre finales de la década de los sesenta y mediados de los setenta. Sería durante el rodaje de esta película, en la que desempeñaba el primer papel de cierta importancia de su carrera bajo el seudónimo de David Molva, que el posteriormente conocido como Paul Naschy comentaría al director del film, Enrique López Eguiluz, su idea de hacer un largometraje sobre hombres lobo en España, comenzando así la gestación de un proyecto que, meses más tarde, devendría en La marca del hombre lobo, el considerado título fundacional del denominado fantaterror hispano.

Pero esta consideración no quiere decir, ni mucho menos, que antes de la primera aventura del icónico Waldermar Daninsky no hubieran existido películas españolas de temática fantástica y/o terrorífica. Sin ir más lejos, Agonizando en el crimen es una de ellas. Realizada dos años después de Chantaje a un asesino, primera asociación de sus dos máximos responsables, el citado Eguiluz y el polifacético Juan Logar, quien aquí desempeñaría labores de actor, productor, músico y guionista, la película en cuestión se emparenta de forma lejana con la magistral Ojos sin rostro, film cuya impronta también se dejaría notar en otras cintas españolas coetáneas de similares características, caso de la franquiana Gritos en la noche.

El trabajo de Juan Logar es acreeditado de esta forma tan peculiar.

De este modo, la cinta que nos ocupa comparte con el film francés su aura poética dentro de un contexto realista, así como su formato de relato policiaco, estando su diferenciación en que, si en el clásico de Georges Franju los asesinatos del mad doctor de turno estaban motivados por su necesidad de conseguir materia prima con la que tratar de reconstruir el rostro de su hija, desfigurado en un accidente automovilístico del que éste se consideraba culpable, en este caso las andanzas criminales responden a un espíritu vengativo que sublima la carga romántica (en su más estricto sentido literario) de la historia. Así, su personaje principal se dedica a matar a sus antiguos compañeros de la escuela de medicina al responsabilizarles de forma indirecta de la muerte de su esposa en una sala de operaciones el mismo día de su boda -un arranque que, con variaciones, recuerda a la posterior El abominable dr. Phibes (The Abominable Dr. Phibes, 1971), de Robert Fuest-. Tras los crímenes, el hombre lleva a cabo un macabro ritual por el que amputa las manos de los otrora estudiantes de cirugía con un bisturí, para después enterrarlas al pie de un rosal que plantó junto a su mujer y que, en cierto modo, simboliza la vigencia de su amor.

Una trama sumamente atrayente pero que, por desgracia, es desaprovechada en todos y cada uno de sus aspectos. Por un lado, su jugosa premisa argumental apenas es desarrollada más allá de sus propios planteamientos, resolviéndose de modo rutinario con los distintos asesinatos y las consiguientes pesquisas policiales (y periodísticas) por descubrir la identidad del culpable. El mejor ejemplo de lo endeble de su guión está en la poco creíble forma en que es mostrada la supuesta progresión de la demencia de su protagonista, residiendo todo intento de desarrollo en la acumulación de cansinas escenas en las que sus amigos bailan y se divierten de forma despreocupada, mientras él se encuentra ausente y distante. A tal circunstancia también contribuye la incapacidad de Logar para reflejar en su actuación la complejidad del personaje por él mismo creado, hasta el punto de que toda su variedad de registros interpretativos para darle vida no pasan de ser dos: o apocado o furioso. Por su parte, la realización de Eguiluz ni sabe ni quiere (o puede) aprovechar en su beneficio el lirismo de la historia, brindando por el contrario una pedestre puesta en escena que tiene en la feísta utilización del ojo de pez su mayor símbolo de distinción.

Sin embargo, tras sus fallidos resultados, Agonizando en el crimen no deja de ofrecer ciertos aspectos de interés desde una perspectiva cinéfila. Y no solo por, como ya se ha señalado, contener el primer papel acreditado de Jacinto Molina, quien da vida en la cinta a un inspector de policía[1], sino por las sorprendentes similitudes que arroja con la posterior La marca de un hombre lobo. Dejando a un lado el hecho de que en una y otra Eguiluz pusiera su oficio al servicio de dos noveles autores multidisciplinares como Juan Logar y el propio Naschy, en ambas películas se confía a la amistad el papel de posible vínculo salvador del individuo caído en desgracia – aquí el psicópata, en el film de Molinaschy el licántropo -, dándose la curiosa coincidencia de que en los dos films este rol recaería en idéntico actor, Manuel Manzaneque, si bien en esta ocasión dicha función sea compartida con el personaje interpretado por Pepe Rubio. Igualmente, la puesta en escena de la presente adelanta varios elementos que después serían recuperados por su director para dar forma a su posterior trabajo, ya sea su querencia por incluir secuencias de jóvenes bailando que, vistas hoy en día (y posiblemente también en su época), otorgan al conjunto ciertas dosis de humor involuntario o, sobre todo, por las semejanzas de su clímax final, desarrollado en torno a la caza de su sanguinario protagonista en medio de un bosque, sensación acrecentada por el hecho de que éste vista con camisa blanca y pantalones oscuros, precisamente, el mismo atuendo que luciría Waldemar Daninsky en la escena análoga de su bautismo cinematográfico.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Del mismo modo, Agonizando en el crimen también sería la primera película que se rodaría en la finca que la familia de Paul poseía en la madrileña localidad de Lozoya, la cual pronto se convertiría en recurrente escenario de la filmografía de nuestro licántropo nacional en títulos como El espanto surge de la tumba o El aullido del diablo, entre otros muchos.

23 comentarios en “Agonizando en el crimen

    1. Hombre, aunque no deje de ser curioso, más que reciclaje temático son coindicencias en cuanto a ciertos detalles argumentales y de puesta en escena. Ten en cuenta que en este caso Naschy ni participo oficialmente en el guión y ni, que se sepa, nunca dijo lo contrario.

      1. No, si no lo digo como algo malo. Es más, me parece uno de sus rasgos más interesantes esta manera de enfocar desde distintos puntos de vista y estilos argumentos muy similares,como variaciones sobre la misma melodía a veces sonaba mejor y otras peor, pero es una característica de su autoría.

  1. Eguiluz, director gris donde los haya, parece que se encontró de rebote un privilegiado lugar que no merece en el fantástico gracias a su cruce con Jacinto Molina. Interesante reseña de un film que llama más la atención por lo que dices: ser el antecedente del disparo de salido del fantaterror español.

    Saludos

  2. Pues sí, Adrián, es un poco lo que tú dices. Casi todo el ciclo Daninsky, por citar el ejemplo más conocido, es casi siempre el mismo argumento con ligeras variaciones, algo muy parecido con lo que también ocurre con Jesús Franco y su tendencia a repetir la historia de “Gritos en la noche”. En el caso de Naschy viene muy bien tanto para comprobar las limitaciones y virtudes de los distintos directores que se fueron haciendo cargo de la franquicia, como para demostrar que, pese a quien pese y para bien o para mal, el cine de Naschy tenía un discurso propio.

    1. De hecho para mi las mejores de Franco son siempre variaciones sobre ese esquéma básico de Gritos… pero cada vez más y más abstracto.

      Naschy siempre tenía ideas, eso es innegable otra cosa es como se desarrollaban, fue una pena que nunca trabajese con Eugenio Martín, por ejemplo o que tuviera la oportunidad de acceder a rodajes, presupuestos y actores extranjeros como si tuvo Franco.
      La mayoría de los directores que perpetrarón sus películas eran, literalmente, unos inútiles.

  3. Yo no generalizaría tanto. Las aportaciones de algunos de los directores que trabajaron con/para él, como por ejemplo Javier Aguirre en “El jorobado de la morgue”, tampoco son para nada desdeñables. De todos modos, como tú dices, siempre nos quedará la duda de hasta donde podría haber podido llegar de haber contado con los medios adecuados…

      1. Coño que se me cortó..bueno quería decir que en esa logra una de las más definitorias aproximaciones a la manera en la que Naschy entendía el horror clásico a través de la relectura y el homenaje a los entrañables títulos Universal que mezclaban monstruos alegremente.

  4. Es que el propio Klimovsky venía a decir que se tomaba su oficio con cierta rutina a la espera de aquel proyecto que le interesara realmente. Y si, para mí también “Doctor Jekyll y el hombre lobo”, bajo su envoltorio de pastiche, es una de sus mejores películas junto a Naschy; muchísimo mejor que otras más reputadas que hicieron juntas…

    1. Absolutamente de acuerdo. Hace poco revisé casi seguidas “El Doctor Jekyll y el hombre lobo” y “La noche de Walpurgis” y sinceramente a mí me parece mejor peli la primera.

      1. Tres, tres…para mi una de las (escasas)veces en las que lo que Naschy tenái en la cabeza y lo que salió realmente se parecían. Libre de cualquier pretenciosidad y divertidísima de puro loca.

  5. Jua, jua… Madre mía. Pobre Paul, si se enterase que con el tiempo el Dr. Jeckyll se ha convertido en una de las más apreciadas por sus seguidores seguro que alucinaría, porque siempre he tenido la sensación de que él no la tenía especial cariño… bueno, ni Klimovsky, que en la mayoría de entrevistas suyas que he leido pasa por encima del tema.

    1. Pues sí, peo en mi opinión es la película que mejor capta el tono alocado de los primeros guiones de Naschy. Entre otras cosas, por no tomarse demasiado en serio a sí misma…

    1. Está complicado. Hasta dónde yo sé, no se ha editado en DVD ni se ha emitido recientemente por televisión… Siento no poder ayudarte en más. 😦

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